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Nicasio Álvarez de Cienfuegos

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    Información biográfica

  1. A un montañés
  2. Haces grande merced en despreciarme
  3. Por su carrera el sol iba corriendo


Información biográfica
    Nombre: Nicasio Álvarez de Cienfuegos
    Lugar y fecha nacimiento: Madrid, 14 de diciembre de 1764
    Lugar y fecha defunción: Orthez, Francia, 30 de junio de 1809 (44 años)
    Ocupación: Escritor, periodista, poeta y dramaturgo

    Fuente: [Nicasio Álvarez de Cienfuegos] en Wikipedia.org
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    A un montañés
      No hay quien en la nobleza a mí me exceda
      Sobrepujo a los Cerdas y Quiñónez.
      Los Requesens, los Laras, y aún Borbones
      Y al fin contrarrestarme no hay quien pueda.

      Soy señor Montañés, con esto queda
      Dicho todo: resuenan mil blasones
      Por remotas y próximas regiones,
      Vuele mi fama y a ninguna ceda.

      Los laureles se quiten luego a Apolo
      Ya que es mi voluntad, puesto que quiero
      Que proclamen y ensalcen a mí solo.

      Pues repita la fama con esmero
      Desde el uno hasta el otro opuesto polo
      Que: Viva el Montañés aunque Alojero.
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    Haces grande merced en despreciarme
      Haces grande merced en despreciarme,
      En mostrárteme dura y desdeñosa
      Y en ser para conmigo escrupulosa
      Me haces merced pensando tú injuriarme.

      Te obligas más queriendo desdeñarme
      Y te das la sentencia rigurosa
      Queriendo presumida y cautelosa
      Según tu corto juicio condenarme.

      Porque en medio de todos tus rigores,
      De esas tus esquiveces y desdenes
      Permaneciendo yo siempre constante

      Sin que se disminuyan mis amores
      A acreditarte tú de ingrata vienes
      Y yo de firme y verdadero amante.
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    Por su carrera el sol iba corriendo
      Por su carrera el sol iba corriendo
      Cual acostumbra a hacer todos los días
      Y salido, mi Files, aún no habías
      Para irte con tus soles encubriendo.

      Yo me estaba allá adentro consumiendo
      Al ver que tú de casa no salías
      Y por lo mismo el sol no oscurecías
      Antes bien le dejabas ir luciendo.

      Mas al fin advertí ya venturoso
      Que ibas por la escalera ya bajando.
      Saliste pues al fin con traje airoso,

      Quedeme al sol atento yo mirando
      Y noto, ¡caso raro y prodigioso!
      Que como antes seguí iluminando.
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Marcelino Menéndez Pelayo

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    Información biográfica

  1. A la memoria del malogrado poeta dramático Don Luis Eguílaz
  2. En el abanico de la mujer de Pereda
  3. Epigrama de Luciano

  4. Traducción de poemas de Giacomo Leopardi [1]
  5. Traducción de poemas de Manuel María Barbosa de Bocage [2]
  6. Traducción de poemas de Vincenzo Monti [1]


Información biográfica
    Nombre: Marcelino Menéndez Pelayo
    Lugar y fecha nacimiento: Santander, España, 3 de noviembre de 1856
    Lugar y fecha defunción: Santander, España, 19 de mayo de 1912 (55 años)
    Ocupación: Filólogo, filósofo, historiador, traductor, crítico literario, político, escritor, poeta; miembro de la Real Academia Española, miembro de la Real Academia de la Historia, miembro de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas, miembro de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando

    Fuente: [Marcelino Menéndez Pelayo] en Wikipedia.org
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    A la memoria del malogrado poeta dramático Don Luis Eguílaz
      Vuelve a mis manos, olvidada lira,
      Ministra un tiempo de guerrero canto;
      Hoy de dolor el corazón suspira
      Y se agolpa a los párpados el llanto.

      ¿Qué es el hombre en la tierra? Polvo y cieno,
      Un punto breve en la extensión inmensa,
      Gota perdida en el profundo seno
      Del mar azul, entre la niebla densa.

      Las armas, los trofeos, los blasones,
      La gloria y el poder y la hermosura,
      Del monarca triunfante los pendones;
      Todo cede a tu imperio, muerte dura.

      Tronos, cetros, alcázares reales,
      Soberbias torres hasta el cielo erguidas,
      Cayeron en sus urnas sepulcrales,
      Como caen las encinas sacudidas.

      Milicia es nuestra vida en este suelo,
      Sombra fugaz que pasa arrebatada;
      Volved los ojos al sereno cielo;
      La vida es sueño, vanidad y nada.

      Más ligera que el vuelo de las aves,
      Y más veloz que el Euro proceloso,
      Sube la muerte a las ferradas naves,
      Sigue al jinete en vuelo presuroso.

      El varón justo y de mancilla exento,
      Que de Dios al decreto se somete,
      Parte, al sonar el último momento,
      Cual sale el convidado de un banquete.

      ¿Quién ataja a la muerte en su camino
      Cuando llega a sonar la hora postrera?
      Si es más inexorable que el destino
      ¿Quién podrá detenerla en su carrera?

      Sólo la gloria del artista dura
      Que la palma triunfal ha merecido,
      Siendo a despecho de la envidia oscura,
      En fama claro y libre ya de olvido.

      Que si de Ilión las torres abrasaba
      En su furor el ofendido griego,
      Monumento más alto levantaba
      De Aquiles al cantor, de Esmirna al ciego.

      Eternizó de Sófocles la gloria
      Pintar a Edipo en su dolor infando;
      Ciñó Eurípides lauro de victoria
      El triste afán de Andrómaca llorando.

      ¡Salve llama del genio soberano,
      Que iluminas la mente del poeta;
      Que prestas voz y aliento sobrehumano
      Al que llega a tocar la ansiada meta!

      El mismo fuego iluminó la frente
      Del varón cuya pérdida lloramos,
      Por quien hoy llenos de entusiasmo ardiente
      Flores sobre una tumba derramamos.

      ¡Venid, hijos del canto y la armonía,
      Que amáis el arte y anheláis la gloria;
      Venid a tributar en este día
      Lágrimas y dolor a su memoria!

      Si es el teatro de virtud modelo,
      Venid a dar un nuevo testimonio,
      Venid a honrar con lastimero duelo
      Al autor de La cruz del matrimonio.

      ¿No veis cuál corre el abrasado lloro,
      Cómo resuena el lúgubre lamento?
      Responda vuestro cántico sonoro,
      Cual arpa eolia herida por el viento.

      Tomad la triste y fúnebre corona
      Con que a su hermano coronó Catulo;
      La cítara del vate de Sulmona
      Cuando lloró la muerte de Tibulo;

      Y bañados en llanto nuestros ojos
      Sobre el sepulcro esparciremos flores,
      Y en la losa que cubre sus despojos
      Grabaremos sus ínclitos loores:

      "Pintó mujer más fuerte y virtuosa
      Que Andrómaca, que Antígona y Alceste;
      Su sagrada ceniza aquí reposa;
      Voló su alma a la mansión celeste."
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    En el abanico de la mujer de Pereda
      Por el perfume de azahar difuso,
      El naranjo escondido se revela;
      El pebetero con olor profuso,
      Denuncia los tesoros que en sí cela;
      El alma donde Dios su huella impuso
      A otra alma rige y en sus obras vela;
      Si en sus obras hay luz, paz y hermosura,
      Es porque emanan de otra luz más pura.
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    Epigrama de Luciano
      Cierto médico afamado
      Envió su hijo a un maestro,
      En la gramática diestro,
      En retórica ilustrado.

      Aprendió el muchacho luego
      El principio de la Ilíada:
      "Canta, Musa celebrada,
      De Aquiles el vivo fuego,

      Que mil dolores causara
      A los guerreros argivos,
      Y muchas almas de vivos
      Al Orco fiero entregara."

      Al ver tan copioso fruto
      El médico de mi cuento
      Juzgó con raro talento
      Que era el retórico un bruto,

      Y llamándole le dijo:
      "Gracias, amigo, por todo,
      Para enseñar de este modo,
      No te mandaba mi hijo.

      Muchas almas cada día
      Entrego yo al Orco fiero,
      Tu ciencia vana no quiero,
      Yo le enseñaré la mía."
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Miguel de Unamuno

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    Información biográfica

  1. A mi buitre
  2. Al amor de la lumbre
  3. Blas, el bobo
  4. Castilla
  5. Cuando duerme una madre junto al niño
  6. De vuelta a casa
  7. Dime qué dices, mar
  8. Dolor común
  9. Dormirse en el olvido del recuerdo
  10. El armador aquel
  11. El cuerpo canta
  12. El mar de encinas
  13. En horas de insomnio
  14. En un cementerio de lugar castellano
  15. Es una antorcha
  16. Hasta que se me fue no he descubierto
  17. Hay ojos que miran, hay ojos que sueñan
  18. Horas serenas del ocaso breve
  19. Incidente doméstico
  20. La Luna y la rosa
  21. La mar ciñe a la noche su regazo
  22. La oración del ateo
  23. La sangre de mi espíritu
  24. Luciérnaga celeste
  25. Madre, llévame a la cama
  26. Me destierro a la memoria
  27. Morir soñando
  28. Muerte
  29. Noche de luna llena
  30. Nuestro secreto
  31. Ofelia de Dinamarca
  32. Oh, Señor, tú que sufres del mundo (Salmo III)
  33. Por qué esos lirios que los hielos matan
  34. Qué es tu vida, alma mía
  35. Si tú y yo, Teresa mía, nunca
  36. Sombra de humo
  37. Te da en la frente el sol de la mañana
  38. Vendrá de noche
  39. Veré por ti
  40. Y qué es eso


Información biográfica
    Nombre: Miguel de Unamuno y Jugo
    Lugar y fecha nacimiento: Bilbao, Vizcaya, España, 29 de septiembre de 1864
    Lugar y fecha defunción: Salamanca, España, 31 de diciembre de 1936 (72 años)
    Ocupación: Filósofo, diputado, rector de la Universidad de Salamanca, escritor, novelista, ensayista, dramaturgo; miembro de la Real Academia Española
    Movimiento: Generación del 98
San Manuel Bueno Mártir (1930) es una obra muy corta e interesante sobre un sacerdote que predica, dando esperanza a quienes considera que la necesitan, a pesar de que él mismo no cree.

Fuente: [Miguel de Unamuno] en Wikipedia.org

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    A mi buitre
      Este buitre voraz de ceño torvo
      Que me devora las entrañas fiero
      Y es mi único constante compañero
      Labra mis penas con su pico corvo.

      El día en que le toque el postrer sorbo
      Apurar de mi negra sangre, quiero
      Que me dejéis con él solo y señero
      Un momento, sin nadie como estorbo.

      Pues quiero, triunfo haciendo mi agonía
      Mientras él mi último despojo traga,
      Sorprender en sus ojos la sombría

      Mirada al ver la suerte que le amaga
      Sin esta presa en que satisfacía
      El hambre atroz que nunca se le apaga.
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    Al amor de la lumbre
      Dulcissime vanus Homems.

      Al amor de la lumbre cuya llama
      Como una cresta de la mar ondea.
      Se oye fuera la lluvia que gotea
      Sobre los chopos. Previsora el ama

      Supo ordenar se me temple la cama
      Con sahumerio. En tanto la Odisea
      Montes y valles de mi pecho orea
      De sus ficciones con la rica trama

      Preparándome el sueño. Del castaño
      Que más de cien generaciones de hoja
      Criara y vio morir, cabe el escaño

      Abrasándose el tronco con su roja
      Brasa me reconforta. ¡Dulce engaño
      La ballesta de mi inquietud afloja!
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    Blas, el bobo
      Blas, el bobo de la aldea,
      Vive en no quebrado arrobo;
      La aldea es de Blas el bobo,
      Pues toda a Blas le recrea.

      Blas, que se crió desde niño
      Sin padres, con madre moza,
      En una perdida choza,
      Libre de carnal cariño;

      Blas, tradición la más pura,
      Sabe todo el calendario,
      Reza a la tarde el rosario
      Y le ayuda a misa al cura.

      Gracias a Blas el bendito
      No descarga Dios su vara
      Sobre la aldea, la ampara
      Blas, botón del infinito.
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    Castilla
      Tú me levantas, tierra de Castilla,
      En la rugosa palma de tu mano,
      Al cielo que te enciende y te refresca,
      Al cielo, tu amo,

      Tierra nervuda, enjuta, despejada,
      Madre de corazones y de brazos,
      Toma el presente en ti viejos colores
      Del noble antaño.

      Con la pradera cóncava del cielo
      Lindan en torno tus desnudos campos,
      Tiene en ti cuna el sol, y en ti sepulcro,
      Y en ti santuario.

      Es todo cima tu extensión redonda
      Y en ti me siento al cielo levantado,
      Aire de cumbre es el que se respira
      Aquí, en tus páramos.

      ¡Ara gigante, tierra castellana,
      A ese tu aire soltaré mis cantos,
      Si te son dignos bajarán al mundo
      Desde lo alto!
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    Cuando duerme una madre junto al niño
      Cuando duerme una madre junto al niño
      Duerme el niño dos veces;
      Cuando duermo soñando en tu cariño
      Mi eterno ensueño meces.

      Tu eterna imagen llevo de conducho
      Para el viaje postrero;
      Desde que en ti nací, una voz escucho
      Que afirma lo que espero.

      Quien así quiso y así fue querido
      Nació para la vida;
      Sólo pierde la vida su sentido
      Cuando el amor se olvida.

      Yo sé que me recuerdas en la tierra
      Pues que yo te recuerdo,
      Y cuando vuelva a la que tu alma encierra
      Si te pierdo, me pierdo.

      Hasta que me venciste, mi batalla
      Fue buscar la verdad;
      Tú eres la única prueba que no falla
      De mi inmortalidad.
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    De vuelta a casa
      Desde mi cielo a despedirme llegas
      Fino orvallo que lentamente bañas
      Los robledos que visten las montañas
      De mi tierra, y los maíces de sus vegas.

      Compadeciendo mi secura, riegas
      Montes y valles, los de mis entrañas,
      Y con tu bruma el horizonte empañas
      De mi sino, y así en la fe me anegas.

      Madre Vizcaya, voy desde tus brazos
      Verdes, jugosos, a Castilla enjuta,
      Donde fieles me aguardan los abrazos

      De costumbre, que el hombre no disfruta
      De libertad si no es preso en los lazos
      De amor, compañero de la ruta.
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    Dime qué dices, mar
      ¡Dime qué dices, mar, qué dices, dime!
      Pero no me lo digas; tus cantares
      Son, con el coro de tus varios mares,
      Una voz sola que cantando gime.

      Ese mero gemido nos redime
      De la letra fatal, y sus pesares,
      Bajo el oleaje de nuestros azares,
      El secreto secreto nos oprime.

      La sinrazón de nuestra suerte abona,
      Calla la culpa y danos el castigo;
      La vida al que nació no le perdona;

      De esta enorme injusticia sé testigo,
      Que así mi canto con tu canto entona,
      Y no me digas lo que no te digo.
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    Dolor común
      Cállate, corazón, son tus pesares
      De los que no deben decirse, deja
      Se pudran en tu seno; si te aqueja
      Un dolor de ti solo no acíbares

      A los demás la paz de sus hogares
      Con importuno grito. Esa tu queja,
      Siendo egoísta como es, refleja
      Tu vanidad no más. Nunca separes

      Tu dolor del común dolor humano,
      Busca el íntimo aquel en que radica
      La hermandad que te liga con tu hermano,

      El que agranda la mente y no la achica;
      Solitario y carnal es siempre vano;
      Sólo el dolor común nos santifica.
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    Dormirse en el olvido del recuerdo
      ¡Dormirse en el olvido del recuerdo,
      En el recuerdo del olvido,
      Y que en el claustro maternal me pierdo
      Y que en él desnazco perdido!

      ¡Tú, mi bendito porvenir pasado,
      Mañana eterno en el ayer;
      Tú, todo lo que fue ya eternizado,
      Mi madre, mi hija, mi mujer!
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    El armador aquel
      El armador aquel de casas rústicas
      Habló desde la barca:
      Ellos, sobre la grava de la orilla,
      Él flotando en las aguas.

