.
.
    Información biográfica

  1. Agua del recuerdo
  2. Alma música
  3. Angustia segunda
  4. Angustia cuarta
  5. Caminando
  6. Cómo no ser romántico y siglo XIX
  7. Cuando yo vine a este mundo
  8. De qué callada manera
  9. Ébano real
  10. Ejercicio de piano con amapola de siete a nueve de la mañana
  11. El abuelo
  12. Glosa
  13. Guitarra
  14. Iba yo por un camino
  15. La sangre es un mar inmenso
  16. La tarde pidiendo amor
  17. La vida empieza a correr
  18. Llegada
  19. Los burgueses
  20. Los fieles amantes
  21. Madrigal
  22. Madrigal II
  23. Mariposa
  24. Mujer nueva
  25. Mulata
  26. Negro mar
  27. No sé por qué piensas tú
  28. Palabras en el trópico
  29. Palabras fundamentales
  30. Palma sola
  31. Piedra de horno
  32. Problemas del subdesarrollo
  33. ¿Puedes?
  34. Rosa tú, melancólica
  35. Siempre
  36. Sigue
  37. Sudor y látigo
  38. Tengo
  39. Tu recuerdo
  40. Un poema de amor




    Información biográfica

      Nombre: Nicolás Cristóbal Guillén Batista
      Lugar y fecha nacimiento: Camagüey (Cuba), 10 de julio de 1902
      Lugar y fecha defunción: La Habana (Cuba), 16 de julio de 1989 (87 años)

    Arriba

      Agua del recuerdo

        ¿Cuándo fue?
        No lo sé.
        Agua del recuerdo
        Voy a navegar.

        Pasó una mulata de oro,
        Y yo la miré al pasar:
        Moño de seda en la nuca,
        Bata de cristal,
        Niña de espalda reciente,
        Tacón de reciente andar.

        Caña
        (Febril le dije en mí mismo),
        Caña
        Temblando sobre el abismo,
        ¿Quién te empujará?
        ¿Qué cortador con su mocha
        Te cortará?
        ¿Qué ingenio con su trapiche
        Te molerá?

        El tiempo corrió después,
        Corrió el tiempo sin cesar,
        Yo para allá, para aquí,
        Yo para aquí, para allá,
        Para allá, para aquí,
        Para aquí, para allá...

        Nada sé, nada se sabe,
        Ni nada sabré jamás,
        Nada han dicho los periódicos,
        Nada pude averiguar,
        De aquella mulata de oro
        Que una vez miré al pasar,
        Moño de seda en la nuca,
        Bata de cristal,
        Niña de espalda reciente,
        Tacón de reciente andar.

      Arriba

      Alma música

        Yo soy borracho. Me seduce el vino
        Luminoso y azul de la Quimera
        Que pone una explosión de Primavera
        Sobre mi corazón y mi destino.
        Tengo el alma hecha ritmo y armonía;
        Todo en mi ser es música y es canto,
        Desde el réquiem tristísimo de llanto
        Hasta el trino triunfal de la alegría.

        Y no porque la vida mi alma muerda
        Ha de rimar su ritmo mi alma loca:
        Aún mas que por la mano que la toca
        La cuerda vibra y canta porque es cuerda.
        Así, cuando la negra y dura zarpa
        De la muerte destroce el pecho mío,
        Mi espíritu ha de ser en el vacío
        Cual la postrera vibración de un arpa.
        Y ya de nuevo en el astral camino
        Concretara sus ansias de armonía
        En la cascada de una sinfonía,
        O en la alegría musical de un trino.

      Arriba

      Angustia segunda

        Tus venas, la raíz de nuestros árboles.

        La raíz de mi árbol, retorcida;
        La raíz de mi árbol, de tu árbol,
        De todos nuestros árboles,
        Bebiendo sangre, húmeda de sangre,
        La raíz de mi árbol, de tu árbol.
        Yo la siento,
        La raíz de mi árbol, de tu árbol,
        De todos nuestros árboles,
        La siento
        Clavada en lo más hondo de mi tierra,
        Clavada allí, clavada,
        Arrastrándome y alzándome y hablándome,
        Gritándome.
        La raíz de tu árbol, de mi árbol.
        En mi tierra, clavada,
        Con clavos ya de hierro,
        De pólvora, de piedra,
        Y floreciendo en lenguas ardorosas,
        Y alimentando ramas donde colgar los pájaros cansados,
        Y elevando sus venas, nuestras venas,
        Tus venas, la raíz de nuestros árboles.

      Arriba

      Angustia cuarta

        Toco a la puerta de un romance.
        -¿No anda por aquí Federico?
        Un papagayo me contesta:
        -Ha salido.

        Toco a una puerta de cristal.
        -¿No anda por aquí Federico?
        Viene una mano y me señala:
        -Está en el río.

        Toco a la puerta de un gitano.
        -¿No anda por aquí Federico?
        Nadie responde, no habla nadie...
        -¡Federico! ¡Federico!

        La casa oscura, vacía;
        Negro musgo en las paredes;
        Brocal de pozo sin cubo,
        Jardín de lagartos verdes.

        Sobre la tierra mullida
        Caracoles que se mueven,
        Y el rojo viento de julio
        Entre las ruinas, meciéndose.

        ¡Federico!
        ¿Dónde el gitano se muere?
        ¿Dónde sus ojos se enfrían?
        ¡Dónde estará, que no viene!

        (Una canción)

        "Salió el domingo, de noche,
        Salió el domingo, y no vuelve.
        Llevaba en la mano un lirio,
        Llevaba en los ojos fiebre;
        El lirio se tornó sangre,
        La sangre tornóse muerte".

        (Momento en García Lorca)

        Soñaba Federico en nardo y cera,
        Y aceituna y clavel y luna fría.
        Federico, Granada y Primavera.

        En afilada soledad dormía,
        Al pie de sus ambiguos limoneros,
        Echado musical junto a la vía.

        Alta la noche, ardiente de luceros,
        Arrastraba su cola transparente
        Por todos los caminos carreteros.

        "¡Federico!", gritaron de repente,
        Con las manos inmóviles, atadas,
        Gitanos que pasaban lentamente.

        ¡Qué voz la de sus venas desangradas!
        ¡Qué ardor el de sus cuerpos ateridos!
        ¡Qué suaves sus pisadas, sus pisadas!

