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Delmira Agustini

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    Información biográfica

  1. Amor
  2. Añoranza
  3. Artistas
  4. Boca a boca
  5. Capricho
  6. Ceguera
  7. Clarobscuro
  8. Crepúsculo
  9. Cuentas de fuego
  10. Cuentas de luz
  11. Cuentas de mármol
  12. Cuentas de sombra
  13. Cuentas falsas
  14. Desde lejos
  15. Diario espiritual
  16. El anillo
  17. El arroyo
  18. El intruso
  19. El nudo
  20. El surtidor de oro
  21. El vampiro
  22. Elegías dulces
  23. En el camino
  24. En un álbum
  25. En un álbum (2)
  26. Explosión
  27. Fantasmas
  28. Flor nocturna
  29. Florecimiento
  30. Fue al pasar
  31. Inextinguibles
  32. Íntima
  33. La barca milagrosa
  34. La cita
  35. La duda
  36. La fantasía
  37. La esperanza
  38. La estatua
  39. La musa
  40. La sed
  41. La violeta
  42. Las alas
  43. Lo inefable
  44. Los relicarios dulces
  45. Luz púrpura con tu retrato
  46. Mi aurora
  47. Mi musa
  48. Mis amores
  49. Monóstrofe
  50. Nocturno
  51. Ofrendando el libro
  52. Ojos-nidos
  53. Otra estirpe
  54. Poesía
  55. Por campos de ensueño
  56. Por tu musa
  57. Toque de oración
  58. Selene
  59. Serpentina
  60. Tu amor
  61. Tu boca
  62. Tu dormías
  63. Una viñeta
  64. Viene


Información biográfica
    Nombre: Delmira Agustini
    Lugar y fecha nacimiento: Montevideo, Uruguay, 24 de octubre de 1887
    Lugar y fecha defunción: Montevideo, Uruguay, 6 de julio de 1914 (27 años)
    Ocupación: Escritora, poeta
    Movimiento: Modernismo, Vanguardismo

    Fuente: [Delmira Agustini] en Wikipedia.org
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    Amor
      Lo soñé impetuoso, formidable y ardiente;
      Hablaba el impreciso lenguaje del torrente;
      Era un amor desbordado de locura y de fuego,
      Rodando por la vida como en eterno riego.

      Luego soñélo triste, como un gran sol poniente
      Que dobla ante la noche su cabeza de fuego:
      Despues rió, y en su boca tan tierna como un ruego,
      Sonaba sus cristales el alma de la fuente.

      Y hoy sueño que es vibrante, y suave, y riente y triste,
      Que todas las tinieblas y todo el iris viste,
      Que frágil como un ídolo y eterno como un Dios

      Sobre la vida toda su majestad levanta:
      Y el beso cae ardiendo a perfumar su planta
      En una flor de fuego deshojada por dos...
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    Añoranza
      Íbamos en la tarde que caía
      Rápidamente sobre los caminos.
      Su belleza, algo exótica, ponía
      Aspavientos en ojos campesinos.

      -Gozaremos el libro- me decía
      De tus epigramáticos y finos
      Versos. En el crepúsculo moría
      Un desfile de pájaros marinos...

      Debajo de nosotros, la espesura
      Aprisionaba en forma de herradura
      La población. Y de un charco amarillo

      Surgió la luna de color de argento,
      Y a lo lejos, con un recogimiento
      Sentimental, lloraba un caramillo...
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    Artistas
      Cuando el nimbo de la gloria resplandece en vuestras frentes,
      Veis que en pos de vuestros pasos van dos sombras que inclementes
      Sin desmayos ni fatigas os persiguen con afán;
      Son la envidia y la calumnia, dos hermanas maldecidas,
      Siempre juntas van y vienen por la fiebre consumidas,
      Impotentes y orgullosas -son dos sierpes venenosas
      Cuya mísera ponzoña sólo a ellas causa mal-.

      Alevosas y siniestras cuando tratan de atacaros;
      Temerosas de la lumbre, siempre buscan el misterio.
      Mas, burlaos de sus iras: ¡nada pueden!, y el artista
      Tiene un arma irresistible para ellas: ¡el desprecio!
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    Boca a boca
      Copa de vida donde quiero y sueño
      Beber la muerte con fruición sombría,
      Surco de fuego donde logra Ensueño
      Fuertes semillas de melancolía.

      Boca que besas a distancia y llamas
      En silencio, pastilla de locura
      Color de sed y húmeda de llamas...
      ¡Verja de abismos es tu dentadura!

      Sexo de un alma triste de gloriosa;
      El placer unges de dolor; tu beso,
      Puñal de fuego en vaina de embeleso,
      Me come en sueños como un cáncer rosa...

      Joya de sangre y luna, vaso pleno
      De rosas de silencio y de armonía,
      Nectario de su miel y su veneno,
      Vampiro vuelto mariposa al día.

      Tijera ardiente de glaciales lirios,
      Panal de besos, ánfora viviente
      Donde brindan delicias y delirios
      Fresas de aurora en vino de Poniente...

      Estuche de encendidos terciopelos
      En que su voz es fúlgida presea,
      Alas del verbo amenazando vuelos,
      Cáliz en donde el corazón flamea.

      Pico rojo del buitre del deseo
      Que hubiste sangre y alma entre mi boca,
      De tu largo y sonante picoteo
      Brotó una llaga como flor de roca.

      Inaccesible... Si otra vez mi vida
      Cruzas, dando a la tierra removida
      Siembra de oro tu verbo fecundo,
      Tú curarás la misteriosa herida:
      Lirio de muerte, cóndor de vida,
      ¡Flor de tu beso que perfuma al mundo!
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    Capricho
      Al Excelso escritor uruguayo Manuel Medina Betancort.

      Entre el raso y los encajes de la alcoba parisina
      La enfermiza japonesa, la nostálgica ambarina,
      Se revuelve en las espumas de su lecho de marfil;
      El incendio de la fiebre ha pintado en sus mejillas
      -Sus mejillas japonesas como rosas amarillas-
      Sangraciones de claveles, centelleos de rubí.

      Vibra en llamas del delirio la muñeca principesca,
      Se estremecen los marfiles de su faz miniaturesca,
      Su pupila enloquecida lanza chorros de fulgor;
      Burbujeantes las palabras efervescen locamente
      Con hervores de champaña de su boca balbuciente,
      De su boca de topacio, moribunda, sin frescor.

      Sueña ahora de su infancia: blancas, leves las visiones
      Van pasando juguetonas en alígeras legiones,
      Con sus vestes de albas gasas, con sus nimbos de claror;
      Nievan lirios, perlas, rosas, rosas blancas como espumas,
      Avecillas eucarísticas, suaves copas de albas plumas,
      Son las aves del recuerdo, van diciendo su canción.

      Cruza ahora misteriosa, inefable, aristocrática
      Una pálida figura de expresión honda, enigmática,
      Perezosos movimientos, fatigoso, lento andar;
      En sus ojos tristes, suaves, hay miradas que sollozan,
      Hay reproches hondos, dulces, que acarician, que destrozan,
      Con la blanda inconsistencia del enojo maternal.

      Extinguióse ya la fiebre, la enfermita no delira,
      Centellea en sus pupilas el sol rojo de la ira
      Y sus brazos se retuercen como sierpes de marfil;
      Brota un nombre de sus labios entre espuma y maldiciones,
      Su nacáreo cuerpecito se revuelca en convulsiones,
      Tremular de lirio enfermo, sacudidas de jazmín.

      Es que vibra en su cerebro con malditas resonancias
      El recuerdo del lord rubio de imperiales arrogancias,
      El altivo millonario de los ojos de zafir,
      El que en redes misteriosas de promesas quebradizas,
      Apresó el pájaro blanco de su almita asustadiza
      Arrancándola a sus padres, sus ensueños, su país.

      Y en la cárcel principesca de la alcoba parisina
      La olvidada japonesa, la nostálgica ambarina
      Desfallece sofocada por agónico estertor,
      ¡Oh, mimosa susceptible, por un soplo deslucida!
      ¡Devolviérale la gracia, devolviérale la vida
      Una gota de cariño, un efluvio de su sol!

      En sus ojos, hondos cauces, hay un algo extraño, helado,
      Reflectores de la muerte, esta en ellos se ha mirado
      Y es su imagen la que flota en su fondo de carey,
      Pero... súbito se animan, arde en ellos la alegría,
      Alegría de muriente con vislumbres de sombría,
      La enfermita vibra toda su figura de poupée;

      Sus deditos finos, pálidos, como niños macilentos,
      Han tomado, y ahora oprimen con nerviosos movimientos
      Un marchito crisantemo, ¡blanco hermano del Japón!
      Él también sufre nostalgias, hondas, diáfanas, impías
      Abejillas de oro y ópalo que se clavan lentas, frías,
      En el glóbulo de aromas de su raro corazón.

      La enfermita las comprende, las nostalgias amarillas
      Del pequeño moribundo, y le acerca a sus mejillas
      Y a sus labios en arranques de cariño fraternal,
      Es su hermano, sí, es su hermano ese copo de albo lino,
      Como ella agonizante, como ella nacarino,
      Como ella desmayando en lujosa soledad.

      Duerme, duerme la enfermita entre cirios de oro escuálidos
      Hay un muerto crisantemo en sus dedos finos, pálidos,
      Su cajita funeraria es estuche de blancor.

      En lo alto: al regio alcázar del Eterno, del Clemente,
      Entre angélicos festejos, leve, diáfana, sonriente,
      ¡Llega el alma de una niña, trae el alma de una flor!
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    Ceguera
      Me abismo en una rara ceguera luminosa,
      Un astro, casi un alma, me ha velado la Vida.
      ¿Se ha prendido en mí como brillante mariposa,
      O en su disco de luz he quedado prendida?

      No sé...
      Rara ceguera que me borras el mundo,
      Estrella, casi alma, con que asciendo o me hundo.
      ¡Dame tu luz y vélame eternamente el mundo!
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    Clarobscuro
      Cuando sonriente, la aurora
      Sus áureos cabellos suelta
      Y en el pálido horizonte
      Su faz sonrosada muestra,
      Y las albas avecillas
      De sus manos marfileñas,
      Van rasgando de la noche
      El amplio manto de niebla,
      Un níveo, frágil insecto
      De sus ensueños despierta,
      Y agitando dulcemente
      Sus alas leves, etéreas,
      Sediento en busca de flores
      Su vuelo ondulante eleva.
      Flores que recién se abran
      Y en sus copas soñolientas,
      Le brinden savia, perfumes
      ¡Y una llovizna de perlas!

      Tenue, vaporoso insecto
      Cuyas alas nacareñas,
      Del lirio tienen la albura
      Y la suave transparencia,
      Tal vez de su vara al toque
      El hada Delicadeza,
      Formólo de una sonrisa
      Un silfo, un sueño, una perla.
      ¡Y la luz diole por sangre
      Una gota de su esencia!

      Existe un lúgubre insecto
      De alas pesadas y negras,
      Que espera ansioso el momento
      De silencio y de tinieblas
      En que en brazos de la noche
      Duerme enlutada la tierra,
      Y entonces alza su vuelo
      De lentitudes funéreas,
      ¡Vuelo pesante, fatídico,
      De vibraciones siniestras!

      ¡Tétrico, ominoso insecto!
      ¡Animalaña funesta!
      Al vivo fulgor del día
      Permanece inmóvil, yerta,
      La helada sombra nocturna
      Da vida a sus alas muertas.
      Es que tal vez de la noche
      Le brinda la copa inmensa,
      De la esencia del misterio
      El vivificante néctar,
      ¡Esencia que por lo oscura
      Parece su propia esencia!

      ¡Raro, sublime contraste!
      ¡Atrayente diferencia!
      Aquel, una estrella alada,
      Este, un jirón de tiniebla;
      Aquel, graciosa alegría,
      Este, fúnebre tristeza;
      Aquel tiene la celeste,
      La luminosa belleza,
      Del astro claro, radiante,
      De una sonrisa arcangélica,
      Este tiene la sombría
      Severa magnificencia,
      La atracción trágica, extraña,
      Irresistible, funesta,
      ¡Del abismo devorante!
      ¡De la sima negra, tétrica!
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    Crepúsculo
      Ya del dulce crepúsculo
      Hanse extendido los flotantes velos,
      Gime el triste zorzal en la espesura,
      Manso susurra en el follaje el viento.

      En esta hora es el campo
      Un edén de belleza incomparable,
      Todo en él es sosiego, todo es calma,
      Muere la luz y las tinieblas nacen.

      De pálidas estrellas
      A bordarse principia el firmamento,
      El ángel renegrido de la noche
      Sus alas de azabache ya está abriendo.

      Mil níveas azucenas
      Inundan de perfume el tibio ambiente,
      Y el frondoso rosal rico de savia
      Al peso de sus flores desfallece.

      Varias flores nocturnas
      Los broches de sus cálices desprenden,
      Y áureos lampos semejan las luciérnagas
      Entre las sombras que la noche extiende.

      ¿Qué atracción misteriosa
      En esta hora indefinible encuentro?
      ¿Por qué a la viva luz del mediodía
      Sus tenues resplandores yo prefiero?

      Porque el crepúsculo en sus leves gasas
      Guarda un algo sombrío, un algo tétrico,
      Y en lo triste y sombrío siempre existe
      La belleza que atrae en lo funéreo,

      En las tinieblas de la noche oscura,
      Y en lo insondable del abismo inmenso,
      ¡La belleza más grande y atrayente,
      La sublime belleza del misterio!
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    Cuentas de fuego
      Cerrar la puerta cómplice con rumor de caricia,
      Deshojar hacia el mal el lirio de una veste...
      -La seda es un pecado, el desnudo es celeste;
      Y es un cuerpo mullido un diván de delicia.-

      Abrir brazos... así todo ser es alado,
      O una cálida lira dulcemente rendida
      De canto y de silencio... más tarde, en el helado
      Más allá de un espejo como un lago inclinado,
      Ver la olímpica bestia que elabora la vida...

      Amor rojo, amor mío;
      Sangre de mundos y rubor de cielos...
      ¡Tú me lo des, Dios mío!
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    Cuentas de luz
      Lejos como en la muerte
      Siento arder una vida vuelta siempre hacia mí,
      Fuego lento hecho de ojos insomnes, más que fuerte
      Si de su allá insondable dora todo mi aquí.
      Sobre tierras y mares su horizonte es mi ceño,
      Como un cisne sonámbulo duerme sobre mi sueño
      Y es su paso velado de distancia y reproche
      El seguimiento dulce de los perros sin dueño
      Que han roído ya el hambre, la tristeza y la noche
      Y arrastran su cadena de misterio y ensueño.

      Amor de luz, un río
      Que es el camino de cristal del Bien.
      ¡Tú me lo des, Dios mío!
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    Cuentas de mármol
      Yo, la estatua de mármol con cabeza de fuego,
      Apagando mis sienes en frío y blanco ruego...
      Engarzad en un gesto de palmera o de astro
      Vuestro cuerpo, esa hipnótica alhaja de alabastro
      Tallada a besos puros y bruñida en la edad;
      Sereno, tal habiendo la luna por coraza;
      Blanco, más que si fuerais la espuma de la Raza,
      Y desde el tabernáculo de vuestra castidad,
      Nevad a mí los lises hondos de vuestra alma;
      Mi sombra besará vuestro manto de calma,
      Que creciendo, creciendo me envolverá con Vos;
      Luego será mi carne en la vuestra perdida...
      Luego será mi alma en la vuestra diluida...
      Luego será la gloria... y seremos un dios!

