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    Información biográfica

  1. A la voz de Susana Rinaldi
  2. A una mujer
  3. After such pleasures
  4. Aftermath
  5. Antes, después
  6. Bolero
  7. Canada Dry
  8. Ceremonia recurrente
  9. Cinco poemas para Cris
  10. Cinco últimos poemas para Cris
  11. Démons et merveilles
  12. Después de las fiestas
  13. El breve amor
  14. El encubridor
  15. El futuro
  16. El interrogador
  17. El niño bueno
  18. Encargo
  19. Esta ternura
  20. Hablen, tienen tres minutos
  21. Happy New Year
  22. Hic et nunc
  23. La ceremonia
  24. La lenta máquina del desamor
  25. La mufa
  26. Los amantes
  27. Los amigos
  28. Naufragios en la isla
  29. Nocturno
  30. Objetos perdidos
  31. Otros cinco poemas para Cris
  32. Para leer en forma interrogativa
  33. Poema
  34. Quizá la más querida
  35. Romance de los vanos encuentros
  36. Save it, pretty mama
  37. Tala
  38. Te amo por ceja
  39. Una carta de amor
  40. Una idea
  41. Zipper sonnet




  42. Información biográfica

      Nombre: Julio Florencio Cortázar; también conocido por el seudónimo Julio Denis
      Lugar y fecha nacimiento: Ixelles, Bruselas (Bélgica), 26 de agosto de 1914
      Lugar y fecha defunción: París (Francia), 12 de febrero de 1984 (69 años)

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      A la voz de Susana Rinaldi

        No sé lo que hay detrás de tu voz.
        Nunca te vi, vos sos los discos
        Que pueblan por las noches este departamento de París.

        Te busqué en Buenos Aires, pero sabés seguro
        Cuántos espejos de mentira te hacen pifiar la esquina,
        Cómo después de andar de bache en bache
        Acabás con ginebra en un boliche
        Murmurando la bronca del despiste.

        No sé, ya ves, ni como sos,
        Tengo las fotos de tus discos, gente
        Que te conoce y te escribe,
        Paredes de palabras con glicinas
        Y vos detrás, inalcanzable siempre.

        (Y esto que digo Susana
        Es también la Argentina donde todo
        Puede esconder la estafa si no sabemos ser
        Como el farol del barrio, o como aquí sus tangos,
        Vigías de la noche y la esperanza).

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      A una mujer

        No hay que llorar porque las plantas crecen en tu balcón,
        No hay que estar triste
        Si una vez más la rubia carrera de las nubes te reitera lo inmóvil,
        Ese permanecer en tanta fuga. Porque la nube estará ahí,
        Constante en su inconstancia cuando tú, cuando yo
        -Pero por qué nombrar el polvo y la ceniza.
        Sí, nos equivocábamos creyendo que el paso por el día
        Era lo efímero, el agua que resbala por las hojas hasta hundirse en la tierra.

        Sólo dura lo efímero, esa estúpida planta que ignora la tortuga,
        Esa blanda tortuga que tantea en la eternidad con ojos huecos,
        Y el sonido sin música, la palabra sin canto, la cópula sin grito de agonía,
        Las torres del maíz, los ciegos montes.
        Nosotros, maniatados a una conciencia que es el tiempo,
        No nos movemos del terror y la delicia,
        Y sus verdugos delicadamente nos arrancan los párpados
        Para dejarnos ver sin tregua cómo crecen las plantas del balcón,
        Cómo corren las nubes al futuro.

        ¿Qué quiere decir esto? Nada, una taza de té.
        No hay drama en el murmullo, y tú eres la silueta de papel
        Que las tijeras van salvando de lo informe: oh vanidad de creer
        Que se nace o se muere,
        Cuando lo único real es el hueco que queda en el papel,
        El golem que nos sigue sollozando en sueños y en olvido.

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      After such pleasures

        Esta noche, buscando tu boca en otra boca,
        Casi creyéndolo, porque así de ciego es este río
        Que me tira en mujer y me sumerge entre sus párpados,
        Qué tristeza nadar al fin hacia la orilla del sopor
        Sabiendo que el placer es ese esclavo innoble
        Que acepta las monedas falsas, las circula sonriendo.

        Olvidada pureza, cómo quisiera rescatar
        Ese dolor de Buenos Aires, esa espera sin pausas ni
        Esperanza.

        Solo en mi casa abierta sobre el puerto
        Otra vez empezar a quererte,
        Otra vez encontrarte en el café de la mañana
        Sin que tanta cosa irrenunciable
        Hubiera sucedido.

        Y no tener que acordarme de este olvido que sube
        Para nada, para borrar del pizarrón tus muñequitos
        Y no dejarme más que una ventana sin estrellas.

