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    Información biográfica

  1. Adiós
  2. Amanecer de una pena
  3. Amor y distancia
  4. Amor y pubertad
  5. Amores olvidados
  6. Arpegios en sinfonía
  7. Atuendo otoñal
  8. Besos en labios del adiós
  9. Bosque
  10. Caricias
  11. Carta a Macarena
  12. Cuando me vaya
  13. Cuerpo y alma
  14. Culpable
  15. De rectas y codos
  16. Dejarse llevar
  17. Desencantos
  18. Despedida
  19. Despertares
  20. Dile
  21. Docilidad y rebeldía
  22. Domingo de miembros enredados
  23. El ancla de tus besos con alas
  24. El último retrato
  25. Ella
  26. Ella, cuando era mía
  27. Emigrantes de otras vidas
  28. Ese cristal
  29. Filigranas
  30. Garota de Marajacau
  31. Hacerte el amor
  32. Hastío
  33. Hay amor
  34. Improvisamos
  35. La carne trémula
  36. La muerte
  37. Las flores
  38. Leve me acerco
  39. Llevo incrustaciones
  40. Luna mensajera
  41. Mi risa
  42. Mujer centaura
  43. Música
  44. Nada más perfecto
  45. No se huye de lo que se es
  46. Ondas esculpidas
  47. Palabras
  48. Partida
  49. Pensamientos trasnochados
  50. Perfume de jacintos
  51. Placeres
  52. Poema de la descomposición
  53. Poema para mis amores miopes
  54. Por amor
  55. Primavera del jamás
  56. Quizás siempre, jamás nunca
  57. Reencuentro
  58. Sensaciones del sentimiento
  59. Septiembre, azahares y planetas
  60. Ser mujer
  61. Si alguna vez
  62. Si amar es
  63. Sino lunar
  64. Soberbia estupidez
  65. Soledades
  66. Su cabello como alas
  67. Te esperaba
  68. Te extraño
  69. Tu mocedad
  70. Tu vesania
  71. Un no, no sentido
  72. Ve
  73. Volver
  74. Volver a tus ojos
  75. Ya no regreso


      Información biográfica

        Nombre: Marcelo Daniel Ferrer
        Lugar y fecha nacimiento: La Plata, Buenos Aires (Argentina), 17 de julio de 1957

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        Adiós

          Salpicados de gotas
          Que lloramos por dentro,
          Envueltos en silencios,
          ¡Insaciados de sentimientos!
          Nos dijimos adiós.

          Cruel esquivo al que la vida nos sometió...
          En una absurda mascarada,
          Devorábamos al tiempo,
          Y el tiempo,
          Vengativo,
          Nos devoró.

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        Amanecer de una pena

          Hoy amaneció una pena
          Meciéndose entre el olvido y la nostalgia...
          Se asomaba con vértigo a las grietas de mi corazón
          Y se levantó conmigo de la cama.
          Su presencia agudizó la bruma de la mañana.

          Como un mítico agujero negro,
          Absorbió todo: olores, sabores
          Y hasta el canto de los pájaros que,
          En trino bajo murmuraban,
          De esa pena fugada
          De la ciudadela de las ilusiones vanas.

          Cuando amanece una pena
          De inmediato se instala en la mirada
          Como velo de mujer en luto luego de una desgracia.
          Y ahí se queda sin decirte nada,
          En vigilia por las noches... silenciando las mañanas.
          Luego, repentinos soles le van pintando la cara
          Hasta que al fin se marcha.

          Algunas penas son fatales, te desgarran el alma
          Y la cura es muy, muy larga y amarga.
          Otras penas son fugaces como el recorrido
          De una pequeñísima lágrima.

          Las peores son las que dejan marcas
          Como secuelas que siempre te acompañan,
          Que patológicamente, ahora se marchan
          Y otrora regresan para entristecerte el alma.

          La que amaneció hoy se paraba en la puerta de mi casa,
          Con sus ojos rasgados y suavidad de palabras,
          Jugó a la ilusión y ella misma la creyó,
          Jugó al amor y en pena lo convirtió.

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        Amor y distancia

          Mi sur te imaginó desde un sueño
          Que plácido elevó su libido para buscarte...
          Ahí, donde el azteca adora a sus dioses,
          Me elevo a tu norte para adorarte.

          Tierras aztecas de sacrificios y alabanzas,
          Te buscan mis ojos en la inmensidad de esas pampas
          Que tienen al águila en su bandera como estampa.

          En este espacio infinito donde las formas son letras,
          Y el corazón se arrasa con el poder de la palabra,
          Acuño esperanzas en cada charla.
          Te siento, te veo, te toco
          Marcho a tu encuentro inundado de vos
          Cuando cierro mis ojos,
          Y me elevo etéreo cuando te invoco.

          Con el amor, suceden cosas extrañas.
          Se derriban fronteras y se devoran distancias...
          Pero son los sueños los que alimentan la esperanza.

          Por eso, mi amada... luz lejana:
          Búscame en tus sueños a los flancos de tu falda,
          Sosténme la mano firme y no la sueltes por nada,
          Que si es amor esto que nos pasa,
          Esta fantasía que anuda nuestras almas,
          Unirá nuestros cuerpos la mañana de un día.

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        Amor y pubertad

          Más allá de la ventana, el trigal...
          Con sus nostalgias de pre mocedad.
          El viento mece las espigas
          Y olas amarillas van y vienen
          Con sincronizado desdén.
          Las pajosas cabezas de los espantapájaros,
          Como puntos de i,
          Asoman imperturbables su eterno silencio.
          Un metal imita mi queja, preso del molino
          Que debe su vitalidad al viento.
          Alguien lo puso ahí hace tiempo
          Al quitarlo de un yelmo...

          La ventana da a un huerto en torno a un sauce
          Donde en desveladas noches de reposados aires
          Iban mis padres a abanicarse.
          Tras el banco bajo el sauce,
          El portal que da a la calle.
          Hay voces tras la cerca rememorando romance.
          Vereda abajo, los matorrales.

          De un espantapájaros era amigo;
          Y junto a él, pasaba mis horas de niño... abstraído.
          Él me conversaba con sus brazos extendidos
          Dándome consuelo hasta haberme dormido.
          Mi empajado amigo, la tarde de aquel domingo,
          Rumbeaba junto a mí por la hondonada de los olivos.

          Domingo verde de olivos y mar.
          Ojeada fugaz que en un remanso del alma hubo de anidar
          Cuando sus ojos de jade dispúseme a mirar.
          Y cobró vida la huella tras el portal,
          Y calle abajo... cobró vida también el matorral.

          Como el molino que ama al viento aunque esmerile su cuerpo,
          Amo a la profana del paso procaz,
          Que se llevó mi puericia para siempre jamás.

          Y de jade fueron los paisajes de mi ventana hacia el trigal...
          Y la cerca, a la calle; umbral del cielo al verla llegar.
          De pronto era un pez en su colosal mar;
          De pronto ahogado en un charco junto al ventanal.
          De pronto apabullando los jaramagos del matorral;
          De pronto invisible a su dulce mirar.

          Niñez frugal que partió de sus labios
          Con el rumbo incierto del amor fugaz...
          Pero anillado de escamas como un pez de mar,
          Sigo preso en su mirada que a veces vuelve... otras, se va.

