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    Información biográfica

  1. Aparición urbana
  2. ¡Azotadme!
  3. Calle de las sierpes
  4. Campo nuestro
  5. Cansancio
  6. Comunión plenaria
  7. Dicotomía incruenta
  8. Dietética
  9. ¿Dónde?
  10. Escrúpulo
  11. La noche, navegando
  12. Llorar a lágrima viva
  13. Mito
  14. No soy quien escucha
  15. Nocturno
  16. Pleamar
  17. Que los ruidos te perforen los dientes
  18. Restringido propósito
  19. Se miran, se presienten, se desean
  20. Si hubiera sospechado
  21. Siesta
  22. Solo
  23. ¡Todo era amor, amor!
  24. Tríptico
  25. Visita
  26. Vuelo sin orillas



    Información biográfica

      Nombre: Oliverio Girondo
      Lugar y fecha nacimiento: Buenos Aires (Argentina), 17 de agosto de 1891
      Lugar y fecha defunción: Buenos Aires (Argentina), 24 de enero de 1967 (75 años)

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      Aparición urbana

        ¿Surgió de bajo tierra?
        ¿Se desprendió del cielo?
        Estaba entre los ruidos,
        Herido,
        Malherido,
        Inmóvil,
        En silencio,
        Hincado ante la tarde,
        Ante lo inevitable,
        Las venas adheridas
        Al espanto,
        Al asfalto,
        Con sus crenchas caídas,
        Con sus ojos de santo,
        Todo, todo desnudo,
        Casi azul, de tan blanco.
        Hablaban de un caballo.
        Yo creo que era un ángel.

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      Azotadme

        Aquí estoy,
        ¡Azotadme!
        Merezco que me azoten.

        No lamí la rompiente,
        La sombra de las vacas,
        Las espinas,
        La lluvia;
        Con fervor,
        Durante años;
        Descalzo,
        Estremecido,
        Absorto,
        Iluminado.

        No me postré ante el barro,
        Ante el misterio intacto
        Del polen,
        De la cama,
        Del gusano,
        Del pasto;
        Por timidez,
        Por miedo,
        Por pudor,
        Por cansancio.

        No adoré los pesebres,
        Las ventanas heridas,
        Los ojos de los burros,
        Los manzanos,
        El alba;
        Sin restricción,
        De hinojos,
        Entregado,
        Desnudo,
        Con los poros erectos,
        Con los brazos al viento,
        Delirante,
        Sombrío;
        En comunión de espanto,
        De humildad,
        De ignorancia,
        Como hubiera deseado.

        ¡Como hubiera deseado!

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      Calle de las sierpes

        A D. Ramón Gómez de la Serna.

        Una corriente de brazos y de espaldas
        Nos encauza
        Y nos hace desembocar
        Bajo los abanicos,
        Las pipas,
        Los anteojos enormes
        Colgados en medio de la calle;
        Únicos testimonios de una raza
        Desaparecida de gigantes.

        Sentados al borde de las sillas,
        Cual si fueran a dar un brinco
        Y ponerse a bailar,
        Los parroquianos de los cafés
        Aplauden la actividad del camarero,
        Mientras los limpiabotas les lustran los zapatos
        Hasta que pueda leerse
        El anuncio de la corrida del domingo.

        Con sus caras de mascarón de proa,
        El habano hace las veces de bauprés,
        Los hacendados penetran
        En los despachos de bebidas,
        A muletear los argumentos
        Como si entraran a matar;
        Y acodados en los mostradores,
        Que simulan barreras,
        Brindan a la concurrencia
        El miura disecado
        Que asoma la cabeza en la pared.

        Ceñidos en sus capas, como toreros,
        Los curas entran en las peluquerías
        A afeitarse en cuatrocientos espejos a la vez
        Y cuando salen a la calle
        Ya tienen una barba de tres días.

