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    Información biográfica

  1. A veces, y el sueño es triste
  2. Cansa ser, suele sentir
  3. Cuando era joven, me decía a mí mismo
  4. De aquí a poco acaba el día
  5. Del viento en la orilla mueven
  6. Dicen que finjo o miento
  7. El poeta es un fingidor
  8. Hoy, en este ocio incierto
  9. Muestran su nieve, al sol, lejanos montes
  10. No consienten los dioses sino vida
  11. No es mío, no es mío cuanto escribo
  12. No quiero rosas mientras haya rosas
  13. No tengas nada en las manos
  14. Por estos sotos, antes que nosotros
  15. Sereno aguarda el fin que poco tarda
  16. Severo narro cuanto siento, pienso
  17. Si yo pudiera
  18. Tengo pena y no respondo
  19. Tengo tanto sentimiento
  20. Tómame, oh noche eterna





  21. Información biográfica

      Nombre: Fernando Antonio Nogueira de Seabra Pessoa
      Lugar y fecha nacimiento: Lisboa (Portugal), 13 de junio de 1888
      Lugar y fecha defunción: Lisboa (Portugal), 30 de noviembre de 1935 (47 años)

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      A veces, y el sueño es triste

        A veces, y el sueño es triste,
        En mis deseos existe
        Lejanamente un país
        Donde ser feliz consiste
        Solamente en ser feliz.

        Se vive como se nace,
        Sin querer y sin saber.
        En esa ilusión de ser,
        El tiempo muere y renace
        Sin que se sienta correr.

        El sentir y el desear
        No existen en esa tierra.
        Y no es el amor amar
        En el país donde yerra
        Mi lejano divagar.

        Ni se sueña ni se vive:
        Es una infancia sin fin.
        Y parece que revive
        Ese imposible jardín
        Que con suavidad recibe.

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      Cansa ser, suele sentir

        Cansa ser, suele sentir, pensar destruye.
        Ajena a nosotros derrúmbase la hora,
        Dentro y fuera de nosotros, y todo en ella.
        Inútilmente el alma llora.

        ¿De qué sirve? ¿Qué es lo que debe servir?
        Pálido esbozo leve
        Del sol de invierno sonríe en mi cama...
        Vago susurro breve.

        De las vocecitas que despierta la mañana,
        De la fútil promesa del día,
        Muerta al nacer, en la esperanza absurda y lejana
        En la que el alma confía.

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      Cuando era joven, me decía a mí mismo

        Cuando era joven, me decía a mí mismo:
        "¡Cómo pasan los días, día a día,
        Sin nada conseguido o intentado!"
        Más viejo digo, con el mismo enfado:
        "¡Cómo, día tras día, todos son
        Sin nada hecho y sin nada en la intención!".
        Así, naturalmente, envejecido,
        Diré con igual voz e igual sentido:
        "Un día vendrá el día
        En el que no diré ya nada".
        Quien nada fue no es ni dirá nada.

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      De aquí a poco acaba el día

        De aquí a poco acaba el día.
        Yo no hice nada
        ¿Y qué cosa es la que haría?
        Fuese cual fuese, equivocada.

        Muy pronto la noche viene
        Mas sin razón
        Para aquel que sólo tiene
        Que contar su corazón.

        Y tras la noche y dormir
        Renace el día.
        Nada haré sino sentir
        Pero, ¿qué otra cosa haría?

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      Del viento en la orilla mueven

        Del viento en la orilla mueven
        Sus cuerpos muertos las hojas.
        Ya de los árboles llueven
        Ya, si inertes no se mueven,
        Tú, lluvia otoñal, las mojas.

        Y no hay en mi pensamiento
        Deseo de irlas pensando.
        No tengo en este momento
        Ya nada en mi pensamiento:
        Soy igual que hojas volando.

        Pero las hojas no sienten
        Esta pena honda y rotunda
        Que mis sentidos consienten.
        Nada son y nada sienten
        De mi pena más profunda.

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      Dicen que finjo o miento

        Dicen que finjo o miento
        Todo lo que escribo. No.
        Yo simplemente siento
        Con la imaginación.
        No uso el corazón.

