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    Información biográfica

    Octavio Paz - Parte I (poemas 1-99)
    Octavio Paz - Parte II (poemas 100-127)

  1. Primavera a la vista
  2. Primavera y muchacha
  3. Raíz del hombre I
  4. Refranes
  5. Regreso
  6. Relámpago en reposo
  7. Repeticiones
  8. Retórica
  9. Salvas
  10. Semillas para un himno I
  11. Semillas para un himno II
  12. Seven P.M.
  13. Silencio
  14. Soneto I. Inmóvil en la luz
  15. Soneto II. El mar, el mar y tú
  16. Soneto III. Del verdecido júbilo del cielo
  17. Soneto IV. Bajo el cielo fiel Junio corría
  18. Soneto V. Cielo que gira y nube no asentada
  19. Tendida y desgarrada
  20. Toca mi piel
  21. Trowbridge Street
  22. Tu nombre
  23. Tumba del poeta
  24. Tus ojos
  25. Un anochecer
  26. Ustica
  27. Viento
  28. Visitas


      Información biográfica

        Nombre: Octavio Paz Lozano
        Lugar y fecha nacimiento: México D.F. (México), 31 de marzo de 1914
        Lugar y fecha defunción: México D.F. (México), 19 de abril de 1998 (84 años)

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        Primavera a la vista

          Pulida claridad de piedra diáfana,
          Lisa frente de estatua sin memoria:
          Cielo de invierno, espacio reflejado
          En otro más profundo y más vacío.

          El mar respira apenas, brilla apenas.
          Se ha parado la luz entre los árboles,
          Ejército dormido. Los despierta
          El viento con banderas de follajes.

          Nace del mar, asalta la colina,
          Oleaje sin cuerpo que revienta
          Contra los eucaliptos amarillos
          Y se derrama en ecos por el llano.

          El día abre los ojos y penetra
          En una primavera anticipada.
          Todo lo que mis manos tocan, vuela.
          Está lleno de pájaros el mundo.

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        Primavera y muchacha

          En su tallo de calor se balancea
          La estación indecisa
          Abajo
          Un gran deseo de viaje remueve
          Las entrañas heladas del lago
          Cacerías de reflejos allá arriba
          La ribera ofrece guantes de musgo a tu blancura
          La luz bebe luz en tu boca
          Tu cuerpo se abre como una mirada
          Como una flor al sol de una mirada
          Te abres
          Belleza sin apoyo
          Basta un parpadeo
          Todo se precipita en un ojo sin fondo
          Basta un parpadeo
          Todo reaparece en el mismo ojo
          Brilla el mundo
          Tú resplandeces al filo del agua y de la luz
          Eres la hermosa máscara del día

          Aunque la nieve caiga en racimos maduros
          Nadie sacude ramas allá arriba
          El árbol de la luz no da frutos de nieve
          Aunque la nieve se disperse en polen
          No hay semillas de nieve
          No hay naranjas de nieve no hay claveles
          No hay cometas ni soles de nieve
          Aunque vuele en bandadas no hay pájaros de nieve

          En la palma del sol brilla un instante y cae
          Apenas tiene cuerpo apenas peso apenas nombre
          Y ya lo cubre todo con su cuerpo de nieve
          Con su peso de luz con su nombre sin sombra

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        Raíz del hombre I

          Más acá de la música y la danza,
          Aquí, en la inmovilidad,
          Sitio de la música tensa,
          Bajo el gran árbol de mi sangre,
          Tú reposas. Yo estoy desnudo
          Y en mis venas golpea la fuerza,
          Hija de la inmovilidad.

          Éste es el cielo más inmóvil,
          Y ésta la más pura desnudez.
          Tú, muerta, bajo el gran árbol de mi sangre.

