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    Información biográfica

  1. A quien pueda interesar
  2. Aceleración de la historia
  3. Alta traición
  4. Caverna
  5. Contraelegía
  6. Copos de nieve sobre Wivenhoe
  7. El fuego
  8. El mar sigue adelante
  9. El pulpo
  10. El reposo del fuego
  11. El silencio
  12. Elogio de la fugacidad
  13. Éxodo
  14. Fin de mundo
  15. Fin de siglo
  16. Gota de lluvia
  17. Idilio
  18. Indeseable
  19. Irrealidad
  20. La Diosa Blanca
  21. La falsa vida
  22. La flecha
  23. La gota
  24. La lengua de las cosas
  25. Las flores del mar
  26. Lluvia de sol
  27. Los elementos de la noche
  28. Lumbre en el aire
  29. Manual de urbanidad
  30. Mar eterno
  31. Mejor que el vino
  32. Memoria
  33. Miseria de la poesía
  34. Mosquitos
  35. Papel de trapos viejos
  36. Piedra
  37. Prehistoria
  38. Presencia
  39. Soledad de la campana
  40. Tierra de nadie
  41. Un marine
  42. Un poeta novohispano




  43. Información biográfica

      Nombre: José Emilio Pacheco
      Lugar y fecha nacimiento: Ciudad de México (México), 30 de junio de 1939
      Lugar y fecha defunción: Ciudad de México (México), 26 de enero de 2014 (74 años)

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      A quien pueda interesar

        Que otros hagan aún
        El gran poema
        Los libros unitarios
        Las rotundas
        Obras que sean espejo
        De armonía

        A mí sólo me importa
        El testimonio
        Del momento que pasa
        Las palabras
        Que dicta en su fluir
        El tiempo en vuelo

        La poesía que busco
        Es como un diario
        En donde no hay proyecto ni medida

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      Aceleración de la historia

        Escribo unas palabras
        Y al mismo
        Ya dicen otra cosa
        Significan
        Una intención distinta
        Son ya dóciles
        Al Carbono 14
        Criptogramas
        De un pueblo remotísimo
        Que busca
        La escritura en tinieblas.

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      Alta traición

        No amo mi patria.
        Su fulgor abstracto
        Es inasible.
        Pero (aunque suene mal)
        Daría la vida
        Por diez lugares suyos,
        Cierta gente,
        Puertos, bosques de pinos,
        Fortalezas,
        Una ciudad deshecha,
        Gris, monstruosa,
        Varias figuras de su historia,
        Montañas
        -Y tres o cuatro ríos.
        Alta traición

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      Caverna

        Es verdad que los muertos tampoco duran
        Ni siquiera la muerte permanece
        Todo vuelve a ser polvo

        Pero la cueva preservó su entierro

        Aquí están alineados
        Cada uno con su ofrenda
        Los huesos dueños de una historia secreta

        Aquí sabemos a qué sabe la muerte
        Aquí sabemos lo que sabe la muerte
        La piedra le dio vida a esta muerte
        La piedra se hizo lava de muerte

        Todo está muerto
        En esta cueva ni siquiera vive la muerte

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      Contraelegía

        Mi único tema es lo que ya no está
        Y mi obsesión se llama lo perdido
        Mi punzante estribillo es nunca más
        Y sin embargo amo este cambio perpetuo
        Este variar segundo tras segundo
        Porque sin él lo que llamamos vida
        Sería de piedra.

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      Copos de nieve sobre Wivenhoe

        Entrecruzados
        Caen,
        Se aglomeran
        Y un segundo después
        Se han dispersado.
        Caen y dejan caer
        A la caída.
        Inmateriales
        Astros
        Intangibles;
        Infinitos,
        Planetas en desplome.

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      El fuego

        En la madera que se resuelve en chispa y llamarada,
        Luego en silencio y humo que se pierde,
        Miraste deshacerse con silencioso estruendo la vida.
        Y te preguntas si habrá dado calor,
        Si conoció alguna de las formas del fuego,
        Si llegó a arder e iluminar con su llama.
        De otra manera todo habrá sido en vano.
        Humo y ceniza no serán perdonados
        Pues no triunfaron contra la oscuridad,
        Leña que arde en una estancia desierta
        O en una cueva que sólo habitan los muertos.