        En los invernáculos
        Edificados por los círculos,
        La pereza se da como en ninguna parte
        Y los socios la ingieren
        Con churros o con horchata,
        Para encallar en los sillones
        Sus abulias y sus laxitudes de fantoches.

        Cada doscientos cuarenta y siete hombres,
        Trescientos doce curas
        Y doscientos noventa y tres soldados,
        Pasa una mujer.
        A medida que nos aproximamos
        Las piedras se van dando mejor.

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      Campo nuestro

        En lo alto de esas cumbres agobiantes
        Hallaremos laderas y peñascos,
        Donde yacen metales, momias de alga,
        Peces cristalizados;
        Pero jamás la extensa certidumbre
        De que antes de humillarnos para siempre,
        Has preferido, campo, el ascetismo
        De negarte a ti mismo.

        Fuiste viva presencia o fiel memoria
        Desde mis más remota prehistoria.

        Mucho antes de intimar con los palotes
        Mi amistad te abrazaba en cada poste.

        Chapaleando en el cielo de tus charcos
        Me rocé con tus ranas y tus astros.

        Junto con tu recuerdo se aproxima
        El relente a distancia y pasto herido
        Con que impregnas las botas la fatiga.

        Galopar. Galopar. ¿Ritmo perdido?
        Hasta encontrarlo dentro de uno mismo.

        Siempre volvemos, campo, de tus tardes
        Con un lucero humeante
        Entre los labios.

        Una tarde, en el mar, tú me llamaste,
        Pero en vez de tu escueta reciedumbre
        Pasaba ante la borda un campo equívoco
        De andares voluptuosos y evasivos.

        Me llamaste, otra vez, con voz de madre
        Y en tu silencio sólo hallo una vaca
        Junto a un charco de luna arrodillada;
        Arrodillada, campo, ante tu nada.

        Cuando me acerco, pampa, a tu recuerdo,
        Te me vas, despacio, para adentro
        Al trote corto, campo, al trotecito.

        Aunque me ignores, campo, soy tu amigo.

        Entra y descansa, campo. Desensilla.
        Deja de ser eterna lejanía.

        Cuanto más te repito y te repito
        Quisiera repetirte al infinito.

        Nunca permitas, campo, que se agote
        Nuestra sed de horizonte y de galope.

        Templa mis nervios, campo ilimitado,
        Al recio diapasón del alambrado.
        Aquí mi soledad. Esta mi mano.
        Dondequiera que vayas te acompaño.

        Si no hubieras andado siempre solo
        ¿Todavía tendrías voz de toro?

        Tu soledad, tu soledad, ¡la mía!
        Un sorbo tras el otro, noche y día,
        Como si fuera, campo, mate amargo.

        A veces soledad, otras silencio,
        Pero ante todo, campo: padrenuestro.

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      Cansancio

        Cansado
        ¡Sí!
        Cansado
        De usar un solo bazo,
        Dos labios,
        Veinte dedos,
        No sé cuántas palabras,
        No sé cuántos recuerdos,
        Grisáceos,
        Fragmentarios.
        Cansado,
        Muy cansado
        De este frío esqueleto,
        Tan púdico,
        Tan casto,
        Que cuando se desnude
        No sabré si es el mismo
        Que usé mientras vivía.

        Cansado.
        ¡Sí!
        Cansado
        Por carecer de antenas,
        De un ojo en cada omóplato
        Y de una cola auténtica,
        Alegre,
        Desatada,
        Y no este rabo hipócrita,
        Degenerado,
        Enano.

        Cansado,
        Sobre todo,
        De estar siempre conmigo,
        De hallarme cada día,
        Cuando termina el sueño,
        Allí donde me encuentre,
        Con las mismas narices
        Y con las mismas piernas;
        Como si no deseara
        Esperar la rompiente con un cutis de playa,
        Ofrecer, al rocío, dos senos de magnolia,
        Acariciar la tierra con un vientre de oruga,
        Y vivir, unos meses, adentro de una piedra.