      Amor de blanco y frío,
      Amor de estatuas, lirios, astros, dioses...
      ¡Tú me los des, Dios mío!
    Arriba

    Cuentas de sombra
      Los lechos negros logran la más fuerte
      Rosa de amor; arraigan en la muerte.
      Grandes lechos tendidos de tristeza,
      Tallados a puñal y doselados
      De insomnio; las abiertas
      Cortinas dicen cabelleras muertas;
      Buenas como cabezas
      Hermanas son las hondas almohadas:
      Plintos del Sueño y del Misterio gradas.

      Si así en un lecho como flor de muerte,
      Damos llorando, como un fruto fuerte
      Maduro de pasión, en carnes y almas,
      Serán especies desoladas, bellas,
      Que besen el perfil de las estrellas
      Pisando los cabellos de las palmas.

      Gloria al amor sombrío,
      Como la Muerte pudre y ennoblece
      ¡Tú me lo des, Dios mío!
    Arriba

    Cuentas falsas
      Los cuervos negros sufren hambre de carne rosa;
      En engañosa luna mi escultura reflejo,
      Ellos rompen sus picos, martillando el espejo,
      Y al alejarme irónica, intocada y gloriosa,
      Los cuervos negros vuelan hartos de carne rosa.

      Amor de burla y frío
      Mármol que el tedio barnizó de fuego
      O lirio que el rubor vistió de rosa,
      Siempre lo dé, Dios mío...

      O rosario fecundo,
      Collar vivo que encierra
      La garganta del mundo.

      Cadena de la tierra
      Constelación caída.

      O rosario imantado de serpientes,
      Glisa hasta el fin entre mis dedos sabios,
      Que en tu sonrisa de cincuenta dientes
      Con un gran beso se prendió mi vida:
      Una rosa de labios.
    Arriba

    Desde lejos
      En el silencio siento pasar hora tras hora,
      Como un cortejo lento, acompasado y frío...
      ¡Ah! Cuando tú estás lejos, mi vida toda llora,
      Y al rumor de tus pasos hasta en sueños sonrío.

      Yo sé que volverás, que brillará otra aurora
      En mi horizonte, grave como un ceño sombrío;
      Revivirá en mis bosques tu gran risa sonora
      Que los cruzaba alegre como el cristal de un río.

      Un día, al encontrarnos tristes en el camino,
      Yo puse entre tus manos pálidas mi destino
      ¡Y nada más grande jamás han de ofrecerte!

      Mi alma es frente a tu alma como el mar frente al cielo:
      Pasarán entre ellas, tal la sombra de un vuelo,
      ¡La Tormenta y el Tiempo y la Vida y la Muerte!
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    Diario espiritual
      Es un lago mi alma;
      Lago, vaso de cielo,
      Nido de estrellas en la noche calma,
      Copa del ave y de la flor, y suelo
      De los cisnes y el alma.

      -Un lago fue mi alma...-

      Mi alma es una fuente
      Donde canta un jardín; sonrosan rosas
      Y vuelan alas en su melodía;
      Engarza gemas armoniosamente
      En el oro del día.

      -Mi alma fue una fuente...-

      Un arroyo es mi alma;
      Larga caricia de cristal que rueda
      Sobre carne de seda,
      Camino de diamantes de la calma.

      -Fue un arroyo mi alma...-

      Mi alma es un torrente;
      Como un manto de brillo y armonía,
      Como un manto infinito desbordado
      De una torre sombría,
      ¡Todo lo envuelve voluptuosamente!

      -Mi alma fue un torrente...-

      Mi alma es todo un mar,
      No un vómito siniestro del abismo:
      Un palacio de perlas, con sirenas,
      Abierto a todas las riberas buenas,
      Y en que el amor divaga sin cesar...
      Donde ni un lirio puede naufragar.

      -Y mi alma fue mar... -

      Mi alma es un fangal;
      Llanto puso el dolor y tierra puso el mal.
      Hoy apenas recuerda que ha sido de cristal;
      No sabe de sirenas, de rosas ni armonía;
      Nunca engarza una gema en el oro del día...
      Llanto y llanto el dolor, y tierra y tierra el mal!

      -Mi alma es un fangal;

      ¿Dónde encontrar el alma que en su entraña sombría
      Prenda como una inmensa semilla de cristal?
    Arriba

    El anillo
      Raro anillo que clarea,
      Raro anillo que sombrea
      Una profunda amatista,

      Crepúsculo vespertino
      Que en tu matinal platino
      Engarzó espléndido artista.

      El porvenir es de miedo...
      ¿Será tu destino un dedo
      De tempestad o de calma?

      Para clararte y sombrearte,
      ¡Si yo pudiera glisarte
      En un dedo de mi alma!
    Arriba

    El arroyo
      ¿Te acuerdas? El arroyo fue la serpiente buena...
      Fluía triste y triste como un llanto de ciego,
      Cuando en las piedras grises donde arraiga la pena,
      Como un inmenso lirio se levantó tu ruego.

      Mi corazón, la piedra más gris y más serena,
      Despertó en la caricia de la corriente y luego
      Sintió cómo la tarde, con manos de agarena,
      Prendía sobre él una rosa de fuego.

      Y mientras la serpiente del arroyo blandía
      El veneno divino de la melancolía,
      Tocada de crepúsculo me abrumó tu cabeza,

      La coroné de un beso fatal, en la corriente
      Vi pasar un cadáver de fuego... Y locamente
      Me derrumbó en tu abrazo profundo la tristeza.
    Arriba

    El intruso
      Amor, la noche estaba trágica y sollozante
      Cuando tu llave de oro cantó en mi cerradura;
      Luego, la puerta abierta sobre la sombra helante,
      Tu sombra fue una mancha de luz y de blancura.

      Todo aquí lo alumbraron tus ojos de diamante;
      Bebieron en mi copa tus labios de frescura,
      Y descansó en mi almohada tu cabeza fragante;
      Me encantó tu descaro y adoré tu locura.

      Y hoy río si tu ríes, y canto si tú cantas;
      Y si tú duermes, duermo como un perro a tus plantas.
      Hoy llevo hasta en mi sombra tu olor de primavera;

      Y tiemblo si tu mano toca la cerradura,
      ¡Y bendigo la noche sollozante y oscura
      Que floreció en mi vida tu boca tempranera!
    Arriba

    El nudo
      Su idilio fue una larga sonrisa a cuatro labios.
      En el regazo cálido de rubia primavera.
      Amáronse talmente que entre sus dedos sabios
      Palpitó la divina forma de la Quimera.

      En los palacios fúlgidos de las tardes en calma
      Hablábanse un lenguaje sentido como un lloro,
      ¡Y se besaban hondo hasta morderse el alma!
      Las horas deshojáronse como flores de oro.

      Y el Destino interpuso sus dos manos heladas...
      ¡Ah!, los cuerpos cedieron, mas las almas trenzadas
      Son el más intrincado nudo que nunca fue.

      En lucha con sus locos enredos sobrehumanos
      Las Furias de la vida se rompieron las manos
      Y fatigó sus dedos supremos Ananké...
    Arriba

    El surtidor de oro
      Vibre, mi musa, el surtidor de oro,
      La taza rosa de tu boca en besos;
      De las espumas armoniosas surja
      Vivo, supremo, misterioso, eterno,
      El amante ideal, el esculpido
      En prodigios de almas y de cuerpos;
      Debe ser vivo a fuerza de soñado,
      Que sangre y alma se me va en los sueños;
      Ha de nacer a deslumbrar la Vida,
      ¡Y ha de ser ser un dios nuevo!
      Las culebras azules en sus venas
      Se nutren del milagro en mi cerebro...
      Selle, mi musa, el surtidor de oro,
      La taza rosa de tu boca en besos;
      El amante ideal, el esculpido
      En prodigios de almas y de cuerpos,
      Arraigando las uñas extrahumanas
      En mi carne, solloza en mis ensueños:
      -Yo no quiero más vida que tu vida,
      Son en ti los supremos elementos;
      ¡Déjame bajo el cielo de tu alma,
      En la cálida tierra de tu cuerpo!
      -¡Selle, mi musa, el surtidor de oro,
      La taza rosa de tu boca en besos!
    Arriba

    El vampiro
      En el regazo de la tarde triste
      Yo invoqué tu dolor... Sentirlo era
      ¡Sentirte el corazón! Palideciste
      Hasta la voz, tus párpados de cera.

      Bajaron... y callaste... Pareciste
      Oír pasar la muerte... Yo que abriera
      Tu herida mordí en ella -¿Me sentiste?-
      ¡Como en el oro de un panal mordiera!

      Y exprimí más, traidora, dulcemente
      Tu corazón herido mortalmente;
      Por la cruel daga rara y exquisita
      De un mal sin nombre, ¡hasta sangrarlo en llanto!
      Y las mil bocas de mi sed maldita
      Tendí a esa fuente abierta en tu quebranto.

      ¿Por qué fui tu vampiro de amargura?
      ¿Soy flor o estirpe de una especie oscura
      Que come llagas y que bebe el llanto?
    Arriba

    Elegías dulces
      Hoy desde el gran camino, bajo el sol claro y fuerte,
      Muda como una lágrima he mirado hacia atrás.
      Y tu voz, de mí lejos, con un olor de muerte,
      Vino a aullarme al oído un triste "¡Nunca más!"

      Tan triste, que he llorado hasta quedar inerte...
      ¡Yo sé que estás tan lejos que nunca volverás!
      No hay lágrimas que laven los besos de la Muerte...
      ¡Almas, hermanas mías, nunca miréis atrás!

      Los pasados se cierran como los ataúdes;
      Al otoño las hojas en dorados aludes
      Ruedan... y arde en los troncos la nueva floración...

      Las noches son caminos negros de las auroras...
      Oyendo deshojarse tristemente las horas
      Dulces, hablemos de otras flores al corazón.
    Arriba

    En el camino
      Yo iba sola al Misterio bajo un sol de locura,
      Y tú me derramaste tu sombra, peregrino;
      Tu mirada fue buena como una senda oscura,
      Como una senda húmeda que vendara el camino.

      Me fue pródiga y fértil tu alforja de ternura:
      Tuve el candor del pan, y la llama del vino;
      Mas tu alma en un pliegue de su astral vestidura,
      Abrojo de oro y sombra, se llevó mi destino.

      Mis manos, que tus manos abrigaron, ya nunca
      Se enfriarán, y guardando la dulce malla trunca
      De tus caricias, ¡nunca podrán acariciar!...

      En mi cuerpo, una torre de recuerdo y espera
      Que se siente de mármol y se sueña de cera,
      Tu Sombra logra rosas de fuego en el hogar;
      Y en mi alma, un castillo desolado y sonoro
      Con pátinas de tedio y humedades de lloro,
      ¡Tu sombra logra rosas de nieve en el hogar!
    Arriba

    En un álbum
      Cuando abriendo tu boca perfumada,
      La voz dulce y perlada
      De tu bella garganta haces brotar,
      En voces de sirenas ideales,
      Y en arpas de sonidos celestiales,
      A mí me haces pensar.

      Cuando miro tu cuello alabastrino
      Y tu cuerpo divino
      Que al de Venus la diosa ha de igualar,
      Del mármol la blancura,
      Y del cisne la olímpica figura,
      Me haces recordar.

      ¡Cuántas veces ligera como un hada,
      Te he visto yo ocupada
      En las dulces tareas del hogar,
      Y entonces a mi madre,
      Y Carlota de Werther heroína,
      Me has hecho recordar!
    Arriba

    En un álbum (2)
      La belleza más pura y delicada
      Se refleja en tu rostro juvenil,
      Eres ninfa risueña, eres un hada,
      Eres flor de algún célico pensil.

      Es tu espesa y sedosa cabellera
      Una inmensa cascada de hebras de oro,
      La corona de un rey jamás valiera
      Lo que vale ese aurífero tesoro.

      Dos azules zafiros son tus ojos,
      Que iluminan tu rostro angelical,
      Y tus labios delgados son tan rojos
      Que podrían llamarse de coral.

      Son tus manos dos blancas mariposas
      O dos flores talladas en marfil,
      Y tus frescas mejillas son dos rosas
      Que recién ha entreabierto el sol de abril.

      Es mi estilo muy tosco e imperfecto
      Y no puedo expresar, en su rudeza,
      Lo que vale tu rostro tan perfecto,
      Desbordante de célica belleza.
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    Explosión
      ¡Si la vida es amor, bendita sea!
      ¡Quiero más vida para amar! Hoy siento
      Que no valen mil años de la idea
      Lo que un minuto azul del sentimiento.

      Mi corazón moría triste y lento...
      Hoy abre en luz como una flor febea;
      ¡La vida brota como un mar violento
      Donde la mano del amor golpea!

      Hoy, partió hacia la noche, triste, fría,
      Rotas las alas mi melancolía;
      Como una vieja mancha del dolor

      En la sombra lejana se deslíe...
      ¡Mi vida toda canta, besa, ríe!
      ¡Mi vida toda es una boca en flor!
    Arriba

    Fantasmas
      Célicas legiones de hadas vaporosas
      En vaivén gracioso van y van pasando;
      Son las ilusiones tenues, sonrosadas,
      Son los sueños níveos, impalpables, diáfanos.
      Llegan a mi oído y al pasar se inclinan.
      Himnos de esperanza quedo susurrando;

      Son las ilusiones,
      Los ensueños blancos,
      Que entre frescas rosas y espumosos lirios
      En bajel dorado,
      Suaves nos deslizan
      A través del mundo, ¡piélago encrespado!
      Arrojando flores
      Sobre los escollos que encuentran al paso.

      Son las ilusiones
      Los ensueños blancos,
      Son los compañeros,
      Los amigos dulces de los pocos años.

      Son las ilusiones
      Los ensueños blancos.

      Los celestes bandos de hadas vaporosas
      En vaivén gracioso van y van pasando,
      Himnos de esperanza
      Quedo susurrando,
      Son las ilusiones,
      Los ensueños blancos.

      Pero, ¡cosa extraña! Mis risueñas hadas
      Las pupilas ígneas abren con espanto.
      Aterrados huyen
      Los alegres bandos...
      Siento frío... tiemblo... Junto a mí se yergue
      Un fantasma raro,
      De pupilas negras, insondables, duras,
      De ambarino cutis y terrosos labios.
      Cúbrelo un espeso,
      Renegrido manto.
      Todo en él es frío, ¡hasta de sus ojos
      El fulgor extraño!
      Fuego incomprensible, que cegando hiela;
      Fuego inexplicable, que deslumbra enfriando;
      Viene a mí, se inclina; sus pupilas negras
      Sobre mí ha fijado,
      Mi aterido cuerpo
      Tiembla y se contrae en terrible espasmo.
      El fantasma oprime mi marmórea frente
      Con su dedo helado;
      Y fijando ahora su mirada dura
      En mis níveos sueños que ya están lejanos,
      Con desprecio y odio
      Agitado mueve los terrosos labios.
      Luego a mí se vuelve
      Y hacia sí me trae en estrecho abrazo;
      A mi oído acerca su nerviosa boca,
      Con acento intenso, convincente, trágico,
      -¡Mienten! -dice- ¡Mienten!- Luego me abandona
      Y se va, dejando
      En mi frente, impresa,
      La invisible huella de su dedo helado.