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      El silencio

        La silenciosa noche. Aquí en el bosque
        No se escuchan rumores.
        Los gusanos trabajan.
        Los pájaros de presa hacen lo suyo.
        Pero yo no oigo nada.
        Sólo el silencio que da miedo. Tan raro,
        Tan escaso se ha vuelto en este mundo
        Que ya nadie se acuerda de cómo suena,
        Nadie quiere
        Estar consigo mismo un instante.
        Mañana
        Dejaremos la verdadera vida para mañana.
        No asco de ser ni pesadumbre de estar vivo:
        Extrañeza
        De hallarse aquí y ahora en esta hora tan muda.
        Silencio en este bosque, en esta casa
        A la mitad del bosque.
        ¿Se habrá acabado el mundo?

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      El mar sigue adelante

        Entre tanto guijarro de la orilla
        No sabe el mar
        En dónde deshacerse

        ¿Cuándo terminará su infernidad
        Que lo ciñe
        A la tierra enemiga
        Como instrumento de tortura
        Y no lo deja agonizar
        No le otorga un minuto de reposo?

        Tigre entre la olarasca
        De su absoluta impermanencia
        Las vueltas
        Jamás serán iguales
        La prisión
        Es siempre idéntica a sí misma

        Y cada ola quisiera ser la última
        Quedarse congelada
        En la boca de sal y arena
        Que mudamente
        Le está diciendo siempre:
        Adelante

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      El pulpo

        Oscuro dios de las profundidades,
        Helecho, hongo, jacinto,
        Entre rocas que nadie ha visto, allí, en el abismo,
        Donde al amanecer, contra la lumbre del sol,
        Baja la noche al fondo del mar y el pulpo le sorbe
        Con las ventosas de sus tentáculos tinta sombría.
        Qué belleza nocturna su esplendor si navega
        En lo más penumbrosamente salobre del agua madre,
        Para él cristalina y dulce.
        Pero en la playa que infestó la basura plástica
        Esa joya carnal del viscoso vértigo
        Parece un monstruo; y están matando
        /A garrotazos /Al indefenso encallado.
        Alguien lanzó un arpón y el pulpo respira muerte
        Por la segunda asfixia que constituye su herida.
        De sus labios no mana sangre: brota la noche
        Y enluta el mar y desvanece la tierra,
        Muy lentamente, mientras el pulpo se muere.

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      El reposo del fuego

        (Don de Heraclito)

        Pero el agua recorre los cristales
        Musgosarnente:
        Ignora que se altera,
        Lejos del sueño, todo lo existente.

        Y el reposo del fuego es tomar forma
        Con su pleno poder de transformarse.
        Fuego del aire y soledad del fuego.
        Al incendiar el aire que es de fuego.
        Fuego es el mundo que se extingue y prende
        Para durar (fue siempre) eternamente.

        Las cosas hoy dispersas se reúnen
        Y las que están más próximas se alejan:

        Soy y no soy aquel que te ha esperado
        En el parque desierto una mañana
        Junto al río irrepetible en donde entraba
        (Y no lo hará jamás, nunca dos veces)
        La luz de octubre rota en la espesura.

        Y fue el olor del mar: una paloma,
        Como un arco de sal,
        Ardió en el aire.

        No estabas, no estarás
        Pero el oleaje
        De una espuma remota confluía
        Sobre mis actos y entre mis palabras
        (Únicas, nunca ajenas, nunca mías):
        El mar que es agua pura ante los peces
        Jamás ha de saciar la sed humana.

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      Elogio de la fugacidad

        Triste que todo pase...
        Pero también qué dicha este gran cambio perpetuo.
        Si pudiéramos
        Detener el instante
        Todo sería mucho más terrible.
        ¿Pueden imaginar a Fausto de 1844, digamos,
        Que hubiera congelado el tiempo en un momento preciso?
        En él hasta la más libre de las mujeres
        Viviría prisionera de sus quince hijos
        (Sin contar a los muertos antes de un año),
        Las horas infinitas ante el fogón, la costura,
        Los cien mil platos sucios, la ropa inmunda
        —Y todo lo demás, sin luz
        Eléctrica y sin agua corriente.
        Cuerpos sólo dolor, ignorantes de la anestesia,
        Que olían muy mal y rara vez se bañaban.
        Y aún después de todo esto, como perfectos imbéciles,
        Nos atrevemos a decir irredentos:
        "Qué gran tristeza la fugacidad,
        ¿Por qué tenemos que pasar como nubes?"

