.
.
    Información biográfica

  1. Agua en la noche, serpiente indecisa
  2. Amor, amor, catástrofe
  3. Anoche se me ha perdido
  4. Aquí, en esta orilla blanca
  5. Ayer te besé en los labios
  6. ¡Cómo me dejas que te piense!
  7. Cuando te marchas, qué inútil buscar
  8. ¡Cuánto rato te he mirado!
  9. Dame tu libertad. No quiero tu fatiga
  10. De mirarte tanto y tanto
  11. El alma tenías tan clara y abierta
  12. En los extremos estás
  13. Entre la tiniebla densa
  14. Entre tu verdad más honda y yo
  15. Estoy pensando, es de noche
  16. Fue como beso o llanto
  17. Horizontal sí, te quiero
  18. Hoy son las manos la memoria
  19. La forma de querer tú
  20. ¿Las oyes cómo piden realidades?
  21. Lo que eres
  22. Los cielos son iguales
  23. "Mañana". La palabra iba suelta
  24. Me estoy labrando tu sombra
  25. Mientras haya
  26. No me fío de la rosa
  27. No, no me basta, no
  28. No quiero que te vayas, dolor
  29. No rechaces los sueños por ser sueños
  30. Pensar en ti esta noche
  31. Qué pareja tan hermosa esta nuestra





  32. Información biográfica

      Nombre: Pedro Salinas Serrano
      Lugar y fecha nacimiento: Madrid (España), 27 de noviembre de 1891
      Lugar y fecha defunción: Boston (EE.UU.), 4 de diciembre de 1951 (60 años)

    Arriba

      Agua en la noche, serpiente indecisa

        Agua en la noche, serpiente indecisa,
        Silbo menor y rumbo ignorado:
        ¿Qué día nieve, qué día mar? Dime.
        ¿Qué día nube, eco
        De ti y cauce seco?
        Dime.
        No lo diré: entre tus labios me tienes,
        Beso te doy, pero no claridades.
        Que compasiones nocturnas te basten
        Y lo demás a las sombras
        Déjaselo, porque yo he sido hecha
        Para la sed de los labios que nunca preguntan.

      Arriba

      Amor, amor, catástrofe

        Amor, amor, catástrofe.
        ¡Qué hundimiento del mundo!
        Un gran horror a techos
        Quiebra columnas, tiempos;
        Los reemplaza por cielos
        Intemporales. Andas, ando
        Por entre escombros
        De estíos y de inviernos
        Derrumbados. Se extinguen
        Las normas y los pesos.
        Toda hacia atrás la vida
        Se va quitando siglos,
        Frenética, de encima;
        Desteje, galopando,
        Su curso, lento antes;
        Se desvive de ansia
        De borrarse la historia,
        De no ser más que el puro
        Anhelo de empezarse
        Otra vez. El futuro
        Se llama ayer. Ayer
        Oculto, secretísimo,
        Que se nos olvidó
        Y hay que reconquistar
        Con la sangre y el alma,
        Detrás de aquellos otros
        Ayeres conocidos.
        ¡Atrás y siempre atrás!
        ¡Retrocesos, en vértigo,
        Por dentro, hacia el mañana!
        ¡Que caiga todo! Ya
        Lo siento apenas. Vamos,
        A fuerza de besar,
        Inventando las ruinas
        Del mundo, de la mano
        Tú y yo
        Por entre el gran fracaso
        De la flor y del orden.
        Y ya siento entre tactos,
        Entre abrazos, tu piel,
        Que me entrega el retorno
        Al palpitar primero,
        Sin luz, antes del mundo,
        Total, sin forma, caos.

      Arriba

      Anoche se me ha perdido

        Anoche se me ha perdido
        En la arena de la playa
        Un recuerdo
        Dorado, viejo y menudo
        Como un granito de arena.
        ¡Paciencia! La noche es corta.
        Iré a buscarlo mañana
        Pero tengo miedo de esos
        Remolinos nocherniegos
        Que se llevan en su grupa
        ¡Dios sabe adónde!, la arena
        Menudita de la playa.

      Arriba

      Aquí, en esta orilla blanca

        Aquí,
        En esta orilla blanca
        Del lecho donde duermes,
        Estoy al borde mismo
        De tu sueño. Si diera
        Un paso más, caería
        En sus ondas, rompiéndolo
        Como un cristal. Me sube
        El calor de tu sueño
        Hasta el rostro. Tu hálito
        Te mide la andadura
        Del soñar: va despacio.
        Un soplo alterno, leve,
        Me entrega ese tesoro
        Exactamente: el ritmo
        De tu vivir soñando.
        Miro. Veo la estofa
        De que está hecho tu sueño.
        La tienes sobre el cuerpo
        Como coraza ingrávida.
        Te cerca de respeto.
        A tu virgen te vuelves
        Toda entera, desnuda,
        Cuando te vas al sueño.
        En la orilla se paran
        Las ansias y los besos:
        Esperan, ya sin prisa,
        A que abriendo los ojos
        Renuncies a tu ser
        Invulnerable. Busco
        Tu sueño. Con mi alma
        Doblada sobre ti
        Las miradas recorren,
        Traslúcida, tu carne
        Y apartan dulcemente
        Las señas corporales
        Por ver si hallan detrás
        Las formas de tu sueño.
        No lo encuentran. Y entonces
        Pienso en tu sueño. Quiero
        Descifrarlo. Las cifras
        No sirven, no es secreto.
        Es sueño y no misterio.
        Y de pronto, en el alto
        Silencio de la noche,
        Un soñar mío empieza
        Al borde de tu cuerpo;
        En él el tuyo siento.
        Tú dormida, yo en vela,
        Hacíamos lo mismo.
        No había qué buscar:
        Tu sueño era mi sueño.