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        Amores olvidados

          Cuando el tiempo tenía alas
          Y se nos volaba de entre las manos,
          ¡Oh Dios, cómo añoraba estar a tu lado!

          Tu energía me desbordaba,
          Tu voz me acariciaba sin que dijeras nada,
          Y tus labios, tus labios y tus manos.

          Desde ti y por ti, el amor se ocupó de mí,
          Mas él se resignó en nosotros
          Cuando ambos dejamos de apreciarlo.

          Cuando decidimos rescatarlo,
          Sin aviso se había marchado,
          Nunca dijo qué caminos había tomado.

          Los dos nos quedamos inmóviles y desamparados,
          El amor, ¡nuestro amor!, había terminado.

          Cuando el compartir dejó de ser nuestro espacio común,
          Y errantes paseamos el alma por el mundo,
          Un solo segundo fue demasiado.
          Hasta la presencia era ausencia
          Y las miradas sólo indiferencia.

          De qué sutil modo nos abandonamos,
          De qué cobarde modo nos resignamos.

          Como mendigos ahora estamos,
          Buscamos el amor cada cual por su lado
          Muy tarde tomamos nota
          De que aquel amor que se nos fue,
          Nos ha dejado un recado...

          "Benditos quienes valoran el privilegio de amar y ser amados y
          Que, a pesar de las tormentas, se mantienen amarrados".

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        Arpegios en sinfonía

          Auroras vespertinas
          Que preludian osadías.
          Brisas celestinas
          Componiendo melodías.

          El sol cultiva caricias,
          Viste la tarde fantasías.
          Arpegios en sinfonía,
          De dos almas en armonía.

          Sostiene el diapasón
          La epidermis unida,
          Mécese con la sinfonía
          Tu cintura y la mía.

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        Atuendo otoñal

          Como suspiro de golondrina,
          Que llega, reclina... y emigra,
          Expiró el verano.

          El otoño despliega sus opacos paños,
          Matizando de ocre florecidos prados...
          Renegado encuentro con los nódulos palpables
          Del paso aletargado de incromáticas tardes.

          Al fenecer la veraniega fiesta,
          Se desviste la naturaleza en agonía lenta,
          Sumérgese bajo la tierra su grandilocuencia
          A elaborar toda materia para la vida nueva.

          Se repliega la naturaleza y se espabila la pereza
          Fuera, la ajena soledad de las hojas muertas
          En su póstuma misión de nutrir la tierra.
          Dentro, renace la inquina fulgurante
          De un verano que se lleva el siestero
          Y el plácido despertar asido a un mate.

          El Oste sopla el agobio... se renueva el aire.
          Una danza otrora aletargada ahora es danza alocada
          De paños inquietos en la sala de estar.
          La cerveza fría
          Cede el paso a un té caliente y frugal...
          Y el romancero de grillos, lunas y pastizal
          Es ahora tenue zumbido de viento otoñal...

          Expiró un verano de noches tibias,
          De charlas junto a la alberca y remojón lunar...
          De morenos rostros y pieles puestas a broncear,
          De algazaras espontáneas e hilaridad
          En el sur,
          Un año más ha dado de comenzar.

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        Besos en labios del adiós

          ¡Hasta que nos volvamos a ver!

          Frase del desgarro amoroso
          Repetida de labios en besos del adiós
          Y adiós es eterna resignación,
          Soledades que invaden contornos
          Anochecidos en caricias,
          Cauces opuestos naufragados de pasión.

          Dudas en el alma siembra el adiós,
          Cóctel de añoranzas,
          De vacíos extraños al quedarme sin vos.
          Si al extender mi mano pudiera tocar tu amor
          Y modelar tus labios en besos de encuentro,
          Sería yo del leve viento hacia tu candor...

          ¿Qué daría por un segundo más antes del adiós?
          ¿Qué daría por esa ración de ti
          Que decapita soledades de la carne
          Elevándome al cielo en alma y corazón?
          Qué daría por la pizca eterna que encierran tus silencios,
          Por un trozo de la magia que retuerce entrañas
          Y musita palabras no pensadas...
          Qué daría por el regreso a la tibieza de tus brazos
          O de nuestros pasos descalzos a la habitación.

          Vacíos poblados por la desazón.
          Luego,
          El adiós.

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        Bosque

          Colábanse fantasmas en la espesura.
          Soledad con vida de pájaros multicolores
          Abrigados de verde monte, de húmedos olores.
          La brisa hurgaba grietas para fastidiar hojas quietas
          Y era llovizna la cenicienta caída de hojas muertas.

          Poblábase el suelo del laborioso instinto urgido de invierno.
          Ejércitos diminutos hendían patas haciendo sendero,
          Cada cual en su propio juego.
          Expansión desbordante,
          Casi oculta para la vista de este caminante.

          Permanecí inmóvil, mudo... etéreo,
          Apenas rozando el suelo.
          Concentré mis sentidos en el inaudible suspiro
          De la naturaleza modelando paisaje,
          Y en lentas secuencias aprecié la función discreta
          De una vareteé de artistas de la belleza.

          Hice capital del prodigio de tanta tibieza.
          Ensanché el alma y expulsé el engendro de la indiferencia
          Ahondé la superficie de la mera corteza
          Y elevé mis sentidos a la sencillez de tanta grandeza.

          Aquí, rodeado de la nada palpitante
          Suelto el pasamano del pudor urbano,
          Me libero de destrozados asfaltos
          E inarticulados semáforos,
          De vegetales deshidratados y peces congelados,
          Del deambular apesadumbrado de ánimas sin sombra.

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        Caricias

          ¿Te han acariciado sin rozarte la piel?

          Irradia el ser destellos,
          ¿Humanos?
          Inmanejables... irrazonables.
          Suspiros enérgicos del material...
          Del que está hecha la vida.

          ¿Qué insubordina tanta magia dormida?
          ¿Borrascas de otras vidas?
          ¿Es la sabiduría del alma
          Irrumpiendo la monotonía?

          Inanunciado anónimo segundo
          Que une el origen y el fin y el todo
          Desbordando destellos
          Que decapitan las astas agudas
          Del portal de la piel.

          Brilla la mirada
          Se tensa la palma morando su entraña,
          No roza sustancia.
          Acelera el ritmo el pecho...
          Se detiene el tiempo.
          Alguien,
          Lejos,
          Toca tu cuerpo.

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        Carta a Macarena

          Hace algún tiempo, movida por esa recóndita ternura que te pertenece y que de tanto en tanto nos recuerda que no somos un mero mecanismo de supervivencia, me pediste que escribiera algo dedicado a ti. Desde aquel momento, ha transcurrido un tiempo perdido en estériles intentos de reconciliación, que fueron diluyendo aquella necesidad de sentirnos cerca. Por mi parte, he de decirte que los surcos que con tu lava de amor hendiste en mí, guardarán siempre su destino de paisaje.

          Se ha dicho alguna vez que es al recuerdo donde viajan más a menudo los distraídos. Como tú sabes no hubo ni habrá, seguramente, uno mayor que yo, que de tanto en tanto, se suelta a navegar océanos emancipados de olvidos.
          Será por eso que bastante tarde o muy de madrugada -que es lo mismo-, cuando me he sentido algo huérfano, he renovado mi alma con tu imagen en mi recuerdo.