        Iban verdes, recién anochecidos;
        En el duro camino invertebrado
        Caminaban descalzos los sentidos.

        Alzóse Federico, en luz bañado.
        Federico, Granada y Primavera.
        Y con luna y clavel y nardo y cera,
        Los siguió por el monte perfumado.

      Arriba

      Caminando

        Caminando, caminando,
        ¡Caminando!
        Voy sin rumbo caminando,
        Caminando;
        Voy sin plata caminando,
        Caminando;
        Voy muy triste caminando,
        Caminando.
        Está lejos quien me busca,
        Caminando;
        Quien me espera está más lejos,
        Caminando;
        Y ya empeñé mi guitarra,
        Caminando.
        Ay,
        Las piernas se ponen duras,
        Caminando;
        Los ojos ven desde lejos,
        Caminando;
        La mano agarra y no suelta,
        Caminando.
        Al que yo coja y lo apriete,
        Caminando,
        Ese la paga por todos,
        Caminando;
        A ése le parto el pescuezo,
        Caminando,
        Y aunque me pida perdón,
        Me lo como y me lo bebo,
        Me lo bebo y me lo como,
        Caminando,
        Caminando,
        Caminando.

      Arriba

      Cómo no ser romántico y siglo XIX

        Cómo no ser romántico y siglo XIX,
        No me da pena,
        Cómo no ser Musset
        Viéndola esta tarde
        Tendida casi exangüe,
        Hablando desde lejos,
        Lejos de allá del fondo de ella misma,
        De cosas leves, suaves, tristes.

        Los shorts bien shorts
        Permiten ver sus detenidos muslos
        Casi poderosos,
        Pero su enferma blusa pulmonar
        Convaleciente
        Tanto como su cuello-fino-Modigliani,
        Tanto como su piel-margarita-trigo-claro,
        Margarita de nuevo (así preciso),
        En la chaise-longue ocasional tendida
        Ocasional junto al teléfono,
        Me devuelven un busto transparente
        (Nada, no más un poco de cansancio).

        Es sábado en la calle, pero en vano.
        Ay, cómo amarla de manera
        Que no se me quebrara
        De tan espuma tan soneto y madrigal,
        Me voy no quiero verla,
        De tan Musset y siglo XIX
        Cómo no ser romántico.

      Arriba

      Cuando yo vine a este mundo

        Cuando yo vine a este mundo,
        Nadie me estaba esperando;
        Así mi dolor profundo
        Se me alivia caminando,
        Pues cuando vine a este mundo,
        Te digo,
        Nadie me estaba esperando.

        Miro a los hombres nacer,
        Miro a los hombres pasar;
        Hay que andar,
        Hay que mirar para ver,
        Hay que andar.

        Otros lloran, yo me río,
        Porque la risa es salud:
        Lanza de mi poderío,
        Coraza de mi virtud.
        Otros lloran, yo me río,
        Porque la risa es salud.

        Camino sobre mis pies,
        Sin muletas ni bastón,
        Y mi voz entera es
        La voz entera del sol.
        Camino sobre mis pies,
        Sin muletas ni bastón.

        Con el alma en carne viva,
        Abajo, sueño y trabajo;
        Ya estará el de abajo arriba,
        Cuando el de arriba esté abajo.
        Con el alma en carne viva,
        Abajo, sueño y trabajo.

        Hay gentes que no me quieren,
        Porque muy humilde soy;
        Ya verán cómo se mueren,
        Y que hasta a su entierro voy,
        Con eso y que no me quieren
        Porque muy humilde soy.

        Miro a los hombres nacer,
        Miro a los hombres pasar;
        Hay que andar,
        Hay que vivir para ver,
        Hay que andar.

        Cuando yo vine a este mundo,
        Te digo,
        Nadie me estaba esperando;
        Así mi dolor profundo,
        Te digo,
        Se me alivia caminando,
        Te digo,
        Pues cuando vine a este mundo,
        Te digo,
        ¡Nadie me estaba esperando!

      Arriba

      De qué callada manera

        ¡De que callada manera
        Se me adentra usted sonriendo,
        Como si fuera la primavera!
        (Yo, muriendo).

        Y de que modo sutil
        Me derramó en la camisa
        Todas las flores de abril.

        ¿Quién le dijo que yo era
        Risa siempre, nunca llanto,
        Como si fuera
        La primavera?
        (No soy tanto).

        En cambio, ¡qué espiritual
        Que usted me brinde una rosa
        De su rosal principal!

        De que callada manera
        Se me adentra usted sonriendo,
        Como si fuera la primavera
        (Yo, muriendo).

      Arriba

      Ébano real

        Te vi al pasar, una tarde,
        Ébano, y te saludé;
        Duro entre todos los troncos,
        Duro entre todos los troncos,
        Tu corazón recordé.

        Arará cuévano,
        Arará sabalú.

        -Ébano real, yo quiero un barco,
        Ébano real, de tu negra madera...
        -Ahora no puede ser,
        Espérate, amigo, espérate,
        Espérate a que me muera.

        Arará cuévano,
        Arará sabalú.

        -Ébano real, yo quiero un cofre,
        Ébano real, de tu negra madera...
        -Ahora no puede ser,
        Espérate, amigo, espérate,
        Espérate a que me muera.

        Arará cuévano,
        Arará sabalú.

        -Quiero una mesa cuadrada
        Y el asta de mi bandera;
        Quiero mi pesado lecho,
        Quiero mi lecho pesado,
        Ébano, de tu madera,
        Ay, de tu negra madera...
        -Ahora no puede ser,
        Espérate, amigo, espérate,
        Espérate a que me muera.

        Arará cuévano,
        Arará sabalú.

        Te vi al pasar, una tarde,
        Ébano, y te saludé:
        Duro entre todos los troncos,
        Duro entre todos los troncos,
        Tu corazón recordé.

      Arriba

      Ejercicio de piano con amapola de siete a nueve de la mañana

        Sobre la quemadura de la amapola
        Aplícate jazmines, que eso la cura;
        Si acaso fuese grave la quemadura
        Usarás la camelia, pero una sola.