      Y la brisa del lago recogía
      De su boca parábolas
      Ojos que ven, oídos que oyen, gozan
      De bienaventuranza.

      Recién nacían por el aire claro
      Las semillas aladas,
      El Sol las revestía con sus rayos,
      La brisa las cunaba.

      Hasta que al fin cayeron en un libro,
      ¡Ay, tragedia del alma!:
      Ellos tumbados en la grava seca,
      Y él flotando en el agua.
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    El cuerpo canta
      El cuerpo canta;
      La sangre aúlla;
      La tierra charla;
      La mar murmura;
      El cielo calla
      Y el hombre escucha.
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    El mar de encinas
      En este mar de encinas castellano
      Los siglos resbalaron con sosiego
      Lejos de las tormentas de la historia,
      Lejos del sueño
      Que a otras tierras la vida sacudiera;
      Sobre este mar de encinas tiende el cielo
      Su paz engendradora de reposo,
      Su paz sin tedio.

      Sobre este mar que guarda en sus entrañas
      De toda tradición el manadero
      Esperan una voz de hondo conjuro
      Largos silencios.

      Cuando desuella estío la llanura
      Cuando la pela el riguroso invierno,
      Brinda al azul el piélago de encinas
      Su verde viejo.

      Como los días, van sus recias hojas
      Rodando una tras otra al pudridero,
      Y siempre verde el mar, de lo divino
      Nos es espejo.

      Su perenne verdura es de la infancia
      De nuestra tierra, vieja ya, recuerdo,
      De aquella edad en que esperando al hombre
      Se henchía el seno
      De regalados frutos. Es su calma
      Manantial de esperanza eterna eterno.

      Cuando aún no nació el hombre él verdecía
      Mirando al cielo,
      Y le acompaña su verdura grave
      Tal vez hasta dejarle en el lindero
      En que roto ya el viejo, nazca al día
      Un hombre nuevo.

      Es su verdura flor de las entrañas
      De esta rocosa tierra, toda hueso,
      Es flor de piedra su verdor perenne
      Pardo y austero.

      Es, todo corazón, la noble encina
      Floración secular del noble suelo
      Que, todo corazón de firme roca,
      Brotó del fuego
      De las entrañas de la madre tierra.

      Lustrales aguas le han lavado el pecho
      Que hacia el desnudo cielo alza desnudo
      Su verde vello.

      Y no palpita, aguarda en un respiro
      De la bóveda toda el fuerte beso,
      A que el cielo y la tierra se confundan
      En lazo eterno.

      Aguarda el día del supremo abrazo
      Con un respiro poderoso y quieto
      Mientras, pasando, mensajeras nubes
      Templan su anhelo.

      En este mar de encinas castellano
      Vestido de su pardo verde viejo
      Que no deja, del pueblo a que cobija
      Místico espejo.
    Arriba

    En horas de insomnio
      Me voy de aquí, no quiero más oírme;
      De mi voz toda voz suéname a eco,
      Ya falta así de confesor, si peco
      Se me escapa el poder arrepentirme.

      No hallo fuera de mí en que me afirme
      Nada de humano y me resulto hueco;
      Si esta cárcel por otra al fin no trueco
      En mi vacío acabaré de hundirme.

      Oh triste soledad, la del engaño
      De creerse en humana compañía
      Moviéndose entre espejos, ermitaño.

      He ido muriendo hasta llegar al día
      En que espejo de espejos, soy me extraño
      A mí mismo y descubro no vivía.
    Arriba

    En un cementerio de lugar castellano
      Corral de muertos, entre pobres tapias,
      Hechas también de barro,
      Pobre corral donde la hoz no siega,
      Sólo una cruz, en el desierto campo
      Señala tu destino.
      Junto a esas tapias buscan el amparo
      Del hostigo del cierzo las ovejas
      Al pasar trashumantes en rebaño,
      Y en ellas rompen de la vana historia,
      Como las olas, los rumores vanos.
      Como un islote en junio,
      Te ciñe el mar dorado
      De las espigas que a la brisa ondean,
      Y canta sobre ti la alondra el canto
      De la cosecha.
      Cuando baja en la lluvia el cielo al campo
      Baja también sobre la santa hierba
      Donde la hoz no corta,
      De tu rincón, ¡pobre corral de muertos!,
      Y sienten en sus huesos el reclamo
      Del riego de la vida.
      Salvan tus cercas de mampuesto y barro
      Las aladas semillas,
      O te las llevan con piedad los pájaros,
      Y crecen escondidas amapolas,
      Clavelinas, magarzas, brezos, cardos,
      Entre arrumbadas cruces,
      No más que de las aves libres pasto.
      Cavan tan solo en tu maleza brava,
      Corral sagrado,
      Para de un alma que sufrió en el mundo
      Sembrar el grano;
      Luego sobre esa siembra
      ¡Barbecho largo!
      Cerca de ti el camino de los vivos,
      No como tú, con tapias, no cercado,
      Por donde van y vienen,
      Ya riendo o llorando,
      ¡Rompiendo con sus risas o sus lloros
      El silencio inmortal de tu cercado!
      Después que lento el sol tomó ya tierra,
      Y sube al cielo el páramo
      A la hora del recuerdo,
      Al toque de oraciones y descanso,
      La tosca cruz de piedra
      De tus tapias de barro
      Queda, como un guardián que nunca duerme,
      De la campiña el sueño vigilando.
      No hay cruz sobre la iglesia de los vivos,
      En torno de la cual duerme el poblado;
      La cruz, cual perro fiel, ampara el sueño
      De los muertos al cielo acorralados.
      ¡Y desde el cielo de la noche, Cristo,
      El Pastor Soberano,
      Con infinitos ojos centelleantes,
      Recuenta las ovejas del rebaño!
      ¡Pobre corral de muertos entre tapias
      Hechas del mismo barro,
      Sólo una cruz distingue tu destino
      En la desierta soledad del campo!
    Arriba

    Es una antorcha
      Es una antorcha al aire esta palmera,
      Verde llama que busca al sol desnudo
      Para beberle sangre; en cada nudo
      De su tronco cuajó una primavera.

      Sin bretes ni eslabones, altanera
      Y erguida, pisa el yermo seco y rudo;
      Para la miel del cielo es un embudo
      La copa de sus venas, sin madera.

      No se retuerce ni se quiebra al suelo;
      No hay sombra en su follaje; es luz cuajada
      Que en ofrenda de amor se alarga al cielo;

      La sangre de un volcán que enamorada
      Del padre Sol se revistió de anhelo
      Y se ofrece, columna, a su morada.
    Arriba

    Hasta que se me fue no he descubierto
      Hasta que se me fue no he descubierto
      Todo lo que la quise;
      Yo creía quererla; no sabía
      Lo que es de amor morirse.

      Era como algo mío entonces, era
      Costumbre... que se dice...;
      Pero hoy soy suyo yo, soy de la muerte
      A quien nadie resiste.

      Al irse nació en mí... ¡no!, que en torturas
      En ella nací al írseme;
      Lo que creí yo sueño era la vela;
      He nacido al morirme.

      Por fin ya sé quién soy... no lo sabía...
      ¿Lo sé? ¿Quién sabe en este mundo triste?
      ¿Hay quién sepa lo que es saber y entienda
      Lo que la nada dice?

      Mi madre nació en mí en aquel día
      Que se me fue Teresa... madre, dime
      De dónde vine, a dónde voy perdido,
      Por qué al amor me diste...
    Arriba

    Hay ojos que miran, hay ojos que sueñan
      Hay ojos que miran, -hay ojos que sueñan,
      Hay ojos que llaman, -hay ojos que esperan,
      Hay ojos que ríen -risa placentera,
      Hay ojos que lloran -con llanto de pena,
      Unos hacia adentro -otros hacia fuera.

      Son como las flores -que cría la tierra.
      Mas tus ojos verdes, -mi eterna Teresa,
      Los que están haciendo -tu mano de hierba,
      Me miran, me sueñan, -me llaman, me esperan,
      Me ríen rientes -risa placentera,
      Me lloran llorosos -con llanto de pena,
      Desde tierra adentro, -desde tierra afuera.

      En tus ojos nazco, -tus ojos me crean,
      Vivo yo en tus ojos -el sol de mi esfera,
      En tus ojos muero, -mi casa y vereda,
      Tus ojos mi tumba, -tus ojos mi tierra.
    Arriba

    Horas serenas del ocaso breve
      Horas serenas del ocaso breve,
      Cuando la mar se abraza con el cielo
      Y se despierta el inmortal anhelo
      Que al fundirse la lumbre, la lumbre bebe.

      Copos perdidos de encendida nieve,
      Las estrellas se posan en el suelo
      De la noche celeste, y su consuelo
      Nos dan piadosas con su brillo leve.

      Como en concha sutil perla perdida,
      Lágrima de las olas gemebundas,
      Entre el cielo y la mar sobrecogida

      El alma cuaja luces moribundas
      Y recoge en el lecho de su vida
      El poso de sus penas más profundas.
    Arriba

    Incidente doméstico
      Traza la niña toscos garrapatos,
      De escritura remedo,
      Me los presenta y dice
      Con un mohín de inteligente gesto:

      "¿Qué dice aquí, papá?"

      Miro unas líneas que parecen versos.
      "¿Aquí?" "Sí, aquí; lo he escrito yo; ¿qué dice?
      Porque yo no sé leerlo..."
      "¡Aquí no dice nada!", le contesté al momento.

      "¿Nada?", y se queda un rato pensativa
      "O así me lo parece, por lo menos,
      Pues, ¿está en los demás o está en nosotros
      Eso a que damos en llamar talento?"

      Luego, reflexionando, me decía:
      "¿Hice bien revelándole el secreto?"
      -No el suyo ni el de aquellas toscas líneas,
      El mío, por supuesto-.

      ¿Sé yo si alguna musa misteriosa,
      Un subterráneo genio,
      Un espíritu errante que a la espera
      Para encarnar está de humano cuerpo,
      No le dictó esas líneas
      De enigmáticos versos?

      ¿Sé yo si son la gráfica envoltura
      De un idioma de siglos venideros?
      ¿Sé yo si dicen algo?
      ¿He vivido yo acaso de ellas dentro?

      No dicen más los árboles, las nubes,
      Los pájaros, los ríos, los luceros...
      ¡No dicen más y nos lo dicen todo!
      ¿Quién sabe de secretos?
    Arriba

    La Luna y la rosa
      En el silencio estrellado
      La Luna daba a la rosa
      Y el aroma de la noche
      Le henchía -sedienta boca-
      El paladar del espíritu,
      Que adurmiendo su congoja
      Se abría al cielo nocturno
      De Dios y su Madre toda...
      Toda cabellos tranquilos,
      La Luna, tranquila y sola,
      Acariciaba a la Tierra
      Con sus cabellos de rosa
      Silvestre, blanca, escondida...
      La Tierra, desde sus rocas,
      Exhalaba sus entrañas
      Fundidas de amor, su aroma...
      Entre las zarzas, su nido,
      Era otra luna la rosa,
      Toda cabellos cuajados
      En la cuna, su corola;
      Las cabelleras mejidas
      De la Luna y de la rosa
      Y en el crisol de la noche
      Fundidas en una sola...
      En el silencio estrellado
      La Luna daba a la rosa
      Mientras la rosa se daba
      A la Luna, quieta y sola.
    Arriba

    La mar ciñe a la noche su regazo
      La mar ciñe a la noche en su regazo
      Y la noche a la mar; la luna, ausente;
      Se besan en los ojos y en la frente;
      Los besos dejan misterioso trazo.

      Derrítense después en un abrazo,
      Tiritan las estrellas con ardiente
      Pasión de mero amor, y el alma siente
      Que noche y mar se enredan en su lazo.

      Y se baña en la oscura lejanía
      De su germen eterno, de su origen,
      Cuando con ella Dios amanecía,

      Y aunque los necios sabios leyes fijen,
      Ve la piedad del alma la anarquía
      Y que leyes no son las que nos rigen.
    Arriba

    Luciérnaga celeste
      Luciérnaga celeste, humilde estrella
      De navegante guía: la Boquilla
      De la Bocina que a hurtadillas brilla,
      Violeta de luz, pobre centella

      Del hogar del espacio; ínfima huella
      Del paso del Señor; gran maravilla
      Que broche del vencejo en la gavilla
      De mies de soles, sólo ella los sella.

      Era al girar del universo quicio
      Basado en nuestra tierra; fiel contraste
      Del Hombre Dios y de su sacrificio.

      Copérnico, Copérnico, robaste
      A la fe humana su más alto oficio
      Y diste así con su esperanza al traste.
    Arriba

    Madre, llévame a la cama
      Madre, llévame a la cama.
      Madre, llévame a la cama,
      Que no me tengo de pie.
      Ven, hijo, Dios te bendiga
      Y no te dejes caer.

      No te vayas de mi lado,
      Cántame el cantar aquel.
      Me lo cantaba mi madre;
      De mocita lo olvidé,
      Cuando te apreté a mis pechos
      Contigo lo recordé.

      ¿Qué dice el cantar, mi madre,
      Qué dice el cantar aquel?
      No dice, hijo mío, reza,
      Reza palabras de miel;
      Reza palabras de ensueño
      Que nada dicen sin él.

      ¿Estás aquí, madre mía?
      Porque no te logro ver....
      Estoy aquí, con tu sueño;
      Duerme, hijo mío, con fe.
    Arriba

    Me destierro a la memoria
      Me destierro a la memoria,
      Voy a vivir del recuerdo.
      Buscadme, si me os pierdo,
      En el yermo de la historia,

      Que es enfermedad la vida
      Y muero viviendo enfermo.
      Me voy, pues, me voy al yermo
      Donde la muerte me olvida.

      Y os llevo conmigo, hermanos,
      Para poblar mi desierto.
      Cuando me creáis más muerto
      Retemblaré en vuestras manos.

      Aquí os dejo mi alma-libro,
      Hombre-mundo verdadero.
      Cuando vibres todo entero.
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    Morir soñando
      Au fait, se disait-il a lui-même, il parait que
      Mon destin est de mourir en rêvant.
      Stendhal, Le Rouge et le Noir, LXX, "La tranquillité"

      Morir soñando, sí, mas si se sueña
      Morir, la muerte es sueño; una ventana
      Hacia el vacío; no soñar; nirvana;
      Del tiempo al fin la eternidad se adueña.

      Vivir el día de hoy bajo la enseña
      Del ayer deshaciéndose en mañana;
      Vivir encadenado a la desgana
      ¿Es acaso vivir?, ¿y esto qué enseña?

      ¿Soñar la muerte no es matar el sueño?
      ¿Vivir el sueño no es matar la vida?
      ¿A qué poner en ello tanto empeño?:

      ¿Aprender lo que al punto al fin se olvida
      Escudriñando el implacable ceño
      -Cielo desierto- del eterno Dueño?
      Soy yo, lector, que en ti vibro.
    Arriba

    Muerte
      Eres sueño de un dios; cuando despierte
      ¿Al seno tornarás de que surgiste?
      Serás al cabo lo que un día fuiste?
      ¿Parto de desnacer será tu muerte?

      El sueño yace en la vigilia inerte?
      Por dicha aquí el misterio nos asiste;
      Para remedio de la vida triste,
      Secreto inquebrantable es nuestra suerte.

      Deja en la niebla hundido tu futuro
      Ve tranquilo a dar tu último paso,
      Que cuanto menos luz, vas más seguro.

      ¿Aurora de otro mundo es nuestro ocaso?
      Sueña, alma mía, en tu sendero oscuro:
      "¡Morir... dormir... dormir... soñar acaso!"
    Arriba

    Noche de luna llena
      Noche blanca en que el agua cristalina
      Duerme queda en su lecho de laguna
      Sobre la cual redonda llena luna
      Que ejército de estrellas encamina

      Vela, y se espeja una redonda encina
      En el espejo sin rizada alguna;
      Noche blanca en que el agua hace de cuna
      De la más alta y más honda doctrina.