      Arriba

      Ayer te besé en los labios

        Ayer te besé en los labios.
        Te besé en los labios. Densos,
        Rojos. Fue un beso tan corto
        Que duró más que un relámpago,
        Que un milagro, más.
        El tiempo,
        Después de dártelo
        No lo quise para nada
        Ya, para nada
        Lo había querido antes.
        Se empezó en él, se acabó en él.
        Hoy estoy besando un beso;
        Estoy solo con mis labios.
        Los pongo
        No en tu boca, no, ya no
        -¿A dónde se me ha escapado?-
        Los pongo
        En el beso que te di
        Ayer, en las bocas juntas
        Del beso que se besaron.
        Y dura este beso más
        Que el silencio, que la luz.
        Porque ya no es una carne
        Ni una boca lo que beso,
        Que se escapa, que me huye.
        No.
        Te estoy besando más lejos.

      Arriba

      ¡Cómo me dejas que te piense!

        ¡Cómo me dejas que te piense!
        Pensar en ti no lo hago solo, yo.
        Pensar en ti es tenerte,
        Como el desnudo cuerpo ante los besos,
        Toda ante mí, entregada.
        Siento cómo te das a mi memoria,
        Cómo te rindes al pensar ardiente,
        Tu gran consentimiento en la distancia.
        Y más que consentir, más que entregarte,
        Me ayudas, vienes hasta mí, me enseñas
        Recuerdos en escorzo, me haces señas
        Con las delicias, vivas, del pasado,
        Invitándome.
        Me dices desde allá
        Que hagamos lo que quiero
        Unirnos al pensarte.
        Y entramos por el beso que me abres,
        Y pensamos en ti, los dos, yo solo.

      Arriba

      Cuando te marchas, qué inútil buscar

        ¡Cuando te marchas, qué inútil
        Buscar por donde anduviste,
        Seguirte!
        Si has pisado por la nieve
        Sería como las nubes
        -Su sombra-, sin pies, sin peso
        Que te marcara.
        Cuando andas
        No te diriges a nada
        Ni hay senda que luego diga:
        "Pasó por aquí."
        Tú no sales del exacto
        Centro puro de ti misma:
        Son los rumbos confundidos
        Los que te van al encuentro.
        Con la risa o con las voces
        Tan blandamente
        Descabalas el silencio
        Que no le duele, que no
        Te siente:
        Se cree que sigue entero.
        Si por los días te busco
        O por los años
        No salgo de un tiempo virgen:
        Fue ese año, fue tal día,
        Pero no hay señal:
        No dejas huella detrás.
        Y podrás negarme todo,
        Negarte a todo podrás,
        Porque te cortas los rastros
        Y los ecos y las sombras.
        Tan pura ya, tan sin pruebas
        Que cuando no vivas más
        Yo no sé en qué voy a ver
        Que vivías,
        Con todo ese blanco inmenso
        Alrededor, que creaste.

      Arriba

      ¡Cuánto rato te he mirado!

        ¡Cuánto rato te he mirado
        Sin mirarte a ti, en la imagen
        Exacta e inaccesible
        Que te traiciona el espejo!
        "Bésame", dices. Te beso,
        Y mientras te beso pienso
        En lo fríos que serán
        Tus labios en el espejo.
        "Toda el alma para ti",
        Murmuras, pero en el pecho
        Siento un vacío que sólo
        Me lo llenará ese alma
        Que no me das.
        El alma que se recata
        Con disfraz de claridades
        En tu forma del espejo.

      Arriba

      Dame tu libertad. No quiero tu fatiga

        Dame tu libertad.
        No quiero tu fatiga,
        No, ni tus hojas secas,
        Tu sueño, ojos cerrados.
        Ven a mí desde ti,
        No desde tu cansancio
        De ti. Quiero sentirla.
        Tu libertad me trae,
        Igual que un viento universal,
        Un olor de maderas
        Remotas de tus muebles,
        Una bandada de visiones
        Que tú veías
        Cuando en el colmo de tu libertad
        Cerrabas ya los ojos.
        ¡Qué hermosa, tú, libre y en pie!
        Si tú me das tu libertad me das tus años
        Blancos, limpios y agudos como dientes,
        Me das el tiempo en que tú la gozabas.
        Quiero sentirla como siente el agua
        Del puerto, pensativa,
        En las quillas inmóviles
        El alta mar. La turbulencia sacra.
        Sentirla,
        Vuelo parado,
        Igual que en sosegado soto
        Siente la rama
        Donde el ave se posa
        El ardor de volar, la lucha terca
        Contra las dimensiones en azul.
        Descánsala hoy en mí: la gozaré
        Con un temblor de hoja en que se paran
        Gotas del cielo al suelo.
        La quiero
        Para soltarla, solamente.
        No tengo cárcel para ti en mi ser.
        Tu libertad te guarda para mí.
        La soltaré otra vez, y por el cielo,
        Por el mar, por el tiempo,
        Veré cómo se marcha hacia su sino.
        Si su sino soy yo, te está esperando.

