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    Información biográfica

  1. A Tirzad
  2. ¡Ah girasol!
  3. Alegría
  4. Augurios de inocencia
  5. Canto del reír
  6. Canto para acunar
  7. Carta al Dr. Trustler
  8. El ángel
  9. El libro de Thel. Capítulo IV
  10. El libro de Urizén. Capítulo I
  11. El libro de Urizén. Capítulo V
  12. El negrito
  13. El niñito encontrado
  14. El pastor
  15. El Prado Resonante
  16. El terrón y el guijarro
  17. El tigre
  18. Eternidad
  19. Imagen divina
  20. La niñita encontrada
  21. La nueva Jerusalén
  22. La primavera
  23. La revolución francesa. Libro I
  24. La rosa enferma
  25. La voz del bardo anciano. Versión I
  26. La voz del bardo anciano. Versión II
  27. Las bodas del cielo y el infierno (fragmento)
  28. Las bodas del cielo y el infierno. Visión memorable (fragmento)
  29. Proverbios del infierno
  30. Resumen humano
  31. Un catálogo descriptivo de cuadros




    Información biográfica

      Nombre: William Blake
      Lugar y fecha nacimiento: Londres (Inglaterra), 28 de noviembre de 1757
      Lugar y fecha defunción: Londres (Inglaterra), 12 de agosto de 1827 (69 años)

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      A Tirzad

        Todo lo Nacido de Origen Mortal
        Deberá consumirse con la Tierra
        Para elevarse libre de la Procreación:
        Entonces, ¿qué tengo yo que ver contigo?

        Los Sexos brotaron de la Vergüenza y el Orgullo,
        Resoplaron en la mañana; sucumbieron al atardecer,
        Pero la Misericordia transformó a la Muerte en Sueño:
        Los Sexos se irguieron para trabajar y padecer.

        Tú, Madre de mi parte Mortal,
        Con crueldad modelaste mi corazón,
        Y con lágrimas falsas y embaucadoras
        Bloqueaste mi Nariz, mis Ojos y mis Oídos.

        Tapaste mi Lengua con insensible arcilla,
        Y me entregaste a la Vida Mortal.
        La muerte de Jesús me liberó:
        Entonces, ¿qué tengo yo que ver contigo?

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      ¡Ah girasol!

        ¡Ah, girasol! Hastiado del tiempo,
        Contaste las pisadas del Sol,
        Y buscaste aquel clima dulce y dorado
        Donde concluye el rumbo del viajero:

        Allí donde la juventud ardiente de deseos,
        Y donde la Virgen joven amortajada en nieve,
        Se levantan de sus tumbas y anhelan ir
        Hacia donde mi girasol desea llegar.

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      Alegría

        -No poseo nombre,
        Pero nací hace dos días.
        -¿Cómo te llamaré?
        -Soy feliz.
        Me llamo alegría.
        ¡Que el dulce júbilo sea contigo!

        ¡Bonita alegría!
        Dulce alegría, de apenas dos días,
        Te llamo dulce alegría:
        Así tú sonríes,
        Mientras yo canto.
        ¡Que el dulce júbilo sea contigo!

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      Augurios de inocencia

        Para ver el mundo en un grano de arena,
        Y el cielo en una flor silvestre,
        Abarca el infinito en la palma de tu mano
        Y la eternidad en una hora.

        Aquel que se liga a una alegría
        Hace esfumar el fluir de la vida;
        Aquel que besa la joya cuando esta cruza su camino
        Vive en el amanecer de la eternidad.

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      Canto del reír

        Cuando los verdes bosques ríen con la voz del júbilo,
        Y el arroyo encrespado se desplaza riendo;
        Cuando ríe el aire con nuestras divertidas ocurrencias,
        Y la verde colina ríe del estrépito que hacemos;
        Cuando los prados ríen con vívidos verdes,
        Y ríe la langosta ante la escena gozosa;
        Cuando Mary y Susan y Emily
        Cantan "¡ja, ja, ji!" con sus dulces bocas redondas.
        Cuando los pájaros pintados ríen en la sombra
        Donde nuestra mesa desborda de cerezas y nueces,
        Acercaos y alegraos, y uníos a mí,
        Para cantar en dulce coro el "¡ja, ja, ji!".

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      Canto para acunar

        Dulces sueños, formad una pantalla
        Sobre la linda cabeza de mi niño;
        Dulces sueños de agradables corrientes
        Bajo rayos de luna felices y silenciosos.