      Es un rasgón del cielo que abrazado
      Tiene en sus brazos la Naturaleza;
      Es un rasgón del cielo que ha posado

      Y en el silencio de la noche reza
      La oración del amante resignado
      Sólo al amor, que es su única riqueza.
    Arriba

    Nuestro secreto
      No me preguntes más, es mi secreto,
      Secreto para mí terrible y santo;
      Ante él me velo con un negro manto
      De luto de piedad; no rompo el seto

      Que cierra su recinto, me someto
      De mi vida al misterio, el desencanto
      Huyendo del saber y a Dios levanto
      Con mis ojos mi pecho siempre inquieto.

      Hay del alma en el fondo oscura sima
      Y en ella hay un fatídico recodo
      Que es nefando franquear; allá en la cima

      Brilla el sol que hace polvo al sucio lodo;
      Alza los ojos y tu pecho anima;
      Conócete, mortal, mas no del todo.
    Arriba

    Ofelia de Dinamarca
      Rosa de nube de carne
      Ofelia de Dinamarca,
      Tu mirada, sueñe o duerma,
      Es de esfinge la mirada.

      En el azul del abismo
      De tus niñas, todo o nada,
      ¡Ser o no ser!, ¿es espuma
      O poso de vida tu alma?

      No te vayas monja, espérame
      Cantando viejas baladas,
      Suéñame mientras te sueño,
      Brízame la hora que falta.

      Y si los sueños se esfuman
      -El resto es silencio-, almohada
      Hazme de tus muslos, virgen
      Ofelia de Dinamarca.
    Arriba

    Oh, Señor, tú que sufres del mundo (Salmo III)
      ¡Oh, Señor, tú que sufres del mundo
      Sujeto a tu obra,
      Es tu mal nuestro mal más profundo
      Y nuestra zozobra!

      Necesitas uncirte al infinito
      Si quieres hablarme,
      Y si quieres te llegue mi grito
      Te es fuerza escucharme.

      Es tu amor el que tanto te obliga
      Bajarte hasta el hombre,
      Y a tu Esencia mi boca le diga
      Cuál sea tu nombre.

      Te es forzoso rasgarte el abismo
      Si mío ser quieres,
      Y si quieres vivir en ti mismo
      Ya mío no eres.

      Al crearnos para tu servicio
      Buscas libertad,
      Sacudirte del recio suplicio
      De la eternidad.

      Si he de ser, como quieres, figura
      Y flor de tu gloria,
      Hazte, ¡oh Tú, Creador, criatura,
      Rendido a la historia!

      Libre ya de tu cerco divino
      Por nosotros estás,
      Sin nosotros sería tu sino
      O siempre o jamás.

      Por gustar, ¡oh Impasible!, la pena
      Quisiste penar,
      Te faltaba el dolor que enajena
      Para más gozar.

      Y probaste el sufrir y sufriste
      Vil muerte en la cruz,
      Y al espejo del hombre te viste
      Bajo nueva luz.

      Y al sentirte anhelar bajo el yugo
      Del eterno Amor,
      Nos da al Padre y nos mata al verdugo
      El común Dolor.

      Si has de ser, ¡oh, mi Dios!, un Dios vivo
      Y no idea pura,
      En tu obra te rinde cautivo
      De tu criatura.

      Al crear, Creador, quedas preso
      De tu creación,
      Mas así te libertas del peso
      De tu corazón.

      Son tu pan los humanos anhelos,
      Es tu agua la fe;
      Yo te mando, Señor, a los cielos
      Con mi amor, mi sed.

      Es la sed insaciable y ardiente
      De sólo verdad;
      Dame, ¡oh Dios!, a beber en la fuente
      De tu eternidad.

      Méteme, Padre eterno, en tu pecho,
      Misterioso hogar,
      Dormiré allí, pues vengo deshecho
      Del duro bregar.
    Arriba

    Por qué esos lirios que los hielos matan
      ¿Por qué esos lirios que los hielos matan?
      ¿Por qué esas rosas a que agosta el sol?
      ¿Por qué esos pajarillos que sin vuelo
      Se mueren en plumón?

      ¿Por qué derrocha el cielo tantas vidas
      Que no son de otras nuevas eslabón?
      ¿Por qué fue dique de tu sangre pura
      Tu pobre corazón?

      ¿Por qué no se mezclaron nuestras sangres
      Del amor en la santa comunión?
      ¿Por qué tú y yo, Teresa de mi alma
      No dimos granazón?

      ¿Por qué, Teresa, y para qué nacimos?
      ¿Por qué y para qué fuimos los dos?
      ¿Por qué y para qué es todo nada?
      ¿Por qué nos hizo Dios?
    Arriba

    La oración del ateo
      Oye mi ruego Tú, Dios que no existes,
      Y en tu nada recoge estas mis quejas,
      Tú que a los pobres hombres nunca dejas
      Sin consuelo de engaño. No resistes

      A nuestro ruego y nuestro anhelo vistes.
      Cuando Tú de mi mente más te alejas,
      Más recuerdo las plácidas consejas
      Con que mi ama endulzome noches tristes.

      ¡Qué grande eres, mi Dios! Eres tan grande
      Que no eres sino Idea; es muy angosta
      La realidad por mucho que se expande

      Para abarcarte. Sufro yo a tu costa,
      Dios no existente, pues si Tú existieras
      Existiría yo también de veras.
    Arriba

    La sangre de mi espíritu
      La sangre de mi espíritu es mi lengua,
      Y mi patria es allí donde resuene
      Soberano su verbo, que no amengua
      Su voz por mucho que ambos mundos llene.

      Ya Séneca la preludió aún no nacida
      Y en su austero latín ella se encierra;
      Alfonso a Europa dio con ella vida.
      Colón con ella redobló la Tierra.

      Y esta mi lengua flota como el arca
      De cien pueblos contrarios y distantes,
      Que las flores en ella hallaron brote,

      De Juárez y Rizal, pues ella abarca
      Legión de razas, lengua en que a Cervantes
      Dios le dio el Evangelio del Quijote.
    Arriba

    Qué es tu vida, alma mía
      ¿Qué es tu vida, alma mía?, ¿cuál tu pago?,
      ¡Lluvia en el lago!
      ¿Qué es tu vida, alma mía?, ¿tu costumbre?,
      ¡Viento en la cumbre!

      ¿Cómo tu vida, mi alma, se renueva?,
      ¡Sombra en la cueva!,
      ¡Lluvia en el lago!,
      ¡Viento en la cumbre!,
      ¡Sombra en la cueva!

      Lágrimas es la lluvia desde el cielo,
      Y es el viento sollozo sin partida,
      Pesar, la sombra sin ningún consuelo,
      Y lluvia y viento y sombra hacen la vida.
    Arriba

    Si tú y yo, Teresa mía, nunca
      Si tú y yo, Teresa mía, nunca
      Nos hubiéramos visto,
      Nos hubiéramos muerto sin saberlo:
      No habríamos vivido.

      Tú sabes que morirse, vida mía,
      Pero tienes sentido
      De que vives en mí, y viva aguardas
      Que a ti torne yo vivo.

      Por el amor supimos de la muerte;
      Por el amor supimos
      Que se muere; sabemos que se vive
      Cuando llega el morirnos.

      Vivir es solamente, vida mía,
      Saber que se ha vivido,
      Es morirse a sabiendas dando gracias
      A Dios de haber nacido.
    Arriba

    Sombra de humo
      ¡Sombra de humo cruza el prado!
      ¡Y que se va tan deprisa!
      ¡No da tiempo a la pesquisa
      De retener lo pasado!

      Terrible sombra de mito
      Que de mí propio me arranca,
      ¿Es acaso una palanca
      Para hundirse en lo infinito?

      Espejo que me deshace
      Mientras en él me estoy viendo,
      El hombre empieza muriendo
      Desde el momento en que nace.

      El haz del alma te ahuma
      Del humo al irse a la sombra,
      Con su secreto te asombra
      Y con su asombro te abruma.
    Arriba

    Te da en la frente el sol de la mañana
      Te da en la frente el sol de la mañana
      Recién nacido, pálida doncella,
      Misteriosa visión, fugaz estrella,
      Que te derrites en la luz. Hermana

      De la que nace cuando la campana
      Tocando a la oración doliente sella
      La fatiga de un día más, la mella
      Que sume el alma en la mortal desgana.

      El alba y el ocaso cruzan manos,
      Y así, a la silla de la reina, al día
      Y a la noche, rendidos soberanos,

      Los llevan a enterrar. Triste sería
      Que al despertar de nuestros sueños varios
      Luz y sombra lucharan a porfía.
    Arriba

    Vendrá de noche
      Vendrá de noche cuando todo duerma,
      Vendrá de noche cuando el alma enferma
      Se emboce en vida,
      Vendrá de noche con su paso quedo,
      Vendrá de noche y posará su dedo
      Sobre la herida.

      Vendrá de noche y su fugaz vislumbre
      Volverá lumbre la fatal quejumbre;
      Vendrá de noche
      Con su rosario, soltará las perlas
      Negro sol que da ceguera verlas,
      ¡Todo un derroche!

      Vendrá de noche, noche nuestra madre,
      Cuando a lo lejos el recuerdo ladre
      Perdido agujero;
      Vendrá de noche; apagará su paso
      Mortal ladrido y dejará al ocaso
      Largo agujero...

      ¿Vendrá una noche recogida y vasta?
      ¿Vendrá una noche maternal y casta
      De luna llena?
      Vendrá viniendo con venir eterno;
      Vendrá una noche del postrer invierno...
      Noche serena...

      Vendrá como se fue, como se ha ido
      -Suena a lo lejos el fatal ladrido-,
      Vendrá a la cita;
      Será de noche mas que sea aurora,
      Vendrá a su hora, cuando el aire llora,
      Llora y medita...

      Vendrá de noche, en una noche clara,
      Noche de luna que al dolor ampara,
      Noche desnuda,
      Vendrá... venir es porvenir... pasado
      Que pasa y queda y que se queda al lado
      Y nunca muda...

      Vendrá de noche, cuando el tiempo aguarda,
      Cuando la tarde en las tinieblas tarda
      Y espera al día,
      Vendrá de noche, en una noche pura,
      Cuando del sol la sangre se depura,
      Del mediodía.

      Noche ha de hacerse en cuanto venga y llegue,
      Y el corazón rendido se le entregue,
      Noche serena,
      De noche ha de venir... ¿él, ella o ello?
      De noche ha de sellar su negro sello,
      Noche sin pena.

      Vendrá la noche, la que da la vida,
      Y en que la noche al fin el alma olvida,
      Traerá la cura;
      Vendrá la noche que lo cubre todo
      Y espeja al cielo en el luciente lodo
      Que lo depura.

      Vendrá de noche, sí, vendrá de noche,
      Su negro sello servirá de broche
      Que cierra el alma;
      Vendrá de noche sin hacer ruido,
      Se apagará a lo lejos el ladrido,
      Vendrá la calma...
      Vendrá la noche....
    Arriba

    Veré por ti
      "Me desconozco", dices; mas mira, ten por cierto
      Que a conocerse empieza el hombre cuando clama
      "Me desconozco", y llora;
      Entonces a sus ojos el corazón abierto
      Descubre de su vida la verdadera trama;
      Entonces es su aurora.

      No, nadie se conoce, hasta que no le toca
      La luz de un alma hermana que de lo eterno llega
      Y el fondo le ilumina;
      Tus íntimos sentires florecen en mi boca,
      Tu vista está en mis ojos, mira por mí, mi ciega,
      Mira por mí y camina.

      "Estoy ciega", me dices; apóyate en mi brazo
      Y alumbra con tus ojos nuestra escabrosa senda
      Perdida en lo futuro;
      Veré por ti, confía; tu vista es este lazo
      Que a ti me ató, mis ojos son para ti la prenda
      De un caminar seguro.

      ¿Qué importa que los tuyos no vean el camino,
      Si dan luz a los míos y me lo alumbran todo
      Con su tranquila lumbre?
      Apóyate en mis hombros, confíate al Destino,
      Veré por ti, mi ciega, te apartaré del lodo,
      Te llevaré a la cumbre.

      Y allí, en la luz envuelta, se te abrirán los ojos,
      Verás cómo esta senda tras de nosotros lejos,
      Se pierde en lontananza
      Y en ella de esta vida los míseros despojos,
      Y abrírsenos radiante del cielo a los reflejos
      Lo que es hoy esperanza.
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    Y qué es eso
      Y, ¿qué es eso del Infierno?
      Me dirás.
      Es el revés de lo eterno,
      Nada más.

      Que yacer en el olvido
      Del Señor
      Es el infierno temido
      Del Amor.
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Teresa de Jesús

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    Información biográfica

  1. Alma, buscarte has en mí
  2. Caminemos para el cielo
  3. Dichoso el corazón enamorado
  4. Nada te turbe
  5. Si el amor que me tenéis
  6. Vivo sin vivir en mí
  7. Vuestra soy, para Vos nací
  8. Ya toda me entregué y di


    Información biográfica
      Nombre: Teresa de Cepeda y Ahumada
      También conocida como: Santa Teresa de Jesús, Santa Teresa de Ávila
      Lugar y fecha nacimiento: Ávila, España, 28 de marzo de 1515
      Lugar y fecha defunción: Alba de Tormes, Salamanca, Castilla y León, España, 4 de octubre de 1582 (67 años)
      Ocupación: Religiosa, fundadora de las Carmelitas Descalzas, doctora de la Iglesia Católica, mística, escritora, poeta
    Es considerada, junto con san Juan de la Cruz, la cumbre de la mística experimental cristiana y una de las grandes maestras de la vida espiritual de la Iglesia.

    Fuente: [Teresa de Jesús] en Wikipedia.org

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      Alma, buscarte has en mí
        Alma, buscarte has en mí,
        Y a mí buscarme has en ti.

        De tal suerte pudo amor,
        Alma, en mí te retratar,
        Que ningún sabio pintor
        Supiera con tal primor
        Tal imagen estampar.

        Fuiste por amor criada
        Hermosa, bella, y así
        En mis entrañas pintada,
        Si te perdieres, mi amada,
        Alma, buscarte has en mí.

        Que yo sé que te hallarás
        En mi pecho retratada,
        Y tan al vivo sacada,
        Que si te ves te holgarás,
        Viéndote tan bien pintada.

        Y si acaso no supieres
        Dónde me hallarás a mí,
        No andes de aquí para allí,
        Sino, si hallarme quisieres,
        A mí buscarme has en ti.

        Porque tú eres mi aposento,
        Eres mi casa y morada,
        Y así llamo en cualquier tiempo,
        Si hallo en tu pensamiento
        Estar la puerta cerrada.

        Fuera de ti no hay buscarme,
        Porque para hallarme a mí,
        Bastará sólo llamarme,
        Que a ti iré sin tardarme
        Y a mí buscarme has en ti.
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      Caminemos para el cielo
        La pobreza es el camino
        El mismo por donde vino
        Nuestro Emperador al suelo,
        Hijos del Carmelo.

        Caminemos, caminemos,
        Caminemos para el cielo
        Hijos del Carmelo
        Caminemos caminemos
        Para el cielo.

        No dejar de nos amar
        Nuestro Dios y nos llamar,
        Sigámosle sin recelo,
        Hijos del Carmelo.

        Vámonos a enriquecer
        A donde nunca ha de haber
        Pobreza ni desconsuelo,
        Hijos del Carmelo.

        Hermanos, si así lo hacemos
        Los contrarios venceremos
        Y a la fin descansaremos
        Con el que hizo tierra y cielo,
        Hijos del Carmelo.
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      Dichoso el corazón enamorado
        Dichoso el corazón enamorado
        Que en sólo Dios ha puesto el pensamiento,
        Por Él renuncia todo lo criado,
        Y en Él halla su gloria y su contento.
        Aún de sí mismo vive descuidado,
        Porque en su Dios está todo su intento,
        Y así alegre pasa y muy gozoso
        Las ondas de este mar tempestuoso.
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      Nada te turbe
        Nada te turbe;
        Nada te espante;
        Todo se pasa;
        Dios no se muda,
        La paciencia
        Todo lo alcanza.
        Quien a Dios tiene,
        Nada le falta.
        Solo Dios basta.

        Eleva tu pensamiento,
        Al cielo sube,
        Por nada te acongojes,
        ''nada te turbe''.

        A Jesucristo sigue
        Con pecho grande,
        Y, venga lo que venga,
        ''nada te espante''.