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        Refranes

          Una espiga es todo el trigo
          Una pluma es un pájaro vivo y cantando
          Un hombre de carne es un hombre de sueño
          La verdad no se parte
          El trueno proclama los hechos del relámpago
          Una mujer soñada encarna siempre en una forma amada
          El árbol dormido pronuncia verdes oráculos
          El agua habla sin cesar y nunca se repite
          En la balanza de unos párpados el sueño no pesa
          En la balanza de una lengua que delira
          Una lengua de mujer que dice sí a la vida
          El ave del paraíso abre las alas
          Como la marejada verde de marzo en el campo
          Entre los años de sequía te abres paso
          Nuestras miradas se cruzan, se entrelazan
          Tejen un transparente vestido de fuego
          Una yedra dorada que te cubre
          Alta y desnuda sonríes como la catedral el día del incendio
          Con el mismo gesto de la lluvia en el trópico lo has arrasado todo
          Los días harapientos caen a nuestros pies
          No hay nada sino dos seres desnudos y abrazados
          Un surtidor en el centro de la pieza
          Manantiales que duermen con los ojos abiertos
          Jardines de agua flores de agua piedras preciosas de agua
          Verdes monarquías
          La noche de jade gira lentamente sobre sí misma.

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        Regreso

          Bajo mis ojos te extendías,
          País de dunas -ocres, claras.
          El viento en busca de agua se detuvo,
          País de fuentes y latidos.
          Vasta como la noche,
          Cabías en la cuenca de mi mano.

          Después, el despeñarse inmóvil
          Adentro afuera de nosotros mismos.
          Comí tinieblas con los ojos,
          Bebí el agua del tiempo, bebí noche.
          Palpé entonces el cuerpo de una música
          Oída con la yema de los dedos.

          Juntos, barcas oscuras
          A la sombra amarradas,
          Nuestros cuerpos tendidos.
          Las almas, desatadas,
          Lámparas navegantes
          Sobre el agua nocturna.

          Abriste al fin los ojos.
          Te mirabas mirada por mis ojos
          Y desde mi mirada te mirabas:
          Como el fruto en la yerba,
          Como la piedra en el estanque,
          Caías en ti misma.

          Dentro de mí subía una marea
          Y con puño impalpable golpeaba
          La puerta de tus párpados:
          Mi muerte, que quería conocerte,
          Mi muerte, que quería conocerse.
          Me enterré en tu mirada.

          Fluyen por las llanuras de la noche
          Nuestros cuerpos: son tiempo que se acaba,
          Presencia disipada de un abrazo;
          Pero son infinitos y al tocarlos
          Nos bañamos en ríos de latidos,
          Volvemos al perpetuo recomienzo.

        Arriba

        Relámpago en reposo

          Tendida,
          Piedra hecha de mediodía,
          Ojos entrecerrados donde el blanco azulea,
          Entornada sonrisa.
          Te incorporas a medias y sacudes tu melena de león.
          Luego te tiendes,
          Delgada estría de lava en la roca,
          Rayo dormido.
          Mientras duermes te acaricio y te pulo
          Hacha esbelta,
          Flecha con que incendio la noche.

          El mar combate allá lejos con espadas y plumas.

        Arriba

        Repeticiones

          El corazón y su redoble iracundo
          El obscuro caballo de la sangre
          Caballo ciego caballo desbocado
          El carrusel nocturno, la noria del terror
          El grito contra el muro y la centella rota
          Camino andado
          Camino desandado
          El cuerpo a cuerpo con un pensamiento afilado
          La pena que interrogo cada día y no responde
          La pena que no se aparta y cada noche me despierta
          La pena sin tamaño y sin nombre
          El alfiler y el párpado traspasado
          El párpado del día mal vivido
          La hora manchada, la ternura escupida
          La risa loca y la puta mentira
          La soledad y el mundo
          Camino andado
          El coso de la sangre y la pica y la rechifla
          El sol sobre la herida
          Sobre las aguas muertas el astro hirsuto
          La rabia y su acidez recomida
          El pensamiento que se oxida
          Y la escritura gangrenada
          El alba desvivida y el día amordazado
          La noche cavilada y su hueso roído
          El horror siempre nuevo y siempre repetido
          Camino andado
          Camino desandado
          El vaso de agua, la pastilla, la lengua de estaño
          El hormiguero en pleno sueño
          Cascada negra de la sangre
          Cascada pétrea de la noche
          El peso bruto de la nada
          Zumbido de motores en la ciudad inmensa
          Lejos cerca lejos en el suburbio de mi oreja
          Aparición del ojo y el muro que gesticula
          Aparición del metro cojo
          El puente roto y el ahogado
          Camino andado
          Camino desandado
          El pensamiento circular y el círculo de familia
          ¿Qué hice, qué hiciste, qué hemos hecho?
          El laberinto de la culpa sin culpa
          El espejo que acusa y el silencio que se gangrena
          El día estéril, la noche estéril, el dolor estéril
          La soledad promiscua, el mundo despoblado
          La sala de espera en donde ya no hay nadie
          Camino andado y desandado
          La vida se ha ido sin volver el rostro.

