.
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    Información biográfica

  1. Autorretrato
  2. Cambios de nombre
  3. Catalina Parra
  4. Coplas del vino
  5. Creo en un más allá
  6. Cronos
  7. Defensa del árbol
  8. El hombre imaginario
  9. El peregrino
  10. El túnel
  11. Epitafio
  12. Es olvido
  13. Hay un día feliz
  14. La poesía terminó conmigo
  15. La trampa
  16. La víbora
  17. Manifiesto
  18. No creo en la vía pacífica
  19. Notas de viaje
  20. Palabras a Tomás Lago
  21. Preguntas a la hora del té
  22. Recuerdos de juventud
  23. Resurrección
  24. Se canta al mar
  25. Sinfonía de cuna
  26. Soliloquio del individuo
  27. Solo de piano
  28. Test
  29. Tres poesías
  30. Último brindis
  31. ¡Viva la cordillera de los Andes!
  32. Yo Jehová decreto




  33. Información biográfica

      Nombre: Nicanor Parra Sandoval
      Lugar y fecha nacimiento: San Fabián de Alico, Ñuble (Chile), 5 de septiembre de 1914

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      Autorretrato

        Considerad, muchachos,
        Este gabán de fraile mendicante:
        Soy profesor en un liceo obscuro,
        He perdido la voz haciendo clases.
        (Después de todo o nada
        Hago cuarenta horas semanales).
        ¿Qué les dice mi cara abofeteada?
        ¡Verdad que inspira lástima mirarme!
        Y qué les sugieren estos zapatos de cura
        Que envejecieron sin arte ni parte.

        En materia de ojos, a tres metros
        No reconozco ni a mi propia madre.
        ¿Qué me sucede? ¡Nada!
        Me los he arruinado haciendo clases:
        La mala luz, el sol,
        La venenosa luna miserable.
        Y todo ¡para qué!
        Para ganar un pan imperdonable
        Duro como la cara del burgués
        Y con olor y con sabor a sangre.
        ¡Para qué hemos nacido como hombres
        Si nos dan una muerte de animales!

        Por el exceso de trabajo, a veces
        Veo formas extrañas en el aire,
        Oigo carreras locas,
        Risas, conversaciones criminales.
        Observad estas manos
        Y estas mejillas blancas de cadáver,
        Estos escasos pelos que me quedan.
        ¡Estas negras arrugas infernales!
        Sin embargo yo fui tal como ustedes,
        Joven, lleno de bellos ideales
        Soñé fundiendo el cobre
        Y limando las caras del diamante:
        Aquí me tienen hoy
        Detrás de este mesón inconfortable
        Embrutecido por el sonsonete
        De las quinientas horas semanales.

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      Cambios de nombre

        A los amantes de las bellas letras
        Hago llegar mis mejores deseos
        Voy a cambiar de nombre a algunas cosas.

        Mi posición es ésta:
        El poeta no cumple su palabra
        Si no cambia los nombres de las cosas.

        ¿Con qué razón el sol
        Ha de seguir llamándose sol?
        ¡Pido que se llame Micifuz
        El de las botas de cuarenta leguas!

        ¿Mis zapatos parecen ataúdes?
        Sepan que desde hoy en adelante
        Los zapatos se llaman ataúdes.
        Comuníquese, anótese y publíquese
        Que los zapatos han cambiado de nombre:
        Desde ahora se llaman ataúdes.

        Bueno, la noche es larga
        Todo poeta que se estime a sí mismo
        Debe tener su propio diccionario
        Y antes que se me olvide
        Al propio dios hay que cambiarle nombre
        Que cada cual lo llame como quiera:
        Ese es un problema personal.

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      Catalina Parra

        Caminando sola
        Por ciudad extraña
        Qué será de nuestra
        Catalina Parra.

        Cuánto tiempo, ¡un año!
        Que no sé palabra
        De esta memorable
        Catalina Parra.

        Bajo impenitente,
        Lluvia derramada
        Dónde irá la pobre
        Catalina Parra.

        ¡Ah, si yo supiera!
        Pero no sé nada
        Cuál es tu destino
        Catalina Pálida.

        Sólo sé que mientras
        Digo estas palabras
        En volver a verte
        Cifro la esperanza.

        Aunque sólo seas
        Vista a la distancia
        Niña inolvidable,
        Catalina Parra.

        Hija mía, ¡cuántas
        Veces comparada
        Con la rutilante
        Luz de la mañana!

        Ay, amor perdido,
        ¡Lámpara sellada!
        Que esta rosa nunca
        Pierda su fragancia.

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      Coplas del vino

        Nervioso, pero sin duelo
        A toda la concurrencia
        Por la mala voz suplico
        Perdón y condescendencia.

        Con mi cara de ataúd
        Y mis mariposas viejas
        Yo también me hago presente
        En esta solemne fiesta.

        ¿Hay algo, pregunto yo,
        Más noble que una botella
        De vino bien conversado
        Entre dos almas gemelas?

        El vino tiene un poder
        Que admira y que desconcierta
        Transmuta la nieve en fuego
        Y al fuego lo vuelve piedra.

        El vino es todo, es el mar
        Las botas de veinte leguas
        La alfombra mágica, el sol
        El loro de siete lenguas.

        Algunos toman por sed
        Otros por olvidar deudas.

        Y yo por ver lagartijas
        Y sapos en las estrellas.

        El hombre que no se bebe
        Su copa sanguinolenta
        No puede ser, creo yo
        Cristiano de buena cepa.

        El vino puede tomarse
        En lata, cristal o greda
        Pero es mejor en copihue
        En fucsia o en azucena.

        El pobre toma su trago
        Para compensar las deudas
        Que no se pueden pagar
        Con lágrimas ni con huelgas.

        Si me dieran a elegir
        Entre diamantes y perlas
        Yo elegiría un racimo
        De uvas blancas y negras.

        El ciego con una copa
        Ve chispas y ve centellas
        Y el cojo de nacimiento
        Se pone a bailar la cueca.

        El vino cuando se bebe
        Con inspiración sincera
        Sólo puede compararse
        Al beso de una doncella.

        Por todo lo cual levanto
        Mi copa al sol de la noche
        Y bebo el vino sagrado
        Que hermana los corazones.

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      Creo en un más allá

        Creo en un más allá
        Donde se cumplen todos los ideales
        Amistad
        Igualdad
        Fraternidad
        Excepción hecha de la liberta
        Esa no se consigue en ninguna parte
        Somos esclavos por naturaleza.

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      Cronos

        En Santiago de Chile
        Los
        Días
        Son
        Interminablemente
        Largos:

        Varias eternidades en un día.

        Nos desplazamos a lomo de luma
        Como los vendedores de cochayuyo:
        Se bosteza. Se vuelve a bostezar.

        Sin embargo las semanas son cortas
        Los meses pasan a toda carrera
        Ylosañosparecequevolaran.