        Dulce sueño, que tus cejas tejan
        Con suave felpa una corona infantil;
        Dulce sueño, ángel terso,
        Fluctúa sobre mi niño dichoso.
        Dulces sonrisas, durante la noche
        Mecéos sobre mi encanto;
        Dulces sonrisas, sonrisas de madre,
        Cautivad la noche interminable.
        Dulces lamentos, suspiros de paloma,
        No alejéis el letargo de sus ojos,
        Dulces lamentos, sonrisas aún más dulces,
        Cautivad todos los lamentos de paloma.
        Duerme, duerme, niño afortunado,
        Que toda la creación duerme y sonríe;
        Duerme, duerme felices sueños,
        Mientras tu madre llora sobre ti.

        Dulce bebé, en tu rostro
        Puedo discernir la santa imagen;
        Dulce bebé, otrora como tú
        Yacía tu hacedor y lloraba por mí.

        Lloró por mí, por ti, por todos
        Cuando era apenas un pequeñito.
        Su imagen siempre verás,
        Rostro celestial que sobre ti sonríe,
        A ti, a mí, a todos les sonríe;
        Quien se volvió un pequeñito.
        Las sonrisas infantiles son sus mismas sonrisas;
        Y cautivan con paz el cielo y la tierra.

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      Carta al Dr. Trustler

        El árbol que mueve a algunos a lágrimas de felicidad,
        En la mirada de otros no es más que un objeto verde
        Que se interpone en el camino.
        Algunas personas ven la naturaleza como algo ridículo y deforme,
        Pero para ellos no dirijo mi discurso;
        Y aún algunos pocos no ven en la naturaleza nada especial.
        Pero para los ojos de la persona de imaginación,
        La naturaleza es imaginación misma.
        Así como un hombre es, ve.
        Así como el ojo es formado, así es como sus potencias quedan establecidas.

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      El ángel

        Sueño soñado, ¿significado?
        Yo era una virgen con un reinado,
        Un ángel bueno a mí me cuidaba,
        (¡Maldito lloro a nadie encantaba!)

        Lloraba noche, lloraba día
        Él mis lágrimas recogía
        Lloraba día, lloraba noche
        Yo le ocultaba muy bien mi goce.

        La mañana se sonrojó
        Sacó él sus alas y voló.
        Sequé mi cara, armé el temor:
        Escudos, lanzas, diez mil o mayor.

        Pronto mi Ángel ha regresado:
        Yo estaba armada, él vino en vano;
        Pues el tiempo joven ya voló
        Y así mi cabello encaneció.

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      El libro de Thel. Capítulo IV

        Capítulo IV. El guardián terrible de las puertas eternas

        El guardián terrible de las puertas eternas corrió los cerrojos del norte.
        Thel entró y vio los secretos de la tierra desconocida.
        Vio los lechos de los muertos y el lugar donde las raíces fibrosas
        De cada corazón, implican en el suelo su tejido impaciente:
        Una tierra de penas y de lágrimas, donde jamás se vio una sonrisa.

        Vagó por el país de las nubes, a través de valles lóbregos, oyendo
        Lamentos y quejas. Esperaba a menudo junto a una tumba,
        Donde el rocío se posaba.
        Permanecía callada oyendo las voces de la tierra,
        Hasta que llegó al lugar de su tumba y allí descansó,
        Y oyó esta voz de congoja que exhalaba el abismo:

        "¿Por qué no puede el Oído cerrarse a su propia destrucción?
        ¿O el Ojo húmedo al veneno de una sonrisa?
        ¿Por qué los párpados guardan saetas prestas
        En campo donde yacen mil guerreros emboscados,
        O un Ojo de dones y gracias derrama frutos y oro acuñado?
        ¿Por qué una Lengua grabada con miel de cada viento?
        ¿Por qué atrae los Mundos el Oído como un impetuoso torbellino?
        ¿Por qué la Nariz aspira el terror, trémula de miedo?
        ¿Por qué un tierno freno en el doncel vehemente?
        ¿Por qué una tenue cortina de carne en el lecho de nuestro deseo?

        Dejó la Virgen su asiento y, con grito agudo,
        Huyó raudamente hacia los valles de Har.