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        Retórica

          1

          Cantan los pájaros, cantan
          Sin saber lo que cantan:
          Todo su entendimiento es su garganta.

          2

          La forma que se ajusta al movimiento
          No es prisión sino piel del pensamiento.

          3

          La claridad del cristal transparente
          No es claridad para mí suficiente:
          El agua clara es el agua corriente.

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        Salvas

          Torre de muros de ámbar,
          Solitario laurel en una plaza de piedra,
          Golfo imprevisto,
          Sonrisa en un oscuro pasillo,
          Andar de río que fluye entre palacios,
          Dulce cometa que me ciega y se aleja...

          Puente bajo cuyos arcos corre siempre la vida.

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        Semillas para un himno I

          El día abre la mano
          Tres nubes
          Y estas pocas palabras

          Al alba busca su nombre lo naciente
          Sobre los troncos soñolientos centellea la luz
          Galopan las montañas a la orilla del mar
          El sol entra en las aguas con espuelas
          La piedra embiste y rompe claridades
          El mar se obstina y crece al pie del horizonte
          Tierra confusa inminencia de escultura
          El mundo alza la frente aún desnuda
          Piedra pulida y lisa para grabar un canto
          La luz despliega su abanico de nombres
          Hay un comienzo de himno como un árbol
          Hay el viento y nombres hermosos en el viento.

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        Semillas para un himno II

          Infrecuentes (pero también inmerecidas)
          Instantáneas (pero es verdad que el tiempo no se mide
          Hay instantes que estallan y son astros
          Otros son un río detenido y unos árboles fijos
          Otros son ese mismo río arrasando los mismos árboles)
          Infrecuentes
          Instantáneas noticias favorables
          Dos o tres nubes de cristal de roca
          Horas altas como la marea
          Estrépito de plumas blancas en el cielo nocturno
          Islas en llamas en mitad del Pacífico
          Mundos de imágenes suspendidos de un hilo de araña
          Y entre todos la muchacha que avanza partiendo en dos las altas aguas
          Como el sol la muchacha que se abre paso como la llama que avanza
          Como el viento partiendo en dos la cortina de nubes
          Bello velero femenino
          Bello relámpago partiendo en dos al tiempo
          Tus hombros tienen la marca de los dientes del amor
          La noche polar arde
          Infrecuentes
          Instantáneas noticias del mundo
          (Cuando el mundo entreabre sus puertas y el ángel cabecea a la entrada del jardín)
          Nunca merecidas
          (Todo se nos da por añadidura
          En una tierra condenada a repetirse sin tregua
          Todos somos indignos
          Hasta los muertos enrojecen
          Hasta los ciegos deletrean la escritura del látigo
          Racimos de mendigos cuelgan de las ciudades
          Casas de ira torres de frente obtusa)
          Infrecuentes
          Instantáneas
          No llegan siempre en forma de palabras
          Brota una espiga de unos labios
          Una forma veloz abre las alas
          Imprevistas
          Instantáneas
          Como en la infancia cuando decíamos «ahí viene un barco cargado de...»
          Y brotaba instantánea imprevista la palabra convocada
          Pez
          Álamo
          Colibrí
          Y así ahora de mi frente zarpa un barco cargado de iniciales
          Ávidas de encarnar en imágenes
          Instantáneas
          Imprevistas cifras del mundo
          La luz se abre en las diáfanas terrazas del mediodía
          Se interna en el bosque como una sonámbula
          Penetra en el cuerpo dormido del agua.

          Por un instante están los nombres habitados.

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        Seven P.M.

