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    Información biográfica

  1. Amigos
  2. Como pájaros
  3. Don Ramón
  4. El abuelo (jugando)
  5. El velero blanco
  6. Flores silvestres
  7. La niña del lago
  8. La pregunta (fragmento)
  9. Me han tirado un beso esta mañana
  10. Me pregunto
  11. Mi poema
  12. Mi poema de abril
  13. Niña de la arena
  14. No me digas que no
  15. Olvido
  16. Página en blanco
  17. Que yo hablo solo
  18. Ronda para Malva
  19. Se asomó tu rostro
  20. Todavía
  21. Tu espalda
  22. Y era el amor




    Información biográfica

      Nombre: Ramón Valdez
      Nombre de pluma: Ramón de Almagro
      Lugar y fecha nacimiento: Arrecifes, Buenos Aires (Argentina), 10 de abril de 1934
      E-mail: donramon@sinectis.com.ar

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      Amigos

        Si te sientas conmigo,
        Si tú estás a mi lado,
        Que seamos amigos,
        Ya está casi arreglado.

        Te diré dos palabras,
        Cualquier cosa que sea,
        Buscaré de tus labios
        La respuesta cualquiera.
        Abriré tu sonrisa
        Con palabras graciosas,
        Te diré con malicia
        Una frase ingeniosa.

        Buscaré en tu mirada
        Si me has comprendido,
        Sólo ofrezco palabras,
        Sólo ofrezco mi oído.

        El tener quién escuche
        Cuando quieres hablar,
        Quién te brinde silencio
        Cuando quieras pensar.

        El tener quién te hable
        Si querés escuchar,
        Es tan bueno, ¿y qué cuesta?
        Casi nada, al final.

        Si te sientas conmigo,
        Si tú estás a mi lado,
        Que seamos amigos,
        Ya está casi arreglado.

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      Como pájaros

        Como un pájaro
        Ella
        Atraviesa las nubes
        Por llegar hasta el cuarto.

        Como un pájaro
        Ella
        En sus plumas de noche
        Hay un brillo de estrellas.

        Como un pájaro
        Ella
        Extendiendo las alas
        Pone el cielo en la cama.

        Como un pájaro
        Ella
        Hace nido en mi pecho
        Picotea mi cuello.

        Como un pájaro
        Ella
        Con graznidos eternos,
        Se la escucha
        Volar.

        Mirada haiku
        El primer beso
        No lo dan los labios
        Es con los ojos.

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      Don Ramón

        Aprende un buen poema
        Y lo disfrutarás toda tu vida,
        Enséñaselo a tus hijos
        Y nunca se sentirán solos,
        Enséñaselo a tus nietos
        Y siempre te recordarán.

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      El abuelo (jugando)

        El niño mira al abuelo
        Y lo invita a su jugar,
        Dolorido está el abuelo,
        Pero acepta, sin chistar.

        Cuando pasan los minutos,
        El viejo siente al jugar,
        Que ya no le duele tanto,
        Lo que lo hacía penar.

        Y entonces
        Entonces son carcajadas
        Las que se escuchan de a par,
        De ese nieto y de ese abuelo,
        Que disfrutan por igual.

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      El velero blanco

        Desde que era niño siempre tuvo el sueño,
        Que le dio un barquito hecho de papel,
        Y fue desde entonces que quiso ser dueño
        Del velero blanco y bogar en él,
        No por los paisajes de cielos lejanos
        Tampoco por islas de hermoso coral
        Él solo soñaba sentarse en su barco
        Y por una brisa dejarse llevar.

        Al pasar el tiempo se quedó en un sueño
        Como tantos sueños, su sueño de mar
        Nunca dijo nada, pues siempre temía
        Que si alguien sabía se fuera a burlar.

        Hoy que ya está viejo, y nadie le ofrece
        Por sus pocas fuerzas un trozo de pan,
        Agarra la silla, esa que se mece,
        Y se va hasta el patio, buscando soñar,
        En la vieja silla se siente en el barco,
        Cerrando los ojos escucha la mar
        Y hasta hay una brisa
        Que baja a sus labios
        Olas muy pequeñas
        Con sabor
        A sal.

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      Flores silvestres

        Si al pasar frente a una tumba
        Descubres flores silvestres
        Flores que ninguna mano
        Ha plantado.
        No lo dudes
        Ahí debajo
        Yace un poeta.

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      La niña del lago

        La niña sentada a orillas del lago,
        Leyendo poesía de su libro Azul,
        Te muestra que todo no está tan cambiado,
        Están los que sueñan lo mismo que tú.

        Son los que leyendo de un mundo de ensueño,
        Mundo de romance, reino del amor,
        Sienten que ellos pueden también ser los dueños
        De esos sentimientos que brinda el autor.