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      El libro de Urizén. Capítulo I

        1

        ¡Mirad, una sombra de horror se ha alzado
        En la Eternidad! Desconocida, estéril,
        Ensimismada, repulsiva: ¿qué Demonio
        Ha creado este vacío abominable,
        Que estremece las almas? Algunos respondieron:
        "Es Urizén". Pero desconocido, abstraído,
        Meditando en secreto, el poder oscuro se ocultaba.

        2

        Los tiempos dividió en tiempo y midió
        Espacio por espacio en sus cerradas tinieblas,
        Invisible, desconocido: las mutaciones surgieron
        Como montañas desoladas, furiosamente destruidas
        Por los vientos oscuros de las perturbaciones.

        3

        Porque luchó en batallas funestas
        En conflictos invisibles con formas
        Nacidas en su yermo desolado:
        Bestia, ave, pez, serpiente y elemento,
        Combustión, ráfaga, vapor y nube.

        4

        Sombrío, daba vueltas en silenciosa actividad,
        Invisible, en medio de pasiones que atormentan;
        Una actividad desconocida y horrible,
        Una sombra que se contempla a sí misma
        Entregada a una labor enorme.

        5

        Pero los Eternos contemplaron sus bosques inmensos.
        Edades tras edades él yació, misterioso, desconocido,
        Meditando, prisionero del abismo; todos eluden
        El caos petrífico y abominable.

        6

        Urizén, el sombrío, preparó en silencio
        Sus fríos horrores; sus legiones de truenos
        Dispuestas en tenebrosas formaciones, se despliegan a través
        Del mundo lógrebo, y el rumor de ruedas,
        Como agitado mar, se oye en sus nubes,
        En sus colinas de nieves guardadas, en sus montañas
        De hielo y granito: voces de terror
        Resuenan como truenos de otoño
        Cuando la nube se inflama sobre la cosecha.

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      El libro de Urizén. Capítulo V

        1

        Aterrado, Los retrocedió ante su tarea:
        Su gran martillo cayó de su mano:
        Sus llamas le vieron, y, desfalleciendo,
        Escondieron en la humareda
        Sus miembros poderosos.
        Pues, con un estrépito de ruinas, ensordecedor,
        Con choques, golpes, gemidos,
        El Inmortal soportaba sus cadenas,
        A pesar de estar ligado por un profundo sueño.

        2

        Todas las miríadas de la Eternidad,
        Toda la sabiduría y toda la alegría de la vida
        Rodaban como un Océano alrededor de él,
        Excepto aquello que los pequeños orbes
        De su vista le desvelaban gradualmente.

        3

        Y ahora, su Vida eterna
        Se borró como un sueño.

        4

        Estremeciéndose, el Profeta eterno asestó
        El golpe desde su región del norte a la del sur.
        El fuelle y el martillo permanecían ahora callados.
        Un silencio sin vigor embargaba su voz profética;
        En una fría soledad, en un vacío oscuro,
        El Profeta eterno y Urizén se encontraron encerrados.

        5

        Edades y más edades rodaron sobre ellos,
        Separados de la vida y de la luz, helados
        En formas horribles y monstruosas.
        Los dejó que sus llamas se consumieran;
        Después, miró hacia atrás con un ansioso deseo,
        Pero el Espacio, que la existencia no dividía,
        Llenó su alma de horror.

        6

        Los lloró oscurecido por su pesadumbre;
        Su pecho fue presa de cataclismos de suspiros.
        Vio a Urizén cadavérico, negro,
        Sujeto por cadenas, y la Piedad nació.

        7

        Dividiéndolo, dividiéndolo entre sus angustias
        (Pues la Piedad divide el alma),
        En medio de torturas, eternidad sobre eternidad,
        La vida chorreó en cataratas de arriba a abajo de sus escarpados.
        El Vacío hizo contraerse la linfa en nervios
        Que erraron a lo largo, sobre el seno de noche,
        Y que dejaron un globo redondo de sangre
        Temblando sobre el vacío.
        Así el Profeta eterno quedó escindido
        Ante la imagen cadavérica de Urizén.
        Pues, entre tinieblas y nubes cambiantes,
        Por debajo, en una noche invernal,
        El abismo de Los se extendía, inmenso;
        Y, tan pronto visibles, como tan pronto escondidas a los ojos
        De los Eternos, las visiones lejanas
        De la sombría separación aparecían.
        Lo mismo que unas lentes descubren mundos
        En el abismo sin fin del espacio,
        Lo mismo los ojos expansionadores de los Inmortales
        Veían las visiones sombrías de Los
        Y el globo de sangre vital que temblaba.