        Cuando el cielo en verano se tornasola
        Y ni una nube vaga de cruel blancura,
        Y el hastío te invade como una impura
        Serpiente que te aprieta y asfixia y viola,

        Búscate una muchacha que toque viola,
        Siempre que de ella sea la partitura,
        Y quémala tú mismo con amapola;

        Una muchacha fresca, sonriente y pura
        Y dale una camelia, pero una sola,
        Si acaso fuese grave la quemadura...

      Arriba

      El abuelo

        Esta mujer angélica de ojos septentrionales,
        Que vive atenta al ritmo de su sangre europea,
        Ignora que en lo hondo de ese ritmo golpea
        Un negro el parche duro de roncos atabales.

        Bajo la línea escueta de su nariz aguda,
        La boca, en fino trazo, traza una raya breve,
        Y no hay cuervo que manche la solitaria nieve
        De su carne, que fulge temblorosa y desnuda.

        ¡Ah, mi señora! Mírate las venas misteriosas;
        Boga en el agua viva que allá dentro te fluye,
        Y ve pasando lirios, nelumbios, lotos, rosas;

        Que ya verás, inquieta, junto a la fresca orilla
        La dulce sombra oscura del abuelo que huye,
        El que rizó por siempre tu cabeza amarilla.

      Arriba

      Glosa

        No sé si me olvidarás,
        Ni si es amor este miedo;
        Yo sólo sé que te vas,
        Yo sólo sé que me quedo.
        Andrés Eloy Blanco

        1

        Como la espuma sutil
        Con que el mar muere deshecho,
        Cuando roto el verde pecho
        Se desangra en el cantil,
        No servido, sí servil,
        Sirvo a tu orgullo no más,
        Y aunque la muerte me das,
        Ya me ganes o me pierdas,
        Sin saber que me recuerdas
        No sé si me olvidarás.

        2

        Flor que sólo una mañana
        Duraste en mi huerto amado,
        Del sol herido y quemado
        Tu cuello de porcelana:
        Quiso en vano mi ansia vana
        Taparte el sol con un dedo;
        Hoy así a la angustia cedo
        Y al miedo, la frente mustia...
        No sé si es odio esta angustia,
        Ni si es amor este miedo.

        3

        ¡Qué largo camino anduve
        Para llegar hasta ti,
        Y qué remota te vi
        Cuando junto a mí te tuve!
        Estrella, celaje, nube,
        Ave de pluma fugaz,
        Ahora que estoy donde estás,
        Te deshaces, sombra helada:
        Ya no quiero saber nada;
        Yo sólo sé que te vas.

        4

        ¡Adiós! En la noche inmensa,
        Y en alas del viento blando,
        Veré tu barca bogando,
        La vela impoluta y tensa.
        Herida el alma y suspensa,
        Te seguiré, si es que puedo;
        Y aunque iluso me concedo
        La esperanza de alcanzarte,
        Ante esa vela que parte,
        Yo sólo sé que me quedo.

      Arriba

      Guitarra

        Tendida en la madrugada,
        La firme guitarra espera:
        Voz de profunda madera
        Desesperada.

        Su clamorosa cintura,
        En la que el pueblo suspira,
        Preñada de son, estira
        La carne dura.

        Arde la guitarra sola,
        Mientras la luna se acaba;
        Arde libre de su esclava
        Bata de cola.

        Dejó al borracho en su coche,
        Dejó el cabaret sombrío,
        Donde se muere de frío,
        Noche tras noche,

        Y alzó la cabeza fina,
        Universal y cubana,
        Sin opio, ni mariguana,
        Ni cocaína.

        ¡Venga la guitarra vieja,
        Nueva otra vez al castigo
        Con que la espera el amigo,
        Que no la deja!

        Alta siempre, no caída,
        Traiga su risa y su llanto,
        Clave las uñas de amianto
        Sobre la vida.

        Cógela tú, guitarrero,
        Límpiale de alcol la boca,
        Y en esa guitarra, toca
        Tu son entero.

        El son del querer maduro,
        Tu son entero;
        El del abierto futuro,
        Tu son entero;
        El del pie por sobre el muro,
        Tu son entero...

        Cógela tú, guitarrero,
        Límpiale de alcol la boca,
        Y en esa guitarra, toca
        Tu son entero.

      Arriba

      Iba yo por un camino

        Iba yo por un camino cuando con la muerte di.

        -¡Amigo!- gritó la muerte,
        Pero no le respondí,
        Pero no le respondí;
        Miré no más a la Muerte,
        Pero no le respondí.

        Llevaba yo un lirio blanco,
        Cuando con la Muerte di.
        Me pidió el lirio la muerte,
        Pero no le respondí,
        Pero no le respondí;
        Miré no más a la Muerte,
        Pero no le respondí.

        Ay, Muerte,
        Si otra vez volviera a verte,
        Iba a platicar contigo como un amigo;
        Mi lirio, sobre tu pecho,
        Como un amigo;
        Mi beso, sobre tu mano,
        Como un amigo;
        Yo, detenido y sonriente,
        Como un amigo.

      Arriba

      La sangre es un mar inmenso

        La sangre es un mar inmenso
        Que baña todas las playas...

        Sobre sangre van los hombres,
        Navegando en sus barcazas:
        Reman, que reman, que reman,
        ¡Nunca de remar descansan!

        Al negro de negra piel
        La sangre el cuerpo le baña;
        La misma sangre, corriendo,
        Hierve bajo carne blanca.

        ¿Quién vio la carne amarilla,
        Cuando las venas estallan,
        Sangrar sino con la roja
        Sangre con que todos sangran?

        ¡Ay del que separa niños,
        Porque a los hombres separa!
        El sol sale cada día,
        Va tocando en cada casa,
        Da un golpe con su bastón,
        Y suelta una carcajada...

        ¡Que salga la vida al sol,
        De donde tantos la aguardan,
        Y veréis cómo la vida
        Corre de sol empapada!

        La vida vida saltando,
        La vida suelta y sin vallas,
        Vida de la carne negra,
        Vida de la carne blanca,
        Y de la carne amarilla,
        Con sus sangres desplegadas...

        ¡Los niños, fascinados,
        Se van levantando,
        Y rodean a la madre,
        Que los abraza formando un grupo con ellos,
        Pegados a su alrededor! Continúa:

        Sobre sangre van los hombres
        Navegando en sus barcazas:
        Reman, que reman, que reman,
        ¡Nunca de remar descansan!

