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    Información biográfica

  1. A lo lejos
  2. Abismos
  3. Ahora
  4. Ahora que ya no soy más joven
  5. Armonía
  6. Asedio
  7. Canción
  8. Canciones de ausencia
  9. Certeza
  10. Confesión
  11. De círculo y de ceniza
  12. Del reino de este mundo
  13. Desolación
  14. El forastero
  15. En consideración de la alegría
  16. Intentamos
  17. Laberinto
  18. Nocturno
  19. Paisaje
  20. Por el camino de tu lengua
  21. Reliquias
  22. Romance
  23. Saqueo
  24. Señales
  25. Soledades
  26. Tu nombre




  27. Información biográfica

      Nombre: Piedad Bonnett
      Lugar y fecha nacimiento: Amalfi (Colombia), 8 de septiembre de 1951

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      A lo lejos

        No insistas. Alguien allá a lo lejos está matando el sueño.
        Alguien destaza el corazón del tiempo.
        Alguien allá a lo lejos acaba con él mismo.

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      Abismos

        Porque eres ave que girando en rebeldía
        Desafía la bruma
        La ardua noche
        Haciéndola más honda y más oscura
        Y más inmenso el mar
        Porque eres nave y náufrago a la vez
        Sin velas y sin anclas
        Solitario
        Profanador de todos los confines
        Potro de sombras desbocado y dulce
        Para la libertad
        Y el cielo galopante
        Hecho de vientos y hecho de huracanes
        Y sin embargo calmo como el agua
        De misteriosos y profundos lagos
        Porque extraviado pero indiferente
        Como un rey agraviado deambulas
        Por los caminos de un imperio en ruinas
        Porque eres un reloj sin manecillas
        Un bello loto sobre los pantanos
        Porque te vi sonriendo en tus orillas
        Cayendo voy
        Errática y ardida
        En tus oscuros mundos abismales.

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      Ahora

        Me has enseñado a respirar.
        Juan Gelman

        Porque ahora paso mi mano sobe el envés de las hojas y sé leer su alfabeto
        Y si cierro los ojos oigo correr un río y es tu voz que despierta

        Porque mi cuerpo comienza ahora en ti y acaba más allá de la lluvia
        Donde alcanzan tus brazos y el miedo acuartelado no vigila

        Y sé llamar las cosas
        De modo que estas salten, se desnuden
        Y todo sea reciente
        Para mis ojos que aman en tus ojos

        Porque en mi llanto crecen blandas plantas carnívoras
        Y mi sangre palpita como una iguana abierta

        Porque ahora mi cuerpo recupera sus partes
        Y nace una piel nueva que derrota el verano

        Porque me has enseñado a respirar.

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      Ahora que ya no soy más joven

        Ahora que ya remonto la mitad del camino de mi vida,
        Yo, que siempre me apené de las gentes mayores,
        Yo, que soy eterna pues he muerto cien veces, de tedio, de agonía,
        Y que alargo mis brazos al sol en las mañanas y me arrullo
        En las noches y me canto canciones para espantar el miedo,
        ¿Qué haré con esta sombra que comienza a vestirme
        Y a despojarme sin remordimientos?
        ¿Qué haré con el confuso y turbio río que no encuentra su mar,
        Con tanto día y tanto aniversario, con tanta juventud a las espaldas,
        Si aún no he nacido, si aún hoy me cabe
        Un mundo entero en el costado izquierdo?
        ¿Qué hacer ahora que ya no soy más joven
        Si todavía no te he conocido?

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      Armonía

        Oye cómo se aman los tigres
        Y se llena la selva con sus hondos jadeos
        Y se rompe la noche con sus fieros relámpagos.
        Mira cómo giran los astros en la eterna
        Danza de la armonía y su silencio
        Se puebla de susurros vegetales.
        Huele la espesa miel que destilan los árboles,
        La leche oscura que sus hojas exudan.
        El universo entero se trenza y destrenza
        En infinitas cópulas secretas.
        Sabias geometrías entrelazan las formas
        De dulces caracoles y de ingratas serpientes.
        En el mar hay un canto de sirenas.
        Toca mi piel,
        Temblorosa de ti y expuesta a las espinas,
        Antes que el ritmo de mi sangre calle,
        Antes de que regrese al agua y a la tierra.

