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    Información biográfica

  1. A Julia de Burgos
  2. Agua, vida y tierra
  3. Alba de mi silencio
  4. Alta mar y gaviota
  5. Amanecida
  6. Amor
  7. Armonía de la palabra y el instinto
  8. Azul de tierra en ti
  9. Canción amarga
  10. Canción de la verdad sencilla
  11. Canción de mi pena dormida
  12. Canción de mi sombra minúscula
  13. Canción desnuda
  14. Canción hacia adentro
  15. Casi alba
  16. Coloquio sideral
  17. Dadme mi número
  18. Donde comienzas tú...
  19. El hombre y mi alma
  20. El mar y tú
  21. El rival de mi río
  22. Entretanto, la ola
  23. Es un algo de sombra
  24. Íntima
  25. Nada
  26. No hay abandono
  27. Noche de amor en tres cantos
  28. Oh lentitud del mar
  29. Oh mar, no esperes más
  30. Para hallarte esta noche...
  31. Poema con la tonada última
  32. Poema de la cita eterna
  33. Poema de la íntima agonía
  34. Poema para las lágrimas
  35. Poema perdido en pocos versos
  36. Proa de mi velero de ansiedad
  37. Río grande de Loíza
  38. Se ha muerto la tiniebla en mis pupilas...
  39. Si fuera todo mar...
  40. Silencio de angustia
  41. Te llevarán
  42. Te quiero
  43. Te seguiré callada
  44. Transmutación
  45. Velas sobre un recuerdo
  46. Viaje alado
  47. Víctima de luz
  48. Voces para una nota sin paz
  49. Ya no es mío mi amor
  50. Yo fui la más callada




  51. Información biográfica

      Nombre: Julia de Burgos
      Lugar y fecha nacimiento: Carolina (Puerto Rico), 17 de febrero de 1914
      Lugar y fecha defunción: Nueva York (Estados Unidos), 6 de julio de 1953 (39 años)

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      A Julia de Burgos

        Ya las gentes murmuran que yo soy tu enemiga
        Porque dicen que en verso doy al mundo mi yo.
        Mienten, Julia de Burgos. Mienten, Julia de burgos.
        La que se alza en mis versos no es tu voz: es mi voz
        Porque tú eres ropaje y la esencia soy yo; y el más
        Profundo abismo se tiende entre las dos.
        Tú eres fria muñeca de mentira social,
        Y yo, viril destello de la humana verdad.
        Tú, miel de cortesana hipocresías; yo no;
        Que en todos mis poemas desnudo el corazón.
        Tú eres como tu mundo, egoísta;
        Yo no; que en todo me lo juego a ser lo que soy yo.
        Tú eres sólo la grave señora señorona; yo no,
        Yo soy la vida, la fuerza, la mujer.
        Tú eres de tu marido, de tu amo; yo no;
        Yo de nadie, o de todos, porque a todos, a
        Todos en mi limpio sentir y en mi pensar me doy.
        Tú te rizas el pelo y te pintas; yo no;
        A mí me riza el viento, a mí me pinta el sol.
        Tú eres dama casera, resignada, sumisa,
        Atada a los prejuicios de los hombres; yo no;
        Que yo soy Rocinante corriendo desbocado
        Olfateando horizontes de justicia de Dios.
        Tú en ti misma no mandas;
        A ti todos te mandan; en ti mandan tu esposo, tus
        Padres, tus parientes, el cura, el modista,
        El teatro, el casino, el auto,
        Las alhajas, el banquete, el champán, el cielo
        Y el infierno, y el que dirán social.
        En mí no, que en mí manda mi solo corazón,
        Mi solo pensamiento; quien manda en mí soy yo.
        Tú, flor de aristocracia; y yo, la flor del pueblo.
        Tú en ti lo tienes todo y a todos se
        Lo debes, mientras que yo, mi nada a nadie se la debo.
        Tú, clavada al estático dividendo ancestral,
        Y yo, un uno en la cifra del divisor
        Social somos el duelo a muerte que se acerca fatal.
        Cuando las multitudes corran alborotadas
        Dejando atrás cenizas de injusticias
        Quemadas, y cuando con la tea de las siete virtudes,
        Tras los siete pecados, corran las multitudes,
        Contra ti, y contra todo lo injusto
        Y lo inhumano, yo iré en medio de
        Ellas con la tea en la mano.

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      Agua, vida y tierra

        Yo fui estallido fuerte de la selva y el río,
        Y voz entre dos ecos, me levanté en las cuestas.
        De un lado me estiraban las manos de las aguas,
        Y del otro, prendíanme sus raíces las sierras.

        Cuando mi río subía su caricia silvestre
        En aventuras locas con el rocío y la niebla,
        Con el mismo amor loco que impulsaba mi sueño,
        Lejos de sorprenderlo, me hospedaba en las sierras.

        Pero si alguna sombra le bajaba a los ojos,
        Me repetía en sus aguas hasta dar en la arena,
        Y era mi grito nuevo como un tajo en el monte
        Que anegaba las calles y golpeaba las puertas.

        A veces la montaña se me vestía de flores
        E iniciaba en mi talle curvas de primavera.

        ¡Quién sabe en qué mañana se apretaron mis años
        Sobre senos y muslos y caderas de piedra!

        Se treparon mis ojos al rostro de los árboles
        Y fueron mariposas sus vivas compañeras:
        Así es como en los prados voy buscando las flores,
        Y alas pido en las almas que a mi vida se acercan.

        Mis dedos arañaron la fuerza de los riscos,
        Y juraron ser índices de mis futuras vueltas;

        Por eso entre los cuerpos doblados de los hombres,
        Como puntales puros de orientación se elevan.

        Yo fui estallido fuerte de la sierra y el río,
        Y crecí amando el río e imitando la sierra...

        Una mañana el aire me sorprendió en el llano:
        Ya mi raíz salvaje se soltaba las riendas!
        Pálidas ceremonias saludaron mi vida,
        Y una fila de voces reclamaron la prenda...

        Mis labios continuaron el rumor de las fuentes
        Donde entrañé mis años y abastecí las venas.
        De ahí mi voz de ahora, blanca sobre el lenguaje,
        Se tiende por el mundo como la dio la tierra.

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      Alba de mi silencio

        En ti me he silenciado...
        El corazón del mundo
        Está en tus ojos, que se vuelan
        Mirándome.

        No quiero levantarme de tu frente fecunda
        En donde acuesto el sueño de seguirme en tu alma.

        Casi me siento niña de amor que llega hasta los pájaros.
        Me voy muriendo en mis años de angustia
        Para quedar en ti
        Como corola recién en brote al sol...

        No hay una sola brisa que no sepa mi sombra
        Ni camino que no alargue mi canción hasta el cielo.

        ¡Canción silenciada de plenitud!
        En ti me he silenciado...

        La hora más sencilla para amarte es esta
        En que voy por la vida dolida del alba.

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      Alta mar y gaviota

        Por tu vida yo soy...
        En tus ojos yo vivo la armonía de lo eterno.
        La emoción se me riega,
        Y se ensancha mi sangre por las venas del mundo.

        No doy ecos partidos.
        Lo inmutable me sigue
        Resbalando hasta el fondo de mi propia conciencia.

        En ti yo amo las últimas huidas virginales
        De las manos del alba,
        Y armando lo infinito
        Te quiero entre las puertas humanas que te enlazan.

        En ti aquieto las ramas abiertas del espacio,
        Y renuevo en mi arteria tu sangre con mi sangre.

        ¡Te multiplicas!
        ¡Creces!
        ¡Y amenazas quedarte
        Con mi prado salvaje!

        Eres loca carrera donde avanzan mis pasos,
        Atentos como albas
        Al sol germinativo que llevas en tu impulso.

        Por tu vida yo soy
        Alta mar y gaviota:
        En ella vibro
        Y crezco...

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      Amanecida

        ¿Soy una amanecida del amor?

        Raro que no me sigan centenares de pájaros
        Picoteando canciones sobre mi sombrilla blanca.
        (¿Será que van cercando, en vigilia de nubes,
        La claridad inmensa donde avanza mi alma?)

        Raro que no me carguen pálidas margaritas
        Por la ruta amorosa que han tomado mis alas.
        (¿Será que están llorando a su hermana más triste,
        Que en silencio se ha ido a la hora del alba?)

        Raro que no me vista de novia la más leve
        De aquellas brisas suaves que durmieron mi infancia.
        (¿Será que entre los árboles va enseñando a mi amado
        Los surcos inocentes por donde anduve, casta?)