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      Defensa del árbol

        Por qué te entregas a esa piedra
        Niño de ojos almendrados
        Con el impuro pensamiento
        De derramarla contra el árbol.
        Quien no hace nunca daño a nadie
        No se merece tan mal trato.
        Ya sea sauce pensativo
        Ya melancólico naranjo
        Debe ser siempre por el hombre
        Bien distinguido y respetado:
        Niño perverso que lo hiera
        Hiere a su padre y a su hermano.
        Yo no comprendo, francamente,
        Cómo es posible que un muchacho
        Tenga este gesto tan indigno
        Siendo tan rubio y delicado.
        Seguramente que tu madre
        No sabe el cuervo que ha criado,
        Te cree un hombre verdadero,
        Yo pienso todo lo contrario:
        Creo que no hay en todo Chile
        Niño tan malintencionado.
        ¡Por qué te entregas a esa piedra
        Como a un puñal envenenado,
        Tú que comprendes claramente
        La gran persona que es el árbol!
        Él da la fruta deleitosa
        Más que la leche, más que el nardo;
        Leña de oro en el invierno,
        Sombra de plata en el verano
        Y, lo que es más que todo junto,
        Crea los vientos y los pájaros.
        Piénsalo bien y reconoce
        Que no hay amigo como el árbol,
        Adonde quiera que te vuelvas
        Siempre lo encuentras a tu lado,
        Vayas pisando tierra firme
        O móvil mar alborotado,
        Estés meciéndote en la cuna
        O bien un día agonizando,
        Más fiel que el vidrio del espejo
        Y más sumiso que un esclavo.
        Medita un poco lo que haces
        Mira que Dios te está mirando,
        Ruega al Señor que te perdone
        De tan gravísimo pecado
        Y nunca más la piedra ingrata
        Salga silbando de tu mano.

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      El hombre imaginario

        El hombre imaginario
        Vive en una mansión imaginaria
        Rodeada de árboles imaginarios
        A la orilla de un río imaginario.

        De los muros que son imaginarios
        Penden antiguos cuadros imaginarios
        Irreparables grietas imaginarias
        Que representan hechos imaginarios
        Ocurridos en mundos imaginarios
        En lugares y tiempos imaginarios.

        Todas las tardes tardes imaginarias
        Sube las escaleras imaginarias
        Y se asoma al balcón imaginario
        A mirar el paisaje imaginario
        Que consiste en un valle imaginario
        Circundado de cerros imaginarios.

        Sombras imaginarias
        Vienen por el camino imaginario
        Entonando canciones imaginarias
        A la muerte del sol imaginario.

        Y en las noches de luna imaginaria
        Sueña con la mujer imaginaria
        Que le brindó su amor imaginario
        Vuelve a sentir ese mismo dolor
        Ese mismo placer imaginario
        Y vuelve a palpitar
        El corazón del hombre imaginario.

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      El peregrino

        Atención, señoras y señores, un momento de atención:
        Volved un instante la cabeza hacia este lado de la república,
        Olvidad por una noche vuestros asuntos personales,
        El placer y el dolor pueden aguardar a la puerta:
        Una voz se oye desde este lado de la república.
        ¡Atención, señoras y señores! ¡Un momento de atención!

        Un alma que ha estado embotellada durante años
        En una especie de abismo sexual e intelectual
        Alimentándose escasamente por la nariz
        Desea hacerse escuchar por ustedes.
        Deseo que se me informe sobre algunas materias,
        Necesito un poco de luz, el jardín se cubre de moscas,
        Me encuentro en un desastroso estado mental,
        Razono a mi manera;
        Mientras digo estas cosas veo una bicicleta apoyada en un muro,
        Veo un puente
        Y un automóvil que desaparece entre los edificios.

        Ustedes se peinan, es cierto, ustedes andan a pie por los jardines,
        Debajo de la piel ustedes tienen otra piel,
        Ustedes poseen un séptimo sentido
        Que les permite entrar y salir automáticamente.
        Pero yo soy un niño que llama a su madre detrás de las rocas,
        Soy un peregrino que hace saltar las piedras a la altura de su nariz,
        Un árbol que pide a gritos se le cubra de hojas.

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      El túnel

        Pasé una época de mi juventud en casa de unas tías
        A raíz de la muerte de un señor íntimamente ligado a ellas
        Cuyo fantasma las molestaba sin piedad
        Haciéndoles imposible la vida.

        En el principio yo me mantuve sordo a sus telegramas
        A sus epístolas concebidas en un lenguaje de otra época
        Llenas de alusiones mitológicas
        Y de nombres propios desconocidos para mí
        Varios de ellos pertenecientes a sabios de la antigüedad
        A filósofos medievales de menor cuantía
        A simples vecinos de la localidad que ellas habitaban.

        Abandonar de buenas a primeras la universidad
        Romper con los encantos de la vida galante
        Interrumpirlo todo
        Con el objeto de satisfacer los caprichos de tres ancianas histéricas
        Llenas de toda clase de problemas personales
        Resultaba, para una persona de mi carácter,
        Un porvenir poco halagador,
        Una idea descabellada.

        Cuatro años viví en El Túnel, sin embargo,
        En comunidad con aquellas temibles damas
        Cuatro años de martirio constante
        De la mañana a la noche.
        Las horas de regocijo que pasé debajo de los árboles
        Tornáronse pronto en semanas de hastío,
        En meses de angustia que yo trataba de disimular al máximo
        Con el objeto de no despertar curiosidad en torno a mi persona,
        Tornáronse en años de ruina y de miseria
        ¡En siglos de prisión vividos por mi alma
        En el interior de una botella de mesa!

        Mi concepción espiritualista del mundo
        Me situó ante los hechos en un plano de franca inferioridad:
        Yo lo veía todo a través de un prisma
        En el fondo del cual las imágenes de mis tías se entrelazaban
        Como hilos vivientes
        Formando una especie de malla impenetrable
        Que hería mi vista haciéndola cada vez más ineficaz.

        Un joven de escasos recursos no se da cuenta de las cosas.
        Él vive en una campana de vidrio que se llama Arte
        Que se llama Lujuria, que se llama Ciencia
        Tratando de establecer contacto con un mundo de relaciones
        Que sólo existen para él y para un pequeño grupo de amigos.

        Bajo los efectos de una especie de vapor de agua
        Que se filtraba por el piso de la habitación
        Inundando la atmósfera hasta hacerlo todo invisible
        Yo pasaba las noches ante mi mesa de trabajo
        Absorbido en la práctica de la escritura automática.

        Pero para qué profundizar en estas materias desagradables
        Aquellas matronas se burlaron miserablemente de mí
        Con sus falsas promesas, con sus extrañas fantasías
        Con sus dolores sabiamente simulados
        Lograron retenerme entre sus redes durante años
        Obligándome tácitamente a trabajar para ellas
        En faenas de agricultura
        En compraventa de animales
        Hasta que una noche, mirando por la cerradura
        Me impuse que una de ellas
        ¡Mi tía paralítica!
        Caminaba perfectamente sobre la punta de sus piernas
        Y volví a la realidad con un sentimiento de los demonios.