      Arriba

      De mirarte tanto y tanto

        De mirarte tanto y tanto,
        De horizonte a la arena,
        Despacio,
        Del caracol al celaje,
        Brillo a brillo, pasmo a pasmo,
        Te he dado nombre; los ojos
        Te lo encontraron, mirándote.
        Por las noches,
        Soñando que te miraba,
        Al abrigo de los párpados
        Maduró, sin yo saberlo,
        Este nombre tan redondo
        Que hoy me descendió a los labios.
        Y lo dicen asombrados
        De lo tarde que lo dicen.
        ¡Si era fatal el llamártelo!
        ¡Si antes de la voz, ya estaba
        En el silencio tan claro!
        ¡Si tú has sido para mí,
        Desde el día
        Que mis ojos te estrenaron,
        El contemplado, el constante
        Contemplado!

      Arriba

      El alma tenías tan clara y abierta

        El alma tenías
        Tan clara y abierta,
        Que yo nunca pude
        Entrarme en tu alma.
        Busqué los atajos
        Angostos, los pasos
        Altos y difíciles,
        A tu alma se iba
        Por caminos anchos.
        Preparé alta escala
        -Soñaba altos muros
        Guardándote el alma-
        Pero el alma tuya
        Estaba sin guarda
        De tapial ni cerca.
        Te busqué la puerta
        Estrecha del alma,
        Pero no tenía,
        De franca que era,
        Entradas tu alma.
        ¿En dónde empezaba?
        ¿Acababa, en dónde?
        Me quedé por siempre
        Sentado en las vagas
        Lindes de tu alma.

      Arriba

      En los extremos estás

        En los extremos estás
        De ti, por ellos te busco.
        Amarte: ¡qué ir y venir
        A ti misma de ti misma!
        Para dar contigo, cerca,
        ¡Qué lejos habrá que ir!
        Amor: distancias, vaivén
        Sin parar.

        En medio del camino, nada.
        No, tu voz no, tu silencio.
        Redondo, terso, sin quiebra,
        Como aire, las preguntas
        Apenas le rizan,
        Como piedras, las preguntas
        En el fondo se las guarda.
        Superficie del silencio
        Y yo mirándome en ella.
        Nada, tu silencio, sí.

        O todo tu grito, sí.
        Afilado en el callar,
        Acero, rayo, saeta,
        Rasgador, desgarrador,
        ¡Qué exactitud repentina
        Rompiendo al mundo la entraña,
        Y el fondo del mundo arriba,
        Donde él llega, fugacísimo!
        Todo, sí, tu grito, sí.

        Pero tu voz no la quiero.

      Arriba

      Entre la tiniebla densa

        Entre la tiniebla densa
        El mundo era negro: nada.
        Cuando de un brusco tirón
        -Forma recta, curva forma-
        Le saca a vivir la llama.
        Cristal, roble, iluminados,
        ¡Qué alegría de ser tienen,
        En luz, en líneas, ser
        En brillo y veta vivientes!
        Cuando la llama se apaga,
        Fugitivas realidades,
        Esa forma, aquel color,
        Se escapan.
        ¿Viven aquí o en la duda?
        Sube lenta una nostalgia
        No de luna, no de amor,
        No de infinito. Nostalgia
        De un jarrón sobre una mesa.
        ¿Están?
        Yo busco por donde estaban.
        Desbrozadora de sombras
        Tantea la mano. A oscuras
        Vagas huellas, sigue el ansia.
        De pronto, como una llama
        Sube una alegría altísima
        De lo negro: la luz del tacto.
        Llegó al mundo de lo cierto.
        Toca el cristal, frío, duro,
        Toca la madera, áspera.
        ¡Están!
        La sorda vida perfecta,
        Sin color, se me confirma,
        Segura, sin luz, la siento:
        Realidad profunda, masa.

      Arriba

      Entre tu verdad más honda y yo

        Entre tu verdad más honda
        Y yo
        Me pones siempre tus besos.
        La presiento, cerca ya,
        La deseo, no la alcanzo;
        Cuando estoy más cerca de ella
        Me cierras el paso tú,
        Te me ofreces en los labios.
        Y ya no voy más allá.
        Triunfas. Olvido, besando,
        Tu secreto encastillado.
        Y me truecas el afán
        De seguir más hacia ti,
        En deseo
        De que no me dejes ir
        Y me beses.

        Ten cuidado.
        Te vas a vender, así.
        Porque un día el beso tuyo,
        De tan lejos, de tan hondo
        Te va a nacer,
        Que lo que estás escondiendo
        Detrás de él
        Te salte todo a los labios.
        Y lo que tú me negabas
        -Alma delgada y esquiva-
        Se me entregue, me lo des
        Sin querer
        Donde querías negármelo.