          Así, al comienzo de un nuevo día, he sentido reiteradamente tu voz... tu risa. Aunque a la luz matinal, y luego del descanso que me permitiste, haya buscado afanosamente convencerme de que sólo se trató de un bostezo, o si es más fino, un sueño.

          Eso de soñar siempre me pareció un poco viejo, sabiendo para mejor que los sueños no se dan siempre, pues tienen su origen en la timidez del alma y la timidez del alma no es otra cosa que postergar dosificadamente, o a veces para siempre, la intención de modelarse para uno mismo, una vida más o menos linda.

          Cuando analizo fríamente tu fenómeno en mí, descubro a la persona por quien he reído y por quien me he lamentado un sinnúmero de veces... pero por motivos distintos a la gran mayoría de las veces. Te he sentido solitaria, melancólica, triste... incluso ansiosa. Siempre te mostraste ante mi alegre y prolija; admitiendo pequeñas vanidades y chispas viciadas de miseria; algunas ajenas, la mayoría, mías.

          Te admiro por eso, pues quien quiera que decida detenerse en ti, como lo hice yo, encontrará a la persona que le agrada y que es como el fuego que purifica al hueso.

          Si acaso nadie se detiene con la dedicación que puse yo, no sientas pena, no eres tú. Te diría que muchas personas piensan que sólo su piel es la que duele. Ciertamente, a esta ceremonia del vivir generalmente concurrimos pocos, ya que cuando la luz se enciende, se encienden las ideas y la gloria del espíritu, y muchos deambulan peleados con su espíritu haciéndoles faltar a las citas.

          Es que somos tan absurdos, vos, yo y en general todos, que de tanto temer una derrota, ni nos atrevemos a intentar el juego de jugar. Pareciera que sólo hemos aprendido de nuestros mayores a fingir para vencer -¿a quién?-, a custodiar nuestro territorio individual... ¡En fin!, a no darnos casi nada.

          Aquí y ahora te diré que me esfuerzo para que no me importe tanto mi piel.
          Quizá porque he comprendido vagamente cada mensaje o porque guardo bien nuestras experiencias.

          Estoy y seguiré, porque tengo un mundo que conocer -aún faltando mutuamente a la promesa de conocerlo juntos-. Pero es que gracias a ti he almacenado la suficiente sensibilidad como para advertir que la primavera todavía perdura a mitad de la existencia y seguirá estando luego y después. También por ti desmenuzo ahora las arenas del verano o saboreo las delicias del mar que reposa en mis labios. Aunque lo más trascendente sea el que hayas logrado que pueda remontar las cuestas del otoño para resurgir después, victorioso, de mis inviernos interminables.

          En homenaje a nuestros días, a lo que conservo de ti y lo que tú te llevaste de mí, te propongo que un día cualquiera nos encontremos.

          Que ese día, volviendo sobre nuestros pasos, demos vida a los momentos que bañamos de esplendor. Para ello, elijamos un día especial. Podría ser, si te parece, el 31 de abril de algún año de este jamás insuperable... Así, acaso, nos quede la tranquilidad en el alma al saber, que nuestros pasos de pétalos existirán siempre, aún cuando no tengan para su encuentro un día que figure en el almanaque.

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        Cuando me vaya

          Llegará el día en que me vaya.
          Que nadie sienta pena en mi despedida,
          De nada puede jactarse la muerte,
          Cuando es de quien ha gozado tanto la vida.

          Si algo de mí habrá de quedar
          No existirá un final,
          Ella sobre mí no ha de triunfar.

          Por ello, con extremo cuidado marqué
          Las huellas de mis pasos,
          Para que cuando ya no esté,
          Volviendo sobre ellas hallen lo que aquí dejé.

          En un lugar en el medio del todo,
          Donde late el amor y se quiebra el odio,
          Queda la simpleza que puso a mi alma
          En concupiscencia con otras almas.
          Quien la descubra,
          Podrá ver su mirada en otras miradas,
          Su risa en el común de las risas,
          Y en las miserias ajenas sus propias fallas.

          Para quienes transparenten su corazón
          Y no teman rasgarse la piel con las vicisitudes del amor,
          Queda aquí la dicha de ser amados con pasión.

          Dejo señalado el camino a la esperanza
          Para quienes anden por el mundo con una sonrisa
          Con el poder de conquistar en otros su risa.

          Para quienes vengan detrás de mí
          Hasta el umbral en el que se escurre la vida,
          Dejaré señalado el sendero del amor
          Como prueba de que sí existe Dios.

          Y para quienes pierdan la alegría por no interpretar
          Con simpleza las cosas de la vida,
          Dejaré marcado el sendero que les quite la decepción,
          Y sepan que sí hay una razón para alabar al creador.

          Como la felicidad es al fin una decisión
          Y con sólo proponérselo se alcanza tamaña bendición,
          Queda aquí el coraje que doblega toda frustración.

          Finalmente quedará también aquí
          El sutil modo en que me hablaron los sentidos,
          Que inspiraron los versos
          Que con ustedes he compartido.

          Como nada de lo que dejo lo dejo escondido,
          Quien lo quiera lo tendrá consigo,
          Entonces
          Habré vencido.

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        Cuerpo y alma

          Inesperadamente, en un oasis luego del placer,
          Me preguntaste sobre lo importante:
          Esa impredecible forma en que alguien
          Trasciende las sensaciones del cuerpo,
          Y con la pureza que tiene lo bello,
          Enciende en nosotros un fuego.

          A veces quedo sin palabras
          Y parecen eternos mis silencios.

          Hace tiempo, cuando sólo eras un presentimiento
          Y nada más podía vislumbrar en letras tus pensamientos.
          Mucho, pero mucho antes
          De que empaparas mi alma con lo que ahora siento,
          Me hiciste la misma pregunta que respondí,
          Como ahora, con un silencio.

          ¿Cómo explicarte un sentimiento?

          Hay sensaciones que enmudecen los labios
          Y estallan dentro con la fuerza
          De una revelación que nos invade el cuerpo.

          Nacen donde tú dices,
          En lo profundo del corazón.
          Y son simples y nobles sentimientos
          Que escapan de todo entendimiento.

          Ahora, al caer la tarde, te pienso.
          Te renuevo en mi mente
          Con la piadosa aspiración de volver a tenerte.
          Encontré la respuesta que antes remplazó el silencio.

          No hay una división entre mi cuerpo
          Y lo que tú has puesto en mi corazón.
          Es imposible separar tus labios
          Y mis labios del beso que desde
          Lo profundo de mi ser te doy.
          Desearte desde los impulsos incontenibles
          Que nacen en el instinto del hombre que soy,
          Es también desearte con la pureza que ahí puso Dios.
          ¿Cómo podría separarte en cuerpo y en alma,
          O entregarte mi cuerpo y no darte mi alma
          Sin dejar de ser lo que por ti soy?

          Todo tiene una explicación,
          Hasta este sentimiento que nació
          El día que tu cuerpo se apareció.

          Tan seguro de esto que te digo estoy,
          Que cuando el tiempo pase dejando sus marcas
          En la piel y en los huesos de nosotros dos,
          Te seguiré queriendo
          Con la misma firmeza que te quiero hoy.

          La respuesta es simple:
          Es amor... amor.

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        Culpable

          Se rompió de manera irrecuperable
          Y lanzó sus trozos insondables.
          En sus ojos estaba el deseo
          Y le obsequié la catarsis.