        Sueñan ser amados como en la poesía,
        Por seres perfectos de muy suave voz,
        Que al hablar envuelven con la melodía
        Que sólo se escucha cuando habla el amor.

        La niña del lago levanta los ojos,
        Viendo que la tarde ya casi pasó,
        Leyendo poesía se le hizo tan corta,
        Que dubitativa mira su reloj.

        Con pena, suspiros, recoge sus sueños,
        Los guarda entre hojas de su libro Azul,
        Y por un sendero se nos va corriendo,
        Ha vuelto este mundo, de tanta inquietud.

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      La pregunta (fragmento)

        Porque odio la soledad, que ya mucho he sufrido,
        Porque te quiero y no quiero ser causa de otro fracaso,
        Por eso cuando te miro, por eso cuando te abrazo
        Nada quiero yo saber de la vida que has tenido,
        Y si murmuro a tu oído, la pregunta que tendré,
        Será la misma de siempre
        Decime amor, ¿me querés?

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      Me han tirado un beso esta mañana

        Me han tirado un beso esta mañana,
        Me lo enviaron los labios de un niño,
        Y tú sabes cuánta sed hay en el alma,
        De una simple muestra de cariño.

        Me han tirado un beso esta mañana,
        Y mira cómo influyen estas cosas,
        Que mi aburrido día de semana,
        De golpe se pobló de mariposas.

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      Me pregunto

        Soneto II

        Qué se dirán, amor, esas veredas
        Que nos vieron pasar juntos del brazo
        Qué se dirán, amor, hoy que nos queda
        Llevar entre los dos nuestro fracaso.

        Qué se dirán, amor, aquellos árboles
        Que marcamos con tantos juramentos
        Qué se dirán si oyen nuestras voces
        Discutiendo llevadas por el viento.

        Qué se dirán, amor, esas estrellas
        Qué se dirán al ver nuestras querellas
        Qué se dirán, ya sé, no dirán nada.

        Amores tan deshechos como el nuestro
        Se ven tantos, amor, que por supuesto,
        Las estrellas ya están acostumbradas.

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      Mi poema

        Mi poema está ahí
        Uno más
        Entre millones
        Que andan dispersos por el mundo
        Son tantos los poemas
        Como son tantas
        Las doradas hojas del otoño
        Pero un día
        De pronto
        Por algún motivo o sin ningún motivo
        Tu mirada se detiene en él
        Y mi poema se ilumina
        Tus ojos lo observan
        Y mi poema se siente hermoso
        Tus ojos lo leen
        Y ese poema brilla
        Como una estrella
        Luego mientras tú prosigues el camino,
        Mientras te alejas
        Llevando sobre ti
        Algo de ese brillo
        Que se va apagando
        Mi corazón agradecido
        Te grita "gracias".

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      Mi poema de abril

        Picoteando la cáscara
        De algún viejo recuerdo
        Con la lluvia de abril
        Nacerá mi poema
        Le pondré mil colores
        Los más puros y claros
        Una música tenue
        Y un perfume de nardos.

        Como una luciérnaga
        Brillará titilando
        Y subirá por los aires
        Escapando de mi alma
        Se estirarán mis manos
        Sin poder alcanzarlo,
        Se quedarán mis labios
        Como siempre rogando:

        Que una estrella lo guíe
        Que lo lleve a tu lado,
        Pues si tú lo encontraras,
        Si llegas a escucharlo
        Mi poema de abril
        Quizá viva hasta mayo.

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      Niña de la arena

        Niña que en la arena te encontré llorando,
        Con un llanto blando, tu primer amor,
        Orgullo de niña que se hallaba herido,
        Tal vez un motivo que nunca existió.

        Por algo que él dijo o no sé que cosa
        Tu boca de rosa se te marchitó.
        Y aquellos pucheros, los que se habían ido,
        Vuelven del olvido a llorar tu amor.

        De un mundo de mimos salís a la vida,
        Y aquí,
        No hay quien cuida de algún moretón,
        Ya viene la noche niña de la arena
        Recoge tu pena, mañana
        Mañana habrá sol.

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      No me digas que no

        No me digas que no, te pones fea
        Se te arruga la frente y en la boca,
        Ese gesto de enojo que provoca
        Amargura que duele y que golpea.

        No me digas que no, no es la manera
        Que debieras usar al castigarme,
        Porque cuida no vayas a matarme,
        Hay castigos que un hombre no tolera.

        Y por eso y aunque sea por un rato
        En el bien de este amor es que lo digo.
        Deja ya tu rencor y tu mal trato.

        Hazme caso, mujer, y si te pido,
        Si mi alma está sedienta de tu abrazo
        ¡Deja todo, por Dios, y ven conmigo!

