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    Información biográfica

  1. Alabando su manera de hacerlo
  2. Alba de proa
  3. Alucinaciones
  4. Animal fantástico
  5. Brindis
  6. Canción de seguimiento
  7. Circe
  8. Claridad furiosa
  9. Danzón transfigurado
  10. Despedida
  11. Elegía
  12. Elogio de lo mismo
  13. Evasión
  14. Fábula de Narciso y Ariadna
  15. La ofrenda
  16. Nacimiento de Eva
  17. Nacimiento de Venus
  18. Nocturno
  19. Nocturno abandonado
  20. Nocturno sobre Atenas
  21. Oleajes
  22. Pastoral
  23. Piscina
  24. Pour Marx
  25. Práctica mortal
  26. Prueba de Arquímedes
  27. Ráfagas
  28. Reloj de sol
  29. Resplandor último
  30. Tarde en cámara lenta
  31. Tumulto
  32. Una paloma al volar




  33. Información biográfica

      Nombre: Gabriel Zaid
      Lugar y fecha nacimiento: Monterrey, Nuevo León (México), 24 de enero de 1934

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      Alabando su manera de hacerlo

        ¡Qué bien se hace contigo, vida mía!

        Muchas mujeres lo hacen bien
        Pero ninguna como tú.

        La Sulanita, en la gloria,
        Se asoma a verte hacerlo.

        Y yo le digo que no,
        Que nos deje, que ya lo escribiré.

        Pero si lo escribiese
        Te volverías legendaria.

        Y no creo en la poesía autobiográfica
        Ni me conviene hacerte propaganda.

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      Alba de proa

        Navegar,
        Navegar.
        Ir es encontrar.
        Todo ha nacido a ver.
        Todo está por llegar.
        Todo está por romper
        A cantar.

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      Alucinaciones

        El vio pasar por ella sus fantasmas.
        Ella se estremeció de ver en él sus fantasmas.

        Él no quería perseguir sus fantasmas.
        Ella quería creer en sus fantasmas.

        Montó en ella, corrió tras sus fantasmas.
        Ella lloró por sus fantasmas.

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      Animal fantástico

        Un brazo nada más no es cosa mala
        Si ves que el otro se convierte en ala.

        Y para qué dos pies, no es cosa buena,
        Si a cuatro viva el alma suena.

        Tener mil pares de ojos para ver.
        Te- ver-te- ver- te- ver.

        Y dos espaldas para tanta gente
        Que sueña, pero sigue la corriente.

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      Brindis

        Borracho estoy de amarte y de mirarte,
        Alta luz, alta copa enaltecida.
        El vino se hace lenguas del Espíritu
        Y migas hace el pan con el mantel.
        Blanca la luz y negra y roja y viva,
        En tus dedos es sangre, en tus pupilas
        Eternidad, en tus labios silencio.
        Te amo, sí, te amo, borracho de tus ojos,
        Borracho, del silencio que ha arrasado tus ojos,
        Noche viva y sin lágrimas, noche viva y sin rumbo,
        Pero llena de estrellas como un mar sin temor.

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      Canción de seguimiento

        No soy el viento ni la vela
        Sino el timón que vela.

        No soy el agua ni el timón
        Sino el que canta esta canción.

        No soy la voz ni la garganta
        Sino lo que se canta.

        No sé quien soy ni lo que digo
        Pero voy y te sigo.

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      Circe

        Mi patria está en tus ojos, mi deber en tus labios.
        Pídeme lo que quieras menos que te abandone.
        Si naufragué en tus playas, si tendido en tu arena
        Soy un cerdo feliz, soy tuyo, mas no importa.
        Soy de este sol que eres, mi solar está en ti.
        Mis lauros en tu dicha, mi hacienda en tus haberes.

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      Claridad furiosa

        No aceptamos lo dado, de ahí la fantasía.
        Sol de mis ojos: eternidad aparte, pero mía.