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      Aftermath

        Dime por qué todavía te deseo, por qué tu nombre vuelve
        Como el hacha a la herida en una amarga visitación de la
        Medianoche,
        A la vera de un campo funerario donde larvas se multiplican
        Húmedas babas, recuento interminable de torpezas,
        Dime desde esa nada donde ahora te atrincheras, dime
        Por qué me basta componer un mecanismo elemental de
        Sílabas,
        Discar en el cogollo de la niebla las cifras de tu nombre
        Para que solitariamente
        Me agobie la esperanza de una menuda migración de dedos
        Por mi pelo,
        De una fragancia donde habita el musgo.

        De un silencio más fogoso que todas las vigilias

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      Antes, después

        Como los juegos al llanto
        Como la sombra a la columna
        El perfume dibuja el jazmín
        El amante precede al amor
        Como la caricia a la mano
        El amor sobrevive al amante
        Pero inevitablemente
        Aunque no haya huella ni presagio

        Aunque no haya huella ni presagio
        Como la caricia a la mano
        El perfume dibuja el jazmín
        El amante precede el amor
        Pero inevitablemente
        El amor sobrevive al amante
        Como los juegos al llanto
        Como la sombra a la columna

        Como la caricia a la mano
        Aunque no haya huella ni presagio
        El amante precede al amor
        El perfume dibuja el jazmín
        Como los juegos al llanto
        Como la sombra a la columna
        El amor sobrevive al amante
        Pero inevitablemente...

      Arriba

      Bolero

        Qué vanidad imaginar
        Que puedo darte todo, el amor y la dicha,
        Itinerarios, música, juguetes.
        Es cierto que es así:
        Todo lo mío te lo doy, es cierto,
        Pero todo lo mío no te basta
        Como a mí no me basta que me des
        Todo lo tuyo.

        Por eso no seremos nunca
        La pareja perfecta, la tarjeta postal,
        Si no somos capaces de aceptar
        Que sólo en la aritmética
        El dos nace del uno más el uno.

        Por ahí un papelito
        Que solamente dice:

        Siempre fuiste mi espejo,
        Quiero decir que para verme tenía que mirarte.

      Arriba

      Canada Dry

        Sé que me acordaré de un cielo raso
        Donde las manchas de humedad eran un gato, un número, una mano cortada.

        Sé que me acordaré del ruido
        De un water en alguna habitación lejana del hotel,
        Su triste catarata de bolsillo, su inevitable recurrencia.

        Chacun ses Madeleines, chacun ses Albertines.

        Serás por siempre imán de imágenes,
        Las más turbias y vanas me traerás con el gesto
        Que en la caliente oscuridad del cuarto
        Era encender los cigarrillos del hartazgo,
        Ver asomar nuestros desnudos cuerpos flanco a flanco,
        Las más pequeñas turbias cosas,
        Una uña lastimada que te dolía tanto, el triste
        Rito de ir a lavarte y regresar, las servidumbres.

        Tan sólo compartimos los bares y las calles
        Antes de amarnos contra tres espejos:
        ¿Qué más podría darme tu recuerdo?

        Pero yo sé guardar y usar lo triste y lo barato
        En el mismo bolsillo donde llevo esa vida
        Que ilustrará las biografías. Ve, pequeño fantasma,
        El baño está ahí al lado,
        Yo fumaré esperándote,
        Empezaremos otra vez. El cielo raso
        Dibuja un gato, un número, una mano cortada.

      Arriba

      Ceremonia recurrente

        El animal totémico con sus uñas de luz,
        Los objetos que junta la oscuridad debajo de la cama,
        El ritmo misterioso de tu respiración, la sombra
        Que tu sudor dibuja en el olfato, el día ya inminentemente.
        Entonces me enderezo, todavía batido por las aguas del sueño,
        Vuelvo de un continente a medias ciego
        Donde también estabas tú pero eras otra,
        Y cuando te consulto con la boca y los dedos, recorro el horizonte de tus flancos
        (Dulcemente te enojas, quieres seguir durmiendo, me dices bruto y tonto,
        Te debates riendo, no te dejas tomar pero ya es tarde, un fuego
        De piel y de azabache, las figuras del sueño)
        El animal totémico a los pies de la hoguera
        Con sus uñas de luz y sus alas de almizcle.

        Y después despertamos y es domingo y febrero.

      Arriba

      Cinco poemas para Cris

        I

        Ya mucho más allá del mezzo
        "Camin di nostra vita"
        Existe un territorio del amor
        Un laberinto más mental que mítico
        Donde es posible ser
        Lentamente dichoso
        Sin el hilo de Ariadna delirante
        Sin espumas ni sábanas ni muslos.

        Todo se cumple en un reflejo de crepúsculo
        Tu pelo tu perfume tu saliva.
        Y allí del otro lado te poseo
        Mientras tú juegas con tu amiga
        Los juegos de la noche.

        II

        En realidad poco me importa
        Que tus senos se duerman
        En la azul simetría de otros senos.
        Yo los hubiera hollado
        Con la cosquilla de mi roce
        Y te hubieras reído justamente
        Cuando lo necesario y esperable
        Era que sollozaras.

        III

        Sé muy bien lo que ganas
        Cuando te pierdes en el goce.
        Porque es exactamente
        Lo que yo habría sentido.