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      Éxodo

        En lo alto del día
        Eres aquel que vuelve
        A borrar de la arena la oquedad de su paso;
        El miserable héroe que escapó del combate
        Y apoyado en su escudo mira arder la derrota;
        El náufrago sin nombre que se aferra a otro cuerpo
        Para que el mar no arroje su cadáver a solas;
        El perpetuo exiliado que en el desierto mira
        Crecer hondas ciudades que en el sol retroceden;
        El que clavó sus armas en la piel de un dios muerto
        El que escucha en el alba cantar un gallo y otro
        Porque las profecías se están cumpliendo: atónito
        Y sin embargo cierto de haber negado todo;
        El que abre la mano
        Y recibe la noche.

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      Fin de mundo

        "El 18 de mayo del 50
        Se va a acabar el mundo.
        Confiésate y comulga y encomienda tu alma
        A la misericordia de Dios Padre
        Y pídele a la Virgen que ruegue por nosotros".
        Todo esto me dijeron varias personas.
        El 18 de mayo esperé el terremoto,
        El diluvio de fuego, la bomba atómica.
        Como es obvio, no pasó nada.
        Hay otras fechas para el fin del mundo.

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      Fin de siglo

        "La sangre derramada clama venganza".
        Y la venganza no puede engendrar
        Sino más sangre derramada
        ¿Quién soy:
        El guarda de mi hermano o aquel
        A quien adiestraron
        Para aceptar la muerte de los demás,
        No la propia muerte?
        ¿A nombre de qué puedo condenar a muerte
        A otros por lo que son o piensan?
        Pero ¿cómo dejar impunes
        La tortura o el genocidio o el matar de hambre?
        No quiero nada para mí:
        Sólo anhelo
        Lo posible imposible:
        Un mundo sin víctimas.

        Cómo lograrlo no está en mi poder;
        Escapa a mi pequeñez, a mi pobre intento
        De vaciar el mar de sangre que es nuestro siglo

        con el cuenco trémulo de la mano
        Mientras escribo llega el crepúsculo
        Cerca de mí los gritos que no han cesado
        No me dejan cerrar los ojos

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      Gota de lluvia

        Una gota de lluvia temblaba en la enredadera.
        Toda la noche estaba en esa humedad sombría
        Que de repente
        Iluminó la luna.

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      Idilio

        Con aire de fatiga entraba el mar
        En el desfiladero
        El viento helado
        Dispersaba la nieve de la montaña
        Y tú
        Parecías un poco de primavera
        Anticipo
        De la vida bullente bajo los hielos
        Calor
        Para la tierra muerta
        Cauterio
        De su corteza ensangrentada
        Me enseñaste los nombres de las aves
        La edad
        De los pinos inconsolables
        La hora
        En que suben y bajan las mareas

        En la diafanidad de la mañana
        Se borraban las penas
        La nostalgia
        Del extranjero
        El rumor
        De guerras y desastres
        El mundo
        Volvía a ser un jardín
        Que repoblaban
        Los primeros fantasmas
        Una página en blanco
        Una vasija
        En donde sólo cupo aquel instante

        El mar latía
        En tus ojos
        Se anulaban los siglos
        La miseria
        Que llamamos historia
        El horror
        Que agazapa su insidia en el futuro
        Y el viento
        Era otra vez la libertad
        Que en vano
        Intentamos fijar
        En las banderas

        Como un tañido funerario entró
        Hasta el bosque un olor de muerte
        Las aguas
        Se mancharon de Iodo y de veneno
        Y los guardias
        Llegaron a ahuyentarnos
        Porque sin darnos cuenta pisábamos
        El terreno prohibido
        De la fábrica atroz
        En que elaboran
        Defoliador y gas paralizante

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      Indeseable

        No me deja pasar el guardia.
        He traspasado el límite de edad.
        Provengo de un país que ya no existe.
        Mis papeles no están en orden.
        Me falta un sello.
        Necesito otra firma.
        No hablo el idioma.
        No tengo cuenta en el banco.
        Reprobé el examen de admisión.
        Cancelaron mi puesto en la gran fábrica.
        Me desemplearon hoy y para siempre.
        Carezco por completo de influencias.
        Llevo aquí en este mundo largo tiempo.
        Y nuestros amos dicen que ya es hora
        De callarme y hundirme en la basura.

