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    Información biográfica

  1. Ahora que estamos casi establecidos en nuestra casa
  2. ¿Cuándo contemplé por vez postrera?
  3. Cuando estés vieja y cansada, y vencida por el sueño
  4. El vino entra en la boca
  5. ¿Era el doble de mi sueño la mujer?
  6. Grises son tus cabellos
  7. Llegó, pasó mi cincuenta aniversario
  8. ¿Por qué no habrían de rabiar los viejos?
  9. Oí decir a los muy, muy viejos
  10. ¿Quién soñó que la belleza pasa como un sueño?
  11. Restan libros y pinturas
  12. Sangre y luna
  13. Si tan solo yacieras muerta y fría
  14. Tus ojos que antaño nunca se cansaron de los míos
  15. Una joven y vieja mujer




    Información biográfica

      Nombre: William Butler Yeats
      Lugar y fecha nacimiento: Dublín (Irlanda), 13 de junio de 1865
      Lugar y fecha defunción: Menton, Costa Azul (Francia), 28 de enero de 1939 (73 años)

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      Ahora que estamos casi establecidos en nuestra casa

        Ahora que estamos casi establecidos en nuestra casa
        Nombraré a esos amigos que ya no pueden cenar con nosotros
        Junto al fuego de turba en la antigua torre,
        Y habiendo charlado hasta muy tarde
        Subíamos a los dormitorios por la angosta escalera de caracol;
        Descubridores de la olvidada verdad
        O simples compañeros de mi juventud,
        Todos han muerto y esta noche están en mi pensamiento.

        (...)

        Ellos fueron mis compañeros íntimos muchos años,
        Como si formaran parte de mi vida y mi mente,
        Y sin embargo ahora sus rostros sin vida parecen contemplarnos
        Desde el viejo grabado de algún libro;
        Estoy acostumbrado a su falta de vida.

        (...)

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      ¿Cuándo contemplé por vez postrera?

        ¿Cuándo contemplé por vez postrera
        Los redondos ojos verdes y los largos cuerpos ondulantes
        De los oscuros leopardos de la Luna?
        Todas las locas brujas, las más nobles damas,
        Con todas sus escobas y lágrimas,
        Lágrimas airadas que se han ido.
        Los sagrados centauros de las colinas se esfumaron.
        No tengo nada más que el amargo sol,
        Proscrita y esfumada se quedó la heroica luna
        Y ahora que ya he cumplido los cincuenta
        Debo soportar este tímido sol.

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      Cuando estés vieja y cansada, y vencida por el sueño

        Cuando estés vieja y cansada, y vencida por el sueño,
        Y dormitando junto al fuego tomes este papel,
        Y lentamente leas, y sueñes con la dulce belleza
        Que tus ojos tuvieron antaño, y también con sus sombras profundas.

        Cuántos amaron tus momentos de alegre dulzura,
        Y amaron tu belleza con amor sincero o falso,
        Pero sólo un hombre amó en ti tu alma peregrina
        Y también las tristezas de tu rostro cambiante.

        Y cuando, inclinada junto a las barras candentes,
        Murmures, con cierta tristeza, cómo el amor huyó
        Y escapó allí arriba por los montes,
        Y escondió su rostro entre un tropel de estrellas.

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      El vino entra en la boca

        El vino entra en la boca
        Y el amor entra en los ojos;
        Esto es todo lo que en verdad conocemos
        Antes de envejecer y morir.
        Así llevo el vaso a mi boca,
        Y te miro y suspiro.

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      ¿Era el doble de mi sueño la mujer?

        ¿Era el doble de mi sueño
        La mujer que a mi lado yacía?
        ¿Soñaba o compartíamos un sueño
        Bajo el primer destello frío del alba?

        (...)

        Por mucho que viajé por todas partes,
        Nunca pude encontrar nada tan querido.

        (...)

        La habría tocado como un niño,
        Mas sabía que mi dedo sólo podría tocar
        La fría piedra y el agua. Me enfurecí,
        Incluso acusé al cielo
        Pues había establecido entre sus leyes
        Que nada de lo que amamos en exceso
        Es ponderable a nuestro tacto.

        Hacia el amanecer soñé
        Con frías gotas rociadas sobre mi nariz,
        Pero ella a mi lado yacía.

        (...)

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      Grises son tus cabellos

        Grises son tus cabellos.
        Los jóvenes ya no se quedan sin aliento
        Cuando tú pasas;
        Pero puede que algún vejete murmure una bendición
        Porque fue tu plegaria
        Lo que le sacó de su lecho de muerte.

        Sólo por ti, que has conocido todos los pesares del corazón
        Y a otros has infligido todos esos pesares,
        Desde la parca juventud que representa
        La onerosa belleza, sólo por ti
        El cielo apartó el golpe de su destino
        Tan grande es la participación en esa paz que tú otorgas
        Con sólo entrar en una habitación.