        Raro que no me tire su emoción el rocío,
        En gotas donde asome risueña la mañana.
        (¿Será que por el surco de angustia del pasado,
        Con agua generosa mis decepciones baña?)

        ¿Soy una amanecida del amor?

        En mí cuelgan canciones y racimos de pétalos,
        Y muchos sueños blancos, y emociones aladas.

        Raro que no me entienda el hombre, conturbado
        Por la mano sencilla que recogió mi alma.
        (¿Será que en él la noche se deshoja más lenta,
        O tal vez no comprenda la emoción depurada?)

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      Amor

        Amor...
        Única llama que me queda de Dios
        En el sendero cierto de lo incierto.

        Aquí,
        Desesperada,
        Me contemplo la vida en un hueco del tiempo.

        Entrecortando pasa el sendero de luz
        Que esperancé de sueño.

        ¡Oh mañanas azules que se quedaron muertas,
        Volando en el espacio!

        ¡Oh anudada caricia que amaneces dispersa,
        Cuando despierta el cuerpo!

        ¡Oh querer desterrarme de mis pasos turbados...!
        ¡Multiplican en ecos!

        Aquí, junto al continuo gravitar de la nada,
        ¡Cómo asaltan mi espíritu los silencios más yermos!

        Mi esperanza es un viaje flotando entre sí misma...
        Es una sombra vaga sin ancla y sin regreso.

        Mis espigas no quieren germinar al futuro.
        ¡Oh el peso del ambiente!
        ¡Oh el peso del destierro!

        ¡Amor...!
        Hasta la leve ronda de tu voz perturbada,
        Me partió la ola blanca que quedaba en mi pecho.

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      Armonía de la palabra y el instinto

        Todo fue maravilla de armonías
        En el gesto inicial que se nos daba
        Entre impulsos celestes y telúricos
        Desde el fondo de amor de nuestras almas.

        Hasta el aire espigóse en levedades
        Cuando caí rendida en tu mirada;
        Y una palabra, aún virgen en mi vida,
        Me golpeó el corazón, y se hizo llama
        En el río de emoción que recibía,
        Y en la flor de ilusión que te entregaba.

        Un connubio de nuevas sensaciones
        Elevaron en luz mi madrugada.
        Suaves olas me alzaron la conciencia
        Hasta la playa azul de tu mañana,
        Y la carne fue haciéndose silueta
        A la vista de mi alma libertada.

        Como un grito integral, suave y profundo
        Estalló de mis labios la palabra;
        ¡Nunca tuvo mi boca mas sonrisas,
        Ni hubo nunca más vuelo en mi garganta!

        En mi suave palabra, enternecida,
        Me hice toda en tu vida y en tu alma;
        Y fui grito impensado atravesando
        Las paredes del tiempo que me ataba;
        Y fui brote espontáneo del instante;
        Y fui estrella en tus brazos derramada.

        Me di toda, y fundiéndome por siempre
        En la armonía sensual que tú me dabas;
        Y la rosa emotiva que se abría
        En el tallo verbal de mi palabra,
        Uno a uno fue dándote sus pétalos,
        Mientras nuestros instintos se besaban.

      Arriba

      Azul de tierra en ti

        ¿Parece mar, el cielo
        Donde me he recostado a soñarte?

        Si vieras mi mirada,
        Como un ave, cazando horizontes y estrellas.

        El universo es mío desde que tú te hiciste
        Techo de mariposas para mi corazón.

        Es tan azul el aire cuando mueves tus alas,
        Que el vuelo nace eterno en repetida ola sin cansancio.

        No sé si en ola o nube abrirme la ternura
        Para rodarme al sueño donde duermes.

        Es tan callado el viento,
        Que he podido lograrte entre los ecos.

        ¿Soy toda claridad para estrecharte?

        Te he visto con los ojos vivos
        Como los ojos abiertos de los bosques,
        Figurándome en risas y quebradas nadando hasta el océano.

        Te he recogido en huellas de canciones marinas
        Donde una vez dejaste corazones de agua enamorados.

        ¿Te he sacado del tiempo?

        ¡Cómo te he levantado en un lirio de luz
        Que floreció mi mano al recordarte!

        ¿Por qué me corre el mar?
        Tú eres vivo universo contestándome.

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      Canción amarga

        Nada turba mi ser, pero estoy triste.
        Algo lento de sombra me golpea,
        Aunque casi detrás de esta agonía,
        He tenido en mi mano las estrellas.

        Debe ser la caricia de lo inútil,
        La tristeza sin fin de ser poeta,
        De cantar y cantar, sin que se rompa
        La tragedia sin par de la existencia

        La batalla que agota toda espera,
        Encontrarse, ya el alma moribunda,
        Que en el mísero cuerpo aún quedan fuerzas.

        ¡Perdóname, oh amor, si no te nombro!
        Fuera de tu canción soy ala seca.
        La muerte y yo dormimos juntamente
        Cantarte a ti tan solo me despierta.

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      Canción de la verdad sencilla

        ¿No es él el que me lleva?
        Es mi vida que en su vida palpita.
        Es la llamada tibia de mi alma
        Que se ha ido a cantar entre sus rimas.
        Es la inquietud de viaje de mi espíritu
        Que ha encontrado en su rumbo eterna vía.
        El y yo somos uno.

        Uno mismo y por siempre entre las cimas;
        Manantial abrazando lluvia y tierra;
        Fundidos en un soplo ola y brisa;
        Blanca mano enlazando piedra y oro;
        Hora cósmica uniendo noche y día.

        El y yo somos uno.
        Uno mismo y por siempre en las heridas.
        Uno mismo y por siempre en la conciencia.
        Uno mismo y por siempre en la alegría.

        Yo saldré de su pecho a ciertas horas,
        Cuando él duerma el dolor en sus pupilas,
        En cada eco bebiéndome lo eterno,
        Y en cada alba cargando una sonrisa.

        Y seré claridad para sus manos
        Cuando se vuelquen a trepar los días,
        En la lucha sagrada del instinto
        Por salvarse de ráfagas suicidas.

        Si extraviado de senda, por los locos
        Enjaulados del mundo, fuese un día,
        Una luz disparada por mi espíritu
        Le anunciará el retorno hasta mi vida.

        ¿No es él el que me lleva?
        Es su vida que corre por la mía.

        Se recogió la vida para verme pasar.
        Me fui perdiendo átomo por átomo de mi carne
        Y fui resbalándome poco a poco al alma.

        Peregrina en mí misma, me anduve un largo instante.
        Me prolongué en el rumbo de aquel camino errante
        Que se abría en mi interior,
        Y me llegué hasta mí, íntima.

        Conmigo cabalgando seguí por la sombra del tiempo
        Y me hice paisaje lejos de mi visión.

        Me conocí mensaje lejos de la palabra.
        Me sentí vida al reverso de una superficie de colores y formas.
        Y me vi claridad ahuyentando la sombra vaciada en la tierra desde el hombre

        ****

        Ha sonado un reloj la hora escogida de todos.
        ¿La hora? Cualquiera. Todas en una misma.
        Las cosas circundantes reconquistan color y forma.
        Los hombres se mueven ajenos a sí mismos
        Para agarrar ese minuto índice
        Que los conduce por varias direcciones estáticas.

        Siempre la misma carne apretándose muda a lo ya hecho.
        Me busco. Estoy aún en el paisaje lejos de mi visión.
        Sigo siendo mensaje lejos de la palabra.

        La forma que se aleja y que fue mía un instante
        Me ha dejado íntima.
        Y me veo claridad ahuyentando la sombra
        Vaciada en la tierra desde el hombre.

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      Canción de mi pena dormida

        Con los ojos cerrados
        Amplia de voces íntimas
        Me detengo en el siglo de mi pena dormida.
        La contemplo en su sueño...
        Duerme su noche triste
        Despegada del suelo donde arranca mi vida.
        Ya no turba la mansa carrera de mi alma
        Ni me sube hasta el rostro el dolor de pupilas.

        Encerrada en su forma,
        Ya no proyecta el filo sensible de sus dedos
        Tumbándome alegrías,
        En la armonía perfecta de mi canción erguida.
        Ya no me parte el tiempo...

        Duerme su noche triste
        Desde que tú te anclaste en la luz de mis rimas.
        Recuerdo que las horas se rodaban en blanco
        Sobre mi pena viva,
        Cuando corría tu sombra por entre extrañas sombras,
        Adueñado de risas.