        8

        El globo de sangre vital temblaba,
        Ramificándose en raíces
        Fibrosas retorcidas sobre los vientos,
        Fibras de sangre, de leche y de lágrimas,
        En medio de torturas, eternidad sobre eternidad.
        Al fin, tomando cuerpo en las lágrimas y los gritos,
        Una forma de mujer, temblorosa y pálida,
        Vaciló ante su rostro de muerte.

        9

        Toda la Eternidad se estremeció al ver
        La primera Mujer, ahora separada,
        Pálida como una nube de nieve,
        Vacilante ante el rostro de Los.

        10

        La maravilla, el terror, el miedo, el asombre
        Petrificaron a las miríadas de los Eternos,
        Al ver la primera forma femenina, ahora separada.
        La llamaron Piedad y huyeron.

        11

        "¡Desplegad una tienda y cortinas espesas en torno a ellos!
        Que cuerdas y picas encierren el Vacío
        A fin de que los Eternos no puedan volverlo a ver".

        12

        Comenzaron a tejer cortinas de oscuridad,
        Elevaron grandes pilares en tomo al vacío;
        Las sujetaron con garfios de oro.
        Con infinito trabajo, los Eternos
        Tejieron una tela y la llamaron la Ciencia.

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      El negrito

        Mi madre me parió en el sur agreste,
        Y soy negro, pero ¡oh!, mi alma es blanca;
        Blanco como un ángel es el niño inglés,
        Pero yo soy negro, como carente de luz.

        Mi madre me instruía debajo de un árbol,
        Y sentándose antes de que se calentara el día,
        Me colocó sobre su falda y me besó,
        Y señalando al este, empezó a decir:

        "Mira hacia el sol naciente: allí vive Dios,
        Y brinda su luz, y distribuye su calor;
        Y flores y árboles, bestias y hombres reciben
        Alivio por la mañana y júbilo al mediodía.

        Y por corto espacio somos puestos en la tierra,
        Para que aprendamos a sobrellevar los rayos del amor;
        Y estos cuerpos negros y este rostro tostado
        Son apenas una nube, como una arboleda sombría.

        Pues cuando nuestras almas aprendan a sobrellevar el calor,
        La nube se disolverá; oiremos su voz
        Diciendo: 'Salid de la arboleda, mis muy amados,
        Y en torno de mi morada dorada, disfrutad como corderos".

        Eso me dijo mi madre, y me besó,
        Y así se lo digo al niñito inglés:
        Cuando yo de la nube negra y él de la nube blanca nos libremos,
        Y disfrutemos como corderos en la morada de Dios,

        Le protegeré del calor hasta que pueda tolerarlo
        Y se apoye jubiloso sobre la rodilla de nuestro padre;
        Y entonces estaré erguido y palmearé su cabello plateado,
        Y seré como él, y entonces por él seré amado.

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      El niñito encontrado

        El niñito perdido en el pantano solitario,
        Guiado por la luz errante,
        Empezó a llorar; pero Dios, siempre cercano,
        Apareció como su padre, vestido de blanco.

        Besó al chiquillo y tomándole la mano
        Lo condujo hasta su madre,
        Que pálida de pena, por el solitario valle,
        Llorando a su hijito buscaba.

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      El pastor

        ¡Qué dulce es la dulce fortuna del Pastor!
        Deambula desde el alba hasta el atardecer;
        Debe seguir a su rebaño el día entero,
        Y su lengua se embeberá con alabanzas.

        Pues oye la inocente llamada del borrego,
        Y escucha la tierna respuesta de la oveja;
        Vigila mientras permanecen en calma
        Pues saben cuándo está próximo su pastor.

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      El Prado Resonante

        Se eleva el sol
        Y los cielos se vuelven dichosos;
        Resuenan alegres las campanas
        Como bienvenida para la primavera;
        La alondra y el zorzal,
        Las aves de los arbustos,
        Trinan estrepitosamente
        Ante el sonido jovial de las campanas,
        Mientras nuestros juegos son vistos
        Sobre el Prado Resonante.