          ¿Cuánto de propio daño?
          ¿Cuánta fue mi carga?
          ¿Cuánto el arrumbe de los años
          Cáusticos penando en solitario?

          Se dejó ir.
          Vomitó acuciantes prejuicios.
          Los espetó con el viento a favor.
          Tiró a mansalva; ¡para matar!
          Y se hirió de muerte.

          Gesticuló incoherencias del resentimiento de la razón
          Y el mal humor de verse por años sin solución de continuidad
          Fue un cristal roto.
          Blasfemó al universo y a su dote molecular...
          Pero no lloró.

          Al fin, puso a cada culpable en su sitio:
          A los que sesgaron sus talentos para fracasar,
          A los que silenciaron sus gemidos para que no molestara más,
          A los que le dieron placebos para que se dejara estar...
          A todos ellos... y a uno más;
          A quien no la supo amar.

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        De rectas y codos

          Codos...
          Quiebres excelsos llenos de majestad.
          Laterales coros inspirando antojos,
          Poblados entornos de excitante vanidad.

          Codos...
          Ilesas caídas del limbo de los sueños tontos,
          Angelicales soplos sobre mis pómulos.

          Rectas...
          Horizontes lejanos,
          Horas de repetidos llanos,
          Plomizas y enredadas horas en vano.

          Recta...
          Línea inerte,
          Trazo fino hasta el día de mi muerte.

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        Dejarse llevar

          Si la tarde cae o se levanta,
          ¿No da igual?

          Hay razones pensables
          Para que esta bella soledad
          Sature de encantos esta tarde
          Y su pausado andar.

          La espontaneidad arrasa
          La consistencia del tacto,
          Se masifica el espíritu
          Con la tarde que apenas cae.

          La penumbra nos borronea la vista,
          En abstracto, se conectan las almas,
          Tu vestido... mi camisa,
          Comienza el dulce juego de caricias.

          Si soltar pasiones es fusionar en éter corazones,
          Piel, pollera y pantalones
          Que dormiten fuera los rosales
          O que el tilo mude sus amarillos invernales
          Que anochezca
          Que amanezca
          Que se sature el aire del roce incansable de tocarse
          ¿Hace eso la diferencia al expresarse?

          Fusionar y dejarse llevar...
          Calentar el aire y flotar,
          Buscar una huella en tu cuerpo
          Y comenzarla a andar...
          Amarnos en esta tarde de caída leve pero magistral
          Hasta que el ángel de esta tan complaciente soledad
          Nos diga que hemos a la tierra de regresar.

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        Desencantos

          La imagen se hizo vidriosa y se desplomó.
          (Mudos despojos estallaron vanos).

          Gira y se marcha
          Pero se queda.
          Se sienta, se para, se pasea.
          Se dobla, se abraza...
          Blande unas lágrimas consabidas
          Y detiene la inercia para mirarse.

          Hiel que aspera labios,
          Desencanta, enajena
          Somete...
          Devora enzimas de integridad.

          ¡Brumos de espanto!
          (En una conciencia imprecisa).

          Así,
          Sórdida en conjeturas
          E inhábil de manos y de labios,
          Se escruta adivinando
          Para rendirse
          Sin decirse nada,
          Hablando.

          Y como suave y dispuesta mejilla de santo,
          Resigna sus encantos y se retrae...
          Se apea de la vida en el andén de la muerte
          Para ver pasar laxas todas las horas siguientes.

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        Despedida

          Y por ese sendero
          Donde nuestro amor juramos
          Volveremos a caminar...
          Sin tomarnos de la mano,
          Mirando hacia abajo,
          Casi sin hablar.

          Donde la naturaleza viva
          Con su canto
          Querrá hacernos soñar.

          Pero lo que antes dijimos
          Ya no se repetirá,
          Pues no somos los mismos
          Que antes por aquí pasaron,
          Sellando con un beso,
          Lo que hoy destruimos
          Sin ni siquiera hablar.

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        Despertares

          Una musa sisea en los árboles
          Canto de despertares.
          En sus capullos
          Los crisantemos perfuman el aire.

          Las aves dejan huella en consortes viajes.
          Con sigilo
          Mil ángeles colorean paisajes.

          La tierra bulle bajo el tibio sol de la tarde...
          En reverde romance
          La vida hace su alarde.

          Plenitud y despertares
          Como fauces voraces,
          Igual que mi suelta boca
          En tus labios procaces.

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        Dile

          Relámpago amordazado:
          Purificas con fuego desde tu ennubecida entraña
          Parafraseando en lo alto como una voz que clama.

          Empírica marioneta de energía increada:
          Iluminas con tu haz las fases de mi cara
          Que busca un cauce en la tierra magra.

          Solsticio invernal que desparrama gemas
          Cual verdad enmascarada.

          Candor de flama
          Que fuerza al alma a huir del desierto
          Con la esperanza de encontrar aquí un huerto.

          Suelta el trueno
          Y toda esa luz al espacio abierto...
          Desamarra el freno
          Que te tiene preso en el cielo...
          Cuando agonice la noche, no serás secreto.

          Dile que la amas
          Que es ella la dueña de cada gema
          Que desde tus ojos resbalan.
          Que es ella energía increada
          Que pone luz incandescente a tu mirada.
          Dile que relampagueas en sueños
          Rumbo al huerto donde florecen tus deseos.

          En esta noche larga de tormentas inventadas...
          Apacigua el alma,
          Si ella te ama como tú la amas,
          Serás testigo al alba
          Cuando las estrellas digan hasta mañana.

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        Docilidad y rebeldía

          "El destino tiene dos maneras de herirnos:
          Negándose a nuestros deseos... o cumpliendo los de él.
          Sin embargo, podemos rehusar a aceptarlo tal y como se nos presenta".

          Desde aquellos primeros días de la razón,
          He sido un espectador de la vida.
          A veces mirando al mundo girar
          Desde mi dócil pesadumbre pueblerina...
          Tantas otras,
          Observándolo desde el lugar reservado a las águilas;
          Elocuente, transgresor, actor
          O simplemente un sensible soñador...

          Sin embargo,
          Cuando vuelvo al pasado trayendo recuerdos a mi mente vaga,
          Sólo llegan hasta ella los momentos de audacia,
          Con algún esfuerzo logro capturar la chatura rutinaria.

          Con todo, de cada cosa aprendí algo
          Todo conspiró, vista, razón y omisión.

          Me modelaron del sutil modo
          Que tienen los artistas desde sus dones,
          O a golpes de chocar con las formas
          Con que los paradigmas modelan las razones.

          Del modo en que viví,
          Del modo en que siga viviendo
          Y del modo en que algún día muera,
          Seguiré pensando que ese es el sentido de mi vida,
          A veces la docilidad, a veces la rebeldía.

          Pero si por los errores y aciertos cometidos,
          Pudiera llevarme al más allá un trozo de acá,
          El amor y el odio me llevaría,
          Porque ambos, como la docilidad y la rebeldía,
          Serán mis extremos en vida.

          En ese viaje final pondría...
          De un lado a la persona que hice feliz
          Hasta los huesos con mi hidalguía.
          Del otro,
          A quien mortifiqué en lo profundo del alma
          Con mi cobardía.

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        Domingo de miembros enredados

          Aún te latía en el pecho.