        Pero se da el presente aunque no estés presente.
        Luz a veces a cántaros, pan de cada día.
        Se dan tus pensamientos, tuyos como estos pájaros.
        Se da tu soledad, tuya como tu sombra,
        Negra luz fulminante, bofetada del día.

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      Danzón transfigurado

        Alguna vez,
        Alguna vez,
        Seremos cuerpo hasta los pies.

        ¿Dónde está el alma?
        Tus mejillas anidan pensativas.
        ¿Dónde está el alma?
        Tus manos ponen atención.
        ¿Dónde está el alma?
        Tus caderas opinan
        Y cambian de opinión.
        Bárbara, celárent, dárii, feria.
        Tus pies hacen discursos de emoción.
        Todo tu cuerpo, brisa de inteligencia,
        De cuerpo a cuerpo, roza la discusión.

        El tiempo rompe en olas venideras
        Y nos baña de música.

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      Despedida

        A punto de morir,
        Vuelvo para decirte no sé qué
        De las horas felices.
        Contra la corriente.

        No sé si lucho para no alejarme
        De la conversación en tus orillas
        O para restregarme en el placer
        De ir y venir del fin del mundo.

        ¿En qué momento pasa de la página al limbo,
        Creyendo aún leer, el que dormita?
        La corza en tierra salta para ser perseguida

        Hasta el fondo del mar por el delfín,
        Que nada y se anonada, que se sumerge
        Y vuelve para decir no sé qué.

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      Elegía

        Yo soltaba los galgos del viento para hablarte.
        A machetazo limpio, abrí paso al poema.
        Te busqué en los castillos a donde sube el alma,
        Por todas las estancias de tu reino interior,
        Afuera de los sueños, en los bosques, dormida,
        O tal vez capturada por las ninfas del río,
        Tras los espejos de agua, celosos cancerberos,
        Para hacerme dudar si te amaba o me amaba.

        Quise entrar a galope a las luces del mundo,
        Subir por sus laderas a dominar lo alto;
        Desenfrenar mis sueños, como el mar que se alza
        Y relincha en los riscos, a tus pies, y se estrella.

        Así cada mañana por tu luz entreabierta
        Se despereza el alba, mueve un rumor el sol,
        Esperando que abras y que alces los párpados
        Y amanezca y, mirándote, suba el día tan alto.

        Si negases los ojos el sol se apagaría.
        El acecho del monte y del amanecer
        En tinieblas heladas y tercas quedaría,
        Aunque el sol y sus ángeles y las otras estrellas
        Se pasaran la noche tocando inútilmente.

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      Elogio de lo mismo

        ¡Qué extraño es lo mismo!
        Descubrir lo mismo.
        Llegar a lo mismo.

        ¡Cielos de lo mismo!
        Perderse en lo mismo.
        Encontrarse en lo mismo.

        ¡Oh, mismo inagotable!
        Danos siempre lo mismo.

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      Evasión

        Desatar la canastilla.
        Subir globos llenos de besos.
        Ya va quedando el mundo atrás.
        El fondo de los ojos da vértigo.
        Cogerse desesperadamente.
        Ser arrastrados por el viento.
        Soltar arena, perder peso.
        Ya estás en el espacio sin tiempo.

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      Fábula de Narciso y Ariadna (fragmento)

        Acudes a tus ojos porque acudes,
        Los ojos de las noches estrelladas.
        Y su luz no es tu eco, no lo dudes,
        Es otra luz que mueve tus miradas;
        Desde la luna, arcón de los rosarios,
        Hasta la luna sin itinerarios.

        Luz del amor que llama a los amores
        Por encima del hombro para el viaje,
        Y en el espejo muestra sus pudores
        De estrella antigua que abandona el traje,
        Mariposa, cristal, serpiente o perla
        Cuando se empaña nada más de verla.

