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    Información biográfica

  1. Como Adán al amanecer
  2. Cómo están provistos de lo necesario
  3. Creo que una brizna de hierba
  4. Cuando leí el libro
  5. Me celebro y me canto a mí mismo
  6. Mientras recorro las playas que no conozco
  7. Mira el mar infinito
  8. ¡Oh capitán, mi capitán!
  9. ¡Oh yo, vida!
  10. Quien contiene a la diversidad
  11. Yo soy aquel a quien atormenta
  12. Yo tranquilo, serenamente plantado




    Información biográfica

      Nombre: Walt Whitman
      Lugar y fecha nacimiento: Long Island, Nueva York (Estados Unidos), 31 de mayo de 1819
      Lugar y fecha defunción: Camden, Nueva Jersey (Estados Unidos), 26 de marzo de 1892 (72 años)

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      Como Adán al amanecer

        Como Adán al amanecer
        Salgo del bosque fortalecido por el descanso nocturno,
        Miradme cuando paso, escuchad mi voz, acercaos,
        Tocadme, poned la palma de vuestra mano
        Sobre mi cuerpo cuando paso,
        No tengáis miedo de mi cuerpo.

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      Cómo están provistos de lo necesario

        Cómo están provistos de lo necesario sobre la tierra, manifestándose a intervalos,
        Cuán queridos y terribles son para la tierra,
        Cómo se avezan a sí mismos y a los demás; qué paradójico parece su tiempo,
        Cómo la gente repara en ellos sin conocerles,
        Cómo hay algo de inexorable y permanente en el destino de ellos,
        Cómo cada época escoge mal sus objetos de adulación y recompensa,
        Y cómo el mismo precio inexorable ha de pagarse aún por la misma compra.

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      Creo que una brizna de hierba

        (Fragmento de Hojas de Hierba)

        Creo que una brizna de hierba no es inferior a la jornada de los astros
        Y que la hormiga no es menos perfecta ni lo es un grano de arena
        Y que el escorzo es una obra de arte para los gustos más exigentes
        Y que la articulación más pequeña de mi mano es un escarnio para todas las máquinas.
        Quédate conmigo este día y esta noche y poseerás el origen de todos los poemas.
        Creo en ti, alma mía, el otro que soy no debe humillarse ante ti,
        Ni tú debes humillarte ante el otro.
        Retoza conmigo sobre la hierba, borra el freno de tu garganta.

        (...)

        Creo que podría retornar y vivir con los animales, ellos son tan plácidos y autónomos.
        Me detengo y los observo largo rato.
        Ellos no se impacientan ni se lamentan de su situación.
        No lloran sus pecados en la oscuridad de un cuarto.
        No me fastidian con sus discusiones sobre sus deberes hacia Dios.
        Ninguno está descontento. Ninguno padece la manía de poseer objetos.
        Ninguno se arrodilla ante otro ni ante los antepasados que vivieron hace milenios.
        Ninguno es respetable o desdichado en toda la faz de la tierra.
        Así me muestran su relación conmigo y yo así lo acepto.

        (...)

        No pregunto quién eres, eso carece de importancia para mí.
        No puedes hacer ni ser más que aquello que yo te inculco.

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      Cuando leí el libro

        Cuando leí el libro, la célebre biografía,
        Me dije: "¿Es esto entonces lo que el autor llama una vida de hombre?
        ¿Escribirá alguien así mi vida una vez muerto yo?
        Como si algún hombre conociera realmente algo de mi vida,
        Cuando de hecho a menudo yo mismo pienso que poco o nada sé de mi vida,
        Salvo vagas nociones, débiles y difusas imágenes,
        Que persigo constantemente para poder exponer aquí".

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      Me celebro y me canto a mí mismo

        Me celebro y me canto a mí mismo.
        Y lo que yo asuma tú también habrás de asumir,
        Pues cada átomo mío es también tuyo.
        Vago al azar e invito a vagar a mi alma.

        Vago y me tumbo sobre la tierra,
        Para contemplar un tallo de hierba.

        Mi lengua, cada molécula de mi sangre formada por esta tierra y este aire.
        Nacido aquí de padres cuyos padres nacieron aquí y
        Cuyos padres también aquí nacieron.
        A los treita y siete años de edad, gozando de perfecta salud,
        Comienzo y espero no detenerme hasta morir.