        Mi emoción esperaba....
        Pero tuve momentos de locura suicida.
        Un agitado viento de esperanza
        Parece que me anuncia tu regreso.
        Entre el fuego de luna que me invade
        Alejando crepúsculos te siento.
        Estás aquí. Conmigo.
        Por mi sueño.

        ¡A dormir se van ahora mis lágrimas
        Por donde tú cruzaste entre mi verso!

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      Canción de mi sombra minúscula

        ¡A veces la vida me quiere estallar en canciones
        De angustia inesperada!

        Yo quisiera quedarme en el secreto de mis penas
        Punzantes como estrellas,
        Pero mi alma no puede alcanzar el silencio
        Del poema sin palabras,
        Y salta por mis labios hecha polvo de vibraciones íntimas.

        Hay una sola puerta abierta en el camino a donde va mi vida
        Desconocida de sonrisas.
        Me echo a buscar su rastro,
        Como si el cosmos se hubiese concentrado en su energía
        Y hasta ella fuese mi emoción hecha pedazos
        De mariposas destrozadas.

        Mi emoción rueda ahora por una de esas islas salvajes
        De dolor.
        Me he sentido llegar allí donde se mueren
        Las canciones felices,
        Y el dolor se da cita con la pintura transparente del cielo.

        Me duele aquella rosa prematura que se cayó en mis ojos
        Herida por los pétalos rosados;
        Y la última mirada de una novia del aire
        Que se murió de castidad al sentirse de carne
        Para el beso del hombre.

        Sangra en el dolor del atardecer caído en mis espaldas
        La pena del crepúsculo que no volverá a enamorar
        La margarita pálida del bosque.

        Solloza de misterio en mi vuelo de nube
        Una gota de lagrima que se subió al espacio
        Llevada por una espiga de rocío.

        Todo el dolor que rueda en el instante abandonado
        Viene a danzar su ritmo en mi carne atormentada
        De ansiedad cósmica.

        Y la emoción me estalla en canciones inútiles,
        Dentro de este espejismo de grandeza
        De donde parte,
        Minúscula,
        Mi sombra...

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      Canción desnuda

        Despierta de caricias,
        Aún siento por mi cuerpo corriéndome tu abrazo.
        Estremecido y tenue sigo andando en tu imagen.
        ¡Fue tan hondo de instintos mi sencillo reclamo...

        ¡De mí se huyeron horas de voluntad robusta,
        Y humilde de razones, mi sensación dejaron.
        Yo no supe de edades ni reflexiones yertas.
        ¡Yo fui la Vida, amado!
        La vida que pasaba por el canto del ave
        Y la arteria del árbol.

        Otras notas más suaves pude haber descorrido,
        Pero mi anhelo fértil no conocía de atajos:
        Me agarré a la hora loca,
        Y mis hojas silvestres sobre ti se doblaron.

        Me solté a la pureza de un amor sin ropajes
        Que cargaba mi vida de lo irreal a lo humano,
        Y hube de verme toda en un grito de lágrimas,
        ¡En recuerdo de pájaros!

        Yo no supe guardarme de invencibles corrientes
        ¡Yo fui la Vida, amado!
        La vida que en ti mismo descarriaba su rumbo
        Para darse a mis brazos.

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      Canción hacia adentro

        ¡No me recuerdes! ¡Siénteme!
        Hay un sólo trino entre tu amor y mi alma.

        Mis dos ojos navegan
        El mismo azul sin fin donde tú danzas.

        Tu arco-iris de sueños en mí tiene
        Siempre pradera abierta entre montañas.

        Una vez se perdieron mis sollozos,
        Y los hallé, abrigados, en tus lágrimas.

        ¡No me recuerdes! ¡Siénteme!
        Un ruiseñor nos tiene en su garganta.

        Los ríos que me traje de mis riscos,
        Desembocan tan solo por tus playas.

        Hay confusión de vuelos en el aire?
        ¡El viento que nos lleva en sus sandalias!

        ¡No me recuerdes! ¡Siénteme!
        Mientras menos me pienses, más me amas.

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      Casi alba

        Casi alba,
        Como decir arroyo entre la fuente,
        Como decir estrella,
        Como decir paloma en cielo de alas.

        Esta noche se ha ido casi aurora,
        Casi ronda de luna entre montañas,
        Como una sensación de golondrina
        Al picar su ilusión en una rama.

        Amanecer, sin alas para huirse,
        Regreso de emoción hasta su alma,
        Palomitas de amor entre mis manos
        Que al asalto de amor subieron castas.

        Noche rasgada al tiempo repetido,
        Detenida ciudad de esencias altas,
        Como una claridad rompes mi espíritu,
        Circundas mi emoción como una jaula.

        Amor callado y lejos...
        Tímida vocecita de una dalia,
        Así te quiero, íntimo,
        Sin saberte las puertas al mañana,
        Casi sonrisa abierta entre las risas,
        Entre juego de luces, casi alba...

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      Coloquio sideral

        ¡Te adoré tanto anoche!
        -Me adoraste en ausencia.

        -¡Te besé tanto anoche!
        -Me besaste en ausencia.

        -¡Te miré tanto anoche!
        -Me miraste en ausencia.

        -¡Te adoré
        Sin pensarte en la forma.
        Te besé
        Sin sentirme en tu rostro.
        Te miré
        Sin mirada y sin sol.

        -¿Y eso es posible, amada?
        -Pregúntalo a la nube
        Que cruzó por mi sueño y se posó en tu alma.

        -¿Qué se posó en mi alma?
        -Cargada por la brisa, con la última nota
        De mi vida en canción...

        -Y la brisa ¿qué hizo
        Al sentirte en sus prados?
        -Con los ojos turbados
        Presenció mi invasión...

        -¿Y no quiso besarte?
        -Sus labios no alcanzaron
        Mi corazón en flor.
        Hubo de ver mi rostro
        En sonrisa de agua,
        Contigo en la emoción...

        -¿Y así llegaste, amada?
        -Así miré tu alma,
        Te besé en la sonrisa,
        Y adoré tu ilusión...

      Arriba

      Dadme mi número

        ¿Qué es lo que esperan? ¿No me llaman?
        ¿Me han olvidado entre las yerbas,
        Mis camaradas más sencillos,
        Todos los muertos de la tierra?

        ¿Por qué no suenan sus campanas?
        Ya para el salto estoy dispuesta.
        ¿Acaso quieren más cadáveres
        De sueños muertos de inocencia?

        ¿Acaso quieren más escombros
        De más goteadas primaveras,
        Más ojos secos en las nubes,
        Más rostro herido en las tormentas?

        ¿Quieren el féretro del viento
        Agazapado entre mis greñas?
        ¿Quieren el ansia del arroyo,
        Muerta en mi muerte de poeta?

        ¿Quieren el sol desmantelado,
        Ya consumido en mis arterias?
        ¿Quieren la sombra de mi sombra,
        Donde no quede ni una estrella?

        Casi no puedo con el mundo
        Que azota entero mi conciencia?

        ¡Dadme mi número! No quiero
        Que hasta el amor se me desprenda
        (Unido sueño que me sigue
        Como a mis pasos va la huella.)

        ¡Dadme mi número, porque si no,
        Me moriré después de muerta!

      Arriba

      Donde comienzas tú...

        Soy ola de abandono,
        Derribada, tendida,
        Sobre un inmenso azul de sueños y de alas.
        Tú danzas por el agua redonda de mis ojos
        Con la canción más fresca colgando de tus labios.
        ¡No la sueltes, que el viento todavía azota fuerte
        Por mis brazos mojados,
        Y no quiero perderte ni en la sílaba!

        Yo fui un día la gaviota más ave de tu vida.
        Mis pasos fueron siempre enigma de los pájaros.
        Yo fui un día la más honda de tus edades íntimas.
        El universo entero cruzaba por mis manos.
        ¡Oh día de sueño y ola;
        Nuestras dos juventudes hacia el viento estallaron.
        Y pasó la mañana,
        Y pasó la agonía de la tarde muriéndose en el fondo de un lirio
        Y pasó la alba noche resbalando en los astros,
        Exhibiéndose en pétalos
        Y pasó mi letargo...

        Recuerdo que al mirarme con la voz derrotada,
        Las dos manos del cielo me cerraron los párpados.
        Fue tan sólo una ráfaga,
        Una ráfaga húmeda que cortó mi sonrisa
        Y me izó en los crepúsculos entre caras de espanto.
        Tú nadabas mis olas retardadas e inútiles,
        Y por poco me parto de dolor esperando.

