.
.
    Información biográfica

  1. Alabanza del día
  2. Alguien pasa
  3. Allá
  4. Ausencia de la rosa
  5. Breve
  6. Canción lejana
  7. Carta de Roma
  8. Cedros
  9. Corazón
  10. De paso
  11. Dejo este amor aquí
  12. Deshora
  13. Desvelo
  14. El escudo
  15. El llamado
  16. El milagro
  17. El recuerdo
  18. Elegía de Leyla Kháled
  19. Este amor
  20. Huésped sin sombra
  21. Instante
  22. La ausencia
  23. La hoguera
  24. La tarde
  25. Mediodía
  26. Memoria
  27. Muerte del olvido
  28. Muerte mía
  29. Narciso
  30. Nueva presencia
  31. Ofelia
  32. Otra presencia
  33. Pasa el viento
  34. Perfume
  35. Presencia en el olvido
  36. Raíz antigua
  37. Reclamo
  38. Reminiscencia
  39. Romance de barranquilla
  40. Soledad
  41. Soneto a la rosa
  42. Soneto del amor evocado
  43. Soneto en vano
  44. Soneto insistente
  45. Soneto marinero
  46. Todavía
  47. Verde mar


      Información biográfica

        Nombre: Olga Isabel Chams Eljach
        Nombre de pluma: Meira Delmar
        Lugar y fecha nacimiento: Barranquilla (Colombia), 21 de abril de 1922
        Lugar y fecha defunción: Barranquilla (Colombia), 18 de marzo de 2009 (86 años)

      Arriba

        Alabanza del día

          Por ti la mariposa en el liviano
          Paisaje de la brisa detenida.
          Y en cada mariposa, repetida,
          La danza de colores del verano.

          El cielo más azul y más cercano;
          Más alta la canción y más ardida
          La frente de la rosa sostenida
          En la palma dorada de tu mano.

          Ordenas el azahar, la luz, el vuelo
          De la alondra en el alba, y el desvelo
          De los ángeles niños del rocío.

          El tiempo te rodea, dulcemente.
          Y pasas sin pasar, extrañamente,
          Lo mismo que la música de un río.

        Arriba

        Alguien pasa

          Alguien pasa y pregunta
          Por los jazmines, madre.

          Y yo guardo silencio.

          Las palabras no acuden
          En mi ayuda, se esconden
          En el fondo del pecho, por no subir vestidas
          De luto hasta mi boca,
          Y derramarse luego
          En un río de lágrimas.

          No sé si tú recuerdas
          Los días aún tempranos
          En que ibas como un ángel
          Por el jardín, y dabas
          A los lirios y rosas
          Su regalo de agua,
          Y las hojas marchitas
          Recogías en esa
          Tu manera tan suave
          De tratar a las plantas
          Y a los que se acercaban
          A tu amistad perfecta.

          Yo sí recuerdo, madre,
          Tu oficio de ser tierna
          Y fina como el aire.

          Una tarde un poeta
          Recibió de tus manos
          Un jazmín que cortaste
          Para él. Con asombro
          Te miró largamente
          Y se llevó a los labios,
          Reverente, la flor.

          Se me quedó en la frente
          Aquel momento, digo
          La frente cuando debo
          Decir el corazón.

          Y se me va llenando
          De nostalgia la vida,
          Como un vaso colmado
          De un lento vino pálido,
          Si alguien pasa y pregunta
          Por los jazmines, madre.

        Arriba

        Allá

          Si acaso al otro lado de la vida
          Otra vez, por azar, nos encontramos,
          ¿Se reconocerán nuestras miradas
          O seremos tan solo un par de extraños?

          De todos modos te amaré lo mismo.
          Juntos. O separados.

        Arriba

        Ausencia de la rosa

          Detenida
          En el río translúcido
          Del viento,
          Por otro nombre, amor,
          La llamaría
          El corazón.

          Nada queda en el sitio
          De su perfume. Nadie
          Puede creer, creería,
          Que aquí estuvo la rosa
          En otro tiempo.
          Sólo yo sé que si la mano
          Deslizo por el aire, todavía
          Me hieren sus espinas.

        Arriba

        Breve

          Llegas cuando menos
          Te recuerdo, cuando
          Más lejano pareces
          De mi vida.
          Inesperado como
          Esas tormentas que se inventa
          El viento
          Un día inmensamente azul.

          Luego la lluvia
          Arrastra sus despojos
          Y me borra tus huellas.

        Arriba

        Canción lejana

          Y yo también como la tarde
          Toda me tornaré dichosa
          Para quererte y esperarte.
          Iluminada de tus ojos
          Vendrá la luna,
          Vendrá la luna por el aire.

          Tú me querrás inmensamente.
          Mi corazón será infinito
          Para la angustia de tu frente.
          Yo te daré los sueños míos:
          Amor, dolor, sencillamente.

          Después será la enamorada sonrisa,
          El beso, la memoria llena de ti, maravillada.
          Y el gozo azul de estar contigo
          Fuera del tiempo, sin palabras.

          De golondrina en golondrina
          Nos llegará la primavera
          De la mirada pensativa.

