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    Información biográfica

  1. Al fracaso
  2. Al mar
  3. El mundo literario (fragmento)
  4. La botella está vacía
  5. Los árboles
  6. Los viejos tontos
  7. Necesidades
  8. Olvidar lo pasado
  9. Pésame en blanco
  10. Que este sea el verso
  11. Un sepulcro en Arundel
  12. Ventanas altas




    Información biográfica

      Nombre: Philip Arthur Larkin
      Lugar y fecha nacimiento: Coventry, Warwickshire -ahora West Midlands- (Inglaterra), 9 de agosto de 1922
      Lugar y fecha defunción: Hull, Humberside -ahora East Riding of Yorkshire- (Inglaterra), 2 de diciembre de 1985 (63 años)

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      Al fracaso

        No viniste al modo dramático, con dragones
        De esos que se llevarían mi vida entre sus garras
        Y me arrojarían ya desecho tras las caravanas
        Con los caballos empanicados, ni como una frase
        Que se enuncia claramente para apaciguar lo que pudo perderse,
        Lo que sale del bolsillo y debe aguantar
        Los gastos, ni como una fantasma al que se ve
        Ciertas mañanas correr por el pasto.

        Son estas tardes sin sol en las que descubro
        Que te has instalado en mi hombro como el aburrimiento.
        Los avellanos están cargados de silencio.
        Soy consciente de que los días pasan más rápido que antes,
        Que huelen diferente. Y que una vez que quedan atrás
        Parecen arruinados. Ahí has estado por cierto tiempo.

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      Al mar

        Pisar el muro bajo que divide
        La calle de la acera de concreto en la costa,
        Recuerda bruscamente algo ya conocido
        La alegre miniatura ribereña.
        Todo va y se amontona bajo el leve horizonte:
        Playa empinada, agua azul, toallas, gorros de baño rojos,
        El quiebre fresco y repetido de las pequeñas y calladas olas
        Sobre la arena cálida, amarilla
        Y a lo lejos un barco a vapor blanco, estancado en la tarde.

        ¡Sigue pasando todo esto, sigue pasando!
        El echarse y comer, dormirse oyendo espuma
        (La oreja es un parlante y suena bastante manso
        Bajo el cielo), o llevar a niños inseguros
        De arriba abajo suavemente, de punta en blanco
        Y asiendo el aire enorme, o girar a los viejos
        Tiesos para que aprecien un último verano,
        Sigue ocurriendo simplemente
        A medias goce anual, a medias rito,

        Como cuando, contento de estar solo,
        Busqué en la arena a los Famosos Jugadores de Críquet,
        O antes, cuando mis padres, oyentes
        De ese mismo graznido de la costa, se conocieron.
        Como un extraño ahora, veo la escena despejada:
        La misma agua clara sobre las piedras ya pulidas,
        El débil tiple de protesta en los lejanos bañistas
        A sus afueras, y después los cigarros baratos,
        Papel de chocolate, hojas de té, y al medio

        Las rocas, latas de sopa oxidándose, hasta que las primeras
        Pocas familias vuelven a sus autos.
        El barco a vapor blanco se ha marchado. Como respiración dentro
        De un vidrio
        La luz del sol se ha vuelto lechosa. Si quedarnos
        Cortos es lo peor de los climas perfectos,
        Puede que por costumbre éstos la hagan mejor,
        Viniendo al agua cada año tan torpemente desvestidos;
        Como payasos enseñando a niños;
        Ayudando a los viejos también, como se debe.

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      El mundo literario (fragmento)

        Finalmente, después de cinco meses de mi vida —tiempo durante el cual yo no podía escribir nada que me satisficiera, y por el cual ningún po­der me compensará.
        Franz Kafka

        Mi estimado Kafka,
        Cuando hayas tenido cinco años, no cinco meses, sin escribir
        Cuando hayas tenido cinco años con una fuerza irresistible
        Encontrándose con un objeto inerte exactamente en tu ombligo,
        Entonces sabrás lo que es depresión.

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      La botella está vacía

        A la una la botella está vacía,
        A las dos el libro al fin cerrado,
        A las tres los amantes ya duermen
        Dándose la espalda
        Terminados el amor y su comercio,
        Y ahora las luminosas manecillas
        Indican que son más de las cuatro,
        Esa hora de la noche en la que los vientos errantes
        Agitan la oscuridad.

        Y estoy harto de este insomnio,
        Tanto que casi puedo creerme
        Que el silencioso río que sale a chorros de la cueva,
        No es poderoso ni profundo,
        Tan solo una imagen, una metáfora forzada.
        Me acuesto y espero a que llegue la mañana, y con ella los pájaros,
        Y los primeros pasos que bajan por la calle sin barrer,
        Y las voces de muchachas protegidas con bufandas.