      ¡Pobres ilusiones!
      ¡Pobres sueños blancos!

      Ha pasado el tiempo
      Sobre mí; los años
      Con profundas huellas
      Marcaron su paso,
      Y jamás han vuelto
      Ni las ilusiones, ni los sueños blancos.
      ¡Pobres ilusiones!
      ¡Pobres sueños blancos!
      Es que aquel fantasma demacrado y frío
      Era el Desengaño;
      ¡Y al tocar mi frente dejó en ella impresa
      La indeleble huella de su dedo helado!

      ¡Pobres ilusiones!
      ¡Pobres sueños blancos!
    Arriba

    Flor nocturna
      Cuando la noche tendiendo
      Su manto de gasa negra
      La silenciosa campiña
      Envuelve en sombras funéreas,
      Cuando allá en el firmamento
      Las argentinas estrellas
      Semejan ígneas pupilas
      Que inmóviles nos contemplan,
      Cuando las aves nocturnas
      Exhalan lúgubres quejas
      Que vibran en el silencio
      Monótonas y siniestras,
      Cuando el genio de las sombras
      De su letargo despierta,
      E invisible en torno nuestro
      Se agita y revolotea,
      Entonces, entre el follaje
      Tímidamente encubierta,
      Pálida flor, entreabres,
      Tu corola marfileña,
      Tu corola que del día
      Al primer albor se cierra,
      Para reabrirse al helado
      Contacto de la tiniebla,
      ¡Hastiada siempre de lumbre!
      ¡Siempre de sombras sedienta!

      ¡Extraño destino el tuyo!
      El día te encuentra muerta,
      Tu triste vida concluye
      Cuando la nuestra comienza.
      Mas cuando tu cáliz abres
      Nuestras pupilas se cierran...
      Y entonces tal vez tu vida
      Más dulce y pálida sea,
      Allá perdida en las sombras
      Entre el follaje encubierta,
      ¡Lejos de envidias y odios!
      ¡Lejos de traiciones negras!

      Sigue tu vida, abre siempre
      Cuando la noche comienza,
      Y al primer albor del día
      Tu cáliz de nácar, cierra,
      Para reabrirlo al helado
      Contacto de la tiniebla,
      ¡Hastiada siempre de lumbre!
      ¡Siempre de sombras sedienta!
    Arriba

    Florecimiento
      La noche entró en la sala adormecida
      Arrastrando el silencio a pasos lentos...
      Los sueños son tan quedos, que una herida
      Sangrar se oiría. Rueda en los momentos

      Una palabra insólita, caída
      Como una hoja de otoño... Pensamientos
      Suaves tocan mi frente dolorida
      Tal manos frescas, ¡ah!... ¿por qué tormentos

      Misteriosos los rostros palidecen
      Dulcemente?... Tus ojos me parecen
      Dos semillas de luz entre las sombras,

      Y hay en mi alma un gran florecimiento
      Si en mí los fijas; si los bajas, siento
      Como si fuera a florecer la alfombra.
    Arriba

    Inextinguibles
      ¡Oh tú, que duermes tan hondo que no despiertas!
      Milagrosas de vivas, milagrosas de muertas,
      Y por muertas y vivas eternamente abiertas,
      Alguna noche en duelo yo encuentro tus pupilas
      Bajo un trapo de sombra o una blonda de luna.
      Bebo en ellas la Calma como en una laguna.
      Por hondas, por calladas, por buenas, por tranquilas
      Un lecho o una tumba parece cada una.
    Arriba

    Íntima
      Yo te diré los sueños de mi vida
      En lo más hondo de la noche azul...
      Mi alma desnuda temblará en tus manos,
      Sobre tus hombros pesará mi cruz.

      Las cumbres de la vida son tan solas,
      ¡Tan solas y tan frías! Yo encerré
      Mis ansias en mí misma, y toda entera
      Como una torre de marfil me alcé.

      Hoy abriré a tu alma el gran misterio;
      Ella es capaz de penetrar en mí.
      En el silencio hay vértigos de abismos:
      Yo vacilaba, me sostengo en ti.

      Muero de ensueños; beberé en tus fuentes
      Puras y frescas la verdad; yo sé
      Que está en el fondo magno de tu pecho
      El manantial que vencerá mi sed.

      Y sé que en nuestras vidas se produjo
      El milagro inefable del reflejo...
      En el silencio de la noche mi alma
      Llega a la tuya como un gran espejo.

      ¡Imagina el amor que habré soñado
      En la tumba glacial de mi silencio!
      Más grande que la vida, más que el sueño,
      Bajo el azur sin fin se sintió preso.

      Imagina mi amor, mi amor que quiere
      Vida imposible, vida sobrehumana,
      Tú sabes que sí pesan, si consumen
      Alma y sueños de olimpo en carne humana.

      Y cuando frente al alma que sentía
      Poco el azur para bañar sus alas
      Como un gran horizonte aurisolado
      O una playa de luz, se abrió tu alma:

      ¡Imagina! ¡Estrechar, vivo, radiante
      El imposible! ¡La ilusión vivida!
      Bendije a Dios, al sol, la flor, el aire
      ¡La vida toda porque tú eras vida!

      Si con angustia yo compré esta dicha,
      ¡Bendito el llanto que manchó mis ojos!
      ¡Todas las llagas del pasado ríen
      Al sol naciente por sus labios rojos!

      ¡Ah! Tú sabrás mi amor; mas vamos lejos,
      A través de la noche florecida;
      Acá lo humano asusta, acá se oye,
      Se ve, se siente sin cesar la vida.

      Vamos más lejos en la noche, vamos
      Donde ni un eco repercuta en mí,
      Como una flor nocturna allá en la sombra
      Me abriré dulcemente para ti.
    Arriba

    Fue al pasar
      Yo creí que tus ojos anegaban el mundo,
      Abiertos como bocas en clamor... Tan dolientes
      Que un corazón partido en dos trozos ardientes
      Parecieron... Fluían de tu rostro profundo

      Como dos manantiales graves y venenosos...
      Fraguas a fuego y sombra, ¡tus pupilas!... tan hondas
      Que no sé desde dónde me miraban, redondas
      Y oscuras como mundos lontanos y medrosos.

      ¡Ah, tus ojos tristísimos como dos galerías
      Abiertas al Poniente!... ¡Y las sendas sombrías
      De tus ojeras donde reconocí mis rastros!...

      ¡Yo envolví en un gran gesto mi horror como en un velo,
      Y me alejé creyendo que cuajaba en el cielo
      La medianoche húmeda de tu mirar sin astros!
    Arriba

    La barca milagrosa
      Preparadme una barca como un gran pensamiento...
      La llamarán "La Sombra" unos; otros, "La Estrella".
      No ha de estar al capricho de una mano o de un viento;
      Yo la quiero consciente, indomable y bella.

      La moverá en gran ritmo de tu corazón sangriento
      De vida sobrehumana; he de sentirme en ella
      Fuerte como en los brazos de Dios. ¡En todo viento,
      En todo mar templadme su ropa de centella!

      La cargaré de toda mi tristeza, y, sin rumbo,
      Iré como la rota corola de un nelumbo
      Por sobre el horizonte líquido de la mar...

      Barca, alma hermana, ¿hacia qué tierras nunca vistas,
      De hondas revelaciones, de cosas imprevistas
      Iremos? Yo ya muero de vivir y soñar...
    Arriba

    La cita
      En tu alcoba techada de ensueños, haz derroche
      De flores y de luces de espíritu; mi alma
      Calzada de silencio y vestida de calma,
      Irá a ti por la senda más negra esta noche.

      Apaga las bujías para ver cosas bellas;
      Cierra todas las puertas para entrar la ilusión;
      Arranca del misterio un manojo de estrellas
      Y enflora como un vaso triunfal tu corazón.

      ¡Y esperarás sonriendo, y esperarás llorando!...
      Cuando llegue mi alma, tal vez reces pensando
      Que el cielo dulcemente se derrama en tu pecho...

      Para él, amor divino, ten un diván de calma
      ¡O con el lirio místico que es su arma, mi alma
      Apagará una a una las rosas de tu lecho!
    Arriba

    La duda
      Vino: dos alas sombrías
      Vibraron sobre mi frente,
      Sentí una mano inclemente
      Oprimir las sienes mías.

      Sentí dos abejas frías
      Clavarse en mi boca ardiente;
      Sentí el mirar persistente
      De dos órbitas vacías.

      Llegó esa mirada ansiosa
      A mi corazón deshecho,
      Huyó de mí presurosa
      Para no volver, la calma,
      Y allá en el fondo del pecho
      ¡Sentí morirse mi alma!
    Arriba

    La fantasía
      La fantasía, misteriosa hada
      A cuyo paso vaporoso, queda,
      De perlas astros irisada nácar
      Y níveas flores, delicada estela.

      Es el astro celeste que nos guía
      A la dulce región de la quimera
      Por un albo camino que el ensueño
      Formó con lirios, azahar y perlas.

      Un camino ignorado para el vulgo
      Y que sólo conocen los poetas,
      Soñar es necesario para verlo
      ¡Y las almas vulgares nunca sueñan!

      Es la maga ideal que nos envuelve
      De la ilusión en el rosado velo.
      ¡La copa de marfil en que apuramos
      El néctar delicioso del ensueño!

      Es la llave de oro con que abrimos
      La mansión ideal de la poesía,
      ¡Y en la mente agitada del artista
      Es un rayo de luz la fantasía!
    Arriba

    La estatua
      Miradla así, sobre el follaje oscuro
      Recortar la silueta soberana...
      ¿No parece el retoño prematuro
      De una gran raza que será mañana?

      ¡Así una raza inconmovible, sana,
      Tallada a golpes sobre mármol duro,
      De las vastas campañas del futuro
      Desalojará a la familia humana.

      ¡Miradla así -¡de hinojos!- en augusta
      Calma imponer la desnudez que asusta!
      ¡Dios!... ¡Moved ese cuerpo, dadle un alma!

      Ved la grandeza que en su forma duerme...
      ¡Vedlo allá arriba, miserable, inerme,
      Más pobre que un gusano, siempre en calma!
    Arriba

    La esperanza
      Soy el dulce consuelo del que sufre,
      Soy bálsamo que alienta al afligido,
      Y soy quien muchas veces salva al hombre
      Del crimen o el suicidio.

      Yo le sirvo al mortal que me alimenta
      Contra el dolor de sin igual muralla,
      Soy quien seca su llanto dolorido
      Y calma su pesar. ¡Soy la Esperanza!
    Arriba

    La musa
      Yo la quiero cambiante, misteriosa y compleja;
      Con dos ojos de abismos que se vuelven fanales;
      En su boca, una fruta perfumada y bermeja
      Que destile más miel que los rubios panales.

      A veces nos asalte un aguijón de abeja;
      Una raptos feroces a gestos imperiales
      Y sorprenda en su risa el dolor de una queja;
      ¡En sus manos asombren caricias y pañales!

      Y que vibre, y desmaye, y llore, y ruja, y cante,
      Y sea águila libre, tigre, paloma en un instante.

      Que el universo quepa en sus ansias divinas;
      ¡Tenga una voz que hiele, que suspenda, que inflame,
      Y una frente que erguida su corona reclame
      De rosas, de diamantes, de estrellas o de espina!
    Arriba

    La sed
      -Tengo sed, sed ardiente- dije a la maga, y ella
      Me ofreció de sus néctares. -Eso no: ¡me empalaga!-
      Luego una rara fruta, con sus dedos de maga
      Exprimió en una copa, clara como una estrella;

      Y un brillo de rubíes hubo en la copa bella.
      Yo probé. -¡Es dulce, dulce! Hay días que me halaga
      Tanta miel, pero hoy me repugna, me estraga-.
      Vi pasar por los ojos del hada una centella.

      Y por un verde valle perfumado y brillante,
      Llevóme hasta una clara corriente de diamantes.
      -¡Bebe!- dijo. Yo ardía; mi pecho era un fragua.

      Bebí, bebí, bebí la linfa cristalina...
      ¡Oh frescura!, ¡oh pureza!, ¡oh sensación divina!
      -Gracias, maga; y bendita la limpieza del agua.
    Arriba

    Las alas
      Yo tenía ¡dos alas!...
      Dos alas,
      Que del azur vivían como dos siderales
      ¡Raíces!
      Dos alas,
      Con todos los milagros de la vida, la Muerte
      Y la ilusión. Dos alas
      Fulmíneas
      Como el velamen de una estrella en fuga;
      Dos alas
      Como dos firmamentos
      Como tormentas, con calmas y con astros...

      ¿Te acuerdas de la gloria de mis alas?...
      El áureo campaneo
      Del ritmo; el inefable
      Matiz atesorando
      El Iris todo, mas un Iris nuevo
      Ofuscante y divino.
      Que adorarán las plenas pupilas del futuro
      (¡Las pupilas maduras a toda luz!) El vuelo...

      El vuelo ardiente, adorante y único,
      Que tanto tiempo atormentó los cielos,
      Despertó soles, bólidos, tormentas,
      Abrillantó los rayos y los astros;
      Y la amplitud: tenían
      Calor y sombra para todo el mundo,
      Y hasta incubar más allá pudieron.

      Un día, raramente
      Desmayados a la tierra,
      Yo me adormí en las felpas profundas de este bosque...
      ¡Soñe divinas cosas!...
      Una sonrisa tuya me despertó, paréceme...
      ¡Y no siento mis alas!
      ¿Mis alas?

      -Yo las vi deshacerse entre mis brazos...
      ¡Era como un deshielo!
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    La violeta
      Hay belleza en el lirio inmaculado
      De majestad emblema,
      Hay belleza en el cáliz nacarino
      De la blanca azucena,
      Hay belleza en la rosa purpurina
      Y en el albo reseda,
      Hay belleza en la nítida corola
      De la nívea camelia,
      Hay belleza en el pálido junquillo
      Y en la suave diamela,
      Hay belleza en el triste pensamiento
      Y no hay flor en la cual no haya belleza,
      Pero hay una que es flor entre las flores
      Con ser la más modesta,
      Una flor de fragancia incomparable,
      Delicada y pequeña,
      Una flor que en un lecho de esmeraldas
      Oculta su belleza,
      Una flor que un encanto misterioso
      En su cáliz encierra,
      Un encanto ideal, indefinible,
      Que no hay flor que contenga,
      Una flor para mí como ninguna,
      Una flor que se llama ¡la violeta!
    Arriba

    Lo inefable
      Yo muero extrañamente... No me mata la vida
      No me mata la muerte, no me mata el amor;
      Muero de un pensamiento mudo como una herida...
      ¿No habéis sentido nunca el extraño dolor?

      De un pensamiento inmenso que se arraiga en la vida
      Devorando alma y carne, y no alcanza a dar flor?
      ¿Nunca llevasteis dentro una estrella dormida
      Que os abrazaba enteros y no daba un fulgor?...

      ¡Cumbre de los martirios! ¡Llevar eterrnamente
      Desgarradora y árida la trágica simiente
      Clavada en las entrañas como un diente feroz!