          Y un mismo cauce de dulzura
          Tendrán las rosas y los días.
          Yo te daré los sueños míos:
          Amor, dolor, sencillamente.

        Arriba

        Carta de Roma

          Te escribo, amor, desde la primavera.

          Crucé la mar para poder decirte
          Que, bajo el cielo de la tarde, Roma
          Tiene otro cielo de golondrinas,
          Y entre los dos un ángel de oro pasa
          Danzando.

          La cascada de piedra que desciende
          Por Trinitá dei Monti hasta la plaza,
          Se detuvo de pronto y ahora suben
          Azaleas rosadas por su cuerpo.

          Los árboles repiten siete veces
          La música del viento en las colinas,
          Y el húmedo llamado de las fuentes
          Guía mis pasos.

          Más bella que en el aire
          Una rota columna hallé en el césped,
          Caída en el abrazo de una rosa.

          Cuando fluye la luz,
          Cuando se para
          El tiempo,
          Asomada a los puentes Roma busca
          Su imagen sobre el Tevere,
          Y en vez del nombre suyo ve que tiembla
          Tu nombre, amor, en el rodante espejo.

        Arriba

        Cedros

          Mis ojos niños vieron
          -Ha mucho tiempo-, alzarse
          Hasta la nube un vuelo
          De sucesivos verdes
          Que el aire en torno
          Embalsamaban
          Con tranquila insistencia.

          El silencio se oía como una
          Música suspendida de repente,
          Y en mi pecho crecía
          El asombro.

          La voz del padre, entonces,
          Inclinóse a mi oído
          Para decirme, quedo:
          "Son los cedros del Líbano
          Hija mía.

          Mil años hace, acaso
          Mil más, que medran
          A las plantas de Dios.
          Guarda su imagen
          En la frente y la sangre.
          Nunca olvides
          Que miraste de cerca
          La belleza".

          Y desde aquella hora
          Tan lejana,
          Algo en mí se renueva
          Y estremece
          Cuando topo en las hojas
          De algún libro
          Su memoriosa estampa.

        Arriba

        Corazón

          Este es mi corazón. Mi enamorado
          Corazón, delirante todavía.
          Un ángel en azul de poesía
          Le tiene para siempre traspasado.

          En él, como en un río sosegado,
          El cielo es de cristal y melodía.
          Y a su dulce comarca llega el día
          Con un paso de niño iluminado.

          Este es mi corazón. La primavera
          Que inaugura las rosas, vana fuera
          Sin su espejo de gozo repetido.

          Y vano el tiempo del amor, que mueve
          Las alas de los sueños, y conmueve
          La sangre con su canto sostenido.

        Arriba

        De paso

          No es el tiempo
          El que pasa.
          Eres tú
          Que te alejas
          Apresuradamente
          Hacia la sombra,
          Y vas dejando caer,
          Como el que se despoja
          De sus bienes,
          Todo aquello que amaste,
          Las horas
          Que te hicieron la dicha,
          Amigos
          En quienes hubo un día
          Refugio tu tristeza,
          Sueños
          Inacabados.
          Al final, casi
          Vacías las manos,
          Te preguntas
          En qué momento
          Se te fue la vida,
          Se te sigue yendo,
          Como un hilo de agua
          Entre los dedos.

        Arriba

        Dejo este amor aquí

          Dejo este amor aquí
          Para que el viento
          Lo deshaga y lo lleve
          A caminar la tierra.

          No quiero
          Su daga sobre mi pecho,
          Ni su lenta
          Ceñidura de espinas en la frente
          De mis sueños.

          Que lo mire mis ojos
          Vuelto nube,
          Aire de abril,
          Sombra de golondrina
          En los espejos frágiles
          Del mar...
          Trémula lluvia
          Repetida sin fin sobre los árboles.

          Tal vez un día, tú
          Que no supiste
          Retener en las manos
          Su júbilo perfecto,
          Conocerás su rostro en un perfume,
          O en la súbita muerte de una rosa.

        Arriba

        Deshora

          Cuando llegué te habías
          Ido del brazo de otro amor.

          Y no quise decirte: "Vuelve,
          Perdóname esta vez,
          Se me hizo tarde,
          Fue un pequeño descuido
          De la vida, una leve
          Distracción del destino".

          Aquel silencio que selló mis labios
          Me hiere todavía el corazón.

        Arriba

        Desvelo

          A la hora del alba cuando el sueño
          Me abandona,
          Recorro los momentos
          De nuestro amor, en busca
          De los rostros de entonces,
          Los sueños, las palabras.

          Todo en vano.

          Nos fue borrando el tiempo,
          Sus implacables manos,
          Deshaciendo los cuerpos para sólo
          Dejarnos viva llama, que no cesa
          De arder en el vacío.

        Arriba

        El escudo

          Cuánto te quise, amor, cuánto te quiero,
          Más allá de la vida y de la muerte.
          Y aunque ya nunca más he de tenerte,
          Eres de cuanto es mío lo primero.

          Más que el sol del estío, verdadero,
          Tu recuerdo mitiga, por mi suerte,
          La sombra que me ciñe, y se convierte
          En la luz que ilumina mi sendero.