        Ay de quien no tenga sangre,
        Porque de remar acaba,
        Y si acaba de remar,
        Da con su cuerpo en la playa,
        Un cuerpo seco y vacío,
        Un cuerpo roto y sin alma,
        ¡Un cuerpo roto y sin alma!

      Arriba

      La tarde pidiendo amor

        La tarde pidiendo amor.
        Aire frío, cielo gris.
        Muerto sol.
        La tarde pidiendo amor.

        Pienso en sus ojos cerrados,
        La tarde pidiendo amor,
        Y en sus rodillas sin sangre,
        La tarde pidiendo amor,
        Y en sus manos de uñas verdes,
        Y en su frente sin color,
        Y en su garganta sellada...
        La tarde pidiendo amor,
        La tarde pidiendo amor,
        La tarde pidiendo amor.

        No.
        No, que me sigue los pasos,
        No;
        Que me habló, que me saluda,
        No;
        Que miro pasar su entierro,
        No;
        Que me sonríe, tendida,
        Tendida, suave y tendida,
        Sobre la tierra, tendida,
        Muerta de una vez, tendida...
        No.

      Arriba

      La vida empieza a correr

        La vida empieza a correr
        De un manantial, como un río;
        A veces, el cauce sube,
        A veces, el cauce sube,
        Y otras se queda vacío.

        Del manantial que brotó
        Para darte vida a ti,
        Ay, ni una gota quedó
        Para mí:
        La tierra se lo bebió.

        Aunque tú digas que no,
        El mundo sabe que sí,
        Que ni una gota quedó
        Del manantial que brotó
        Para darte vida a ti.

      Arriba

      Llegada

        ¡Aquí estamos!
        La palabra nos viene húmeda de los bosques,
        Y un sol enérgico nos amanece entre las venas.
        El puño es fuerte
        Y tiene el remo.

        En el ojo profundo duermen palmeras exorbitantes.
        El grito se nos sale como una gota de oro virgen.
        Nuestro pie,
        Duro y ancho,
        Aplasta el polvo en los caminos abandonados
        Y estrechos para nuestras filas.
        Sabemos dónde nacen las aguas,
        Y las amamos porque empujaron nuestras canoas bajo
        Los cielos rojos.
        Nuestro canto
        Es como un músculo bajo la piel del alma,
        Nuestro sencillo canto.

        Traemos el humo en la mañana,
        Y el fuego sobre la noche,
        Y el cuchillo, como un duro pedazo de luna,
        Apto para las pieles bárbaras;
        Traemos los caimanes en el fango,
        Y el arco que dispara nuestras ansias,
        Y el cinturón del trópico,
        Y el espíritu limpio.
        Traemos
        Nuestro rasgo al perfil definitivo de América.

        ¡Eh compañeros, aquí estamos!
        La ciudad nos espera con sus palacios, tenues
        Como panales de abejas silvestres;
        Sus calles están secas como los ríos cuando no llueve en la montaña,
        Y sus casas nos miran con los ojos pávidos
        De las ventanas.
        Los hombres antiguos nos darán leche y miel
        Y nos coronarán de hojas verdes.

        ¡Eh, compañeros, aquí estamos!
        Bajo el sol
        Nuestra piel sudorosa reflejará los rostros húmedos
        De los vencidos,
        Y en la noche, mientras los astros ardan en la punta
        De nuestras llamas,
        Nuestra risa madrugará sobre los ríos y los pájaros.

      Arriba

      Los burgueses

        No me dan pena los burgueses vencidos.
        Y cuando pienso que van a dar me pena,
        Aprieto bien los dientes, y cierro bien los ojos.

        Pienso en mis largos días sin zapatos ni rosas,
        Pienso en mis largos días sin sombrero ni nubes,
        Pienso en mis largos días sin camisa ni sueños,
        Pienso en mis largos días con mi piel prohibida,
        Pienso en mis largos días y,

        No pase, por favor, esto es un club.
        La nómina está llena.
        No hay pieza en el hotel.
        El señor ha salido.

        Se busca una muchacha.
        Fraude en las elecciones.
        Gran baile para ciegos.

        Cayó el premio mayor en Santa Clara.
        Tómbola para huérfanos.
        El caballero está en París.
        La señora marquesa no recibe.
        En fin, y

        Que todo lo recuerdo y como todo lo recuerdo,
        ¿Qué carajo me pide usted que haga?
        Además, pregúnteles,
        Estoy seguro de que también
        Recuerdan ellos.

      Arriba

      Los fieles amantes

        Noche mucho más noche; el amor ya es un hecho.
        Feliz nivel de paz extiende el sueño
        Como una perfección todavía amorosa.
        Bulto adorable, lejos ya,
        Se adormece,
        Y a su candor en la isla se abandona,
        Animal por ahí, latente.
        ¡Qué diario infinito sobre el lecho
        De una pasión: costumbre rodeada de arcano!
        ¡Oh noche, más oscura en nuestros brazos!

      Arriba

      Madrigal

        Tu vientre sabe más que tu cabeza
        Y tanto como tus muslos.
        Esa
        Es la fuerte gracia negra
        De tu cuerpo desnudo.

        Signo de selva el tuyo,
        Con tus collares rojos,
        Tus brazaletes de oro curvo,
        Y ese caimán oscuro
        Nadando en el Zambeze de tus ojos.

      Arriba

      Madrigal II

        Sencilla y vertical
        Como una caña en el cañaveral.
        Oh retadora del furor
        Genital:
        Tu andar fabrica para el espasmo gritador
        Espuma esquina entre tus muslos de metal.

      Arriba

      Mariposa

        Quisiera
        Hacer un verso que tuviera
        Ritmo de primavera;
        Que fuera
        Como una fina mariposa rara,
        Como una mariposa que volara
        Sobre tu vida, y cándida y ligera
        Revolara
        Sobre tu cuerpo cálido de cálida palmera
        Y al fin su vuelo absurdo reposara
        -Tal como en una roca azul de la pradera-
        Sobre la linda rosa de tu cara...

        Quisiera
        Hacer un verso que tuviera
        Toda la fragancia de la Primavera
        Y que cual una mariposa rara
        Revolara
        Sobre tu vida, sobre tu cuerpo, sobre tu cara.