          Soleado amanecer
          Con sabor a domingo.
          La noche anterior,
          Vencida de amor,
          De natural atuendo
          Te pudo más el sueño.

          Aromatizado tu cuerpo
          De los efluvios ganados al éxtasis,
          Te recuerdo cabalgando mi cintura.
          Ahora duermes...
          Relajada, nítida y pura.

          Te despierto de caricias furtivas que te fascinan,
          Explorar tu geografía me alucina.
          Vuélveme de rigidez el roce consecuente,
          Vuélvese la humedad bajo tu vientre...

          Domingo de miembros enredados,
          Suspiros amanecidos del sábado,
          Leo en tus ojos la premura
          De trepar nuevamente a mi cintura.

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        El ancla de tus besos con alas

          Mis dedos sumergí en aguas cristalinas
          Y pasó rauda mi vida bajando desde la cima...
          Boceto equivocado que sumerjo en arroyo helado
          Resignado de no haber sido de mí como había deseado.

          Susurros de aguas raudas descendiendo de la montaña...
          La vida, es al fin un cuento de hadas
          Amarra tu alma a la piedra de una esperanza
          Y escribe sobre mi superficie tus sueños y añoranzas.

          Esperas largas sobre la piedra amarrado a la esperanza.
          Esquemas de inciertos devenires que en ciernes padecí.
          Fueron noches y amaneceres sin soltar los sueños en que creí
          Hasta que al fin el agua te trajo junto a mí.

          Aureola de festejo, confabulaciones de hadas y aguas,
          Desde antes que me habitaras ya te esperaba...
          Cómo no se me iba a colar la vida hasta esa mañana
          Si me faltaba el ancla de tus besos con alas.

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        El último retrato

          Pinté flores
          Con la llovizna dándoles de beber.
          Pinté ocasos como amaneceres radiantes
          Y veranos en rebelión de otoños por nacer.

          Pinté tus bostezos silentes
          Como gritos en lo profundo de tu ser.

          Pinté las risas insomnes
          Y todo el pudor de aquella vez.

          Pinté lágrimas pequeñas,
          Del tamaño en que sentí tus penas.

          Pinté lágrimas profundas
          Como océanos de tristezas.

          Pinté nuestras voces emergidas
          Del bullicio alegre de pertenecer.

          Te pinté por dentro
          Cuando pinté el durazno aquel.

          Pinté reflejos,
          Bellas almas por nacer.

          Pinté tus perfiles de mujer, cerrando mis ojos,
          Adivinando cada esquina con mi mano sobre tu piel.

          Pinté tus palideces,
          Sólo mis ojos las habrán de ver.

          Pinté la naturaleza, a ti merodeando en sombras
          Aunque las formas pudieran parecer otras.

          Te pinté en cada cosa que pinté,
          Aunque unos pocos te puedan ver.

          Pinté dos hojas secas,
          Un epitafio,
          Y cicatrices que el tiempo no ha de remover.
          Vientos helados secaron tus labios,
          Me arrebataron tu ser.
          Dos hojas muertas,
          Un epitafio...
          El último retrato que de ti habré de hacer.

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        Ella

          Siempre me sorprende cuando la veo
          Entre la gente y de la nada se aparece.
          Y del modo sublime en que la luz pinta colores
          En lo tenue de un amanecer en calma;
          O la agonía de una tarde imprime
          En el celeste cielo diminutos agujeros.
          Ella, con sólo una pizca de ella,
          Da presencia a mis vacíos de ausencia
          Y enciende luceros que guían mi alma
          Hasta su alma bella.

          Habrá miles que se le asemejan
          Me digo sorprendido cuando la miro ahí,
          Entre toda esa gente que me resulta indiferente.
          Pero si ella un día por razones que Dios no quiera
          No apareciera,
          Los amaneceres perderían sus colores
          Si ya no pudiera amanecer con ella,
          Y las tardes
          Las tardes dejarían que las noches
          Se sorprendieran sin estrellas.

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        Ella, cuando era mía

          Ella sonreía
          Y al filo de la noche era orquídea.
          Sosténme mientras bailo -me decía-
          Y mis manos empecinadas en desvestirla.

          Ella gemía
          Y un aroma a lirios todo lo invadía.
          Fusiónate a mi centro -me decía-
          Y espasmódicos placeres la retorcían.

          Ella dormía
          Y las alondras le silbaban nanas vespertinas.
          Te quiero más que a mi vida -le decía-
          Y ella, en sueños, lo repetía.

          Ella lucía
          Del arco de mi brazo asida.
          Hay armonía en nuestros pasos -me decía-
          Y una radiante ternura nos envolvía.

          Ella... cuando era mía:
          Plasma que mi alma suspendía.
          -¿Eres feliz?-, me decía
          Y de tan feliz que era, casi fallecía.

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        Emigrantes de otras vidas

          Una furibunda tormenta nos tendió
          Su mano suave en el caer gris de la tarde...
          Nos buscamos con la mirada
          Amparados bajo un paraguas
          Que quiso Dios
          Me acompañara siendo que jamás lo usaba.

          Energía que fue prosa directa al alma
          Lo que me devolvió su mirada
          Y la mía
          Que no supo decirle nada,
          Que desde hace tanto la buscaba
          Quedó incrédula y desde ese momento acompañada.

          Luz divina que cauteriza las heridas
          Que el andar por la vida causa.
          Eres tú una presencia tan sutil y santa
          Como lo era de niño mi ángel de la guarda.

          Y fueron días con glorias
          Y temblores violentos los que siguieron
          Y fuiste mía en otro encuentro
          Y me entregue dócil a ti
          Como en este cuento que te cuento.

          Paranoias del alma...
          Hasta hace un tiempo era yo un reducto de impurezas urbanas
          Y ahora tu amor santifica mis andanzas.

          ¿Estaría escrito que alguna vez te encontrara?
          Qué tonterías pienso
          No hay escrito en ningún lugar nada.
          Somos emigrantes de otras vidas,
          Un vendaval de lluvia con viento nos junta en ciclos eternos
          Desde que el tiempo es tiempo
          Y el amor
          Se recrea en nosotros como en un cuento.

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        Ese cristal

          Ese día,
          La palidez del mundo lo embriagaba todo.
          Un cristal separaba opacidad de algarabía.
          Dentro, tú, humedecida de mí, sonreías;
          Fuera, la lluvia humedecía la monotonía.
          Fino cristal de pétreo esplendor
          Sutil encanto nos devolvías.
          Dentro, mi dedo contorneando tus pechos;
          Fuera, contorneaba el viento para las hojas un lecho.
          Ciudad difusa... detenida.
          Cristal opaco donde la lluvia dormía.
          Encanto que aviva en nosotros
          Infinito placer de rozarnos con la piel ese día.

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        Filigranas

          Con pensamientos encendidos como flamas,
          Deseando que alguien me atice de borrascas
          Me hundí en reflexión a flor de lágrimas,
          Lleno de vacíos... rodeado de hojarascas.

          Como la luz perseverante que retorna por las mañanas
          Y que con angelical calma tiñe de auroras el alba,
          También perseverante espero las palabras
          Que adornen mi alma de filigranas.

          Y con la esperanza de ver soledades decapitadas
          Espero su llegada como a la aurora en mi ventana
          Para celebrar el festín de dos ansias encontradas
          Que dibujan en sus almas filigranas.