        Pero llegaste, fértil,
        Más intacto y más blanco.
        Y me llevaste, épico,
        Venciéndote en ti mismo los caminos cerrados.

        Hoy anda mi caricia
        Derribada, tendida,
        Sobre un inmenso azul de sueños con mañana.
        Soy ola de abandono,
        Y tus playas ya saltan certeras, por mis lágrimas.

        ¡Amante, la ternura desgaja mis sentidos...
        Yo misma soy un sueño remando por tus aguas!

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      El hombre y mi alma

        ¡Qué caricia larga de acción me sube por las venas
        Anchas de recorrerme!

        Me veo inmóvil de carne esperando la lucha
        Entre el hombre y mi alma,
        Y me siento invencible,
        Porque mi ahora es fuerte columna de avanzada
        En la aurora que apunta,
        Es grito de corazón vacío en la nave del mundo,
        Es esfuerzo de ola tendido en playa firme
        Para arrasar calumnias de las conciencias rotas.

        Entre el hombre y mi alma
        Se ha cruzado la espada...
        (La mente es una intérprete que traduce la fuerza
        En ideas que avanzan.)

        De mi lado se bate la conciencia del hombre
        En un sol de principios sobre el soy de las almas.

        En la mano del hombre se defiende la hueca
        Escultura de normas sobre el tiempo moldeada.

        Ha sonado la lucha...
        Y me siento intocada...
        Estoy sobre los siglos con fiereza de olas...
        ¡Nadie palpe la sombra que mi impulso ahuyentara!

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      El mar y tú

        La carrera del mar sobre mi puerta
        Es sensación azul entre mis dedos,
        Y tu salto impetuoso por mi espíritu
        Es no menos azul, me nace eterno.

        Todo el color de aurora despertada
        El mar y tú lo nadan a mi encuentro,
        Y en locura de amarme hasta el naufragio
        Van rompiendo los puertos y los remos.

        ¡Si tuviera yo un barco de gaviotas,
        Para sólo un instante detenerlos,
        Y gritarle mi voz a que se batan
        En un sencillo duelo de misterio!

        Que uno en el otro encuentren su voz propia,
        Que entrelacen sus sueños en el viento,
        Que se ciñan estrellas en los ojos
        Para que den, unidos, sus destellos.

        Que sea un duelo de música en el aire
        Las magnolias abiertas de sus besos,
        Que las olas se vistan de pasiones
        Y la pasión se vista de veleros.

        Todo el color de aurora despertada
        El mar y tú lo estiren en un sueño
        Que se lleve mi barco de gaviotas
        Y me deje en el agua de dos cielos.

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      El rival de mi río

        Yo te fui contemplando desde la carne al alma,
        Y me sentí culpable de un extraño delito
        Que me subía a los ojos en chispeantes miradas,
        Y se rompía en mi rostro en rubor infinito.

        De pronto fue tornándose en pájaro mi boca,
        Y un sentimiento cósmico inundó mis sentidos;
        Me escondí en el secreto que estalló en tus pupilas,
        Y adiviné en tu rostro al rival de mi río.

        ¡Río Grande de Loíza!... Alárgate en su vida.
        ¡Río Grande de Loíza!... Alárgate en su espíritu,
        A ver si te descubres en la flor de su alma,
        O en el sol de sus ojos te contemplas tu mismo.

        Él tiene en sus caricias el gesto de tu abrazo,
        Y en sus palabras cuelgan rumores parecidos
        Al lenguaje que llevas en tu boca de agua
        Desde el más quieto charco al más agreste risco.

        Tú me besaste un día despertándome el alma;
        Él también me ha besado con un beso tan límpido,
        Que no se allá en mi espíritu si posar extasiada
        En el beso del hombre o en el beso del río.

        ¡Quién sabe si al vestirme con mi traje de carne,
        Y al sentirte enroscado a mi anhelo más íntimo,
        Surgiste a mi presencia en el río de sus ojos,
        Para entregarte, humano, y sentirte más mío!

        ¡Quién sabe si al bajarte del lomo de la tierra
        Para besarme toda en un loco delirio,
        Te humanizaste en su alma, y brotaste en corrientes
        Que una a una en mi tierra de emoción hizo nido!

        ¡Oh rival de mi río!... ¿De dónde me llegaste?
        ¿En algún país remoto te bañaste conmigo
        Mientras en otra playa, con alguna doncella
        Se entregaba en amores mi voluptuoso río?

        ¿Me sorprendiste acaso en algún aguacero
        Violando claridades y callando suspiros,
        Portavoz ambulante de una raza de agua
        Que me subió a las venas en un beso del río?

        ¡Río Grande de Loíza!... Yo lo fui contemplando
        Desde la carne al alma: ese fue mi delito.
        Un sentimiento cósmico estremeció mi vida,
        Y me llegó el amor... tu rival presentido.

      Arriba

      Entretanto, la ola

        Las sombras se han echado a dormir sobre mi soledad.

        Mis cielos,
        Víctimas de invasoras constelaciones ebrias,
        Se han desterrado al suelo como en bandadas muertas
        De pájaros cansados.

        Mis puertos inocentes se van segando al mar,
        Y ni un barco ni un río me carga la distancia.

        Sola, desenfrenada en tierra de sombra y de silencio.
        Sola,
        Partiéndome las manos con el deseo marchito de edificar
        Palomas con mis últimas alas.

        Sola,
        Entre mis calles húmedas,
        Donde las ruinas corren como muertos turbados.

        Soy agotada y turbia espiga de abandono.
        Soy desolada y lloro...

        ¡Oh este sentirse el alma más eco que canción!
        ¡Oh el temblor espumado del sueño a media aurora
        ¡Oh inútilmente larga la soledad siguiendo mi ca-mino sin sol!

        Entretanto, la ola,
        Amontonando ruidos sobre mi corazón.
        Mi corazón no sabe de playa sin naufragios.
        Mi corazón no tiene casi ya corazón.
        Todo lo ha dado, todo...
        Es gesto casi exacto a la entrega de Dios.

        Entretanto, la ola...
        Todo el musgo del tiempo corrompido en un éxtasis
        De tormenta y de azote sobre mi ancho dolor.
        Tronchadas margaritas soltando sus cadáveres
        Por la senda partida donde muero sin flor.
        Pechos míos con lutos de emoción, aves náufragas
        Arrojadas del cielo, mutiladas, sin voz.

        Todo el mundo en mi rostro,
        Y yo arrastrada y sola,
        Matándome yo misma la última ilusión.

        Soy derrotada...
        Alba tanto distante,
        Que hasta mi propia sombra con su sombra se ahuyenta.

        Soy diluvio de duelos,
        Toda un atormentado desenfreno de lluvia,
        Un lento agonizar entre espadas perpetuas.
        ¡Oh intemperie de mi alma!
        ¡En qué ola sin nombre callaré tu poema!

      Arriba

      Es un algo de sombra

        Como si entre mis pasos se paseara la muerte
        Desde el cielo me miran consternados los astros.

        Algo esconde paisajes a mis ojos de sueño.
        Algo llueve en mi rostro las corolas del llanto.

        Algo flota en mi espíritu por encima de tu alma,
        Algo grave y doliente que destroza mis párpados.

        ¿Definirlo? Las rosas de mi amor se conmueven,
        Y no encuentran la nota de la pena en sus labios.

        La palabra no puede con mi carga de angustia,
        Y no cabe en mi verso mi dolor exaltado.

        Es un algo de sombra desnutriendo mi vuelo,
        Un temor de ser poca a la sed de tus brazos,

        De perderte una noche desde todas mis alas,
        Sin un surco en la frente ni un adiós en las manos.

        ¡Oh la sed infinita de estrecharte y asirte,
        De escuchar que en tu vida soy montaña y soy llano,

        Que si agreste, sintieras un anhelo de selva,
        Bastaríante los riscos que contienen mis pasos,

        Que si a tus velas frágiles las destrozara el viento
        Detendrías tu naufragio en mis lirios mojados,

        Y si aún fuese la tierra poca senda a tus ansias,
        En mi verso de espumas hallarías tu barco!

        ¡Oh la sed infinita! ¡Oh el temor de perderte!
        ¡Oh mis ojos, cubridme, rescatadme del llanto!