          En filas ordenadas regresamos
          Y cada noche, cada noche,
          Mientras hacemos el camino,
          El breve infierno de la espera
          Y el espectro que vierte en el oído:
          "¿No tienes sangre ya? ¿Por qué te mientes?
          Mira los pájaros…
          El mundo tiene playas todavía
          Y un barco allá te espera, siempre".

          Y las piernas caminan
          Y una roja marea
          Inunda playas de ceniza.

          "Es hermosa la sangre
          Cuando salta de ciertos cuellos blancos.
          Báñate en esa sangre:
          El crimen hace dioses".

          Y el hombre aprieta el paso
          Y ve la hora: aún es tiempo
          De alcanzar el tranvía.

          "Allá, del otro lado,
          Yacen las islas prometidas. Danzan
          Los árboles de música vestidos,
          Se mecen las naranjas en las ramas
          Y las granadas abren sus entrañas
          Y se desgranan en la yerba,
          Rojas estrellas en un cielo verde,
          Para la aurora de amarilla cresta…"

          Y los labios sonríen y saludan
          A otros condenados solitarios:
          ¿Leyó usted los periódicos?

          "¿No dijo que era el Pan y que era el Vino?
          ¿No dijo que era el Agua?
          Cuerpos dorados como el pan dorado
          Y el vino de labios morados
          Y el agua, desnudez…"

          Y el hombre aprieta el paso
          Y al tiempo justo de llegar a tiempo
          Doblan la esquina, puntuales, Dios y el tranvía.

        Arriba

        Silencio

          Así como del fondo de la música
          Brota una nota
          Que mientras vibra crece y se adelgaza
          Hasta que en otra música enmudece,
          Brota del fondo del silencio
          Otro silencio, aguda torre, espada,
          Y sube y crece y nos suspende
          Y mientras sube caen
          Recuerdos, esperanzas,
          Las pequeñas mentiras y las grandes,
          Y queremos gritar y en la garganta
          Se desvanece el grito:
          Desembocamos al silencio
          En donde los silencios enmudecen.

        Arriba

        Soneto I. Inmóvil en la luz

          Inmóvil en la luz, pero danzante,
          Tu movimiento a la quietud que cría
          En la cima del vértigo se alía
          Deteniendo, no al vuelo, sí al instante.

          Luz que no se derrama, ya diamante,
          Fija en la rotación del mediodía,
          Sol que no se consume ni se enfría
          De cenizas y llama equidistante.

          Tu salto es un segundo congelado
          Que ni apresura el tiempo ni lo mata:
          Preso en su movimiento ensimismado.

          Tu cuerpo de sí mismo se desata
          Y cae y se dispersa tu blancura
          Y vuelves a ser agua y tierra obscura.

          Del verdecido júbilo del cielo
          Luces recobras que la luna pierde
          Porque la luz de sí misma recuerde
          Relámpagos y otoños en tu pelo.

          El viento bebe viento en su revuelo,
          Mueve las hojas y su lluvia verde
          Moja tus hombros, tus espaldas muerde
          Y te desnuda y quema y vuelve hielo.

          Dos barcos de velamen desplegado
          Tus dos pechos. Tu espalda es un torrente.
          Tu vientre es un jardín petrificado.

          Es otoño en tu nuca: sol y bruma.
          Bajo del verde cielo adolescente
          Tu cuerpo da su enamorada suma.

        Arriba

        Soneto II. El mar, el mar y tú

          El mar, el mar y tú, plural espejo,
          El mar de torso perezoso y lento
          Nadando por el mar, del mar sediento:
          El mar que muere y nace en un reflejo.

          El mar y tú, su mar, el mar espejo:
          Roca que escala el mar con paso lento,
          Pilar de sal que abate el mar sediento,
          Sed y vaivén y apenas un reflejo.

          De la suma de instantes en que creces,
          Del círculo de imágenes del año,
          Retengo un mes de espumas y de peces,

          Y bajo cielos líquidos de estaño
          Tu cuerpo que en la luz abre bahías
          Al oscuro oleaje de los días.

        Arriba

        Soneto III. Del verdecido júbilo del cielo

          Del verdecido júbilo del cielo
          Luces recobras que la luna pierde
          Porque la luz de sí misma recuerde
          Relámpagos y otoños en tu pelo.