        El viejo Juan, de cabellos blancos,
        Ríe y aparta sus preocupaciones,
        Sentado bajo el roble,
        Entre los demás ancianos.
        Se ríen de nuestros juegos
        Y poco después todos dicen:
        "Así, así se disfrutaba
        Cuando nosotros, niñas y muchachos,
        En nuestra juventud éramos vistos
        Sobre el Prado Resonante".

        Hasta que los pequeños, ya exhaustos,
        No pueden seguir la diversión;
        El sol va descendiendo,
        Y nuestros juegos se acaban.
        En torno al regazo de sus madres
        Muchas hermanas y hermanos,
        Como pajaritos en su nido, se disponen al reposo,
        Y dejan de verse los juegos,
        En el Prado oscurecido.

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      El terrón y el guijarro

        "El amor no anhela complacerse a sí mismo
        Ni por sí mismo se inquieta,
        En cambio al otro da sosiego,
        Y construye un Cielo en la desolación del Infierno".

        Así cantaba un diminuto Terrón de Arcilla
        Pisoteado por las patas del ganado,
        Pero un Guijarro del cañadón
        Murmuró estos versos apropiados:

        "El amor sólo busca darse el gusto,
        Y encadenar al otro a su deleite,
        Se regocija con el desconsuelo ajeno,
        Y construye un Infierno a expensas del Cielo".

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      El tigre

        Tigre, tigre, que te enciendes en luz
        Por los bosques de la noche
        ¿Qué mano inmortal, qué ojo
        Pudo idear tu terrible simetría?

        ¿En qué profundidades distantes,
        En qué cielos ardió el fuego de tus ojos?
        ¿Con qué alas osó elevarse?
        ¿Qué mano osó tomar ese fuego?

        ¿Y qué hombro, y qué arte
        Pudo tejer la nervadura de tu corazón?
        Y al comenzar los latidos de tu corazón,
        ¿Qué mano terrible? ¿Qué terribles pies?

        ¿Qué martillo? ¿Qué cadena?
        ¿En qué horno se templó tu cerebro?
        ¿En qué yunque?
        ¿Qué tremendas garras osaron
        Sus mortales terrores dominar?

        Cuando las estrellas arrojaron sus lanzas
        Y bañaron los cielos con sus lágrimas
        ¿Sonrió al ver su obra?
        ¿Quien hizo al cordero fue quien te hizo?

        Tigre, tigre, que te enciendes en luz,
        Por los bosques de la noche
        ¿Qué mano inmortal, qué ojo
        Osó idear tu terrible simetría?

      Arriba

      Eternidad

        Quien a sí encadenare una alegría
        Malogrará la vida alada.
        Pero quien la alegría besare en su aleteo
        Vive en el alba de la eternidad.

      Arriba

      Imagen divina

        La crueldad tiene corazón humano
        Y la envidia humano rostro;
        El terror reviste divina forma humana
        Y el secreto lleva ropas humanas.

        Las ropas humanas son de hierro forjado,
        La forma humana es fragua llameante,
        El rostro humano es caldera sellada
        Y el corazón humano, su gola hambrienta.

      Arriba

      La niñita encontrada

        La noche entera, infortunados,
        Van los padres de Lyca
        A través de valles profundos
        Mientras los desiertos lloran.

        Exhaustos y desconsolados,
        Roncos de tanto gemir,
        Siete días tomados de los brazos
        Las sendas del desierto rastrearon.

        Duermen siete noches
        Entre sombras profundas,
        Y sueñan que ven a su niña
        Famélica en la salvaje arena.

        Apagada, sin rumbo,
        Deambula la figura imaginada,
        Hambrienta, llorando, endeble,
        Con un sordo grito plañidero.

        Erguida sobre su desasosiego,
        La temblorosa mujer se apresta
        Con los pies pesados de dolor:
        Ya no logra seguir adelante.

        Él la toma en sus brazos
        Armado con su profundo pesar,
        Hasta que en medio de su camino
        Ven recostado a un león.

        Era imposible dar marcha atrás:
        Pronto su pesada melena
        Los abate contra el suelo,
        Y después los circunda al acecho.

        Olfatea a su presa;
        Pero sus temores apacigua
        Mediante el lamido de sus manos,
        Y queda en silencio a su lado.

        Lo miran a los ojos
        Llenos de extrema sorpresa,
        Y maravillados contemplan
        A un espíritu de oro revestido.

        Sobre su cabeza, una corona;
        Desplegada por los hombros
        Fluctúa su cabellera dorada.
        Todo los temores se les diluyen.