      Arriba

      Estoy pensando, es de noche

        Estoy pensando, es de noche,
        En el día que hará allí
        Donde esta noche es de día.
        En las sombrillas alegres,
        Abiertas todas las flores,
        Contra ese sol, que es la luna
        Tenue que me alumbra a mí.
        Aunque todo está tan quieto,
        Tan en silencio en lo oscuro,
        Aquí alrededor,
        Veo a las gentes veloces
        -Prisa, trajes claros, risa-
        Consumiendo sin parar,
        A pleno goce, esa luz
        De ellos, la que va a ser mía
        En cuanto alguien diga allí
        "Ya es de noche".
        La noche donde yo estoy
        Ahora,
        Donde tú estás junto a mí
        Tan dormida y tan sin sol
        En esa
        Noche y luna del dormir,
        Que pienso en el otro lado
        De tu sueño, donde hay luz
        Que yo no veo.
        Donde es de día y paseas
        -Te sonríes al dormir-
        Con esa sonrisa abierta,
        Tan alegre, tan de flores,
        Que la noche y yo sentimos
        Que no puede ser de aquí.

      Arriba

      ¿Fue como beso o llanto?

        ¿Fue como beso o llanto?
        ¿Nos hallamos
        Con las manos, buscándonos
        A tientas, con los gritos,
        Clamando; con las bocas
        Que el vacío besaban?
        ¿Fue un choque de materia
        Y materia, combate
        De pecho contra pecho,
        Que a fuerza de contactos
        Se convirtió en victoria
        Gozosa de los dos,
        En prodigioso pacto
        De tu ser con mi ser
        Enteros?
        ¿O tan sencillo fue,
        Tan sin esfuerzo, como
        Una luz que se encuentra
        Con otra luz, y queda
        Iluminado el mundo,
        Sin que nada se toque?
        Ninguno lo sabemos.
        Ni el dónde. Aquí, en las manos,
        Como las cicatrices,
        Allí, dentro del alma,
        Como un alma del alma,
        Pervive el prodigioso
        Saber que nos hallamos,
        Y que su dónde está
        Para siempre cerrado.
        Ha sido tan hermoso
        Que no sufre memoria,
        Como sufren las fechas,
        Los nombres o las líneas.
        Nada en ese milagro
        Podría ser recuerdo:
        Porque el recuerdo es
        La pena de sí mismo,
        El dolor del tamaño,
        Del tiempo, y todo fue
        Eternidad: relámpago.
        Si quieres recordarlo
        No sirve el recordar.
        Sólo vale vivir
        De cara hacia ese dónde,
        Queriéndolo, buscándolo.

      Arriba

      Horizontal sí, te quiero

        Horizontal sí, te quiero.
        Mírale la cara al cielo,
        De cara. Déjate ya
        De fingir un equilibrio
        Donde lloramos tú y yo.
        Ríndete
        A la gran verdad final,
        A lo que has de ser conmigo,
        Tendida ya, paralela,
        En la muerte o en el beso.
        Horizontal es la noche
        En el mar, gran masa trémula
        Sobre la tierra acostada,
        Vencida sobre la playa.
        El estar de pie, mentira:
        Sólo correr o tenderse.
        Y lo que tú y yo queremos
        Y el día -ya tan cansado
        De estar con su luz, derecho-
        Es que nos llegue, viviendo
        Y con temblor de morir,
        En lo más alto del beso,
        Ese quedarse rendidos
        Por el amor más ingrávido,
        Al peso de ser de tierra,
        Materia, carne de vida.
        En la noche y la trasnoche,
        Y el amor y el trasamor,
        Ya cambiados
        En horizontes finales,
        Tú y yo, de nosotros mismos.

      Arriba

      Hoy son las manos la memoria

        Hoy son las manos la memoria.
        El alma no se acuerda, está dolida
        De tanto recordar. Pero en las manos
        Queda el recuerdo de lo que han tenido.

        Recuerdo de una piedra
        Que hubo junto a un arroyo
        Y que cogimos distraídamente
        Sin darnos cuenta de nuestra ventura.
        Pero su peso áspero,
        Sentir nos hace que por fin cogimos
        El fruto más hermoso de los tiempos.
        A tiempo sabe
        El peso de una piedra entre las manos.
        En una piedra está
        La paciencia del mundo, madurada despacio.
        Incalculable suma
        De días y de noches, sol y agua
        La que costó esta forma torpe y dura
        Que acariciar no sabe y acompaña
        Tan solo con su peso, oscuramente.
        Se estuvo siempre quieta,
        Sin buscar, encerrada,
        En una voluntad densa y constante
        De no volar como la mariposa,
        De no ser bella como el lirio,
        Para salvar de envidias su pureza.
        ¡Cuántos esbeltos lirios, cuántas gráciles
        Libélulas se han muerto, allí, a su lado
        Por correr tanto hacia la primavera!
        Ella supo esperar sin pedir nada
        Más que la eternidad de su ser puro.
        Por renunciar al pétalo y al vuelo,
        Está viva y me enseña
        Que un amor debe estarse quizá quieto, muy quieto,
        Soltar las falsas alas de la prisa,
        Y derrotar así su propia muerte.