      Arriba

      Mujer nueva

        Con el círculo ecuatorial...
        Ceñido a la cintura como a un pequeño mundo
        La negra, mujer nueva,
        Avanza en su ligera bata de serpiente.

        Coronada de palmas,
        Como una diosa recién llegada,
        Ella trae la palabra inédita,
        El anca fuerte,
        La voz, el diente, la mañana y el salto.

        Chorro de sangre joven
        Bajo un pedazo de piel fresca,
        Y el pie incansable
        Para la pista profunda del tambor.

      Arriba

      Mulata

        Ya yo me enteré, mulata,
        Mulata, ya sé que dise
        Que yo tengo la narise
        Como nudo de cobbata.

        Y fíjate bien que tú
        No ere tan adelantá,
        Poqque tu boca é bien grande,
        Y tu pasa, colorá.
        Tanto tren con tu cueppo,
        Tanto tren;
        Tanto tren con tu boca,
        Tanto tren;
        Tanto tren con tu sojo,
        Tanto tren.

        Si tú supiera, mulata,
        La veddá:
        ¡Que yo con mi negra tengo,
        Y no te quiero pa ná!

      Arriba

      Negro mar

        La noche morada sueña
        Sobre el mar;
        La voz de los pescadores
        Mojada en el mar;
        Sale la luna chorreando
        Del mar.

        El negro mar.

        Por entre la noche un son,
        Desemboca en la bahía;
        Por entre la noche un son.

        Los barcos lo ven pasar,
        Por entre la noche un son,
        Encendiendo el agua fría.
        Por entre la noche un son,
        Por entre la noche un son,
        Por entre la noche un son...

        El negro mar.

        -Ay, mi mulata de oro fino,
        Ay, mi mulata
        De oro y plata,
        Con su amapola y su azahar,
        Al pie del mar hambriento y masculino,
        Al pie del mar.

      Arriba

      No sé por qué piensas tú

        No sé por qué piensas tú,
        Soldado, que te odio yo,
        Si somos la misma cosa
        Yo,
        Tú.

        Tú eres pobre, lo soy yo;
        Soy de abajo, lo eres tú;
        ¿De dónde has sacado tú,
        Soldado, que te odio yo?

        Me duele que a veces tú
        Te olvides de quién soy yo;
        Caramba, si yo soy tú,
        Lo mismo que tú eres yo.

        Pero no por eso yo
        He de malquererte, tú;
        Si somos la misma cosa,
        Yo,
        Tú,
        No sé por qué piensas tú,
        Soldado, que te odio yo.

        Ya nos veremos yo y tú,
        Juntos en la misma calle,
        Hombro con hombro, tú y yo,
        Sin odios ni yo ni tú,
        Pero sabiendo tú y yo,
        A dónde vamos yo y tú Y
        ¡No sé por qué piensas tú,
        Soldado, que te odio yo!

      Arriba

      Palabras en el trópico

        Trópico,
        Tu dura hoguera
        Tuesta las nubes altas
        Y el cielo profundo ceñido por el arco del Mediodía.
        Tú secas en la piel de los árboles
        La angustia del lagarto.
        Tú engrasas las ruedas de los vientos
        Para asustar a las palmeras.
        Tú atraviesas
        Con una gran flecha roja
        El corazón de las selvas
        Y la carne de los ríos.
        Te veo venir por los caminos ardorosos,
        Trópico,
        Con tu cesta de mangos,
        Tus cañas limosneras
        Y tus caimitos, morados como el sexo de las negras.
        Te veo las manos rudas
        Partir bárbaramente las semillas
        Y halar de ellas el árbol opulento,
        Árbol recién nacido, pero apto
        Para echar a correr por entre los bosques clamorosos.
        Aquí,
        En medio del mar,
        Retozando en las aguas con mis Antillas desnudas,
        Yo te saludo, Trópico.
        Saludo deportivo,
        Primaveral,
        Que se me escapa del pulmón salado
        A través de estas islas escandalosas hijas tuyas.
        (Dice Jamaica
        Que ella está contenta de ser negra,
        Y Cuba ya sabe que es mulata.)
        ¡Ah,
        Qué ansia
        La de aspirar el humo de tu incendio
        Y sentir en dos pozos amargos las axilas!
        Las axilas, oh Trópico,
        Con sus vellos torcidos y retorcidos en tus llamas.
        Puños los que me das
        Para rajar los cocos tal un pequeño dios colérico;
        Ojos los que me das
        Para alumbrar la sombra de mis tigres;
        Oído el que me das
        Para escuchar sobre la tierra las pezuñas lejanas.
        Te debo el cuerpo oscuro,
        Las piernas ágiles y la cabeza crespa,
        Mi amor hacia las hembras elementales,
        Y esta sangre imborrable.
        Te debo los días altos,
        En cuya tela azul están pegados
        Soles redondos y risueños;
        Te debo los labios húmedos,
        La cola del jaguar y la saliva de las culebras;
        Te debo el charco donde beben las fieras sedientas;
        Te debo, Trópico,
        Este entusiasmo niño
        De correr en la pista
        De tu profundo cinturón lleno de rosas amarillas,
        Riendo sobre las montañas y las nubes,
        Mientras un cielo marítimo
        Se destroza en interminables olas de estrellas a mis pies.

      Arriba

      Palabras fundamentales

        Haz que tu vida sea
        Campana que repique
        O surco en que florezca y fructifique
        El árbol luminoso de la idea.
        Alza tu voz sobre la voz sin nombre
        De todos los demás, y haz que se vea
        Junto al poeta, el hombre.

        Llena todo tu espíritu de lumbre;
        Busca el empinamiento de la cumbre,
        Y si el sostén nudoso de tu báculo
        Encuentra algún obstáculo a tu intento,
        ¡Sacude el ala del atrevimiento
        Ante el atrevimiento del obstáculo!

      Arriba

      Palma sola

        La palma que está en el patio,
        Nació sola;
        Creció sin que yo la viera,
        Creció sola;
        Bajo la luna y el sol,
        Vive sola.

        Con su largo cuerpo fijo,
        Palma sola,
        Sola en el patio sellado,
        Siempre sola,
        Guardián del atardecer,
        Sueña sola.

        La palma sola soñando,
        Palma sola,
        Que va libre por el viento,
        Libre y sola,
        Suelta de raíz y tierra,
        Suelta y sola,
        Cazadora de las nubes,
        Palma sola,
        Palma sola,
        Palma.