      Pero arrancarla un día en una flor que abriera
      Milagrosa, inviolable...¡Ah, más grande no fuera
      Tener entre las manos la cabeza de Dios!
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    Los relicarios dulces
      Hace tiempo, algún alma ya borrada fue mía.
      Se nutrió de mi sombra... Siempre que yo quería
      El abanico de oro de su risa se abría,
      O su llanto sangraba una corriente más;

      Alma que yo ondulaba, tal una cabellera
      Derramada en mis manos... Flor del fuego y la cera,
      Murió de una tristeza mía... Tan dúctil era,
      Tan fiel, que a veces dudo si pudo ser jamás.
    Arriba

    Luz púrpura con tu retrato
      Yo no sé si mis ojos o mis manos
      Encendieron la vida en tu retrato;
      Nubes humanas, rayos sobrehumanos,
      Todo tu Yo de emperador innato.

      ¡Amanece a mis ojos, en mis manos!
      Por eso, toda en llamas, yo desato
      Cabellos y alma para tu retrato,
      Y me abro en flor. Entonces, soberanos

      De la sombra y la luz, tus ojos graves
      Dicen grandezas que yo sé y tú sabes.
      Y te dejo morir. Queda en mis manos

      Una gran mancha lívida y sombría.
      Y renaces en mi melancolía
      Formado de astros fríos y lejanos.
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    Mi aurora
      Como un gran sol naciente iluminó mi vida
      Y mi alma abrió a beberlo como una flor de aurora;
      ¡Amor! ¡Amor! Bendita la noche salvadora
      En que llamó a mi puerta tu manita florida.

      Mi alma vibró en la sombra como arpa sorprendida,
      Las aguas del silencio ya abiertas, en la aurora
      Cantó su voz potente misteriosa y sonora.
      ¡Mi alma lóbrega era una estrella dormida!

      Hoy toda la esperanza que yo llorara muerta
      Surge a la vida alada del ave que despierta
      Ebria de una alegría fuerte como el dolor;

      Y todo luce y vibra, todo despierta y canta,
      Como si el palio rosa de su luz viva y santa
      Abriera sobre el mundo la aurora de mi amor.
    Arriba

    Mi musa
      Mi musa tomó un día la placentera ruta
      De los campos fragantes; ornada de alboholes,
      Perfumando sus labios en la miel de la fruta
      Y dorando su cuerpo al fuego de los soles.

      Vivió como una ninfa: desnuda, en fresca gruta,
      Engalanando espejos de lagos tornasoles.
      La gran garza rosada de su forma impoluta.
      Volvió a mí como el oro de luz de los crisoles.

      Más pura; los cabellos emperlados de gotas
      Lucientes y prendidos de abrojos; trajo notas
      De pájaro silvestre y en los labios más fuego.

      Yo peinela y vestila sus parisinas galas,
      Y ella hoy grave pasea por mis lujosas salas
      Un gran aire salvaje y un perfume de espliego.
    Arriba

    Mis amores
      Hoy han vuelto.
      Por todos los senderos de la noche han venido
      A llorar en mi lecho.
      ¡Fueron tantos, son tantos!
      Yo no sé cuáles viven, yo no sé cuál ha muerto.
      Me lloraré yo misma para llorarlos todos.
      La noche bebe el llanto como un pañuelo negro.
      Hay cabezas doradas a sol, como maduras...
      Hay cabezas tocadas de sombra y de misterio,
      Cabezas coronadas de una espina invisible,
      Cabezas que sonrosa la rosa del ensueño,
      Cabezas que se doblan a cojines de abismo,
      Cabezas que quisieran descansar en el cielo,
      Algunas que no alcanzan a oler a primavera,
      Y muchas que trascienden a las flores de invierno.
      Todas esas cabezas me duelen como llagas...
      Me duelen como muertos...
      ¡Ah!... y los ojos... los ojos me duelen más: ¡son dobles!
      Indefinidos, verdes, grises, azules, negros,
      Abrasan si fulguran,
      Son caricias, dolor, constelación, infierno.
      Sobre toda su luz, sobre todas sus llamas,
      Se iluminó mi alma y se templó mi cuerpo.
      Ellos me dieron sed de todas esas bocas...
      De todas estas bocas que florecen mi lecho:
      Vasos rojos o pálidos de miel o de amargura
      Con lises de armonía o rosas de silencio,
      De todos estos vasos donde bebí la vida,
      De todos estos vasos donde la muerte bebo...
      El jardín de sus bocas venenoso, embriagante,
      En donde respiraba sus almas y sus cuerpos,
      Humedecido en lágrimas
      Ha rodeado mi lecho...
      Y las manos, las manos colmadas de destinos
      Secretos y alhajadas de anillos de misterio...
      Hay manos que nacieron con guantes de caricia;
      Manos que están colmadas de la flor del deseo,
      Manos en que se siente un puñal nunca visto,
      Manos en que se ve un intangible cetro;
      Pálidas o morenas, voluptuosas o fuertes,
      En todas, todas ellas, puede engarzar un sueño.
      Con tristeza de alma,
      Se doblegan los cuerpos
      Sin velos, santamente
      Vestidos de deseo.
      Imanes de mis brazos, panales de mi entraña
      Como a invisible abismo se inclinan a mi lecho...
      ¡Ah, entre todas las manos yo he buscado tus manos!
      Tu boca entre las bocas, tu cuerpo entre los cuerpos,
      De todas las cabezas yo quiero tu cabeza,
      De todos esos ojos, ¡tus ojos solos quiero!
      Tú eres el más triste, por ser el más querido,
      Tú has llegado el primero por venir de más lejos...
      ¡Ah, la cabeza oscura que no he tocado nunca
      Y las pupilas claras que miré tanto tiempo!
      Las ojeras que ahondamos la tarde y yo inconscientes,
      La palidez extraña que doblé sin saberlo,
      Ven a mí: mente a mente,
      Ven a mí: ¡cuerpo a cuerpo!
      Tú me dirás qué has hecho de mi primer suspiro,
      Tú me dirás qué has hecho del sueño de aquel beso...
      Me dirás si lloraste cuando te dejé solo...
      ¡Y me dirás si has muerto...!
      Si has muerto,
      Mi pena enlutará la alcoba lentamente,
      Y estrecharé tu sombra hasta apagar mi cuerpo,
      Y en el silencio ahondado de tiniebla,
      Y en la tiniebla ahondada de silencio,
      Nos velará llorando, llorando hasta morirse
      Nuestro hijo: el recuerdo.
    Arriba

    Monóstrofe
      Hay un tétrico fantasma que en el cáliz de mi vida
      Va vertiendo amargas gotas de una esencia maldecida
      Que me enerva y envenena, que consume mi razón;
      Y si un grito suplicante, si una tímida protesta
      Brotan hondos, desgarrantes de mi alma dolorida,
      El maléfico fantasma impasible me contesta
      Con sarcástica sonrisa que me hiela el corazón.
    Arriba

    Viene
      Blandos preludios,
      Nievan orquídeas opalinas, pálidas;
      Lánguidos lirios soñolientos riman

      Estrofas perfumadas.
      Hay roces blancos, leves,
      Hay notas leves, blancas...

      Viene... es ella, es mi musa,
      La suave niña de los ojos de ámbar;
      Es mi musa enfermiza: la ojerosa,
      La más honda y precoz, ¡la musa extraña!

      Es pálida, muy pálida, en sus ojos
      Bate el Enigma sus pesadas alas;
      En las cadencias de su blanda marcha
      Los misterios desmayan...
      Es la musa enfermiza, la ojerosa,
      La más honda y precoz, ¡la musa extraña!

      Viene... no trae lira
      La suave niña de los ojos de ámbar...
      Ella canta sin lira,
      ¡Mi dulce musa extraña!
      Sus lánguidos arpegios,
      Sus vibraciones de pasión, arranca,
      Con angustias que crispan,
      ¡A las fibras sensibles de su alma!

      ¡Ven, canta, canta!
      ¡Oh, mi musa enfermiza!
      ¡Oh, mi musa precoz, mi musa extraña!
    Arriba

    Nocturno
      Engarzado en la noche el lago de tu alma,
      Diríase una tela de cristal y de calma
      Tramada por las grandes arañas del desvelo.

      Nata de agua lustral en vaso de alabastros;
      Espejo de pureza que abrillantas los astros
      Y reflejas la cima de la Vida en un cielo...
      Yo soy el cisne errante de los sangrientos rastros,
      Voy manchando los lagos y remontando el vuelo.
    Arriba

    Ofrendando el libro
      A Eros.

      Porque haces tu can de la leona
      Más fuerte de la Vida, y la aprisiona
      La cadena de rosas de tu brazo.

      Porque tu cuerpo es la raíz, el lazo
      Esencial de los troncos discordantes
      Del placer y el dolor, plantas gigantes.

      Porque emerge en tu mano bella y fuerte,
      Como en broche de míticos diamantes
      El más embriagador lis de la Muerte.

      Porque sobre el espacio te diviso,
      Puente de luz, perfume y melodía,
      Comunicando infierno y paraíso
      -Con alma fúlgida y carne sombría...
    Arriba

    Ojos-nidos
      Para mi madre.
       
      Entre el espeso follaje
      De una selva de pestañas
      Hay dos nidos luminosos
      Como dos flores fantásticas.
      ¡Nidos de negros fulgores!
      ¡De oscuras vibrantes llamas!

      Y allá: dentro de esa selva
      De follaje negro, espléndido,
      En el fondo de esos nidos
      Como flores de destellos,
      ¡Agita sus ígneas alas
      El ave del Pensamiento!
    Arriba

    Otra estirpe
      Eros, yo quiero guiarte, Padre ciego...
      Pido a tus manos todopoderosas
      ¡Su cuerpo excelso derramado en fuego
      Sobre mi cuerpo desmayado en rosas!

      La eléctrica corola que hoy despliego
      Brinda el nectario de un jardín de Esposas;
      Para sus buitres en mi carne entrego
      Todo un enjambre de palomas rosas.

      Da a las dos sierpes de su abrazo, crueles,
      Mi gran tallo febril... Absintio, mieles,
      Viérteme de sus venas, de su boca...

      ¡Así tendida, soy un surco ardiente
      Donde puede nutrirse la simiente
      De otra estirpe sublimemente loca!
    Arriba

    Poesía
      ¡Poesía inmortal, cantarte anhelo!
      ¡Mas mil esfuerzos he de hacer en vano!
      ¿Acaso puede al esplendente cielo
      Subir altivo el infeliz gusano?

      Tú eres la sirena misteriosa
      Que atrae con su voz al navegante,
      ¡Eres la estrella blanca y luminosa!
      ¡El torrente espumoso y palpitante!

      Eres la brisa perfumada y suave
      Que juguetea en el vergel florido,
      ¡Eres la inquieta y trinadora ave
      Que en el verde naranjo cuelga el nido!

      Eres la onda de imperial grandeza
      Que altiva rueda vomitando espuma,
      ¡Eres el cisne de sin par belleza
      Que surca el lodo sin manchar su pluma!

      Eres la flor que al despuntar la aurora
      Entreabre el cáliz de perfume lleno,
      ¡Una perla blanquísima que mora
      Del mar del alma en el profundo seno!

      ¿Y yo quién soy, que en mi delirio anhelo
      Alzar mi voz para ensalzar tus galas?
      ¡Un gusano que anhela ir hasta el cielo!
      ¡Que pretende volar sin tener alas!
    Arriba

    Por campos de ensueño
      Pasó humeante el tropel de los potros salvajes,
      Feroces los hocicos, hirsutos de pelajes,
      Las crines extendidas, bravías, tal bordones,
      Pasaron como pasan pamperos y aquilones.

      Y luego fueron águilas de espléndidos plumajes
      Trayendo de sus cumbres magníficas visiones,
      Con el sereno vuelo de las inspiraciones
      Augustas, con soberbias de olímpicos linajes.

      Cruzaron hacia Oriente la limpidez del cielo,
      Tras ellas como cándida hostia que alzara el vuelo,
      Una paloma blanca como la nieve asoma.

      Yo olvido el ave egregia y el bruto que foguea
      Pensando que en los cielos solemnes de la Idea
      A veces es muy bella, muy bella una paloma.
    Arriba

    Por tu musa
      Cuando derrama en los hombros puros
      De tu musa la túnica de nieve,
      Yo concentro mis pétalos oscuros
      Y soy el lirio de alabastro leve.

      Para tu musa en rosa, me abro en rosa;
      Mi corazón es miel, perfume y fuego,
      Y vivo y muero de una sed gloriosa:
      Tu sangre viva debe ser mi riego.

      Cuando velada con un tul de luna
      Bebe calma y azur en la laguna,
      Yo soy el cisne que soñando vuela;

      Y si en luto magnífico la vistes
      Para vagar por los senderos tristes,
      Soy la luz o la sombra de una estela.
    Arriba

    Selene
      Medallón de la noche con la imagen del día
      Y herido por la perla de la melancolía;
      Hogar de los espíritus, corazón del azul,
      La tristeza de novia en su torre de tul;
      Máscara del misterio o de la soledad,
      Clavada como un hongo sobre la inmensidad,
      Primer sueño del mundo, florecido en el cielo,
      O la primer blasfemia suspendida en su vuelo...
      Gran lirio astralizado, copa de luz y niebla,
      Caricia o quemadura del sol en la tiniebla;
      Bruja eléctrica y pálida que orienta en los caminos,
      Extravía en las almas, hipnotiza destinos...
      Desposada del mundo en magnética ronda;
      Sonámbula celeste paso a paso de blonda;
      Patria blanca o siniestra de lirios o de cirios,
      Oblea de pureza, pastilla de delirios;
      Talismán del abismo, melancólico y fuerte,
      Imantado de vida, imantado de muerte...
      A veces me pareces una tumba sin dueño...
      Y a veces... una cuna ¡toda blanca!, tendida de esperanza y de ensueño...
    Arriba

    Toque de oración
      Un pedazo de luna que no brilla
      Sino con timidez. Canta un marino,
      Y su triste canción, tosca y sencilla,
      Tartamudea con sabor de vino...

      El mar, que el bíceps de la playa humilla,
      Tiene sinuosidades de felino,
      Y se deja caer sobre la orilla
      Con la cadencia de un alejandrino.

      Pienso en ti, pienso que te quiero mucho
      Porque me encuentro triste, porque escucho
      La esquila del pequeño campanario

      Que se queja con un sollozo tierno,
      Mientras los sapos cantan el invierno
      Con una letra del abecedario...
    Arriba

    Serpentina
      En mis sueños de amor ¡yo soy serpiente!
      Gliso y ondulo como una corriente;
      Dos píldoras de insommnio y de hipnotismo
      Son mis ojos; la punta del encanto
      Es mi lengua...¡y atraigo como el llanto!
      Soy un pomo de abismo.

      Mi cuerpo es una cinta de delicia,
      Glisa y ondula como una caricia...

      Y en mis sueños de odio ¡soy serpiente!
      Mi lengua es una venenosa fuente;
      Mi testa es la luzbélica diadema,
      Haz de la muerte en un fatal soslayo
      Con mis pupillas; y mi cuerpo en gema
      ¡Es la vaina del rayo!

      Si así sueño mi carne, así es mi mente:
      Un cuerpo largo, largo, de serpiente,
      Vibrando eterna, ¡voluptuosamente!
    Arriba

    Tu amor
      Tu amor, esclavo, es como un sol muy fuerte:
      Jardinero de oro de la vida,
      Jardinero de fuego de la muerte,
      En el carmen fecundo de mi vida.