        También recuerdan ellas, mis manos,
        Haber tenido una cabeza amada entre sus palmas.
        Nada más misterioso en este mundo.
        Los dedos reconocen los cabellos
        Lentamente, uno a uno, como hojas
        De calendario: son recuerdos
        De otros tantos, también innumerables
        Días felices
        Dóciles al amor que los revive.
        Pero al palpar la forma inexorable
        Que detrás de la carne nos resiste
        Las palmas ya se quedan ciegas.
        No son caricias, no, lo que repiten
        Pasando y repasando sobre el hueso:
        Son preguntas sin fin, son infinitas
        Angustias hechas tactos ardorosos.
        Y nada les contesta: una sospecha
        De que todo se escapa y se nos huye
        Cuando entre nuestras manos lo oprimimos
        Nos sube del calor de aquella frente.
        La cabeza se entrega. ¿Es la entrega absoluta?
        El peso en nuestras manos lo insinúa,
        Los dedos se lo creen,
        Y quieren convencerse: palpan, palpan.
        Pero una voz oscura tras la frente,
        -¿Nuestra frente o la suya?-
        Nos dice que el misterio más lejano,
        Porque está allí tan cerca, no se toca
        Con la carne mortal con que buscamos
        Allí, en la punta de los dedos,
        La presencia invisible.
        Teniendo una cabeza así cogida
        Nada se sabe, nada,
        Sino que está el futuro decidiendo
        O nuestra vida o nuestra muerte
        Tras esas pobres manos engañadas
        Por la hermosura de lo que sostienen.
        Entre unas manos ciegas
        Que no pueden saber. Cuya fe única
        Está en ser buenas, en hacer caricias
        Sin casarse, por ver si así se ganan
        Cuando ya la cabeza amada vuelva
        A vivir otra vez sobre sus hombros,
        Y parezca que nada les queda entre las palmas,
        El triunfo de no estar nunca vacías.

      Arriba

      La forma de querer tú

        La forma de querer tú
        Es dejarme que te quiera.
        El sí con que te me rindes
        Es el silencio. Tus besos
        Son ofrecerme los labios
        Para que los bese yo.
        Jamás palabras, abrazos,
        Me dirán que tú existías,
        Que me quisiste: jamás.
        Me lo dicen hojas blancas,
        Mapas, augurios, teléfonos;
        Tú, no.
        Y estoy abrazado a ti
        Sin preguntarte, de miedo
        A que no sea verdad
        Que tú vives y me quieres.
        Y estoy abrazado a ti
        Sin mirar y sin tocarte.
        No vaya a ser que descubra
        Con preguntas, con caricias,
        Esa soledad inmensa
        De quererte sólo yo.

      Arriba

      ¿Las oyes cómo piden realidades?

        ¿Las oyes cómo piden realidades,
        Ellas, desmelenadas, fieras,
        Ellas, las sombras que los dos forjamos
        En este inmenso lecho de distancias?
        Cansadas ya de infinidad, de tiempo
        Sin medida, de anónimo, heridas
        Por una gran nostalgia de materia,
        Piden límites, días, nombres.
        No pueden
        Vivir así ya más: están al borde
        Del morir de las sombras, que es la nada.
        Acude, ven conmigo.
        Tiende tus manos, tiéndeles tu cuerpo.
        Los dos les buscaremos
        Un color, una fecha, un pecho, un sol.
        Que descansen en ti, sé tú su carne.
        Se calmará su enorme ansia errante,
        Mientras las estrechamos
        Ávidamente entre los cuerpos nuestros
        Donde encuentren su pasto y su reposo.
        Se dormirán al fin en nuestro sueño
        Abrazado, abrazadas. Y así luego,
        Al separamos, al nutrirnos sólo
        De sombras, entre lejos,
        Ellas
        Tendrán recuerdos ya, tendrán pasado
        De carne y hueso,
        El tiempo que vivieron en nosotros.
        Y su afanoso sueño
        De sombras, otra vez, será el retorno
        A esta corporeidad mortal y rosa
        Donde el amor inventa su infinito.

      Arriba

      Lo que eres

        Lo que eres
        Me distrae de lo que dices.

        Lanzas palabras veloces,
        Empavesadas de risas,
        Invitándome
        A ir adonde ellas me lleven.
        No te atiendo, no las sigo:
        Estoy mirando
        Los labios donde nacieron.

        Miras de pronto a los lejos.
        Clavas la mirada allí,
        No sé en qué, y se te dispara
        A buscarlo ya tu alma
        Afilada, de saeta.
        Yo no miro adonde miras:
        Yo te estoy viendo mirar.

        Y cuando deseas algo
        No pienso en lo que tú quieres,
        Ni lo envidio: es lo de menos.
        Lo quieres hoy, lo deseas;
        Mañana lo olvidarás
        Por una querencia nueva.
        No. Te espero más allá
        De los fines y los términos.

        En lo que no ha de pasar
        Me quedo, en el puro acto
        De tu deseo, queriéndote.
        Y no quiero ya otra cosa
        Más que verte a ti querer.

      Arriba

      Los cielos son iguales

        Los cielos son iguales.
        Azules, grises, negros,
        Se repiten encima
        Del naranjo o la piedra:
        Nos acerca mirarlos.
        Las estrellas suprimen,
        De lejanas que son,
        Las distancias del mundo.
        Si queremos juntarnos,
        Nunca mires delante:
        Todo lleno de abismos,
        De fechas y de leguas.
        Déjate bien flotar
        Sobre el mar o la hierba,
        Inmóvil, cara al cielo.
        Te sentirás hundir
        Despacio, hacia lo alto,
        En la vida del aire.
        Y nos encontraremos
        Sobre las diferencias
        Invencibles, arenas,
        Rocas, años, ya solos,
        Nadadores celestes,
        Náufragos de los cielos.