      Arriba

      Piedra de horno

        La tarde abandonada gime deshecha en lluvia.
        Del cielo caen recuerdos y entran por la ventana.
        Duros suspiros rotos, quimeras lastimadas.
        Lentamente va viniendo tu cuerpo.
        Llegan tus manos en su órbita
        De aguardiente de caña;
        Tus pies de lento azúcar quemados por la danza,
        Y tus muslos, tenazas del espasmo,
        Y tu boca, sustancia
        Comestible y tu cintura
        De abierto caramelo.
        Llegan tus brazos de oro, tus dientes sanguinarios;
        De pronto entran tus ojos traicionados;
        Tu piel tendida, preparada
        Para la siesta:
        Tu olor a selva repentina; tu garganta
        Gritando -no sé, me lo imagino-, gimiendo
        -No sé, me lo figuro-, quemándose- no sé, supongo, creo;
        Tu garganta profunda
        Retorciendo palabras prohibidas.
        Un río de promesas
        Desciende de tu pelo,
        Se demora en tus senos,
        Cuaja al fin en un charco de melaza en tu vientre,
        Viola tu carne firme de nocturno secreto.
        Carbón ardiente y piedra de horno
        En esta tarde fría de lluvia y de silencio.

      Arriba

      Problemas del subdesarrollo

        Monsieur Dupont te llama inculto,
        Porque ignoras cuál era el nieto
        Preferido de Víctor Hugo.

        Herr Müller se ha puesto a gritar,
        ¡Por qué no sabes el día
        Exacto en que murió Bismark!

        Tu amigo Mr. Smith,
        Inglés o yanqui, yo no lo sé,
        Se subleva cuando escribes shell.
        ¡Parece que ahorras una ele,
        Y que además pronuncias chel!

        Bueno, ¿y qué?
        Cuando te toque a ti,
        Mándales decir cacarajícara
        Y que donde está el Aconcagua,
        Y que quién era Sucre,
        Y que en qué lugar de este planeta
        Murió Martí.

        Un favor:
        Que te hablen siempre en español.

      Arriba

      ¿Puedes?

        ¿Puedes venderme el aire que pasa entre tus dedos
        Y te golpea la cara y te despeina?
        ¿Tal vez podrías venderme cinco pesos de viento,
        O más, quizás venderme una tormenta?
        ¿Acaso el aire fino
        Me venderías, el aire
        (No todo) que recorre
        En tu jardín corolas y corolas,
        En tu jardín para los pájaros,
        Diez pesos de aire fino?

        El aire gira y pasa
        En una mariposa.
        Nadie lo tiene, nadie.

        ¿Puedes venderme cielo,
        El cielo azul a veces,
        O gris también a veces,
        Una parcela de tu cielo,
        El que compraste, piensas tú, con los árboles
        De tu huerto, como quien compra el techo con la casa?
        ¿Puedes venderme un dólar
        De cielo, dos kilómetros
        De cielo, un trozo, el que tú puedas,
        De tu cielo?

        El cielo está en las nubes.
        Altas las nubes pasan.
        Nadie las tiene, nadie.

        ¿Puedes venderme lluvia, el agua
        Que te ha dado tus lágrimas y te moja la lengua?
        ¿Puedes venderme un dólar de agua
        De manantial, una nube preñada,
        Crespa y suave como una cordera,
        O bien agua llovida en la montaña,
        O el agua de los charcos
        Abandonados a los perros,
        O una legua de mar, tal vez un lago,
        Cien dólares de lago?

        El agua cae, rueda.
        El agua rueda, pasa.
        Nadie la tiene, nadie.

        ¿Puedes venderme tierra, la profunda
        Noche de las raíces; dientes
        De dinosaurios y la cal
        Dispersa de lejanos esqueletos?
        ¿Puedes venderme selvas ya sepultadas, aves muertas,
        Peces de piedra, azufre
        De los volcanes, mil millones de años
        En espiral subiendo? ¿Puedes
        Venderme tierra, puedes
        Venderme tierra, puedes?

        La tierra tuya es mía.
        Todos los pies la pisan.
        Nadie la tiene, nadie.

      Arriba

      Rosa tú, melancólica

        El alma vuela y vuela
        Buscándote a lo lejos,
        Rosa tú, melancólica
        Rosa de mi recuerdo.
        Cuando la madrugada
        Va el campo humedeciendo,
        Y el día es como un niño
        Que despierta en el cielo,
        Rosa, tú, melancólica
        Ojos de sombra llenos,
        Desde mi estrecha sábana
        Toco tu firme cuerpo.
        Cuando ya el alto sol
        Ardió con su alto fuego,
        Cuando la tarde cae
        Del ocaso deshecho,
        Ya en mi lejana mesa
        Tu oscuro pan contemplo.
        Y en la noche cargada
        De ardoroso silencio,
        Rosa, tú, melancólica
        Rosa de mi recuerdo,
        Dorada, viva, y húmeda,
        Bajando vas del techo,
        Tomas mi mano fría
        Y te me quedas viendo.
        Cierro entonces los ojos,
        Pero siempre te veo
        Clavada allí, clavando
        Tu mirada en mi pecho,
        Larga mirada fija,
        Como un puñal de sueño.

      Arriba

      Siempre

        Bien pueden su hojarasca y polvo y hielo
        Acumular los años sobre ti.
        Mi corazón sacude el turbio velo,
        Y siempre te hallo, ¡oh dádiva del cielo!
        Fresca y radiante en mí.

        Porque a mí te envió El, y yo he guardado
        Tu mejor luz en ánfora inmortal,
        Porque a cosas de Dios morir no es dado
        Y eres tú claro espíritu encarnado
        En diáfano cristal.

        No hay flor cuyo matiz no degenere
        Al pasajero sol que la esmaltó.
        Tan sólo propia luz firmeza espere:
        La perla de la mar se opaca y muere;
        Las de los cielos no.

        Nuestra querida estrella leve gasa
        O negro temporal veló tal vez;
        Mas, ¿que a ella el furor que el golfo arrasa?
        Parece cada nubarrón que pasa
        Doblar su brillantez.