        IV

        La justa errata
        Habernos encontrado al final del día
        En un paseo púbico.

        V

        Me gustaría que creyeras
        Que esto es el irrisorio juego
        De las compensaciones
        Con que consuelo esta distancia.
        Sigue entonces danzando
        En el espejo de otro cuerpo
        Después de haber sonreído
        Apenas
        Para mí.

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      Cinco últimos poemas para Cris

        I

        Ahora escribo pájaros.
        No los veo venir, no los elijo,
        De golpe están ahí, son esto,
        Una bandada de palabras
        Posándose una a una
        En los alambres de la página,
        Chirriando, picoteando, lluvia de alas
        Y yo sin pan que darles, solamente
        Dejándolos venir. Tal vez
        Sea eso un árbol
        O tal vez
        El amor.

        II

        Anoche te soñé
        Sacerdotisa de Sekhmet, la diosa leontocéfala.
        Ella desnuda en pórfido,
        Tu tersa piel desnuda.
        ¿Qué ofrenda le rendías a la deidad salvaje
        ¿Qué miraba a través de tu mirada?
        ¿Un horizonte eterno e implacable?
        La taza de tus manos contenía
        Tu libación secreta, lágrimas
        O tu sangre menstrual, o tu saliva.
        En todo caso no era semen
        Y mi sueño sabía
        Que la ofrenda sería rechazada
        Con un lento rugido desdeñoso
        Tal como desde siempre
        Lo habías esperado.

        Después, quizá, ya no lo sé,
        Las garras en tus senos
        Colmándote.

        III

        Nunca sabré por qué tu lengua entró en mi boca
        Cuando nos despedimos en tu hotel
        Después de un amistoso recorrer la ciudad
        Y un ajuste preciso de distancias.

        Creí por un momento que me dabas
        Una cita futura,
        Que abrías una tierra de nadie, un interregno
        Donde alzanzar tu minucioso musgo.
        Circundada de amigas me besaste,
        Yo la excepción, el monstruo,
        Y tú la transgesora murmurante.

        Vaya a saber a quién besabas,
        De quién te despedías.
        Fui el vicario feliz de un solo instante,
        El que a veces encuentra en su saliva
        Un breve gusto a madreselva
        Bajo cielos australes.

        IV

        Quisiera ser Tiresias esta noche
        Y en una lenta espera boca abajo
        Recibirte y gemir bajo tus látigos
        Y tus tibias medusas.

        Sabiendo que es la hora
        De la metamorfosis recurrente,
        Y que al bajar el vórtice de espumas
        Te abrirías llorando,
        Dulcemente empalada.

        Para volver después
        A tu imperioso reino de falanges,
        Al cerco de piel, tus pulpos húmedos,
        Hasta arrancarnos juntos y alcanzar abrazados
        Las arenas del sueño.

        Pero no soy Tiresias,
        Tan sólo el unicornio
        Que busca el agua de tus manos
        Y encuentra entre los belfos
        Un puñado de sal.

        V

        No te voy a cansar con más poemas.
        Digamos que te dije
        Nubes, tijeras, barriletes, lápices
        Y acaso alguna vez
        Te sonreíste.

      Arriba

      Démons et merveilles

        De colinas y vientos
        De cosas que se denominan para entrar
        Como árboles o nubes en el mundo

        De enigmas revelándose en las lunas
        Rotas contra el aljibe o las arenas
        Yo he dicho y esperado

        Creo que nada vale contra esta caricia
        Abrasadora que sube por la piel
        Ni el silencio, ese desatador de sueños

        Vivir
        Oh imagen para un ojo cortado
        Boca arriba perpetuo

      Arriba

      Después de las fiestas

        Y cuando todo el mundo se iba
        Y nos quedábamos los dos
        Entre vasos vacíos y ceniceros sucios,

        Qué hermoso era saber que estabas
        Ahí como un remanso,
        Sola conmigo al borde de la noche,
        Y que durabas, eras más que el tiempo,

        Eras la que no se iba
        Porque una misma almohada
        Y una misma tibieza
        Iba a llamarnos otra vez
        A despertar al nuevo día,
        Juntos, riendo, despeinados.

      Arriba

      El breve amor

        Con qué tersa dulzura
        Me levanta del lecho en que soñaba
        Profundas plantaciones perfumadas,
        Me pasea los dedos por la piel y me dibuja
        En el espacio, en vilo, hasta que el beso
        Se posa curvo y recurrente
        Para que a fuego lento empiece
        La danza cadenciosa de la hoguera
        Tejiédose en ráfagas, en hélices,
        Ir y venir de un huracán de humo-
        (¿Por qué, después,
        Lo que queda de mí
        Es sólo un anegarse entre las cenizas
        Sin un adiós, sin nada más que el gesto
        De liberar las manos?)