      Arriba

      "Mañana". La palabra iba suelta

        "Mañana". La palabra
        Iba suelta, vacante,
        Ingrávida, en el aire,
        Tan sin alma y sin cuerpo,
        Tan sin color ni beso,
        Que la dejé pasar
        Por mi lado, en mi hoy.
        Pero de pronto tú
        Dijiste: "Yo, mañana"
        Y todo se pobló
        De carne y de banderas.
        Se me precipitaban
        Encima las promesas
        De seiscientos colores,
        Con vestidos de moda,
        Desnudas, pero todas
        Cargadas de caricias.
        En trenes o en gacelas
        Me llegaban -agudas,
        Sones de violines-
        Esperanzas delgadas
        De bocas virginales.
        O veloces y grandes
        Como buques, de lejos,
        Como ballenas
        Desde mares distantes,
        Inmensas esperanzas
        De un amor sin final.
        ¡Mañana! Qué palabra
        Toda vibrante, tensa
        De alma y carne rosada,
        Cuerda del arco donde
        Tú pusiste, agudísima,
        Arma de veinte años,
        La flecha más segura
        Cuando dijiste: "Yo".

      Arriba

      Me estoy labrando tu sombra

        Me estoy labrando tu sombra.
        La tengo ya sin los labios,
        Rojos y duros: ardían.
        Te los habría besado
        Aún mucho más.

        Luego te paro los brazos,
        Rápidos, largos, nerviosos.
        Me ofrecían el camino
        Para que yo te estrechara.

        Te arranco el color, el bulto.
        Te mato el paso. Venías
        Derecha a mí. Lo que más
        Pena me ha dado, al callártela,
        Es tu voz. Densa, tan cálida,
        Más palpable que tu cuerpo.
        Pero ya iba a traicionarnos.

        Así
        Mi amor está libre, suelto,
        Con tu sombra descarnada.
        Y puedo vivir en ti
        Sin temor
        A lo que yo más deseo,
        A tu beso, a tus abrazos.
        Estar ya siempre pensando
        En los labios, en la voz,
        En el cuerpo,
        Que yo mismo te arranqué
        Para poder, ya sin ellos,
        Quererte.

        ¡Yo, que los quería tanto!
        Y estrechar sin fin, sin pena
        -Mientras se va inasidera,
        Con mi gran amor detrás,
        La carne por su camino-
        Tu solo cuerpo posible:
        Tu dulce cuerpo pensado.

      Arriba

      Mientras haya

        Mientras haya
        Alguna ventana abierta,
        Ojos que vuelven del sueño,
        Otra mañana que empieza.

        Mar con olas trajineras
        -Mientras haya-
        Trajinantes de alegrías,
        Llevándolas y trayéndolas.

        Lino para la hilandera,
        Árboles que se aventuren,
        -Mientras haya-
        Y viento para la vela.

        Jazmín, clavel, azucena,
        Donde están y donde no,
        En los nombres que los mientan.

        Mientras haya
        Sombras que la sombra niegan,
        Pruebas de luz, de que es luz
        Todo el mundo, menos ellas.

        Agua como se la quiera
        Mientras haya;
        Voluble por el arroyo,
        Fidelísima en la alberca.

        Tanta fronda en la sauceda,
        Tanto pájaro en las ramas
        Mientras haya;
        Tanto canto en la oropéndola.

        Un mediodía que acepta
        Serenamente su sino
        Que la tarde le revela.

        Mientras haya
        Quien entienda la hoja seca,
        Falsa elegía, preludio
        Distante a la primavera.

        Colores que a sus ausencias
        Mientras haya;
        Siguiendo a la luz se marchan
        Y siguiéndola regresan.

        Diosas que pasan ligeras
        Pero se dejan un alma
        Mientras haya;
        Señalada con sus huellas.

        Memoria que le convenza
        A esta tarde que se muere
        De que nunca estará muerta.

        Mientras haya
        Trasluces en la tiniebla,
        Claridades en secreto,
        Noches que lo son apenas.

        Susurros de estrella a estrella
        Mientras haya;
        Casiopea que pregunta
        Y cisne que la contesta.

        Tantas palabras que esperan,
        Invenciones, clareando
        Mientras haya;
        Amanecer de poema.

        Mientras haya
        Lo que hubo ayer, lo que hay hoy,
        Lo que venga.

      Arriba

      No me fío de la rosa

        No me fío de la rosa
        De papel,
        Tantas veces que la hice
        Yo con mis manos.
        Ni me fío de la otra
        Rosa verdadera,
        Hija del sol y sazón,
        La prometida del viento.
        De ti que nunca te hice,
        De ti que nunca te hicieron,
        De ti me fío, redondo
        Seguro azar.