        ¿Ves la gloria del mundo?
        Es gloria vana;
        Nada tiene de estable,
        "Todo se pasa''.

        Aspira a lo celeste,
        Que siempre dura;
        Fiel y rico en promesas,
        ''Dios no se muda''.

        Ámala cual merece
        Bondad inmensa;
        Pero no hay amor fino
        Sin ''la paciencia''.

        Confianza y fe viva
        Mantenga el alma,
        Que quien cree y espera
        ''Todo lo alcanza''.

        Del infierno acosado
        Aunque se viere,
        Burlará sus furores
        ''Quien a Dios tiene''.

        Vénganle desamparos,
        Cruces, desgracias;
        Siendo Dios tu tesoro
        ''Nada le falta''.

        Id, pues, bienes del mundo;
        Id, dichas vanas;
        Aunque todo lo pierda,
        ''Solo Dios basta''.
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      Si el amor que me tenéis
        Si el amor que me tenéis,
        Dios mío, es como el que os tengo,
        Decidme: ¿en qué me detengo?
        O Vos, ¿en qué os detenéis?
        -Alma, ¿qué quieres de mí?
        -Dios mío, no más que verte.
        -Y ¿qué temes más de ti?
        -Lo que más temo es perderte.

        Un alma en Dios escondida
        ¿Qué tiene que desear,
        Sino amar y más amar,
        Y en amor toda escondida
        Tornarte de nuevo a amar?

        Un amor que ocupe os pido,
        Dios mío, mi alma os tenga,
        Para hacer un dulce nido
        Adonde más la convenga.
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      Vivo sin vivir en mí
        Vivo sin vivir en mí,
        Y tan alta vida espero,
        Que muero porque no muero.

        Vivo ya fuera de mí
        Después que muero de amor;
        Porque vivo en el Señor,
        Que me quiso para sí;
        Cuando el corazón le di
        Puse en él este letrero:
        Que muero porque no muero.

        Esta divina prisión
        Del amor con que yo vivo
        Ha hecho a Dios mi cautivo,
        Y libre mi corazón;
        Y causa en mí tal pasión
        Ver a Dios mi prisionero,
        Que muero porque no muero.

        ¡Ay, qué larga es esta vida!
        ¡Qué duros estos destierros,
        Esta cárcel, estos hierros
        En que el alma está metida!
        Sólo esperar la salida
        Me causa dolor tan fiero,
        Que muero porque no muero.

        ¡Ay, qué vida tan amarga
        Do no se goza el Señor!
        Porque si es dulce el amor,
        No lo es la esperanza larga.
        Quíteme Dios esta carga,
        Más pesada que el acero,
        Que muero porque no muero.

        Sólo con la confianza
        Vivo de que he de morir,
        Porque muriendo, el vivir
        Me asegura mi esperanza.
        Muerte do el vivir se alcanza,
        No te tardes, que te espero,
        Que muero porque no muero.

        Mira que el amor es fuerte,
        Vida, no me seas molesta;
        Mira que sólo te resta,
        Para ganarte, perderte.
        Venga ya la dulce muerte,
        El morir venga ligero,
        Que muero porque no muero.

        Aquella vida de arriba
        Es la vida verdadera;
        Hasta que esta vida muera,
        No se goza estando viva.
        Muerte, no me seas esquiva;
        Viva muriendo primero,
        Que muero porque no muero.

        Vida, ¿qué puedo yo darle
        A mi Dios, que vive en mí,
        Si no es el perderte a ti
        Para mejor a Él gozarle?
        Quiero muriendo alcanzarle,
        Pues tanto a mi Amado quiero,
        Que muero porque no muero.
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      Vuestra soy, para Vos nací
        Vuestra soy, para Vos nací,
        ¿Qué mandáis hacer de mí?

        Soberana Majestad,
        Eterna sabiduría,
        Bondad buena al alma mía;
        Dios, alteza, un ser, bondad,
        La gran vileza mirad,
        Que hoy os canta amor así.
        ¿Qué mandáis hacer de mí?

        Vuestra soy, pues me criastes,
        Vuestra, pues me redimistes,
        Vuestra, pues que me sufristes,
        Vuestra, pues que me llamastes,
        Vuestra, porque me esperastes,
        Vuestra, pues no me perdí.
        ¿Qué mandáis hacer de mí?

        ¿Qué mandáis, pues, buen Señor,
        Que haga tan vil criado?
        ¿Cuál oficio le habéis dado
        A este esclavo pecador?
        Veisme aquí, mi dulce Amor,
        Amor dulce, veisme aquí,
        ¿Qué mandáis hacer de mí?

        Veis aquí mi corazón,
        Yo le pongo en vuestra palma,
        Mi cuerpo, mi vida y alma,
        Mis entrañas y afición;
        Dulce Esposo y redención
        Pues por vuestra me ofrecí.
        ¿Qué mandáis hacer de mí?

        Dadme muerte, dadme vida:
        Dad salud o enfermedad,
        Honra o deshonra me dad,
        Dadme guerra o paz crecida,
        Flaqueza o fuerza cumplida,
        Que a todo digo que sí.
        ¿Qué queréis hacer de mí?

        Dadme riqueza o pobreza,
        Dad consuelo o desconsuelo,
        Dadme alegría o tristeza,
        Dadme infierno, o dadme cielo,
        Vida dulce, sol sin velo,
        Pues del todo me rendí.
        ¿Qué mandáis hacer de mí?

        Si queréis, dadme oración,
        Sí no, dadme sequedad,
        Si abundancia y devoción,
        Y si no esterilidad.
        Soberana Majestad,
        Sólo hallo paz aquí,
        ¿Qué mandáis hacer de mí?

        Dadme, pues, sabiduría,
        O por amor, ignorancia,
        Dadme años de abundancia,
        O de hambre y carestía;
        Dad tiniebla o claro día
        Revolvedme aquí o allí
        ¿Qué mandáis hacer de mí?

        Si queréis que esté holgando,
        Quiero por amor holgar.
        Si me mandáis trabajar,
        Morir quiero trabajando.
        Decid, ¿dónde, cómo y cuándo?
        Decid, dulce Amor, decid.
        ¿Qué mandáis hacer de mí?

        Dadme Calvario o Tabor,
        Desierto o tierra abundosa,
        Sea Job en el dolor,
        O Juan que al pecho reposa;
        Sea' viña frutuosa
        O estéril, si cumple así.
        ¿Qué mandáis hacer de mí?

        Sea Josef puesto en cadenas,
        O de Egito Adelantado,
        O David sufriendo penas,
        O ya David encumbrado,
        Sea Jonás anegado,
        O libertado de allí,
        ¿Qué mandáis hacer de mí?

        Esté callando o hablando,
        Haga fruto o no lo haga,
        Muéstreme la Ley mi llaga,
        Goce de Evangelio blando;
        Esté penando o gozando,
        Sólo Vos en mí viví,
        ¿Qué mandáis hacer de mí?

        Vuestra soy, para Vos nací
        ¿Qué mandáis hacer de mí?
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      Ya toda me entregué y dí
        Ya toda me entregué y di,
        Y de tal suerte he trocado,
        Que mi Amado es para mí
        Y yo soy para mi Amado.

        Cuando el dulce Cazador
        Me tiró y dejó herida,
        En los brazos del amor
        Mi alma quedó rendida;
        Y, cobrando nueva vida,
        De tal manera he trocado,
        Que mi Amado es para mí
        Y yo soy para mi Amado.

        Hirióme con una flecha
        Enherbolada de amor,
        Y mi alma quedó hecha
        Una con su Criador;
        Ya yo no quiero otro amor,
        Pues a mi Dios me he entregado,
        Y mi Amado es para mí
        Y yo soy para mi Amado.
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Leandro Fernández de Moratín

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    Información biográfica

  1. A Flerida, poetisa
  2. A la capilla del Pilar de Zaragoza
  3. Elegía a las musas
  4. Julio Bruto
  5. La despedida
  6. La noche de Montiel
  7. Por nada, como ves
  8. Rodrigo
  9. Sabia Polimnia


Información biográfica
    Nombre: Leandro Fernández de Moratín
    Lugar y fecha nacimiento: Madrid, España, 10 de marzo de 1760
    Lugar y fecha defunción: París, Francia, 21 de junio de 1828 (68 años)
    Nacionalidad: Española
    Ocupación: Traductor, dramaturgo, ensayista, prosista, poeta
    Movimiento: Neoclasicismo

    Fuente: [Leandro Fernández de Moratín] en Wikipedia.org
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    A Flerida, poetisa
      Basta Cupido ya, que a la divina
      Ninfa del Turia reverente adoro:
      Ni espero libertad, ni alivio imploro,
      Y cedo alegre al astro que me inclina.

      ¿Qué nuevas armas tu rigor destina
      Contra mi vida, si defensa ignoro?
      Sí, ya la admiro entre el castalio coro
      La cítara pulsar griega y latina.

      Ya, coronada del laurel febeo,
      En altos versos llenos de dulzura,
      Oigo su voz, su número elegante.

      Para tanto poder débil trofeo
      Adquieres tú; si sólo su hermosura
      Bastó a rendir mi corazón amante.
    Arriba

    A la capilla del Pilar de Zaragoza
      Estos que levantó de mármol duro
      Sacros altares la ciudad famosa,
      A quien del Ebro la corriente undosa
      Baña los campos y el soberbio muro,

      Serán asombro en el girar futuro
      De los siglos, basílica dichosa,
      Donde el Señor en majestad reposa,
      Y el culto admite reverendo y puro.

      Don que la fe dictó, y erige, eterno,
      Religiosa nación a la divina
      Madre que adora en simulacro santo:

      Por él, vencido el odio del Averno,
      Gloria inmortal el cielo la destina,
      Que tan alta piedad merece tanto.
    Arriba

    Elegía a las musas
      Esta corona adorno de mi frente,
      Esta sonante lira, y flautas de oro,
      Y máscaras alegres, que algún día
      Me disteis, sacras Musas, de mis manos
      Trémulas recibid, y el canto acabe,
      Que fuera osado intento repetirle.
      He visto ya cómo la edad ligera,
      Apresurando a no volver las horas,
      Robó con ellas su vigor al numen.
      Sé que negáis vuestro favor divino
      A la cansada senectud, y en vano
      Fuera implorarle; pero en tanto, bellas
      Ninfas, del verde Pindo habitadoras,
      No me neguéis que os agradezca humilde
      Los bienes que os debí. Si pude un día,
      No indigno sucesor de nombre ilustre,
      Dilatarle famoso; a vos fue dado
      Llevar al fin mi atrevimiento. Solo
      Pudo bastar vuestro amoroso anhelo,
      A prestarme constancia en los afanes
      Que turbaron mi paz, cuando insolente,
      Vano saber, enconos y venganzas,
      Codicia y ambición, la patria mía
      Abandonaron a civil discordia.
      Yo vi del polvo levantarse audaces
      A dominar y perecer, tiranos,
      Atropellarse efímeras las leyes,
      Y llamarse virtudes los delitos.
      Vi las fraternas armas nuestros muros
      Bañar en sangre nuestra, combatirse,
      Vencido y vencedor, hijos de España,
      Y el trono desplomándose, al vendido
      Ímpetu popular. De las arenas
      Que el mar sacude en la fenicia Gades,
      A las que el Tajo lusitano envuelve
      En oro y conchas; uno y otro imperio,
      Iras, desorden esparciendo y luto,
      Comunicarse el funeral estrago.
      Así cuando en Sicilia el Etna ronco
      Revienta incendios, su bifronte cima
      Cubre el Vesubio en humo censo y llamas,
      Turba el Averno sus calladas ondas;
      Y allá del Tibre en la ribera etrusca
      Se estremece la cúpula soberbia,
      Que da sepulcro al sucesor de Cristo.

      ¿Quién pudo en tanto horror mover el plectro?
      ¿Quién dar al verso acordes armonías;
      Oyendo resonar grito de muerte?
      Tronó la tempestad; bramó iracundo
      El huracán, y arrebató a los campos
      Sus frutos, su matiz; la rica pompa
      Destrozó de los árboles sombríos;
      Todas huyeron tímidas las aves
      Del blando nido, en el espanto mudas;
      No más trinos de amor. Así agitaron
      Los tardos años mi existencia; y pudo
      Sólo en región extraña, el oprimido
      Ánimo hallar dulce descanso y vida.

      Breve será, que ya la tumba aguarda
      Y sus mármoles abre a recibirme;
      Ya los voy a ocupar. Si no es eterno
      El rigor de los hados, y reservan
      A mi patria infeliz mayor ventura;
      Dénsela presto, y mi postrer suspiro
      Será por ella... Prevenid en tanto
      Flébiles tonos, enlazad coronas
      De ciprés funeral, musas celestes;
      Y donde a las del mar sus aguas mezcla
      El Garona opulento, en silencioso
      Bosque de lauros y menudos mirtos,
      Ocultad entre flores mis cenizas.
    Arriba

    Julio Bruto
      Suena confuso y mísero lamento
      Por la ciudad; corre la plebe al foro,
      Y entre las faces que le dan decoro
      Ve al gran Senado en el sublime asiento.

      Los cónsules allí. Ya el instrumento
      De Marte llama la atención sonoro;
      Arde el incienso en los altares de oro,
      Y leve el humo se difunde al viento.

      Valerio alza la diestra; en ese instante
      Al uno y otro joven infelice
      Hiere el lictor, y sus cabezas toma.

      Mudo terror al vulgo circunstante
      Ocupa. Bruto se levanta, y dice:
      "Gracias, Jove inmortal; ya es libre Roma".
    Arriba

    La despedida
      Nací de honesta madre: diome el Cielo
      Fácil ingenio en gracias, afluente:
      Dirigir supo el ánimo inocente
      A la virtud, el paternal desvelo.

      Con sabido estudio, infatigable anhelo,
      Pude adquirir coronas a mi frente:
      La corva escena resonó en frecuente
      Aplauso, alzando de mi nombre el vuelo.

      Dócil, veraz: de muchos ofendido,
      De ninguno ofensor, las Musas bellas
      Mi pasión fueron, el honor mi guía.

      Pero si así las leyes atropellas,
      Si para ti los méritos han sido
      Culpas; adiós, ingrata patria mía.
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    La noche de Montiel
      ¿Adónde, adónde está, dice el Infante,
      Ese feroz tirano de Castilla?
      Pedro al verle, desnuda la cuchilla,
      Y se presenta a su rival delante.

      Cierra con él, y en lucha vacilante
      Le postra, y pone al pecho la rodilla:
      Beltrán (aunque sus glorias amancilla)
      Trueca a los hados del temido instante.

      Herido el rey por la fraterna mano,
      Joven expira con horrenda muerte,
      Y el trono y los rencores abandona.

      No aguardes premios en el Mundo vano
      La inocente virtud; si das la suerte
      Por un delito atroz, una corona.
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    Por nada, como ves
      - Siete duros al mes de peluquero;
      Para calzarme, nueve; las criadas
      - Que necesito dos- no están pagadas
      Si no les doy cien reales en dinero.

      Diez duros al bribón de mi casero;
      Telas, plumas, caireles, arracadas,
      Blondas, medias, hechuras y puntadas
      De madama Burlet y del platero...

      Noventa duros, poco más. - Noventa,
      Diez, siete, nueve, cinco... ¡Y la comida!
      - ¿No la quiere pagar, y somos cuatro?

      - ¿Y esto en un mes? - Si a usted no le contenta...
      - Sí, calla. Bien. ¡Hermosa de mi vida!...
      ¡Ay del que tiene amor en el teatro!
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    Rodrigo
      Cesa en la octava noche el ronco estruendo
      De la sangrienta militar porfía;
      El campo godo destrozado ardía
      Con llama que descubre estrago horrendo.

      Rodrigo en tanto, su peligro viendo,
      Por ignorada senda se desvía
      Y, muerto Orelio, entre la sombra fría
      Herido y débil se acelera huyendo.

      En vano el Lete con raudal undoso
      El paso estorba al príncipe, a quien ciega
      De cadena o suplicio el justo espanto.

      Surca las aguas, cede al poderoso
      Ímpetu, expira el infeliz y entrega
      El cuerpo al fondo, a la corriente el manto.
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    Sabia Polimnia
      Sabia Polimnia en razonar sonoro
      Verdades dicta, disipando errores;
      Mide Urania los cercos superiores
      De los planetas y el luciente coro.