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      Asedio

        "Si te ponen miedo mis ojos ausentes, mis ojos noctámbulos,
        mis ojos dementes..."
        León de Greiff

        No me culpes.
        Por rondar tu casa como una pantera
        Y husmear en la tierra tus pisadas.
        Por traspasar tus muros,
        Por abrir agujeros para verte soñar.
        Por preparar mis filtros vestida de hechichera,
        Por recordar tus ojos de hielo mientras guardo
        Entre mis ropas un punzón de acero.
        Por abrir trampas
        Y clavar cuchillos en todos tus caminos.
        Por salir en la noche a la montaña
        Para gritar tu nombre
        Y por manchar con él los blancos paredones
        De las iglesias y los hospitales.
        Hay en mí una paloma
        Que entristece la noche con su arrullo.
        Mi noche de blasfemias y de lágrimas.

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      Canción

        Nunca fue tan hermosa la mentira
        Como en tu boca, en medio
        De pequeñas verdades banales
        Que eran todo
        Tu mundo que yo amaba,
        Mentira desprendida
        Sin afanes, cayendo
        Como lluvia,
        Sobre la oscura tierra desolada.
        Nunca tan dulce fue la mentirosa
        Palabra enamorada apenas dicha,
        Ni tan altos los sueños
        Ni tan fiero
        El fuego esplendoroso que sembrara.
        Nunca, tampoco,
        Tanto dolor se amotinó de golpe,
        Ni tan herida estuvo la esperanza.

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      Canciones de ausencia

        1. Aquí dijiste

        Aquí dijiste:
        "Son hermosos
        Los ojos húmedos de los caballos".
        Y aquí: "Me encanta el viento".
        Desando yo tus pasos, revivo tus palabras.
        Y te amo en la baldosa que pisaste,
        En la mesa de pino
        Que aún guarda la caricia de tu mano,
        En el estropeado cigarrillo
        Olvidado en el fondo de mi bolso.
        Recorro cada calle que anduviste
        Y sé
        Que amaste este abedul y esta ventana.
        Aquí dijiste:
        "Así soy yo,
        Como esa música
        Triste y alegre a un mismo tiempo".
        Y te amo
        En el olor que tiene mi cuerpo de tu cuerpo,
        En la feliz canción
        Que vuelve y vuelve y vuelve a mi tristeza.
        En el día aterido
        Que tú estás respirando no sé dónde.

        En el polvo, en el aire,
        En esa nube
        Que tú no mirarás,
        En mi mirada
        Que te calcó y fijó en mi más triste fondo,
        En tus besos sellados en mis labios,
        Y en mis manos vacías,
        Pues eres hoy vacío
        Y en el vacío te amo.

        2. Ni los sueños

        Ni los sueños, donde tu rostro tiene todas las formas de la dicha.
        Ni el sol que tanto amo sobre mi cuerpo desnudo,
        Ni la grata canción del antiguo trovero enamorado,
        Ni el verso de Darío ni el verso de Quevedo,
        Ni esta luna que brilla con brillo de alcancía,
        Ni tu nombre por otros pronunciado,
        Ni el eco de mis pasos en la inmensa catedral solitaria,
        Ni el rosal que yo siembro con mis manos y me sangra los dedos,
        Ni las noches insomnes,
        Ni tu dulce retrato mentiroso,
        Ni el tiempo, -ese falsario de mil rostros-
        Pueden calmar mi pena de no verte.

        3. Sólo puedo escribir de amor

        Sólo puedo escribir de amor.
        Salgo a la noche
        Respiro su aire tenso, sé que vivo.
        Con su canto monódico me seducen los grillos.
        Y es la noche sin ti lo que yo escribo.
        En el verso me abstraigo.
        Y allí el amor es sangre y meteoro,
        Es la espada que hiere, es sal y madrugada.
        Breve es y bello y mentiroso,
        Y eterno y falso y dulce y verdadero.
        Y yo sólo sé hablar de la tormenta
        Que estalla entre tus besos.
        Ebria y multicolor
        En anodinas calles la ciudad multiplica
        Mil rostros pianos y una sola mueca,
        Y abre sus tristes puertas a la noche.
        Todo está allí para que la palabra
        Aprese un llanto, un árbol, la monstruosa
        Soledad de sus calles vocingleras.
        Y yo tan sólo escribo
        De la tarde sin ti y de mi tristeza.

        4. La palabra

        La palabra,
        -Esa hechicera-
        Me devuelve la forma de tu pecho,
        La humedad de tu axila, la sedosa
        Caricia de tu vello.
        La palabra se hace agua, se hace lágrima,
        Se hace calor, saliva, piel y beso.
        La palabra,
        Loca fabuladora del deseo.
        Te exorcisa y a mí vienes volando
        Con las manos vacías.
        Con tu apenas sonrisa
        Galopas sobre el tiempo.
        La palabra,
        La dulce mentirosa,
        Tiende su trampa y yo te recupero.
        Tinta.
        Letras de tinta.
        De tinta la mentira.
        Palabras, letras, tinta.
        Y tú tan lejos.