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      Epitafio

        De estatura mediana,
        Con una voz ni delgada ni gruesa,
        Hijo mayor de profesor primario
        Y de una modista de trastienda;
        Flaco de nacimiento
        Aunque devoto de la buena mesa;
        De mejillas escuálidas
        Y de más bien abundantes orejas;
        Con un rostro cuadrado
        En que los ojos se abren apenas
        Y una nariz de boxeador mulato
        Baja a la boca de ídolo azteca
        -Todo esto bañado
        Por una luz entre irónica y pérfida-
        Ni muy listo ni tonto de remate
        Fui lo que fui: una mezcla
        De vinagre y aceite de comer
        ¡Un embutido de ángel y bestia!

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      Es olvido

        Juro que no recuerdo ni su nombre,
        Mas moriré llamándola María,
        No por simple capricho de poeta:
        Por su aspecto de plaza de provincia.
        ¡Tiempos aquellos!, yo un espantapájaros,
        Ella una joven pálida y sombría.
        Al volver una tarde del Liceo
        Supe de la su muerte inmerecida,
        Nueva que me causó tal desengaño
        Que derramé una lágrima al oírla.
        Una lágrima, sí, ¡quién lo creyera!
        Y eso que soy persona de energía.
        Si he de conceder crédito a lo dicho
        Por la gente que trajo la noticia
        Debo creer, sin vacilar un punto,
        Que murió con mi nombre en las pupilas,
        Hecho que me sorprende, porque nunca
        Fue para mí otra cosa que una amiga.
        Nunca tuve con ella más que simples
        Relaciones de estricta cortesía,
        Nada más que palabras y palabras
        Y una que otra mención de golondrinas.
        La conocí en mi pueblo (de mi pueblo
        Sólo queda un puñado de cenizas),
        Pero jamás vi en ella otro destino
        Que el de una joven triste y pensativa.
        Tanto fue así que hasta llegué a tratarla
        Con el celeste nombre de María,
        Circunstancia que prueba claramente
        La exactitud central de mi doctrina.
        Puede ser que una vez la haya besado,
        ¡Quién es el que no besa a sus amigas!
        Pero tened presente que lo hice
        Sin darme cuenta bien de lo que hacía.
        No negaré, eso sí, que me gustaba
        Su inmaterial y vaga compañía
        Que era como el espíritu sereno
        Que a las flores domésticas anima.
        Yo no puedo ocultar de ningún modo
        La importancia que tuvo su sonrisa
        Ni desvirtuar el favorable influjo
        Que hasta en las mismas piedras ejercía.
        Agreguemos, aún, que de la noche
        Fueron sus ojos fuente fidedigna.
        Mas, a pesar de todo, es necesario
        Que comprendan que yo no la quería
        Sino con ese vago sentimiento
        Con que a un pariente enfermo se designa.
        Sin embargo sucede, sin embargo,
        Lo que a esta fecha aún me maravilla,
        Ese inaudito y singular ejemplo
        De morir con mi nombre en las pupilas,
        Ella, múltiple rosa inmaculada,
        Ella, que era una lámpara legítima.
        Tiene razón, mucha razón, la gente
        Que se pasa quejando noche y día
        De que el mundo traidor en que vivimos
        Vale menos que rueda detenida:
        Mucho más honorable es una tumba,
        Vale más una hoja enmohecida,
        Nada es verdad, aquí nada perdura,
        Ni el color del cristal con que se mira.
        Hoy es un día azul de primavera,
        Creo que moriré de poesía,
        De esa famosa joven melancólica
        No recuerdo ni el nombre que tenía.
        Sólo sé que pasó por este mundo
        Como una paloma fugitiva:
        La olvidé sin quererlo, lentamente,
        Como todas las cosas de la vida.

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      Hay un día feliz

        A recorrer me dediqué esta tarde
        Las solitarias calles de mi aldea
        Acompañado por el buen crepúsculo
        Que es el único amigo que me queda.
        Todo está como entonces, el otoño
        Y su difusa lámpara de niebla,
        Sólo que el tiempo lo ha invadido todo
        Con su pálido manto de tristeza.
        Nunca pensé, creédmelo, un instante
        Volver a ver esta querida tierra,
        Pero ahora que he vuelto no comprendo
        Cómo pude alejarme de su puerta.
        Nada ha cambiado, ni sus casas blancas
        Ni sus viejos portones de madera.
        Todo está en su lugar; las golondrinas
        En la torre más alta de la iglesia;
        El caracol en el jardín, y el musgo
        En las húmedas manos de las piedras.
        No se puede dudar, este es el reino
        Del cielo azul y de las hojas secas
        En donde todo y cada cosa tiene
        Su singular y plácida leyenda:
        Hasta en la propia sombra reconozco
        La mirada celeste de mi abuela.
        Estos fueron los hechos memorables
        Que presenció mi juventud primera,
        El correo en la esquina de la plaza
        Y la humedad en las murallas viejas.
        ¡Buena cosa, Dios mío!, nunca sabe
        Uno apreciar la dicha verdadera,
        Cuando la imaginamos más lejana
        Es justamente cuando está más cerca.
        Ay de mí, ¡ay de mí!, algo me dice
        Que la vida no es más que una quimera;
        Una ilusión, un sueño sin orillas,
        Una pequeña nube pasajera.
        Vamos por partes, no sé bien qué digo,
        La emoción se me sube a la cabeza.
        Como ya era la hora del silencio
        Cuando emprendí mi singular empresa,
        Una tras otra, en oleaje mudo,
        Al establo volvían las ovejas.
        Las saludé personalmente a todas
        Y cuando estuve frente a la arboleda
        Que alimenta el oído del viajero
        Con su inefable música secreta
        Recordé el mar y enumeré las hojas
        En homenaje a mis hermanas muertas.
        Perfectamente bien. Seguí mi viaje
        Como quien de la vida nada espera.
        Pasé frente a la rueda del molino,
        Me detuve delante de una tienda:
        El olor del café siempre es el mismo,
        Siempre la misma luna en mi cabeza;
        Entre el río de entonces y el de ahora
        No distingo ninguna diferencia.
        Lo reconozco bien, éste es el árbol
        Que mi padre plantó frente a la puerta
        (Ilustre padre que en sus buenos tiempos
        Fuera mejor que una ventana abierta).
        Yo me atrevo a afirmar que su conducta
        Era un trasunto fiel de la Edad Media
        Cuando el perro dormía dulcemente
        Bajo el ángulo recto de una estrella.
        A estas alturas siento que me envuelve
        El delicado olor de las violetas
        Que mi amorosa madre cultivaba
        Para curar la tos y la tristeza.
        Cuánto tiempo ha pasado desde entonces
        No podría decirlo con certeza;
        Todo está igual, seguramente,
        El vino y el ruiseñor encima de la mesa,
        Mis hermanos menores a esta hora
        Deben venir de vuelta de la escuela:
        ¡Sólo que el tiempo lo ha borrado todo
        Como una blanca tempestad de arena!