        "Seguidme", les expresa;
        "No lloréis por la niñita;
        En mi recóndito palacio
        Lyca descansa dormida".

        Ellos lo siguen entonces
        Hasta donde la visión llevaba,
        Y vieron a su hijita durmiendo
        Junto a los tigres feroces.

        Hasta este día todavía moran
        En un solitario valle;
        No temen el aullido del lobo
        Ni al león cuando ruge.

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      La nueva Jerusalén

        (Fragmento de Milton)

        ¿Y hollaron esos pies, antaño,
        Los verdes montes de Inglaterra?
        ¿Y viose el sacro Cordero de Dios
        Por los pastos ingleses, placenteros?

        ¿Resplandeció el divino rostro
        Sobre nuestras colinas nubladas?
        ¿Y se edificó una Jerusalén
        En medio de esos negros, satánicos molinos?

        ¡Dadme mi arco de oro ardiente!
        ¡Dadme mis flechas de deseo!
        ¡Traed mi lanza! ¡Abríos, oh nubes!
        ¡Traedme mi carro de llama!

        No cejará en mi espíritu la lucha
        Ni ha de dormirse en mi mano la espada,
        Hasta que levantemos otra Jerusalén
        En el solar verdeante y dulce de Inglaterra.

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      La primavera

        ¡Que resuene el flautín
        Que ahora está callado!
        Delicia de las aves
        De día y de noche;
        El ruiseñor
        En la quebrada,
        La alondra en el cielo,
        Festivamente,
        Festivamente, festivamente,
        Para darle la bienvenida al año.

        El muchachito,
        Repleto de gozo;
        La muchachita,
        Dulce y diminuta;
        El gallo canta
        Como tú lo haces;
        Voz alborozada,
        Barullo infantil,
        Jubilosamente,
        Jubilosamente,
        Para darle la bienvenida al año.

        Corderito,
        Aquí estoy;
        Acércate y lame
        Mi blanco cuello;
        Deja que tironee
        Tu lanilla suave;
        Déjame besar
        Tu suave rostro:
        Jubilosamente,
        Jubilosamente,
        Para darle la bienvenida al año.

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      La revolución francesa. Libro I

        Los muertos cavilan sobre Europa y esa nube y visión descienden sobre la alegre Francia.
        ¡Ah nube puntual! Enfermo, enfermo: el príncipe tendido en su lecho y envuelto en oscura
        Y tremenda niebla. Su fuerte mano extendida deja correr desde el hombro
        Un frío doloroso hasta el cetro, pesado en demasía para el humano puño. Nunca más
        Será esgrimido por mano visible ni golpeará cruel las tiernas montañas florecidas.


        Enfermas las montañas. Todos sus viñedos lloran en los ojos del plañidero regio;
        Pálida está en su rostro la nube matutina. Levántate, Necker, que el alba antigua nos llama
        Invitándonos a abandonar un sueño de cinco mil años. Despierto; pero mi alma aún sueña.
        Desde mi ventana contemplo las viejas montañas de Francia, semejantes a ancianos. Se van desvaneciendo.

        Atribulado, apoyándose en Necker, baja el rey hasta su Cámara del Consejo. Umbrías montañas
        Temerosas dejan escapar voces de trueno. Los bosques de Francia preservan en sus senos el sonido.
        Nubes de profética sabiduría responden y corren, espesas, sobre el tejado del palacio
        Cuarenta hombres: cada uno de ellos cavila con pesar en la infinita sombra de su alma.
        Como nuestros antiguos patriarcas en regiones crepusculares, van a reunirse en torno al rey.
        De nuevo la potente voz de Francia llama a la mañana. La mañana profetiza a sus nubes.

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      La rosa enferma

        Estás enferma, ¡oh rosa!
        El gusano invisible,
        Que vuela, por la noche,
        En el aullar del viento,

        Tu lecho descubrió
        De alegría escarlata,
        Y su amor sombrío y secreto
        Consume tu vida.

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      La voz del bardo anciano

        Juventud de deleite, ven aquí
        Y mira la mañana que despierta,
        Imagen de la verdad recién nacida.
        Han huido las dudas y las nubes de la razón,
        Las sutiles disputas, los ingeniosos tormentos.
        La insensatez es un laberinto interminable,
        De enmarañadas raíces que confunden sus caminos:
        ¡Cuántos han caído allí!
        Tropiezan toda la noche con los huesos de los muertos,
        Y sienten que ignoran todo menos la inquietud,
        Y desean guiar a otros, cuando deberían ser guiados.