        ¡Contempladlo! En sus labios mis sonrisas se baten,
        Y aún habita en su rostro mi recuerdo más casto.

        Ved la huella de estrellas que le enciende la frente,
        Son las mismas, las mutuas estrellitas de antaño.

        ¡Perseguidlo! Aún es mío, aún las notas unidas
        De su voz y mi poema aletean el espacio.

        Aún recorre las nubes recogiendo mis lágrimas,
        Por quitarle a mi río la ilusión de mi llanto.

        Aún se duerme en la noche sobre todas mis risas,
        Constelando su sueño con mis trinos cerrados.

        ¡Oh mis ojos! Cerradle los caminos inciertos,
        Que en las rutas perdidas lo conduzcan mis pájaros.

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      Íntima

        1

        Se recogió la vida para verme pasar.
        Me fui perdiendo átomo por átomo de mi carne
        Y fui resbalándome poco a poco al alma.

        Peregrina en mí misma, me anduve un largo instante.
        Me prolongué en el rumbo de aquel camino errante
        Que se abría en mi interior,
        Y me llegué hasta mí, íntima.

        Conmigo cabalgando seguí por la sombra del tiempo
        Y me hice paisaje lejos de mi visión.

        Me conocí mensaje lejos de la palabra.
        Me sentí vida al reverso de una superficie de colores y formas.
        Y me vi claridad ahuyentando la sombra vaciada en la tierra desde el
        Hombre.

        2

        Ha sonado un reloj la hora escogida de todos.
        ¿La hora? Cualquiera. Todas en una misma.
        Las cosas circundantes reconquistan color y forma.
        Los hombres se mueven ajenos a sí mismos
        Para agarrar ese minuto índice
        Que los conduce por varias direcciones estáticas.

        Siempre la misma carne apretándose muda a lo ya hecho.
        Me busco. Estoy aún en el paisaje lejos de mi visión.
        Sigo siendo mensaje lejos de la palabra.

        La forma que se aleja y que fue mía un instante
        Me ha dejado íntima.
        Y me veo claridad ahuyentando la sombra
        Vaciada en la tierra desde el hombre.

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      Nada

        Como la vida es nada en tu filosofía,
        Brindemos por el cierto no ser de nuestros cuerpos.

        Brindemos por la nada de tus sensuales labios
        Que son ceros sensuales en tus azules besos;
        Como todo azul, quimérica mentira
        De los blandos océanos y de los blancos cielos.

        Brindemos por la nada del material reclamo
        Que se hunde y se levanta en tu carnal deseo;
        Como todo lo carne, relámpago, chispazo,
        En la verdad mentira sin fin del Universo.
        Brindemos por la nada, bien nada de tu alma,
        Que corre su mentira en un potro sin freno;
        Como todo lo nada, buen nada, ni siquiera
        Se asoma de repente en un breve destello.

        Brindemos por nosotros, por ellos, por ninguno;
        Por esta siempre nada de nuestros nunca cuerpos;
        Por todos, por los menos; por tantos y tan nada;
        Por esas sombras huecas de vivos que son muertos.

        Si del no ser venimos y hacia el no ser marchamos,
        Nada entre nada y nada, cero entre cero y cero,
        Y si entre nada y nada no puede existir nada,
        Brindemos por el bello no ser de nuestros cuerpos.

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      No hay abandono

        Se ha muerto la tiniebla en mis pupilas,
        Desde que hallé tu corazón
        En la ventana de mi rostro enfermo.

        ¡Oh pájaro de amor,
        Que trinas hondo, como un clarín total y solitario
        En la voz de mi pecho!
        No hay abandono...
        Ni habrá miedo jamás en mi sonrisa.

        ¡Oh pájaro de amor,
        Que vas nadando cielo en mi tristeza...!
        Más allá de tus ojos
        Mis crepúsculos sueñan bañarse en tus luces...

        ¿Es azul el misterio?

        Asomada en mí misma contemplo mi rescate,
        Que me vuelve a la vida en tu destello...

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      Noche de amor en tres cantos

        I. Ocaso

        ¡Cómo suena en mi alma la idea
        De una noche completa en tus brazos
        Diluyéndome toda en caricias
        Mientras tú te me das extasiado!

        ¡Qué infinito el temblor de miradas
        Que vendrá en la emoción del abrazo,
        Y qué tierno el coloquio de besos
        Que tendré estremecida en tus labios!

        ¡Cómo sueño las horas azules
        Que me esperan tendida a tu lado,
        Sin más luz que la luz de tus ojos,
        Sin más lecho que aquel de tu brazo!

        ¡Cómo siento mi amor floreciendo
        En la mística voz de tu canto:
        Notas tristes y alegres y hondas
        Que unirán tu emoción a tu rapto!

        ¡Oh la noche regada de estrellas
        Que enviará desde todos sus astros
        La más pura armonía de reflejos
        Como ofrenda nupcial a mi tálamo!

        II. Media noche

        Se ha callado la idea turbadora
        Y me siento en el sí de tu abrazo,
        Convertida en un sordo murmullo
        Que se interna en mi alma cantando.

        Es la noche una cinta de estrellas
        Que una a una a mi lecho han rodado;
        Y es mi vida algo así como un soplo
        Ensartado de impulsos paganos.

        Mis pequeñas palomas se salen
        De su nido de anhelos extraños
        Y caminan su forma tangible
        Hacia el cielo ideal de tus manos.

        Un temblor indeciso de trópico
        Nos penetra la alcoba. ¡Entre tanto,
        Se han besado tu vida y mi vida...
        Y las almas se van acercando!

        ¡Cómo siento que estoy en tu carne
        Cual espiga a la sombra del astro!
        ¡Cómo siento que llego a tu alma
        Y que allá tú me estás esperando!

        Se han unido, mi amor, se han unido
        Nuestras risas más blancas que el blanco,
        Y ¡oh milagro!, en la luz de una lágrima
        Se han besado tu llanto y mi llanto...

        ¡Cómo muero las últimas millas
        Que me ataban al tren del pasado!
        ¡Qué frescura me mueve a quedarme
        En el alba que tú me has brindado!

        III. Alba

        ¡Oh la noche regada de estrellas
        Que envió desde todos sus astros
        La más pura armonía de reflejos
        Como ofrenda nupcial a mi tálamo!

        ¡Cómo suena en mi alma la clara
        Vibración pasional de mi amado,
        Que se abrió todo en surcos inmensos
        Donde anduve mi amor, de su brazo!

        La ternura de todos los surcos
        Se ha quedado enredando en mis pasos,
        Y los dulces instantes vividos
        Siguen, tenues, en mi alma soñando...

        La emoción que brotó de su vida
        -Que fue en mí manantial desbordado-,
        Ha tomado la ruta del alba
        Y ahora vuela por todos los prados.

        Ya la noche se fue; queda el velo
        Que al recuerdo se enlaza, apretado,
        Y nos mira en estrellas dormidas
        Desde el cielo en nosotros rondando...

        Ya la noche se fue; y a las nuevas
        Emociones del alba se ha atado.
        Todo sabe a canciones y a frutos,
        Y hay un niño de amor en mi mano.

        Se ha quedado tu vida en mi vida
        Como el alba se queda en los campos;
        Y hay mil pájaros vivos en mi alma
        De esta noche de amor en tres cantos.

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      Oh lentitud del mar

        He tenido que dar, multiplicarme,
        Despedazarme en órbitas complejas...
        Aquí en la intimidad, conmigo misma,
        ¡Qué sencillez me rompe la conciencia!

        Para salvarme el mundo del espíritu,
        He tenido que armar mis manos quietas,
        ¡Cómo anhelo la paz, la hora sin ruido,
        Cuando nada conturbe mi existencia!

        Todo sonar se ha muerto en mis pupilas,
        A mis ojos no inquietan las estrellas,
        Los caminos son libres de mi rumbo,
        Y hasta el nombre del mar, sorda me deja.

        ¡Y aún me piden canciones por palabras,
        No conciben mi pulso sin poemas,
        En mi andar buscan, trémulos, los astros,
        Como si yo no fuese por la tierra!

        ¡Oh lentitud del mar! ¡Oh el paso breve
        Con que la muerte avanza a mi ala muerta!
        ¿Cómo haría yo para salvarte el tiempo?
        ¿Qué me queda del mundo? ¿Qué me queda...?