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      Irrealidad

        Como fantasma de un espectro vuelvo
        A este mundo con mi experiencia que ya no sirve.
        Me abruma
        Atestiguar cómo todo ha cambiado hasta la irrealidad;
        Cómo fantasía alguna fue capaz
        De imaginar cuanto hay ahora, todo lo que es
        ―Y desde luego nadie esperaba.

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      La Diosa Blanca

        Porque sabe cuánto la quiero y cómo hablo de ella en
        Su ausencia,
        La nieve vino a despedirme.
        Pintó de Brueghel los árboles.
        Hizo dibujo de Hosukai el campo sombrío.

        Imposible dar gusto a todos.
        La nieve que para mí es la diosa, la novia,
        Astarté, Diana, la eterna muchacha,
        Para otros es la enemiga, la bruja, la condenable a la hoguera.
        Estorba sus labores y sus ganancias.
        La odian por verla tanto y haber crecido con ella.
        La relacionan con el sudario y la muerte.

        A mis ojos en cambio es la joven vida, la Diosa Blanca
        Que abre los brazos y nos envuelve por un segundo y se marcha.
        Le digo adiós, hasta luego, espero volver a verte algún día.
        Adiós, espuma del aire, isla que dura un instante.

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      La falsa vida

        Alguien te sigue a veces en silencio.
        Las cosas nunca dichas
        Se transforman en actos.
        Atraviesas la noche en las manos del sueño,
        Pero el otro, implacable,
        No te abandona: lucha
        Contra la irrealidad, la falsa vida
        Donde todo es ocaso.
        Frágil perseguidor que eres tú mismo,
        Lo has obligado a ser, en guardia siempre,
        El minucioso espejo que no olvida.

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      La flecha

        No importa que la flecha no alcance el blanco
        Mejor así
        No capturar ninguna presa
        No hacerle daño a nadie
        Pues lo importante
        Es el vuelo /la trayectoria /el impulso
        El tramo de aire recorrido en su ascenso
        La oscuridad que desaloja al clavarse
        Vibrante
        En la extensión de la nada

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      La gota

        La gota es un modelo de concisión:
        Todo el universo
        Encerrado en un punto de agua.

        La gota representa el diluvio y la sed.
        Es el vasto Amazonas y el gran Océano.

        La gota estuvo allí en el principio del mundo.
        Es el espejo, el abismo,
        La casa de la vida y la fluidez de la muerte.

        Para abreviar, la gota está poblada de seres
        Que se combaten, se exterminan, se acoplan.
        No pueden salir de ella,
        Gritan en vano.

        Preguntan como todos:
        ¿De qué se trata,
        Hasta cuándo,
        Qué mal hicimos
        Para estar prisioneros de nuestra gota?

        Y nadie escucha.
        Sombra y silencio en torno de la gota,
        Brizna de luz entre la noche cósmica
        En donde no hay respuesta.

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      La lengua de las cosas

        La lengua de las cosas debe ser
        El polvo donde se comunican sin
        Hablarse.
        El polvo o la sombra que proyectan.
        Demencia de las cosas cuando su voluntad se rebela
        Y se esconden frenéticas o se niegan a funcionar obstinadas.
        Únicos medios de rebelión a su alcance,
        Únicas formas de decirnos que no somos sus amos,
        Aunque tengamos el poder
        De destruirlas y olvidarlas.

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      Las flores del mar

        (A la memoria de Jaime García Terrés)

        Danza sobre las olas, vuelo flotante,
        Ductilidad, perfección, acorde absoluto
        Con el ritmo de las mareas,
        La insondable música
        Que nace allá en el fondo y es retenida
        En el santuario de las caracolas.

        La medusa no oculta nada,
        Más bien despliega
        Su dicha de estar viva por un instante.
        Parece la disponible, la acogedora
        Que sólo busca la fecundación,
        No el placer ni el famoso amor,
        Para sentir: ­Ya cumplí,
        Ya ha pasado todo.
        Puedo morir tranquila en la arena
        Donde me arrojarán las olas que no perdonan.

        Medusa, flor del mar. La comparan
        Con la que petrifica a quien se atreve a mirarla.
        Medusa blanca como la X'Tabay de los mayas
        Y la Desconocida que sale al paso y acecha
        Desde el Eclesiastés al pobre deseo.

        Flores del mar y el mal las Medusas.
        Cuando eres niño te advierten:
        Limítate a contemplarlas.
        Si las tocas, las espectrales
        Te dejarán su quemadura,
        La marca a fuego, el estigma
        De quien codicia lo prohibido.