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        Garota de Marajacau

          Enteras las noches,
          Deambulo nostalgias.
          Noches enteras bajo luces como flamas,
          En ignota ciudad al bies de mis ansias.
          Palpitante como escarapela en el pecho,
          Un corazón late en fanfarria.
          Mientras la salina llovizna
          De mis lágrimas
          La pensaban.
          ¡El universo que nos unió está tan lejos ahora!
          Como las rompientes olas de Maracajaú.
          Como las orillas candentes de sus verdes aguas.

          Efímera la impronta que dejamos;
          Tan efímera como huella en lodazal,
          En ese universo... ramplón,
          No quedó de nosotros tesoro
          Ni pedestal.
          Batiente -sin embargo-, tú
          Mariposa de un día,
          Agitas tus alas en mis noches de nostalgia
          En una ciudad de millares de almas
          Que ninguna eres tú.
          Que por no corresponderte una,
          Mi sonrisa se acalla.

          Hay un universo de único sol,
          Entibiando la arena de un reloj,
          Sin pausa.
          ¿Mirarte?
          ¿Que te mire?
          Oh no seas escandalosa.
          Hay sonrisas como la tuya bajo la alfombra,
          Un par de ojos asomándose tras las góndolas,
          Y unas piernas,
          Como las tuyas,
          Esculpidas en roca,
          En cada playa de estas zonas.
          Sí supe,
          Después,
          Que jamás pensaría en otra.

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        Hacerte el amor

          Hechizado de blanquecina magia
          A orillas de tu presencia,
          Se pasan las horas en que me moras
          Entre rojos intensos de pasión.

          Te dibujo informe en el aire
          Saturado de esencias
          Y de las sordas voces de nuestra respiración.

          Consecuente placebo
          Llegar con mis dedos a cada rincón
          Impulsado por latidos inconscientes del corazón.

          Y vuelta a contornearte
          Buscando las formas que más me unen a vos
          Mientras los labios se prodigan besos
          Bebiéndonos.

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        Hastío

          El mundo gira en la vereda de enfrente,
          Produce vértigo verlo
          Sentado
          Aquí
          Esperando.

          Los paisajes se detienen por un rato
          Miran con desparpajo
          La ruina de mis ojos,
          De mis labios.

          Un sol y una luna madrugan
          Uno con el día clareando
          La otra, por las noches
          Apenas alumbrando.

          Los sonidos flotan solfeando
          La melodía que el viento
          Viene cantando
          Murmullo ajeno
          Voces que a otro están llamando.

          Un pájaro retoza
          Al amparo de una mata de barro.
          Otros alejados.

          En mi vereda,
          Se porfían las cicatrices
          Eternizándose en mi regazo...

          Vulgares hastíos se confabulan
          En audible
          Remanso.

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        Hay amor

          Cuando hay poesía en el aire que rodea un cuerpo
          Y existe una voz dulce que susurra un sentimiento.
          Cuando se derrama una lágrima sentida,
          Que luego es llevada por el viento.
          Cuando la mano dura del tiempo
          Une aún más el pensamiento.
          Cuando la alegría invade nuestro seno
          Y nos da alas, para salir y llegar a tiempo,
          Para volar y penetrar en los más excéntricos sueños
          Pero por sobre todas las cosas,
          Cuando hay ganas de vivir y seguir creciendo.

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        Improvisamos

          ¡La improvisación es el sesgo!
          Un instante, sacudidos de vida, nacemos
          Sin tiempo para planificar lo que haremos.

          Así entre la tranquilidad y el desvelo,
          Entre risas y desconsuelos,
          Entre ardores y desamores...
          Extendiendo la mano o esquivando el sayo,
          Día por día avanzamos improvisando.

          Y mientras giramos por el universo
          En milenaria rutina celestial,
          Amamos, odiamos,
          Nos educamos.
          Avanzamos, nos desmoralizamos,
          Creemos en la divinidad y rezamos
          O excomulgados andamos por
          La soberbia mezquindad de quienes
          Igualan castidad y libertad.

          En ese universal suspiro de vida
          Buscamos la huella de una utopía
          O nos marcan con la huella de la hipocresía.
          Nos mecemos con el viento de lo ya inventado
          O modelamos sueños y los inmortalizamos.

          Al fin la muerte en uso de su fundamento
          Irrumpe en la apatía de una noche o durante el día
          Exhumando al alma de nuestro cuerpo sin vida
          En ese inerte santificado segundo,
          Entre lo divino y la hoguera donde nos redimimos
          Es premio descubrir que, aún improvisando,
          Hicimos cuanto pudimos.

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        La carne trémula

          Condené mis labios a tus senos
          Recorrí los tuyos con mis dedos.
          Hundí mi vientre en tu vientre
          Soltaste tus muslos ardientes.

          Sensibles contactos de mi saliente
          Abrieron senda en tu vertiente
          Rojas paredes y delicados dobleces
          Cobijaron mi vigor y temple.

          Abandonados al instinto inconsciente
          De acaparar caricias imprudentes,
          Saboreamos el néctar complacientes
          De nuestros incausados ríos surgentes.

          Nació un suspiro que preludió placeres,
          Acaparamos brisas cual amaneceres,
          De la mano de un ángel dejamos el suelo
          Para flotar libres por los umbrales del cielo.

          Oh dulce dama encaramada
          En sutiles formas inmaculadas...
          Rozas mi piel con tu piel aterciopelada
          Y se rinde ante ti mi viril espada.

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        La muerte

          En la batalla de la vida
          Sobre lo inerte
          Queda sabido,
          Ganará siempre la muerte.

          Un vendaval se llevó mi ilusión.
          Viento helado que transporta a la muerte con su hoz
          Dejando cuerpos sin su alma
          Que más de la tierra ya son.

          Quedan aquí desolados corazones
          Que la impotencia quebró
          Para que también la muerte un día...
          Venga y los parta en dos.

          Pasa el viento arrancándonos la vida
          Desparramando pedazos de ilusión.
          Pasó la muerte,
          Y aún en mi vigilia,
          Lo mismo te llevó.

          El triunfo de la vida es un espejismo inútil,
          Alarga el letargo insano del inexorable final.
          Y mientras nos destroza la agonía,
          La muerte, a veces lenta,
          No parece tener piedad ni complacencia.

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        Las flores

          Sacúdese la vida ante el misterio de las flores.
          Belleza que alardea perfumes placebos
          Y cromática sinfonía que trasforma paisajes.

          Del monocromo a la diversidad
          Y de la vastedad a lo insignificante... tremendo viaje.

          ¿Cabe un pensamiento en un pétalo?

          La existencia es un instante
          Y cada silencio un diálogo con ángeles.

          ¿Serán las flores llaves o portales?

          Sacúdese la vida ante el misterio de las flores
          Que perfuman el paisaje.

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        Leve me acerco

          A la distancia justa
          Del torbellino de tu aliento,
          En tu rojo intenso
          Y la humedad de tus adentros.

          Sin rozar la fragilidad.
          Sin alterar sustancia.
          Sin soltar destellos.
          Sin controlar reflejos.

          Sin excluir la mirada,
          Como abarcando la nada
          Que ya tiene un cuerpo
          Y engendra un alma.

          En la espera tensa
          En medio de la urgencia
          Que acrecienta la llama
          Que mi pecho inflama
          Y deshace el esfuerzo
          De contener las ganas.