      Arriba

      No, no me basta, no

        No, no me basta, no.
        Ni ese azul en delirio
        Celeste sobre mí,
        Cúspide de lo azul.
        Ni esa reiteración
        Cantante de la ola,
        Espumas afirmando,
        Síes, síes sin fin.
        Ni tantos irisados
        Primeros de las nubes
        -Ópalo, blanco y rosa-,
        Tan cansadas de cielo
        Que duermen en las conchas.
        No, no me bastan, no.
        Colmo, tensión extrema,
        Suma de la belleza
        El mundo, ya no más.
        Y yo más.
        Más azul que el azul
        Alto. Más afirmar
        Amor, querer, que el sí
        Y el sí y el sí.
        La tarde, ya en el límite
        De dar, de ser,
        Agota sus reservas:
        Gozos, colores, triunfos;
        Me descubre los fondos
        De mares y de glorias,
        Se estira, vibra, tiembla,
        No puede más.
        Lo sé, se va a romper
        Si yo le grito esto
        Que ya le estoy gritando
        Irremisiblemente
        A golpes:
        "Tú, ya no más; yo, más."

      Arriba

      No quiero que te vayas, dolor

        No quiero que te vayas,
        Dolor, última forma
        De amar, me estoy sintiendo
        Vivir cuando me dueles
        No en ti, ni aquí, más lejos;
        En la tierra, en el año
        De donde vienes tú,
        En el amor con ella
        Y todo lo que fue.
        En esa realidad
        Hundida que se niega
        A sí misma y se empeña
        En que nunca ha existido,
        Que sólo fue un pretexto
        Mío para vivir.
        Si tú, dolor, no me quedaras
        Dolor irrefutable
        Yo me creería;
        Pero me quedas tú.
        Tu verdad me asegura
        Que nada fue mentira.
        Y mientras yo te sienta,
        Tú me serás, dolor,
        La prueba, a lo lejos,
        De que existió, que existe,
        De que me quiso, sí,
        De que aún la estoy queriendo.

      Arriba

      No rechaces los sueños por ser sueños

        No rechaces los sueños por ser sueños.
        Todos los sueños pueden
        Ser realidad, si el sueño no se acaba.
        La realidad es un sueño. Si soñamos
        Que la piedra es la piedra, eso es la piedra.
        Lo que corre en los ríos no es un agua,
        Es un soñar, el agua, cristalino.
        La realidad disfraza
        Su propio sueño, y dice:
        "Yo soy el sol, los cielos, el amor".
        Pero nunca se va, nunca se pasa,
        Si fingimos creer que es más que un sueño.
        Y vivimos soñándola. Soñar
        Es el modo que el alma
        Tiene para que nunca se le escape
        Lo que se escaparía si dejamos
        De soñar que es verdad lo que no existe.
        Sólo muere
        Un amor que ha dejado de soñarse
        Hecho materia y que se busca en tierra.

      Arriba

      Pensar en ti esta noche

        Pensar en ti esta noche
        No era pensarte con mi pensamiento,
        Yo solo, desde mí. Te iba pensando
        Conmigo, extensamente, el ancho mundo.
        El gran sueño del campo, las estrellas,
        Callado el mar, las hierbas invisibles,
        Sólo presentes en perfumes secos,
        Todo,
        De Aldebarán al grillo te pensaba.

        ¡Qué sosegadamente
        Se hacía la concordia
        Entre las piedras, los luceros,
        El agua muda, la arboleda trémula,
        Todo lo inanimado,
        Y el alma mía
        Dedicándolo a ti. Todo acudía
        Dócil a mi llamada, a tu servicio,
        Ascendido a intención y a fuerza amante.
        Concurrían las luces y las sombras
        A la luz de quererte; concurrían
        El gran silencio, por la tierra, plano,
        Suaves voces de nubes, por el cielo,
        Al cántico hacia ti que en mí cantaba.
        Una conformidad de mundo y ser,
        De afán y tiempo, inverosímil tregua,
        Se entraba en mí, como la dicha entera
        Cuando llega sin prisa, beso a beso.

        Y casi
        Dejé de amarte por amarte más,
        En más que en mí, inmensamente confiando
        Ese empleo de amar a la gran noche
        Errante por el tiempo y ya cargada
        De misión, misionera
        De un amor vuelto estrellas, calma, mundo,
        Salvado ya del miedo
        Al cadáver que queda si se olvida.