          El viento bebe viento en su revuelo,
          Mueve las hojas y su lluvia verde
          Moja tus hombros, tus espaldas muerde
          Y te desnuda y quema y vuelve hielo.

          Dos barcos de velamen desplegado
          Tus dos pechos. Tu espalda es un torrente.
          Tu vientre es un jardín petrificado.

          Es otoño en tu nuca: sol y bruma.
          Bajo del verde cielo adolescente.
          Tu cuerpo da su enamorada suma.

        Arriba

        Soneto IV. Bajo el cielo fiel Junio corría

          Bajo el cielo fiel junio corría
          Arrastrando en sus aguas dulces fechas,
          Ardientes horas en la luz deshechas,
          Frutos y labios que mi sed asía.

          Sobre mi juventud Junio corría:
          Golpeaban mi ser sus aguas flechas,
          Despeñadas y obscuras en las brechas
          Que su avidez en ráfagas abría.

          Ay, presuroso Junio nunca mío,
          Invisible entre puros resplandores,
          Mortales horas en terribles goces,

          ¡Cómo alzabas mi ser, crecido río,
          En júbilos sin voz, mudos clamores,
          Viva espada de luz entre dos voces!

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        Soneto V. Cielo que gira y nube no asentada

          Cielo que gira y nube no asentada
          Sino en la danza de la luz huidiza,
          Cuerpos que brotan como la sonrisa
          De la luz en la playa no pisada.

          ¡Qué fértil sed bajo tu luz gozada!,
          ¡Qué tierna voluntad de nube y brisa
          En torbellino puro nos realiza
          Y mueve en danza nuestra sangre atada!

          Vértigo inmóvil, avidez primera,
          Aire de amor que nos exalta y libra:
          Danzan los cuerpos su quietud ociosa,

          Danzan su propia muerte venidera,
          Arco de un solo son en el que vibra
          Nuestra anudada desnudez gozosa.

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        Tendida y desgarrada

          Tendida y desgarrada,
          A la derecha de mis venas, muda;
          En mortales orillas infinita,
          Inmóvil y serpiente.

          Toco tu delirante superficie,
          Los poros silenciosos, jadeantes,
          La circular carrera de tu sangre,
          Su reiterado golpe, verde y tibio.

          Primero es un aliento amanecido,
          Una oscura presencia de latidos
          Que recorren tu piel, toda de labios,
          Resplandeciente tacto de caricias.

          El arco de las cejas se hace ojera.
          Ay, sed, desgarradora,
          Horror de heridos ojos
          Donde mi origen y mi muerte veo,
          Graves ojos de náufraga
          Citándome a la espuma,
          A la blanca región de los desmayos
          En un voraz vacío
          Que nos hunde en nosotros.

          Arrojados a blancas espirales
          Rozamos nuestro origen,
          El vegetal nos llama,
          La piedra nos recuerda
          Y la raíz sedienta
          Del árbol que creció de nuestro polvo.

          Adivino tu rostro entre estas sombras,
          El terrible sollozo de tu sexo,
          Todos tus nacimientos
          Y la muerte que llevas escondida.
          En tus ojos navegan niños, sombras,
          Relámpagos, mis ojos, el vacío.

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        Toca mi piel

          Toca mi piel, de barro, de diamante,
          Oye mi voz en fuentes subterráneas,
          Mira mi boca en esa lluvia oscura,
          Mi sexo en esa brusca sacudida
          Con que desnuda el aire los jardines.

          Toca tu desnudez en la del agua,
          Desnúdate de ti, llueve en ti misma,
          Mira tus piernas como dos arroyos,
          Mira tu cuerpo como un largo río,
          Son dos islas gemelas tus dos pechos,
          En la noche tu sexo es una estrella,
          Alba, luz rosa entre dos mundos ciegos,
          Mar profundo que duerme entre dos mares.

          Mira el poder del mundo:
          Reconócete ya, al reconocerme.