      Arriba

      El encubridor

        Ese que sale de su país porque tiene miedo,
        No sabe de qué,
        Miedo del queso con ratón,
        De la cuerda entre los locos,
        De la espuma en la sopa.
        Entonces quiere cambiarse como una figurita,
        El pelo que antes se alambraba
        Con gomina y espejo lo suelta en jopo,
        Se abre la camisa, muda de costumbres,
        De vino, de idioma.
        Se da cuenta, infeliz, que va tirando mejor,
        Y duerme a pata ancha.
        Hasta de estilo cambia,
        Y tiene amigos que no saben su historia provinciana,
        Ridícula y casera.
        A ratos se pregunta cómo pudo esperar
        Todo ese tiempo
        Para salirse del río sin orillas,
        De los cuellos garrote,
        De los domingos, lunes, martes, miércoles y jueves.
        A fojas uno, sí, pero cuidado:
        Un mismo espejo es todos los espejos,
        Y el pasaporte dice que naciste y que eres
        Y cutis color blanco, nariz de dorso recto,
        Buenos Aires, septiembre.
        Aparte que no olvida,
        Porque es arte de pocos,
        Lo que quiso,
        Esa sopa de estrellas y letras que infatigable comerá
        En numerosas mesas de variados hoteles,
        La misma sopa, pobre tipo,
        Hasta que el pescadito intercostal
        Se plante y diga basta.

      Arriba

      El futuro

        Y sé muy bien que no estarás.
        No estarás en la calle,
        En el murmullo que brota de noche
        De los postes de alumbrado,
        Ni en el gesto de elegir el menú,
        Ni en la sonrisa que alivia
        Los completos de los subtes,
        Ni en los libros prestados
        Ni en el hasta mañana.

        No estarás en mis sueños,
        En el destino original
        De mis palabras,
        Ni en una cifra telefónica estarás
        O en el color de un par de guantes
        O una blusa.
        Me enojaré amor mío,
        Sin que sea por ti,
        Y compraré bombones
        Pero no para ti,
        Me pararé en la esquina
        A la que no vendrás,
        Y diré las palabras que se dicen
        Y comeré las cosas que se comen
        Y soñaré las cosas que se sueñan
        Y sé muy bien que no estarás,
        Ni aquí adentro, la cárcel
        Donde aún te retengo,
        Ni allí fuera, este río de calles
        Y de puentes.

        No estarás para nada,
        No serás ni recuerdo,
        Y cuando piense en ti
        Pensaré un pensamiento
        Que oscuramente
        Trata de acordarse de ti.

      Arriba

      El interrogador

        No pregunto por las glorias ni las nieves,
        Quiero saber dónde se van juntando
        Las golondrinas muertas,
        Adónde van las cajas de fósforos usadas.
        Por grande que sea el mundo
        Hay los recortes de uñas, las pelusas,
        Los sobres fatigados, las pestañas que caen.
        ¿Adonde van las nieblas, la borra del café,
        Los almanaques de otro tiempo?
        Pregunto por la nada que nos mueve;
        En esos cementerios conjeturo que crece
        Poco a poco el miedo,
        Y que allí empolla el Roc.

      Arriba

      El niño bueno

        No sabré desatarme los zapatos y dejar que la ciudad me muerda los pies
        No me emborracharé bajo los puentes, no cometeré faltas de estilo.
        Acepto este destino de camisas planchadas,
        Llego a tiempo a los cines, cedo mi asiento a las señoras.
        El largo desarreglo de los sentidos me va mal. Opto
        Por el dentífrico y las toallas. Me vacuno.
        Mira qué pobre amante, incapaz de meterse en una fuente
        Para traerte un pescadito rojo
        Bajo la rabia de gendarmes y niñeras.

      Arriba

      Encargo

        No me des tregua, no me perdones nunca.
        Hostígame en la sangre,
        Que cada cosa cruel sea tú que vuelves.

        ¡No me dejes dormir, no me des paz!
        Entonces ganaré mi reino,
        Naceré lentamente.
        No me pierdas como una música fácil,
        No seas caricia ni guante;
        Tállame como un sílex, desespérame.

        Guarda tu amor humano, tu sonrisa, tu pelo. Dálos.
        Ven a mí con tu cólera seca de fósforos y escamas.
        Grita. Vomítame arena en la boca, rómpeme las fauces.
        No me importa ignorarte en pleno día,
        Saber que juegas cara al sol y al hombre.
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        Yo te pido la cruel ceremonia del tajo,
        Lo que nadie te pide: las espinas
        Hasta el hueso. Arráncame esta cara infame,
        Oblígame a gritar al fin mi verdadero nombre.

      Arriba

      Esta ternura

        Esta ternura y estas manos libres,
        ¿A quién darlas bajo el viento? Tanto arroz
        Para la zorra, y en medio del llamado
        La ansiedad de esa puerta abierta para nadie.
        Hicimos pan tan blanco
        Para bocas ya muertas que aceptaban
        Solamente una luna de colmillo, el té
        Frío de la vela la alba.
        Tocamos instrumentos para la ciega cólera
        De sombras y sombreros olvidados. Nos quedamos
        Con los presentes ordenados en una mesa inútil,
        Y fue preciso beber la sidra caliente
        En la vergüenza de la medianoche.
        Entonces, ¿nadie quiere esto,
        Nadie?