          Leve
          Me acerco,
          Te beso.

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        Llevo incrustaciones

          Llevo incrustaciones.
          Palabras sueltas
          Salpicadas de un amor
          Que echó a volar ilusiones.

          Llevo cicatrices.
          Huellas de tus uñas,
          Piel y laceraciones,
          Tus incontenidas pasiones.

          Llevo aromas,
          Amores incansables
          De fluirse libre
          Las ganas de los corazones
          Con pocos pudores.

          Llevo voces
          Sordas, ¡en el alma!
          Repiten nuestras canciones.

          Llevo brisa
          Llevo llovizna
          El ángel de tu risa.
          Aquella solera amarilla
          El verde de tus ojos
          Tus verdes ojos
          Que me miran y
          Más verdes los noto.
          Miel de tu saliva
          Mi mano en tu cintura
          Cuando ahí latía vida.
          Un no porque no,
          Síes que son quizá.
          Un jamás ocurrirá.
          Un sí que no dio sílaba.
          Tu lágrima más sentida.

          Llevo incrustaciones
          De ti
          Por el resto de la vida.

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        Luna mensajera

          Luna:
          Cuando llenes el horizonte
          De tu faz iluminada...
          Búscala a ella,
          Dile que la amaba.

          Que cada noche
          En el campo la esperaba
          Para adorar la belleza,
          Que toda de ella,
          Tú bronceabas.

          Dile, luna mía,
          Que no hay suspiros
          Ni gemidos, ni sabores,
          Que han perdido
          Aroma las flores,
          Y que es fango nuestro lecho
          De pastizales hecho
          Bajo el infinito techo
          De tu presencia glamorosa.

          Luna, ve dile
          Que bajo la diáspora de las estrellas,
          Entre constelaciones de luciérnagas
          Y rocío de cometas,
          Donde centellea lumínico
          Tu nocturno amanecer, aún la espero
          Velando su recuerdo,
          Deseándola con todo mi ser.

          Dile,
          Que le perdono la ausencia
          Y la perfidia
          Y la huida en el silencio de los grillos...
          Haz que vuelva
          Para aromatizar los gemidos,
          Que vuelva
          Para iluminarse junto a mí
          Bajo tu celestial brillo.

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        Mi risa

          Cayéronse como páginas amarillas
          Los florecidos días para mis intentos.
          Giros bruscos da la vida,
          Que de tan bruscos,
          Es de la inercia esta lástima autóctona
          Que se llevó el alma de las cosas.

          Se ha marchado el tañir de mi risa.
          Esta mueca híbrida con atisbos de simpatía
          Es el eco de lo que fue mi sonrisa.
          Mis huesos no han sido capaces de seguirla,
          Han quedado a la orilla de las alegrías,
          Como residuos de toda aquella chispa.

          Quiero rescatar de ese vacío inerte,
          De un olvido piadoso,
          Al lienzo aquel donde pinté
          Como un sol vigoroso
          La rebelión enloquecida de mis esbozos
          Cuando la vida era risa.

          Quiero sepultar esta resignación
          De esperar manso el final de este día
          Extraviado en signos remotos
          Ausentes de fantasías.

          Quiero mi risa tonta
          La de los días sin penas
          Con glorias
          Quiero reírme de mis injurias barrocas,
          Esas que emergían solas
          Al quebrárseme la boca
          Con soberbia idiota.

          Quiero suplir esta desgarbada gota
          Que es de mis ojos
          Ahora que añoran,
          De mi risa,
          Su extravagancia sonora.

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        Mujer centaura

          Verdes ojos que me amparan
          En el amarillo hechizo de un aura
          Brillantes esmeraldas engalanan
          Su tenaz estirpe centaura.

          Con paz de ángel me abraza
          Ignorando su don de guarda
          Ensueño de lienzo y alabanza
          Su serena imagen guirnalda.

          De la fresa de sus labios
          Sabores que el pecho embriagan
          Desnudan mis instintos sabios
          Sentires que jamás empalagan.

          Amo su cadencia profana
          Clandestino destello de mujer alada
          Su infinita esencia humana
          Todo lo ofrece al sentirse amada.

          Como un río arrollador de lava,
          Que todo lleva al bajar la montaña,
          Me arrastra como pequeña grava
          Por las noches, soltándome en la mañana.

          Y plácida como estampa
          Del ejercicio del amor descansa
          Pareciendo que el cielo escampa
          Y mil ángeles arrullan una romanza.

          Duerme plácida bella dama
          Centaura y pasional mujer alada
          Menoscaba el pudor de una cama
          Que el amor hace en ti alborada.

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        Música

          Música de letargos agnósticos.
          No existe el entorno.
          Hay virtualidades deambulando el éter,
          Fantasmas que penetran el sólido.

          Música
          Al garete sobre oleajes impetuosos.
          Caricia de toques sonoros
          En el impreciso reverso del cosmos.

          Y lo profundo se adereza
          De sabores misteriosos;
          Son las musas que pueblan el entorno.
          Si cierro los ojos,
          Bambolea la música mis despojos.

          Dejando sobre el pentagrama
          La lógica predecible del tiempo.
          Serena la música
          El caudaloso río de un enojo.

        Arriba

        Nada más perfecto

          Lubrícanos la pasión
          Que desatamos.
          Se desliza el vigor al abrigo
          De unos labios.

          Entrañas penetradas del ser
          Anatómica perfección
          Que eleva el gozo
          Y prodiga placer.

          Suelta un suspiro el alma
          Que es plegaria
          Y entre sudores
          Se mezcla la piel.

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        No se huye de lo que se es

          Mira que el tiempo es mezquino
          Y no se puede huir de lo que se es.
          Manda lo escrito en nuestro destino
          Y a nadie le responden los porqués.

          A contramarcha de tu sino,
          Cual caudaloso río, todo te vendrá de revés.
          Ni ofrendas ni plegarias te abrirán caminos...
          Agudizando el sendero su estrechez.

          Solo, sin que a nadie importes un comino,
          Velarás por desojar un día la vejez
          Por ello es preciso que lleves buen tino,
          Sin resentirte por mucho tiempo de lo que es.

          Así, cupido es celestino...
          El diablo maligno, pérfido y soez;
          El francés... francés un parisino
          Y la mujer bendita en su preñez.

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        Ondas esculpidas

          La risa esculpió ondas,
          Y como batiendo alas,
          Hubo muecas de carcajada
          Y aullidos de júbilo.

          -Al fin-, clamaron eufóricos.

          Y la risa fue sonrisa
          Y la sonrisa numen de ojos
          Que esculpieron ondas de regocijo
          En la liviandad del aire.

          -Al fin-, repitieron serenos.

          Uno extendió su mano
          Y hubo otras, muchas otras,
          Seguidas de brazos
          Urgidos de pechos y pulsar de corazones
          Esculpiendo ondas.

          -Al fin-, dijeron gozosos.

          Luego afloraron escaras cristalinas
          Que esparcieron ondas
          En la salinidad del aire,
          Y hubo otras,
          Y fue llovizna.

          -Al fin-, susurraron agradecidos.

          El sol abría los párpados
          Sobre el arco del planeta,
          En el cielo se disipaban las estrellas,
          Y la luna, decía adiós a su vigilia.

          -Otro día-, vitorearon alborozados.