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      La poesía terminó conmigo

        Yo no digo que ponga fin a nada
        No me hago ilusiones al respecto
        Yo quería seguir poetizando
        Pero se terminó la inspiración.
        La poesía se ha portado bien
        Yo me he portado horriblemente mal.

        Qué gano con decir
        Yo me he portado bien
        La poesía se ha portado mal
        Cuando saben que yo soy el culpable.
        ¡Está bien que me pase por imbécil!

        La poesía se ha portado bien
        Yo me he portado horriblemente mal
        La poesía terminó conmigo.

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      La trampa

        Por aquel tiempo yo rehuía las escenas demasiado misteriosas.
        Como los enfermos del estómago que evitan las comidas pesadas
        Prefería quedarme en casa dilucidando algunas cuestiones
        Referentes a la reproducción de las arañas,
        Con cuyo objeto me recluía en el jardín
        Y no aparecía en público hasta avanzadas horas de la noche;
        O también en mangas de camisa, en actitud desafiante,
        Solía lanzar iracundas miradas a la luna
        Procurando evitar esos pensamientos atrabiliarios
        Que se pegan como pólipos al alma humana.
        En la soledad poseía un dominio absoluto sobre mí mismo,
        Iba de un lado a otro con plena conciencia de mis actos
        O me tendía entre las tablas de la bodega
        A soñar, a idear mecanismos, a resolver pequeños problemas de emergencia.
        Aquellos eran los momentos en que ponía en práctica mi célebre método onírico,
        Que consiste en violentarse a sí mismo y soñar lo que se desea,
        En promover escenas preparadas de antemano con participación del más allá.
        De este modo lograba obtener informaciones preciosas
        Referentes a una serie de dudas que aquejan al ser:
        Viajes al extranjero, confusiones eróticas, complejos religiosos.
        Pero todas las precauciones eran pocas
        Puesto que por razones difíciles de precisar
        Comenzaba a deslizarme automáticamente por una especie de plano inclinado,
        Como un globo que se desinfla mi alma perdía altura,
        El instinto de conservación dejaba de funcionar
        Y privado de mis prejuicios más esenciales
        Caía fatalmente en la trampa del teléfono
        Que como un abismo atrae a los objetos que lo rodean
        Y con manos trémulas marcaba ese número maldito
        Que aún suelo repetir automáticamente mientras duermo.
        De incertidumbre y de miseria eran aquellos segundos
        Es que yo, como un esqueleto de pie delante de esa mesa del infierno
        Cubierta de una cretona amarilla,
        Esperaba una respuesta desde el otro extremo del mundo,
        La otra mitad de mi ser prisionera en un hoyo.
        Esos ruidos entrecortados del teléfono
        Producían en mí el efecto de las máquinas perforadoras de los dentistas,
        Se incrustaban en mi alma como agujas lanzadas desde lo alto
        Hasta que, llegado el momento preciso,
        Comenzaba a transpirar y a tartamudear febrilmente.
        Mi lengua parecida a un beefsteak de ternera
        Se interponía entre mi ser y mi interlocutora
        Como esas cortinas negras que nos separan de los muertos.
        Yo no deseaba sostener esas conversaciones demasiado íntimas
        Que, sin embargo, yo mismo provocaba en forma torpe
        Con mi voz anhelante, cargada de electricidad.
        Sentirme llamado por mi nombre de pila
        En ese tono de familiaridad forzada
        Me producía malestares difusos,
        Perturbaciones locales de angustia que yo procuraba conjurar
        A través de un método rápido de preguntas y respuestas
        Creando en ella un estado de efervescencia pseudoerótico
        Que a la postre venía a repercutir en mí mismo
        Bajo la forma de incipientes erecciones y de una sensación de fracaso.
        Entonces me reía a la fuerza cayendo después en un estado de postración mental.
        Aquellas charlas absurdas se prolongaban algunas horas
        Hasta que la dueña de la pensión aparecía detrás del biombo
        Interrumpiendo bruscamente aquel idilio estúpido,
        Aquellas contorsiones de postulante al cielo
        Y aquellas catástrofes tan deprimentes para mi espíritu
        Que no terminaban completamente con colgar el teléfono
        Ya que, por lo general, quedábamos comprometidos
        A vernos al día siguiente en una fuente de soda
        O en la puerta de una iglesia de cuyo nombre no quiero acordarme.

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      La víbora

        Durante largos años estuve condenado a adorar a una mujer despreciable
        Sacrificarme por ella, sufrir humillaciones y burlas sin cuento,
        Trabajar día y noche para alimentarla y vestirla,
        Llevar a cabo algunos delitos, cometer algunas faltas,
        A la luz de la luna realizar pequeños robos,
        Falsificaciones de documentos comprometedores,
        So pena de caer en descrédito ante sus ojos fascinantes.
        En horas de comprensión solíamos concurrir a los parques
        Y retratarnos juntos manejando una lancha a motor,
        O nos íbamos a un café danzante
        Donde nos entregábamos a un baile desenfrenado
        Que se prolongaba hasta altas horas de la madrugada.

        Largos años viví prisionero del encanto de aquella mujer
        Que solía presentarse a mi oficina completamente desnuda
        Ejecutando las contorsiones más difíciles de imaginar
        Con el propósito de incorporar mi pobre alma a su órbita
        Y, sobre todo, para extorsionarme hasta el último centavo.
        Me prohibía estrictamente que me relacionase con mi familia.
        Mis amigos eran separados de mí mediante libelos infamantes
        Que la víbora hacía publicar en un diario de su propiedad.
        Apasionada hasta el delirio no me daba un instante de tregua,
        Exigiéndome perentoriamente que besara su boca
        Y que contestase sin dilación sus necias preguntas
        Varias de ellas referentes a la eternidad y a la vida futura
        Temas que producían en mí un lamentable estado de ánimo,
        Zumbidos de oídos, entrecortadas náuseas, desvanecimientos prematuros
        Que ella sabía aprovechar con ese espíritu práctico que la caracterizaba
        Para vestirse rápidamente sin pérdida de tiempo
        Y abandonar mi departamento dejándome con un palmo de narices.