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      Hablen, tienen tres minutos

        Hablen, tiene tres minutos
        De vuelta del paseo
        Donde junté una florecita para tenerte entre mis dedos un momento,
        Y bebí una botellas de Beaujolais, para bajar al pozo
        Donde bailaba un oso luna,
        En la penumbra dorada de la lámpara cuelgo mi piel
        Y sé que estaré solo en la ciudad
        Más poblada del mundo.

        Excusarás este balance histérico, entre fuga a la rata y queja de morfina,
        Teniendo en cuenta que hace frío, llueve sobre mi taza de café,
        Y en cada medialuna la humedad alisa sus patitas de esponja.

        Máxime sabiendo
        Que pienso en ti obstinadamente, como una ciega máquina,
        Como la cifra que repite interminablemente el gongo de la fiebre
        El loco que cobija su paloma en la mano, acariciándola hora a hora
        Hasta mezclar los dedos y las plumas en una sola miga de ternura.

        Creo que sospecharás esto que ocurre,
        Como yo te presiento a la distancia en tu ciudad,
        Volviendo del paseo donde quizá juntases
        La misma florecita, un poco por botánica,
        Un poco porque aquí,
        Porque es preciso
        Que no estemos tan solos, que nos demos
        Un pétalo, aunque sea un pasito, una pelusa.

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      Happy New Year

        Mira, no pido mucho,
        Solamente tu mano, tenerla
        Como un sapito que duerme así contento.
        Necesito esa puerta que me dabas
        Para entrar a tu mundo, ese trocito
        De azúcar verde, de redondo alegre.
        ¿No me prestás tu mano en esta noche
        De fin de año de lechuzas roncas?
        No puedes, por razones técnicas.
        Entonces la tramo en el aire, urdiendo cada dedo,
        El durazno sedoso de la palma
        Y el dorso, ese país de azules árboles.
        Así la tomo y la sostengo,
        Como si de ello dependiera
        Muchísimo del mundo,
        La sucesión de las cuatro estaciones,
        El canto de los gallos, el amor de los hombres.

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      Hic et nunc

        La nobleza, las grandes palabras, que mal le van
        A esta ternura sin mejillas que tocar,
        A esta lengua sin labios que entender.
        Envilece un amor así que rebota en las paredes del cuarto
        O se va cayendo a pedazos de palabras, esto.

        Es inútil la argucia y la esperanza,
        Somos la previsión,
        Los ojos y la boca orientados al viento. ¿Qué me vale
        Lo que fue, la suave crónica?
        Siempre andaré buscándote en el hoy
        De esta ciudad, de esta hora.
        Si me doy vuelta, oh Lot, eres la sal
        Donde mi sed se hace pedazos.

        Mira de qué sustancias vivo,
        Pero no me tengas lástima, yéndote así
        Todavía más.

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      La ceremonia

        Te desnudé entre llantos y temblores
        Sobre una cama abierta a lo infinito,
        Y si no tuve lástima del grito
        Ni de las súplicas o los rubores,

        Fui en cambio el alfarero en los albores,
        El fuego y el azar del lento rito,
        Sentí nacer bajo la arcilla el mito
        Del retorno a la fuente y a las flores.

        En mis brazos tejiste la madeja
        Rumorosa del tiempo encadenado,
        Su eternidad de fuego recurrente;

        No sé qué viste tú desde tu queja,
        Yo vi águilas y musgos, fui ese lado
        Del espejo en que canta la serpiente.

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      La lenta máquina del desamor

        La lenta máquina del desamor,
        Los engranajes del reflujo,
        Los cuerpos que abandonan las almohadas,
        Las sábanas, los besos,
        Y de pie ante el espejo interrogándose
        Cada uno a sí mismo,
        Ya no mirándose entre ellos,
        Ya no desnudos para el otro,
        Ya no te amo,
        Mi amor.

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      La mufa

        Vos ves la Cruz del Sur,
        Respirás el verano con su olor a duraznos,
        Y caminás de noche
        Mi pequeño fantasma silencioso
        Por ese Buenos Aires,
        Por ese siempre mismo Buenos Aires.
        Quizá la más querida

        Me diste la intemperie,
        La leve sombra de tu mano
        Pasando por mi cara.
        Me diste el frío, la distancia,
        El amargo café de medianoche
        Entre mesas vacías.

        Siempre empezó a llover
        En la mitad de la película,
        La flor que te llevé tenía
        Una araña esperando entre los pétalos.

        Creo que lo sabías
        Y que favoreciste la desgracia.
        Siempre olvidé el paraguas
        Antes de ir a buscarte,
        El restaurante estaba lleno
        Y voceaban la guerra en las esquinas.

        Fui una letra de tango
        Para tu indiferente melodía.

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      Los amantes

        ¿Quién los ve andar por la ciudad
        Si todos están ciegos?
        Ellos se toman de la mano: algo habla
        Entre sus dedos, lenguas dulces
        Lamen la húmeda palma, corren por las falanges,
        Y arriba está la noche llena de ojos.