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      Certeza

        Siempre hay paz en la certeza.
        Truman Capote

        Hasta el fondo del vaso
        Desde tu oscuro fondo
        Caían las palabras
        Difíciles
        Amargas
        Caían como gotas espesas y brillantes
        Que iba sorbiendo el tiempo

        Como arena finísima
        Caían
        Haciendo un agujero
        En mi mano extendida

        Y cada gesto
        Era ya para siempre

        Ideograma de tintas visibles
        De un idioma
        Que iba olvidando mientras lo aprendía

        Y el instante nacía cada vez
        Para morir
        En memoria y en fuga de presente.

        Tenerte era perderte.

        No tenerte
        Es esperar
        Confiada
        Que no llegues.

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      Confesión

        Para tus ojos
        Quisiera yo beber el agua dulce azogue,
        Y amanecer cubierta de polvos de metales
        Como una joven faraona muerta.
        Robarle su color a los almendros,
        Y hundiéndome en el lodo feroz de los pantanos
        Lustrar mi desnudez
        Para tus ojos.
        Recuperar la luz de las espadas
        Y hacerla batallar en mis pupilas.
        Tornarme espléndida
        Como una esclava etrusca cuya cabeza calva
        Perturba el sueño de los mercaderes,
        Como iracunda araña al sol del mediodía,
        Como la dentadura feroz de los guerreros,
        Como el líquido
        Despertar matutino de las dianas.

        (Pero todo esto no es sino literatura
        Y debo resignarme a sonreírte
        Sin existir, quizá para tus ojos).

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      De círculo y de ceniza

        Tu boca viene a mí, sólo tu boca.
        Viene volando,
        Libélula de sangre, llamarada
        Que enciende esta, mi noche de ceniza.
        Toda la sal del mar habita en ella,
        Todo el rumor del mar,
        Toda la espuma.
        Boca para los besos dibujada,
        Donde duerme tu lengua tentadora.
        Todo el vino del mundo está en tu boca,
        Todo el pecado
        Y la inocencia toda.
        Boca que calla y cuando dice, oculta.
        Capaz de toda la verdad tu boca,
        De toda la verdad y la mentira.
        Ríe tu boca y se despierta el día.
        (Relámpagos de nieve hay en tu risa.)
        Como un tropel de potros me atropellan
        Los besos de tu boca deliciosa;
        Tu boca, mariposa equivocada,
        Tu boca ajena que se desdibuja
        En mi noche de círculo y ceniza.

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      Del reino de este mundo

        Hablo
        De la muchacha que tiene el rostro desfigurado por el fuego
        Y los senos erguidos y dulces como dos ventanas con luz,
        Del niño ciego al que su madre le describe un color
        Inventando palabras,
        Del beso leporino jamás dado,
        De las manos que no llegaron a saber que la llovizna es tibia
        Como el cuello de un pájaro,
        Del idiota que mira el ataúd donde será enterrado su padre.
        Hablo de Dios, perfecto como un círculo, y todopoderoso y
        Justo y sabio.

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      Desolación

        Ese sonar de aldabas me levantó del sueño,
        Sobresaltó mi corazón dormido.
        Cuánto ruido trajiste a esta casa:
        Qué músicas extrañas,
        Qué silencios no oídos.
        Todos los corredores se poblaron de ti
        Y olvidaron de golpe su soledad de siglos.
        Un aroma de mar invadió las alcobas
        Y a un día tembloroso se abrieron sus postigos.
        Ese sonar de aldabas sobresaltó mi noche,
        Rompió candados y rompió cerrojos.
        No podía saber que cuando el aire
        Barriera el polvo en todos los rincones
        Y de olor a manzanas se llenara la huerta,
        Te marcharías sin sonar de aldabas,
        Dejando tus silencios
        Y las puertas abiertas.

      Arriba

      El forastero

        Otra vez ha llegado el arrogante amor sin anuncio
        Y se ha instalado aquí
        Donde tu nombre comienza a ser un árbol
        Que me da sombra con sus siete letras
        Sin permiso, sin prisa -con un rostro tan nuevo
        Que no conocí sus ojos antiquísimos
        Sus garras de milano
        Su paciencia-
        Ha dado órdenes para que el sol alumbre
        Y ha clavado su espuela
        Aquí donde tus ojos me pierden y me ganan
        Aquí donde tu voz
        Donde tu mano
        Lustra la piel de este animal que tiembla
        Hirsuto y tan hermoso
        Que ahora es guerrero el sueño al que despierto
        Mientras la muerte huye
        De nuevo estoy a salvo.