        Esta situación se prolongó por más de cinco años.
        Por temporadas vivíamos juntos en una pieza redonda
        Que pagábamos a medias en un barrio de lujo cerca del cementerio.
        (Algunas noches hubimos de interrumpir nuestra luna de miel
        Para hacer frente a las ratas que se colaban por la ventana).
        Llevaba la víbora un minucioso libro de cuentas
        En el que anotaba hasta el más mínimo centavo que yo le pedía en préstamo;
        No me permitía usar el cepillo de dientes que yo mismo le había regalado
        Y me acusaba de haber arruinado su juventud:
        Lanzando llamas por los ojos me emplazaba a comparecer ante el juez
        Y pagarle dentro de un plazo prudente parte de la deuda
        Pues ella necesitaba ese dinero para continuar sus estudios
        Entonces hube de salir a la calle y vivir de la caridad pública,
        Dormir en los bancos de las plazas,
        Donde fui encontrado muchas veces moribundo por la policía
        Entre las primeras hojas del otoño.
        Felizmente aquel estado de cosas no pasó más adelante,
        Porque cierta vez en que yo me encontraba en una plaza también
        Posando frente a una cámara fotográfica
        Unas deliciosas manos femeninas me vendaron de pronto la vista
        Mientras una voz amada para mí me preguntaba quién soy yo.
        Tú eres mi amor, respondí con serenidad.
        ¡Ángel mío, dijo ella nerviosamente,
        Permite que me siente en tus rodillas una vez más!
        Entonces pude percatarme de que ella se presentaba ahora
        provista de un pequeño taparrabos.
        Fue un encuentro memorable, aunque lleno de notas discordantes:
        Me he comprado una parcela, no lejos del matadero, exclamó,
        Allí pienso construir una especie de pirámide
        En la que podamos pasar los últimos días de nuestra vida.
        Ya he terminado mis estudios, me he recibido de abogado,
        Dispongo de un buen capital;
        Dediquémonos a un negocio productivo, los dos, amor mío, agregó,
        Lejos del mundo construyamos nuestro nido.
        Basta de sandeces, repliqué, tus planes me inspiran desconfianza,
        Piensa que de un momento a otro mi verdadera mujer
        Puede dejarnos a todos en la miseria más espantosa.
        Mis hijos han crecido ya, el tiempo ha transcurrido,
        Me siento profundamente agotado, déjame reposar un instante,
        Tráeme un poco de agua, mujer,
        Consígueme algo de comer en alguna parte,
        Estoy muerto de hambre,
        No puedo trabajar más para ti,
        Todo ha terminado entre nosotros.

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      Manifiesto

        Señoras y señores
        Ésta es nuestra última palabra.
        —Nuestra primera y última palabra—
        Los poetas bajaron del Olimpo.

        Para nuestros mayores
        La poesía fue un objeto de lujo
        Pero para nosotros
        Es un artículo de primera necesidad:
        No podemos vivir sin poesía.

        A diferencia de nuestros mayores
        —Y esto lo digo con todo respeto—
        Nosotros sostenemos
        Que el poeta no es un alquimista
        El poeta es un hombre como todos
        Un albañil que construye su muro:
        Un constructor de puertas y ventanas.

        Nosotros conversamos
        En el lenguaje de todos los días
        No creemos en signos cabalísticos.

        Además una cosa:
        El poeta está ahí
        Para que el árbol no crezca torcido.

        Éste es nuestro mensaje.
        Nosotros denunciamos al poeta demiurgo
        Al poeta Barata
        Al poeta Ratón de Biblioteca.
        Todos estos señores
        —Y esto lo digo con mucho respeto—
        Deben ser procesados y juzgados
        Por construir castillos en el aire
        Por malgastar el espacio y el tiempo
        Redactando sonetos a la luna
        Por agrupar palabras al azar
        A la última moda de París.
        Para nosotros no:
        El pensamiento no nace en la boca
        Nace en el corazón del corazón.

        Nosotros repudiamos
        La poesía de gafas obscuras
        La poesía de capa y espada
        La poesía de sombrero alón.
        Propiciamos en cambio
        La poesía a ojo desnudo
        La poesía a pecho descubierto
        La poesía a cabeza desnuda.

        No creemos en ninfas ni tritones.
        La poesía tiene que ser esto:
        Una muchacha rodeada de espigas
        O no ser absolutamente nada.

        Ahora bien, en el plano político
        Ellos, nuestros abuelos inmediatos,
        ¡Nuestros buenos abuelos inmediatos!
        Se refractaron y se dispersaron
        Al pasar por el prisma de cristal.
        Unos pocos se hicieron comunistas.
        Yo no sé si lo fueron realmente.
        Supongamos que fueron comunistas,
        Lo que sé es una cosa:
        Que no fueron poetas populares,
        Fueron unos reverendos poetas burgueses.

        Hay que decir las cosas como son:
        Sólo uno que otro
        Supo llegar al corazón del pueblo.
        Cada vez que pudieron
        Se declararon de palabra y de hecho
        Contra la poesía dirigida
        Contra la poesía del presente
        Contra la poesía proletaria.

        Aceptemos que fueron comunistas
        Pero la poesía fue un desastre
        Surrealismo de segunda mano
        Decadentismo de tercera mano,
        Tablas viejas devueltas por el mar.
        Poesía adjetiva
        Poesía nasal y gutural
        Poesía arbitraria
        Poesía copiada de los libros
        Poesía basada
        En la revolución de la palabra
        En circunstancias de que debe fundarse
        En la revolución de las ideas.
        Poesía de círculo vicioso
        Para media docena de elegidos:
        "Libertad absoluta de expresión".

        Hoy nos hacemos cruces preguntando
        Para qué escribirían esas cosas
        ¿Para asustar al pequeño burgués?
        ¡Tiempo perdido miserablemente!
        El pequeño burgués no reacciona
        Sino cuando se trata del estómago.

        ¡Qué lo van a asustar con poesías!

        La situación es ésta:
        Mientras ellos estaban
        Por una poesía del crepúsculo
        Por una poesía de la noche
        Nosotros propugnamos
        La poesía del amanecer.
        Éste es nuestro mensaje,
        Los resplandores de la poesía
        Deben llegar a todos por igual
        La poesía alcanza para todos.

        Nada más, compañeros
        Nosotros condenamos
        —Y esto sí que lo digo con respeto—
        La poesía de pequeño dios
        La poesía de vaca sagrada
        La poesía de toro furioso.

        Contra la poesía de las nubes
        Nosotros oponemos
        La poesía de la tierra firme
        —Cabeza fría, corazón caliente
        Somos tierrafirmistas decididos—
        Contra la poesía de café
        La poesía de la naturaleza
        Contra la poesía de salón
        La poesía de la plaza pública
        La poesía de protesta social.

        Los poetas bajaron del Olimpo.

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      No creo en la vía pacífica

        No creo en la vía violenta
        Me gustaría creer
        En algo —pero no creo
        Creer es creer en Dios
        Lo único que yo hago
        Es encogerme de hombros
        Perdónenme la franqueza
        No creo ni en la Vía Láctea.

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      Notas de viaje

        Yo me mantuve alejado de mi puesto durante años
        Me dediqué a viajar, a cambiar impresiones con mis interlocutores
        Me dediqué a dormir;
        Pero las escenas vividas en épocas anteriores se hacían
        Presentes en mi memoria.
        Durante el baile yo pensaba en cosas absurdas:
        Pensaba en unas lechugas vistas el día anterior
        Al pasar delante de la cocina,
        Pensaba un sinnúmero de cosas fantásticas relacionadas con mi familia;
        Entretanto el barco ya había entrado al río
        Se abría paso a través de un banco de medusas.
        Aquellas escenas fotográficas afectaban mi espíritu,
        Me obligaban a encerrarme en mi camarote;
        Comía a la fuerza, me rebelaba contra mí mismo,
        Constituía un peligro permanente a bordo
        Puesto que en cualquier momento podía salir con un contrasentido.