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        Trowbridge Street

          1

          El sol dentro del día
          El frío dentro del sol.
          Calles sin nadie
          Autos parados
          Todavía no hay nieve
          Hay viento viento
          Arde todavía
          En el aire helado
          Un arbolito rojo
          Hablo con él al hablar contigo.

          2

          Estoy en un cuarto abandonado del lenguaje
          Tú estás en otro cuarto idéntico
          O los dos estamos
          En una calle que tu mirada ha despoblado
          El mundo
          Imperceptiblemente se deshace
          Memoria
          Desmoronada bajo nuestros pasos
          Estoy parado a la mitad de esta línea
          No escrita.

          3

          Las puertas se abren y cierran solas
          El aire
          Entra y sale por nuestra casa
          El aire
          Habla a solas al hablar contigo
          El aire
          Sin nombre por el pasillo interminable
          No se sabe quién está del otro lado
          El aire
          Vuelve aire todo lo que toca
          El aire
          Con dedos de aire disipa lo que digo
          Soy aire que no miras
          No puedo abrir tus ojos
          No puedo cerrar la puerta
          El aire se ha vuelto sólido

          4

          Esta hora tiene la forma de una pausa
          La pausa tiene tu forma
          Tú tienes la forma de una fuente
          No de agua sino de tiempo
          En lo alto del chorro de la fuente
          Saltan mis pedazos
          El fui el soy el no soy todavía
          Mi vida no pesa
          El pasado se adelgaza
          El futuro es un poco de agua en tus ojos.

          5

          Ahora tienes la forma de un puente
          Bajo tus arcos navega nuestro cuarto
          Desde tu pretil nos vemos pasar
          Ondeas en el viento más luz que cuerpo
          En la otra orilla el sol crece
          Al revés
          Sus raíces se entierran en el cielo
          Podríamos ocultarnos en su follaje
          Con sus ramas prendemos una hoguera
          El día es habitable.

          6

          El frío ha inmovilizado al mundo
          El espacio es de vidrio
          El vidrio es de aire
          Los ruidos más leves erigen
          Súbitas esculturas
          El eco las multiplica y las dispersa
          Tal vez va a nevar
          Tiembla el árbol encendido
          Ya está rodeado de noche
          Al hablar con él hablo contigo.

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        Tu nombre

          Nace de mí, de mi sombra,
          Amanece por mi piel,
          Alba de luz somnolienta.

          Paloma brava tu nombre,
          Tímida sobre mi hombro.

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        Tumba del poeta

          El libro
          El vaso
          El verde obscuramente tallo
          El disco
          Lecho de la bella durmiente la música
          Las cosas anegadas en sus nombres
          Decirlas con los ojos
          En un allá no sé donde
          Clavarlas
          Lámpara lápiz retrato
          Esto que veo
          Clavarlo
          Como un templo vivo
          Plantarlo
          Como un árbol
          Un dios
          Coronarlo
          Con un nombre
          Inmortal
          Irrisoria corona de espinas
          ¡Lenguaje!

          El tallo y su flor inminente
          Sol-sexo-sol
          La flor sin sombra
          La palabra
          Se abre
          En un allá sin donde
          Extensión inmaculada
          Transparencia que sostiene a las cosas
          Caídas
          Por la mirada
          Levantadas
          En un reflejo suspendidas

          Haz de mundos
          Instantes
          Racimos encendidos
          Selvas andantes de astros
          Sílabas errantes
          Marea
          Todos los tiempos del tiempo
          Ser
          Una fracción de segundo
          Lámpara lápiz retrato
          En un aquí no sé donde
          Un nombre
          Comienza
          Asirlo plantarlo decirlo
          Como un bosque pensante
          Encarnarlo
          Un linaje comienza
          En un nombre
          Un Adán
          Como un templo vivo
          Nombre sin sombra
          Clavado
          Como un dios
          En este aquí sin donde
          ¡Lenguaje!

          Acabo en su comienzo
          En esto que digo
          Acabo
          Ser
          Sombra de un nombre instantáneo

          Nunca sabré mi desenlace.