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      En consideración de la alegría

        A qué llorar, me digo,
        Todo estaba previsto
        Me muerdo las falanges
        Los asombros, por qué
        Miro la luna
        Ajena y sola y sobria en su talante
        Si desde siempre
        Desde el nacer, desde el morir, y en cada hora
        Pacientemente crece el hilo, crece,
        Y también crece la baba del gusano y la piedra
        Atravesada aquí,
        Bebo y saludo
        Y soy cordial con mi vecino ciego
        Pues no son tiempos estos dados a patetismos,
        Ni es elegante
        Exhibir el dolor.

        A qué llorar, me digo:
        Sería
        Inoportuno con la muchedumbre
        Que ríe afuera con su risa de siglos.

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      Intentamos

        Alguno descubrió
        Entre el hollín y el polvo una marmaja,
        O en noches muy oscuras un resplandor lejano.
        ¡Tanto sueño perdido,
        Tanta esperanza rota,
        Tanto para tan poco
        Y tanta pena!
        Y apenas unas gotas de miel,
        Licor ninguno.
        Una canción lejana, los retratos
        Ajados de remotos bisabuelos,
        Y palabras, palabras astilladas,
        Palabras mutiladas por el tiempo.

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      Laberinto

        Condenada a ser sombra de tu sombra,
        A soñar con tu nombre en cada madrugada.
        Por la ventana abierta un olor errabundo
        De vida, -¿y tú en que calle?-
        Un temblor en la luz,
        El llanto de algún niño.
        Y tus ojos cerrados,
        O tus ojos abiertos como dos golondrinas,
        Y tu mano en el agua o tu mano en tu pelo
        O tu mano en el aire con su triste blandura,
        -¿Y en qué calle tus pasos?-
        Y yo en sueños atada al hilo de tus sueños,
        Condenada a ser sombra de tu sombra,
        A soñar con tu nombre en cada madrugada.

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      Nocturno

        La noche, oscura loba, golpea las ventanas
        Con una lluvia airada.
        A lo lejos
        Un monótono ruido de motores
        Recuerda la ciudad que se desvela.
        Duermen los niños
        Y se puebla la casa con sus sueños
        De campos y caminos soleados.
        En el cristal mi rostro indiferente
        Me devuelve impasible la mirada.v Todo se ha detenido:
        El mundo afuera,
        Las sombras misteriosas y en el libro
        El llanto de la pálida muchacha.
        Noche inmensa,
        Noche sin bordes como un mar eterno.
        Un pensamiento leve: aquí alguien falta.
        Un estremecimiento.
        Allá, a lo lejos,
        Una bocina suena
        Y en el libro
        Vuelve a llorar la pálida muchacha.

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      Paisaje

        El sol de mediodía, su luz sonámbula,
        El recio azul del cielo tirante y sordo,
        El aire y su ondulante resplandor de hojalata,
        Las vacas tardas, tontas, en el verde infinito,
        Y las moscas zumbonas,
        Tornasoladas,
        Su círculo de muerte coronando el silencio;
        Los ojos como espejos, y en los ojos,
        El ave circular, la nube pasajera;
        Y las manos atadas,
        Y la tierra
        Donde crecen los yuyos fieramente,
        Las zarzas, el jaramago, las madreselvas.
        Todo esperando el lente de los fotógrafos;
        Y a lo lejos la risa de las hienas.

      Arriba

      Por el camino de tu lengua

        Por el camino de tu lengua yo podría llegar
        Hasta la negra Abisinia
        O cabalgar hasta Bengala o Nankin
        Porque ella es sabia como un viejo maestro que
        Enseña sobre el cielo
        Las rutas de los pálidos cometas

        Porque tu lengua es poderosa como la de la mantis
        Que da vida y da muerte
        Y sabe tejer formas como la poesía
        Y es diestra en lides y ducha en argucias
        Y canta una canción remota y mágica que invita al extravío

        Pero por el camino de tu lengua viajo más hondo
        Hasta el lugar donde naces gimiendo con un tremor antiguo
        Y me sientes flotar reciente y húmeda

        Hasta el origen
        Donde sueña la bestia su sueño más profundo
        Y el placer es un banco de peces que relumbra
        Entre sales marinas

        Hasta mi centro
        Donde veo lo que no ven mis ojos cegados por las
        Luces del mundo
        Donde no existe la palabra
        La torpe mercenaria

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      Reliquias

        Tías siempre observadas
        Por aquel laberinto de retratos,
        Con sus piernas de pájaro enredadas
        En ovillos de lanas de colores.
        Un camafeo guarda los cabellos
        Que el afán de la muerte ha desteñido.
        Tías con manchas grises en las manos
        Que minuciosamente multiplican
        De cojines sus cuartos numerosos,
        Adormilados en la naftalina.
        Tías de labios rojos,
        Que duermen vigiladas por bandejas de plata.
        A todos nos alcanzan sus bufandas eternas,
        Que esperan un invierno que no llega.