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      Palabras a Tomás Lago

        Antes de entrar en materia,
        Antes, pero mucho antes de entrar en espíritu,
        Piensa un poco en ti mismo, Tomás
        Lago y considera lo que está por venir,
        También lo que está por huir para siempre
        De ti, de mí,
        De las personas que nos escuchan.

        Me refiero a una sombra,
        A ese trozo de ser que tú arrastras
        Como a una bestia a quien hay que dar de comer y de beber
        Y me refiero a un objeto,
        A esos muebles de estilo que tú coleccionas con horror
        A esas coronas mortuorias y a esas espantosas sillas de montar,
        (Me refiero a una luz).

        Te vi por primera vez en Chillán
        En una sala llena de sillas y mesas
        A unos pasos de la tumba de tu padre.
        Tú comías un pollo frío,
        A grandes sorbos hacías sonar una botella de vino.

        Dime de dónde habías llegado.
        El nocturno siguió viaje al sur,
        Tú hacías un viaje de placer
        ¿O te presentabas acaso vestido de incógnito?

        En aquella época ya eras un hombre de edad,
        Luego vinieron unas quintas de recreo
        Que más parecían mataderos de seres humanos:
        Había que andar casi toda la noche en tranvía
        Para llegar a ese lugar maldito,
        A esa letrina cubierta de flores.

        Vinieron también esas conferencias desorganizadas,
        Ese polvo mortal de la Feria del Libro,
        Vinieron, Tomás, esas elecciones angustiosas,
        Esas ilusiones y esas alucinaciones.

        ¡Qué triste ha sido todo esto!
        ¡Qué triste! Pero, ¡qué alegre a la vez!
        ¡Qué edificante espectáculo hemos dado nosotros
        Con nuestras llagas, con nuestros dolores!

        A todo lo cual vino a sumarse un afán,
        Un temor,
        Vinieron a sumarse miles de pequeños dolores,
        ¡Vino a sumarse, en fin, un dolor más profundo y más agudo!

        Piensa, pues, un momento en estas cosas,
        En lo poco y nada que va quedando de nosotros,
        Si te parece, piensa en el más allá,
        Porque es justo pensar
        Y porque es útil creer que pensamos.

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      Preguntas a la hora del té

        Este señor desvaído parece
        Una figura de un museo de cera;
        Mira a través de los visillos rotos:
        Qué vale más, ¿el oro o la belleza?,
        ¿Vale más el arroyo que se mueve
        O la chépica fija a la ribera?
        A lo lejos se oye una campana
        Que abre una herida más, o que la cierra:
        ¿Es más real el agua de la fuente
        O la muchacha que se mira en ella?
        No se sabe, la gente se lo pasa
        Construyendo castillos en la arena.
        ¿Es superior el vaso transparente
        A la mano del hombre que lo crea?
        Se respira una atmósfera cansada
        De ceniza, de humo, de tristeza:
        Lo que se vio una vez ya no se vuelve
        A ver igual, dicen las hojas secas.
        Hora del té, tostadas, margarina.
        Todo envuelto en una especie de niebla.

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      Recuerdos de juventud

        Lo cierto es que yo iba de un lado a otro,
        A veces chocaba con los árboles,
        Chocaba con los mendigos,
        Me abría paso a través de un bosque de sillas y mesas,
        Con el alma en un hilo veía caer las grandes hojas.
        Pero todo era inútil,
        Cada vez me hundía más y más en una especie de jalea;
        La gente se reía de mis arrebatos,
        Los individuos se agitaban en sus butacas
        Como algas movidas por las olas
        Y las mujeres me dirigían miradas de odio
        Haciéndome subir, haciéndome bajar,
        Haciéndome llorar y reír en contra de mi voluntad.

        De todo esto resultó un sentimiento de asco,
        Resultó una tempestad de frases incoherentes,
        Amenazas, insultos, juramentos que no venían al caso,
        Resultaron unos movimientos agotadores de caderas,
        Aquellos bailes fúnebres
        Que me dejaban sin respiración
        Y que me impedían levantar cabeza durante días,
        Durante noches.

        Yo iba de un lado a otro, es verdad,
        Mi alma flotaba en las calles
        Pidiendo socorro, pidiendo un poco de ternura;
        Con una hoja de papel y un lápiz yo entraba en los cementerios
        Dispuesto a no dejarme engañar.
        Daba vueltas y vueltas en torno al mismo asunto,
        Observaba de cerca las cosas
        O en un ataque de ira me arrancaba los cabellos.

        De esa manera hice mi debut en las salas de clases,
        Como un herido a bala me arrastré por los ateneos,
        Crucé el umbral de las casas particulares,
        Con el filo de la lengua traté de comunicarme con los espectadores:
        Ellos leían el periódico
        O desaparecían detrás de un taxi.

        ¡A dónde ir entonces!
        A esas horas el comercio estaba cerrado;
        Yo pensaba en un trozo de cebolla visto durante la cena
        Y en el abismo que nos separa de los otros abismos.

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      Resurrección

        Una vez en un parque de Nueva York
        Una paloma vino a morir a mis pies
        Agonizó durante algunos segundos
        Y murió
        Pero lo que nadie me va a creer
        Es que resucitó de inmediato
        Sin darme tiempo para reaccionar
        Y emprendió el vuelo
        Como si nunca hubiera estado muerta.

        Y yo me quedé mirándola zigzaguear
        Entre los edificios de departamentos
        Y me quedé pensando tantas cosas.

        Era un día de otoño
        Pero que parecía primavera.