          Nada ni nadie desterrar haría
          De mi frente aquel tiempo jubiloso
          En que eterna la dicha parecía.

          Contra el olvido y su tenaz acoso
          Defenderá por siempre y a porfía
          Su condición de escudo milagroso.

        Arriba

        El llamado

          Tú estarás lejos.

          Yo dejaré la vida
          Como un ramo de rosas
          Que se abandona para
          Proseguir el camino,
          Y emprenderé la muerte.

          Detrás de mí, siguiéndome,
          Irán todas las cosas
          Amadas, el silencio
          Que nos uniera, el arduo
          Amor que nunca pudo
          Vencer el tiempo, el roce
          De tus manos, las tardes
          Junto al mar, tus palabras.

          Si donde estés tú oyes
          Que alguna voz te nombra,
          Seré yo que en el viaje
          Te recuerdo.

        Arriba

        El milagro

          Pienso en ti.

          La tarde,
          No es una tarde más;
          Es el recuerdo
          De aquella otra, azul,
          En que se hizo
          El amor en nosotros
          Como un día
          La luz en las tinieblas.

          Y fue entonces más clara
          La estrella, el perfume
          Del jazmín más cercano,
          Menos
          Punzantes las espinas,

          Ahora,
          Al evocarla creo
          Haber sido testigo
          De un milagro.

        Arriba

        El recuerdo

          Este día con aire de paloma
          Será después recuerdo.

          Me llenaré de él
          Como de vino un ánfora,
          Para beberlo a sorbos cuando quiera
          Recuperar su aroma.

          Antes que vuele hacia el ocaso, antes
          De ver cómo se pierde entre la noche.

        Arriba

        Elegía de Leyla Khaled

          Te rompieron la infancia, Leyla Kháled.

          Lo mismo que una espiga
          O el tallo de una flor,
          Te rompieron
          Los años del asombro y la ternura,
          Y asolaron la puerta de tu casa
          Para que entrara el viento del exilio.

          Y comenzaste a andar,
          La patria a cuestas,
          La patria convertida en el recuerdo
          De un sitio que borraron de los mapas,
          Y dolía más hondo cada hora,
          Y volvía más triste del silencio,
          Y gritaba más fuerte en el castigo.

          Y un día, Leyla Kháled, noche pura,
          Noche herida de estrellas, te encontraste
          Los campos, las aldeas, los caminos,
          Tatuados en la piel de la memoria,
          Moviéndose en tu sangre roja y viva,
          Llenándote los ojos de sed suya,
          Las manos y los hombros de fusiles,
          De fiera rebeldía los insomnios.
          Y comenzaron a llamarte nombres
          Amargos de ignominia,
          Y te lanzaron voces como espinas
          Desde los cuatro puntos cardinales,
          Y marcaron tu paso con el hierro
          Del oprobio.

          Tú, sorda y ciega, en medio
          De las ávidas zarpas enemigas,
          Ardías en tu fuego, caminante
          De frontera a frontera,
          Escudando tu pecho contra el odio
          Con la incierta certeza del regreso
          A la tierra luctuosa de que fueras
          Por mil manos extrañas despojada.

          Te vieron los desiertos, las ciudades,
          La prisa de los trenes, afiebrada,
          Absorta en tu destino guerrillero,
          Negándote al amor y los sollozos,
          Perdiéndote por fin entre la sombra.

          Nadie sabe, no sé cuál fue tu rumbo,
          Si yaces bajo el polvo, si deambulas
          Por los valles del mar, profunda y sola,
          O te mueves aún con la pisada
          Felina de la bestia que persiguen.

          Nadie sabe. No sé. Pero te alzas
          De repente en la niebla del desvelo,
          Iracunda y terrible, Leyla Kháled,
          Oveja en lobo convertida, rosa
          De dulce tacto en muerte transformada.

        Arriba

        Este amor

          Como ir casi juntos
          Pero no juntos,
          Como
          Caminar paso a paso
          Y entre los dos un muro
          De cristal,
          Como el viento
          Del sur que si se nombra
          ¡Viento del sur!, parece
          Que se va con su nombre,
          Este amor.

          Como el río que une
          Con sus manos de agua
          Las orillas que aparta,
          Como el tiempo también,
          Como la vida,
          Que nos huyen viviéndonos,
          Dejándonos
          Cada vez menos nuestros
          Y más suyos,
          Este amor.

          Como decir mañana
          Y estar pensando nunca,
          Como saber que vamos
          Hacia ninguna parte
          Y sin embargo nada
          Podría detenernos,
          Como la mansedumbre
          Del mar, que es el anverso
          De ocultas tempestades,
          Este amor.

          Este desesperado amor.

        Arriba

        Huésped sin sombra

          Nada deja mi paso por la tierra.
          En el momento del callado viaje
          He de llevar lo que al nacer me traje:
          El rostro en paz y el corazón en guerra.

          Ninguna voz repetirá la mía
          De nostálgico ardor y fiel asombro.
          La voz estremecida con que nombro
          El mar, la rosa, la melancolía.