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        Tus ojos

          Tus ojos son la patria
          Del relámpago y de la lágrima,
          Silencio que habla,
          Tempestades sin viento,
          Mar sin olas, pájaros presos,
          Doradas fieras adormecidas,
          Topacios impíos como la verdad,
          Otoño en un claro del bosque
          En donde la luz canta en el hombro
          De un árbol y son pájaros todas las hojas,
          Playa que la mañana
          Encuentra constelada de ojos,
          Cesta de frutos de fuego,
          Mentira que alimenta,
          Espejos de este mundo,
          Puertas del más allá,
          Pulsación tranquila del mar a mediodía,
          Absoluto que parpadea, páramo.

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        Un anochecer

          ¿Qué la sostiene, entreabierta
          Claridad anochecida
          Luz por los jardines suelta?

          Todas las ramas, vencidas
          Por un agobio de pájaros
          Hacia lo obscuro se inclinan.

          Sobre las bardas –intactos:
          Todavía resplandores-
          Instantes ensimismados.

          Para recibir la noche
          Se cambian las arboledas
          En callados surtidores.

          Cae un pájaro, la yerba
          Ensombrece, los confines
          Se borran, la cal es negra,
          El mundo es menos creíble.

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        Ustica

          Los sucesivos soles del verano,
          La sucesión del sol y sus veranos,
          Todos los soles,
          El solo, el sol de soles,
          Hechos ya hueso terco y leonado,
          Cerrazón de materia enfriada.

          Puño de piedra,
          Piña de lava,
          Osario,
          No tierra,
          Isla tampoco,
          Peña despeñada,
          Duro durazno,
          Gota de sol petrificada.

          Por las noches se oye
          El respirar de las cisternas,
          El jadeo del agua dulce
          Turbada por el mar.
          La hora es alta y rayada de verde.
          El cuerpo obscuro del vino
          En las jarras dormido
          Es un sol más negro y fresco.

          Aquí la rosa de las profundidades
          Es un candelabro de venas rosadas
          Encendido en el fondo del mar.
          En tierra, el sol lo apaga,
          Pálido encaje calcáreo
          Como el deseo labrado por la muerte.

          Rocas color de azufre,
          Altas piedras adustas.
          Tú estás a mi costado.
          Tus pensamientos son negros y dorados
          Si alargase la mano
          Cortaría un racimo de verdades intactas.
          Abajo, entre peñas centelleantes,
          Va y viene el mar lleno de brazos.
          Vértigos. La luz se precipita.
          Yo te miré a la cara,
          Yo me asomé al abismo:
          Mortalidad es transparencia.

          Osario, paraíso:
          Nuestras raíces anudadas
          En el sexo, en la boca deshecha
          De la Madre enterrada.
          Jardín de árboles incestuosos
          Sobre la tierra de los muertos.

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        Viento

          Cantan las hojas,
          Bailan las peras en el peral;
          Gira la rosa,
          Rosa del viento, no del rosal.

          Nubes y nubes
          Flotan dormidas, algas del aire;
          Todo el espacio
          Gira con ellas, fuerza de nadie.

          Todo es espacio;
          Vibra la vara de la amapola
          Y una desnuda
          Vuela en el viento lomo de ola.

          Nada soy yo,
          Cuerpo que flota, luz, oleaje;
          Todo es del viento
          Y el viento es aire siempre de viaje.

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        Visitas

          A través de la noche urbana de piedra y sequía
          Entra el campo a mi cuarto.
          Alarga brazos verdes con pulseras de pájaros,
          Con pulseras de hojas.
          Lleva un río de la mano.
          El cielo del campo también entra,
          Con su cesta de joyas acabadas de cortar.
          Y el mar se sienta junto a mí,
          Extendiendo su cola blanquísima en el suelo.
          Del silencio brota un árbol de música.
          Del árbol cuelgan todas las palabras hermosas
          Que brillan, maduran, caen.
          En mi frente, cueva que habita un relámpago...
          Pero todo se ha poblado de alas.

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        Autores desconocidos


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           Alberti, Rafael
           Aldington, Richard
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           Altolaguirre, Manuel
           Arteche, Miguel
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           Belli, Gioconda
           Benedetti, Mario - Parte I
           Benedetti, Mario - Parte II
           Bernárdez, Francisco Luis
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           Bonnet, Piedad
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           Buesa, José Ángel
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