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      Comunión plenaria

        Los nervios se me adhieren
        Al barro, a las paredes,
        Abrazan los ramajes,
        Penetran en la tierra,
        Se esparcen por el aire,
        Hasta alcanzar el cielo.
        El mármol, los caballos
        Tienen mis propias venas.
        Cualquier dolor lastima
        Mi carne, mi esqueleto.
        ¡Las veces que me he muerto
        Al ver matar un toro!

        Si diviso una nube
        Debo emprender el vuelo.
        Si una mujer se acuesta
        Yo me acuesto con ella.
        Cuántas veces me he dicho:
        ¿Seré yo esa piedra?

        Nunca sigo un cadáver
        Sin quedarme a su lado.
        Cuando ponen un huevo,
        Yo también cacareo.
        Basta que alguien me piense
        Para ser un recuerdo.

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      Dicotomía incruenta

        Siempre llega mi mano
        Más tarde que otra mano que se mezcla a la mía
        Y forman una mano.
        Cuando voy a sentarme
        Advierto que mi cuerpo
        Se sienta en otro cuerpo que acaba de sentarse
        Donde yo me siento.

        Y en el preciso instante
        De entrar en una casa,
        Descubro que ya estaba
        Antes de haber llegado.

        Por eso es muy posible que no asista a mi entierro,
        Y que mientras me rieguen de lugares comunes,
        Ya me encuentre en la tumba,
        Vestido de esqueleto,
        Bostezando los tópicos y los llantos fingidos.

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      Dietética

        Hay que ingerir distancia,
        Lanudos nubarrones,
        Secas parvas de siesta,
        Arena sin historia,
        Llanura,
        Vizcacheras,
        Caminos con tropillas
        De nubes,
        De ladridos,
        De briosa polvareda.

        Hay que rumiar la yerba
        Que sazonan las vacas
        Con su orín,
        Y sus colas;
        La tierra que se escapa
        Bajo los alambrados,
        Con su olor a chinita,
        A zorrino,
        A fogata,
        Con sus huesos de fósil,
        De potro,
        De tapera,
        Y sus largos mugidos
        Y sus guampas, al aire,
        De molino,
        De toro.

        Hay que agarrar la tierra,
        Calentita o helada,
        Y comerla
        ¡Comerla!

      Arriba

      ¿Dónde?

        ¿Me extravié en la fiebre?
        ¿Detrás de las sonrisas?
        ¿Entre los alfileres?
        ¿En la duda?
        ¿En el rezo?
        ¿En medio de la herrumbre?
        ¿Asomado a la angustia,
        Al engaño,
        A lo verde?
        No estaba junto al llanto,
        Junto a lo despiadado,
        Por encima del asco,
        Adherido a la ausencia,
        Mezclado a la ceniza,
        Al horror,
        Al delirio.

        No estaba con mi sombra,
        No estaba con mis gestos,
        Más allá de las normas,
        Más allá del misterio,
        En el fondo del sueño,
        Del eco,
        Del olvido.

        No estaba.
        ¡Estoy seguro!
        No estaba.
        Me he perdido.

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      Escrúpulo

        Me parece que vivo
        Que estoy entre los ruidos
        Que miro las paredes,
        Que estas manos son mías,
        Pero quizás me engañe
        Y paredes y manos
        Sólo sean recuerdos
        De una vida pasada.
        He dicho "me parece"
        Yo no aseguro nada.

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      La noche, navegando

        La noche, navegando
        Como ayer,
        Como siempre,
        Por aguas de silencio,
        De calma,
        De misterio,
        Y el campo, las ciudades,
        Los árboles,
        Lo inmóvil,
        Rodando por el aire,
        Como ayer,
        Como siempre,
        A miles de kilómetros,
        Hacia el sol,
        Hacia el día,
        Para seguir de nuevo,
        Sin descanso,
        Sin tregua,
        El mismo derrotero
        De oscuridad,
        De estrellas.

