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    Información biográfica

  1. Aria de antaño
  2. Canción de otoño
  3. El hogar
  4. En el balcón
  5. Id pues, vagabundos, sin tregua
  6. Lasitud
  7. Mujer y gata
  8. Pensionistas
  9. Soñé contigo esta noche
  10. Sueño a menudo
  11. Te ofrezco
  12. Tú crees




    Información biográfica

      Nombre: Paul Marie Verlaine
      Lugar y fecha nacimiento: Metz (Francia), 30 de marzo de 1844
      Lugar y fecha defunción: París (Francia), 8 de enero de 1896 (51 años)

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      Aria de antaño

        Lucen vagamente las teclas del piano
        A la luz del suave crepúsculo rosa,
        Y bajo los finos dedos de su mano

        Un aire de antaño canta y se querella
        En la diminuta cámara suntuosa
        En donde palpitan los perfumes de ella.

        Un plácido ensueño mi espíritu mece
        Mientras que el teclado sus notas desgrana;
        ¿Por qué me acaricia, por qué me enternece

        Esa canción dulce, llorosa e incierta
        Que apaciblemente muere en la ventana
        A las tibias auras del jardín abierta?

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      Canción de otoño

        Los sollozos más hondos
        Del violín del otoño
        Son igual
        Que una herida en el alma
        De congojas extrañas
        Sin final.

        Tembloroso recuerdo
        Esta huida del tiempo
        Que se fue.
        Evocando el pasado
        Y los días lejanos
        Lloraré.

        Este viento se lleva
        El ayer de tiniebla
        Que pasó,
        Una mala borrasca
        Que levanta hojarasca
        Como yo.

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      El hogar

        El hogar y la lámpara de resplandor pequeño;
        La frente entre las manos en busca del ensueño;
        Y los ojos perdidos en los ojos amados;
        La hora del té humeante y los libros cerrados;
        El dulzor de sentir fenecer la velada,
        La adorable fatiga y la espera adorada
        De la sombra nupcial y el ensueño amoroso.
        ¡Oh! ¡Todo esto, mi ensueño lo ha perseguido ansioso,
        Sin descanso, a través de mil demoras vanas,
        Impaciente de meses, furioso de semanas!

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      En el balcón

        En el balcón las amigas miraban ambas como huían las golondrinas
        Una pálida sus cabellos negros como el azabache, la otra rubia
        Y sonrosada, su vestido ligero, pálido de desgastado amarillo
        Vagamente serpenteaban las nubes en el cielo

        Y todos los días, ambas con languideces de asfódelos
        Mientras que al cielo se le ensamblaba la luna suave y redonda
        Saboreaban a grandes bocanadas la emoción profunda
        De la tarde y la felicidad triste de los corazones fieles

        Tales sus acuciantes brazos, húmedos, sus talles flexibles
        Extraña pareja que arranca la piedad de otras parejas
        De tal modo en el balcón soñaban las jóvenes mujeres

        Tras ellas al fondo de la habitación rica y sombría
        Enfática como un trono de melodramas
        Y llena de perfumes la cama vencida se abría entre las sombras

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      Id pues, vagabundos, sin tregua

        Id pues, vagabundos, sin tregua,
        Errad, funestos y malditos
        A lo largo de los abismos y las playas
        Bajo el ojo cerrado de los paraísos.

        (...)

        Y nosotros, a los que la derrota nos ha hecho sobrevivir,
        Los pies magullados, los ojos turbios, la cabeza pesada,
        Sangrantes, flojos, deshonrados, cansados,
        Vamos, penosamente ahogando un lamento sordo.

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      Lasitud

        Encantadora mía, ten dulzura, dulzura...
        Calma un poco, oh fogosa, tu fiebre pasional;
        La amante, a veces, debe tener una hora pura
        Y amarnos con un suave cariño fraternal.

        Sé lánguida, acaricia con tu mano mimosa;
        Yo prefiero al espasmo de la hora violenta
        El suspiro y la ingenua mirada luminosa
        Y una boca que me sepa besar aunque me mienta.

        Dices que se desborda tu loco corazón
        Y que grita en tu sangre la más loca pasión;
        Deja que clarinee la fiera voluptuosa.

        En mi pecho reclina tu cabeza galana;
        Júrame dulces cosas que olvidarás mañana
        Y hasta el alba lloremos, mi pequeña fogosa.