      Une en la historia el interés decoro
      Clío y Euterpe canta los pastores;
      Mudanzas de la suerte y sus rigores
      Melpómene feroz, bañada en lloro;

      Calíope victorias; danzas guía
      Terpsícore gentil; Erato en rosas
      Cubre las flechas del amor y el arco;

      Pinta vicios ridículos Talía
      En fábulas que anima deleitosas;
      Y esta le inspira al español Inarco.
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Jorge Manrique

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    Información biográfica

  1. Coplas por la muerte de su padre/1
  2. Coplas por la muerte de su padre/2
  3. Coplas por la muerte de su padre/3
  4. Coplas por la muerte de su padre/4
  5. Coplas por la muerte de su padre/5
  6. Coplas por la muerte de su padre/6
  7. Coplas por la muerte de su padre/7
  8. Coplas por la muerte de su padre/8
  9. Coplas por la muerte de su padre/9
  10. Coplas por la muerte de su padre/10
  11. Coplas por la muerte de su padre/11
  12. Coplas por la muerte de su padre/12
  13. Coplas por la muerte de su padre/13
  14. Coplas por la muerte de su padre/14
  15. Coplas por la muerte de su padre/15
  16. Coplas por la muerte de su padre/16
  17. Coplas por la muerte de su padre/17
  18. Coplas por la muerte de su padre/18
  19. Coplas por la muerte de su padre/19
  20. Coplas por la muerte de su padre/20
  21. Coplas por la muerte de su padre/21
  22. Coplas por la muerte de su padre/22
  23. Coplas por la muerte de su padre/23
  24. Coplas por la muerte de su padre/24
  25. Coplas por la muerte de su padre/25
  26. Coplas por la muerte de su padre/26
  27. Coplas por la muerte de su padre/27
  28. Coplas por la muerte de su padre/28
  29. Coplas por la muerte de su padre/29
  30. Coplas por la muerte de su padre/30
  31. Coplas por la muerte de su padre/31
  32. Coplas por la muerte de su padre/32
  33. Coplas por la muerte de su padre/33
  34. Coplas por la muerte de su padre/34
  35. Coplas por la muerte de su padre/35
  36. Coplas por la muerte de su padre/36
  37. Coplas por la muerte de su padre/37
  38. Coplas por la muerte de su padre/38
  39. Coplas por la muerte de su padre/39
  40. Coplas por la muerte de su padre/40

  41. A la fortuna
  42. Acordáos, por Dios, señora
  43. Cada vez que mi memoria
  44. Callé por mucho temor
  45. Castillo de amor
  46. Con dolorido cuidado
  47. Con el gran mal que me sobra
  48. Cuanto más pienso serviros
  49. De Don Jorge Manrique quejándose del Dios de amor y cómo razonan el uno con el otro
  50. Es mi pena desear
  51. En una llaga mortal
  52. Entre dos fuegos lanzado
  53. Es una muerte escondida
  54. Escala de amor
  55. Estando ausente de su amiga a un mensajero que allá enviaba
  56. Hallo que ningún poder
  57. Justa fue mi perdición
  58. Los fuegos que en mí encendieron
  59. Memorial que hizo a su corazón, que parte al desconocimiento de su amiga donde él tiene todos sus sentidos
  60. Ni vivir quiere que viva
  61. No sé por qué me fatigo
  62. No tardes, Muerte, que muero
  63. ¡Oh mundo, pues que nos matas!
  64. Pensando, señora, en vos
  65. Por vuestro gran merecer
  66. Porque estando él durmiendo le besó su amiga
  67. Qué amador tan desdichado
  68. Quien no estuviese en presencia
  69. Quien tanto veros desea
  70. Siempre amar y amor seguir
  71. Sin Dios y sin vos y mí
  72. Ved qué congoja la mía
  73. Yo callé males sufriendo


Información biográfica
    Nombre: Jorge Manrique
    Lugar y fecha nacimiento: Paredes de Nava, Palencia o Segura de la Sierra, Jaén, c. 1440
    Lugar y fecha defunción: Santa María del Campo Rus, Cuenca, 24 de abril de 1479 (39 años)
    Ocupación: Poeta, soldado
    Movimiento: Prerrenacimiento

    Fuente: [Jorge Manrique] en Wikipedia.org
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    Coplas por la muerte de su padre/1
      Recuerde el alma dormida,
      Avive el seso y despierte
      Contemplando
      Cómo se pasa la vida,
      Cómo se viene la muerte
      Tan callando,
      Cuán presto se va el placer,
      Cómo, después de acordado,
      Da dolor;
      Cómo, a nuestro parecer,
      Cualquiera tiempo pasado
      Fue mejor.
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    Coplas por la muerte de su padre/2
      Pues si vemos lo presente
      Cómo en un punto se es ido
      Y acabado,
      Si juzgamos sabiamente,
      Daremos lo no venido
      Por pasado.
      No se engañe nadie, no,
      Pensando que ha de durar
      Lo que espera,
      Más que duró lo que vio
      Porque todo ha de pasar
      Por tal manera.
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    Coplas por la muerte de su padre/3
      Nuestras vidas son los ríos
      Que van a dar en la mar,
      Que es el morir;
      Allí van los señoríos
      Derechos a se acabar
      Y consumir;
      Allí los ríos caudales,
      Allí los otros medianos
      Y más chicos,
      Y llegados, son iguales
      Los que viven por sus manos
      Y los ricos.
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    Coplas por la muerte de su padre/4
      Dejo las invocaciones
      De los famosos poetas
      Y oradores;
      No curo de sus ficciones,
      Que traen yerbas secretas
      Sus sabores;
      A aquel sólo me encomiendo,
      Aquel sólo invoco yo
      De verdad,
      Que en este mundo viviendo
      El mundo no conoció
      Su deidad.
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    Coplas por la muerte de su padre/5
      Este mundo es el camino
      Para el otro, que es morada
      Sin pesar;
      Mas cumple tener buen tino
      Para andar esta jornada
      Sin errar.
      Partimos cuando nacemos,
      Andamos mientras vivimos,
      Y llegamos
      Al tiempo que fenecemos;
      Así que cuando morimos
      Descansamos.
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    Coplas por la muerte de su padre/6
      Este mundo bueno fue
      Si bien usáramos de él
      Como debemos,
      Porque, según nuestra fe,
      Es para ganar aquel
      Que atendemos.
      Aún aquel hijo de Dios,
      Para subirnos al cielo
      Descendió
      A nacer acá entre nos,
      Y a vivir en este suelo
      Do murió.
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    Coplas por la muerte de su padre/7
      Ved de cuán poco valor
      Son las cosas tras que andamos
      Y corremos,
      Que en este mundo traidor,
      Aún primero que muramos
      Las perdemos:
      De ellas deshace la edad,
      De ellas casos desastrados
      Que acaecen,
      De ellas, por su calidad,
      En los más altos estados
      Desfallecen.
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    Coplas por la muerte de su padre/8
      Decidme: la fermosura,
      La gentil frescura y tez
      De la cara,
      El color y la blancura,
      Cuando viene la vejez,
      ¿Cuál se para?
      Las mañas y ligereza
      Y la fuerza corporal
      De juventud,
      Todo se torna graveza
      Cuando llega al arrabal
      De senectud.
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    Coplas por la muerte de su padre/9
      Pues la sangre de los godos,
      Y el linaje y la nobleza
      Tan crecida,
      ¡Por cuántas vías y modos
      Se pierde su gran alteza
      En esta vida!
      Unos, por poco valer,
      ¡Por cuán bajos y abatidos
      Que los tienen!
      Otros que, por no tener,
      Con oficios no debidos
      Se mantienen.
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    Coplas por la muerte de su padre/10
      Los estados y riqueza
      Que nos dejan a deshora,
      ¿Quién lo duda?
      No les pidamos firmeza,
      Pues son de una señora
      Que se muda.
      Que bienes son de Fortuna
      Que revuelven con su rueda
      Presurosa,
      La cual no puede ser una
      Ni estar estable ni queda
      En una cosa.
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    Coplas por la muerte de su padre/11
      Pero digo que acompañen
      Y lleguen hasta la huesa
      Con su dueño:
      Por eso nos engañen,
      Pues se va la vida apriesa
      Como sueño;
      Y los deleites de acá
      Son, en que nos deleitamos,
      Temporales,
      Y los tormentos de allá,
      Que por ellos esperamos,
      Eternales.
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    Coplas por la muerte de su padre/12
      Los placeres y dulzores
      De esta vida trabajada
      Que tenemos,
      No son sino corredores,
      Y la muerte, la celada
      En que caemos.
      No mirando nuestro daño,
      Corremos a rienda suelta
      Sin parar;
      Desque vemos el engaño
      Y queremos dar la vuelta,
      No hay lugar.
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    Coplas por la muerte de su padre/13
      Si fuese en nuestro poder
      Hacer la cara hermosa
      Corporal,
      Como podemos hacer
      El alma tan gloriosa,
      Angelical,
      ¡Qué diligencia tan viva
      Tuviéramos toda hora,
      Y tan presta,
      En componer la cativa,
      Dejándonos la señora
      Descompuesta!
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    Coplas por la muerte de su padre/14
      Esos reyes poderosos
      Que vemos por escrituras
      Ya pasadas,
      Por casos tristes, llorosos,
      Fueron sus buenas venturas
      Trastornadas;
      Así que no hay cosa fuerte,
      Que a papas y emperadores
      Y prelados,
      Así los trata la muerte
      Como a los pobres pastores
      De ganados.
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    Coplas por la muerte de su padre/15
      Dejemos a los troyanos,
      Que sus males no los vimos
      Ni sus glorias;
      Dejemos a los romanos,
      Aunque oímos y leímos
      Sus historias.
      No curemos de saber
      Lo de aquel siglo pasado
      Qué fue de ello;
      Vengamos a lo de ayer,
      Que también es olvidado
      Como aquello.
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    Coplas por la muerte de su padre/16
      ¿Qué se hizo el rey don Juan?
      Los infantes de Aragón,
      ¿Qué se hicieron?
      ¿Qué fue de tanto galán,
      Qué fue de tanta invención
      Como trajeron?
      Las justas y los torneos,
      Paramentos, bordaduras
      Y cimeras,
      ¿Fueron sino devaneos?
      ¿Qué fueron sino verduras
      De las eras?
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    Coplas por la muerte de su padre/17
      ¿Qué se hicieron las damas,
      Sus tocados, sus vestidos,
      Sus olores?
      ¿Qué se hicieron las llamas
      De los fuegos encendidos
      De amadores?
      ¿Qué se hizo aquel trovar,
      Las músicas acordadas
      Que tañían?
      ¿Qué se hizo aquel danzar,
      Aquellas ropas chapadas
      Que traían?
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    Coplas por la muerte de su padre/18
      Pues el otro, su heredero,
      Don Enrique, ¡qué poderes
      Alcanzaba!
      ¡Cuán blando, cuán halaguero
      El mundo con sus placeres
      Se le daba!
      Mas verás cuán enemigo,
      Cuán contrario, cuán cruel
      Se le mostró;
      Habiéndole sido amigo,
      ¡Cuán poco duró con él
      Lo que le dio!
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    Coplas por la muerte de su padre/19
      Las dádivas desmedidas,
      Los edificios reales
      Llenos de oro,
      Las vajillas tan febridas,
      Los enriques y reales
      Del tesoro;
      Los jaeces, los caballos
      De sus gentes y atavíos
      Tan sobrados,
      ¿Dónde iremos a buscallos?
      ¿Qué fueron sino rocíos
      De los prados?
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    Coplas por la muerte de su padre/20
      Pues su hermano el inocente,
      Que en su vida sucesor
      Se llamó,
      ¡Qué corte tan excelente
      Tuvo y cuánto gran señor
      Le siguió!
      Mas, como fuese mortal,
      Metiole la muerte luego
      En su fragua.
      ¡Oh, juicio divinal,
      Cuando más ardía el fuego,
      Echaste agua!
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    Coplas por la muerte de su padre/21
      Pues aquel gran Condestable,
      Maestre que conocimos
      Tan privado,
      No cumple que de él se hable,
      Sino sólo que lo vimos
      Degollado.
      Sus infinitos tesoros,
      Sus villas y sus lugares,
      Su mandar,
      ¿Qué le fueron sino lloros?
      ¿Qué fueron sino pesares
      Al dejar?
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    Coplas por la muerte de su padre/22
      Y los otros dos hermanos,
      Maestres tan prosperados
      Como reyes,
      Que a los grandes y medianos
      Trajeron tan sojuzgados
      A sus leyes;
      Aquella prosperidad
      Que tan alta fue subida
      Y ensalzada,
      ¿Qué fue sino claridad
      Que cuando más encendida
      Fue amatada? 
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    Coplas por la muerte de su padre/23
      Tantos duques excelentes,
      Tantos marqueses y condes
      Y varones
      Como vimos tan potentes,
      Di, muerte, ¿dó los escondes
      Y traspones?
      Y las sus claras hazañas
      Que hicieron en las guerras
      Y en las paces,
      Cuando tú, cruda, te ensañas,
      Con tu fuerza las atierras
      Y deshaces.
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    Coplas por la muerte de su padre/24
      Las huestes innumerables,
      Los pendones, estandartes
      Y banderas,
      Los castillos impugnables,
      Los muros y baluartes
      Y barreras,
      La cava honda, chapada,
      O cualquier otro reparo,
      ¿Qué aprovecha?
      Que si tú vienes airada,
      Todo lo pasas de claro
      Con tu flecha.
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    Coplas por la muerte de su padre/25
      Aquel de buenos abrigo,
      Amado por virtuoso
      De la gente,
      El maestre don Rodrigo
      Manrique, tanto famoso
      Y tan valiente;
      Sus hechos grandes y claros
      No cumple que los alabe,
      Pues los vieron,
      Ni los quiero hacer caros
      Pues que el mundo todo sabe
      Cuáles fueron.
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    Coplas por la muerte de su padre/26
      Amigo de sus amigos,
      ¡Qué señor para criados
      Y parientes!
      ¡Qué enemigo de enemigos!
      ¡Qué maestro de esforzados
      Y valientes!
      ¡Qué seso para discretos!
      ¡Qué gracia para donosos!
      ¡Qué razón!
      ¡Cuán benigno a los sujetos!
      ¡A los bravos y dañosos,
      Qué león! ....
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    Coplas por la muerte de su padre/27
      En ventura Octaviano;
      Julio César en vencer
      Y batallar;
      En la virtud, Africano;
      Aníbal en el saber
      Y trabajar;
      En la bondad, un Trajano;
      Tito en liberalidad
      Con alegría;
      En su brazo, Aureliano;
      Marco Tulio en la verdad
      Que prometía.
    Arriba

    Coplas por la muerte de su padre/28
      Antonio Pío en clemencia;
      Marco Aurelio en igualdad
      Del semblante;
      Adriano en elocuencia;
      Teodosio en humanidad
      Y buen talante;
      Aurelio Alejandro fue
      En disciplina y rigor
      De la guerra;
      Un Constantino en la fe,
      Camilo en el gran amor
      De su tierra.
    Arriba

    Coplas por la muerte de su padre/29
      No dejó grandes tesoros,
      Ni alcanzó muchas riquezas
      Ni vajillas;
      Mas hizo guerra a los moros,
      Ganando sus fortalezas
      Y sus villas;
      Y en las lides que venció,
      Muchos moros y caballos
      Se perdieron;
      Y en este oficio ganó
      Las rentas y los vasallos
      Que le dieron.
    Arriba