      Pico de cuervo con olor de rosas,
      Aguijón enmelado de delicias
      Tu lengua es. Tus manos misteriosas
      Son garras enguantadas de caricias.

      Tus ojos son mis medias noches crueles,
      Panales negros de malditas mieles
      Que se desangran en mi acerbidad;

      Crisálida de un vuelo del futuro
      Es tu abrazo magnífico y oscuro
      Torre embrujada de mi soledad.
    Arriba

    Tu boca
      Yo hacía una divina labor, sobre la roca
      Creciente del Orgullo. De la vida lejana,
      Algún pétalo vívido me voló en la mañana,
      Algún beso en la noche. Tenaz como una loca,
      Seguía mi divina labor de roca.

      Cuando tu voz que funde como sacra campana
      En la nota celeste la vibración humana,
      Tendió su lazo de oro al borde de tu boca;

      ¡Maravilloso nido del vértigo, tu boca!
      Dos pétalos de rosa abrochando un abismo.

      Labor, labor de gloria, dolorosa y liviana;
      ¡Tela donde mi espíritu se fue tramando él mismo!
      Tú quedas en la testa soberbia de la roca,
      Y yo caigo, sin fin, en el sangriento abismo!
    Arriba

    Tu dormías
      Engastada en mis manos fulguraba
      Como oscura presea, tu cabeza;
      Yo la ideaba estuches, y preciaba
      Luz a luz, sombra a sombra su belleza.

      En tus ojos tal vez se concentraba
      La vida, como un filtro de tristeza
      En dos vasos profundos... Yo soñaba
      Que era una flor del mármol tu cabeza;

      Cuando en tu frente nacarada a luna,
      Como un monstruo en la paz de una laguna
      Surgió un enorme ensueño taciturno.

      ¡Ah!, tu cabeza me asustó. Fluía
      De ella una ignota vida. Parecía
      No sé qué mundo anónimo y nocturno.
    Arriba

    Una viñeta
      Tarde sucia de invierno. El caserío,
      Como si fuera un croquis al crayón,
      Se hunde en la noche. El humo de un bohío,
      Que sube en forma de tirabuzón;

      Mancha el paisaje que produce frío,
      Y debajo de la genuflexión
      De la arboleda, somormuja el río
      Su canción, su somnífera canción.

      Los labradores, camellón abajo,
      Retornan fatigosos del trabajo,
      Como un problema sin definición.

      Y el dueño del terruño, indiferente,
      Rápidamente, muy rápidamente,
      Baja en su coche por el camellón.
    Arriba

Amado Nervo. Parte II (poemas 100-159)

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    Información biográfica

    Amado Nervo - Parte I (poemas 1-99)
    Amado Nervo - Parte II (poemas 100-159)

  1. Mater alma
  2. Me besaba mucho
  3. Metafisiqueos
  4. Mi secreto
  5. Nadie conoce el bien
  6. Nihil novum
  7. No lo sé
  8. Obsesión
  9. ¡Oh Cristo!
  10. ¡Oh muerte!
  11. Oremus
  12. Pasas por el abismo de mis tristezas
  13. Perlas negras V
  14. Perlas negras VI
  15. Perlas negras VIII
  16. Perlas negras XXII
  17. Perlas negras XXIX
  18. Perlas negras XXXIII
  19. Perlas negras XLII
  20. Pero te amo
  21. Piedad
  22. Pobrecita mía
  23. Poetas místicos
  24. Por miedo
  25. Predestinación
  26. Puella mea
  27. Qué bien están los muertos
  28. Qué importa
  29. Qué más me da
  30. Quedamente
  31. Quién sabe por qué
  32. Regnum tuum
  33. Renunciación
  34. Reparación
  35. Réquiem
  36. Restitución
  37. Ródeuse
  38. Ruptura tardía
  39. Seis meses
  40. Señuelo
  41. Si tú me dices ven
  42. Si una espina me hiere
  43. Sin rumbo
  44. Sólo tú
  45. Soneto
  46. Sosiego
  47. Su trenza
  48. Tal vez
  49. Tanatofilia
  50. Tanto amor
  51. Todo inútil
  52. Tres meses
  53. Una flor en el camino
  54. Unidad
  55. Uno con Él
  56. Via, veritas et vita
  57. Viejo estribillo
  58. Y el Buda de basalto sonreía
  59. Ya todo es imposible
  60. Yo vengo de un brumoso país lejano


Información biográfica
    Nombre: Juan Crisóstomo Ruiz de Nervo y Ordaz
    Lugar y fecha nacimiento: Jalisco -ahora Tepic-, Nayarit, México, 27 de agosto de 1870
    Lugar y fecha defunción: Montevideo, Uruguay, 24 de mayo de 1919 (48 años) Nacionalidad: Mexicana
    Ocupación: Diplomático, periodista, director de fotografía, escritor, poeta; miembro de la Academia Mexicana de la Lengua
    Movimiento: Modernismo

    Fuente: [Amado Nervo] en Wikipedia.org
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    Mater alma
      Que tus ojos radien sobre mi destino,
      Que tu veste nívea, que la luz orló,
      Ampare mis culpas del torvo Dios Trino:
      ¡Señora, te amo! ¡Ni el grande Agustino
      Ni el tierno Bernardo te amaron cual yo!

      Que la luna, octante de bruñida plata,
      Escabel de plata de tu piel real,
      Por mi noche bogue, por mi noche ingrata,
      Y en su sombra sea místico fanal.

      Que los albos lises de tu vestidura
      El erial perfumen de mi senda dura,
      Y por ti mi vida brillará tan pura
      Cual los lises albos de tu vestidura.

      Te daré mis versos: floración tardía;
      Mi piedad de niño: floración de abril;
      E irán a tu solio, dulce madre mía,
      Mis castos amores en blanca theoría,
      Con cirio en las manos y toca monjil.
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    Me besaba mucho
      Me besaba mucho; como si temiera
      Irse muy temprano... Su cariño era
      Inquieto, nervioso.

      Yo no comprendía
      Tan febril premura. Mi intención grosera
      Nunca vio muy lejos...
      ¡Ella presentía!

      Ella presentía que era corto el plazo,
      Que la vela herida por el latigazo
      Del viento, aguardaba ya... y en su ansiedad
      Quería dejarme su alma en cada abrazo,
      Poner en sus besos una eternidad.
    Arriba

    Metafisiqueos
      ¡De qué sirve al triste la filosofía!
      Kant o Schopenhauer o Nietzche o Bergson...
      ¡Metafisiqueos!

      En tanto, Ana mía,
      Te me has muerto, y yo no sé todavía
      Dónde ha de buscarte mi pobre razón.
      ¡Metafisiqueos, pura teoría!
      ¡Nadie sabe nada de nada: mejor
      Que esa pobre ciencia confusa y vacía,
      Nos alumbra el alma, como luz del día,
      El secreto instinto del eterno amor!

      No ha de haber abismo que ese amor no ahonde,
      Y he de hallarte. ¿Dónde? ¡No me importa dónde!
      ¿Cuándo? No me importa... ¡pero te hallaré!
      Si pregunto a un sabio, "¡Qué sé yo!", responde.
      Si pregunto a mi alma, me dice: "¡Yo sé!"
    Arriba

    Mi secreto
      ¿Mi secreto? ¡Es tan triste! ¿Estoy perdido
      De amores por un ser desaparecido,
      Por un alma liberta,
      Que diez años fue mía, y que se ha ido...
      ¿ Mi secreto? Te lo diré al oído:
      ¡Estoy enamorado de una muerta!

      ¿Comprendes —tú que buscas los visibles
      Transportes, las reales, las tangibles
      Caricias de la hembra, que se plasma
      A todos tus deseos invencibles—
      Ese imposible de los imposibles
      De adorar a un fantasma?

      ¡Pues tal mi vida es y tal ha sido
      Y será!

      Si por mí solo ha latido
      Su noble corazón, hoy mundo y yerto,
      ¿He de mostrarme desagradecido
      Y olvidarla, no más porque ha partido,
      Y dejarla, no más porque se ha muerto?
    Arriba

    Nadie conoce el bien
      Había un ángel cerca de mí,
      Mas no le vi...
      Posó las plantas maravillosas
      Entre las zarzas de mi erial, y
      Yo, en tanto, estaba viendo otras cosas.

      Cuando, callado, tendió su vuelo
      Y quedó al irse torvo mi cielo,
      Mi vida huérfana, mi alma vacía,
      Comprendí todo lo que perdía.

      Alcé los ojos despavorido,
      Llamé al ausente con un gemido,
      Plegó mis labios convulso gesto...

      Mas pronto el ángel dejó traspuesto,
      Con vuelo de ímpetu soberano,
      Las lindes negras del mundo arcano,
      Y todo vano fue... ¡todo vano!

      ¡Quién del espacio devuelve un ave!
      ¡Qué imán atrae a un dios ya ido!
      Dice el proloquio que nadie sabe
      El bien que tiene... ¡sino perdido!
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    Nihil novum
      ¡Cuántos, pues, habrán amado
      Como mi alma triste amó...
      Y cuántos habrán llorado
      Como yo!

      ¡Cuántos habrán padecido
      Lo que padecí,
      Y cuántos habrán perdido
      Lo que perdí!

      Canté con el mismo canto,
      Lloro con el mismo llanto
      De los demás,
      Y esta angustia y este tedio
      Ya los tendrán sin remedio
      Los que caminan detrás.

      Mi libro sólo es, en suma,
      Gotícula entre la bruma,
      Molécula en el crisol
      Del común sufrir, renuevo
      Del Gran Dolor: ¡Nada nuevo
      Bajo el sol!

      Mas tiene cada berilo
      Su manera de brillar,
      Y cada llanto su estilo
      Peculiar.
    Arriba

    No lo sé
      Crepitan ya las velas en la ría;
      Tú, ¿por qué no te embarcas, alma mía?
      —Porque Dios no lo quiere todavía.

      —Mira: piadosamente las estrellas
      Nos envían sus trémulas centellas...
      —¡Bien quisiera vestirme toda de ellas!

      —Tu amiga, la más tierna, ya se fue.
      Los que te aman se van tras ella; ¿qué
      Vas a hacer tú tan sola?

      —No lo sé.
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    Obsesión
      Hay un fantasma que siempre viste
      Luctuosos paños, y con acento
      Cruel de Hamlet a Ofelia triste,
      Me dice: ¡Mira, vete a un convento!

      Y me horroriza prestarle oídos,
      Pues al conjuro de su palabra
      Pueblan mi mente descoloridos
      Y enjutos frailes de faz macabra;

      Y dicen salmos penitenciales
      Y se flagelan con cadenillas,
      Y los repliegues de sus sayales
      Semejan antros de pesadillas...

      En vano aquella visión resiste
      El alma, loca de sufrimiento;
      Los frailes rondan, la voz persiste,
      Y como Hamlet a Ofelia triste,
      Me dice: ¡Mira, vete a un convento!
    Arriba

    ¡Oh Cristo!
      Ya no hay un dolor humano que no sea mi dolor;
      Ya ningunos ojos lloran, ya ningún alma se angustia
      Sin que yo me angustie y llore;
      Ya mi corazón es lámpara fiel de todas las vigilias,
      ¡Oh Cristo!

      En vano busco en los hondos escondrijos de mi ser
      Para encontrar algún odio: nadie puede herirme ya
      Sino de piedad y amor. Todos son yo, yo soy todos,
      ¡Oh Cristo!

      ¡Qué importan males o bienes! Para mí todos son bienes.
      El rosal no tiene espinas: para mí sólo da rosas.
      ¿Rosas de pasión? ¡Qué importa! Rosas de celeste esencia,
      Purpúreas como la sangre que vertiste por nosotros,
      ¡Oh Cristo!
    Arriba

    ¡Oh muerte!
      Muerte, ¡cómo te he deseado!,
      ¡Con qué fervores te he invocado!,
      ¡Con qué anhelares he pedido
      A tu boca su beso helado!
      ¡Pero tú, ingrata, no has oído!

      ¡Vendrás, quizá, con paso quedo
      Cuando de partir tenga miedo,
      Cuando la tarde me sonría
      Y algún ángel, con rostro ledo,
      Serene mi melancolía!

      Vendrás, quizá, cuando la vida
      Me muestre una veta escondida
      Y encienda para mí una estrella.

      ¡Qué importa! Llega, ¡oh Prometida!
      ¡Siempre has de ser la bien venida,
      Pues que me juntarás con Ella!
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    Oremus
      Para Bernardo Couto Castillo.

      Oremos por las nuevas generaciones,
      Abrumadas de tedios y decepciones;
      Con ellas en la noche nos hundiremos.
      Oremos por los seres desventurados,
      De moral impotencia contaminados...
      ¡Oremos!

      Oremos por la turba que a cruel prueba
      Sometida, se abate sobre la gleba;
      Galeote que agita siempre los remos
      En el mar de la vida revuelto y hondo,
      Danaide que sustenta tonel sin fondo...
      ¡Oremos!

      Oremos por los místicos, por los neuróticos
      Nostálgicos de sombra, de templos góticos
      Y de cristos llagados, que con supremos
      Desconsuelos recorren su ruta fiera,
      Levantando sus cruces como bandera.
      ¡Oremos!

      Oremos por los que odian los ideales,
      Por los que van cegando los manantiales
      De amor y de esperanza de que bebemos,
      Y derrocan al Cristo con saña impía,
      Y después lloran, viendo l'ara vacía.
      ¡Oremos!

      Oremos por los sabios, por el enjambre
      De artistas exquisitos que mueren de hambre.
      ¡Ay!, el pan del espíritu les debemos,
      Aprendimos por ellos a alzar las frentes,
      Y helos pobres, escuálidos, tristes, dolientes...
      ¡Oremos!

      Oremos por las células de donde brotan
      Ideas-resplandores, y que se agotan
      Prodigando su savia: no las burlemos.
      ¿Qué fuera de nosotros sin su energía?
      Oremos por el siglo, por su agonía
      Del Suicidio en las negras fauces...
      ¡Oremos!
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    Pasas por el abismo de mis tristezas
      Pasas por el abismo de mis tristezas
      Como un rayo de luna sobre los mares,
      Ungiendo lo infinito de mis pesares
      Con el nardo y la mina de tus ternezas.

      Ya tramonta mi vida; la tuya empiezas;
      Mas, salvando del tiempo los valladares,
      Como un rayo de luna sobre los mares
      Pasas por el abismo de mis tristezas.

      No más en la tersura de mis cantares
      Dejará el desencanto sus asperezas;
      Pues Dios, que dio a los cielos sus luminares,
      Quiso que atravesaras por mis tristezas
      Como un rayo de luna sobre los mares.
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    Perlas negras V
      ¿Ves el sol, apagando su luz pura
      En las ondas del piélago ambarino?
      Así hundió sus fulgores mi ventura
      Para no renacer en mi camino.

      Mira la luna: desgarrando el velo
      De las tinieblas, a brillar empieza.
      Así se levantó sobre mi cielo
      El astro funeral de la tristeza.

      ¿Ves el faro en la peña carcomida
      Que el mar inquieto con su espuma alfombra?
      Así radia la fe sobre mi vida,
      Solitaria, purísima, escondida:
      ¡Como el rostro de un ángel en la sombra!
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    Perlas negras VI
      Rindióme al fin el batallar continuo
      De la vida social; en la contienda,
      Envidiaba la dicha del beduino
      Que mora en libertad bajo su tienda.