        ¡Qué motivo de asombro!
        ¡Cuánta monotonía!

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      Llorar a lágrima viva

        Llorar a chorros.
        Llorar la digestión.
        Llorar el sueño.
        Llorar ante las puertas y los puertos.
        Llorar de amabilidad y de amarillo.

        Abrir las canillas,
        Las compuertas del llanto.
        Empaparnos el alma,
        La camiseta.
        Inundar las veredas y los paseos,
        Y salvarnos, a nado, de nuestro llanto.

        Asistir a los cursos de antropología,
        Llorando.
        Festejar los cumpleaños familiares,
        Llorando.
        Atravesar el África,
        Llorando.

        Llorar como un cacuy,
        Como un cocodrilo
        Si es verdad
        Que los cacuíes y los cocodrilos
        No dejan nunca de llorar.

        Llorarlo todo,
        Pero llorarlo bien.
        Llorarlo con la nariz,
        Con las rodillas.
        Llorarlo por el ombligo,
        Por la boca.

        Llorar de amor,
        De hastío,
        De alegría.
        Llorar de frac,
        De flato, de flacura.
        Llorar improvisando,
        De memoria.
        ¡Llorar todo el insomnio y todo el día!

      Arriba

      Mito

        Mito
        Mito mío
        Acorde de luna sin piyamas
        Aunque me hundas tus psíquicas espinas
        Mujer pescada poco antes de la muerte
        Aspiro, sorbo hasta el delirio tus magnolias calefaccionadas
        Cuanto decoro tu lujosísimo esqueleto
        Todos los accidentes de tu topografía
        Mientras declino en cualquier tiempo
        Tus titilaciones más secretas
        Al precipitarte
        Entre relámpagos
        En los tubos de ensayo de mis venas.

      Arriba

      No soy quien escucha

        No soy quien escucha
        Ese trote llovido que atraviesa mis venas.

        No soy quien se pasa la lengua entre los labios,
        Al sentir que la boca se me llena de arena.

        No soy quien espera,
        Enredado en mis nervios,
        Que las horas me acerquen el alivio del sueño,
        Ni el que está con mis manos de yeso enloquecido,
        Mirando, entre mis huesos, las áridas paredes.

        No soy yo quien escribe estas palabras huérfanas.

      Arriba

      Nocturno

        Frescor de los vidrios al apoyar la frente en la ventana.
        Luces trasnochadas que al apagarse nos dejan todavía más solos.
        Telaraña que los alambres tejen sobre las azoteas.
        Trote hueco de los jamelgos que pasan y nos emocionan sin razón.

        ¿A qué nos hace recordar el aullido de los gatos en celo,
        Y cuál será la intención de los papeles que se arrastran en los patios vacíos?

        Hora en que los muebles viejos aprovechan para sacarse las mentiras,
        Y en que las cañerías tienen gritos estrangulados,
        Como si se asfixiaran dentro de las paredes.

        A veces se piensa,
        Al dar vuelta la llave de la electricidad,
        En el espanto que sentirán las sombras,
        Y quisiéramos avisarles
        Para que tuvieran tiempo de acurrucarse en los rincones.
        Y a veces las cruces de los postes telefónicos,
        Sobre las azoteas,
        Tienen algo de siniestro
        Y uno quisiera rozarse a las paredes,
        Como un gato o como un ladrón.

        Noches en las que desearíamos
        Que nos pasaran la mano por el lomo,
        Y en las que súbitamente se comprende
        Que no hay ternura comparable
        A la de acariciar algo que duerme.

      Arriba

      Pleamar

        Nada ansío de nada,
        Mientras dura el instante de eternidad que es todo,
        Cuando no quiero nada.

      Arriba

      Que los ruidos te perforen los dientes

        Como una lima de dentista,
        Y la memoria se te llene de herrumbre,
        De olores descompuestos y de palabras rotas.