    Coplas por la muerte de su padre/30
      Pues por su honra y estado,
      En otros tiempos pasados,
      ¿Cómo se hubo?
      Quedando desamparado,
      Con hermanos y criados
      Se sostuvo.
      Después que hechos famosos
      Hizo en esta misma guerra
      Que hacía,
      Hizo tratos tan honrosos
      Que le dieron aún más tierra
      Que tenía.
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    Coplas por la muerte de su padre/31
      Estas sus viejas historias
      Que con su brazo pintó
      En juventud,
      Con otras nuevas victorias
      Ahora las renovó
      En senectud.
      Por su grande habilidad,
      Por méritos y ancianía
      Bien gastada,
      Alcanzó la dignidad
      De la gran Caballería
      De la Espada.
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    Coplas por la muerte de su padre/32
      Y sus villas y sus tierras
      Ocupadas de tiranos
      Las halló;
      Mas por cercos y por guerras
      Y por fuerza de sus manos
      Las cobró.
      Pues nuestro rey natural,
      Si de las obras que obró
      Fue servido,
      Dígalo el de Portugal
      Y en Castilla quien siguió
      Su partido.
    Arriba

    Coplas por la muerte de su padre/33
      Después de puesta la vida
      Tantas veces por su ley
      Al tablero;
      Después de tan bien servida
      La corona de su rey
      Verdadero:
      Después de tanta hazaña
      A que no puede bastar
      Cuenta cierta,
      En la su villa de Ocaña
      Vino la muerte a llamar
      A su puerta,
    Arriba

    Coplas por la muerte de su padre/34
      Diciendo: "Buen caballero,
      Dejad el mundo engañoso
      Y su halago;
      Vuestro corazón de acero,
      Muestre su esfuerzo famoso
      En este trago;
      Y pues de vida y salud
      Hicisteis tan poca cuenta
      Por la fama,
      Esfuércese la virtud
      Para sufrir esta afrenta
      Que os llama.
    Arriba

    Coplas por la muerte de su padre/35
      No se os haga tan amarga
      La batalla temerosa
      Que esperáis,
      Pues otra vida más larga
      De la fama gloriosa
      Acá dejáis,
      (Aunque esta vida de honor
      Tampoco no es eternal
      Ni verdadera);
      Mas, con todo, es muy mejor
      Que la otra temporal
      Perecedera.
    Arriba

    Coplas por la muerte de su padre/36
      El vivir que es perdurable
      No se gana con estados
      Mundanales,
      Ni con vida deleitable
      En que moran los pecados
      Infernales;
      Mas los buenos religiosos
      Gánanlo con oraciones
      Y con lloros;
      Los caballeros famosos,
      Con trabajos y aflicciones
      Contra moros.
    Arriba

    Coplas por la muerte de su padre/37
      Y pues vos, claro varón,
      Tanta sangre derramasteis
      De paganos,
      Esperad el galardón
      Que en este mundo ganasteis
      Por las manos;
      Y con esta confianza
      Y con la fe tan entera
      Que tenéis,
      Partid con buena esperanza,
      Que esta otra vida tercera
      Ganaréis."
    Arriba

    Coplas por la muerte de su padre/38
      "No tengamos tiempo ya
      En esta vida mezquina
      Por tal modo,
      Que mi voluntad está
      Conforme con la divina
      Para todo;
      Y consiento en mi morir
      Con voluntad placentera,
      Clara y pura,
      Que querer hombre vivir
      Cuando Dios quiere que muera
      Es locura.
    Arriba

    Coplas por la muerte de su padre/39
      Tú, que por nuestra maldad,
      Tomaste forma servil
      Y bajo nombre;
      Tú, que a tu divinidad
      Juntaste cosa tan vil
      Como es el hombre;
      Tú, que tan grandes tormentos
      Sufriste sin resistencia
      En tu persona,
      No por mis merecimientos,
      Mas por tu sola clemencia
      Me perdona."
    Arriba

    Coplas por la muerte de su padre/40
      Así, con tal entender,
      Todos sentidos humanos
      Conservados,
      Cercado de su mujer
      Y de sus hijos y hermanos
      Y criados,
      Dio el alma a quien se la dio
      (El cual la ponga en el cielo
      En su gloria),
      Que aunque la vida perdió
      Dejónos harto consuelo
      Su memoria.
    Arriba

    A la fortuna
      I

      Fortuna, no me amenaces,
      Ni menos me muestres gesto
      Mucho duro,
      Que tus guerras y tus paces
      Conozco bien, y por esto
      No me curo;
      Antes tomo más denuedo,
      Pues tanto almacén de males
      Has gastado,
      Aunque tú me pones miedo
      Diciendo que los mortales
      Has guardado.

      II

      Y ¿qué más puede pasar
      Dolor mortal ni pasión
      De ningún arte,
      Que herir y atravesar
      Por medio mi corazón
      De cada parte?
      Pues una cosa diría,
      Y entiendo que la jurase
      Sin mentir:
      Que ningún golpe vendría
      Que por otro no acertase
      A me herir.

      III

      ¿Piensas tú que no soy muerto
      Por no ser todas de muerte
      Mis heridas?
      Pues sabe que puede, cierto,
      Acabar lo menos fuerte
      Muchas vidas;
      Mas está en mi fe mi vida,
      Y mi fe está en el vivir
      De quien me pena;
      Así que de mi herida
      Yo nunca puedo morir
      Sino de ajena.

      IV

      Y pues esto visto tienes,
      Que jamás podrás conmigo
      Por herirme,
      Torna ahora a darme bienes,
      Por que tengas por amigo
      Hombre tan firme;
      Mas no es tal tu calidad
      Para que hagas mi ruego,
      Ni podrás,
      Que hay muy gran contrariedad
      Porque tú te mudas luego;
      Yo, jamás.

      V

      Y pues ser buenos amigos
      Por tu mala condición
      No podemos,
      Tornemos como enemigos
      A esta nuestra cuestión,
      Y porfiemos;
      En la cual, si no me vences,
      Yo quedo por vencedor
      Conocido;
      Pues dígote que comiences
      Y no debo haber temor, pues te convido.

      VI

      Que ya las armas probé
      Para mejor defenderme
      Y más guardarme,
      Y la fe sola hallé
      Que de ti puede valerme
      Y defensarme;
      Mas esta sola sabrás
      Que no sólo me es defensa,
      Mas victoria:
      Así que tú llevarás
      De este debate la ofensa;
      Yo, la gloria.

      VII

      De los daños que me has hecho
      Tanto tiempo guerreando
      Contra mí,
      Me queda sólo un provecho,
      Porque soy más esforzado
      Contra ti;
      Y conozco bien tus mañas,
      Y en pensando tú la cosa,
      Ya la entiendo,
      Y veo cómo me engañas;
      Mas mi fe es tan porfiosa.
      Que lo atiendo.

      VIII

      Y entiendo bien tus maneras
      Y tus halagos traidores,
      Nunca buenos,
      Que nunca son verdaderas
      Y en este caso de amores,
      Mucho menos;
      Ni tampoco muy agudas
      Ni de gran poder ni fuerza,
      Pues sabemos
      Que te vuelves y te mudas;
      Mas Amor nos manda y fuerza
      Que esperemos.

      IX

      Que tus engaños no engañan,
      Sino al que amor desigual
      Tiene y prende;
      Que al mudable nunca dañan,
      Porque toma el bien, y el mal
      No lo atiende.
      Estos me vengan de ti:
      Pero no es para alegrarme
      Tal venganza,
      Que pues tú heriste a mí,
      Yo tenía que vengarme
      Por mi lanza.

      X

      Mas venganza que no puede
      -Sin la firmeza quebrar-
      Ser tomada,
      Más contento soy que quede
      Mi herida sin vengar
      Que no vengada;
      Mas, con todo, he gran placer
      Porque tornan tus bonanzas
      Y no esperan,
      Ni duran en su querer
      A que vuelvan tus mudanzas
      Y que mueran.

      XI - CABO

      Desde aquí te desafío
      A fuego, sangre y a hierro,
      En esta guerra;
      Pues en tus bienes no fío,
      No quiero esperar más yerro
      De quien yerra:
      Que quien tantas veces miente,
      Aunque ya diga verdad,
      No es de creer;
      Pues airado ni placiente,
      Tu gesto mi voluntad
      No quiere ver.
    Arriba

    Acordáos, por Dios, señora
      I

      Acordáos, por Dios, señora,
      Cuánto ha que comencé
      Vuestro servicio,
      Como un día ni una hora
      Nunca dejo ni dejé
      De tal oficio;
      Acordáos de mis dolores,
      Acordáos de mis tormentos
      Que he sentido;
      Acordáos de los temores
      Y males y pensamientos
      Que he sufrido.

      II

      Acordáos cómo, en presencia,
      Me hallasteis siempre firme
      Y muy leal;
      Acordáos cómo, en ausencia,
      Nunca pude arrepentirme
      De mi mal;
      Acordáos cómo soy vuestro
      Sin jamás haber pensado
      Ser ajeno;
      Acordáos cómo no muestro
      El medio mal que he pasado
      Por ser bueno.

      III

      Acordáos que no sentisteis,
      En mi vida, una mudanza
      Que hiciese;
      Acordáos que no me disteis,
      En la vuestra, una esperanza
      Que viviese;
      Acordáos de la tristura
      Que siento yo por la vuestra
      Que mostráis;
      Acordáos ya, por mesura,
      Del dolor que en mí se muestra
      Y vos negáis.

      IV

      Acordáos que fui sujeto
      Y soy, a vuestra belleza,
      Con razón;
      Acordáos que soy secreto,
      Acordáos de mi firmeza
      Y afición;
      Acordáos de lo que siento
      Cuando parto y vos quedáis,
      O vos partís;
      Acordáos cómo no miento,
      Aunque vos no lo pensáis,
      Según decís.

      V

      Acordáos de los enojos
      Que me habéis hecho pasar,
      Y los gemidos;
      Acordáos ya de mis ojos,
      Que de mis males llorar
      Están perdidos;
      Acordáos de cuánto os quiero
      Acordáos de mi deseo
      Y mis suspiros;
      Acordáos cómo si muero
      De estos males que poseo,
      Es por serviros.

      VI

      Acordáos que llevaréis
      Un tal cargo sobre vos
      Si me matáis,
      Que nunca lo pagaréis
      Ante el mundo ni ante Dios,
      Aunque queráis;
      Y aunque yo sufra paciente
      A muerte y de voluntad
      Mucho lo hecho,
      No faltará algún pariente
      Que dé queja a la Hermandad
      De tan mal hecho.

      VII

      Después que pedí justicia,
      Torno ya a pedir merced
      A la bondad,
      No porque haya gran codicia
      De vivir, mas vos habed
      Ya piedad;
      Y creedme lo que os cuento,
      Pues que mi mote sabéis
      Que dice así:
      Ni miento ni me arrepiento,
      Ni jamás conoceréis
      Al en mí.

      VIII - Cabo

      Por fin de lo que desea
      Mi servir y mi querer
      Y firme fe,
      Consentid que vuestro sea,
      Pues que vuestro quiero ser,
      Y lo seré,
      Y perded toda la duda
      Que tomasteis contra mí
      De ayer acá,
      Que mi servir no se muda,
      Aunque no pensáis que sí,
      Ni mudara.
    Arriba

    Cada vez que mi memoria
      I

      Cada vez que mi memoria
      Vuestra beldad representa,
      Mi penar se torna gloria.
      Mis servicios en victoria,
      Mi morir, vida contenta.

      II

      Y queda mi corazón
      Bien satisfecho en serviros;
      El pago de sus suspiros
      Halo por buen galardón;
      Porque vista la memoria
      En que a vos os representa,
      Su penar se torna gloria,
      Sus servicios en victoria,
      Su morir, vida contenta.
    Arriba

    Esparza: Callé por mucho temor
      Callé por mucho temor;
      Temo, por mucho callar,
      Que la vida perderé;
      Así con tan grande amor
      No puedo, triste, pensar
      Qué remedio me daré.
      Porque alguna vez hablé,
      Halléme de ello tan mal,
      Que, sin duda, más valiera
      Callar, mas tan bien callé
      Y pené tan desigual,
      Que, más callando, muriera.
    Arriba

    Castillo de amor
      I

      Hame tan bien defendido,
      Señora, vuestra memoria
      De mudanza,
      Que jamás, nunca, ha podido
      Alcanzar de mi victoria
      Olvidanza:
      Porque estáis apoderada
      Vos de toda mi firmeza
      En tal son,
      Que no puede ser tomada
      A fuerza mi fortaleza
      Ni a traición.

      II

      La fortaleza nombrada
      Está en los altos alcores
      De una cuesta,
      Sobre una peña tajada,
      Maciza toda de amores,
      Muy bien puesta:
      Y tiene dos baluartes
      Hacia el cabo que ha sentido
      El olvidar,
      Y cerca a las otras partes,
      Un río mucho crecido,
      Que es membrar.

      III

      El muro tiene de amor,
      Las almenas de lealtad,
      La barrera
      Cual nunca tuvo amador,
      Ni menos la voluntad
      De tal manera;
      La puerta de un tal deseo,
      Que aunque esté del todo entrada
      Y encendida,
      Si presupongo que os veo,
      Luego la tengo cobrada
      Y socorrida.

      IV

      Las cavas están cavadas
      En medio de un corazón
      Muy leal,
      Y después todas chapadas
      De servicios y afición
      Muy desigual;
      De una fe firme la puente
      Levadiza, con cadena
      De razón,
      Razón que nunca consiente
      Pasar hermosura ajena
      Ni afición.

      V

      Las ventanas son muy bellas,
      Y son de la condición
      Que dirá aquí:
      Que no pueda mirar de ellas
      Sin ver a vos en visión
      Delante mí;
      Mas no visión que me espante,
      Pero póneme tal miedo,
      Que no oso
      Deciros nada delante,
      Pensando ser tal denuedo
      Peligroso.

      VI

      Mi pensamiento -que está
      En una torre muy alta,
      Que es verdad-
      Sed cierta que no hará,
      Señora, ninguna falta
      Ni fealdad;
      Que ninguna hermosura
      Ni buen gesto,
      No puede tener en nada
      Pensando en vuestra figura
      Que siempre tiene pensada
      Para esto.

      VII

      Otra torre, que es ventura,
      Está del todo caída
      A todas partes,
      Porque vuestra hermosura
      La ha muy recio combatida
      Con mil artes,
      Con jamás no querer bien,
      Antes matar y herir
      Y desamar
      Un tal servidor, a quien
      Siempre debiera guarir
      Y defensar.

      VIII

      Tiene muchas provisiones
      Que son cuidados y males
      Y dolores,
      Angustias, fuertes pasiones,
      Y penas muy desiguales
      Y temores,
      Que no pueden fallecer
      Aunque estuviese cercado
      Dos mil años,
      Ni menos entrar placer
      A do hay tanto cuidado
      Y tantos daños.

      IX

      En la torre de homenaje
      Está puesto toda hora
      Un estandarte,
      Que muestra por vasallaje
      El nombre de su señora
      A cada parte;
      Que comienza como más
      El nombre y como valer
      El apellido,
      A la cual nunca jamás
      Yo podré desconocer
      Aunque perdido.

      X - Fin

      A tal postura os salgo
      Con muy firme juramento
      Y fuerte jura,
      Como vasallo hidalgo
      Que por pesar ni tormento
      Ni tristura,
      A otro no lo entregar
      Aunque la muerte esperase
      Por vivir,
      Ni aunque lo venga a cercar
      El Dios de amor, y llegase
      A lo pedir.
    Arriba

    Con dolorido cuidado
      I

      Con dolorido cuidado,
      desgrado, pena y dolor,
      parto yo, triste amador,
      de amores desamparado,
      de amores, que no de amor.

      II

      Y el corazón, enemigo
      De lo que mi vida quiere,
      Ni halla vida ni muere
      Ni queda ni va conmigo;
      Sin ventura, desdichado,
      Sin consuelo, sin favor,
      Parto yo, triste amador,
      De amores desamparado,
      De amores, que no de amor.
    Arriba

    Con el gran mal que me sobra
      I

      Con el gran mal que me sobra
      Y el gran bien que me fallece,
      En comenzando algún obra.
      La tristeza que me cobra
      Todas mis ganas empece;
      Y en queriendo ya callar,
      Se levantan mil suspiros
      Y gemidos a la par,
      Que no me dejan estar
      Ni me muestran qué deciros.

      II

      No que mi decir se esconda,
      Mas no hallo que aproveche,
      Que puesto que me responda
      Vuestra vela o vuestra ronda,
      Responderá que yo peche;
      Dirá luego: -¿Quién te puso
      En contienda ni cuestión?
      Yo, aunque bien no me escuso
      Ni rehúso ser confuso,
      Contaré la ocasión.

