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    Información biográfica

  1. Arriba, siempre arriba
  2. Covadonga
  3. El Año Nuevo
  4. El ruiseñor de Cangas
  5. Epitafio (para Antonio Machado)
  6. Escudo a los malvises
  7. Esta es Asturias
  8. La partida
  9. La Virgen de la Flor
  10. Nochebuena
  11. Roble y palmera
  12. Una quintana
  13. Verso y espada



  14. Información biográfica

      Nombre: Alfonso Camín
      Lugar y fecha nacimiento: Gijón, Asturias (España), 12 de agosto de 1890
      Lugar y fecha defunción: Gijón, Asturias (España), 12 de diciembre de 1982 (92 años)

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      Arriba, siempre arriba

        Arriba, siempre hacia arriba,
        Como la nieve en la cumbre,
        Como el águila en los cielos
        Como la estrella y la nube.
        Arriba, siempre hacia arriba,
        Como el castaño, que nutre
        Con el fruto al buen vecino
        Y está hueco y no sucumbe.
        Como el roble a contraviento,
        Como las alas y el numen;
        Ser como el tigre que asalta
        Y como el león que ruge.
        Arriba, siempre hacia arriba,
        Como el mar que al peñón cubre;
        Ser vencedor aún vencido,
        Ser en el carbón la lumbre.
        En Trafalgar como Nelson
        O ser Gravina en resumen;
        Ser en torno de La Habana
        El coronel Aranguren.
        Drake, terror del Caribe,
        Hundiéndose con su buque;
        Ser en Canarias el Teide
        Que hasta las estrellas sube.
        En Cuba el Pico Turquino,
        Ser en Puerto Rico El Yunque;
        En México el Orizaba
        Y el Cerro de Guadalupe.
        Arriba, siempre hacia arriba,
        Como la Luna aún inmune:
        Como el Sol, rey del espacio,
        Como la estrella, que fulge.
        Arriba, siempre hacia arriba,
        Como el Naranjo de Bulnes:
        Abajo pasan los osos
        Y arriba pasan las nubes.
        Arriba, siempre hacia arriba,
        Donde Jesús sangra y sufre
        Colgado entre dos ladrones
        A la romana costumbre.
        Huya entre la sombra Judas.
        Poncio Pilatos se asuste,
        ¡Ser la centella y el rayo
        Para alumbrar las Tres Cruces!

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      Covadonga

        Desde el alto peñón baja el torrente
        Y ora es manto de espuma en el vacío,
        Ora un collar que se nos fue en rocío,
        Ora epopeya de tambor batiente.

        Llega hasta abajo, se transforma en fuente;
        Va más abajo, se transforma en un río;
        Más abajo, un clamoe, un vocerío
        De alguien que lucha con extraña gente.

        Voz que en el viento su vigor prolonga,
        De pastor en pastor, de braña en braña,
        Ruge en Onís y repercuta en Ponga.

        ¡Es la voz de Pelayo en la montaña,
        Que empieza resonando en Covadonga
        Y acaba resonando en toda España!

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      El Año Nuevo

        Bien vayas, Año Viejo, segador implacable,
        Que te vas de los campos con la mies de la vida,
        Con tu fardo de crímenes, tu figura execrable
        Y aún blandiendo en tus manos la guadaña homicida.

        Nace el Año, heredero de los cetros del Mundo,
        Y en el hondo sarcasmo de una noche de luna,
        Cuando ruge a a sus plantas el rencor iracundo,
        Ve que tiene una enorme calavera por cuna.

        La Locura y el Crimen se han vestido de gala;
        Deje al Año que vuele la impecable paloma
        Y un bautismo de sangre por su frente resbala...

        Luce el mundo, a manera de un festín nunca visto;
        Nuevamente tornamos a los tiempos de Roma,
        ¡Y los pueblos escupen al cadáver de Cristo!

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      El ruiseñor de Cangas

        El ruiseñor de Cangas canta al azul del día
        Y el Cangas, para oírlo, suspende su rumor;
        Sube a la Cruz de Priena la voz de su armonía
        Y el Sella va a los mares cantando en su loor.

        El ruiseñor es dueño de la floresta umbría;
        Los pocos que lo han visto, dicen que es un fulgor:
        Unos, que si es la Virgen de ojos de romería
        Y otros que si es la xana con voz de ruiseñor.

        Lo oyó el Naranjo en Bulnes envuelto en niebla fría,
        En Cangas lo oyó el puente y el puente florecía,
        Lo oyeron en las cumbres la estrella y el pastor.

        Y cuando, vela al viento, cruzó la mar bravía,
        El ruiseñor de Cangas canta al azul del día,
        Sobre los verdes campos y el avellano en flor.

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      Epitafio (para Antonio Machado)

        Poeta y español en una pieza,
        Soñando chopos, rastrojeras, trillas,
        Teresas, Altos Dueros, Tordesillas,
        Soria en el Norte y en el Sur Baeza;

        El verso como escudo de nobleza,
        Va y viene por llanuras amarillas:
        Al hombro el cielo de las dos Castillas
        Y España al corazón y a la cabeza.

        Por no admitir coyunda del tirano
        Y ni otro pan que el que Castilla cuece,
        Ni otra molienda que del propio grano,

        Muere en tierras inhóspitas y extrañas.
        Mientras que el dictador las empobrece
        Él, como el Cid, prolonga las Españas.