      Huí del mundo a mi dolor extraño,
      Llevaba el corazón triste y enfermo,
      Y busqué, como Pablo el Ermitaño,
      La inalterable soledad del yermo. Allí moro, allí canto, de la vista
      Del hombre huyendo, para el goce muerto,
      Y bien puedo decir, como el Bautista:
      ¡Soy la voz del que clama en el desierto!
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    Perlas negras VIII
      Al oír tu dulce acento
      Me subyuga la emoción,
      Y en un mudo arrobamiento
      Se arrodilla el pensamiento
      Y palpita el corazón
      Al oír tu dulce acento.

      Canta, virgen, yo lo imploro;
      Que tu voz angelical
      Semeja el rumor sonoro
      De leve lluvia de oro
      Sobre campo de cristal.
      Canta, virgen, yo lo imploro:
      Es de alondra tu garganta,
      ¡Canta!

      ¡Qué vagas melancolías
      Hay en tu voz! Bien se ve
      Que son amargos tus días.
      Huyeron las alegrías,
      Tu corazón presa fue
      De vagas melancolías.

      ¡Por piedad! ¡No cantes ya,
      Que tu voz al alma hiere!
      Nuestro amor, ¿en dónde está?
      Ya se fue, todo se va
      Ya murió, todo se muere
      Por piedad, no cantes ya,
      Que la pena me avasalla
      ¡Calla!
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    Perlas negras XXII
      Sol esplendente de primavera,
      A cuyo beso, fresca y lozana,
      La flor se yergue, la mariposa
      Viola el capullo, la yema estalla;
      Sol esplendente de primavera:
      ¡Yo te aborrezco! porque desgarras
      Las brumas leves, que me circundan
      Como rizado crespón de plata.

      A mí me gustan las tardes grises,
      Las melancolías, las heladas,
      En que las rosas tiemblan de frío,
      En que los cierzos gimiendo pasan,
      En que las aves, entre las hojas,
      El pico esconden bajo del ala.

      A mí me gustan esas penumbras
      Indefinibles de la enramada,
      A cuyo amparo corren las fuentes,
      Surgen los gnomos, las hojas charlan...
      Sol esplendente de primavera,
      Cede tu gloria, declina, pasa:
      Deja las brumas que me rodean
      Como rizado crespón de plata.

      Bellas mujeres de ardientes ojos,
      De vivos labios, de tez rosada,
      ¡Os aborrezco! Vuestros encantos
      Ni me seducen ni me arrebatan.

      A mí me gustan las niñas tristes,
      A mí me gustan las niñas pálidas,
      Las de apacibles ojos obscuros
      Donde perenne misterio irradia;
      Las de miradas que me acarician
      Bajo el alero de las pestañas...

      Más que las rosas, amo los lirios
      Y las gardenias inmaculadas;
      Más que claveles de sangre y fuego,
      La sensitiva mi vista encanta...

      Bellas mujeres de ardientes ojos,
      De vivos labios, de tez rosada:
      Pasad en ronda vertiginosa;
      Vuestros encantos no me arrebatan...

      Himnos vibrantes de las victorias,
      Notas triunfales, bélicas marchas,
      ¡Os aborrezco! porque, al oíros,
      Trémulas huyen mis musas blancas.

      A mí me gustan las notas leves...
      Las notas leves... las notas lánguidas,
      Las que parecen suspiros hondos...
      Suspiros hondos de almas que pasan...

      Chopin: delirio por tus nocturnos;
      Beethoven: sueño con tus sonatas:
      Weber: adoro tu Pensamiento
      Schubert: me arroba tu Serenata.

      ¡Oh! Cuántas veces, bajo el imperio
      De vuestra música apasionada,
      Ella me dice: ¿Me quieres mucho?
      Y yo respondo: ¡Con toda el alma!

      Himnos vibrantes de las victorias,
      Notas triunfales, bélicas marchas:
      ¡Chit! porque huyen al escucharos,
      Trémulas todas, mis musas blancas...

      Sol esplendente de primavera,
      Lindas mujeres de faz rosada,
      Himnos triunfales... ¡dejadme a solas
      Con mis ensueños y mis nostalgias!

      Pálidas brumas que me rodean
      Como rizado crespón de plata,
      Vagas penumbras, niñas enfermas
      De ojos obscuros y tez de nácar,
      Notas dolientes: ¡venid, que os amo!
      ¡Venid, que os amo! ¡Tended las alas!
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    Perlas negras XXIX
      Yo amaba lo azul con ardimiento:
      Las montañas excelsas, los sutiles
      Crespones de zafir del firmamento,
      El piélago sin fin, cuyo lamento
      Arrulló mis ensueños juveniles.

      Callaba mi laúd cuando despliega
      Cada estrella purísima su broche,
      El universo en la quietud navega,
      Y la luna, hoz de plata, surge y siega
      El haz de espesas sombras de la noche.

      Cantaba, si la aurora descorría
      En el Oriente sus rosados velos,
      Si el aljófar al campo descendía,
      Y el sol, urna de oro que se abría,
      Inundaba de luz todos los cielos.

      Mas hoy amo la noche, la galana,
      De dulce majestad, horas tranquilas
      Y solemnes, la nubia soberana,
      La de espléndida pompa americana:
      ¡La noche tropical de tus pupilas!

      Hoy esquivo del alba los sonrojos,
      Su saeta de oro me maltrata,
      Y el corazón, sin pena y sin enojos,
      Tan sólo ante lo negro de tus ojos
      Como el iris del búho se dilata.

      ¿Qué encanto hubiera semejante al tuyo,
      Oh, noche mía? ¡Tu beldad me asombra!
      Yo, que esplendores matutinos huyo,
      ¡Dejo el alma que agite, cual cocuyo,
      Sus alas coruscantes en tu sombra!

      Si siempre he de sentir esa mirada
      Fija en mi rostro, poderosa y tierna,
      ¡Adiós, por siempre adiós, rubia alborada!
      Doncella de la veste sonrosada:
      ¡Que reine en mi rededor la noche eterna!

      ¡Oh, noche! Ven a mí llena de encanto;
      Mientras con vuelo misterioso avanzas,
      Nada más para ti será mi canto,
      Y en los brunos repliegues de tu manto,
      Su cáliz abrirán mis esperanzas.
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    Perlas negras XXXIII
      Amiga, mi larario esta vacío:
      Desde que el fuego del hogar no arde,
      Nuestros dioses huyeron ante el frío;
      Hoy preside en sus tronos el hastío
      Las nupcias del silencio y de la tarde.

      El tiempo destructor no en vano pasa;
      Los aleros del patio están en ruinas;
      Ya no forman allí su leve casa,
      Con paredes convexas de argamasa
      Y tapiz del plumón, las golondrinas.

      ¡Qué silencio el del piano! Su gemido
      Ya no vibra en los ámbitos desiertos;
      Los nocturnos y scherzos han huido
      ¡Pobre jaula sin aves! ¡Pobre nido!
      ¡Misterioso ataúd de trinos muertos!

      ¡Ah, si vieras tu huerto! Ya no hay rosas,
      Ni lirios, ni libélulas de seda,
      Ni cocuyos de luz, ni mariposas
      Tiemblan las ramas del rosal, medrosas;
      El viento sopla, la hojarasca rueda.

      Amiga, tu mansión está desierta;
      El musgo verdinegro que decora
      Los dinteles ruinosos de la puerta,
      Parece una inscripción que dice: ¡Muerta!
      El cierzo pasa, y suspirando, ¡llora!
    Arriba

    Perlas negras XLII
      Yo también, cual los héroes medievales
      Que viven con la vida de la fama,
      Luché por tres divinos ideales:
      ¡Por mi Dios, por mi patria y por mi dama!

      Hoy que Dios ante mí su faz esconde,
      Que la patria me niega su ternura
      De madre, y que a mi acento no responde
      La voz angelical de la hermosura,

      Rendido bajo el peso del destino
      Esquivando el combate, siempre rudo,
      Heme puesto a la vera del camino,
      Resuelto a descansar sobre mi escudo.

      Quizá mañana, con afán contrario,
      Ajustándome el casco y la loriga,
      De nuevo iré tras el combate diario,
      Exclamando: ¡Quien me ame, que me siga!

      Mas hoy dejadme, aunque a la gloria pese,
      Dormir en paz sobre mi escudo roto;
      Dejad que en mi redor el ruido cese,
      Que la brisa noctívaga me bese
      Y el olvido me dé su flor de loto.
    Arriba

    Pero te amo
      Yo no sé nada de la vida,
      Yo no sé nada del destino,
      Yo no sé nada de la muerte;
      ¡Pero te amo!

      Según la buena lógica, tú eres luz extinguida;
      Mi devoción es loca, mi culto, desatino,
      Y hay una insensatez infinita en quererte;
      ¡Pero te amo!
    Arriba

    Piedad
      ¡No porque está callada
      Y ya no te responde, la motejes;
      No porque yace helada,
      Severa, inmóvil, rígida, la huyas;

      No porque está tendida
      Y no puede seguirte ya, la dejes;

      No porque está perdida
      Para siempre jamás, la sustituyas!
    Arriba

    Pobrecita mía
      Bien sé que no puedes,
      Pobrecita mía,
      Venir a buscarme.
      ¡Si pudieras, vendrías!

      Acaso te causan
      Dolor mis fatigas,
      Mis ansias de verte,
      Mis quejas baldías,
      Mi tedio implacable,
      Mi horror por la vida.
      ¡No puedes traerme consuelo!

      ¡Si pudieras, vendrías!

      ¿Qué honda, qué honda
      Debe ser la sima
      Donde caen los muertos,
      Pobrecita mía!

      ¡Qué mares sin playas
      Qué noche infinita
      Qué pozos danaideos,
      Qué fieras estigias
      Deben separarnos de los que se mueren
      Desgajando en dos
      Almas una misma,
      Para que no puedas venir a buscarme!

      Si pudieras, vendrías...
    Arriba

    Poetas místicos
      Bardos de frente sombría
      Y de perfil desprendido
      De alguna vieja medalla;

      Los de la gran señoría,
      Los de mirar distraído,
      Los de la voz que avasalla.

      Teólogos graves e intensos,
      Vasos de amor desprovistos,
      Vasos henchidos de penas;

      Los de los ojos inmensos,
      Los de las caras de cristos,
      Los de las grandes melenas:

      Mi musa, la virgen fría
      Que vuela en pos del olvido,
      Tan sólo embelesos halla

      En vuestra gran señoría,
      Vuestro mirar distraído
      Y vuestra voz que avasalla.

      Mi alma que os busca entrevistos
      Tras de los leves inciensos,
      Bajo las naves serenas,

      Ama esas caras de cristos,
      Ama esos ojos inmensos
      Ama esas grandes melenas.
    Arriba

    Por miedo
      La dejé marcharse sola...
      Y, sin embargo, tenía
      Para evitar mi agonía
      La piedad de una pistola.
      "¿Por qué no morir? —pensé—.
      ¿Por qué no librarme desta
      Tortura? ¿Ya qué me resta
      Despúés que ella se me fue?"

      Pero el resabio cristiano
      Me insinuó con voces graves:
      "¡Pobre necio, tú que sabes!"
      Y paralizó mi mano.

      Tuve miedo... es la verdad;
      Miedo, sí, de ya no verla,
      Miedo inmenso de perderla
      Por toda una eternidad.

      Y preferí, no vivir,
      Que no es vida la presente,
      Sino acabar lentamente,
      Lentamente, de morir.
    Arriba

    Predestinación
      Grabó sobre mi faz descolorida
      Su Mane Thecel Phares el Dios fuerte,
      Y me agobian dos penas sin medida:
      Un disgusto infinito de la vida,
      Y un temor infinito de la muerte.

      ¿Ves cómo tiendo en rededor los ojos?
      ¡Ay, busco abrigo con esfuerzos vanos...!
      ¡En medio de mi ruta, sólo abrojos!
      ¡Al final de mi ruta, sólo arcanos!

      ¿Qué hacer cuando la vida me repela
      Si la pálida muerte me acobarda?
      Digo a la vida: ¡sé piadosa, vuela...!
      Digo a la muerte: ¡sé piadosa, tarda...!

      ¡Estaba escrito así! No más te afanes
      Por borrar de mi faz el torvo estigma;
      Impelenme furiosos huracanes,
      Y voy, entre los brazos de Abrimanes,
      A las fauces hambrientas del Enigma.
    Arriba

    Puella mea
      Muchachita mía,
      Gloria y ufanía
      De mi atardecer,
      Yo sólo tenía
      La santa alegría
      De mi poesía
      Y de tu querer.

      ¿Por qué te partiste?
      ¿Por qué te me fuiste?
      Mira que estoy triste,
      Triste, triste, triste,
      Con tristeza tal
      Que mi cara mustia
      Deja ver mi angustia
      Como si fuera de cristal.

      Muchachita mía,
      ¡Qué sola, qué fría
      Te fuiste aquel día!
      ¿En qué estrella estás?
      ¿En qué espacio vuelas?
      ¿En qué mar rielas?
      ¿Cuándo volverás?
      —¡Nunca, nunca más.
    Arriba

    Qué bien están los muertos
      ¡Qué bien están los muertos,
      Ya sin calor ni frío,
      Ya sin tedio ni hastío!

      Por la tierra cubiertos,
      En su caja extendidos,
      Blandamente dormidos...

      ¡Qué bien están los muertos
      Con las manos cruzadas,
      Con las bocas cerradas!

      ¡Con los ojos abiertos,
      Para ver el arcano
      Que yo persigo en vano!

      ¡Qué bien estás, mi amor,
      Ya por siempre exceptuada
      De la vejez odiada,

      Del verdugo dolor...
      Inmortalmente joven,
      Dejando que te troven

      Su trova cotidiana
      Los pájaros poetas
      Que moran en las quietas

      Tumbas, y en la mañana,
      Donde la Muerte anida,
      Saludan a la vida!
    Arriba

    Qué importa
      ¡Qué importa que no sepas cómo te sigo amando
      Más allá del sepulcro, si lo sé yo con creces!
      ¡Qué importa que no escuches cómo estoy sollozando
      Si escucho mi sollozo yo, que soy tú dos veces!
    Arriba

    Qué más me da
      ¡Con ella, todo; sin ella, nada!
      Para qué viajes,
      Cielos, paisajes,
      ¡Qué importan soles en la jornada!
      Qué más me da
      La ciudad loca, la mar rizada,
      El valle plácido, la cima helada,
      ¡Si ya conmigo mi amor no está!
      Que más me da...

      Venecias, Romas, Vienas, Parises:
      Bellos sin duda; pero copiados
      En sus celestes pupilas grises,
      ¡En sus divinos ojos rasgados!
      Venecias, Romas, Vienas, Parises,
      Qué más me da
      Vuestra balumba febril y vana,
      Si de mi brazo no va mi Ana,
      ¡Si ya conmigo mi amor no está!
      Qué más me da...

      Un rinconcito que en cualquier parte me
      Preste abrigo;
      Un apartado refugio amigo
      Donde pensar;
      Un libro austero que me conforte;
      Una esperanza que sea norte
      De mi penar,
      Y un apacible morir sereno,
      Mientras más pronto más dulce y bueno:
      ¡Qué mejor cosa puedo anhelar!
    Arriba

    Quedamente
      Me la trajo quedo, muy quedo, el Destino,
      Y un día, en silencio me la arrebató;
      Llegó sonriendo; se fue sonriente;
      Quedamente vino;
      Vivió quedamente;
      ¡Queda... quedamente desapareció!
    Arriba

    Quién sabe por qué
      Perdí tu presencia,
      Pero la hallaré;
      Pues oculta ciencia
      Dice a mi conciencia
      Que en otra existencia
      Te recobraré.