      III

      Y diré que me llamaron
      Por los primeros mensajes,
      Cien mil que os alabaron
      Y alabando no negaron
      Recibidos mil ultrajes;
      Mas es tal vuestra beldad,
      Vuestras gracias y valer,
      Que Razón y Voluntad
      Os dieron su libertad
      Sin poderse defender.

      IV

      Emprendí, pues, noramala
      Ya de veros por mi mal,
      Y en subiendo por la escala,
      No sé cuál pie me resbala,
      No curé de la señal;
      Y en llegando a la presencia
      De bienes tan remontados,
      Mis Deseos y Cuidados
      Todos se vieron lanzados
      Delante vuestra excelencia.

      V

      Allí fue la gran cuestión
      Entre Querer y Temor;
      Cada cual con su razón
      Esforzando la pasión
      Y alterando la color;
      Y aunque estaba apercibido
      Y artero de escarmentado,
      Cuando hubieron concluido,
      El temeroso partido
      Se rindió al esforzado.

      VI

      Y como tardé en me dar
      Esperando toda afrenta,
      Después no pude sacar
      Partido para quedar
      Con alguna fuerza exenta;
      Antes me di tan entero
      A vos sola de quien soy,
      Que merced de otra no espero,
      Sino de vos, por quien muero,
      Y aunque muera, más me doy.

      VII

      Y en hallándome cautivo
      Y alegre de tal prisión,
      Ni me fue el placer esquivo
      Ni el pensar me dio motivo
      De sentir mi perdición;
      Antes fui acrecentando
      Las fuerzas de mis prisiones
      Y mis pasos acortando,
      Sintiendo, yendo, mirando
      Vuestras obras y razones.

      VIII

      Y aunque todos mis sentidos
      De sus fines no gozaron,
      Los ojos embebecidos
      Fueron tan bien acogidos,
      Que del todo me alegraron;
      Mas mi dicha -no hadada
      A consentirme tal gozo-
      Se volvió tan presto airada,
      Que mi bien fue todo nada
      Y mi gozo fue en el pozo.

      IX

      Robome una niebla oscura
      Esta gloria de mis ojos,
      La cual, por mi desventura,
      Fue ocasión de mi tristura,
      Y aun la fin de mis enojos;
      Cual quedé, pues, yo quedando,
      Ya no hay mano que lo escriba,
      Que si yo lo voy pintando,
      Mis ojos lo van borrando
      Con gotas de sangre viva.

      X

      La crudeza de mis males
      Más se calla en la decir,
      Pues mis dichos no son tales
      Que igualen las desiguales
      Congojas de mi vivir;
      Mas después de atormentado
      Con cien mil agrios martirios,
      Diré cual amortajado
      Queda muerto y no enterrado,
      A oscuras, sin luz ni cirios.

      XI

      Cual aquel cuerpo sagrado
      De San Vicente bendito,
      Después de martirizado,
      A las fieras fue lanzado
      Por cruel mando maldito;
      Mas otro mando mayor
      De Dios, por quien padeció,
      Le envió por defensor
      Un lobo muy sin temor
      Y un cuervo que lo ayudó.

      XII - FIN

      Así aguardan mi persona,
      Por milagro, desque he muerto,
      Un león con su corona
      Y un cuervo que no abandona
      Mi ser hasta ser despierto.
      Venga, pues, vuestra venida
      En fin de toda mi cuenta;
      Venga ya y verá mi vida
      Que se fue con vuestra ida,
      Mas debe quedar contenta.
    Arriba

    Cuanto más pienso serviros
      I

      Cuanto más pienso serviros,
      Tanto queréis más causar
      Que gaste mi fe en suspiros
      Y mi vida en desear
      Lo que no puedo alcanzar.

      II

      Bien conozco que estoy ciego
      Y que mi gran fe me ciega,
      Y que esperando me niega
      Que no os venceréis de ruego,
      Y que, por mucho serviros,
      No dejaréis de causar
      Que gaste mi fe en suspiros
      Y mi vida en desear
      Lo que no puedo alcanzar.
    Arriba

    De Don Jorge Manrique quejándose del Dios de amor y cómo razonan el uno con el otro
      I

      ¡Oh, muy alto Dios de amor
      Por quien mi vida se guía!
      ¿Cómo sufres tú, señor,
      Siendo justo juzgador,
      En tu ley tal herejía?
      ¿Que se pierda el que sirvió,
      Que se olvide lo servido,
      Que viva quien engañó,
      Que muera quien bien amó,
      Que valga el amor fingido?

      II

      Pues que tales sinrazones
      Consientes pasar así,
      Suplícote que perdones
      Mi lengua, si con pasiones
      Dijere males de ti.

      Que no soy yo el que lo digo,
      Sino tú, que me hiciste
      Las obras como enemigo:
      Teniéndote por amigo
      Me trocaste y me vendiste.

      III

      Si eres Dios de verdad,
      ¿Por qué consientes mentiras?
      Si tienen en ti bondad,
      ¿Por qué sufres tal maldad?
      ¿O qué aprovechan tus iras,
      Tus sañas tan espantosas
      Con que castigas y hieres?

      Tus fuerzas tan poderosas
      -Pues comportas tales cosas-
      Di, ¿para cuándo las quieres?

      IV - Responde en dios Amor

      Amador: Sabe que Ausencia
      Te acusó y te condenó,
      Que si fuera en tu presencia,
      No se diera la sentencia
      Injusta como se dio;
      Ni pienses que me ha placido
      Por haberte condenado,
      Porque bien he conocido
      Que perdí en lo perdido
      Y pierdo en lo que he ganado.

      V - Replica el aquejado

      ¡Qué inicio tan bien dado,
      Qué justicia y qué dolor,
      Condenar al apartado,
      Nunca oído ni llamado
      El ni su procurador!
      Así que por disculparte,
      Lo que pones por excusa,
      Lo que dices por salvarte
      Es para más condenarte
      Porque ello mismo te acusa.

      VI - Responde el dios de Amor

      Amansa tu turbación,
      Recoge tu seso un poco,
      No quieras dar ocasión
      A tu gran alteración
      Que te pueda tornar loco;
      Que bien puedes apelar,
      Que otro Dios hay sobre mí
      Que te pueda remediar,
      Y a mí también castigar
      Si mala sentencia di.

      VII - Replica el aquejado

      Ese Dios alto sin cuento,
      Bien sé yo que es el mayor;
      Mas, con mi gran desatiento,
      Le tengo muy descontento
      Por servir a ti, traidor,
      Que con tu ley halaguera
      Me engañaste, y has traído
      A dejar la verdadera,
      Y seguirte en la manera
      Que sabes que te he seguido.

      VIII

      En ti solo tuve fe
      Después que te conocí;
      Pues ¿cómo pareceré
      Ante el Dios a quien erré
      Quejando del que serví?
      Que me dirá, con razón,
      Que me valga cuyo so,
      Y que pida el galardón
      A quien tuve el afición,
      Que él nunca me conoció.

      IX

      Mas, pues no fue justamente
      Esa tu sentencia dada
      Contra mí, por ser ausente,
      Ahora que estoy presente
      Revócala, pues fue errada,
      Y dame plazo y traslado
      Que diga de mi derecho;
      Y si no fuese culpado,
      Tú serás el condenado,
      Yo quedaré satisfecho.

      X - Responde el dios Amor

      Aunque mucho te agraviaste,
      No sería Dios constante
      Si mi sentencia mudaste,
      Por eso cumple que pase
      Como va, y vaya delante.
      Y pues más no puede ser,
      Mira qué quieres en pago,
      Que cuanto pueda hacer,
      Haré por satisfacer
      El agravio que te hago.

      XI - Replica el aquejado

      Ni por tu gran señorío
      Nunca tal conseguiré,
      Ni tienes tal poderío
      Para quitarme lo mío
      Sin razón y sin porqué.

      Porque si bienes me diste,
      Sabes que los merecía;
      Mas el mal que me hiciste
      Sólo fue porque quisiste,
      Pero no por culpa mía.

      XII

      Que aunque seas poderoso,
      Haslo de ser en lo justo;
      Pero no voluntarioso,
      Criminoso y achacoso,
      Haciendo lo que es injusto.
      Si guardares igualdad,
      Todos te obedeceremos;
      Si usares voluntad,
      No nos pidas lealtad
      Porque no te la daremos.

      XIII - Responde el dios de Amor

      No te puedo ya sufrir
      Porque mucho te me atreves;
      Sabes que habré de reñir
      Y aún podrá ser que herir,
      Pues no guardas lo que debes.
      Y pues eres mi vasallo,
      No te hagas mi señor,
      Que no puedo comportallo;
      Ni presumas porque callo
      Que lo hago por temor.

      XIV - Replica el aquejado

      No cures de amenazarme
      Ni estar mucho bravacando, (sic)
      Que tú no puedes dañarme
      En nada más que en matarme,
      Pues esto yo lo demando:
      Ni pienses que he de callar
      Por esto que babeaste,
      Ni me puedes amansar
      Si no me tornas a dar
      Lo mismo que me quitaste.

      XV - Responde el dios de Amor

      Pues sabes que no lo habrás
      De mí jamás en tu vida,
      Veamos qué me darás,
      O qué cobro te harás
      Sin mí para tu herida;
      Y bien sé que has de venir,
      Las rodillas por el suelo,
      A suplicarme y pedir
      Que te quiera recibir
      Y poner algún consuelo.

      XVI - Replica el aquejado

      Quiero moverte un partido,
      Escúchame sin enojos:
      Si me das lo que te pido,
      De rodillas y aun rendido
      Te serviré, y aun de ojos;
      Pero sin esto no entiendas
      Que yo me contentaré,
      Ni quiero sino contiendas:
      Porque todo el mundo en prendas
      Que me des, no tomaré.

      XVII - Responde el dios de Amor y acaba

      Por tu buen conocimiento
      En te dar a quien te diste,
      Por tu firme pensamiento,
      Por las penas y tormento
      Que por amores sufriste,
      Te torno y te restituyo
      En lo que tanto deseas,
      Y te doy todo lo tuyo,
      Y por bendición concluyo
      Que jamás en tal te veas.
    Arriba

    Es mi pena desear
      Es mi pena desear
      Ser vuestro, de vuestro grado;
      Que no serlo es excusado
      Pensar poderlo excusar;
      Por esto lo que quisiera
      Es serlo a vuestro placer,
      Que serlo sin vos querer
      Desde que os vi me lo era.
    Arriba

    En una llaga mortal
      I

      En una llaga mortal,
      Desigual,
      Que está en el siniestro lado,
      Conoceréis luego cuál
      Es el leal
      Servidor y enamorado;
      Por cuanto vos la hicisteis
      A mí después de vencido
      En la vencida
      Que vos, señora, vencisteis
      Cuando yo quedé perdido
      Y vos querida.

      II

      Aquesta triste pelea
      Que os desea
      Mi lengua ya declarar,
      Es menester que la vea
      Y la crea
      Vuestra merced sin dudar;
      Porque mi querer es fe,
      Y quien algo en él dudase,
      Dudaría
      En duda que cierto sé
      Que jamás no se salvase
      De herejía.

      III

      Porque gran miedo he tomado
      Y cuidado
      De vuestro poco creer,
      Por esta causa he tardado
      De os hacer antes saber
      La causa de aqueste hecho:
      Cómo han sido mis pasiones
      Padecidas;
      Para ser, pues, satisfecho,
      Conviene ser mis razones
      Bien creídas.

      IV

      Señora, porque sería
      Muy baldía
      Toda mi dicha razón,
      Si la duda no porfía
      Con su guía,
      Que se llama Discreción;
      Como en ello ya no dude,
      Pues es verdad y muy cierto
      Lo que escribo,
      Antes que tanto me ayude,
      Que pues por duda soy muerto,
      Sea vivo.

      V - Cabo

      Pues es esta una experiencia
      Que tiene ya conocida
      Esta suerte,
      Por no dar una creencia,
      No es razón quitar la vida
      Y dar muerte.
    Arriba

    Entre dos fuegos lanzado
      Entre dos fuegos lanzado,
      Donde amor es repartido,
      Del uno soy encendido,
      Del otro cerca quemado;
      Y no sé yo bien pensar
      Cuál será mejor hacer;
      Dejarme más encender
      O acabarme de quemar:
      Decid qué debo tomar.
    Arriba

    Es una muerte escondida
      I

      Es una muerte escondida
      Este mi bien prometido,
      Mas no puedo ser querido
      Sin peligro de mi vida.

      II

      Mas sólo porque me quiera
      Quien en vida no me quiere,
      Yo quiero sufrir que muera
      Mi vivir, pues siempre muere;
      Y en perder vida perdida
      No me cuento por perdido,
      Pues no puedo ser querido
      Sin peligro de mi vida.
    Arriba

    Escala de amor
      Estando triste, seguro,
      Mi voluntad reposaba,
      Cuando escalaron el muro
      Do mi libertad estaba.
      A escala vista subieron
      Vuestra beldad y mesura,
      Y tan de recio hirieron,
      Que vencieron mi cordura.

      Luego, todos mis sentidos
      Huyeron a lo más fuerte,
      Mas iban ya mal heridos
      Con sendas llagas de muerte;
      Y mi libertad quedó
      En vuestro poder cautiva;
      Mas gran placer hube yo
      Desque supe que era viva.

      Mis ojos fueron traidores,
      Ellos fueron consintientes,
      Ellos fueron causadores
      Que entrasen aquestas gentes;
      Que el atalaya tenían,
      Y nunca dijeron nada
      De la batalla que vían,
      Ni hicieron ahumada.

      Después que hubieron entrado,
      Aquestos escaladores
      Abrieron el mi costado
      Y entraron vuestros amores;
      Y mi firmeza tomaron,
      Y mi corazón prendieron,
      Y mis sentidos robaron,
      Y a mí sólo no quisieron.

      Fin

      ¡Qué gran aleve hicieron
      Mis ojos y qué traición:
      Por una vista que os vieron,
      Venderos mi corazón!

      Pues traición tan conocida
      Ya les placía hacer,
      Vendieron mi triste vida
      Y hubiera de ello placer;
      Mas al mal que cometieron
      No tienen excusación:
      ¡Por una vista que os vieron,
      Venderos mi corazón!
    Arriba

    Estando ausente de su amiga a un mensajero que allá enviaba
      I

      Ve, discreto mensajero,
      Delante aquella figura
      Valerosa
      Por quien peno, por quien muero,
      Flor de toda hermosura
      Tan preciosa,
      Y mira cuando llegares
      A su esmerada presencia
      Que resplandece,
      Doquiera que la hallares
      Tú le hagas reverencia
      Cual merece.

      II

      Llegarás con tal concierto,
      Los ojos en el sentido
      Resguardando,
      No te mate quien ha muerto
      Un corazón y vencido
      Bien amando;
      Y después de saludada
      Su valer, con afición
      Tras quien sigo,
      De mi triste enamorada
      Le harás la relación
      Que te digo.

      III

      Dirasle que soy tornado
      Con más penas que llevé
      Cuando partí,
      Todo siempre acompañado
      De aquella marcada fe
      Que le di.
      Aquel vivo sentimiento
      Me ha traído sin dudanza
      Asegurado
      Al puerto de salvamiento,
      Do está la clara holganza
      De mi grado.

      IV

      Dirasle cómo he venido
      Hecho mártir, padeciendo
      Los deseos
      De su gesto tan cumplido,
      Mis cuidados combatiendo
      Sus arreos;
      No te olvides de contar
      Las afligidas pasiones
      Que sostengo
      Sobre estas ondas de mar,
      Do espero los galardones
      Tras quien vengo.

      V

      Recuerde bien tu memoria
      De los trabajados días
      Que he sufrido,
      Por más merecer la gloria
      De las altas alegrías
      De Cupido;
      Y plañendo y suspirando
      Por mover a compasión
      Su crudeza,
      Le di que ando esperando
      Bordado mi corazón
      De firmeza.

      VI

      Que no quiera ni consienta
      La perdición que será
      Enemiga
      De mi vida, su sirvienta,
      En quien siempre hallará
      Buena amiga;
      Mas que tenga por mejor
      -Pues con razón me querello-
      De guiarme,
      Y si place al Dios de amor,
      A ella no pese de ello
      Por salvarme.