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      Los árboles

        Los árboles se están volviendo hoja
        Como algo que está a punto de decirse;
        Brotes recientes ceden, se propagan,
        Su verdor es un tipo de congoja.

        ¿Es acaso que nacen otra vez
        Mientras envejecemos? No, ellos también mueren.
        Su truco anual de verse nuevos
        Se anota en los anillos de la veta.

        Pero aún los castillos insatisfechos trillan
        En la espesa crecida cada mayo.
        Murió el año pasado, parece que dijeran,
        Parte de nuevo, de nuevo, de nuevo.

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      Los viejos tontos

        ¿Qué creerán que ha pasado, los viejos tontos,
        Que los ha dejado así? ¿Acaso supondrán
        Que se es más maduro cuando la boca cuelga abierta y babea
        Y se anda uno meando solo y no se puede recordar
        Quién llamó esta mañana? ¿O que, si lo quisieran,
        Podrían alterar las cosas y volver a la época cuando bailaban la noche entera,o Iban a sus bodas, o tiraban las manos algún septiembre?
        ¿O se imaginarán que realmente no ha habido cambio alguno,
        Y que siempre se habrían manejado como si fueran tiesos y tullidos,
        O sentados a través de días de fina y continua ensoñación
        Mirando el movimiento de la luz? Y si no es así (y no pueden), es extraño:
        ¿Por qué no lloran?

        Cuando mueres, te rompes: los pedazos que eras
        Comienzan a separarse velozmente los unos de los otros para siempre
        Y nadie lo ve. Es sólo el olvido, es cierto:
        Antes ya lo conocimos, pero entonces se estaba terminando,
        Y se hallaba todo el tiempo unido a la empresa
        De hacer brotar la flor de mil pétalos de estar aquí.
        La próxima vez no puede fingir
        Que habrá algo. Y estos son los primeros signos:
        No saber cómo, no escuchar quién, el poder
        De elegir terminado. Su aspecto muestra que están para eso:
        Pelo ceniciento, manos de batracio, caras de pasa...
        ¿Cómo pueden ignorarlo?

        Quizás ser viejo consiste en tener habitaciones iluminadas
        Dentro de tu cabeza, y gente en ellas, actuando.
        Gente que conoces, sin poder nombrarla; apareciendo cada una
        Desde puertas entornadas como una honda pérdida restaurada,

        Depositando una lámpara, sonriendo desde una escalera,
        Extrayendo un libro conocido desde el estante; o a veces
        Sólo las habitaciones, las sillas y el fuego encendido,
        El aplastado arbusto en la ventana, o la tenue amistad del sol
        En el muro cierta solitaria tarde de mediados de verano
        Después de la lluvia. Allí es donde viven:
        No aquí ni ahora, sino donde todo ocurrió alguna vez.
        Por eso es que tienen

        Un aire de confusa ausencia, intentando estar allí
        Aunque permaneciendo aquí. Extendiéndose por las habitaciones,
        Dejando una incompetente frialdad, el constante esfuerzo de respirar
        Y ellos inclinándose ante el monte de la extinción, los viejos tontos, no Percibiendo nunca
        Cuán cerca está. Esto debe ser lo que los mantiene quietos:
        Aquel monte que nunca perdemos de vista dondequiera que vayamos
        Ya es para ellos un elevada cuesta. Pueden acaso decir qué los está retrasando
        Y cómo terminará. ¿No por la noche?

        ¿Ni cuando llegan extraños?
        ¿Jamás, a lo largo de toda esta espantosa inversión de la infancia?
        Pues bien, ya lo averiguaremos.

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      Necesidades

        Fuera de todo esto, el deseo de estar a solas:
        Por mucho que el cielo se oscurezca con tarjeta de invitación,
        Por mucho que sigamos las instrucciones impresas para el sexo,
        Por mucho que se fotografíe la familia bajo el asta de la bandera;
        Fuera de todo esto, el deseo de estar a solas.
        Debajo de todo ello corre el deseo de olvido:
        Pese a las astutas tensiones del almanaque,
        El seguro de vida, los ritos de fertilidad catalogados,
        El costoso desviar de la muerte los ojos:
        Debajo de todo ello el deseo de olvido corre.

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      Olvidar lo pasado

        Detener lo cotidiano
        Era aturdir la memoria,
        Partir desde la nada.

        Algo ya no cicatrizado
        Por tales palabras, por tales acciones
        Como un desolado despertar.

        Deseaba terminarlos,
        Apuré el entierro
        Y volví la vista

        Como guerras e inviernos
        Extraviados tras las ventanas
        De una opaca niñez.