      Arriba

      Se canta al mar

        Nada podrá apartar de mi memoria
        La luz de aquella misteriosa lámpara,
        Ni el resultado que en mis ojos tuvo
        Ni la impresión que me dejó en el alma.
        Todo lo puede el tiempo, sin embargo
        Creo que ni la muerte ha de borrarla.
        Voy a explicarme aquí, si me permiten,
        Con el eco mejor de mi garganta.
        Por aquel tiempo yo no comprendía
        Francamente ni cómo me llamaba,
        No había escrito aún mi primer verso
        Ni derramado mi primera lágrima;
        Era mi corazón ni más ni menos
        Que el olvidado kiosko de una plaza.
        Mas sucedió que cierta vez mi padre
        Fue desterrado al sur, a la lejana
        Isla de Chiloé donde el invierno
        Es como una ciudad abandonada.
        Partí con él y sin pensar llegamos
        A Puerto Mont una mañana clara.
        Siempre había vivido mi familia
        En el valle central o en la montaña,
        De manera que nunca, ni por pienso,
        Se conversó del mar en nuestra casa.
        Sobre este punto yo sabía apenas
        Lo que en la escuela pública enseñaban
        Y una que otra cuestión de contrabando
        De las cartas de amor de mis hermanas.
        Descendimos del tren entre banderas
        Y una solemne fiesta de campanas
        Cuando mi padre me cogió de un brazo
        Y volviendo los ojos a la blanca,
        Libre y eterna espuma que a lo lejos
        Hacia un país sin nombre navegaba,
        Como quien reza una oración me dijo
        Con voz que tengo en el oído intacta:
        "Este es, muchacho, el mar". El mar sereno,
        El mar que baña de cristal la patria.
        No sé decir por qué, pero es el caso
        Que una fuerza mayor me llenó el alma
        Y sin medir, sin sospechar siquiera,
        La magnitud real de mi campaña,
        Eché a correr, sin orden ni concierto,
        Como un desesperado hacia la playa
        Y en un instante memorable estuve
        Frente a ese gran señor de las batallas.
        Entonces fue cuando extendí los brazos
        Sobre el haz ondulante de las aguas,
        Rígido el cuerpo, las pupilas fijas,
        En la verdad sin fin de la distancia,
        Sin que en mi ser moviérase un cabello,
        ¡Como la sombra azul de las estatuas!
        Cuánto tiempo duró nuestro saludo
        No podrían decirlo las palabras.
        Sólo debo agregar que en aquel día
        Nació en mi mente la inquietud y el ansia
        De hacer en verso lo que en ola y ola
        Dios a mi vista sin cesar creaba.
        Desde ese entonces data la ferviente
        Y abrasadora sed que me arrebata:
        Es que, en verdad, desde que existe el mundo,
        La voz del mar en mi persona estaba.

      Arriba

      Sinfonía de cuna

        Una vez andando
        Por un parque inglés
        Con un angelorum
        Sin querer me hallé.

        Buenos días, dijo,
        Yo le contesté,
        Él en castellano,
        Pero yo en francés.

        Dites moi, don angel.
        Comment va monsieur.

        Él me dio la mano,
        Yo le tomé el pie
        ¡Hay que ver, señores,
        Cómo un ángel es!

        Fatuo como el cisne,
        Frío como un riel,
        Gordo como un pavo,
        Feo como usted.

        Susto me dio un poco
        Pero no arranqué.

        Le busqué las plumas,
        Plumas encontré,
        Duras como el duro
        Cascarón de un pez.

        ¡Buenas con que hubiera
        Sido Lucifer!

        Se enojó conmigo,
        Me tiró un revés
        Con su espada de oro,
        Yo me le agaché.

        Ángel más absurdo
        Non volveré a ver.

        Muerto de la risa
        Dije good bye, sir,
        Siga su camino,
        Que le vaya bien,
        Que la pise el auto,
        Que la mate el tren.

        Ya se acabó el cuento,
        Uno, dos y tres.

      Arriba

      Soliloquio del individuo

        Yo soy el individuo.
        Primero viví en una roca
        (Allí grabé algunas figuras).
        Luego busqué un lugar más apropiado.
        Yo soy el individuo.
        Primero tuve que procurarme alimentos,
        Buscar peces, pájaros, buscar leña,
        (Ya me preocuparía de los demás asuntos).
        Hacer una fogata,
        Leña, leña, dónde encontrar un poco de leña,
        Algo de leña para hacer una fogata,
        Yo soy el Individuo.
        Al mismo tiempo me pregunté,
        Fui a un abismo lleno de aire;
        Me respondió una voz:
        Yo soy el individuo.
        Después traté de cambiarme a otra roca,
        Allí también grabé figuras,
        Grabé un río, búfalos,
        Grabé una serpiente
        Yo soy el individuo.
        Pero no. Me aburrí de las cosas que hacía,
        El fuego me molestaba,
        Quería ver más,
        Yo soy el individuo.
        Bajé a un valle regado por un río,
        Allí encontré lo que necesitaba,
        Encontré un pueblo salvaje,
        Una tribu,
        Yo soy el individuo.
        Vi que allí se hacían algunas cosas,
        Figuras grababan en las rocas,
        Hacían fuego, ¡también hacían fuego!
        Yo soy el individuo.
        Me preguntaron que de dónde venía.
        Contesté que sí, que no tenía planes determinados,
        Contesté que no, que de allí en adelante.
        Bien.
        Tomé entonces un trozo de piedra que encontré en un río
        Y empecé a trabajar con ella,
        Empecé a pulirla,
        De ella hice una parte de mi propia vida.
        Pero esto es demasiado largo.
        Corté unos árboles para navegar,
        Buscaba peces,
        Buscaba diferentes cosas,
        (Yo soy el individuo).
        Hasta que me empecé a aburrir nuevamente.
        Las tempestades aburren,
        Los truenos, los relámpagos,
        Yo soy el individuo.
        Bien. Me puse a pensar un poco,
        Preguntas estúpidas se me venían a la cabeza.
        Falsos problemas.
        Entonces empecé a vagar por unos bosques.
        Llegué a un árbol y a otro árbol;
        Llegué a una fuente,
        A una fosa en que se veían algunas ratas:
        Aquí vengo yo, dije entonces,
        ¿Habéis visto por aquí una tribu,
        Un pueblo salvaje que hace fuego?
        De este modo me desplacé hacia el oeste
        Acompañado por otros seres,
        O más bien solo.
        Para ver hay que creer, me decían,
        Yo soy el individuo.
        Formas veía en la obscuridad,
        Nubes tal vez,
        Tal vez veía nubes, veía relámpagos,
        A todo esto habían pasado ya varios días,
        Yo me sentía morir;
        Inventé unas máquinas,
        Construí relojes,
        Armas, vehículos,
        Yo soy el individuo.
        Apenas tenía tiempo para enterrar a mis muertos,
        Apenas tenía tiempo para sembrar,
        Yo soy el individuo.
        Años más tarde concebí unas cosas,
        Unas formas,
        Crucé las fronteras
        y permanecí fijo en una especie de nicho,
        En una barca que navegó cuarenta días,
        Cuarenta noches,
        Yo soy el Individuo.
        Luego vinieron unas sequías,
        Vinieron unas guerras,
        Tipos de color entraron al valle,
        Pero yo debía seguir adelante,
        Debía producir.
        Produje ciencia, verdades inmutables,
        Produje tanagras,
        Di a luz libros de miles de páginas,
        Se me hinchó la cara,
        Construí un fonógrafo,
        La máquina de coser,
        Empezaron a aparecer los primeros automóviles,
        Yo soy el individuo.
        Alguien segregaba planetas,
        ¡Árboles segregaba!
        Pero yo segregaba herramientas,
        Muebles, útiles de escritorio,
        Yo soy el individuo.
        Se construyeron también ciudades,
        Rutas
        Instituciones religiosas pasaron de moda,
        Buscaban dicha, buscaban felicidad,
        Yo soy el individuo.
        Después me dediqué mejor a viajar,
        A practicar, a practicar idiomas,
        Idiomas,
        Yo soy el individuo.
        Miré por una cerradura,
        Sí, miré, qué digo, miré,
        Para salir de la duda miré,
        Detrás de unas cortinas,
        Yo soy el individuo.
        Bien.
        Mejor es tal vez que vuelva a ese valle,
        A esa roca que me sirvió de hogar,
        Y empiece a grabar de nuevo,
        De atrás para adelante grabar
        El mundo al revés.
        Pero no: la vida no tiene sentido.