          No volverán mis ojos renacidos
          De la noche a la vida siempre ilesa,
          A beber como un vino la belleza
          De los mágicos cielos encendidos.

          Esta sangre sedienta de hermosura
          Por otras venas no será cobrada.
          No habrá manos que tomen, de pasada,
          La viva antorcha que en mis manos dura.

          Ni frente que mi sueño mutilado
          Recoja y cumpla victoriosamente.
          Conjuga mi existir tiempo presente
          Sin futuro después de su pasado.

          Término de mí misma, me rodeo
          Con el anillo cegador del canto.
          Vana marea de pasión y llanto
          En mí naufraga cuanto miro y creo.

          A nadie doy mi soledad. Conmigo
          Vuelve a la orilla del pavor, ignota.
          Mido en silencio la final derrota.
          Tiemblo del día. Pero no lo digo.

        Arriba

        Instante

          Ven a mirar conmigo
          El final de la lluvia.
          Caen las últimas gotas como
          Diamantes desprendidos
          De la corona del invierno,
          Y nuevamente queda
          Desnudo el aire.

          Pronto un rayo de sol
          Encenderá los verdes
          Del patio,
          Y saltarán al césped
          Una vez más los pájaros.

          Ven conmigo y fijemos el instante
          -Mariposa de vidrio-
          En esta página.

        Arriba

        La ausencia

          Se me perdió tu huella.
          Un viento
          Huracanado y frío la borró del sendero,
          Dejándonos los pasos
          Sin rumbo alguno ahora,
          Sin saber hacia dónde
          Orientar el destino.

          En torno de esta inmensa
          Soledad gira y gira
          El desmedido anillo
          Del horizonte en vano.

          Me llaman los caminos
          Pero no los encuentro:
          Tu voz, mi rosa náutica,
          Mi rosa de los vientos,
          Se me apagó en la noche.

        Arriba

        La hoguera

          Esta es, amor, la rosa que me diste
          El día en que los dioses nos hablaron.
          Las palabras ardieron y callaron.
          La rosa a la ceniza se resiste.

          Todavía las horas me reviste
          De su fiel esplendor. Que no tocaron
          Su cuerpo las tormentas que asolaron
          Mi mundo y todo cuanto en él existe.

          Si cruzas otra vez junto a mi vida
          Hallará tu mirada sorprendida
          Una hoguera de extraño poderío.

          Será la rosa que morir no sabe,
          Y que al paso del tiempo ya no cabe
          Con su fulgor dentro del pecho mío.

        Arriba

        La tarde

          Te contaré la tarde, amigo mío.

          La tarde de campanas y violetas
          Que suben lentamente a su pequeño
          Firmamento de aroma.

          La tarde en que no estás.

          El tiempo, detenido, se desborda
          Como un dorado río.
          Y deja ver en su lejano fondo
          No sé qué cosas olvidadas.
          El día vuelve aún en una ráfaga
          De sol,
          Y fija mariposas de oro
          En el cristal de aire...
          Hay una flauta en el silencio, una
          Melancólica boca enamorada,
          Y en la torre teñida de crepúsculo
          Repiten su blancura las palomas.

          La tarde en que no estás... la tarde
          En que te quiero.

          Alguien que no conozco,
          Abre secretamente los jazmines
          Y cierra una a una las palabras.

        Arriba

        Mediodía

          Canta la luz aire arriba
          Como una alondra.
          Y por la rama de su canto sube
          El mediodía.

          Quieren los ojos seguirlo
          Pero no llegan.
          Como el amor, el sol,
          De tanto, ciega.

        Arriba

        Memoria

          Mar de mi infancia. Caracolas,
          Arena de oro, velas blancas.
          Si alguien cantaba entre la noche
          A las sirenas recordaba.

          Simbad venía en cada ola
          Sobre la barca de mi sueño,
          Y me nombraba capitana
          De su fantástico velero.

          El viento izaba las gaviotas
          Alto más alto de sus mástiles.
          Y por las nubes entreabiertas
          Pasaba el cielo con sus ángeles.

          Los compañeros no sabían
          -Yo nunca dije mi destino-
          Que en el anillo de la ronda
          Iba la novia del marino.

        Arriba

        Muerte del olvido

          Se me murió el olvido
          De repente.

          Inesperada-
          Mente,
          Se le borraron las palabras
          Y fue desvaneciéndose
          En el viento.

          En busca suya el corazón tocaba
          Todas las puertas.
          Nadie. Nada.

          Y allí donde estuviera se instaló
          De nuevo,
          El doloroso amor,
          El implacable,
          Interminable-
          Mente.

        Arriba

        Muerte mía

          La muerte no es quedarme
          Con las manos ancladas
          Como barcos inútiles
          A mis propias orillas,
          Ni tener en los ojos,
          Tras la sombra del párpado
          El último paisaje
          Hundiéndose en sí mismo.

          La muerte no es sentirme
          Fija en la tierra oscura
          Mientras mueve la noche
          Su gajo de luceros,
          Y mueve el mar profundo
          Las naves y los peces,
          Y el viento mueve estíos,
          Otoños, primaveras.

          ¡Otra cosa es la muerte!