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      Romance

        Escucha, amor,
        ¡Viene la muerte avisando!
        Oye entre las duras piedras
        Su rumor.
        Viene la muerte al galope
        Silenciosa y embozada.
        Calla y en tu corazón
        Escucharás sus pisadas.
        Viene la muerte enredando
        En su lanza desalmada
        Todo lo que va topando.
        Viene enredada en la flor,
        Viene en el sol dominguero.
        Calla, amor, calla y escucha,
        Pues ha hecho nido en mi pecho.
        ¡Y tus besos derramados,
        Y tu alma malqueriendo,
        Y en tu mirada distante
        Toda la vida latiendo!

        Viene la muerte cantando,
        Viene la muerte avisando:
        Oye, amor cruel e inconstante
        Su rumor.

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      Saqueo

        Como un depredador entraste en casa,
        Rompiste los cristales,
        A piedra destruiste los espejos,
        Pisaste el fuego que yo había encendido.

        Y sin embargo, el fuego sigue ardiendo.
        Un cristal me refleja dividida.
        Por mi ventana rota aún te veo.
        (Con tu cota y tu escudo me miras desde lejos).
        Y yo, mujer de paz,
        Amo la guerra en ti, tu voz de espadas,
        Y conozco de heridas y de muerte,
        Derrotas y saqueos.

        En mi hogar devastado se hizo trizas el día,
        Pero en mi eterna noche aún arde el fuego.

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      Señales

        La luna brilla con ese furor ciego
        Que es señal inequívoca
        De que ha llegado el tiempo fértil del sacrificio.
        Huele a la piel rayada de los tigres,
        A orquídea que se abre,
        Al humus que comienza a oscurecer la lluvia.
        En un sueño de ríos y serpientes
        Naufraga la muchacha envuelta en llanto
        Y sus pechos recientes se estremecen
        Con un temblor antes desconocido.
        La muñeca que abraza tiene los ojos muertos.
        Y el ángel de la guarda
        Marca una cruz con sangre sobre sus muslos blancos.

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      Soledades

        Exacto y cotidiano
        El cielo se derrama como un oscuro vino,
        Se agazapa a dormir en los zaguanes,
        Endurece los patios, los postigos,
        Enciende las pupilas de los gatos.
        En las mezquinas calles minuciosos golpean
        Los pasos de la frágil solterona
        Que sabe que no hay luz en su ventana.
        En el aire hay olor a col hervida
        Y detrás de la ropa que aporrea la piedra
        Un canto de mujer abre la noche.
        Es la hora
        En que el joven travesti se acomoda los senos
        Frente al espejo roto de la cómoda,
        Y una muchacha ensaya otro peinado
        Y echa esmalte en el hueco de sus medias de seda.
        Abre la viuda el closet y llora con urgencia
        Entre trajes marrón y olor a naftalina,
        Y un pubis fresco y unos muslos blancos
        Salen del maletín del agente viajero.
        Un alboroto de ollas revuelca la cocina
        Del restaurante donde un viejo duerme
        Contra el sucio papel de mariposas,
        Mientras como una red sin agujeros
        Nos envuelve la noche por los cuatro costados.

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      Tu nombre

        Cuando el dolor ha triturado ya el último hueso de mi noche
        Y sólo habla el silencio al corazón insomne que hila
        Y deshila penas y memorias
        Viene tu nombre hasta mi cuarto a oscuras.
        Con un galope seco viene tu nombre abriendo
        Un camino entre nieblas
        Instaurando sus voces sus redobles
        Sus erres que retumban como un grito de guerra
        Su bronco acento de campana rota.
        Tu nombre es tantas cosas:
        El recuerdo de un barco que viene de ultramar y sus tercos
        Marinos
        El fuego entre la piedra
        Gota roja
        Que va tiñendo la pared del alba.
        En él puede escucharse la voz de los que creen
        Con mística implacable y fe colérica.
        Pero es también dulzura tu nombre
        Muro blanco donde mi mano traza los signos del sosiego
        Lugar donde recuesto mi cabeza.
        Entre tu nombre y tú sin embargo un silencio
        Una grieta nocturna donde anidan los pájaros.

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