      Arriba

      Solo de piano

        Ya que la vida del hombre no es sino una acción a distancia,
        Un poco de espuma que brilla en el interior de un vaso;
        Ya que los árboles no son sino muebles que se agitan:
        No son sino sillas y mesas en movimiento perpetuo;
        Ya que nosotros mismos no somos más que seres
        (Como el dios mismo no es otra cosa que Dios)
        Ya que no hablamos para ser escuchados
        Sino que para que los demás hablen
        Y el eco es anterior a las voces que lo producen,
        Ya que ni siquiera tenemos el consuelo de un caos
        En el jardín que bosteza y que se llena de aire,
        Un rompecabezas que es preciso resolver antes de morir
        Para poder resucitar después tranquilamente
        Cuando se ha usado en exceso de la mujer;
        Ya que también existe un cielo en el infierno,
        Dejad que yo también haga algunas cosas:

        Yo quiero hacer un ruido con los pies
        Y quiero que mi alma encuentre su cuerpo.

      Arriba

      Test

        Qué es un antipoeta:
        ¿Un comerciante en urnas y ataúdes?
        ¿Un sacerdote que no cree en nada?
        ¿Un general que duda de sí mismo?
        ¿Un vagabundo que se ríe de todo,
        Hasta de la vejez y de la muerte?
        ¿Un interlocutor de mal carácter?
        ¿Un bailarín al borde del abismo?
        ¿Un narciso que ama a todo el mundo?
        ¿Un bromista sangriento,
        Deliberadamente miserable?
        ¿Un poeta que duerme en una silla?
        ¿Un alquimista de los tiempos modernos?
        ¿Un revolucionario de bolsillo?
        ¿Un pequeño burgués?
        ¿Un charlatán?
        ¿Un dios?
        ¿Un inocente?
        ¿Un aldeano de Santiago de Chile?
        Subraye la frase que considere correcta.

        Qué es la antipoesía:
        ¿Un temporal en una taza de té?
        ¿Una mancha de nieve en una roca?
        ¿Un azafate lleno de excrementos humanos,
        Como lo cree el padre Salvatierra?
        ¿Un espejo que dice la verdad?
        ¿Un bofetón al rostro
        Del Presidente de la Sociedad de Escritores?
        (Dios lo tenga en su santo reino)
        ¿Una advertencia a los poetas jóvenes?
        ¿Un ataúd a chorro?
        ¿Un ataúd a fuerza centrífuga?
        ¿Un ataúd a gas de parafina?
        ¿Una capilla ardiente sin difunto?

        Marque con una cruz
        La definición que considere correcta.

      Arriba

      Tres poesías

        1
        Ya no me queda nada por decir
        Todo lo que tenía que decir
        Ha sido dicho no sé cuántas veces.

        2
        He preguntado no sé cuántas veces
        Pero nadie contesta mis preguntas.
        Es absolutamente necesario
        Que el abismo responda de una vez
        Porque ya va quedando poco tiempo.

        3
        Sólo una cosa es clara:
        Que la carne se llena de gusanos.

      Arriba

      Último brindis

        Lo queramos o no
        Sólo tenemos tres alternativas:
        El ayer, el presente y el mañana.

        Y ni siquiera tres
        Porque como dice el filósofo
        El ayer es ayer
        Nos pertenece sólo en el recuerdo:
        A la rosa que ya se deshojó
        No se le puede sacar otro pétalo.

        Las cartas por jugar
        Son solamente dos:
        El presente y el día de mañana.

        Y ni siquiera dos
        Porque es un hecho bien establecido
        Que el presente no existe
        Sino en la medida en que se hace pasado
        Y ya pasó...
        Como la juventud.

        En resumidas cuentas
        Sólo nos va quedando el mañana:
        Yo levanto mi copa
        Por ese día que no llega nunca
        Pero que es lo único
        De lo que realmente disponemos.

      Arriba

      ¡Viva la cordillera de los Andes!

        Tengo unas ganas locas de gritar
        Viva la Cordillera de los Andes
        Muera la Cordillera de la Costa.
        La razón ni siquiera la sospecho

        Pero no puedo más:
        ¡Viva la Cordillera de los Andes!
        ¡Muera la Cordillera de la Costa!

        Hace cuarenta años
        Que quería romper el horizonte,
        Ir más allá de mis propias narices,
        Pero no me atrevía.
        Ahora no, señores,
        Se terminaron las contemplaciones:
        ¡Viva la Cordillera de los Andes!
        ¡Muera la Cordillera de la Costa!

        ¿Oyeron lo que dije?
        ¡Se terminaron las contemplaciones!
        ¡Viva la Cordillera de los Andes!
        ¡Muera la Cordillera de la Costa!

        Claro que no respondo
        Si se me cortan las cuerdas vocales
        (En un caso como éste
        Es bastante probable que se corten)
        Bueno, si se me cortan
        Quiere decir que no tengo remedio
        Que se perdió la última esperanza.

        Yo soy un mercader
        Indiferente a las puestas de sol
        Un profesor de pantalones verdes
        Que se deshace en gotas de rocío
        Un pequeño burgués es lo que soy
        ¡Qué me importan a mí los arreboles!
        Sin embargo me subo a los balcones
        Para gritar a todo lo que doy
        ¡Viva la Cordillera de los Andes!
        ¡Muera la Cordillera de la Costa!

        Perdonadme si pierdo la razón
        En el jardín de la naturaleza
        Pero debo gritar hasta morir
        ¡Viva la Cordillera de los Andes!
        ¡Muera la Cordillera de la Costa!

      Arriba

      Yo Jehová decreto

        Yo Jehová decreto
        Que se termine todo de una vez
        Hago la cruz al sistema solar.

        Hay que volver al útero materno
        Doy por finiquitada la cosa.

        Que no se escape nadie
        Que se termine todo de golpe
        Para qué vamos a andar con rodeos.

        Está muy bien la Guerra de Viet-Nam
        Está muy bien la operación a la próstata
        Yo Jehová decreto la vejez.

        Ustedes me dan risa
        Ustedes me ponen los nervios de punta
        Sólo un cretino de nacimiento
        Se arrodilla a venerar una estatua.

        Francamente no sé qué decirles
        Estamos al borde de la Tercera Guerra Mundial
        Y nadie parece darse cuenta de nada.

        Si destruyen el mundo
        ¿Creen que yo voy a volver a crearlo?

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