        Tu belleza sólo puede dejar entre nosotros
        Vagos recuerdos, sólo vagos recuerdos.
        Cuando los viejos callen,
        Un joven dirá a uno de ellos:
        "Cuéntame de esa dama
        Que el apasionado poeta nos cantara
        Cuando la edad bien podía haberle helado la sangre".
        Vagos recuerdos, sólo vagos recuerdos
        Pero en la tumba todo, todo será renovado.
        La certeza de que veré a esa dama
        Inclinada, erguida o caminando
        Con el primer encanto de su feminidad
        Y con el fervor de mis jóvenes ojos
        Me ha puesto a murmurar como un idiota.

        Tú eres más bella que ninguna
        Mas tu cuerpo tenía un defecto:
        Tus pequeñas manos no eran bellas
        Y temo que corras
        A hundirlas hasta la muñeca
        En ese misterioso lago, siempre rebosante,
        Donde aquellos que han obedecido la ley sacra
        Las hunden y son perfectos. Deja inmutables
        Las manos que he besado
        Por amor al tiempo que ha pasado.

        Muere la última campanada de la medianoche.
        Todo el día en una silla,
        De sueño en sueño y de rima en rima he alineado,
        En diálogo confuso con una etérea imagen:
        Vagos recuerdos, sólo vagos recuerdos.

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      Llegó, pasó mi cincuenta aniversario

        Llegó, pasó mi cincuenta aniversario,
        Sentéme solitario
        En Londres, en un bar abarrotado,
        Libro abierto y una taza vacía
        Sobre la mesa de mármol.

        Y entonces, mientras contemplaba el bar y la calle,
        Una súbita llamarada inundó mi cuerpo;
        Y por unos veinte minutos creí,
        Tan grande era mi felicidad,
        Que de algún modo estaba de buena suerte.

        Aunque dore el sol de estío
        El revuelo de las nubes en el cielo,
        O la Luna invernal grabe en el campo
        El laberinto que la tormenta desparrama,
        No puedo yo mirar hacia allí,
        Tanto me agobia mi responsabilidad.

        Cosas hechas o dichas hace mucho,
        O cosas que no hice ni dije
        Sino que sólo pensé decir o hacer
        Me agobian, y no pasa un día
        Sin que alguna de estas cosas rememore
        Con asombro de mi conciencia y vanidad.

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      ¿Por qué no habrían de rabiar los viejos?

        ¿Por qué no habrían de rabiar los viejos?
        Algunos vieron a un muchacho de futuro
        Que buen pulso tenía en la pesca con anzuelo
        Convertirse en un periodista borracho;
        A una muchacha que supo todo Dante de memoria
        Vivir para parir hijos de un necio;
        A una Helena de sueño benéfico y social
        Subir a gritar a una vagoneta.

        Algunos piensan que es cosa natural que el destino
        Deba matar de hambre a los buenos
        Y a los malos hacerles progresar;
        Que si sus vecinos imaginaran claramente,
        Como en una pantalla iluminada,
        Ni una sola historia encontrarían
        De una mente feliz que no quebrara
        O de un final digno del comienzo.

        Los jóvenes no saben nada sobre esto,
        Los viejos, que todo observan, bien lo conocen;
        Y cuando sepan lo que dicen los libros de antes
        Y que nada mejor podemos esperar,
        Entonces sabrán por qué habría de rabiar un viejo.

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      Oí decir a los muy, muy viejos

        Oí decir a los muy, muy viejos:
        "Todo cambia
        Y uno a uno vamos cayendo".

        Tenían las manos como garras,
        Y las rodillas torcidas como espinos
        Junto a las aguas.

        Oí decir a los muy, muy viejos:
        "Todo lo bello se pierde al pasar,
        Como las aguas."

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      ¿Quién soñó que la belleza pasa como un sueño?

        ¿Quién soñó que la belleza pasa como un sueño
        Por estos labios rojos, con todo su triste orgullo,
        Tan tristes ya que ninguna maravilla pueden presagiar?
        Troya se nos fue con destello fúnebre y violento
        Y murieron los hijos de Utsna.

        Desfilamos, y desfila con nosotros el mundo atareado
        Entre las almas de los hombres, que se despiden y ceden su puesto
        Como las pálidas aguas en su glacial carrera;
        Bajo estrellas que pasan, espuma de los cielos,
        Sigue viviendo este rostro solitario.

        Inclináos, arcángeles, en vuestra sombría morada:
        Antes de que existierais y antes de que ningún corazón latiera,
        Rendida y amable permanecía junto a su trono;
        La Belleza hizo que el mundo fuera una senda de hierba
        Para que ella posara sus pies errantes.