      Arriba

      Qué pareja tan hermosa esta nuestra

        Qué pareja tan hermosa
        Esta nuestra, contemplado
        La mirada de mis ojos,
        Y tú, que te estoy mirando.
        Todo lo que ignoro yo
        Te lo tienes olvidado;
        Y ese cantar que me buscan
        Las horas, sin encontrarlo,
        De la mañana a la noche,
        Con blanquísimo estribillo,
        Tus olas lo van cantando.
        Porque estás hecho de siglos
        Me curaste de arrebatos;
        Se aprende a mirar en ti
        Por tus medidas sin cálculo
        -Dos, nada más: día y noche-
        Gozosamente despacio.
        No quieres tú que te busquen
        Los ojos apresurados,
        Los que te dicen hermoso
        Y luego pasan de largo.
        No ven. A ti hay que mirarte
        Como te miran los astros,
        A sus azules mirandas
        Serenamente asomados.
        Tú, Lazarillo de ojos,
        Llévate a estos míos; guíalos,
        Por la aurora, con espumas,
        Con nubes, por los ocasos;
        Tú solo sabes trazar
        Los caminos de tus ámbitos.
        Con las señas de la playa,
        Avísales de la tierra,
        De su sombra, de su engaño.
        A tu resplandor me entrego,
        Igual que el ciego a la mano;
        Se siente tu claridad
        Hasta en los ojos cerrados
        -Presencia que no se ve-,
        Acariciando los párpados.
        Por tanta luz tú no puedes
        Conducir a nada malo.
        Con mi vista, que te mira,
        Poco te doy, mucho gano.
        Sale de mis ojos, pobre,
        Se me marcha por tus campos,
        Coge azules, brillos, olas,
        Alegrías,
        Las dádivas de tu espacio.
        Cuando vuelve, vuelve toda
        Encendida de regalos.
        Reina se siente;
        Las dichas
        Con que tú la has coronado.
        De lo claro que lo enseñas
        Qué sencillo es el milagro
        Si bien se guarda en los ojos,
        Nunca pasa, lo pasado.
        ¿Conservar
        Un amor entre unos brazos?
        No. En el aire de los ojos,
        Entre el vivir y el recuerdo,
        Suelto, flotando,
        Se tiene mejor guardado.
        Aves de vuelo se vuelan,
        Tarde o temprano.
        Los ojos son los seguros;
        De allí no se van los pájaros.
        Lo que se ha mirado así,
        Día y día, enamorándolo,
        Nunca se pierde,
        Porque ya está enamorado.
        Míralo aunque se haya ido.
        Visto o no visto, contémplalo.
        El mirar no tiene fin:
        Si ojos hoy se me cerraron
        Cuando te raptó la noche,
        Mañana se me abrirán,
        Cuando el alba te rescate,
        Otros ojos más amantes,
        Para seguirte mirando.

      Arriba

    Visitas recibidas


    Autores desconocidos


    Seguidores


    Indice autores conocidos

       Acuña, Manuel
       Alberti, Rafael
       Aldington, Richard
       Almagro, Ramón de
       Altolaguirre, Manuel
       Arteche, Miguel
       Baudelaire, Charles
       Beckett, Samuel
       Bécquer, Gustavo Adolfo
       Belli, Gioconda
       Benedetti, Mario - Parte I
       Benedetti, Mario - Parte II
       Bernárdez, Francisco Luis
       Blake, William
       Blanco, Andrés Eloy
       Borges, Jorge Luis
       Bosquet, Alain
       Bridges, Robert
       Browning, Robert
       Buesa, José Ángel
       Bukowski, Charles
       Campoamor, Ramón de
       Castellanos, Rosario
       Celaya, Gabriel
       Cernuda, Luis
       Cuesta, Jorge
       Darío, Rubén
       Debravo, Jorge
       Delmar, Meira
       Díaz Mirón, Salvador
       Dickinson, Emily
       Donne, John
       Douglas, Keith
       Eguren, José María
       Espronceda, José de
       Ferrer, Marcelo D.
       Flores, Manuel
       Flórez, Julio
       Frost, Robert
       Gala, Antonio
       García Lorca, Federico
       Girondo, Oliverio
       Gómez Jattin, Raúl
       Gómez de Avellaneda, Gertrudis
       González, Ángel
       González Martínez, Enrique
       Guillén, Nicolás
       Gutiérrez Nájera, Manuel
       Hernández, Miguel
       Hesse, Hermann
       Hierro, José
       Hugo, Víctor
       Huidobro, Vicente
       Ibarbourou, Juana de
       Joyce, James
       Keats, John
       Larkin, Philip
       Leopardi, Giacomo
       Lord Byron, George Gordon
       Lowell, Amy
       Loynaz, Dulce María
       Machado, Antonio
       Martí, José
       Milton, John
       Mistral, Gabriela
       Mitre, Eduardo
       Neruda, Pablo - Parte I
       Neruda, Pablo - Parte II
       Neruda, Pablo - Parte III
       Nervo, Amado - Parte I
       Nervo, Amado - Parte II
       Novo, Salvador
       Obligado, Pedro Miguel
       Otero, Blas de
       Owen, Gilberto
       Palés Matos, Luis
       Parra, Nicanor
       Paz, Octavio - Parte I
       Paz, Octavio - Parte II
       Pedroni, José
       Pellicer, Carlos
       Pessoa, Fernando
       Pizarnik, Alejandra
       Plá, Josefina
       Poe, Edgar Allan
       Raine, Kathleen
       Rébora, Marilina
       Rojas, Gonzalo
       Rojas, Jorge
       Romero, Elvio
       Ruy Sánchez, Alberto
       Sabines, Jaime
       Salinas, Pedro
       Santos Chocano, José
       Shakespeare, William
       Shelley, Percy Bysshe
       Silva, José Asunción
       Storni, Alfonsina
       Symons, Julian
       Teillier, Jorge
       Tennyson, Alfred
       Thomas, Dylan
       Torres Bodet, Jaime
       Unamuno, Miguel de
       Urbina, Luis G.
       Vallejo, César
       Verlaine, Paul
       Villaurrutia, Xavier
       Whitman, Walt
       Wilde, Óscar
       Wordsworth, William
       Yeats, William Butler
       Zorrilla, José
       Zorrilla de San Martín, Juan


    Otros enlaces

       Webs amigas
    Grandes poetas famosos | Great famous poets | Contacto: Monika Lekanda