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      La voz del bardo anciano. Versión II

        Jóvenes del deleite, disponeos
        A ver la mañana que despunta,
        Imagen de la verdad recién nacida.
        Huyeron la duda, las nubes de la razón,
        Las oscuras querellas y las bromas arteras.
        La locura es una confusión interminable,
        Cuyas raíces enmarañadas complican sus senderos.
        ¡Cuántos son los que allí cayeron!
        Tropiezan toda la noche con los huesos de los muertos.
        Y sienten que no saben qué pero les importa,
        Y a otros quieren guiar, cuando ellos precisan un guía.

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      Las bodas del cielo y el infierno (fragmento)

        Si las puertas de la percepción se depurasen,
        Todo aparecería a los hombres como realmente es: infinito.
        Pues el hombre se ha encerrado en sí mismo hasta ver
        Todas las cosas a través de las estrechas rendijas de su caverna.

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      Las bodas del cielo y el infierno. Visión memorable (fragmento)

        Me hallaba en una Imprenta en el Infierno, y vi el método por el cual el conocimiento se transmite de generación en generación.

        En la cámara primera había un Dragón-Hombre que barría la basura de la boca de una caverna. Adentro, multitud de dragones ahondaban la caverna.

        En la cámara segunda había una serpiente que se envolvía en torno a la roca de la caverna, y otras que la adornaban con oro, plata y piedras preciosas.

        En la cámara tercera un Águila de alas y plumas de aire tornaba el interior de la caverna infinito. Había también multitud de Hombres-Águila que edificaban palacios en las rocas enormes.

        En la cámara cuarta Leones de ardientes llamas caminaban furiosos y fundían los metales hasta tornarlos en fluidos vivientes.

        En la cámara quinta, formas sin Nombre arrojaban al espacio los metales.

        Allí eran recibidos por los Hombres que ocupaban la cámara sexta. Tomaban la forma de libros y eran dispuestos en bibliotecas.

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      Proverbios del infierno

        - A la atareada abeja no le queda tiempo para la pena.
        - Aquel cuyo rostro no irradia luz nunca será estrella.
        - Así como el arado sigue a las palabras, Dios recompensa las plegarias.

        - Como el aire al pájaro o el agua al pez, así es el desprecio para el despreciable.
        - Conduce tu carro y tu arado sobre los huesos de los muertos.
        - Crear una florecilla es labor de siglos.
        - Cuando ves un águila, ves una porción de genio: ¡alza la cabeza!

        - Del agua estancada espera veneno.
        - Donde no está el hombre, la naturaleza es estéril.

        - El acto más sublime consiste en poner a otro delante de ti.
        - El alma rebosante de dulce deleite jamás será profanada.
        - El ave un nido, la araña una tela, el hombre la amistad.
        - El cuervo quisiera que todo fuese negro; el búho, que todo fuese blanco.
        - El débil en coraje es fuerte en astucia.
        - El egoísta y sonriente necio y el necio que frunce malhumorado el ceño han de considerarse sabios, y podrían ser medidos con la misma vara.
        - El exceso de pena ríe; el exceso de dicha llora.
        - El gusano perdona al arado que lo corta.
        - El júbilo impregna; las penas engendran.
        - El manzano nunca pregunta al haya cómo ha de crecer, tal como el león no interroga al caballo sobre cómo atrapar la presa.
        - El mejor vino es el más añejo; la mejor agua, la más nueva.
        - El necio no ve el mismo árbol que ve el sabio.
        - El perfeccionamiento traza caminos rectos; pero los torcidos y sin perfeccionar son los caminos del genio.
        - El rugir de los leones, el aullido de los lobos, el oleaje furioso del mar huracanado y la espada destructora, son porciones de la eternidad demasiado grandes para que las aprecie el ojo humano.
        - El zorro condena a la trampa, no a sí mismo.
        - El zorro se provee a sí mismo; pero Dios provee al león.
        - En años de escasez, usa número, peso y medida.
        - En tiempos de siembra aprende, en tiempos de cosecha enseña y en el invierno goza.
        - Escucha los reproches de los tontos. Forman un título real.