        Que se callen los credos y las escuelas,
        Que retrocedan un momento, conscientes de lo que son y
        Sin olvidarlo nunca.
        Me brindo al bien y al mal, me permito hablar hasta correr peligro.
        Naturaleza sin freno, original energía.

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      Mientras recorro las playas que no conozco

        Mientras recorro las playas que no conozco
        Mientras escucho la endecha,
        Las voces de los hombres y mujeres náufragos
        Mientras aspiro las brisas impalpables que me asedian,
        Mientras el océano, tan misterioso,
        Se aproxima a mí cada vez más
        Yo no soy sino un insignificante madero abandonado por la resaca,
        Un puñado de arena y hojas muertas
        Y me confundo con las arenas y con los restos del naufragio.
        ¡Oh! Desconcertado, frustrado, humillado hasta el polvo,
        Oprimido por el peso de mí mismo
        Pues me he atrevido a abrir la boca
        Sabiendo ya que en medio de esa verbosidad cuyos ecos oigo
        Jamás he sospechado qué o quién soy
        A no ser que, ante todos mis arrogantes poemas,
        Mi yo real esté de pie, impasible, ileso, no revelado
        Señero, apartado, escarneciéndome con señas y reverencias burlonamente amables
        Con carcajadas irónicas a cada una de las palabras que he escrito
        Indicando en silencio estos cantos y, luego, la arena en que asiento mis pies.
        Ahora sé que nada he comprendido, ni el objeto más pequeño,
        Y qué ningún hombre puede comprenderlo.
        La naturaleza está aquí a la vista del mar
        Aprovechándose de mí para golpearme y para herirme
        Porque me he atrevido a abrir la boca para cantar.

        (...)

        Bajad, aguas del océano de la vida,
        Ya volveréis en la pleamar,
        No ceses en tus gemidos, vieja madre cruel,
        Llora sin término por tus hijos abandonados
        Pero no temas, no me niegues,
        No susurres con voz tan ronca y colérica contra mí
        Cuando te toco o me aparto de ti.
        Os amo tiernamente a ti y a todos,
        Hago provisión para mí y para esta sombra que nos mira
        Y nos sigue a mí y a lo que me pertenece.
        Yo y lo mío, hileras de hierba, pequeños cadáveres,
        Espuma blanca como la nieve, burbujas.
        Ved cómo de mis labios muertos mana el fango al fin
        Ved cómo los colores del prisma relucen y se agitan
        Manojos de paja, arenas, fragmentos
        Puestos a flote por muchos humores contradictorios
        Por la tempestad, la calma, las tinieblas
        Las olas embravecidas, pensativos, un hálito, una lágrima salobre
        Una salpicadura de agua o fango
        Arrojados igualmente desde las fermentaciones insondables del abismo
        Uno o dos capullos marchitos, desgarrados igualmente
        Flotando sobre las olas a la deriva
        Igualmente para nosotros aquella endecha sollozante de la naturaleza
        Nos acompaña el clangor de las trompetas en las nubes
        Nosotros, caprichosos, traídos aquí no sabemos de dónde
        Tendidos ante ti, tú allí arriba, caminas o te sientas,
        Quienquiera que seas, también nosotros yacemos náufragos a tus pies.

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      Mira el mar infinito

        Mira el mar infinito.
        Sobre su pecho sale a navegar un navío
        Que despliega sus velas, incluidas las de gavia.

        Su pendón ondea en lo alto mientras aumenta
        Su velocidad de manera majestuosa.
        Debajo, las olas rivalizan,
        Rodean al barco, apiñándose,
        Con brillantes movimientos circulares y espuma.

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      ¡Oh capitán, mi capitán!

        ¡Oh capitán, mi capitán!
        Terminó nuestro espantoso viaje,
        El navío ha salvado todos los escollos,
        Hemos ganado el codiciado premio,
        Ya llegamos a puerto, ya oigo las campanas,
        Ya el pueblo acude gozoso,
        Los ojos siguen la firme quilla del navío resuelto y audaz,
        Mas, ¡oh corazón, corazón, corazón!
        ¡Oh rojas gotas sangrantes!
        Mirad, mi capitán en la cubierta
        Yace muerto y frío.