        Que te crezca, en cada uno de los poros,
        Una pata de araña;
        Que sólo puedas alimentarte de barajas usadas
        Y que el sueño te reduzca, como una aplanadora,
        Al espesor de tu retrato.

        Que al salir a la calle,
        Hasta los faroles te corran a patadas;
        Que un fanatismo irresistible te obligue a prosternarte
        Ante los tachos de basura
        Y que todos los habitantes de la ciudad
        Te confundan con un meadero.

        Que cuando quieras decir: "Mi amor",
        Digas: "Pescado frito";
        Que tus manos intenten estrangularte a cada rato,
        Y que en vez de tirar el cigarrillo,
        Seas tú el que te arrojes en las salivaderas.

        Que tu mujer te engañe hasta con los buzones;
        Que al acostarse junto a ti,
        Se metamorfosee en sanguijuela,
        Y que después de parir un cuervo,
        Alumbre una llave inglesa.

        Que tu familia se divierta en deformarte el esqueleto,
        Para que los espejos, al mirarte,
        Se suiciden de repugnancia;
        Que tu único entretenimiento consista en instalarte
        En la sala de espera de los dentistas,
        Disfrazado de cocodrilo,
        Y que te enamores, tan locamente,
        De una caja de hierro,
        Que no puedas dejar, ni por un solo instante,
        De lamerle la cerradura.

      Arriba

      Restringido propósito

        Demasiado corpóreo,
        Limitado,
        Compacto.
        Tendré que abrir los poros
        Y disgregarme un poco.

        No digo demasiado.

      Arriba

      Se miran, se presienten, se desean

        Se miran, se presienten, se desean,
        Se acarician, se besan, se desnudan,
        Se respiran, se acuestan, se olfatean,
        Se penetran, se chupan, se demudan,
        Se adormecen, despiertan, se iluminan,
        Se codician, se palpan, se fascinan,
        Se mastican, se gustan, se babean,
        Se confunden, se acoplan, se disgregan,
        Se aletargan, fallecen, se reintegran,
        Se distienden, se enarcan, se menean,
        Se retuercen, se estiran, se caldean,
        Se estrangulan, se aprietan, se estremecen,
        Se tantean, se juntan, desfallecen,
        Se repelen, se enervan, se apetecen,
        Se acometen, se enlazan, se entrechocan,
        Se agazapan, se apresan, se dislocan,
        Se perforan, se incrustan, se acribillan,
        Se remachan, se injertan, se atornillan,
        Se desmayan, reviven, resplandecen,
        Se contemplan, se inflaman, se enloquecen,
        Se derriten, se sueldan, se calcinan,
        Se desgarran, se muerden, se asesinan,
        Resucitan, se buscan, se refriegan,
        Se rehúyen, se evaden y se entregan.

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      Si hubiera sospechado

        Si hubiera sospechado lo que se oye después de muerto, no me suicido.
        Apenas se desvanece la musiquita que
        Nos echó a perder los últimos momentos
        Cerramos los ojos para dormir la eternidad,
        Empiezan las discusiones y las escenas de familia.

        ¡Qué desconocimiento de las formas!
        ¡Qué carencia absoluta de compostura!
        ¡Qué ignorancia de lo que es bien morir!
        Ni un conventillo de calabreses malcasados,
        En plena catástrofe conyugal,
        Daría una noción aproximada de las bataholas
        Que se producen a cada instante.

        Mientras algún vecino patalea dentro de su cajón,
        Los de al lado se insultan como carreros,
        Y al mismo tiempo que resuena un estruendo a mudanza,
        Se oyen las carcajadas de los que habitan
        En la tumba de enfrente.

        Cualquier cadáver se considera con derecho
        A manifestar a gritos los deseos que había logrado reprimir
        Durante toda su existencia de ciudadano, y no contento con
        Enterarnos de sus mezquindades, de sus infamias, a los cinco
        Minutos de hallarnos instalados en nuestro nicho, nos
        Interioriza de lo que opinan sobre nosotros
        Todos los habitantes del cementerio.