        Son los amantes, su isla flota a la deriva
        Hacia muertes de césped, hacia puertos
        Que se abren entre sábanas.
        Todo se desordena a través de ellos,
        Todo encuentra su cifra escamoteada;
        Pero ellos ni siquiera saben
        Que mientras ruedan en su amarga arena
        Hay una pausa en la obra de la nada,
        El tigre es un jardín que juega.

        Amanece en los carros de basura,
        Empiezan a salir los ciegos,
        El ministerio abre sus puertas.
        Los amantes rendidos se miran y se tocan
        Una vez más antes de oler el día.

        Ya están vestidos, ya se van por la calle.
        Y es sólo entonces
        Cuando están muertos, cuando están vestidos,
        Que la ciudad los recupera hipócrita
        Y les impone los deberes cotidianos.

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      Los amigos

        En el tabaco, en el café, en el vino,
        Al borde de la noche se levantan
        Como esas voces que a lo lejos cantan
        Sin que se sepa qué, por el camino.

        Livianamente hermanos del destino,
        Dióscuros, sombras pálidas, me espantan
        Las moscas de los hábitos, me aguantan
        Que siga a flote entre tanto remolino.

        Los muertos hablan más pero al oído,
        Y los vivos son mano tibia y techo,
        Suma de lo ganado y lo perdido.

        Así un día en la barca de la sombra,
        De tanta ausencia abrigará mi pecho
        Esta antigua ternura que los nombra.

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      Naufragios en la isla

        DIOS DE LOS CUERPOS

        ... toma estos dardos que te aseguran el
        Dominio sobre todos...
        Ovidio, Metamorfosis, V.

        Eres el dios de los cuerpos, das y quitas la miel del abrazo más hondo,
        Gozas en nuestro grito, en el ascenso paulatino a la delicia
        Para flotar después en el reposo,
        Medusa a medio sueño entre el agua y el sol.

        Pero también esperas
        En el verbo, eres entonces más temible,
        Te agazapas detrás de cada nombre, y cuando
        Regresa del olvido una palabra que decíamos
        Entre besos o lágrimas o Londres,
        ¡Oh el más amargo de los amos, cómo clavas
        Tu dardo de infinitas espumas en mitad de mi vientre,
        Tus uñas de tortura en plena boca!

        No puedo decir noche, decir lágrima,
        Echar al vuelo la paloma de su nombre en los tejados de París,
        Repetir su murmullo de colmena,
        Ser en sus dulces sílabas el viento y la campana,

        Porque también estás ahí con tus mastines y tus águilas,
        Única realidad de tanto olvido y tanto tiempo,
        El amor con su risa de mármol contra el cielo,
        Su sexo cenital y su nocturna espalda.

        ***

        El viaje fabuloso
        Inmóvil en el vértigo
        Tu pelo tus orejas

        El viaje lancinante
        Las hélices del salto
        El fragor del que caer
        Tu nuca tu garganta

        El ancla remontando con sus algas su limo
        La bocina en la niebla
        Tu espalda tu cintura

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      Nocturno

        Tengo esta noche las manos negras, el corazón sudado
        Como después de luchar hasta el olvido con los ciempiés del humo.
        Todo ha quedado allá, las botellas, el barco,
        No sé si me querían, y si esperaban verme.
        En el diario tirado sobre la cama dice encuentros diplomáticos,
        Una sangría exploratoria lo batió alegremente en cuatro sets.
        Un bosque altísimo rodea esta casa en el centro de la ciudad,
        Yo sé, siento que un ciego está muriéndose en las cercanías.
        Mi mujer sube y baja una pequeña escalera
        Como un capitán de navío que desconfía de las estrellas.
        Hay una taza de leche, papeles, las once de la noche.
        Afuera parece como si multitudes de caballos se acercaran
        A la ventana que tengo a mi espalda.

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      Objetos perdidos

        Por veredas de sueño y habitaciones sordas
        Tus rendidos veranos me aceleran con sus cantos
        Una cifra vigilante y sigilosa
        Va por los arrabales llamándome y llamándome
        Pero qué falta, dime, en la tarjeta diminuta
        Donde están tu nombre, tu calle y tu desvelo
        Si la cifra se mezcla con las letras del sueño,
        Si solamente estás donde ya no te busco.

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      Otros cinco poemas para Cris

        I

        Todo lo que precede es como los primeros momentos
        De un encuentro después de mucho tiempo:
        Sonrisas, preguntas, lentos reajustes.
        Es raro, me pareces menos morena que antes.
        ¿Se mejoró por fin tu tía abuela? No, no me gusta
        La cerveza. Es verdad, me había olvidado.

        Y por debajo, montacargas de sombra, asciende despacio otro
        Presente. En tu pelo empiezan a temblar las abejas, tu mano
        Roza la mía y pone en ella un dulce algodón de humo. Hueles
        De nuevo a sur.

        II

        Tienes a ratos
        La cara del exilio
        Ese que busca voz en tus poemas.