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      La ofrenda

        Mi amada es una tierra agradecida.
        Jamás se pierde lo que en ella se siembra.
        Toda fe puesta en ella fructifica.
        Aún la menor palabra en ella da su fruto.
        Todo en ella se cumple, todo llega al verano.
        Cargada está de dádivas, pródiga
        Y en sazón.
        En sus labios la gracia se siente agradecida.
        En sus ojos, su pecho, sus actos, su silencio.
        Le he dado lo que es suyo, por eso me lo entrega.
        Es el altar, la diosa y el cuerpo de la ofrenda.

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      Nacimiento de Eva

        No tengo tiempo que perder,
        Me dijo al amanecer,
        Y desplazó un volumen de mujer.

        Mar de mujer y piélago de sillas.
        El astillar me dejas hecho astillas,
        Salpicadas de hielo las costillas.

        Botaduras heladas y funestas.
        Está bien. Pero qué horas son estas.
        No te has quedado ni a las últimas fiestas.

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      Nacimiento de Venus

        Así surges del agua,
        Blanquísima,
        Y tus largos cabellos son del mar todavía,
        Y los vientos te empujan, las olas te conducen,
        Como el amanecer, por olas, serenísima.
        Así llegas helada como el amanecer.
        Así la dicha abriga como un manto.

      Arriba

      Nocturno

        Manantiales del agua
        Ya perenne, profunda vida
        Abierta en tus ojos.

        Convive en ti la tierra
        Poblada, su verdad
        Numerosa y sencilla.

        Abre su plenitud
        Callada, su misterio,
        La fábula del mundo.

        Hallan su vocación
        Del Huerto, su quehacer,
        Manos contemplativas.

        Estalla un mediodía
        Nocturno, arde en gracia
        La noche, calla el cielo.

        Tenue viento de pájaros
        De recóndito fuego
        Habla en bocas y manos.

        Viñas, las del silencio.
        Viñas, las de las palabras
        Cargadas de silencio.

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      Nocturno abandonado

        Me llega la secreta
        Zozobra que en el aire
        Deja ligeramente
        Una hoja caída.

        La lucidez inerte
        Del parque abandonado,
        Y el agua que prosigue
        En la fuente sonámbula.

        Y sin embargo existes,
        Comunión, y nos mueves
        En íntimas palabras
        Que entretejen el mundo.

      Arriba

      Nocturno sobre Atenas

        Háblame de las calles
        Y de la nochería
        Submarina, que mece
        Allá abajo su cielo.

        Y el firmamento aquel
        Que era agua azul y gloria
        De promesas fugaces,
        Míralo vuelto al agua.

        Mi estrella no era estrella,
        Era un rapto fugaz
        Del cielo, una caduca
        Luz sedienta en el agua.

      Arriba

      Oleajes

        El sol estalla:

        Se derrumba
        A refrescarse en tu alegría.
        Revientan olas de tu pecho.
        Yo me baño en tu risa.

        Olas altas y soles
        De playas apartadas.
        Tu risa es la Creación
        Feliz de ser amada.

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      Pastoral

        Una tarde con árboles,
        Callada y encendida.

        Las cosas su silencio
        Llevan como su esquila.

        Tienen sombra: la aceptan.
        Tienen nombre: lo olvidan.

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      Piscina

        Vengo al aire, del agua, más ligera,
        A reanudar la que se rememora.
        Saco el pecho en el tiempo. ¿Ves ahora
        Los cuerpos de esta falsa primavera?

        ¡Qué pretensión de paraíso fuera
        Equilibrar el aire de la aurora!
        Yo me vuelvo a los vientres de la hora
        A clavar mis silencios en la espera.

        No me des a la luz, madre, te pido,
        Que aquí ni prisa ni temor me asalta
        Y oigo el tiempo flotante y suspendido.

        Quiero la libertad, y la más alta
        Libertad del silencio en el olvido
        ¡Y es el aire del mundo el que me falta!