        - La altivez del pavo real es la gloria de Dios.
        - La cabeza lo sublime; el corazón, lo patético; los genitales, la belleza; manos y pies, la proporción.
        - La cisterna contiene; el manantial rebosa.
        - La condena estimula, la bendición relaja.
        - La desnudez de la mujer es obra de Dios.
        - La eternidad está enamorada de las creaciones del tiempo.
        - La exuberancia es belleza.
        - La ira del león es la sabiduría de Dios.
        - La lujuria del chivo es la liberalidad de Dios.
        - La necedad es el atuendo de la bellaquería, la vergüenza es el atuendo del orgullo.
        - La prudencia es una fea y rica solterona cortejada por la incapacidad.
        - La rata, el ratón, el zorro y el conejo vigilan las raíces; el león, el tigre, el caballo y el elefante vigilan los frutos.
        - La senda del exceso lleva al palacio de la sabiduría.
        - La verdad nunca puede decirse de modo que sea comprendida sin ser creída.
        - Las alegrías no ríen. Las tristezas no lloran.
        - Las horas de la locura las mide el reloj, pero ningún reloj puede medir las horas de la sabiduría.
        - Las plegarias no aran. Los elogios no cosechan.
        - Las prisiones se construyen con piedras de ley; los burdeles con ladrillos de religión.
        - Lo que hoy está probado, en su momento era sólo algo imaginado.
        - Los ojos del fuego, las narices del aire, la boca del agua, las barbas de la tierra.
        - Los tigres de la ira son más razonables que los caballos de la instrucción.

        - Mejor matar a un niño en su cuna que alimentar deseos que no se llevan a la práctica.

        - Ningún alimento sano se atrapa con red ni trampa.
        - No hay pájaro que vuele demasiado alto si lo hace con sus propias alas.
        - Nunca el águila malgastó tanto su tiempo como cuando se propuso aprender del cuervo.
        - Nunca sabrás lo que es suficiente a menos que sepas lo que es más que suficiente.

        - Piensa por la mañana, actúa a mediodía, come al anochecer y duerme por la noche.

        - Quien desea y no actúa engendra la plaga.
        - Quien ha sufrido tus imposiciones, te conoce.
        - Quien recibe agradecido da copiosas cosechas.

        - Si el león recibiese consejos del zorro, sería astuto.
        - Si el necio persistiera en sus necedades llegaría a sabio.
        - Si estás siempre listo a expresar tu opinión, el vil te evitará.
        - Si otros no hubiesen sido tontos, lo seríamos nosotros.
        - Sumergid en el río a quien ama el agua.

        - Tal como la oruga elige las hojas mejores para depositar en ellas sus huevos, el sacerdote lanza sus imprecaciones para los más dulces goces.
        - Todo lo que es creíble es una imagen de la verdad.

        - Un cuerpo muerto no venga injurias.
        - Un pensamiento llena la inmensidad.

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      Resumen humano

        No existiría la Piedad
        Si no hiciéramos pobre a alguien;
        Y no haría falta la Misericordia
        Si todos fuesen tan dichosos como nosotros.

        Y el miedo recíproco trae paz,
        Hasta que el amor egoísta se incrementa:
        Entonces la Crueldad arma su trampa
        Y esparce sus cebos con cautela.

        Se instala con santos temores,
        Y riega con lágrimas la tierra;
        Entonces debajo de sus pies
        Echa raíces la Humildad.

        Rápido extiende sobre su cabeza
        Sombras lúgubres de Misterio;
        Y la Oruga y la Mosca
        Se nutren de tal Misterio.

        Luego crece el fruto del Engaño,
        Rubicundo y dulce al paladar;
        Y el Cuervo su nido instala
        En el ramaje más tupido.

        Los Dioses de la tierra y el mar
        Escrutaron la Naturaleza para hallar tal Árbol;
        Pero la búsqueda fue toda en vano:
        Crece uno en cada Cerebro Humano.

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      Un catálogo descriptivo de cuadros

        Los profetas describen lo que vieron en visiones con sus órganos imaginativos e inmortales. Un espíritu y una visión no son, como supone la filosofía moderna, un nuboso vapor, o una nada: se hallan organizados y articulados meticulosamente, más allá de lo que pueda producir la naturaleza mortal y perecedera. Quién no imagina rasgos más fuertes y mejores, y bajo una luz más fuerte y mejor que la de su ojo perecedero, no imagina en absoluto.

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