        Quizá dijiste en silencio:
        ­Pretendo asir la marea,
        Acariciar lo imposible.

        Nunca lo harás: las medusas
        No son de nadie celestial o terrestre.
        Son de la mar que no es ni mujer ni prójimo.

        Son peces de la nada, plantas del viento,
        Quizá espejismos,
        Gasas de espuma ponzoñosa.

        En Veracruz las llaman aguas malas.

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      Lluvia de sol

        La muchacha desnuda toma el sol
        Apenas cubierta
        Por la presencia de las frondas.

        Abre su cuerpo al sol
        Que en lluvia de fuego
        La llena de luz.

        Entre sus ojos cerrados
        La eternidad se vuelve instante de oro.
        La luz nació para que el resplandor de este cuerpo

        Le diera vida.
        Un día más
        Sobrevive la tierra gracias a ella
        Que sin saberlo
        Es el sol
        Entre el rumor de las frondas.

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      Los elementos de la noche

        Bajo el mínimo imperio que el verno ha roído
        Se derrumban los días, la fe, las previsiones.
        En el último valle la destrucción se sacia
        En ciudades vencidas que la ceniza afrenta.

        La lluvia extingue
        El bosque iluminado por el relámpago.
        La noche deja su veneno.
        Las palabras se rompen contra el aire.

        Nada se restituye, nada otorga
        El verdor a los campos calcinados.

        Ni el agua en su destierro
        Sucederá a la fuente
        Ni los huesos del águila
        Volverán por sus alas.

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      Lumbre en el aire

        Estallan los jardines de la pólvora
        En el cielo oscurísimo y su aplomo.

        Estruendo frente al mar que se encarniza
        Desde la eternidad contra las rocas.

        A cada instante otro Big bang.
        Nacen astros, cometas, aerolitos.

        Todo es ala y fugacidad
        En la galaxia de esta lumbre.

        Mundos de luz que viven un instante.
        Luego se funden y se vuelven nada.

        Como esta noche en que hemos visto arder
        Cuerpos fugaces sobre el mar eterno.

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      Manual de urbanidad

        Para qué tanta ceremonia, indirectas,
        Puñaladitas bajo cuerda, gasto suntuario,
        Cortina de humo o envoltura contaminante
        De una desnuda frase: No puedo verte
        O No te soporto.
        Es decir, soy ciego
        A nuestra humana luz compartida.
        O bien, no resisto
        El peso de otra dolencia errante agregada
        A mi invencible pesadumbre.

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      Mar eterno

        Digamos que no tiene comienzo el mar
        Empieza donde lo hallas por vez primera
        Y te sale al encuentro por todas partes

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      Mejor que el vino

        Porque mejor que el vino son tus amores.
        Salomón
        Quinto y Vatinio dicen que mis versos
        Son fríos.
        Quinto divulga en estrofas yámbicas
        Los encantos de Flavia.
        Vatinio canta
        Conyugales y dulces placeres.
        Pero, yo Claudia,
        No he arrastrado tu nombre
        Por las calles y plazas de Roma.
        El pudor y la astucia me obligan
        A guardar tales ansias
        Para sólo tu lecho nocturno.

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      Memoria

        No tomes muy en serio
        Lo que te dice la memoria.

        A lo mejor no hubo esa tarde.
        Quizá todo fue autoengaño.
        La gran pasión
        Sólo existió en tu deseo.

        Quién te dice que no te está contando ficciones
        Para alargar la prórroga del fin
        Y sugerir que todo esto
        Tuvo al menos algún sentido.

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      Miseria de la poesía

        Me pregunto qué puedo hacer contigo
        Ahora que han pasado tantos años,
        Cayeron los imperios,
        La creciente arrasó con los jardines,
        Se borraron las fotos
        Y en los sitios sagrados del amor
        Se levantan comercios y oficinas
        (Con nombres en inglés naturalmente).
        Me pregunto qué puedo hacer contigo
        Y hago un pseudo poema
        Que tú nunca leerás
        ―O si lo lees,
        En vez de una punzada de nostalgia,
        Provocará tu sonrisita crítica.

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      Mosquitos

        Nacen en las pantanos del insomnio.
        Son negrura viscosa que aletea.
        Vampiritos inermes,
        Sublibélulas,
        Caballitos de pica
        Del demonio.