        Mi exilio es menos duro,
        Le sobran las defensas,
        Pero cuando te llevo de la mano
        Por una callecita de París
        Quisiera tanto que el paseo se acabara
        En una esquina de Montevideo
        O en mi calle Corrientes
        Sin que nadie viniera
        A pedir documentos.

        III

        A veces creo que podríamos
        Conciliar los contrarios
        Hallar la centritud inmóvil de la rueda
        Salir de lo binario
        Ser el vertiginoso espejo que concentra
        En un vértice último
        Esta ceremoniosa danza que dedico
        A tu presente ausencia.

        Recuerdo a Saint-Exupéry: "El amor
        No es mirar lo que se ama
        Sino mirar los dos en una misma dirección".

        Pero él no sospechó que tantas veces
        Los dos mirábamos fascinados a una misma mujer
        Y que la espléndida, feliz definición
        Se viene al suelo como un gris pelele.

        IV

        Creo que no te quiero,
        Que solamente quiero la imposibilidad
        Tan obvia de quererte
        Como la mano izquierda
        Enamorada de ese guante
        Que vive en la derecha.

        V

        Ratoncito, pelusa, medialuna,
        Caleidoscopio, barco en la botella,
        Musgo, campana, diáspora,
        Palingenesia, helecho,
        Eso y el dulce de zapallo,
        El bandoneón de Troilo y dos o tres
        Zonas de piel en donde
        Hace nido el alción,

        Son las palabras que contienen
        Tu cruel definición inalcanzable,
        Son las cosas que guardan las sustancias
        De que estás hecha para que alguien
        Beba y posea y arda convencida
        De conocerte entera,
        De que sólo eres Cris.

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      Para leer en forma interrogativa

        Has visto
        Verdaderamente has visto
        La nieve los astros los pasos afelpados de la brisa
        Has tocado
        De verdad has tocado
        El plato el pan la cara de esa mujer que tanto amás
        Has vivido
        Como un golpe en la frente
        El instante el jadeo la caída la fuga
        Has sabido
        Con cada poro de la piel sabido
        Que tus ojos tus manos tu sexo tu blando corazóm
        Había que tirarlos
        Había que llorarlos
        Había que inventarlos otra vez.

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      Poema

        Empapado de abejas
        En el viento asediado de vacío
        Vivo como una rama,
        Y en medio de enemigos sonrientes
        Mis manos tejen la leyenda,
        Crean el mundo espléndido,
        Esa vela tendida.

      Arriba

      Quizá la más querida

        Me diste la intemperie,
        La leve sombra de tu mano
        Pasando por mi cara.
        Me diste el frío, la distancia,
        El amargo café de medianoche
        Entre mesas vacías.

      Arriba

      Romance de los vanos encuentros

        No preguntes quién pone en este canto
        Un alma destinada al sufrimiento
        Y un pobre corazón que te ama tanto.

        I

        Bronces de las ocho y media
        Nos llaman cada mañana
        -Entre tu casa y mi casa-
        De dos cornisas y un breve saludos de camaradas.

        ¡Estás tan bella, vestida
        De crujiente espuma blanca
        Bajo ese sol de las ocho
        Que te ciñe y que te alaba!

        Sus amarillas saetas
        Bordan en tu pelo el aura
        Que me recuerda las leves
        Imágenes de las santas.

        (Pienso que rezarte a ti
        Tal vez me salvará el alma...)

        II

        Las campanas matinales
        Ponen música en la senda
        Por donde a tu escuela vas,
        Por donde voy a mi escuela.

        Tontamente, tontamente
        Me vuelve la vieja idea
        Cada vez que nos cruzamos
        En nuestras rutas opuestas:
        Pienso en el ayer que ataba
        Con una risa dos sendas,
        Cuando jamás nos cruzábamos
        Tú y yo en camino a la escuela.

        Con una misma campana,
        Con una misma existencia,
        Y por una misma calle
        Con sol de las ocho y media...
        Para nosotros, entonces,
        Había una sola escuela.

        III

        La señorita maestra
        Pasa vestida de blanco;
        En su oscuro pelo duerme
        La noche aún, perfumado,
        Y en lo hondo de sus pupilas
        Yacen dormidos los astros.

        Buenos días señorita
        Del caminar apurado;
        Cuando su voz me sonríe
        Olvido todos los pájaros,
        Cuando sus ojos me cantan
        Se torna el día más claro,
        Y subo la escalinata
        Un poco como volando,
        Y a veces digo lecciones.

      Arriba

      Save it, pretty mama

        Sálvalo, mamita,
        Sálvame tantas noches de naufragio,
        Salva tu blusa azul (era en enero, en Roma)
        Sálvalo todo, o salva lo que puedas.

        Esto se viene abajo, pretty mama,
        Sálvalo del olvido, no permitas
        Que se llueva la casa, que se borre
        La trattoria de Giovanni,
        Corre por mí por ti, sálvalo ahora,
        Te estás yendo y los pájaros se mueren,
        Me voy de ti te vas de mí, no hay tiempo,
        Sálvalo pretty mama,
        La voz de Satchmo y ese grito
        Que te sumía en lo más hondo del amor,
        Save it all for me,
        Save it all for you,
        Save it all for us.