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      Escudo a los malvises

        No sólo fue mi infancia cruzar los campos solos,
        El pan y la sardina, la planta que se hiela,
        Las tardes en la grava, las noches en la escuela,
        Y a palo y a navaja reñir con los "Pirolos".

        Bajos los robles juego cuatreadas a los bolos,
        Me paro en los trigales a oír la "parpayuela";
        Admiro a la calandria que hasta las nubes vuela
        Y en San Martín contemplo las nieves de dos polos.

        Escucho a los malvises cantando sobre el mato
        Entre helechales verdes me enredo y desenredo,
        Revuela y estremece las frondas el "ñervato".

        Me pierdo por los bosques, me embriago en el lloredo
        Y llevo a los caminos rumores de regato,
        Viento de mar y viento de roble y castañedo.

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      Esta es Asturias

        Deme el cerezo sus pendientes rojos.
        Póngaselos la moza en las orejas;
        Vuelen las codornices en parejas,
        Multipliquen la fuente risas y ojos.

        Anide la calandria en los matojos,
        Hunda elarado sus potentes rejas;
        Desate el Sol en el portal guedejas,
        Cante el reitán sobre los verdes tojos.

        Brinde el manzano la redonda fruta;
        Que al caer la castaña, repercuta
        Igual que un tamboril, por la montaña.

        Salude el oso que remonta Caso,
        Sirvan la sidra natural al vaso.
        Esta es Asturias, hontanar de España.

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      La partida

        Era yo un niño de alma blanca
        Cuando di al viento mi primer cantar,
        Y con el alba y el zurrón al hombro,
        Baje del monte familiar
        Hacia la costa donde me esperaban
        La emoción del abismo y el abrazo del mar.
        Atrás quedaba el monte abuelo,
        La casa blanca como un vetusto palomar,
        La higuera madre y el parral caduco,
        El olor a resinas del pinar,
        La barbechera y el oropel de alondras
        Y la copa opulenta del pomar,
        Y la sombra del castañedo
        Y el corpulento robledal...

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      La Virgen de la Flor

        La Virgen de la Flor, la más bonita
        Que se conoce en la comarca entera
        Un domingo de sol dejó la ermita
        Y se perdió vantando en la ribera.

        Teniendo con los ángeles su cita,
        Optó por ser la propia mensajera
        Y, Niño y flor, lucero y margarita,
        La Virgen de la Flor fue de romera.

        Conoció el mar, las barcas pescadores,
        Fue otro velamen en la mar velera
        Y anduvo el Niño en carrousel de auroras.

        Pero, de pronto, retornó ligera,
        ¡Porque, según las nubes voladoras,
        Faltaba en el altar la primavera!

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      Nochebuena

        Nochebuena, en el pote de las castañas,
        El fogaril en entusiasta hoguera;
        El grupo familiar, la madre hornera,
        El horno ya rojizas las entrañas.

        La Navidad alegra las cabañas,
        El gozo adentro y el invierno afuera;
        El nieto fiel, la abuela refranera
        Y el lobo de la nieve en las montañas.

        Año Nuevo, la gente parrandera,
        La noche con el sueño en las pestañas,
        Las castañas calientes en la acera.

        Y en la acera natal y en las extrañas,
        El pregón de la alegre castañera
        Como aguinaldo de las dos Españas.

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      Roble y palmera

        Dejé, en la infancia, el robledal vecino,
        Eché mis suertes a la mar lejana
        Y desde el mar Cantábrico a La Habana,
        Ya el huracán me señaló el destino.

        El Naranjo de Bulnes y el Turquino
        Me dan su voz, su altura soberana;
        La ceiba fue como una madre anciana,
        La palmera mi novia en el camino.

        Transcurran lentos o en tropel los años,
        Desde los tiempos de la edad primera,
        Cuba en palmar, Asturias en castaños,

        Por tren, por aire y por mar, por donde quiera,
        Bajo cielos inhóspitos y extraños,
        Viajan conmigo el roble y la palmera.

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      Una quintana

        Una quintana en soledad. Empero,
        No hay sólo soledad en la quintana;
        Crece verde el maíz que a tiempo grana
        Canta el malvís en el castaño entero.

        Vigila al pie del hórreo el mastín fiero.
        El humo sale azul por la ventana;
        La hija se va al campo en la mañana,
        La madre, junto al llar, cuida el puchero.

        Baldada en el portal la dulce abuela
        Toma el sol, con la mano en el cayado;
        Solitario el "varal", quieta la muela.

        No hay hombres. Fueron a Ultramar. La moza
        Que hay en casa, se ocupa del ganado,
        Mulle el terrón y los bardales roza.

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      Verso y espada

        Verso y espada, como en Garcilaso
        Frente al asombro del patán y el conde;
        Vivo, no importa que el dolor se ahonde;
        Muerto, sin paz y sin posible ocaso.

        Navegaré después de muerto, acaso
        Como Cortés y Nelson. Pero, ¿adónde?
        El portón de la patria no responde;
        No podré, como en vida, abrirme paso.

        Lejos de los castaños de mis sierras,
        Los robles y los muros seculares,
        Volveré al mar en cóleras y en guerras;

        Y a falta de un laurel en mis lugares,
        Quizás me brinden su laurel dos tierras
        Y su lamento funeral dos mares.

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