        De nada sirve que nos tapemos las orejas. Los comentarios,
        Las risitas irónicas, los cascotes que caen de no se sabe dónde,
        Nos atormentan en tal forma los minutos del día y del insomnio,
        Que nos dan ganas de suicidarnos nuevamente.

        Aunque parezca mentira, esas humillaciones, ese continuo
        Estruendo resulta mil veces preferible a los momentos de calma y silencio.

        Por lo común, estos sobrevienen con una brusquedad de
        Síncope. De pronto, sin el menor indicio, caemos en el vacío.
        Imposible asirse a alguna cosa, encontrar un asperosidad a que
        Aferrarse. La caída no tiene término. El silencio hace sonar su
        Diapasón. La atmósfera se ratifica cada vez más, y el menor
        Ruidito: una uña, un cartílago que se cae, la falange de un dedo
        Que se desprende, retumba, se amplifica, choca y rebota con los
        Obstáculos que encuentra, se amalgama con todos los ecos que
        Persisten; y cuando parece que ya se va a extinguir, y cerramos
        Los ojos despacito para que no se oiga ni el roce de nuestros
        Párpados, resuena un nuevo ruido que nos espanta el sueño para siempre.

        ¡Ah, si yo hubiera sabido que la muerte es un país donde no se puede vivir!

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      Siesta

        Un zumbido de moscas anestesia la aldea.
        El sol unta con fósforo el frente de las casas,
        Y en el cauce reseco de las calles que sueñan
        Deambula un blanco espectro vestido de caballo.

        Penden de los balcones racimos de glicinas
        Que agravan el aliento sepulcral de los patios
        Al insinuar la duda de que acaso estén muertos
        Los hombres y los niños que duermen en el suelo.

        La bondad soñolienta que trasudan las cosas
        Se expresa en las pupilas de un burro que trabaja
        Y en las ubres de madre de las cabras que pasan
        Con un son de cencerros que, al diluirse en la tarde,
        No se sabe si aún suena o ya es sólo un recuerdo
        ¡Es tan real el paisaje que parece fingido!

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      Solo

        Solo
        Con mi esqueleto,
        Mi sombra,
        Mis arterias,
        Como un sapo en su cueva,
        Asomado al verano,
        Entre miles de insectos
        Que saltan,
        Retroceden,
        Se atropellan,
        Fallecen;
        En una delirante actividad sin rumbo,
        Inútil,
        Arbitraria,
        Febril,
        Idéntica a la fiebre
        Que sufren las ciudades.

        Solo,
        Con la ventana
        Abierta a las estrellas,
        Entre árboles y muebles que ignoran mi existencia,
        Sin deseos de irme,
        Ni ganas de quedarme
        A vivir otras noches,
        Aquí,
        O en otra parte,
        Con el mismo esqueleto,
        Y las mismas arterias,
        Como un sapo en su cueva
        Circundado de insectos.

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      ¡Todo era amor, amor!

        ¡Todo era amor, amor!
        No había nada más que amor.
        En todas partes se encontraba amor.
        No se podía hablar más que de amor.
        Amor pasado por agua, a la vainilla,
        Amor al portador, amor a plazos.
        Amor analizable, analizado.
        Amor ultramarino.
        Amor ecuestre.
        Amor de cartón piedra, amor con leche
        Lleno de prevenciones, de preventivos;
        Lleno de cortocircuitos, de cortapisas.
        Amor con una gran M, con una M mayúscula,
        Chorreado de merengue,
        Cubierto de flores blancas
        Amor espermatozóico, esperantista.
        Amor desinfectado, amor untuoso
        Amor con sus accesorios, con sus repuestos;
        Con sus faltas de puntualidad, de ortografía;
        Con sus interrupciones cardíacas y telefónicas.
        Amor que incendia el corazón de los orangutanes,
        De los bomberos.
        Amor que exalta el canto de las ranas bajo las ramas,
        Que arranca los botones de los botines,
        Que se alimenta de encelo y de ensalada.
        Amor impostergable y amor impuesto.
        Amor incandescente y amor incauto.
        Amor indeformable. Amor desnudo.
        Amor, amor que es, simplemente, amor.
        Amor y amor, ¡y nada más que amor!