        ¿Y las páginas vacías?
        Debería llenarlas
        Con observaciones

        De celestes repeticiones,
        El día que brotan las flores
        El día que los pájaros se van.

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      Pésame en blanco

        Cuando pongo en un vaso cuatro cubos
        Tintineantes de hielo, tres porciones
        De gin y una tajada de limón;
        Dejo a un cuarto de litro de agua tónica
        Que se vacía en sorbos espumosos
        Suavizar todo el resto desde el borde,
        Y en una íntima plegaria brindo:
        Él consagró su vida a los demás.

        Mientras otros usaban como ropas
        A los seres humanos en sus días
        Yo me planteé traer muestras perdidas
        A quienes me entregaron su confianza;
        No anduvo para mí ni para ellos,
        Pero el asunto fue cuánto más cerca
        (Nos parecía) que quedó la fiesta
        A habérnosla perdido separados.

        De buena cepa el tipo, muy decente,
        Tan recto como un roble, uno de los mejores,
        Ganador, un ladrillo, un deportista eximio,
        Cabeza y hombros sobre los demás;
        ¿Cuántas vidas serían más opacas
        Si él no hubiera estado aquí en lo bajo?
        Brindemos por el hombre más blanco que conozco -
        Aunque el blanco no sea mi color favorito.

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      Que este sea el verso

        Te j*den tu mamá y tu papá.
        Tal vez ellos no quieran, pero lo hacen.
        Te llenan con defectos que tenían
        Y agregan otros, sólo para ti.

        Pero en su turno a ellos los jodieron
        Giles de abrigo con sombrero antiguo,
        Que a medio tiempo fueron tontos graves,
        La otra mitad, del cuello se agarraban.

        Transmite el hombre la desgracia al hombre
        Se profundiza cual fondo marino.
        Escapa lo más rápido posible
        Y que no se te ocurra tener hijos.

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      Un sepulcro en Arundel

        Lado a lado, los rostros borroneados,
        Yacen en piedra el conde y la condesa.
        En propios hábitos muestran vagamente
        Armadura ensamblada, arruga tiesa,
        E indicio del absurdo evanescente,
        Los dos perritos a sus pies echados.

        Semejante llaneza prebarroca
        Difícilmente el ojo compromete
        Hasta que al fin descubre un guantele
        Te vacío en la otra mano asido
        Y con súbito asombro tierno enfoca
        La mano que la de ella ha retenido.

        No pensarían yacer tiempo tan largo.
        La efigie de lealtad como testigo
        Era un detalle para los amigos,
        Y para el escultor un dulce encargo
        Llamado a prolongarles el enlace
        De los nombres latinos en la base.

        No se imaginarían cuán ligero
        En su supino estacionario viaje
        El aire haría un insondable ultraje
        Qquitándoles las viejas propiedades;
        Cuán rápido los ojos venideros
        Sólo miran, no leen. En las edades

        Ellos siguieron rígidos y unidos
        Por la anchura del tiempo. Cayó nieve
        Intemporal. La luz, cada verano
        Rebasó del cristal. Brillante y leve,
        Un bullicio de pájaros rociaba
        El pavimento de huesos retenidos.
        Incontable, alterado, un río humano
        Por todos los senderos se allegaba

        Desdibujando sus identidades.
        Ahora, inermes en el hueco de una
        Época sin heráldica ninguna,
        Una artesa de humo que se mece
        Como madejas, lentamente, invade
        Por encima los fragmentos de su historia,
        Y para su memoria
        Una actitud tan sólo permanece:

        El tiempo los ha transfigurado
        En no verdad. Y la lealtad que inscribe
        La piedra, y que acaso no han deseado,
        Blasón final se ha vuelto; y un aserto
        Que nuestro casi instinto es casi cierto:
        Es el amor lo que nos sobrevive.

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      Ventanas altas

        Cuando veo a una pareja de jóvenes
        Y supongo que él se la tira y que ella
        Toma pastillas o usa un diafragma,
        Sé que esto es el paraíso.

        Todos los viejos lo han soñado en vida:
        Dejar los nudos y gestos de lado
        Como a una vieja trilladora y todos
        Los jóvenes en largos resbalines

        A la felicidad, sin fin. Pregúntome
        Si alguien al verme hace cuarenta años
        Luego pensó "Así será la vida;
        No más Dios ni sudar cuando esté oscuro

        Sobre el infierno y lo demás, debiendo
        Guardar tu opinión sobre el cura. Él
        Y su pandilla irán al resbalín
        Como malditos pájaros libres. Y de inmediato
        Más que en palabras, pienso en ventanas altas:
        El vidrio que contiene al sol
        Y más allá de él, el profundo azul del aire, que muestra
        Nada, que está en ninguna parte y no tiene fin".

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