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      Pour Marx

        Querida:

        Qué bien nadas,
        Sin nada que te vista,
        En las aguas heladas
        Del cálculo egoísta.

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      Práctica mortal

        Subir los remos y dejarse
        Llevar con los ojos cerrados.
        Abrir los ojos y encontrarse
        Vivo: se repitió el milagro.
        Anda, levántate y olvida
        Esta ribera misteriosa
        Donde has desembarcado.

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      Prueba de Arquímedes

        Si te hundiera en una tina,
        Vería el volumen que desplazas.
        Si te colgara de un pie,
        Hasta qué punto eres un bulto.
        Estoy perplejo porque eres.
        Porque eres eso, eso y más que eso.
        ¿Acabaré de entenderte?
        Te muerdo y sólo te desprendo un grito.
        Te aprieto y vuelas en una carcajada.
        ¿Dónde está el alma, dicen los cirujanos?
        ¿Quién eres tú, digo yo?
        Me fui de bruces en tus ojos.
        No tenían fondo.

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      Ráfagas

        La muerte lleva el mundo a su molino.

        Aspas de sol entre los nubarrones
        Hacían el campo insólito,
        Presagiaban el fin del mundo.

        Giraban margaritas
        De ráfagas de risa
        En la oscuridad de tu garganta.

        Tus dientes imperfectos
        Desnudaban sus pétalos
        Como diste a la lluvia tus pechos.

        Giró la falda pesadísima
        Como una fronda que exprimiste,
        Como un árbol pesado de memoria
        Después de la lluvia.

        Olía a cabello tu cabello.

        Estabas empapada. Te reías,
        Mientras yo deseaba tus huesos
        Blancos
        Como una carcajada
        Sobre el incierto fin del mundo.

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      Reloj de sol

        Hora extraña. No es
        El fin del mundo
        Sino el atardecer.
        La realidad,
        Torre de Pisa,
        Da la hora
        A punto de caer.

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      Resplandor último

        La luz final hará
        Ganado lo perdido.

        La luz que va guardando
        Las ruinas del olvido.

        La luz con su rebaño
        De mármol abatido.

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      Tarde en cámara lenta

        Tu cuerpo, el mundo, corre.
        Mis ojos, el mundo, también.
        Nadie ama dos veces con los mismos ojos.
        Contemplar: confluir.

      Arriba

      Tumulto

        Me empiezan a desbordar los acontecimientos
        (Quizá es eso)
        Y necesito tiempo para reflexionar
        (Quizá es eso).

        Se ha desplomado el mundo.
        Toca el Apocalipsis.
        Suena el despertador.

        Los muertos salen de sus tumbas,
        Mas yo prefiero estar muerto.

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      Una paloma al volar

        Una paloma al volar
        Su dorado pico abría;
        Todos dicen que me hablaba,
        Pero yo no le entendía.

        I

        Dame las alas, paloma,
        Para volar a tus vuelos,
        Para subir a los cielos
        De otro cielo que no asoma.
        Este cielo que me toma,
        Nieve y silencio temía;
        Y ha de caer todavía
        Mientras tu voz se sustraiga,
        -Si está cayendo, que caiga,
        No ha de durar más de un día.

        2

        ¿Por qué ya no puedo amarte
        -Ay Amor- sin conocerte,
        Si en buscarte está la muerte
        De saberte y no encontrarte?
        ¿Por qué de un tiempo a esta parte
        En tu nombre está mi suerte?
        ¿Por qué, si digo no verte,
        Te pido que si me amas
        Me digas cómo te llamas
        -Ay Amor- para quererte?

        3

        Esta noche callaría,
        Aunque viniese la muerte.
        ¿Y el silencio de perderte
        Con qué voz te cantaría?
        Naranja dulce del día,
        Nocturno limón celeste,
        Te pido un favor y es este:
        (El que la canción pedía)
        Que le digas a María
        Que esta noche no se acueste.

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