      Arriba

      Oh mar, no esperes más

        Tengo caído el sueño,
        Y la voz suspendida de mariposas muertas.
        El corazón me sube amontonado y solo
        A derrotar auroras en mis párpados.
        Perdida va mi risa
        Por la ciudad del viento más triste y devastada.
        Mi sed camina en ríos agotados y turbios,
        Rota y despedazándose.
        Amapolas de luz, mis manos fueron fértiles
        Tentaciones de incendio.
        Hoy, cenizas me tumban para el nido distante.
        ¡Oh mar, no esperes más!
        Casi voy por la vida como gruta de escombros.
        Ya ni el mismo silencio se detiene en mi nombre.
        Inútilmente estiro mi camino sin luces.
        Como muertos sin sitio se sublevan mis voces.
        ¡Oh mar, no esperes más!
        Déjame amar tus brazos con la misma agonía
        Con que un día nací. Dame tu pecho azul,
        Y seremos por siempre el corazón del llanto.

      Arriba

      Para hallarte esta noche...

        Para hallarte esta noche las pupilas distantes,
        He dominado cielos, altamares, y prados.
        He deshecho el sollozo de los ecos perdidos...
        Tengo el hondo infinito jugando entre mis manos.

        Siénteme la sonrisa. Es el último sueño
        De una espiga del alba que se unió a mi reclamo...
        Yo quiero que adelantes en espíritu y alas
        Mi canción enredada de trinos y de pájaros.

        Te esperaré la vida. Levántame el ensueño.
        Mírame toda en ascuas. Recuéstate en mis labios.
        ¡Tan simple, que en mitades iguales de armonía,
        Se rompieran a un tiempo tus lazos y mis lazos!

        Vuélvete la caricia. No quiero que limites
        Tus ojos en mi cuerpo. Mi senda es el espacio.
        Recorrerme es huirse de todos los senderos...
        Soy el desequilibrio danzante de los astros.

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      Poema con la tonada última

        ¿Que adónde voy con esas caras tristes
        Y un borbotón de venas heridas en mi frente?

        Voy a despedir rosas al mar,
        A deshacerme en olas más altas que los pájaros,
        A quitarme caminos que ya andaban en mi corazón como raíces...

        Voy a perder estrellas,
        Y rocíos,
        Y riachuelitos breves donde amé la agonía que arruinó
        Mis montañas
        Y un rumor de palomas
        Especial,
        Y palabras...

        Voy a quedarme sola,
        Sin canciones, ni piel,
        Como un túnel por dentro, donde el mismo silencio
        Se enloquece y se mata.

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      Poema de la cita eterna

        Lo saben nuestras almas,
        Más allá de las islas y más allá del sol.
        El trópico, en sandalias de luz, presto las alas,
        Y tu sueño y mi sueño se encendieron.

        Se hizo la cita al mar... tonada de mis islas,
        Y hubo duelo de lirios estirando colinas,
        Y hubo llanto de arroyos enloqueciendo brisas,
        Y hubo furia de estrellas desabriéndose heridas...
        Tú, y mi voz de los riscos, combatían mi vida.

        Se hizo al mar tu victoria, sobre palmas vencidas...

        Fue paisaje en lo inmenso,
        Una imagen de mar casi riachuelo,
        De río regresando,
        De vida, de tan honda, atomizándose.
        Y se dio cita eterna la emoción.

        El mar, el verdadero mar,
        Casi ya mío... el mar, el mar extraño
        En su propio recinto...
        El mar,
        Ya quiere ser el mar sobremarino...

        El mar, tonada entretenida de mis islas,
        Por traerse una flor de la montaña,
        Se trajo mi canción en un descuido,
        Mi canción más sencilla,
        La canción de mis sueños extendidos.

        Sobre el mar, sobre el tiempo,
        La tonada, la vela...
        La cita eterna, amado,
        Más allá de los rostros de las islas que sueñan.

        En el pecho del viento van diciendo los lirios,
        Que en el pecho del mar dos auroras se besan.

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      Poema de la íntima agonía

        Este corazón mío, tan abierto y tan simple,
        Es ya casi una fuente debajo de mi llanto.

        Es un dolor sentado más allá de la muerte.
        Un dolor esperando... esperando... esperando...

        Todas las horas pasan con la muerte en los hombros.
        Yo sola sigo quieta con mi sombra en los brazos.

        No me cesa en los ojos de golpear el crepúsculo,
        Ni me tumba la vida como un árbol cansado.

        Este corazón mío, que ni él mismo se oye,
        Que ni él mismo se siente de tan mudo y tan largo.

        ¡Cuántas veces lo he visto por las sendas inútiles
        Recogiendo espejismos, como un lago estrellado!

        Es un dolor sentado más allá de la muerte,
        Dolor hecho de espigas y sueños desbandados.

        Creyéndome gaviota, verme partido el vuelo,
        Dándome a las estrellas, encontrarme en los charcos.

        ¡Yo que siempre creí desnudarme la angustia
        Con sólo echar mi alma a girar con los astros!

        ¡Oh mi dolor, sentado más allá de la muerte!
        ¡Este corazón mío, tan abierto y tan largo!

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      Poema para las lágrimas

        Como cuando se abrieron por tus sueños mis párpados,
        Rota y cansadamente, acoge mi partida.

        Como si me tuvieras nadando entre tus brazos,
        Donde las aguas corren dementes y perdidas.

        Igual que cuando amaste mis ensueños inútiles,
        Apasionadamente, despídeme en la orilla...
        Me voy como vinieron a tus vuelos mis pájaros,
        Callada y mansamente, a reposar heridas.

        Ya nada más detiene mis ojos en la nube...
        Se alzaron por alzarte, y ¡qué inmensa caída!

        Sobre mi pecho saltan cadáveres de estrellas
        Que por ríos y por montes te robé, enternecida.

        Todo fue mi universo unas olas volando,
        Y mi alma una vela conduciendo tu vida...

        Todo fue mar de espumas por mi ingenuo horizonte...
        Por tu vida fue todo, una duda escondida.

        ¡Y saber que mis sueños jamás solos salieron
        Por los prados azules a pintar margaritas!

        ¡Y sentir que no tuve otra voz que su espíritu!
        ¡Y pensar que yo nunca sonreí sin su risa!

        ¡Nada más! En mis dedos se suicidan las aves,
        Y mis pasos cansados ya no nacen espigas.

        Me voy como vinieron a tu techo mis cielos...
        Fatal y quedamente, a quedarme dormida...

        Como el descanso tibio del más simple crepúsculo,
        Naturalmente trágico, magistralmente herida.

        Adiós. Rézame versos en las noches muy largas..
        En mi pecho sin lumbre ya no cabe la vida...

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      Poema perdido en pocos versos

        ¡Y si dijeran que soy como devastado crepúsculo
        Donde ya las tristezas se durmieron!
        Sencillo espejo donde recojo el mundo.
        Donde enternezco soledades con mi mano feliz.

        Han llegado mis puertos idos tras de los barcos
        Como queriendo huir de su nostalgia.
        Han vuelto a mi destello las lunas apagadas
        Que dejé con mi nombre vociferando duelos
        Hasta que fueran mías todas las sombras mudas.

        Han vuelto mis pupilas amarradas al sol de su amor alba.
        ¡Oh amor entretenido en astros y palomas,
        Cómo el rocío feliz cruzas mi alma!
        ¡Feliz! ¡Feliz! ¡Feliz!
        Agigantada en cósmicas gravitaciones ágiles,
        Sin reflexión ni nada...

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      Proa de mi velero de ansiedad

        ¡Si fuera todo mar,
        Para nunca salirme de tu senda!

        ¡Si Dios me hiciera viento,
        Para siempre encontrarme por tus velas!

        ¡Si el universo acelerara el paso,
        Para romper los ecos de esta ausencia!

        Cuando regreses, rodará en mi rostro
        La enternecida claridad que sueñas.
        Para mirarte, amado,
        En mis ojos hay público de estrellas.

        Cuando me tomes, trémulo,
        Habrá lirios naciendo por mi tierra,
        Y algún niño dormido de caricia
        En cada nido azul que te detenga.

        Nuestras almas, como ávidas gaviotas,
        Se tenderán al viento de la entrega,
        Y yo, fuente de olas, te haré cósmico...
        ¡Hay tanto mar nadando en mis estrellas!

        Recogeremos albas infinitas,
        Las que duermen al astro en la palmera,
        Las que prenden el trino en las alondras
        Y levantan el sueño de las selvas.