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      Papel de trapos viejos

        Devoro un poco más de realidad.
        Y aquí estamos.
        Llega noviembre y el pasado inmenso
        Hace ver el futuro que me falta
        Como una prenda de vestir encogida
        Por el gran ajetreo en la lavadora.
        Un millón de partículas o instantes
        Pasaron como flechas por sus tejidos.
        Desgaste.
        Desgaste esos minutos o años o sobresaltos.
        Aluvión de agua hirviendo
        Y shock del agua helada.
        Está raído el traje que iba a ponerme mañana.
        No sirve la camisa recién lavada.
        Ya muestra las arrugas de su provisional habitante,
        El aire más bien triste aunque meritorio
        De quien se acaba de servir y entonces repara
        En que no sirve ya su servidumbre,
        Su utilidad para encarnar el tiempo
        Que habrá de descarnarlo.
        Un trapo viejo el cuerpo.
        Si algo de él sobrevive
        Será en cajón de sastre como remiendo
        De otros vestuarios.
        O lo enviarán al molino
        En que de trapos viejos, cartones sucios
        Se hace el papel en blanco.

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      Piedra

        Lo que dice la piedra
        Sólo la noche puede descifrarlo

        Nos mira con su cuerpo todo de ojos
        Con su inmovilidad nos desafía
        Sabe implacablemente ser permanencia

        Ella es el mundo que otros desgarramos

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      Prehistoria

        A la memoria de Jaime Sabines

        1

        En las paredes de esta cueva
        Pinto el venado
        Para adueñarme de su carne,
        Para ser él,
        Para que su fuerza y su ligereza sean mías
        Y me vuelva el primero
        Entre los cazadores de la tribu.

        En este santuario
        Divinizo las fuerzas que no comprendo.
        Invento a Dios,
        A semejanza del Gran Padre que anhelo ser,
        Con poder absoluto sobre la tribu.

        En este ladrillo
        Trazo las letras iniciales,
        El alfabeto con que me apropio del mundo al simbolizarlo.
        La T es la torre y desde allí gobierno y vigilo.
        La M es el mar desconocido y temible.

        Gracias a ti, alfabeto hecho por mi mano,
        Habrá un solo Dios: el mío.
        Y no tolerará otras deidades.
        Una sola verdad: la mía.
        Y quien se oponga a ella recibirá su castigo.

        Habrá jerarquías, memoria, ley:
        Mi ley: la ley del más fuerte
        Para que dure siempre mi poder sobre el mundo.

        2

        Al contemplar por vez primera la noche
        Me pregunté: ¿será eterna?
        Quise indagar la razón del sol, la inconstante
        Movilidad de la luna,
        La misteriosa armada de estrellas
        Que navegan sin desplomarse.

        Enseguida pensé que Dios es dos:
        La luna y el sol, la tierra y el mar, el aire y el fuego,
        O es dos en uno:
        La lluvia/la planta, el relámpago/el trueno.

        ¿De dónde viene la lumbre del cielo?
        ¿La produce el estruendo? ¿O es la llama
        La que resuena al desgarrar el espacio?
        (Como la grieta al muro antes de caer
        Por los espasmos del planeta siempre en trance de hacerse).

        ¿Dios es el bien porque regala la lluvia?
        ¿Dios es el mal por ser la piedra que mata?
        ¿Dios es el agua que cuando falta aniquila
        Y cuando crece nos arrastra y ahoga?

        A la parte de mí que me da miedo
        La llamaré Demonio.
        ¿O es el doble de Dios, su inmensa sombra?
        Porque sin el dolor y sin el mal
        No existirían el bien ni el placer,
        Del mismo modo que para la luz
        Son necesarias las tinieblas.

        Nunca jamás encontraré la respuesta.
        No tengo tiempo. Me perdí en el tiempo.
        Se acabó el que me dieron.

        3

        Ustedes, los que escudriñen nuestra basura
        Y desentierren puntas
        De pedernal, collares de barro
        O lajas afiladas para crear muerte;
        Figuras de mujeres en que intentamos
        Celebrar el misterio del placer
        Y la fertilidad que nos permite seguir aquí contra todo
        -Enigma absoluto
        Para nuestro cerebro si apenas está urdiendo el lenguaje-,
        Lo llamarán mamut.
        Pero nosotros en cambio
        Jamás decimos su nombre:
        Tan venerado es por la horda que somos.