        La copa del banquete postrimera
        El gusto encantado. En tu vergel
        Era sonó de juventud postrera;
        El ángel me hallará, cuando yo muera,
        Saboreando tu miel.
        La tarde de la vida, árida y fosca,
        Pide un hogar con su genial calor;
        Si él falta, huraño el corazón se embosca,
        Y la memoria en torno a sí se enrosca
        Cual serpiente en sopor.

        Así, vuelta la espalda a lo presente,
        Que, sin el ser por quien vivir sentí,
        Es noria vil, bullicio impertinente,
        Torno a buscar mi sol, mi cara fuente,
        Mi cielo, urna de ti.

        Voy para atrás pisada por pisada,
        Recogiendo el rumor de nuestros pies,
        Repensando un silencio, una mirada,
        Un toque, un gesto... tanto que fue nada
        Y que un diamante hoy es.

        Oculta, como en mágica alcancía,
        Guardé felicidad para los dos,
        Y cuanto una vez fue lo es todavía,
        Que el sol del alma no es el sol de un día,
        Ni es del tiempo, -es de Dios.

        Cierta, como la dicha antes de su hora,
        Es ésta; y tierna cual pasado bien
        Que en escondida soledad se llora;
        Sacra como deidad que la fe adora
        Y ojos de éxtasis ven.

        Hora, hora mismo, en alta noche oscura,
        Mi aurora boreal, surges aquí.
        Hay resplandor, hay brisa de hermosura;
        Alzo a ver -y hallo tu mirada pura
        Vertiendo tu alma en mí.

        Y ya no media esa impaciencia ingrata,
        Ese exceso de luz que impide ver
        Y que al gustar el bien, nos lo arrebata.
        La sal de la amargura hoy aquilata,
        El néctar del placer.

        ¡Ah! cuando osen a ti dardos y afrentas,
        Cuando te odies tú misma en tu dolor,
        Cuando apagada y lóbrega te sientas,
        Abre mi corazón: allí te ostentas
        En todo tu esplendor.

        ¿Dónde está él? -Donde tú estés. Bien sabes
        Que fue, por fiel a ti, conmigo infiel.
        Ábrelo, que en tu voz están sus llaves;
        Pero, al mirarte en su cristal, no laves
        Lo que escribiste en él.

      Arriba

      Sigue

        Camina, caminante,
        Sigue;
        Camina y no te pare,
        Sigue.

        Cuando pase po su casa
        No le diga que me bite:
        Camina, caminante,
        Sigue.

        Sigue y no te pare,
        Sigue:

        No la mire si te llama,
        Sigue;

        Acuérdate que ella e mala,
        Sigue.

      Arriba

      Sudor y látigo

        Látigo,
        Sudor y látigo.

        El sol despertó temprano
        Y encontró al negro descalzo,
        Desnudo el cuerpo llagado,
        Sobre el campo.

        Látigo,
        Sudor y látigo.

        El viento pasó gritando:
        -¡Qué flor negra en cada mano!
        La sangre le dijo: ¡vamos!
        Él dijo a la sangre: ¡vamos!
        Partió en su sangre, descalzo.
        El cañaveral, temblando,
        Le abrió paso.

        Después, el cielo callado,
        Y bajo el cielo, el esclavo
        Tinto en la sangre del amo.

        Látigo,
        Sudor y látigo,
        Tinto en la sangre del amo;
        Látigo,
        Sudor y látigo;
        Tinto en la sangre del amo,
        Tinto en la sangre del amo

      Arriba

      Tengo

        Cuando me veo y toco
        Yo, Juan sin Nada no más ayer,
        Y hoy Juan con Todo,
        Y hoy con todo,
        Vuelvo los ojos, miro,
        Me veo y toco
        Y me pregunto cómo ha podido ser.

        Tengo, vamos a ver,
        Tengo el gusto de andar por mi país,
        Dueño de cuanto hay en él,
        Mirando bien de cerca lo que antes
        No tuve ni podía tener.

        Zafra puedo decir,
        Monte puedo decir,
        Ciudad puedo decir,
        Ejército decir,
        Ya míos para siempre y tuyos, nuestros,
        Y un ancho resplandor
        De rayo, estrella, flor.

        Tengo, vamos a ver,
        Tengo el gusto de ir
        Yo, campesino, obrero, gente simple,
        Tengo el gusto de ir
        ¡Es un ejemplo!
        A un banco y hablar con el administrador,
        No en inglés,
        No en señor,
        Sino decirle compañero como se dice en español.

        Tengo, vamos a ver,
        Que siendo un negro
        Nadie me puede detener
        A la puerta de un dancing o de un bar.
        O bien en la carpeta de un hotel
        Gritarme que no hay pieza,
        Una mínima pieza y no una pieza colosal,
        Una pequeña pieza donde yo pueda descansar.

        Tengo, vamos a ver,
        Que no hay guardia rural
        Que me agarre y me encierre en un cuartel,
        Ni me arranque y me arroje de mi tierra
        Al medio del camino real.

        Tengo que como tengo la tierra tengo el mar,
        No country,
        No jailáif,
        No tennis y no yatch,
        Sino de playa en playa y ola en ola,
        Gigante azul abierto democrático:
        En fin, el mar.

        Tengo, vamos a ver,
        Que ya aprendí a leer,
        A contar,
        Tengo que ya aprendí a escribir
        Y a pensar
        Y a reír.

        Tengo que ya tengo
        Donde trabajar
        Y ganar
        Lo que me tengo que comer.

        Tengo, vamos a ver,
        Tengo lo que tenía que tener.

      Arriba

      Tu recuerdo

        Siento que se despega tu recuerdo
        De mi mente, como una vieja estampa;
        Tu figura no tiene ya cabeza
        Y un brazo está deshecho, como en esas
        Calcomanías desoladas
        Que ponen los muchachos en la escuela
        Y son después, en el libro olvidado,
        Una mancha dispersa.
        Cuando estrecho tu cuerpo
        Tengo la blanda sensación de que
        Estás hecho de estopa.
        Me hablas, y tu voz viene de tan lejos
        Que apenas puedo oírte.
        Además, ya no te creo.
        Yo mismo, ya curado
        De la pasión antigua,
        Me pregunto cómo fue que pude
        Amarte,
        Tan inútil, tan vana,
        Tan floja que antes del año
        De tenerte en mis brazos
        Ya te estás deshaciendo
        Como un jirón de humo;
        Y ya te estás borrando
        Como un dibujo antiguo,
        Y ya te me despegas en la mente
        Como una vieja estampa.