        En cada alba desharemos juntos
        Este poema exaltado de la espera,
        Y detendremos de emoción al mundo
        Al regalo nupcial de auroras nuestras.

      Arriba

      Río grande de Loíza

        ¡Río Grande de Loíza! Alárgate en mi espíritu
        Y deja que mi alma se pierda en tus riachuelos,
        Para buscar la fuente que te robó de niño
        Y en un ímpetu loco te devolvió al sendero.

        Enróscate en mis labios y deja que te beba,
        Para sentirte mío por un breve momento,
        Y esconderte del mundo, y en ti mismo esconderte,
        Y oír voces de asombro, en la boca del viento.

        Apéate un instante del lomo de la tierra,
        Y busca de mis ansias el íntimo secreto;
        Confúndeme en el vuelo de mi ave fantasía,
        Y déjame una rosa de agua en mis ensueños.

        ¡Río Grande de Loíza! Mi manantial, mi río,
        Desde que alzóse al mundo el pétalo materno;
        Contigo se bajaron desde las rudas cuestas
        A buscar nuevos surcos, mis pálidos anhelos;
        Y mi niñez fue toda un poema en el río,
        Y un río en el poema de mis primeros sueños.

        Llegó la adolescencia. Me sorprendió la vida
        Prendida en lo más ancho de tu viajar eterno;
        Y fui tuya mil veces, y en un bello romance
        Me despertaste el alma y me besaste el cuerpo.

        ¿A dónde te llevaste las aguas que bañaron
        Mis formas, en espiga del sol recién abierto?
        ¡Quién sabe en qué remoto país mediterráneo
        Algún fauno en la playa me estará poseyendo!

        ¡Quién sabe en qué aguacero de qué tierra lejana
        Me estaré derramando para abrir surcos nuevos;
        O si acaso, cansada de morder corazones,
        Me estaré congelando en cristales de hielo!

        ¡Río Grande de Loíza! Azul, Moreno, Rojo.
        Espejo azul, caído pedazo azul del cielo;
        Desnuda carne blanca que se te vuelve negra
        Cada vez que la noche se te mete en el lecho;
        Roja franja de sangre, cuando baja la lluvia
        A torrentes su barro te vomitan los cerros.

        Río hombre, pero hombre con pureza de río,
        Porque das tu azul alma cuando das tu azul beso.
        Muy señor río mío. Río hombre. Único hombre
        Que ha besado en mi alma al besar en mi cuerpo.

        ¡Río Grande de Loíza!... Río grande. Llanto grande.
        El más grande de todos nuestros llantos isleños,
        Si no fuera más grande el que de mí se sale
        Por los ojos del alma para mi esclavo pueblo.

      Arriba

      Se ha muerto la tiniebla en mis pupilas...

        Se ha muerto la tiniebla en mis pupilas,
        Desde que hallé tu corazón
        En la ventana de mi rostro enfermo.

        ¡Oh pájaro de amor,
        Que trinas hondo, como un clarín total y solitario,
        En la voz de mi pecho!
        No hay abandono...
        Ni habrá miedo jamás en mi sonrisa.

        ¡Oh pájaro de amor,
        Que vas nadando cielo en mi tristeza...!
        Más allá de tus ojos
        Mis crepúsculos sueñan con bañarse en tus luces...

        ¿Es azul el misterio?

        Asomada en mí misma contemplando mi rescate,
        Que me vuelve a la vida en tu destello...

      Arriba

      Si fuera todo mar...

        ¡Si fuera todo mar,
        Para nunca salirme de tu senda!

        ¡Si Dios me hiciera viento,
        Para siempre encontrarme por tus velas!

        ¡Si el universo acelerara el paso,
        Para romper los ecos de esta ausencia!

        Cuando regreses, rodará en mi rostro
        La enternecida claridad que sueñas.
        Para mirarte, amado,
        En mis ojos hay público de estrellas.

        Cuando me tomes, trémulo,
        Habrá lirios naciendo por mi tierra,
        Y algún niño dormido de caricia
        En cada nido azul que te detenga.

        Nuestras almas, como ávidas gaviotas,
        Se tenderán al viento de la entrega,
        Y yo, fuente de olas, te haré cósmico...
        ¡Hay tanto mar nadando en mis estrellas!

        Recogeremos albas infinitas,
        Las que duermen al astro en la palmera,
        Las que prenden el trino en las alondras
        Y levantan el sueño de las selvas.

        En cada alba desharemos juntos
        Este poema exaltado de la espera,
        Y detendremos de emoción al mundo
        Al regalo nupcial de auroras nuestras.

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      Silencio de angustia

        Tengo el desesperante silencio de la angustia
        Y el trino verde herido...
        ¿Por qué persiste el aire en no darme el sepulcro?
        ¿Por qué todas las músicas no se rompen
        A un tiempo a recibir mi nombre?
        -¡Ah, sí, mi nombre, que me vistió de niña
        Y que sabe el sollozo
        Que me enamora el alma!

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      Te llevarán

        Para ese día de sombra que llegará, amor mío,
        No risco volcado dentro de un manantial,
        Ese día de espanto y pañuelos al viento
        Cantemos desde ahora, que la vida se va.

        Cantemos, sí, cantemos, que al cantarle al silencio,
        A la sorda derrota y a la impar soledad,
        Venceremos la muerte, venceremos la nada,
        Y a la cumbre del tiempo nuestras almas irán.

        Cantemos, sí, cantemos, que hay un solo minuto
        Uno solo aguardando nuestro mundo cruzar:
        Ese minuto trágico que hace tiempo nos ronda
        Su oferta de lágrimas y mañanas sin paz.

        ¡Te llevarán! Los ecos del viento me lo dicen,
        Los labios del mar lloran que sí. ¡Te llevarán!
        Partirás, y mis ojos que tanto te nutrieron,
        Bajarán quedamente a nutrir a la mar.

        Podrás amarme en sueños, pero mi voz, mi risa,
        Ojos con riachuelos, de ti se ocultarán.
        Puede estrecharte el eco que ha estrechado mi nombre
        Desde mis labios, ¡nunca mis labios besarás!

        Y cuando se alce el ruido marino, entre las noches
        Apagadas y crueles de tu pena inmortal,
        Mi fiel camino de olas llevará hasta tu sueño
        La ternura que mi alma te ha salvado del mar.

        Amado, mis verdugos ya me han medido el paso,
        El color de mis huellas conocen, y mi ajuar:
        El pudor duerme nupcias eternas con la forma;
        Hacia el alma es muy largo el camino que andar.

        ¡Te llevarán! Para esa eternidad de llanto
        Cantemos desde ahora que la vida se va.
        Para ese día de espanto y pañuelos al viento
        La canción de la muerte nos llegará del mar.

      Arriba

      Te quiero

        Te quiero...
        Y me mueves el tiempo de mi vida sin horas.

        Te quiero
        En los arroyos pálidos que viajan en la noche,
        Y no termina nunca de conducir estrellas a la mar.

        Te quiero
        En aquella mañana desprendida del vuelo de los siglos
        Que huyó su nave blanca hasta el agua sin ondas
        Donde nadaban tristes, tu voz y mi canción.

        Te quiero
        En el dolor sin llanto que tanta noche ha recogido el sueño
        En el cielo invertido en mis pupilas para mirarte cósmica,
        En la voz socavada de mi ruido de siglos derrumbándose.

        Te quiero
        (Grito de noche blanca...)
        En el insomnio reflexivo
        De donde ha vuelto en pájaros mi espíritu.

        Te quiero...
        Mi amor se escapa leve de expresiones y rutas,
        Y va rompiendo sombras y alcanzando tu imagen
        Desde el punto inocente donde soy yerba y trino.

      Arriba

      Te seguiré callada

        Te seguiré por siempre, callada y fugitiva,
        Por entre oscuras calles molidas de nostalgia,
        O sobre las estrellas sonreídas de ritmos
        Donde mecen su historia tus más hondas miradas.

        Mis pasos desatados de rumbos y fronteras
        No encuentran las orillas que a tu vida se enlazan.
        Busca lo ilimitado mi amor, y mis canciones
        De espalda a lo estático, irrumpen en tu alma.

        Apacible de anhelos, cuando el mundo te lleve,
        Me doblaré el instinto y amaré tus pisadas;
        Y serán hojas simples las que iré deshilando
        Entre quietos recuerdos, con tu forma lejana.