      Tú fuiste en mi senda
      La única prenda
      Que nunca busqué;
      Llegaste a mi tienda
      Con tu noble ofrenda,
      ¡Quién sabe por qué!

      ¡Ay!, por cuánta y cuánta
      Quimera he anhelado
      Que jamás logré...
      Y en cambio, a ti, santa,
      Dulce bien amado,
      Te encontré a mi lado,
      ¡Quién sabe por qué!

      Viniste, me amaste;
      Diez años me amaste;
      Diez años llenaste
      Mi vida de fe,
      De luz y de aroma;
      En mi alma arrullaste
      Como una paloma,
      ¡Quién sabe por qué!

      Y un día te fuiste:
      ¡Ay triste!, ¡ay triste!;
      Pero te hallaré;
      Pues oculta ciencia
      Dice a mi conciencia
      Que en otra existencia
      Te recobraré.
    Arriba

    Regnum tuum
      Fuera, sonrisas y saludos,
      Vals, esnobismo de los clubs,
      Mundanidad oropelesca.
      Pero al volver a casa, tú.

      En el balcón, en la penumbra,
      Vueltos a los ojos al azul,
      Te voy buscando en cada estrella
      Del misterioso cielo augur.
      ¿Desde qué mundo me contemplas?
      ¿De qué callada excelsitud
      Baja tu espíritu a besarme?
      ¿Cuál el astro cuya luz
      Viene a traerme tus miradas?

      ¡Oh qué divina es la virtud
      Con que la noche penetra
      Bajo su maternal capuz!

      Hasta mañana, salas frívolas,
      Trajín, ruidos, inquietud,
      Mundanidad oropelesca,
      Poligononales fracs, abur.
      Y tú, mi muerta, ¡buenas noches!
      ¿Cómo te va? ¿Me amas aún?
      Vuelvo al encanto misterioso,
      A la inefable beatitud
      De tus lejanos besos místicos.
      ¡Aquí no reinas más que tú!
    Arriba

    Renunciación
      ¡Oh, Siddharta Gautama!, tú tenías razón:
      Las angustias nos vienen del deseo; el edén
      Consiste en no anhelar, en la renunciación
      Completa, irrevocable, de toda posesión;
      Quien no desea nada, dondequiera está bien.

      El deseo es un vaso de infinita amargura,
      Un pulpo de tentáculos insaciables, que al par
      Que se cortan, renacen para nuestra tortura.
      El deseo es el padre del esplín, de la hartura,
      ¡Y hay en él más perfidias que en las olas del mar!

      Quien bebe como el Cínico el agua con la mano,
      Quien de volver la espalda al dinero es capaz,
      Quien ama sobre todas las cosas al Arcano,
      ¡Ése es el victorioso, el fuerte, el soberano...
      Y no hay paz comparable con su perenne paz!
    Arriba

    Reparación
      ¡En esta vida no la supe amar!
      Dame otra vida para reparar,
      ¡Oh Dios!, mis omisiones,
      Para amarla con tantos corazones
      Como tuve en mis cuerpos anteriores;
      Para colmar de flores,
      De risas y de gloria sus instantes;
      Para cuajar su pecho de diamantes
      Y en la red de sus labios dejar presos
      Los enjambres de besos
      Que no le di en las horas ya perdidas...

      Si es cierto que vivimos muchas vidas
      (Conforme a la creencia
      Teosófica), Señor, otra existencia
      De limosna te pido
      Para quererla más que la he querido,
      Para que en ella nuestras almas sean
      Tan una, que las gentes que nos vean
      En éxtasis perenne ir hacia Dios
      Digan: "¡Como se quieren esos dos!"

      A la vez que nosotros murmuramos
      Con un instinto lúcido y profundo
      (Mientras que nos besamos
      Como locos): "¡Quizá ya nos amamos
      Con este mismo amor en otro mundo!"
    Arriba

    Réquiem
      Oh Señor, Dios de los ejércitos,
      Eterno Padre, eterno Rey,
      Por este mundo que creaste
      Con la virtud de tu poder;
      Porque dijiste: la luz sea,
      Y a tu palabra la luz fue;
      Porque coexistes con el Verbo,
      Porque contigo el Verbo es
      Desde los siglos de los siglos
      Y sin mañana y sin ayer,
      ¡Requiem aeternam dona eis, Domine,
      El lux perpetua luceat eis!

      Oh Jesucristo, por el frío
      De tu pesebre de Belén,
      Por tus angustias en el huerto,
      Por el vinagre y por la hiel,
      Por las espinas y las varas
      Con que tus carnes desgarré,
      Y por la cruz en que borraste
      Todas las culpas de Israel;
      Hijo del hombre, desolado,
      Trágico Dios, tremendo juez:
      ¡Requiem aeternam dona eis, Domine,
      El lux perpetua luceat eis!

      Divino Espíritu, Paráclito,
      Aspiración del gran Iavéh,
      Que unes al Padre con el Hijo,
      Y siendo El Uno sois los Tres;
      Por la paloma de alas níveas,
      Por la inviolada doncellez
      De aquella Virgen que en su vientre
      Llevó al Mesías Emmanuel;
      Por las ardientes lenguas rojas
      Con que inspiraste ciencia y fe
      A los discípulos amados
      De Jesucristo, nuestro bien:
      ¡Requiem aeternam dona eis, Domine,
      El lux perpetua luceat eis!
    Arriba

    Restitución
      ¿Encontrará la ciencia las almas de los muertos
      Un día, y a la angustia y el llanto que los van
      Buscando, del Enigma por los limbos inciertos,
      Responderá la boca del abismo: "Aquí están"?

      ¿Descubriremos ondas etéreas que transmitan
      A los desaparecidos la voz de nuestro amor,
      Y habrá para lo que ellos decirnos necesitan
      Algún maravilloso y oculto receptor?

      ¡Oh milagro, tu sola perspectiva nos pasma!
      Pero, ¿qué hay imposible para la voluntad
      Del hombre, que a su antojo tenaz todo lo plasma?
      ¡Ante el imperativo del genio, mi fantasma
      Tendrás que devolverme por fuerza, Eternidad!
    Arriba

    Ródeuse
      Si te toman pensativa los desastres de las hojas
      Que revuelan crepitando por el amplio bulevar;
      Si los cierzos te insinúan no sé qué vagas congojas
      Y nostalgias imprecisas y deseos de llorar;

      Si el latido luminoso de los astros te da frío;
      Si incurablemente triste ves al Sena resbalar,
      Y el reflejo de los focos escarlatas sobre el río
      Se te antoja que es la estela de algún trágico navío
      Donde llevan los ahogados de la Morgue a sepultar;

      ¡Pobrecita! Ven conmigo: deja ya las puentes yermas.
      Hay un alma en estas noches a las tísicas hostil,
      Y un vampiro disfrazado de galón que busca enfermas,
      Que corteja a las que tosen y que, a poco que te duermas,
      Chupará con trompa inmunda tus pezones de marfil.
    Arriba

    Ruptura tardía
      Ya no más en las noches, en las noches glaciales
      Que agitaban los rizos de azabache en tu nuca,
      Soñaremos unidos en los viejos sitiales;

      Ya no más en las tardes frías, quietas y grises,
      Pediremos mercedes a la Virgen caduca,
      La de manto de plata salpicado de lises.

      ¡Ay!, es fuerza que ocultes ese rostro marmóreo:
      Vida y luz, en un claustro de penumbras austeras
      Donde pesa en las almas todo el hielo hiperbóreo.

      Nos amábamos mucho; mas tu amor me perdía;
      ¡Nos queríamos tanto...! Mas así me perdieras,
      Y rompimos el lazo que al placer nos unía.

      ¡Es preciso! Muramos a las dichas humanas;
      ¡Seguiré mi camino, muy penoso y muy tardo,
      Sin besar tus pupilas, tus pupilas arcanas!

      Plegue a Dios cuando menos que algún día, señora,
      Muerto ya, te visite, como Pedro Abelardo
      Visitó, ya cadáver, a Eloísa la Priora.
    Arriba

    Seis meses
      ¡Seis meses ya de muerta! Y en vano he pretendido
      Un beso, una palabra, un hálito, un sonido...
      Y, a pesar de mi fe, cada día evidencio
      Que detrás de la tumba ya no hay más que silencio...

      Si yo me hubiese muerto, ¡qué mar, qué cataclismos,
      Qué vórtices, qué nieblas, qué cimas ni qué abismos
      Burlaran mi deseo febril y omnipotente
      De venir por las noches a besarte en la frente,
      De bajar, con la luz de un astro zahorí,
      A decirte al oído: "¡No te olvides de mí!"

      Y tú, que me querías tal vez más que te amé,
      Callas inexorable, de suerte que no sé
      Sino dudar de todo, del alma, del destino,
      ¡Y ponerme a llorar en medio del camino!
      Pues con desolación infinita evidencio
      Que detrás de la tumba ya no hay más que silencio...
    Arriba

    Señuelo
      La muerte nada quiere con los tristes.
      Subrepticia y astuta,
      Aguarda a que riamos
      Para abrirnos la tumba
      Y, con su dedo trágico, de pronto
      Señalarnos la húmeda
      Oquedad, y empujarnos brutalmente
      Hacia su infecta hondura.

      Mas yo tengo tal gana de que venga,
      Que voy a ser feliz para que acuda,
      Para que sea mi reír señuelo,
      Y ella caiga en la trampa de venturas
      Ruidosas, que en el fondo son tristezas...

      ¿La engañaré? ¡Quizá, si tú me ayudas
      Desde la eternidad, oh inmarcesible
      Amada, oh novia única,
      Cuyos besos de sombra
      He de reconquistar, pese a la Enjuta
      Que te mató a mansalva hace once meses,
      Dejando a un infeliz por siempre a obscuras!
    Arriba

    Si tú me dices ven
      Si tú me dices ven, lo dejo todo
      No volveré siquiera la mirada
      Para mirar a la mujer amada
      Pero dímelo fuerte, de tal modo
      Que tu voz como toque de llamada,
      Vibre hasta el más íntimo recodo del ser,
      Levante el alma de su lodo
      Y hiera el corazón como una espada.

      Si tú me dices ven, todo lo dejo
      Llegaré a tu santuario casi viejo,
      Y al fulgor de la luz crepuscular,
      Mas he de compensarte mi retardo,
      Difundiéndome, ¡oh Cristo!, como un nardo
      De perfume sutil, ante tu altar.
    Arriba

    Si una espina me hiere
      Si una espina me hiere, me aparto de la espina,
      ¡Pero no la aborrezco! Cuando la mezquindad
      Envidiosa en mí clava los dardos de su inquina,
      Esquívase en silencio mi planta, y se encamina hacia más puro
      Ambiente de amor y caridad.

      ¿Rencores? ¡De qué sirven! ¿Qué logran los rencores?
      Ni restañan heridas, ni corrigen el mal.
      Mi rosal tiene apenas tiempo para dar flores,
      Y no prodiga savias en pinchos punzadores:
      Si pasa mi enemigo cerca de mi rosal,
      Se llevará las rosas de más sutil esencia;
      Y, si notare en ellas algún rojo vivaz,
      Será el de aquella sangre que su malevolencia
      De ayer vertió, al herirme con encono y violencia,
      Y que el rosal devuelve, trocado en flor de paz.
    Arriba

    Sin rumbo
      Por diez años su diáfana existencia fue mía.
      Diez años en mi mano su mano se apoyó,
      ¡Y en sólo unos instantes se me puso tan fría,
      Que por siempre mis besos congeló!

      ¡A dónde iréis ahora, pobre nidada loca
      De mis huérfanos besos, si sus labios están
      Cerrados, si hay un sello glacial sobre su boca,
      Si su frente divina se heló bajo su toca,
      Si sus ojos ya nunca se abrirán!
    Arriba

    Sólo tú
      Cuando lloro con todos los que lloran,
      Cuando ayudo a los tristes con su cruz,
      Cuando parto mi pan con los que imploran,
      Eres tú quien me inspira, sólo tú,

      Cuando marcho sin brújula ni tino,
      Perdiendo de mis alas el albor
      En tantos barrizales del camino,
      Soy yo el culpable, solamente yo.

      Cuando miro al que sufre como hermano;
      Cuando elevo mi espíritu al azul;
      Cuando me acuerdo de que soy cristiano,
      Eres tú quien me inspira, sólo tú.

      Pobres a quienes haya socorrido,
      Almas obscuras a las que di luz:
      ¡No me lo agradezcáis, que yo no he sido!
      Fuiste tú, muerta mía, fuiste tú...
    Arriba

    Soneto
      ¡Qué son diez años para la vida de una estrella!
      Mas para el triste amante que encontró la mitad
      De su alma en el camino, y se enamoró della,
      Diez años de connubio son una eternidad.

      Diez años, cuatro meses y siete días quiso
      El Arcano, que encauza las vidas paralelas,
      Juntarnos no en meloso y estulto paraíso,
      Sino en la comunión de las almas gemelas.

      Conducidos marchamos
      Por un amor experto;
      Del brazo siempre fuimos,

      Y tal nos adoramos,
      Que... ¡no sé quién ha muerto,
      O si los dos morimos!
    Arriba

    Sosiego
      Más allá de la impaciencia
      De los mares enojados la tranquila
      Indiferencia de los limbos irisados
      Y la plácida existencia
      De los monstruos no soñados...

      Más allá de la violencia
      De ciclones y tornados,
      La inmutable transparencia
      De los cielos estrellados...

      Más allá del río insano
      De la vida, del bullir
      Pasional, el Océano
      Pacífico del morir,
      Con su gris onda severa,
      Con su inmensa espalda inerte
      Que no azota volandera
      Brisa alguna...

      ¡Y mi galera
      De ébano y plata, se advierte
      Sola, en el mar sin ribera
      De la Muerte!
    Arriba

    Su trenza
      Bien venga, cuando viniere,
      La Muerte: su helada mano
      Bendeciré si hiere...
      He de morir como muere
      Un caballero cristiano.

      Humilde, sin murmurar,
      ¡Oh Muerte!, me he de inclinar
      Cuando tu golpe me venza;
      ¡Pero déjame besar,
      Mientras expiro, su trenza!

      ¡La trenza que le corté
      Y que piadoso guardé
      (Impregnada todavía
      Del sudor de su agonía)
      La tarde en que se me fue!

      Su noble trenza de oro:
      Amuleto ante quien oro,
      Ídolo de locas preces,
      Empapado por mi lloro
      Tantas veces... tantas veces...

      Deja que, muriendo, pueda
      Acariciar esa seda
      En que vive aún su olor:
      ¡Es todo lo que me queda
      De aquel infinito amor!

      Cristo me ha de perdonar
      Mi locura, al recordar
      Otra trenza, en nardo llena,
      Con que se dejó enjugar
      Los pies por la Magdalena...
    Arriba

    Tal vez
      Tal vez ya no le importa mi gemido
      En el indiferente edén callado
      En que el espíritu desencarnado
      Vive como dormido...
      Tal vez ni sabe ya cómo he llorado
      Ni cómo he padecido.