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      Mujer y gata

        La sorprendí jugando con su gata,
        Y contemplar causóme maravilla
        La mano blanca con la blanca pata,
        De la tarde a la luz que apenas brilla.

        ¡Como supo esconder la mojigata,
        Del mitón tras la negra redecilla,
        La punta de marfil que juega y mata,
        Con acerados tintes de cuchilla!

        Melindrosa a la par por su compañera
        Ocultaba también la garra fiera;
        Y al rodar abrazadas por la alfombra,

        Un sonoro reír cruzó el ambiente
        Del salón... y brillaron de repente
        ¡Cuatro puntos de fósforo en la sombra!

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      Pensionistas

        Una tenía quince años, la otra dieciséis
        Y ambas dormían en la misma pequeña habitación
        Esto sucedió una sofocante noche de septiembre
        ¡Quebrantables asuntos! Ojiazules y con mejillas de marfil

        Para refrescar sus delicados cuerpos, se despojaron
        De las exquisitas camisas perfumadas de ámbar
        La más joven levantó sus manos inclinándose hacia atrás
        Y su amiga, con sus manos en sus pechos, la besó.

        Entonces bajó a sus rodillas y, en un arrebato
        Pegó a la pierna de la otra su mejilla, y su boca
        Acarició el dorado oro entre las grises sombras

        Y durante todo ese tiempo la más joven contaba
        Con sus queridos dedos los prometidos valses
        Y sonrojándose, inocentemente sonreía.

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      Soñé contigo esta noche

        Soñé contigo esta noche:
        Te desfallecías de mil maneras
        Y murmurabas tantas cosas...

        Y yo, así como se saborea una fruta
        Te besaba con toda la boca
        Un poco por todas partes, monte, valle, llanura.

        Era de una elasticidad,
        De un resorte verdaderamente admirable:
        Dios, ¡qué aliento y qué cintura!

        Y tú, querida, por tu parte,
        Qué cintura, qué aliento y
        Qué elasticidad de gacela...

        Al despertar fue, en tus brazos,
        Pero más aguda y más perfecta,
        ¡Exactamente la misma fiesta!

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      Sueño a menudo

        Sueño a menudo el sueño extraño y penetrante
        De una mujer ignota que adoro y que me adora,
        Que, siendo igual, es siempre distinta a cada hora
        Y que las huellas sigue de mi existencia errante.

        Se vuelve transparente mi corazón sangrante
        Para ella, que comprende lo que mi mente añora;
        Ella me enjuga el llanto del alma cuando llora
        Y lo perdona todo con su sonrisa amante.

        ¿Es morena ardorosa? ¿Frágil rubia? Lo ignoro.
        ¿Su nombre? Lo imagino dulce y sonoro,
        Como los de los amados que la Vida exilia.

        Como el de las estatuas es su mirar suave
        Y tienen los acordes de su voz, lejana, calma y grave,
        Un eco de las voces queridas que se fueron.

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      Te ofrezco

        Te ofrezco entre racimos, verdes gajos y rosas,
        Mi corazón ingenuo que a tu bondad se humilla;
        No quieran destrozarlo tus manos cariñosas,
        Tus ojos regocije mi dádiva sencilla.

        En el jardín umbroso mi cuerpo fatigado
        Las auras matinales cubrieron de rocío;
        Como en la paz de un sueño se deslice a tu lado
        El fugitivo instante que reposar ansío.

        Cuando en mis sienes calme la divina tormenta,
        Reclinaré, jugando con tus bucles espesos,
        Sobre tu núbil seno mi frente soñolienta,
        Sonora con el ritmo de tus últimos besos.

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      Tú crees

        Tú crees en el ron del café, en los presagios,
        Y crees en el juego;
        Yo no creo más que en tus ojos azulados.
        Tú crees en los cuentos de hadas, en los días
        Nefastos y en los sueños;
        Yo creo solamente en tus bellas mentiras.

        Tú crees en un vago y quimérico Dios,
        O en un santo especial,
        Y, para curar males, en alguna oración.
        Mas yo creo en las horas azules y rosadas
        Que tú a mí me procuras
        Y en voluptuosidades de hermosas noches blancas.

        Y tan profunda es mi fe
        Y tanto eres para mí,
        Que en todo lo que yo creo
        Sólo vivo para ti.

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