      VII

      Y dirás la pena fuerte
      Que de tu parte me guarda
      Fatigando,
      Y cuán cierta me es la muerte
      Si mi remedio se tarda
      De su bando;
      Dirasle mi mar amargo,
      Mi congojoso dolor
      Y mi pesar,
      Y sepa que es grande cargo
      Al que puede y es deudor.
      No pagar.

      VIII

      Dile que vivo sin ella,
      Como las almas serenas,
      Muy penado
      De pena mayor que aquella,
      De sus grillos y cadenas
      Aferrado;
      Y si no quiere valerme,
      Pues yo no sé remediarme
      En tal modo,
      Para nunca socorrerme,
      Muy mejor será matarme
      Ya del todo.

      IX

      Si vieres que te responde
      Con amenazas de guerra,
      Según sé,
      Dile que te diga dónde
      Su mandato me destierra,
      Que allá iré;
      Y si por suerte o ventura
      Te mostrare que es contenta,
      Cual no creo,
      Suplica a su hermosura
      Que a su servicio consienta
      Mi deseo.

      X - Fin

      Remediador de mis quejas,
      No te tardes, ven temprano,
      Contemplando
      El peligro en que me dejas,
      Con la candela en la mano
      Ya penando;
      Y pues sabes cómo espero
      Tu vuelta para guarirme
      O condenarme,
      Que no tardes te requiero
      De traer el mando firme
      De gozarme.
    Arriba

    Hallo que ningún poder
      Hallo que ningún poder
      Ni libertad en mí tengo,
      Pues ni estoy ni voy ni vengo
      Donde quiere mi querer:
      Que si estoy, vos me tenéis;
      [Y] si voy, vos me lleváis;
      Si vengo, vos me traéis;
      Así que no me dejáis,
      Señora, ni me queréis.
    Arriba

    Justa fue mi perdición
      I

      Justa fue mi perdición;
      De mis males soy contento,
      No se espeta galardón,
      Pues vuestro merecimiento
      Satisfizo mi pasión.

      II

      Es victoria conocida
      Quien de vos queda vencido,
      Que en perder por vos la vida
      Es ganado lo perdido.
      Pues lo consiente Razón,
      Consiento mi perdimiento
      [Sin esperar galardón],
      Pues vuestro merecimiento
      Satisfizo mi pasión.
    Arriba

    Los fuegos que en mí encendieron
      I

      Los fuegos que en mí encendieron
      Los mis amores pasados,
      Nunca matarlos pudieron
      Las lágrimas que salieron
      De los mis ojos cuitados;
      Pues no por poco llorar,
      Que mis llantos muchos fueron,
      Mas no se pueden matar
      Los fuegos de bien amar,
      Si de verdad se prendieron.

      II

      Nunca nadie fue herido
      De fiera llaga mortal,
      Que tan bien fuese guarido,
      Que le quedase en olvido
      De todo punto su mal:
      En mí se puede probar,
      Que yo no sé qué me haga,
      Que, cuando pienso sanar,
      De nuevo quiebra pesar
      Los puntos de la mi llaga.

      III

      Esto hace mi ventura
      Que tan contraria me ha sido,
      Que su placer y holgura
      Es mi pesar y tristura,
      Y su bien, verme perdido;
      Mas un consuelo me da
      Este gran mal que me hace:
      Que pienso que no tendrá
      Más dolor que darme ya
      Ni mal con quien me amenace.

      IV

      ¿Qué dolor puede decir
      Ventura que me ha de dar,
      Que no lo pueda sufrir?
      Porque después de morir
      No hay otro mal ni penar.
      Por esto no temo nada,
      Ni tengo de qué temer,
      Porque mi muerte es pasada,
      Y la vida no acabada
      Que es la gloria que ha de haber.

      V

      Pues pena muy sin medida,
      Ni desiguales dolores,
      Ni rabia muy dolorida,
      ¿Qué pueden hacer a vida
      Que los desea mayores?
      No sé en qué pueda dañarme
      Ni mal que pueda hacerme,
      Pues que lo más es matarme.
      De esto no puede pesarme,
      De todo debe placerme.

      VI - CABO

      Sobró mi amor, en amor,
      Al amor más desigual,
      Y mi tristeza, en tristeza,
      Al dolor que fue mayor
      En el mundo, y más mortal;
      Y mi firmeza en firmeza
      Sobró todas las firmezas,
      Y mi dolor, en dolor,
      Por perder una belleza
      Que sobró todas bellezas.
    Arriba

    Memorial que hizo a su corazón, que parte al desconocimiento de su amiga donde él tiene todos sus sentidos
      I

      Allá verás mis sentidos,
      Corazón, si los buscares,
      Pienso que harto perdidos,
      Con gran sobra de pesares.
      Envíame acá al oír,
      Porque mucho me conviene,
      Porque oiga de quien los tiene
      Algunas veces decir.

      II

      Allá está mi pensamiento,
      Allá mi poca alegría
      Que perdí en mi vencimiento,
      Y todo el bien que tenía.
      Si tú los pudieres ver,
      Mucho me los encomienda;
      Mas cata que no lo entienda
      La que los tiene en poder.

      III

      Allá está mi libertad
      Allá toda mi cordura;
      Tiénelo en cargo Bondad,
      Cautivolos Hermosura;
      La portera es Honestad,
      Por lo cual nunca podrás
      Hablar con quien tú querrás,
      Si no buscas a Piedad.

      IV

      Mas está tan encerrada,
      Que si tú hablarla esperas
      Tal será la tu tornada
      Que antes que partas mueras.
      Si no buscas algún arte
      Como hables con quien quieres,
      Cuanto en Piedad no esperes
      Alcanzar ninguna parte.

      V - Cabo

      Y dirás a la señora
      Que tiene toda esa gente,
      Que soy presto toda hora
      A su mandar y obediente;
      Y que es vuelto a mi servicio
      Un público vasallaje,
      Y mi fe en pleito homenaje,
      Y mi penar en oficio.
    Arriba

    Ni vivir quiere que viva
      I

      Ni vivir quiere que viva,
      Ni morir quiere que muera,
      Ni yo mismo sé qué quiera,
      Pues cuanto quiero se esquiva;
      Ni puedo pensar que escoja
      Mi penado pensamiento,
      Ni hallo ya quién me acoja
      De miedo de mi tormento.

      II

      Este dolor desigual
      Rabia mucho por matarme;
      Por hacerme mayor mal,
      Muerte no quiere acabarme.
      ¿Qué haré? ¿Adónde iré
      Que me hagan algún bien?
      Helo pensado y no sé
      Cómo ni dónde ni a quién.

      III

      Y ándome así perdido,
      Añadiendo pena a pena,
      Con un deporte fingido
      Con una alegría ajena;
      Mas presto se irá de mí,
      Que conmigo anda penada;
      Y pues la mía perdí,
      Perderé la que es prestada.

      IV

      El menor cuidado mío
      Es mayor que mil cuidados,
      Y el remedio que confío
      Es de los más mal librados;
      Que será poca mi vida
      Y presto se cumplirá,
      Que pena tan sin medida
      Nunca mucho durará.

      V

      ¡Oh, Señor, que se cumpliese
      Esto que tanto deseo,
      Porque yo no poseyese
      Los dolores que poseo!
      Que me puedes socorrer,
      Con sola muerte me acorre,
      Que si bien me has de hacer
      Venga presto y no se engorre.

      VI

      Sino, si mucho se aluenga,
      Yo me haré tan usado
      A los males, que sostenga
      Cualquier tormento y cuidado;
      Pues, Muerte, venid, venid
      A mi clamor trabajoso,
      Y matad y concluid
      Un hombre tan enojoso.

      VII - Fin

      Que si a ti sola te place,
      Pues a mí viene en placer,
      Según mi culta lo hace,
      Presto puedo fenecer.
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    No sé por qué me fatigo
      I

      No sé por qué me fatigo,
      Pues con razón me vencí,
      No siendo nadie conmigo
      Y vos y yo contra mí.

      II

      Vos por me haber desamado,
      Yo por haberos querido,
      Con vuestra fuerza y mi grado,
      Habemos a mí vencido;
      Pues yo fui mi enemigo
      En darme como me di,
      ¿Quién osará ser amigo
      Del enemigo de sí?
    Arriba

    No tardes, Muerte, que muero
      I

      No tardes, Muerte, que muero;
      Ven, porque viva contigo;
      Quiéreme, pues que te quiero,
      Que con tu venida espero
      No tener guerra conmigo.

      II

      Remedio de alegre vida
      No lo hay por ningún medio,
      Porque mi grave herida
      Es de tal parte venida,
      Que eres tú sola remedio.
      Ven aquí, pues, ya que muero;
      Búscame, pues que te sigo:
      Quiéreme, pues que te quiero,
      Y con tu venida espero
      No tener vida conmigo.
    Arriba

    ¡Oh mundo, pues que nos matas!
      I

      ¡Oh, mundo! Pues que nos matas,
      Fuera la vida que diste
      Toda vida;
      Mas según acá nos tratas,
      Lo mejor y menos triste
      Es la partida
      De tu vida, tan cubierta
      De tristezas, y dolores
      Muy poblada;
      De los bienes tan desierta,
      De placeres y dulzores
      Despojada.

      II

      Es tu comienzo lloroso,
      Tu salida siempre amarga
      Y nunca buena,
      Lo de en medio trabajoso,
      Y a quien das vida más larga
      Le das pena.

      Así los bienes -muriendo
      Y con sudor- se procuran
      Y los das;
      Los males vienen corriendo;
      Después de venidos, duran
      Mucho más.
    Arriba

    Pensando, señora, en vos
      Pensando, señora, en vos,
      Vi en el cielo una cometa:
      Es señal que manda Dios
      Que pierda miedo y cometa
      A declarar el deseo
      Que mi voluntad desea,
      Porque jamás no me vea
      Vencido como me veo
      En esta fuerte pelea
      Que yo conmigo peleo.
    Arriba

    Por vuestro gran merecer
      I



      ......... II

      Pues que se acabe la vida
      Con dolor tan lastimero,
      Soy contento y lo quiero,
      Si ella queda servida;
      Porque quiere mi querer,
      Muy contento y no forzado,
      Que me pierda por perder
      De las angustias cuidado.
    Arriba

    Porque estando él durmiendo le besó su amiga
      I

      Vos cometisteis traición,
      Pues me heristeis, durmiendo,
      De una herida que entiendo
      Que será mayor pasión
      El deseo de otra tal
      Herida como me disteis,
      Que no la llaga mi mal
      Ni daño que me hicisteis.

      II

      Perdono la muerte mía;
      Mas con tales condiciones,
      Que de tales traiciones,
      Cometáis mil cada día;
      Pero todas contra mí,
      Porque, de aquesta manera,
      No me place que otro muera
      Pues que yo lo merecí.

      III - Cabo

      Más placer es que pesar
      Herida que otro mal sana
      Quien durmiendo tanto gana,
      Nunca debe despertar.
    Arriba

    Qué amador tan desdichado
      ¡Qué amador tan desdichado,
      Que gané
      -En la gloria de amadores-
      El más alto y mejor grado,
      Por la fe
      Que tuve con mis amores!
      Y así como Lucifer
      Se perdió por se pensar
      Igualar con su Señor,
      Así me vine a perder
      Por me querer igualar
      En amor con el Amor.
    Arriba

    Quien no estuviese en presencia
      I

      Quien no estuviese en presencia
      No tenga fe en confianza,
      Pues son olvido y mudanza
      Las condiciones de ausencia.

      II

      Quien quisiere ser amado
      Trabaje por ser presente,
      Que cuan presto fuere ausente,
      Tan presto será olvidado:
      Y pierda toda esperanza
      Quien no estuviere en presencia,
      Pues son olvido y mudanza
      Las condiciones de ausencia.
    Arriba

    Quien tanto veros desea
      I

      Quien tanto veros desea,
      Señora, sin conoceros,
      ¿Qué hará después que os vea,
      Cuando no pudiere veros?

      II

      Gran temor tiene mi vida
      De mirar vuestra presencia,
      Pues amor en vuestra ausencia
      Me hirió de tal herida;
      Aunque peligrosa sea,
      Deliro de conoceros,
      Y si muero porque os vea,
      Mi victoria será veros.
    Arriba

    Siempre amar y amor seguir
      I

      Quiero, pues quiere Razón
      De quien no puedo huir,
      Con fe de noble pasión,
      Pasión que pone afición,
      Siempre amar y amor seguir.

      II

      Siempre amar, pues que se paga
      -Según muestra amar Amor-
      Con amor, porque la llaga
      -Bien amando- del dolor
      Se sane y quede mayor.
      Tal que con tal intención
      Quiero sin merced pedir,
      Pues que lo quiere Razón.
      Con fe de noble pasión,
      Siempre amar y amor seguir.
    Arriba

    Sin Dios y sin vos y mí
      I

      Yo soy quien libre me vi,
      Yo, quien pudiera olvidaros:
      Yo soy el que, por amaros,
      Estoy, desque os conocí,
      Sin Dios y sin vos y mí.

      II

      Sin Dios, porque en vos adoro:
      Sin vos, pues no me queréis;
      Pues sin mí, ya está de coro
      Que vos sois quien me tenéis.
      Así que triste nací,
      Pues que pudiera olvidaros
      Yo soy el que por amaros
      Estoy, desque os conocí,
      Sin Dios y sin vos y mí.
    Arriba

    Ved qué congoja la mía
      I

      Ved qué congoja la mía,
      Ved qué queja desigual
      Que me aqueja,
      Que me crece cada día
      Un mal teniendo otro mal
      Que no me deja;
      No me deja ni me mata,
      Ni me libra ni me suelta,
      Ni me olvida;
      Mas de tal guisa me trata,
      Que la muerte anda revuelta
      Con mi vida.

      II

      Con mi vida no me hallo,
      Porque estoy ya tan usado
      Del morir,
      Que lo sufro, muero y callo,
      Pensando ver acabado
      Mi vivir;
      Mi vivir que presto muera,
      Muera porque viva yo;
      Y muriendo
      Fenezca el mal, como quiera
      Que jamás no feneció
      Yo viviendo.

      III

      Viviendo nunca podía
      Conocer si era vivir
      Yo por cierto,
      Sino el alma que sentía
      Que no pudiera sentir
      Siendo muerto;
      Muerto, pero de tal mano
      Que, aun teniendo buena vida,
      Era razón
      Perderla, y estando sano
      Buscar alguna herida
      Al corazón.

      IV

      Al corazón que es herido
      De mil dolencias mortales,
      Es de excusar
      Pensar de verle guarido;
      Mas de darle otras mil tales
      Y acabar,
      Acabar porque será
      Menor trabajo la muerte
      Que tal pena,
      Y acabando escapará
      La vida que aun era fuerte
      Para ajena.

      V

      Para ajena es congojosa
      De verla y también de oírla
      Al que la tiene,
      Pues ved si será enojosa
      Al que, forzado, sufrirla
      Le conviene;
      Le conviene aunque no quiera
      Pues no tiene libertad
      De no querer;
      Y si muriere, que muera,
      Cuanto más que ha voluntad
      De fenecer.

      VI

      De fenecer he deseo
      Por el mucho desear
      Que me fatiga,
      Y por el daño que veo
      Que me sabe acrecentar
      Una enemiga;
      Una enemiga tan fuerte,
      Que en el arte del penar
      Tanto sabe,
      Que me da siempre la muerte
      Y jamás me da lugar
      Que me acabe.

      VII - Fin

      Ya mi vida os he contado
      Por estos renglones tristes
      Que veréis,
      Y quedo con el cuidado
      Y daréis.
      No os pido que me sanéis,
      Que, según el mal que tengo,
      No es posible;
      Mas pido que matéis,
      Pues la culpa que sostengo
      Es tan terrible.
    Arriba

    Yo callé males sufriendo
      Yo callé males sufriendo,
      Y sufrí penas callando;
      Padecí no mereciendo,
      Y merecí padeciendo
      Los bienes que no demando:
      Si el esfuerzo que he tenido
      Para callar y sufrir,
      Tuviera para decir,
      No sintiera mi vivir
      Los dolores que ha sentido.
    Arriba