          Decir tu nombre una
          Y otra vez en la niebla
          Sin que tornes el rostro
          A mi rostro, es la muerte.
          Y estar de ti lejana
          Cuando dices "La tarde
          Vuela sobre las rosas
          Como un ala de oro".

          La muerte es ir borrando
          Caminos de regreso
          Y llegar con mis lágrimas
          A un país sin nosotros
          Y es saber que pregunta
          Mi corazón en vano
          Por tu melancolía.

          Otra cosa es la muerte.

        Arriba

        Narciso

          Asomado a la fuente ve que el agua le mira
          Con el trémulo asombro de su propia belleza.
          Los ojos ya no pueden rescatar la mirada
          Que ha olvidado en las redes hialinas del espejo.

          Nunca nadie en la tierra
          Quedara como él, ensimismado
          En el reflejo fiel de su hermosura,
          Nunca nadie perdiera
          Como él la certeza de las horas,
          Fijo en la verde orilla e inclinado
          Sobre el tiempo sin tiempo de su imagen.

          Y cuando acerca el beso
          A los labios que ascienden,
          No sabe cómo cae, cómo huye por fin
          Su desbordado amor entre las ondas.

          La flor que así lo cuenta
          Lleva su nombre gualda
          Entre las manos.

        Arriba

        Nueva presencia

          Venías de tan lejos como de algún recuerdo.

          Nada dijiste. Nada. Me miraste los ojos.
          Y algo en mí, sin olvido, te fue reconociendo.

          Desde una azul distancia me caminó las venas
          Una antigua memoria de palabras y besos,

          Y del fondo de un vago país entre la niebla
          Retornaron canciones oídas en el sueño.

          Mi corazón, temblando, te llamó por tu nombre.
          Tú dijiste mi nombre... Y se detuvo el tiempo.

          La tarde reclinaba su frente pensativa
          En las trémulas manos de los lirios abiertos,

          Y a través de las nubes los pájaros errantes
          Abrían sobre el campo la página del vuelo.

          Con los hombros cargados de frutas y palomas
          Interminablemente pasaba el mismo viento,

          Y en el instante claro de los bronces mi alma,
          Llena de ángelus, era como un sitio en el cielo.

          Una vez, antes, antes, yo te había perdido.
          En la noche de estrellas, o en el alba de un verso.

          Una vez. No sé dónde... Y el amor fue, tan solo,
          Encontrarte de nuevo.

        Arriba

        Ofelia

          Con paso de gacela vulnerada
          Cantando vienes por el bosque umbrío
          Coronada de juncos, ramos , lirios.

          Oculto entre los árboles
          Un silencio de pájaros anuncia
          Tu presencia,
          Y te llama el arroyo con los lentos
          Ademanes del sauce.

          Enajenada sigues recogiendo
          Las últimas violetas. En tus manos
          La postrera corona es la más bella.

          Pronto la linfa sentirá tu peso
          De seda,
          Y un breve instante flotará en su espejo
          Tu memoria.

        Arriba

        Otra presencia

          Ahora estamos unidos
          Para siempre.

          No importa que te hayas
          Marchado,
          Que la puerta
          No se abra más
          Para esperar tus pasos,
          Ni importa que en las manos
          Que me encuentran
          No me rocen las tuyas.

          Andas conmigo,
          Vas, vienes a mi lado,
          Y miras con mis ojos
          Derramarse en el mar
          El ocaso.
          Oyes el viento en la noche
          Cuando pasa estremeciendo
          Las ventanas,
          Y me sigues constante
          Por la oscura comarca
          Del insomnio.

          Revestida de ausencia
          Tu perdida presencia
          Me acompaña.

        Arriba

        Pasa el viento

          De aquel amor que nunca fuera mío
          Y sin embargo se tomó mi vida,
          Me queda esta nostalgia repetida
          Sin fin, cuando sollozo y cuando río.

          A veces desde el fondo del estío,
          Llega la misma música entre oída
          En el tiempo gozoso, la encendida
          Música que cayera en el vacío.

          Y quiere asirla el corazón. Beberla
          Como un vaso de vino. Retenerla
          Para creer de nuevo en la dulzura.

          Pero se escapa y huye con el viento,
          Y me deja tan solo este lamento,
          Donde esconde su rostro la amargura.

        Arriba

        Perfume

          Vuelvo a tenerte, amor,
          Como si nunca
          Te me hubieras ido.

          Tus manos me recorren
          El rostro suavemente,
          Y te oigo la voz en un
          Susurro
          Que me roza el oído.

          Vuelvo a tenerte
          Y pienso en el perfume
          Que de nuevo me hiere
          Aunque el jazmín no exista.

        Arriba

        Presencia en el olvido

          Tú ya no tienes rostro en mi recuerdo. Eres,
          Nada más la dorada tarde aquella
          En que la primavera se detuvo
          A leer con nosotros unos versos.

          Y eres también esta tenaz y leve
          Melancolía que sus pasos mueve
          Sobre mi corazón,
          Y casi no es
          Melancolía.

          Alguna vez yo tuve
          Tu rostro y tus palabras.
          ¡Hoy no sé qué se hicieron!