        Aunque no salves nada, sálvalo mamita.

      Arriba

      Tala

        Llévese estos ojos, piedritas de colores,
        Esta nariz de tótem, estos labios que saben
        Todas la tablas de multiplicar y las poesías más selectas.
        Le doy la cara entera, con la lengua y el pelo,
        Me quito las uñas y dientes y le completo el peso.
        No sirve
        Esa manera de sentir. Qué ojos ni qué dedos.
        Ni esa comida recalentada, la memoria,
        Ni la atención, como una cotorrita perniciosa.
        Tome las inducciones y las perchas
        Donde cuelgan las palabras lavadas y planchadas.
        Arree con la casa, fuera de todo,
        Déjeme como un hueco, o una estaca.
        Tal vez entonces, cuando no me valga
        La generosidad de Dios, eso boy scout,
        Y esté igual que la alfombra que ha aguantado
        Su lenta lluvia de zapatos ochenta años
        Y es urdimbre nomás, claro esqueleto donde
        Se borraron los ricos pavorreales de plata,
        Puede ser que sin vos diga tu nombre cierto
        Puede ocurrir que alcance sin manos tu cintura.

      Arriba

      Te amo por ceja

        Te amo por ceja, por cabello, te debato en corredores
        Blanquísimos donde se juegan las fuentes de la luz,
        Te discuto a cada nombre, te arranco con delicadeza de cicatriz,
        Voy poniéndote en el pelo cenizas de relámpago
        Y cintas que dormían en la lluvia.
        No quiero que tengas una forma, que seas
        Precisamente lo que viene detrás de tu mano,
        Porque el agua, considera el agua, y los leones
        Cuando se disuelven en el azúcar de la fábula,
        Y los gestos, esa arquitectura de la nada,
        Encendiendo sus lámparas a mitad del encuentro.
        Todo mañana es la pizarra donde te invento y te dibujo,
        Pronto a borrarte, así no eres, ni tampoco
        Con ese pelo lacio, esa sonrisa.
        Busco tu suma, el borde de la copa donde el vino
        Es también la luna y el espejo,
        Busco esa línea que hace temblar a un hombre
        En una galería de museo.
        Además te quiero, y hace tiempo y frío.

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      Una carta de amor

        Todo lo que de vos quisiera
        Es tan poco en el fondo
        Porque en el fondo es todo

        Como un perro que pasa, una colina,
        Esas cosas de nada, cotidianas,
        Espiga y cabellera y dos terrones,
        El olor de tu cuerpo,
        Lo que decís de cualquier cosa,
        Conmigo o contra mía,

        Todo eso es tan poco
        Yo lo quiero de vos porque te quiero.

        Que mires más allá de mí,
        Que me ames con violenta prescindencia
        Del mañana, que el grito
        De tu entrega se estrelle
        En la cara de un jefe de oficina,

        Y que el placer que juntos inventamos
        Sea otro signo de la libertad.

      Arriba

      Una idea

        Una idea incandescente se me vino esta mañana
        Una antorcha que flameaba en lo alto de mi mente
        Pero sola y sin refuerzos tal vez pierda la batalla
        Ya librada de hace tiempo por tu brillo y un cobarde

        Un cobarde que vacila entre el olvido y tras la nada
        Que vacila tras tus pasos y tu melódica mirada
        Que se pierde encandilado tras el grito de tus ojos
        Que se aturde enceguecido tras el brillo de tu nombre

        Que se esconde tras las letras de algún otro nombre
        Y aún así no se atreve a gritar de quién se esconde
        Que hace frente tan valiente a enredadas tempestades
        Y se escapa como un niño al descubrirse a tu lado

        Que amanece al medio día y se duerme al despedirte
        Que susurra tan potente y que grita tan despacio
        Que camina tan deprisa y con los ojos bien cerrados
        Sin valor por la cornisa que conduce a tu palacio

        Una idea de coraje se me vino esta mañana
        De sentarnos frente a frente y quitarme el camuflaje
        De soplar mis emociones y transformarlas en palabras
        En palabras que te expliquen cómo cae el agua helada

        Una idea tan sublime como tantas que me diste
        Tan tardía y predecible como tantas he tenido
        Pero sola y sin refuerzos de valor y otros aliados
        Ha perdido la batalla
        Ya es de noche
        Ya te fuiste.

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      Zipper sonnet

        De arriba abajo o bien de abajo arriba
        Este camino lleva hacia sí mismo
        Simulacro de cima ante el abismo
        Árbol que se levanta o se derriba

        Quien en la alterna imagen lo conciba
        Será el poeta de este paroxismo
        En un amanecer de cataclismo
        Náufrago que a la arena al fin arriba

        Vanamente eludiendo su reflejo
        Antagonista de la simetría
        Para llegar hasta el dorado gajo

        Visionario amarrándose a un espejo
        Obstinado hacedor de la poesía
        De abajo arriba o bien de arriba abajo

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