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      Tríptico

        I

        Tendido
        Entre lo blanco,
        La vi.
        Se aproximaba.
        Las pupilas baldías,
        El cuerpo inhabitado,
        Sin cabellos,
        Sin labios, inasible,
        Vacía;
        Junto a mí
        A mi lado...
        ¡Toda hecha de nada!
        Se sentó.
        ¿Me esperaba?
        La miré.
        Me miraba.

        II

        Ya estaba entre sus brazos
        De soledad,
        Y frío,
        Acalladas las manos,
        Las venas detenidas, sin un pliegue en los párpados,
        En la frente,
        En las sábanas;
        Más allá de la angustia,
        Desterrado del aire,
        En soledad callada,
        En vocación de polvo,
        De humareda,
        De olvido.

        III

        ¿Era yo,
        La voz muerta,
        Los dientes de ceniza,
        Sin brazos,
        Bajo tierra,
        Roído por la calma,
        Entre turbias corrientes,
        De silencio,
        De barro?
        ¿Era yo,
        Por el aire,
        Ya lejos de mis huesos,
        La frente despoblada,
        Sin memoria,
        Ni perros,
        Sobre tierras ausentes,
        Apartado del tiempo,
        De la luz,
        De la sombra;
        Tranquilo,
        Transparente?

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      Visita

        No estoy.
        No la conozco.
        No quiero conocerla.
        Me repugna lo hueco,
        La afición al misterio,
        El culto a la ceniza,
        A cuanto se disgrega.
        Jamás he mantenido contacto con lo inerte.
        Si de algo he renegado es de la indiferencia.
        No aspiro a transmutarme,
        Ni me tienta el reposo.
        Todavía me intrigan el absurdo, la gracia.
        No estoy para lo inmóvil,
        Para lo inhabitado.

        Cuando venga a buscarme,
        Díganle:
        "Se ha mudado".

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      Vuelo sin orillas

        Abandoné las sombras,
        Las espesas paredes,
        Los ruidos familiares,
        La amistad de los libros,
        El tabaco, las plumas,
        Los secos cielorrasos;
        Para salir volando,
        Desesperadamente.

        Abajo: en la penumbra,
        Las amargas cornisas,
        Las calles desoladas,
        Los faroles sonámbulos,
        Las muertas chimeneas,
        Los rumores cansados,
        Desesperadamente.

        Ya todo era silencio,
        Simuladas catástrofes,
        Grandes charcos de sombra,
        Aguaceros, relámpagos,
        Vagabundos islotes
        De inestables riberas;
        Pero seguí volando,
        Desesperadamente.

        Un resplandor desnudo,
        Una luz calcinante
        Se interpuso en mi ruta,
        Me fascinó de muerte,
        Pero logré evadirme
        De su letal influjo,
        Para seguir volando,
        Desesperadamente.

        Todavía el destino
        De mundos fenecidos,
        Desorientó mi vuelo
        De sideral constancia
        Con sus vanas parábolas
        Y sus aureolas falsas;
        Pero seguí volando,
        Desesperadamente.

        Me oprimía lo fluido,
        La limpidez maciza,
        El vacío escarchado,
        La inaudible distancia,
        La oquedad insonora,
        El reposo asfixiante;
        Pero seguía volando,
        Desesperadamente.

        Ya no existía nada,
        La nada estaba ausente;
        Ni oscuridad, ni lumbre,
        Ni unas manos celestes
        Ni vida, ni destino,
        Ni misterio, ni muerte;
        Pero seguía volando,
        Desesperadamente.

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