          Hoy eres solamente
          Esas pequeñas cosas que se llaman
          Un día, un libro, el lento

          Caminar de la mano de la estrella,
          Y a veces, -pocas veces-, el silencio
          Fijándome los ojos desolados
          En un sitio del aire, como ciegos.

          Yo sé que estás lejano de mi límite.
          Que ya no eres ni la voz ni el eco.
          Si por el cauce de mi sangre subes,
          Llegas, vano fantasma, hasta mi sueño.

          Y te quiero mirar, y es esta tarde
          Dorada, que ya dije,
          Lo que encuentro.

          La tarde que tenía un campanario
          Entre los dedos
          Y una humana dulzura en la manera
          De entendernos.

          Tú ya no tienes rostro.
          Ya no eres.

        Arriba

        Raíz antigua

          No es de ahora este amor.

          No es en nosotros
          Donde empieza a sentirse enamorado
          Este amor, por amor, que nada espera.
          Este vago misterio que nos vuelve
          Habitantes de niebla entre los otros.
          Este desposeído
          Amor, sin tardes que nos miren juntos
          A través de los trigos derramados
          Como un viento de oro por la tierra;
          Este extraño
          Amor,
          De frío y llama,
          De nieve y sol, que nos tomó la vida,
          Aleve, sigiloso, a espaldas nuestras,
          En tanto que tú y yo, los distraídos,
          Mirábamos pasar nubes y rosas
          En el torrente azul de la mañana.

          No es de ahora. No.
          De lejos viene
          -De un silencio de siglos-,
          De un instante
          En que tuvimos otro nombre y otra
          Sangre fugaz nos inundó las venas,
          Este amor por amor,
          Este sollozo
          Donde estamos perdidos en querernos
          Como en un laberinto iluminado.

        Arriba

        Reclamo

          ¡Amor! ¡Amor! ¡Qué has hecho de mi vida!
          Mi vida era como un agua mansa,
          Como un agua ceñida.

          Antes de ti, ¡qué fácil para el alma
          La espera de sus pasos, y qué fácil
          Su ligera partida!

          Antes de ti, ¡qué fácil la ventura
          Frente a la lluvia clara y el silencio
          De las tardes dormidas!

          Pero contigo, amor, cómo se vuelven
          La espera y el partir angustia viva.
          ¡Cómo tus manos claras, inasibles,
          Rompen las horas mías!

          Contigo, amor, la lluvia no es la lluvia
          Ni me da su regalo de sonrisas,
          Y es tortura el silencio cuando pasa
          Por las tardes dormidas.

          Antes de ti, qué fácil el olvido
          Del país, todo rutas para el sueño
          Que detrás de sus ojos existía.

          Antes de ti, qué fácil el momento
          De la estrella primera, sobre el Ángelus
          Brillando sorprendida.

          Pero contigo, amor, cómo se vuelven
          La estrella y olvidar angustia viva.
          Cómo tus manos claras, inasibles,
          La dulzura me trizan.

          Contigo, amor, este fingido gozo
          Mientras el alma cuenta sus espinas,
          Y esta quebrada voz para su nombre,
          Y este afán inquietando la alegría.

          Contigo este decir atribulado...
          ¡Amor! ¡Amor! ¡Qué has hecho de mi vida!

        Arriba

        Reminiscencia

          Un breve instante se cruzaron
          Tu mirada y la mía.

          Y supe de repente
          -No sé si tú también-
          Que en un tiempo
          Sin años ni relojes,
          Otro tiempo,
          Tus ojos y mis ojos
          Se habían encontrado,
          Y esto de ahora
          No era más que un eco,
          La ola que regresa,
          Atravesando mares,
          Hasta la antigua orilla.

        Arriba

        Romance de Barranquilla

          Porque nació frente al alba
          Y en el sitio de la brisa,
          Le dieron un nombre claro
          De flor o de lluvia fina.
          Un nombre para decirlo
          En medio de la sonrisa,
          Enamorados los ojos
          Y el corazón: ¡Barranquilla!
          Porque nació frente al alba
          ¡Y el alba es buena madrina!

          Con lino de sol y sombra
          Tejieron años los días
          Y una mañana sin nubes
          Despertó moza la niña.

          Con los cabellos al viento,
          La dulce piel encendida,
          Y el andar sin descanso
          Tal aire de gallardía
          Que el alma de las palmeras
          Arrodillóse vencida.
          Porque nació frente al alba
          ¡Y el alba es buena madrina!

          Breves jazmines alados
          -Casi de luz detenida-
          Crecen con gracia delgada
          Cuando sus pasos atisban.
          La tarde cuida su gozo,
          La noche su sueño cuida,
          Y ella se viste con seda
          De flores amanecidas
          Sobre la cumbre del árbol
          Tan solo para vestirla.

          Seda dorada del roble
          Con hebras de melodía,
          Seda de la acacia roja,
          Seda de las campanillas
          Que tienen fugaz el aire
          Y como el aire palpitan.
          Rodea sus altas sienes
          Un vuelo de golondrinas
          Y abre jacintos de oro
          Su diestra mano clarísima.
          Porque nació frente al alba
          ¡Y el alba es buena madrina!