        Todo lo que sueño o vivo,
        Lo que me falla o acaba,
        Es como una terraza;
        Aún sobre otra cosa
        Esa cosa es la que es bella.

        Por eso escribo en medio.
        De lo que no está al pie,
        Libre de mi ensueño,
        Serio de lo que no es.
        ¿Sentir? ¡Que sienta quien lee!

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      El poeta es un fingidor

        El poeta es un fingidor.
        Finge tan completamente
        Que hasta finge que es dolor
        El dolor que en verdad siente.

        Y, en el dolor que han leído,
        A leer sus lectores vienen,
        No los dos que él ha tenido,
        Sino sólo el que no tienen.

        Y así en la vida se mete,
        Distrayendo a la razón,
        Y gira, el tren de juguete
        Que se llama corazón.

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      Hoy, en este ocio incierto

        Hoy, en este ocio incierto
        Sin placer ni razón,
        Como un túmulo abierto
        Cierro mi corazón.

        En la inútil conciencia
        De que todo es vano,
        Lo cierro a la violencia
        De este mundo inhumano.

        Mas, ¿qué mal sufre un muerto?
        ¿Contra qué defenderlo?
        Lo cierro absorto, es cierto,
        Mas sin querer saberlo.

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      Muestran su nieve, al sol, lejanos montes

        Muestran su nieve, al sol, lejanos montes,
        Pero ya es suave el sosegado frío
        Que ablanda y agudiza
        Los dardos del sol alto.

        Hoy, Nera, no quieras ocultarnos;
        Nada nos falta porque nada somos.
        No esperamos ya nada
        Y al sol sentimos frío.

        Mas, tal como es, gocemos del momento,
        Solemnes levemente en la alegría
        Y aguardando a la muerte
        Como quien la conoce.

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      No consienten los dioses sino vida

        No consienten los dioses sino vida.
        Todo, pues, rehusemos que nos alce
        A irrespirables cimas,
        Perennes mas sin flores.
        La ciencia de aceptar tengamos sólo
        Y, mientras de la sangre en nuestras sienes,
        No con nosotros mústiase
        El mismo amor, duremos,
        Cual vidrios a las luces transparentes
        Y dejando escurrir la lluvia triste,
        Tibios al sol caliente
        Y reflejando un poco.

      Arriba

      No es mío, no es mío cuanto escribo

        No es mío, no es mío cuanto escribo.
        ¿A quién lo debo?
        ¿De quién soy el heraldo nato?
        ¿Por qué, engañado,
        Juzgué ser mío lo que no era mío?
        ¿Quién más me lo dio?
        Pero, sea como fuere, si la suerte
        Fuera que yo sea la muerte
        De otra vida que en mí vive,
        Yo, el que estuve
        Ilusionado toda esta vida
        Aparecida,
        Agradezco al que del polvo que soy
        Me levantó
        Y me hizo nube un momento
        Del pensamiento.
        Al de quien soy, erguido polvo,
        Sólo símbolo.

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      No quiero rosas mientras haya rosas

        No quiero rosas mientras haya rosas.
        Las quiero cuando ya no las pueda haber.
        ¿Qué he de hacer con las rosas
        Que puede cualquier mano coger?

        Sólo quiero la noche si la aurora
        La diluye en azul y rosicler.
        Lo que mi alma ignora,
        Eso es lo que quiero poseer.

        ¿Para qué? De saberlo, nunca haría
        Versos para decir que no lo sé.
        Siento a mi alma pobre y fría
        ¿Con qué limosna la calentaré?

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      No tengas nada en las manos

        No tengas nada en las manos
        Ni una memoria en el alma,
        Que -cuando un día tus manos
        Pongan el óbolo último,
        Cuando las manos te abran-,
        Nada se te caiga de ellas.

        ¿Qué trono te quieren dar
        Que Átropos no te lo quite?
        ¿Qué laurel que no se mustie
        En los arbitrios de Minos?
        ¿Qué horas que no te conviertan
        En la estatua de sombra?
        ¿Que serás cuando, de noche,
        Estés al fin del camino?