        Atenta a lo infinito que en mi vida ya asoma,
        Con la emoción en alto y la ambición sellada,
        Te seguiré por siempre, callada y fugitiva,
        Por entre oscuras calles, o sobre estrellas blancas.

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      Transmutación

        Estoy sencilla como la claridad...
        Nada me dice tanto como tu nombre
        Repetido de montaña a montaña
        Por un eco sin tiempo que comienza en mi amor
        Y rueda hasta el infinito...

        ¡Tú...!
        Casi paloma erguida
        Sobre un mundo de alas
        Que has creado en mi espíritu.

        Tú lo dominas todo para mi claridad.
        Y soy simple destello en albas fijas
        Amándote...

        Ningún viento agitado seduce mi reposo
        De ternuras naciendo y apretándose
        Entre tu mano
        Y mi sollozo.

        Una afluencia de ríos por nacer, y golondrinas mudas,
        Se estrecha contra mí
        Allí donde tu alma me dice al corazón
        La palabra más leve.

        Mis pies van despegados de rastros amarillos
        Y escalan techos infatigados de mariposas
        Donde el sol, sin saberlo, se ha visto una mañana,
        Deslumbrante...

        Para amarte
        Me he desgarrado el mundo de los hombros,
        Y he quedado desierta en mar y estrella,
        Sencilla
        Como la claridad.

        Aquí no hay geografía para manos ni espíritu.
        Estoy sobre el silencio y en el silencio mismo
        De una transmutación
        Donde nada es orilla...

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      Velas sobre un recuerdo

        Todo estático,
        Menos la sangre mía, y la voz mía,
        Y el recuerdo volando.

        Todo el lecho es un cántico de fuego
        Echando a andar las ondas del reclamo.
        La misma pared siente
        Que ha bajado a llamarte entre mis labios.

        ¡Qué grandioso el silencio de mis dedos
        Cuando toman el verso de los astros,
        Que se cuelan en rápidas guirnaldas
        Para esculpirte en luces por mis brazos!

        Va gritando tu nombre entre mis ojos,
        El mismo mar inquieto y constelado.
        Las olas más infantes te pronuncian,
        Al girar por mis párpados mojados.

        Todo es ágil ternura por mi lecho,
        Entre cielos y ecos conturbados.
        Con tu sendero vivo en mi flor íntima,
        He movido lo estático....

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      Viaje alado

        Hoy me acerco a tu alma
        Con las manos amarillas de pájaros.
        La mirada corriendo por el cielo,
        Y una leve llovizna entre mis labios.

        Saltando claridades
        He recogido el sol en los tejados,
        Y una nube ligera que pasaba
        Me prestó sus sandalias de aire blando.

        La tierra se ha colgado a mis sandalias
        Y es un tren de emoción hasta tus brazos,
        Donde las rosas sin querer se fueron
        Unidas a la ruta de mi canto.

        La tragedia del mundo
        De mi senda de amor se ha separado,
        Y hay un aire muy suave en cada estrella
        Removiéndome el polvo de los años.

        Hasta mi cara en vuelo
        Las cortinas del mar se me treparon,
        Y mis ojos se unieron a los ojos
        De todas las pupilas del espacio.

        Anudando emociones
        Sorprendí una sonrisa entre mis manos
        Caída desde el pájaro más vivo
        Que se asomó a mirar mi viaje alado.

        Por encima del ruido de los hombres
        Una larga ilusión se fue rodando,
        Y dio a inclinar la sombra de mi mente
        En el rayo de luz de tu regazo.

        Como corola al viento,
        Todo el cosmos abrióseme a mi paso,
        Y se quedó en el pétalo más rosa
        De esta flor de ilusión que hasta ti alargo...

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      Víctima de luz

        Aquí estoy,
        Desenfrenada estrella, desatada,
        Buscando entre los hombres mi víctima de luz.

        A ti he llegado.
        Hay algo de universo en tu mirada,
        Algo de mar sin playa desembocando cauces infinitos,
        Algo de amanecida nostalgia entretenida en imitar palomas...

        Mirarte es verme entera de luz
        Rodando en un azul sin barcos y sin puertos.

        Es inútil la sombra en tus pupilas...
        Algún soplo inocente debe haberse dormido en tus entrañas.

        Eres, entre las frondas, mi víctima de luz.
        Eso se llama amor, desde mis labios.

        Tienes que olvidar sendas,
        Y disponerte a manejar el viento.

        ¡A mis brazos, iniciado de luz,
        Víctima mía!

        Pareces una espiga debajo de mi alma,
        Y yo, pleamar tendida bajo tu corazón.

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      Voces para una nota sin paz

        Será presente en ti tu manantial.
        Estarás en las ramas del universo entero.
        Déjame que te cante como cuando eras mía
        En la llovizna fresca del primer aguacero.

        Tu mano en semi-luna, en semi-sol y en todo
        Se refugiaba núbil, sobre la mano mía.
        Porque yo te cuidaba, hermanita silvestre
        Y sabes que lloraba en tus claras mejillas.

        Será presente en ti tu manantial sin sombras.
        Estarás en las ramas del universo entero.
        Pero ¿dónde dejaste tu paz? "En cada herida"
        Me contestan tus ojos anegados por dentro.

        Déjame que te cante como cuando eras mía,
        Hermanita silvestre, como cuando trepamos
        El astro que salía a dormir soledades
        Entre nuestras pupilas destiladas de amor.

        Déjame que te cante como cuando eras mía,
        Y era paz el silencio de mi profunda ola,
        Y era paz la distancia de tu nombre y mi nombre
        Y era paz el sollozo de la muerte que espera.

        Será presente en ti tu manantial sin sombras...
        Estarás en las ramas del universo mío
        Y todas las estrellas se bajarán cantando
        La canción del espacio refugiada en un río.

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      Ya no es mío mi amor

        Si mi amor es así, como un torrente,
        Como un río crecido en plena tempestad,
        Como un lirio prendiendo raíces en el viento,
        Como una lluvia íntima,
        Sin nubes y sin mar...

        Si mi amor es de agua,
        ¿Por qué a rumbos inmóviles lo pretenden atar?

        Si mi amor rompe suelos,
        Disuelve la distancia como la claridad,
        Ataja mariposas al igual que luceros,
        Y cabalga horizontes como cruza un rosal...

        Si el universo es átomo siguiéndome las alas,
        ¿Por qué medirme el trino cuando rompe a cantar?

        Si mi amor ya no es mío,
        Es yo misma borrando las riberas del mar,
        Yo inevitablemente y fatalmente mía,
        Germinándome el alma en mis albas de paz...

        Si mi amor ya no roza fronteras con mi espíritu,
        ¿Qué canción sin su vida puede ser en mi faz?

        ¡Si mi amor ya no es mío!
        Es tonada de espumas en los labios del mar...

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      Yo fui la más callada

        Yo fui la más callada
        De todas las que hicieron el viaje hasta tu puerto.

        No me anunciaron lúbricas ceremonias sociales,
        Ni las sordas campanas de ancestrales reflejos;
        Ni ruta era la música salvaje de los pájaros
        Que soltaba a los aires mi bondad en revuelo...

        No me cargaron buques pesados de opulencia,
        Ni alfombras orientales apoyaron mi cuerpo;
        Encima de los buques mi rostro aparecía
        Silbando en la redonda sencillez de los vientos.

        No pesé la armonía de ambiciones triviales
        Que prometía tu mano colmada de destellos:
        Sólo pesé en el suelo de mi espíritu ágil
        El trágico abandono que ocultaba tu gesto.

        Tu dualidad perenne la marcó mi sed ávida.
        Te parecías al mar, resonante y discreto.
        Sobre ti fui pasando mis horarios perdidos.
        Sobre mí te seguiste como el sol en los pétalos.

        Y caminé en la brisa de tu dolor caído
        Con la tristeza ingenua de saberme en lo cierto:
        Tu vida era un profundo batir de inquietas fuentes
        En inmenso río blando corriendo hacia el desierto.

        Un día, por las playas amarillas de histeria,
        Muchas caras ocultas de ambición te siguieron;
        Por tu oleaje de lágrimas arrancadas al cosmos
        Se colaron las voces sin cruzar tu misterio...

        Yo fui la más callada.
        La voz casi sin eco.
        La conciencia tendida en sílaba de angustia,
        Desparramada y tierna, por todos los silencios.

        Yo fui la más callada.
        La que saltó la tierra sin más arma que un verso.
        ¡Y aquí me veis, estrellas,
        Desparramada y tierna, con su amor en mi pecho!

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