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      Restan libros y pinturas

        Restan libros y pinturas,
        Un acre de verde hierba
        Como espacio y ejercicio
        Ahora que el cuerpo declina;
        Medianoche, una vieja casa
        Donde sólo un ratón se mueve.

        Mi tentación está en calma.
        Aquí cuando la vida acaba
        Ni la imaginación sin freno,
        Ni el molino de la mente
        Que consume sus andrajos y sus huesos
        Dan a saber la verdad.

        Concédeme el frenesí de un anciano,
        Yo mismo debo rehacerme
        Hasta ser Timón o Lear,
        O bien aquel William Blake
        Que golpeó contra el muro
        Hasta que la verdad respondió.

        Una mente que Miguel Ángel sabía
        Capaz de atravesar las mismas nubes
        O, por el frenesí inspirada,
        Capaz de sacudir a los muertos de sus mortajas;
        En lo restante olvidada por la humanidad,
        La mente aquilina de un anciano.

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      Sangre y luna

        Bendito sea este lugar
        Y aún más bendita esta torre;
        Un poder sangriento y arrogante
        Se levantó de la raza
        Para expresarla, para dominarla,
        Se alzó como los muros
        De estas cabañas azotadas por la tormenta.
        Como burla he construido
        Un emblema poderoso
        Y lo canto verso a verso,
        Como burla de una época
        Medio muerta en la cima.

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      Si tan solo yacieras muerta y fría

        Si tan solo yacieras muerta y fría
        Y las luces del Oeste se apagaran,
        Vendrías aquí e inclinarías tu cabeza,
        Y yo reposaría la frente sobre tu pecho
        Y tú susurrarías palabras de ternura
        Perdonándome, pues ya estás muerta:
        No te alzarías ni partirías presurosa,
        Aunque tengas voluntad de pájaro errante,
        Mas tú sabes que tu pelo está prisionero
        En torno al Sol, la Luna y las estrellas;
        Quisiera, amada, que yacieras
        En la tierra, bajo hojas de bardana,
        Mientras las estrellas, una a una, se apagan.

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      Tus ojos que antaño nunca se cansaron de los míos

        "Tus ojos que antaño nunca se cansaron de los míos,
        Se inclinan hoy con pesar bajo tus párpados oscilantes
        Porque nuestro amor declina".

        Y responde ella:
        "Aunque nuestro amor se desvanezca,
        Permanezcamos junto al borde solitario de este lago,
        Juntos en este momento especial
        En el que la pasión -pobre criatura cansada- cae dormida.
        ¡Qué lejanas parecen las estrellas,
        Y qué lejano nuestro primer beso,
        Y qué viejo parece mi corazón!".

        Pensativos caminan por entre marchitas hojas,
        Mientras él, lentamente, sosteniendo la mano de ella, replica:
        "La pasión ha consumido con frecuencia
        Nuestros errantes corazones".

        Los bosques les rodeaban, y las hojas ya amarillas
        Caían en la penumbra como desvaídos meteoros,
        Entonces un animalillo viejo y cojo renqueó camino abajo.
        Sobre él cae el otoño; y ahora ambos se detienen
        A la orilla del solitario lago una vez más.
        Volviéndose, vio que ella había arrojado unas hojas muertas,
        Húmedas como sus ojos y en silencio recogidas
        Sobre su pecho y su pelo.

        "No te lamentes -dijo él- que estamos cansados
        Porque otros amores nos esperan,
        Odiemos y amemos a través del tiempo imperturbable;
        Ante nosotros yace la eternidad,
        Nuestras almas son amor y un continuo adiós".

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      Una joven y vieja mujer

        ¿Cuál fue el alegre muchacho que más me agradó
        De todos cuantos yacieron conmigo?
        Respondo que mi alma entregué
        Y en el dolor amé,
        Mas gran placer me dio un muchacho
        Al que físicamente amé.

        Libre del cerco de sus brazos
        Reía al pensar que era tal su pasión
        Que él imaginaba que yo entregaba el alma
        Cuando sólo existía el contacto de dos cuerpos,
        Y reía sobre su pecho al pensar
        Que era la misma entrega que hay entre las bestias.

        Di lo que otras dieron
        Después de quitarse la ropa,
        Mas cuando este alma del cuerpo se despoje
        Y desnuda vaya a lo desnudo
        Aquel a quien hallo encontrará allí dentro
        Lo que ningún otro conoce.

        Y dará lo suyo y tomará lo suyo
        Y regirá por derecho propio;
        Y aunque amó en el dolor
        Tanto se aferra y se cierra,
        Que ningún ave diurna
        Osaría extinguir tal deleite.

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