      En profundo quietismo,
      Su alma, que antes me amara de tal modo,
      Se desliza glacial por ese abismo
      Del eterno mutismo,
      Olvidada de sí, de mí, de todo...
    Arriba

    Tanatofilia
      ¡Oh muerte, en otros días, que recordar no puedo
      Sin emoción profunda, te tenía yo miedo!
      En medio de la noche, incapaz de dormir,
      Clamaba congojado: "Yo tengo que morir...
      ¡Yo tengo que morir irremisiblemente!"
      Y sudores glaciales empapaban mi frente.

      ¿A quién tender la mano ni de quién esperar?
      Estaba solo, solo de la vida en el mar...
      Tenía un formidable aislador: la pobreza,
      Y ningún seno de hembra brindaba a mi cabeza
      Febril una almohada.
      Estaba solo, solo; ¿de quién esperar nada?

      Mas pasaron los años, y un día, una chiquilla
      Bondadosa me quiso. ¡Era noble, sencilla;
      La fortuna la había tratado con rigor:
      Nos unimos... y, juntos, nos hallamos mejor!

      Entonces, si la muerte volvía , con su quedo
      Andar, yo le tenía ya mucho menos miedo.
      Buscaba, despertando, la diestra tan leal
      De mi amiga, y con ímpetu resuelto, fraternal,
      La estrechaba, pensando: "¡Con ella nada temo!
      Con tal de marchar juntos, ¿qué importan tu supremo
      Horror y tus supremos abismos, oh, callada
      Eternidad? Con ella no temo nada, nada.

      ¿El infierno? —¡El infierno será donde ella falte!
      ¿Y el cielo? —Pues donde ella se encuentre... Que me exalte
      O me deprima tanto como quiera mi estrella:
      ¿Qué importa, si desciendo y asciendo yo con ella?
      ¿Que más me dan las hondas negruras del Arcano,
      Si voy por los abismos cogido de su mano?"

      ¡Pero tanta ventura enojó no sé a quién
      En las tinieblas, y una hoz me segó mi bien!
      Una garra de sombra solapando su dolo,
      Me la mató... ¡y entonces me volví a quedar solo!
      Solo, pero con una soledad más terrible
      Que antes.

      Sollozando, buscaba a la Invisible
      Y pedía piedad a lo desconocido;
      Abriendo bien los ojos y aguzando el oído,
      En un mutismo trágico, pretendía escuchar
      Siquiera una palabra que me hiciese esperar...

      Mas no plugo a la Esfinge responder a mi grito,
      Y ante el inexorable callar del Infinito
      (Tal vez indiferente, tal vez hosco y fatal)
      Escondí en lo más hondo del corazón mi mal,
      Y apático y ayuno de deseo y de amor,
      Entré resueltamente dentro de mi Dolor
      Como dentro de una gran torre silenciosa...

      Mis pobres rimas fieles me decían: "Reposa,
      Y luego, con nosotras, canta el mal que sufriste;
      Ven, duerme en nuestro dulce regazo, no estés triste.
      ¡Aún hay muchas cosas que cantar... cobra fe!"

      Y yo les respondía: "¡Para qué! ¡Para qué!..."
      Mas ellas insistían; en mi redor volaban,
      Y como eran las únicas que no me abandonaban,
      Acabé por oírlas...

      Un libro, gota a gota,
      Se rezumó, con lágrimas y sangre, de la rota
      Entraña; un haz de rimas brotó para el Lucero
      Inaccesible, un libro de tal suerte sincero,
      Tan íntimo, tan hondo, que si desde su fría
      Quietud ella lo viese... me lo agradecería.

      Después de haber escrito, quede más resignado,
      Como si en su fiel ánfora hubiese yo vaciado
      Todo lo crespo y turbio de mi dolor presente,
      Dejando en la alma sólo la linfa transparente,
      El caudal cristalino, diáfano, de mi pena,
      Profundo cual la noche, cual la noche serena.

      Y aquel fantasma negro, que miraba temblando
      Yo antes, blandamente se fue transfigurando...
      En la pálida faz del espectro, indecisa
      Como un albor naciente, brotaba una sonrisa;
      Brotaba una sonrisa tan cordial, de tal suerte
      Hospitalaria, que me pareció la Muerte
      Más madre que las madres; su boca, ayer horrible,
      Más que todas las bocas de hembra apetecible;
      Sus brazos, más seguros que todos los regazos...
      ¡Y acabé por echarme, como un niño, en sus brazos!

      Hoy, ella es la divina barquera en quien me fío;
      Con ella, nada temo; con ella, nada ansío.
      En su gran barca de ébano, llena de majestad,
      Me embarcaré tranquilo para la Eternidad.
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    Tanto amor
      Hay tanto amor en mi alma que no queda
      Ni el rincón más estrecho para el odio.
      ¿Dónde quieres que ponga los rencores
      Que tus vilezas engendrar podrían?

      Impasible no soy: todo lo siento,
      Lo sufro todo... Pero como el niño
      A quien hacen llorar, en cuanto mira
      Un juguete delante de sus ojos
      Se consuela, sonríe,
      Y las ávidas manos
      Tiende hacia él sin recordar la pena,
      Así yo, ante el divino panorama
      De mi idea, ante lo inenarrable
      De mi amor infinito,
      No siento ni el maligno alfilerazo
      Ni la cruel afilada
      Ironía, ni escucho la sarcástica
      Risa. Todo lo olvido,
      Porque soy sólo corazón, soy ojos
      No más, para asomarme a la ventana
      Y ver pasar el inefable Ensueño,
      Vestido de violeta,
      Y con toda la luz de la mañana,
      De sus ojos divinos en la quieta
      Limpidez de la fontana...
    Arriba

    Todo inútil
      Inútil es tu gemido:
      No la mueve tu dolor.
      La muerte cerró su oído
      A todo vano rumor.

      En balde tu boca loca,
      La suya quiere buscar:
      Dios ha sellado su boca:
      ¡Ya no te puede besar!

      Nunca volverás a ver
      Sus amorosas pupilas
      En tus veladas arder
      Como lámparas tranquilas.

      Ya sus miradas tan bellas
      En ti no se posarán:
      Dios puso la noche en ellas
      Y llenas de noche están...

      Las manos inmaculadas
      Le cruzaste en su ataúd,
      Y estarán siempre cruzadas:
      ¡Ya es eterna su actitud!

      Al noble corazón tierno
      Que sólo por ti latió,
      Como a pájaro en invierno
      La noche lo congeló.

      —¿Y su alma? ¿Por qué no viene?
      ¡Fue tan mía...! ¿Dónde está?
      —Dios la tiene, Dios la tiene:
      ¡Él te la devolverá
      Quizá!
    Arriba

    Tres meses
      Mi amada se fue a la Muerte,
      Partió al Misterio mi amada;
      Se fue una tarde de invierno;
      Iba pálida, muy pálida.

      Ella que, por su color,
      Gloriosamente rosada,
      Parecía un ser translúcido
      Iluminado por llama
      Interna...

      ¡Qué lividez
      Aquella, la de mi Ana,
      Y qué frialdad! ¡Si tenía
      Hasta las trenzas heladas!

      ¡Se fue a la Muerte, que es
      Nuestra Madre, nuestra Patria
      Y nuestra sola heredad
      Tras este valle de lágrimas!

      Hoy hace tres meses justos
      Que se la llevaron trágicamente
      Inmóvil, y recuerdo
      Con qué expresión desolada
      Se plañía entre los árboles
      El viento del Guadarrama.

      ¡Tres meses de viaje! ¡Nunca
      Fue nuestra ausencia tan larga!
      Noventa días sin verla,
      Y sin una sola carta...

      Abismo de los abismos,
      Distancias de las distancias,
      Hondura de las honduras,
      Muralla de las murallas,
      ¿Dónde tienes a mi muerta?
      ¡Dámela! ¡Dámela! ¡Dámela!

      ¡En vano en la noche lóbrega
      Suena y resuena la aldaba
      Con que llamo a la gran puerta
      Del castillo que se alza
      En la cima misteriosa
      De la fúnebre montaña!

      Cierto, detrás de esa hostil
      Fortaleza, alguien se halla...
      Se adivina no sé qué,
      Un confuso rumor de almas...

      De fijo nos oyen, pero
      Nadie nos responde nada,
      Y resuena solamente,
      Con vibraciones metálicas,
      En los ámbitos inmensos
      El golpazo de la aldaba.

      Hoy hace tres meses justos
      Que se la llevaron, trágicamente
      Inmóvil, y recuerdo
      Con qué expresión desolada
      Se plañía entre los árboles
      El viento del Guadarrama;

      Y recuerdo también que
      Al cruzar por las barriadas
      De Madrid me sollozó
      Una tétrica gitana:
      "Señorito, una limosna
      Por la difunta de su arma!"
    Arriba

    Una flor en el camino
      La muerta resucita cuando a tu amor me asomo,
      La encuentro en tus miradas inmensas y tranquilas,
      Y en toda tú... Sois ambas tan parecidas como
      Tu rostro, que dos veces se copia en mis pupilas.

      Es cierto: aquélla amaba la noche radiosa,
      Y tú siempre en las albas tu ensueño complaciste.
      (Por eso era más lirio, por eso eres más rosa).
      Es cierto, aquélla hablaba; tú vives silenciosa,
      Y aquélla era más pálida; pero tú eres más triste...
    Arriba

    Unidad
      No, madre, no te olvido;
      Mas apenas ayer ella se ha ido,
      Y es natural que mi dolor presente
      Cubra tu dulce imagen en mi mente
      Con la imagen del otro bien perdido.

      Ya juntas viviréis en mi memoria
      Como oriente y ocaso de mi historia,
      Como principio y fin de mi sendero,
      Como nido y sepulcro de mi gloria;
      ¡Pues contigo nací, con ella muero!

      Ya viviréis las dos en mis amores
      Sin jamás separaros;
      Pues, como en un matiz hay dos colores
      Y en un tallo dos flores,
      ¡En una misma pena he de juntaros!
    Arriba

    Uno con Él
      Eres uno con Dios, porque le amas,
      Tu pequeñez qué importa, y tu miseria;
      Eres uno con Dios, porque le amas.

      Le buscaste en los libros,
      Le buscaste en los templos,
      Le buscaste en los astros,
      Y un día el corazón te dijo, trémulo:
      "Aquí está", y desde entonces ya sois uno,
      Ya sois uno los dos, porque le amas.

      No podrán separaros
      Ni el placer de la vida
      Ni el dolor de la muerte.

      En el placer has de mirar su rostro,
      En el valor has de mirar su rostro
      En vida y muerte has de mirar su rostro.

      "¡Dios!" dirás en los besos,
      Dirás "Dios" en los cantos,
      Dirás "Dios" en los ayes.

      Y comprendiendo al fin que es ilusorio
      Todo pecado (como toda vida),
      Y que nada de Él puede separarte,
      Uno con Dios te sentirás por siempre:
      Uno solo con Dios porque le amas.
    Arriba

    Via, veritas et vita
      Ver en todas las cosas
      Del Espíritu incógnito las huellas;
      Contemplar
      Sin cesar,
      En las diáfanas noches misteriosas,
      La santa desnudez de las estrellas
      ¡Esperar!
      ¡Esperar!
      ¿Qué? ¡Quién sabe! Tal vez una futura
      Y no soñada paz serena y fuerte,
      Correr esa aventura
      Sublime y portentosa de la muerte.

      Mientras, amarlo todo y no amar nada,
      Sonreír cuando hay sol y cuando hay brumas;
      Cuidar de que en la áspera jornada
      No se atrofien las alas, ni oleada
      De cieno vil ensucie nuestras plumas.

      Alma: tal es la orientación mejor,
      Tal es el instintivo derrotero
      Que nos muestra un lucero
      Interior.

      Aunque nada sepamos del destino,
      La noche a no temerlo nos convida.
      Su alfabeto de luz, claro y divino,
      Nos dice: "Ven a mí: soy el Camino,
      La Verdad y la Vida".
    Arriba

    Viejo estribillo
      ¿Quién es esa sirena de la voz tan doliente,
      De las carnes tan blancas, de la trenza tan bruna?
      -Es un rayo de luna que se baña en la fuente,
      Es un rayo de luna.

      ¿Quién, gritando mi nombre, la morada recorre?
      ¿Quién me llama en las noches con tan trémulo acento?
      -Es un soplo de viento que solloza en la torre,
      Es un soplo de viento.

      Di, ¿quién eres, arcángel cuyas alas se abrasan
      En el fuego divino de la tarde y que subes
      Por la gloria del éter? -Son las nubes que pasan;
      Mira bien, son las nubes.

      ¿Quién regó sus collares en el agua, Dios mío?
      Lluvia son de diamantes en azul terciopelo
      -Es la imagen del cielo que palpita en el río,
      Es la imagen del cielo.

      ¡Oh Señor! La belleza sólo es, pues, espejismo;
      Nada más Tú eres cierto: ¡Se Tú mi último dueño!
      ¿Dónde hallarte, en el éter, en la tierra, en mí mismo?
      -Un poquito de ensueño te guiará en cada abismo,
      Un poquito de ensueño.
    Arriba

    Y el Buda de basalto sonreía
      Aquella tarde, en la Alameda, loca
      De amor, la dulce idolatrada mía
      Me ofreció la eglantina de su boca.

      Y el Buda de basalto sonreía...

      Otro vino después, y sus hechizos
      Me robó; dile cita, y en la umbría
      Nos trocamos epístolas y rizos.

      Y el Buda de basalto sonreía...

      Hoy hace un año del amor perdido.
      Al sitio vuelvo y, como estoy rendido
      Tras largo caminar, trepo a lo alto
      Del zócalo en que el símbolo reposa.
      Derrotado y sangriento muere el día,
      Y en los brazos del Buda de basalto
      Me sorprende la luna misteriosa.

      Y el Buda de basalto sonreía...
    Arriba

    Ya todo es imposible
      ¡Dios no ha de devolvértela porque llores!
      Mientras tú vas y vienes por la casa
      Vacía; mientras gimes,
      La pobre está pudriéndose en su agujero.
      ¡Ya todo es imposible!

      Así llenaras veinte lacrimatorias
      Con la sal de tus ojos; así suspires
      Hasta luchar en ímpetu
      Con el viento que pasa, destrozando
      Las flores de tus jardines;
      Así solloces hasta herir la entraña
      De la noche sublime,
      Nada obtendrás: la Muerte no devuelve
      Sino cenizas a los tristes...
      La pobre está pudriéndose en su agujero,
      ¡Ya todo es imposible!

      Dios lo ha querido... Inclina la cabeza,
      Humíllate, humíllate
      Y aguarda, recogido, en las tinieblas,
      ¡El beso de la Esfinge!
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    Yo vengo de un brumoso país lejano
      Yo vengo de un brumoso país lejano
      Regido por un viejo monarca triste
      Mi numen sólo busca lo que es arcano,
      Mi numen sólo adora lo que no existe;

      Tú lloras por un sueño que está lejano,
      Tú aguardas un cariño que ya no existe,
      Se pierden tus pupilas en el arcano
      Como dos alas negras, y estás muy triste.

      Eres mía: nacimos de un mismo arcano
      Y vamos, desdeñosos de cuanto existe,
      En pos de ese brumoso país lejano,
      Regido por un viejo monarca triste.
    Arriba