        El lobo nos enseñó a cazar en manada.
        Nos dividimos el trabajo, aprendimos:
        La carne se come, la sangre fresca se bebe,
        Como fermento de uva.
        Con su piel nos cubrimos.
        Sus filosos colmillos se hacen lanzas
        Para triunfar en la guerra.
        Con los huesos forjamos
        Insignias que señalan nuestro alto rango.
        Así pues, hemos vencido al coloso.
        Escuchen cómo suena nuestro grito de triunfo.

        Qué lástima.
        Ya se acabaron los gigantes.
        Nunca habrá otro mamut sobre la tierra.

        4

        Mujer, no eres como yo
        Pero me haces falta.

        Sin ti sería una cabeza sin tronco
        O un tronco sin cabeza. No un árbol
        Sino una piedra rodante.

        Y como representas la mitad que no tengo
        Y te envidio el poder de construir la vida en tu cuerpo,
        Diré: nació de mí, fue un desprendimiento:
        Debe quedar atada por un cordón umbilical invisible.

        Tu fuerza me da miedo.
        Debo someterte
        Como a las fieras tan temidas de ayer.
        Hoy, gracias a mi crueldad y a mi astucia,
        Labran los campos, me transportan, me cuidan,
        Me dan su leche y hasta su piel y su carne.

        Si no aceptas el yugo,
        Si queda aún como rescoldo una chispa
        De aquellos tiempos en que eras reina de todo,
        Voy a situarte entre los demonios que he creado
        Para definir como El Mal cuanto se interponga
        En mi camino hacia el poder absoluto.

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      Presencia

        ¿Qué va a quedar de mí cuando me muera
        Sino esta llave ilesa de agonía,
        Estas pocas palabras con que el día,
        Dejó cenizas de su sombra fiera?

        ¿Qué va a quedar de mí cuando me hiera
        Esa daga final? Acaso mía
        Será la noche fúnebre y vacía
        Que vuelva a ser de pronto primavera.

        No quedará el trabajo, ni la pena
        De creer y de amar. El tiempo abierto,
        Semejante a los mares y al desierto,

        Ha de borrar de la confusa arena
        Todo lo que me salva o encadena.
        Más si alguien vive yo estaré despierto.

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      Soledad de la campana

        Soledad de la campana.

        Le dice adiós al tañido.
        Último son de su bronce,

        Flecha ardiente en el silencio.
        Vaga en busca de los ecos

        ­Pero nadie le contesta.

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      Tierra de nadie

        En la ignorancia a medias de un idioma,
        Ya que el dominio es imposible,
        Las palabras demuestran estar hechas
        De la esencia del mundo y la poesía.
        Pienso en diré, por ejemplo:
        "barro, lodo, tierra,
        Polvo, suelo, mugre,
        Suciedad, obscenidad,
        Bajeza, vileza."
        Suciedad de la tierra, tumba y matriz.
        Basura sagrada
        Que amasaron plantas y huesos.
        Putrefacción en que nos da la vida la muerte.
        Extraño llamar "Tierra" al planeta errante
        En donde navegamos siempre en tinieblas
        Y a la materia de la que sale todo
        Y todo regresa.
        La tierra baldía, la tierra prometida,
        La tierra de nadie.

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      Un marine

        Quiso apagar incendios con el fuego.
        Murió en la selva de Vietnam
        Y en vano.

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      Un poeta novohispano

        Como se ahogaba en su país y era imposible
        Decir una palabra sin riesgo
        Como su vida misma estaba en manos
        De una sospecha una delación un proceso
        El poeta
        Llenó el idioma de una flora salvaje
        Proliferaron
        Estalactitas de Bizancio en sus versos

        Acaso fue rebelde acaso comprendió
        La ignominia de lo que estaba viviendo
        El criollo resentido y cortés al acecho
        Del momento en que se adueñaría de la patria ocupada
        Por hombres como sus padres en consecuencia
        Más ajenos más extranjeros más invasores todavía

        Acaso le dolió tener que escribir públicamente tan sólo
        Panegíricos versos cortesanos
        Sus poemas verdaderos en los que está su voz
        Los sonetos
        Que alcanzan la maestría del nuevo arte
        A la sombra de Góngora es verdad
        Pero con algo en ellos que no es enteramente español
        Los sembró noche a noche en la ceniza

        Han pasado los siglos y alimentan
        Una ciega sección de manuscritos

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