        Coge las flores, mas déjalas luego
        Caer, apenas miradas.
        Al sol siéntate. Y abdica
        Para ser el rey de ti mismo.

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      Por estos sotos, antes que nosotros

        Por estos sotos, antes que nosotros,
        Pasaba el viento cuando no había viento.
        Y hablaban las hojas
        De distinta manera que hoy.

        Pasamos y nos agitamos en balde.
        No en lo que existe hacemos mayor ruido
        Que las hojas del árbol
        O los pasos del viento.

        Tratemos, pues, con abandono asiduo,
        De entregarle a Natura nuestro esfuerzo
        Y no querer más vida
        Que la de árboles verdes.

        Inútilmente parecemos grandes.
        Salvo nosotros, nada por el mundo honra su grandeza
        Ni sin querer nos sirve.

        Si aquí en la arena, junto al mar, mi indicio
        Con ondas sólo tres el mar apaga.

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      Sereno aguarda el fin que poco tarda

        Sereno aguarda el fin que poco tarda.
        ¿Qué es cualquier vida? Breve sol es, y sueño.
        ¿Cuánto piensas emplear
        En no muchos pensamientos?
        Para el nauta el mar oscuro es la ruta clara,
        Tú, en la confusa soledad de la vida,
        A ti mismo te eliges
        No sabes de otro el puerto.

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      Severo narro cuanto siento, pienso

        Severo narro cuanto siento, pienso,
        Palabras son ideas.
        Murmurante el río pasa, y el sonido que no pasa
        Es nuestro, no del río.
        Así quisiera el verso: mío y ajeno
        Y por mí mismo leído.

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      Si yo pudiera

        Si yo pudiera morder la tierra toda
        Y sentirle el sabor
        Sería más feliz por un momento.

        Pero no siempre quiero ser feliz
        Es necesario ser de vez en cuando infeliz
        Para poder ser natural.

        No todo es días de sol y la lluvia,
        Cuando falta mucho, se pide.

        Por eso tomo la infelicidad con la felicidad
        Naturalmente, como quien no se extraña
        De que existan montañas y planicies
        De que haya rocas y hierbas.

        Lo que es necesario es ser natural y calmado
        En la felicidad o en la infelicidad.

        Sentir como quien mira
        Pensar como quien anda,
        Y, cuando se ha de morir,
        Recordar que el día muere
        Y que el poniente es bello
        Y es bella la noche que queda.

        Así es y así sea.

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      Tengo pena y no respondo

        Tengo pena y no respondo.
        Mas no me siento culpado
        Porque en mí no correspondo
        Al otro que en mí has soñado.

        Cada uno es mucha gente.
        Para mí soy quien me pienso,
        Para otros, cada cual siente
        Lo que cree, y es inmenso error.

        Ah, dejadme sosegar.
        No otro yo me sueñen otros.
        Si no me quiero encontrar
        ¿Querré que me halléis vosotros?

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      Tengo tanto sentimiento

        Tengo tanto sentimiento
        Que es frecuente persuadirme
        De que soy sentimental,
        Mas reconozco, al medirme,
        Que todo esto es pensamiento
        Que yo no sentí al final.

        Tenemos, quienes vivimos,
        Una vida que es vivida
        Y otra vida que es pensada,
        Y la única en que existimos
        Es la que está dividida
        Entre la cierta y la errada.

        Mas a cuál de verdadera
        O errada el nombre conviene
        Nadie lo sabrá explicar;
        Y vivimos de manera
        Que la vida que uno tiene
        Es la que él se ha de pensar.

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      Tómame, oh noche eterna

        Tómame, oh noche eterna,
        En tus brazos y llámame hijo.

        Yo soy un rey que voluntariamente
        Abandonó su trono de ensueños y cansancios.

        Mi espada, pesada en brazos flojos,
        A manos viriles y calmas entregué;
        Y mi cetro y corona los dejé
        En la antecámara, hechos pedazos.

        Mi cota de malla, tan inútil,
        Mis espuelas, de un tintineo tan fútil,
        Las dejé por la fría escalinata.

        Desvestí la realeza, cuerpo y alma,
        Y regresé a la noche antigua y serena
        Como el paisaje al morir el día.

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