          El mar de gritos azules,
          El mar del habla encendida,
          Le trae canciones remotas
          Y barcas de otras orillas.
          El río, tenaz viajero,
          Con largo asombro la mira,
          Y le regala blancura
          De garzas estremecidas
          Que suben a la comarca
          Donde la estrella se inicia.
          Y el viento pirata, el viento
          De clara estirpe marina,
          Le ciñe el talle redondo
          Con brazos de lejanía,
          ¡Y se la lleva consigo
          Donde la tierra limita
          Con el batir de campanas
          De la triunfal alegría!

          Porque nació frente al alba,
          Y porque el alba madrina,
          Le dio aquel nombre que pide,
          Para decirlo, sonrisa...
          El nombre que puede ser
          De flor o de lluvia fina,
          Y que también lleva el ángel
          De júbilo: ¡Barranquilla!

        Arriba

        Soledad

          Nada igual a esta dicha
          De sentirme tan sola
          En mitad de la tarde
          Y en mitad del trigal;
          Bajo el cielo de estío,
          Y en los brazos del viento,
          Soy una espiga más.

          Nada tengo en el alma.
          Ni una pena pequeña,
          Ni un recuerdo lejano
          Que me hiciera soñar.
          Sólo tengo esta dicha
          De estar sola en la tarde
          ¡Con la tarde no más!

          Un silencio muy largo
          Va cayendo en el trigo,
          Porque ya el sol se aleja
          Y ya el viento se va;
          ¡Quién me diera por siempre
          Esta dicha indecible
          De ser, sola y serena,
          Un milagro de paz!

        Arriba

        Soneto a la rosa

          En las manos del alba vi la rosa.
          Huía de sí misma perseguida
          Por su propia hermosura repetida
          En pétalos y en rosa jubilosa.

          Con un alto vaivén de mariposa
          La rosa, ya en el aire, detenida
          Quedaba entre la luz, estremecida
          De aromas y de fuga luminosa.

          Inmóvil sobre el viento desvelado
          En rosa de vitral se convertía
          La rosa del temblor atormentado.

          El día la tocaba. Y era el día
          En torno de la rosa, desalado
          Arroyo de insistente melodía.

        Arriba

        Soneto del amor evocado

          Toca mi corazón tu mano pura,
          Lejano amor cercano todavía,
          Y se me vuelve más azul el día
          En la clara verdad de la hermosura.

          Memoria de tu beso, la dulzura
          Recobra su perdida melodía.
          Y torna al cielo de la frente mía
          El ángel inicial de la ventura.

          El viento es otra vez un manso río
          De jazmines abiertos. El estío
          Entreabre su vena rumorosa.

          Y el tiempo se detiene desvelado,
          A orillas del recuerdo enamorado
          Que enciende el corazón cuando le roza.

        Arriba

        Soneto en vano

          ¿A dónde iré que no me alcance el vuelo
          De tu mirada que en azor se muda,
          Y la noche de sueños me desnuda
          Con el brillo quemante del desvelo?

          ¿En qué sitio del aire, el mar, el cielo,
          Encontrará mi corazón ayuda,
          La clara mano que mi mal acuda
          Y en dulcedumbre me convierta el duelo?

          La frente pensativa me rodeas
          De lejanas memorias. Me recreas
          Los rostros del amor enceguecido.

          Y es inútil que huya de tu acecho
          Si te oigo vivir dentro del pecho
          Con la vida sin muerte del olvido.

        Arriba

        Soneto insistente

          Cuando presiente el corazón la gloria
          De ser libre por gracia del olvido,
          Me llegue entre la noche, como el ruido
          Del mar en la distancia, tu memoria.

          Con ella viene la tenaz historia
          De lo que pudo ser y nunca ha sido.
          Arduo amor ni ganado ni perdido,
          Batalla sin derrota y sin victoria.

          Cada vez que en mi mano reverdece
          La rama del olvido y aparece
          Después de la tormenta la alegría,

          Algo tuyo regresa de la nada
          Y de nuevo destruye la dorada
          Esperanza fugaz de un claro día.

        Arriba

        Soneto marinero

          Digo tu nombre, mar, tu nombre ardido
          De soles y de júbilo creciente,
          Y el corazón enamorado siente
          Más clara la presencia del latido.

          Velero que navega repetido
          Por los quietos espejos de la frente,
          Regresa tu paisaje lentamente
          Como si retornara del olvido.

          Y surge tu comarca marinera
          Con una trashumante primavera
          De espumas en la mano de cristal.

          Y tu voz de colores, y tu alada
          Corona de blancura trabajada
          En gaviotas y pétalos de sal.

        Arriba

        Todavía

          Amor de amor aquel que nos uniera
          Una vez en el tiempo ya distante.
          Amor en que tú fuiste amado, amante
          Y yo amante y amada también fuera.

          Otro amor sin igual no conociera
          Nunca el haz de la tierra. Fulgurante,
          Más que el sol del verano delirante,
          Toda sombra su lumbre destruyera.

          Amor de amor. Tan alto y extremado,
          Que el mismo cielo al serle comparado,
          Cosa fútil y vana parecía.