      Arriba

      Un poema de amor

        Un poema de amor

        No sé. Lo ignoro.
        Desconozco todo el tiempo que anduve
        Sin encontrarla nuevamente.
        ¿Tal vez un siglo? Acaso.
        Acaso un poco menos: noventa y nueve años.
        ¿O un mes? Pudiera ser. En cualquier forma
        Un tiempo enorme, enorme, enorme.
        Al fin como una rosa súbita,
        Repentina campánula temblando,
        La noticia.
        Saber de pronto
        Que iba a verla otra vez, que la tendría
        Cerca, tangible, real, como en los sueños.
        ¡Qué trueno sordo
        Rodándome en las venas,
        Estallando allá arriba
        Bajo mi sangre, en una
        Nocturna tempestad!
        ¿Y el hallazgo, en seguida? ¿Y la manera
        Que nadie comprendiera
        Que ésa es nuestra propia manera?
        Un roce apenas, un contacto eléctrico,
        Un apretón conspirativo, una mirada,
        Un palpitar del corazón
        Gritando, aullando con silenciosa voz.
        Después
        (Ya lo sabéis desde los quince años)
        Ese aletear de las palabras presas,
        Palabras de ojos bajos,
        Penitenciales,
        Entre testigos enemigos,
        Todavía
        Un amor de "lo amo"
        De "usted", de "bien quisiera,
        Pero es imposible..." De "no podemos,
        No, piénselo usted mejor..."
        Es un amor así,
        Es un amor de abismo en primavera,
        Cortés, cordial, feliz, fatal.
        La despedida, luego,
        Genérica,
        En el turbión de los amigos.
        Verla partir y amarla como nunca;
        Seguirla con los ojos,
        Y ya sin ojos seguir viéndola lejos,
        Allá lejos, y aún seguirla
        Más lejos todavía,
        Hecha de noche,
        De mordedura, beso, insomnio,
        Veneno, éxtasis, convulsión,
        Suspiro, sangre, muerte...
        Hecha
        De esa sustancia conocida
        Con que amasamos una estrella.

      Arriba


Autores desconocidos


Seguidores


Indice autores conocidos

   Acuña, Manuel
   Alberti, Rafael
   Aldington, Richard
   Almagro, Ramón de
   Altolaguirre, Manuel
   Arteche, Miguel
   Baudelaire, Charles
   Beckett, Samuel
   Bécquer, Gustavo Adolfo
   Belli, Gioconda
   Benedetti, Mario - Parte I
   Benedetti, Mario - Parte II
   Bernárdez, Francisco Luis
   Blake, William
   Blanco, Andrés Eloy
   Bonnet, Piedad
   Borges, Jorge Luis
   Bosquet, Alain
   Bridges, Robert
   Browning, Robert
   Buesa, José Ángel
   Bukowski, Charles
   Camín, Alfonso
   Campoamor, Ramón de
   Castellanos, Rosario
   Celaya, Gabriel
   Cernuda, Luis
   Cortázar, Julio
   Cuesta, Jorge
   Darío, Rubén
   De Burgos, Julia
   De la Cruz, Sor Juana Inés
   Debravo, Jorge
   Delmar, Meira
   Díaz Mirón, Salvador
   Dickinson, Emily
   Donne, John
   Douglas, Keith
   Eguren, José María
   Espronceda, José de
   Ferrer, Marcelo D.
   Flores, Manuel
   Flórez, Julio
   Frost, Robert
   Gala, Antonio
   García Lorca, Federico
   Gelman, Juan
   Girondo, Oliverio
   Gómez Jattin, Raúl
   Gómez de Avellaneda, Gertrudis
   González, Ángel
   González Martínez, Enrique
   Guillén, Nicolás
   Gutiérrez Nájera, Manuel
   Hernández, Miguel
   Hesse, Hermann
   Hierro, José
   Hugo, Víctor
   Huidobro, Vicente
   Ibarbourou, Juana de
   Isaacs, Jorge
   Jiménez, Juan Ramón
   Joyce, James
   Keats, John
   Larkin, Philip
   Leopardi, Giacomo
   Lloréns Torres, Luis
   Lord Byron, George Gordon
   Lowell, Amy
   Loynaz, Dulce María
   Machado, Antonio
   Marchena, Julián
   Martí, José
   Milton, John
   Mistral, Gabriela
   Mitre, Eduardo
   Neruda, Pablo - Parte I
   Neruda, Pablo - Parte II
   Neruda, Pablo - Parte III
   Nervo, Amado - Parte I
   Nervo, Amado - Parte II
   Novo, Salvador
   Obligado, Pedro Miguel
   Otero, Blas de
   Owen, Gilberto
   Pacheco, José Emilio
   Palés Matos, Luis
   Parra, Nicanor
   Paz, Octavio - Parte I
   Paz, Octavio - Parte II
   Pedroni, José
   Pellicer, Carlos
   Pessoa, Fernando
   Pizarnik, Alejandra
   Plá, Josefina
   Poe, Edgar Allan
   Pombo, Rafael
   Raine, Kathleen
   Rébora, Marilina
   Reyes Ochoa, Alfonso
   Rimbaud, Arthur
   Rojas, Gonzalo
   Rojas, Jorge
   Romero, Elvio
   Ruy Sánchez, Alberto
   Sabines, Jaime
   Salinas, Pedro
   Santos Chocano, José
   Shakespeare, William
   Shelley, Percy Bysshe
   Silva, José Asunción
   Storni, Alfonsina
   Swann, Matilde Alba
   Symons, Julian
   Teillier, Jorge
   Tennyson, Alfred
   Thomas, Dylan
   Torres Bodet, Jaime
   Unamuno, Miguel de
   Urbina, Luis G.
   Vallejo, César
   Verlaine, Paul
   Villaurrutia, Xavier
   Whitman, Walt
   Wilde, Óscar
   Wordsworth, William
   Yeats, William Butler
   Zaid, Gabriel
   Zorrilla, José
   Zorrilla de San Martín, Juan


Otros enlaces

   Webs amigas

Visitas recibidas

.
Grandes poetas famosos | Great famous poets | Contacto: Monika Lekanda