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      Olvido

        Tú puedes olvidar y los recuerdos
        Se pegan a mi piel como un castigo.

        Tú puedes olvidar, yo sólo vivo
        Añorando el querer que se ha perdido.

        Tú puedes olvidar y a cada noche
        Mil vueltas yo le doy buscando olvido.

        Tú puedes olvidar, cómo quisiera
        Olvidar como tú, sin un suspiro.

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      Página en blanco

        Y me vuelco a una página en blanco,
        A llenar los renglones vacíos

        A tratar de formar con palabras,
        Un poema que venza tu hastío

        El que arranque por fin de tus labios
        Un susurro que suene a suspiro

        El que logre llevar a tus ojos
        Unas gotas de suave rocío

        El que pueda poner en tu pecho
        Algo de esto que hoy late en el mío.

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      Que yo hablo solo

        ¿Que yo hablo solo?
        No me digan eso.
        Es que soy poeta
        Yo vivo buscando
        Que rimen mis versos.

        ¿Que yo hablo solo?
        Es que soy un viejo
        Y los que escuchaban
        Se me han ido lejos
        Y los que vinieron
        A ocupar sus puestos
        Casi ni me hablan,
        Hasta me tropiezan,
        Andan apurados
        Con todas sus cosas
        Y yo de tan lerdo,
        Siento que molesto.

        ¿Que yo hablo solo?
        No me digan eso,
        Yo nunca hablo solo.
        Hablo con mis viejos
        Con todos los míos,
        Con tantos amigos
        Que ya se me han ido.

        Y ellos me escuchan.
        Porque ellos no corren,
        Porque ellos me esperan,
        Porque están conmigo
        Aunque no los vean.

        ¿Que yo hablo solo?
        Será porque rezo,
        Debe ser por eso,
        Será porque rezo
        Y al mover mis labios
        Pensarán que hablo,
        Debe ser por eso
        Será por mis rezos
        Y que soy poeta,
        Yo vivo buscando
        Que rimen mis versos.

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      Ronda para Malva

        Esa niña, aquella, de los ojos claros,
        La que llaman Malva,
        La de pies desnudos, y a veces sangrando,
        No tiene apellido.

        Entre los cartones donde ella ha nacido
        Nunca sobra nada,
        Y menos monedas para un colectivo,
        Y no la anotaron.

        Su madre
        Su madre ha buscado,
        Entre los recuerdos,
        Unos ojos claros,
        Unos ojos claros o algo parecido.

        Pero tan oscuro siempre fue el amor.
        Sólo por las noches se le han acercado
        Siempre atropellados
        Pidiendo el favor,
        Y luego se fueron
        Como habían llegado,
        Siempre apresurados,
        Sin decir adiós.

        Y esa niña, aquella,
        La que llaman Malva,
        La de pies desnudos y sin apellido,
        A todos nos mira, como preguntando:
        ¿Estos ojos claros,
        Estos ojos claros
        De dónde
        Han venido?

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      Se asomó tu rostro

        Se asomó tu rostro
        Entre la neblina
        Que abrazaba entonces
        A mi deambular.

        Se asomó tu rostro
        Se apartó enseguida
        Pero mientras viva
        No lo he de olvidar.

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      Todavía

        Todavía
        Soy un poeta humilde
        Todavía soy un poeta
        Desconocido
        Todavía
        No he escrito
        Nada maravilloso
        Nada extraordinario
        Nada que se parezca
        A una obra de arte
        Pero tengo un buen
        Justificativo
        Todavía
        Todavía
        No te he visto pasar.

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      Tu espalda

        A mi esposa Doña Elsa.

        Tu espalda es mi descanso, mi sosiego,
        Es la calma después de haber amado,
        Tu espalda es un refugio donde llego
        A lamer mis heridas angustiado.

        Tu espalda es taller de mi poesía
        En las noches que paso desvelado,
        Tu espalda tiene el fin de cada día,
        Es el sueño y un beso ya cansado.

        Y si todo se me hace cuesta arriba,
        Si la vida se ensaña con mi vida,
        Más que nunca, tu espalda es necesaria.

        Pues si es dura la mano del destino,
        Tu espalda es el altar donde me inclino
        Para llegar a Dios con mi plegaria.

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      Y era el amor

        Y era el amor al fin se había posado
        Era una mariposa sobre el seno dorado.
        Y era el amor
        Ese amor que por siempre la había perturbado
        En mil noches de sueños ardientes, descarados.
        Y era el amor
        El amor del suspiro, del beso apasionado
        El amor tan sublime, el amor esperado,
        Y sí, era el amor
        Y ya lo ha comprobado,
        Por eso se ve triste,
        Por eso ya no canta,
        Por eso es que ha llorado.

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