          La vida canceló su encendimiento...
          Y sin embargo en el recuerdo siento
          Que me quema la sangre todavía.

        Arriba

        Verde mar

          I

          De tanto quererte, mar,
          El corazón se me ha vuelto
          Marinero.
          Y se me pone a cantar
          En los mástiles de oro
          De la luna, sobre el viento.
          Aquí la voz, la canción.
          El corazón a lo lejos,
          Donde tus pasos resuenan
          Por las orillas del puerto.
          De tanto quererte mar,
          Ausente me estás doliendo
          Casi hasta hacerme llorar.

          II

          ¡Mar!
          Y es como si, de pronto,
          Se hiciera claridad.
          Ángeles desnudos. Ángeles
          De brisa con luz. Cantar
          Del agua que danza una
          Zarabanda de cristal.

          Islas, olas, caracolas.
          Grito blanco de la sal.

          Y el corazón, de latido
          En latido, dice ¡Mar!

        Arriba


      Autores desconocidos


      Seguidores


      Indice autores conocidos

         Acuña, Manuel
         Alberti, Rafael
         Aldington, Richard
         Almagro, Ramón de
         Altolaguirre, Manuel
         Arteche, Miguel
         Baudelaire, Charles
         Beckett, Samuel
         Bécquer, Gustavo Adolfo
         Belli, Gioconda
         Benedetti, Mario - Parte I
         Benedetti, Mario - Parte II
         Bernárdez, Francisco Luis
         Blake, William
         Blanco, Andrés Eloy
         Bonnet, Piedad
         Borges, Jorge Luis
         Bosquet, Alain
         Bridges, Robert
         Browning, Robert
         Buesa, José Ángel
         Bukowski, Charles
         Camín, Alfonso
         Campoamor, Ramón de
         Castellanos, Rosario
         Celaya, Gabriel
         Cernuda, Luis
         Cortázar, Julio
         Cuesta, Jorge
         Darío, Rubén
         De Burgos, Julia
         De la Cruz, Sor Juana Inés
         Debravo, Jorge
         Delmar, Meira
         Díaz Mirón, Salvador
         Dickinson, Emily
         Donne, John
         Douglas, Keith
         Eguren, José María
         Espronceda, José de
         Ferrer, Marcelo D.
         Flores, Manuel
         Flórez, Julio
         Frost, Robert
         Gala, Antonio
         García Lorca, Federico
         Gelman, Juan
         Girondo, Oliverio
         Gómez Jattin, Raúl
         Gómez de Avellaneda, Gertrudis
         González, Ángel
         González Martínez, Enrique
         Guillén, Nicolás
         Gutiérrez Nájera, Manuel
         Hernández, Miguel
         Hesse, Hermann
         Hierro, José
         Hugo, Víctor
         Huidobro, Vicente
         Ibarbourou, Juana de
         Isaacs, Jorge
         Jiménez, Juan Ramón
         Joyce, James
         Keats, John
         Larkin, Philip
         Leopardi, Giacomo
         Lloréns Torres, Luis
         Lord Byron, George Gordon
         Lowell, Amy
         Loynaz, Dulce María
         Machado, Antonio
         Marchena, Julián
         Martí, José
         Milton, John
         Mistral, Gabriela
         Mitre, Eduardo
         Neruda, Pablo - Parte I
         Neruda, Pablo - Parte II
         Neruda, Pablo - Parte III
         Nervo, Amado - Parte I
         Nervo, Amado - Parte II
         Novo, Salvador
         Obligado, Pedro Miguel
         Otero, Blas de
         Owen, Gilberto
         Pacheco, José Emilio
         Palés Matos, Luis
         Parra, Nicanor
         Paz, Octavio - Parte I
         Paz, Octavio - Parte II
         Pedroni, José
         Pellicer, Carlos
         Pessoa, Fernando
         Pizarnik, Alejandra
         Plá, Josefina
         Poe, Edgar Allan
         Pombo, Rafael
         Raine, Kathleen
         Rébora, Marilina
         Reyes Ochoa, Alfonso
         Rimbaud, Arthur
         Rojas, Gonzalo
         Rojas, Jorge
         Romero, Elvio
         Ruy Sánchez, Alberto
         Sabines, Jaime
         Salinas, Pedro
         Santos Chocano, José
         Shakespeare, William
         Shelley, Percy Bysshe
         Silva, José Asunción
         Storni, Alfonsina
         Swann, Matilde Alba
         Symons, Julian
         Teillier, Jorge
         Tennyson, Alfred
         Thomas, Dylan
         Torres Bodet, Jaime
         Unamuno, Miguel de
         Urbina, Luis G.
         Vallejo, César
         Verlaine, Paul
         Villaurrutia, Xavier
         Whitman, Walt
         Wilde, Óscar
         Wordsworth, William
         Yeats, William Butler
         Zaid, Gabriel
         Zorrilla, José
         Zorrilla de San Martín, Juan


      Otros enlaces

         Webs amigas

      Visitas recibidas

      Grandes poetas famosos | Great famous poets | Contacto: Monika Lekanda