        ¡Oh capitán, mi capitán!
        Levántate y escucha las campanas,
        Levántate, para ti flamea la bandera,
        Para ti suena el clarín,
        Para ti los ramilletes y guirnaldas engalanadas,
        Para ti la multitud se agolpa en la playa,
        A ti llama la gente del pueblo,
        A ti vuelven sus rostros anhelantes,
        ¡Oh capitán, padre querido!
        ¡Que tu cabeza descanse en mi brazo!
        Esto es sólo un sueño: en la cubierta
        Yaces muerto y frío.

        Mi capitán no responde,
        Sus labios están pálidos e inmóviles,
        Mi padre no siente mi brazo, no tiene pulso ni voluntad,
        El navío ha anclado sano y salvo;
        Nuestro viaje, acabado y concluido,
        Del horrible viaje el navío victorioso llega con su trofeo,
        ¡Exultad, oh playas, y sonad, oh campanas!
        Mas yo, con pasos fúnebres,
        Recorreré la cubierta donde mi capitán
        Yace muerto y frío.

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      ¡Oh yo, vida!

        ¡Oh yo, vida! Todas estas cuestiones me asaltan,
        Del desfile interminable de los desleales,
        De ciudades llenas de necios,
        De mí mismo, que me reprocho siempre, pues,
        ¿Quién es más necio que yo, ni más desleal?
        De los ojos que en vano ansían la luz, de los objetos
        Despreciables, de la lucha siempre renovada,
        De los malos resultados de todo, de las multitudes
        Afanosas y sórdidas que me rodean,
        De los años vacíos e inútiles de los demás,
        Yo entrelazado con los demás,
        La pregunta, ¡oh, mi yo!, la triste pregunta que
        Vuelve: "¿Qué hay de bueno en todo esto?"
        Y la respuesta:
        "Que estás aquí, que existen la vida y la identidad,
        Que prosigue el poderoso drama y que quizás
        Tú contribuyes a él con tu rima".

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      Quien contiene a la diversidad

        (Cosmos)

        Quien contiene a la diversidad y es la naturaleza
        Quien es la amplitud de la tierra y la rudeza y sexualidad de la tierra
        Y la gran caridad de la tierra, y también el equilibrio
        Quien no ha dirigido en vano su mirada por las ventanas de los ojos
        O cuyo cerebro no ha dado en vano audiencia a sus mensajeros
        Quien contiene a los creyentes y a los incrédulos
        Quien es el amante más majestuoso
        Quien, hombre o mujer, posee debidamente su trinidad de realismo,
        De espiritualidad y de lo estético o intelectual
        Quien, después de haber considerado su cuerpo,
        Encuentra que todos sus órganos y sus partes son buenos
        Quien, hombre o mujer, con la teoría de la tierra y de su cuerpo
        Comprende por sutiles analogías todas las otras teorías,
        La teoría de una ciudad, de un poema
        Y de la vasta política de los estados
        Quien cree no sólo en nuestro globo con su sol y su luna
        Sino en los otros globos con sus soles y sus lunas
        Quien, hombre o mujer, al construir su casa
        No para un día sino para la eternidad
        Ve a las razas, épocas, efemérides, generaciones
        El pasado, el futuro, morar allí, como el espacio
        Indisolublemente juntos.

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      Yo soy aquel a quien atormenta

        Yo soy aquel a quien atormenta el deseo amoroso,
        ¿No gravita la Tierra? ¿No atrae la materia
        Atormentada a la materia?
        Así mi cuerpo atrae a los cuerpos de todos aquellos
        A quienes encuentro o conozco.

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      Yo, tranquilo, serenamente plantado

        Yo, tranquilo, serenamente plantado ante la naturaleza,
        Amo de todo o señor de todo, sereno en medio de las cosas irracionales.
        Imbuido como ellas, pasivo, receptivo, y silencioso, también como ellas,
        Conocedor de que mi ocupación, mi pobreza, mi notoriedad
        Y mis debilidades son menos importantes de lo que creía,
        Hacia el mar mexicano, en el Manhattan o en el Tennessee, o lejos en el norte o tierra adentro,
        Hombre de río u hombre de montes o de granjas de estos estados, ribereño del mar o de los lagos de Canadá,
        Yo, dondequiera que viva mi vida, quiero hacer frente a las contingencias
        Y encarar la noche, las tormentas, el hambre, el ridículo, los accidentes
        Y los rechazos como lo hace el animal.

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