          Y sus voces esculpieron el aire
          Saborizado de la mañana
          Saturado de misterios de vida,
          Mientras otros,
          Más al oeste,
          Reían.

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        Palabras

          Sólo palabras...

          Dulces expresiones articuladas en labios puros para expresarlas.
          Sueltan ruiseñores con sedas multicolores
          Que son festejo el día de la virgen de los dolores.

          Palabras escindidas de las raíces del alma,
          Que se pronuncian al tiempo de fundirnos con la mirada.

          Palabras escritas, desparejas, pero cálidas
          Borroneadas a veces cuando queremos adornarlas,
          Pero expresando siempre pureza emancipada.

          Palabras dirigidas a la amada,
          Al amado, o a quien yace preso de su entraña
          Al amigo solidario de vidas pasadas.
          Palabras soberanas que trascienden la trivialidad mundana
          Y se elevan al olimpo junto al Dios sabio
          Que las inventó para usarlas.

          Otras palabras,
          Las que inducen a la degradación,
          Mejor no pronunciarlas.

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        Partida

          En voz baja elevo un ruego...
          Está en ti mi vigor y juventud,
          Todo lo que he querido y he sido...
          Si cierras tus ojos para siempre,
          Y me dejas aquí,
          Si no me llevas contigo
          Se terminarán en el mundo los atardeceres,
          Los ríos y las montañas,
          La sonrisa en mi cara
          Y la alegría en mi alma...
          La pasión que he sentido al amarte,
          La ilusión de verte anciana.
          Tu piel te llevarás contigo
          Y la luz transparente de tu mirada.
          Seré desde ese momento
          Una mitad deshabitada.

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        Pensamientos trasnochados

          ¿Qué empañó la perfecta transparencia?

          ¿De qué trasnochados instintos,
          Ladrillo a ladrillo,
          Se edifica la apariencia?
          ¿O es al observar ojos que piensan
          Que nace la lucha por el tener o el que te tengan?

          La aceptación es abrazo; ¿y el rechazo?

          Si fuese rechazo:
          ¿Se confabularán en fila las fuerzas del instinto
          Para diezmarme pedazo a pedazo?

          Y si fuese aceptación, luego:
          ¿Cabalgaré la soberbia con capa y espada
          Para que nadie jamás ose mancillarla?

          ¿Es nada más la existencia este vago peregrinaje
          Entre la soledad y la apariencia,
          Entre el te tengo y el que sólo me contengas?

          Sin mutar de amores a odios,
          De igual modo:
          ¿Puede entregarse uno presto a la obediencia?

          ¿Qué empañó la perfecta transparencia
          Donde la razón de todos lados se aprecia?

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        Perfume de jacintos

          Saturado el aire de mordaz fatalidad,
          In sécula cabalga la muerte como entremés de un sueño.
          Espigas rotas de jacintos
          Púrpura sanguinolento
          Maraña de maderos en estocada yugular.

          Como gris nube de azar,
          Se disipa al fin la vida,
          Se viene la orfandad.

          Tíñese la noche de negro plomizo...
          Un viento de hiel,
          Aúlla los pinos asesinos.

          -¿El potro? -En el cobertizo.
          Apajado descansa sus bríos clandestinos.

          -¿La niña? -Adolorida.
          Aún no acierta dilucidar lo acontecido.

          -¿Y la ausencia?
          -¡Como un filo!, se le mete a la cama entre los linos.

          Del negro de la noche al negro vestido.
          Mañanas de ojos que parecen llovidos.
          Y no hay risas ni perfume de jacintos.

          -¿Y mi madre?
          -¡Se ha ido!

          Desbocado el zaino en los trigos,
          Al bosque huyó despavorido.
          Una estocada de pino,
          La segó por el cuello
          Quebró los jacintos.

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        Placeres

          Me has tocado, mujer.
          Y mujer que eres en mi lecho,
          Desde tus dedos de ti me has hecho.
          Con mi palma te he recorrido toda,
          Con mi palma y mi piel lo he hecho.
          Desde mi palma y mi piel y con mis huesos,
          Desde mis huesos purificados en tu fuego
          Y mi boca encadenada a la miel de tus senos
          Me has hecho.

          Guardo tus ojos que gozan
          Y me buscan en la penumbra de mi sombra,
          Guardo los susurros bañados de tu sudor salado
          Que en la misma penumbra me nombran.
          Y quedo en tu cuerpo contraído entre tus brazos
          Y pertenezco a tus viseras y pertenezco a tus labios.
          Me tienes unido a tus entrañas y temblando,
          Tú me tienes sujeto a tu alma y sometido a tus encantos
          No me dejes ahora ni me abandones tan luego, mujer,
          Que a un tiempo es más bueno,
          Que a un tiempo es supremo.

          Como dos náufragos de los mares del éxtasis,
          Hénos aquí exhaustos pero abrazados,
          Elevando plegarias al amor consumado,
          Temblando y jadeando en un lugar sin formas,
          En un instante perpetuado por el gozo de lo gozado.

          Sobreviene la calma en el torbellino de miembros enredados.
          Sobreviene la calma en esos océanos salados
          De nuestros sudores mezclados.
          Sigues presa de unas manos que todo tocan,
          Y te buscan a tientas en penumbras ya sin sombras.
          Me has tocado, mujer, y mi alma ha gozado
          Y mi cuerpo tiembla
          Y mi boca aún busca tu boca.

          Vengo desde ti y ya no soy quien era.
          Soy la sensibilidad en las yemas de tus dedos,
          La agonía de unos huesos que extrañan tus huesos,
          La miel en los labios de la mujer que aún me nombra.

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        Poema de la descomposición

          Un puente hacia el infinito;
          Límite de destierro.

          Hay una impostura
          Apesadumbrada
          Que ahueca la gracia.
          Un apetito rasguña entrañas.
          No se trasquila la esperanza
          Donde se asentó el ansia.
          Sabiduría del errante
          Sobrevolando el paisaje.
          Entre bambalinas: la mano sabia.
          Pero no hay mano que por santa
          Te restituya en gracia.
          Filigranas indelebles,
          Huellas sempiternas,
          Deleitosas bayas siega la evocación.

          Solté lisonja de destierro...
          A la nostalgia;
          Sin respuesta que satisfaga,
          Se conjuran las ánimas
          Desfalcando la esperanza.
          Allí recalo
          En confusión
          Con mis sueños
          Intactos.

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        Poesía para mis amores miopes

          Fue de mis ojos una precoz miopía
          Rodeado de paisajes borroneados
          Y seres amados de rostros adivinados,
          En letanía modelé cada día una utopía.

          Jóvenes años de profundas caricias
          En amores que trascenderán mi vida,
          Perdurables encuentros, alguna despedida.
          Todos por igual me inspiraron poesías.

          Instantes inolvidados borroneados de miopía,
          Una amada imaginaria que me quería
          Y su aliento que mi rostro esculpía.

          Poesías del encuentro con almas que sentía,
          Naciente boceto de una vida en amores tupida
          Bajo la nublada romanza focal de la vista mía.

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        Por amor

          Amanece de embrujos una salinidad opaca.
          Busca en el alba verse a sí misma por el sol encantada,
          Para borrar la pena del que ha quedado sin nada.

          Renuente e imprecisa se adentra en su propia sisa,
          Escarba por dentro del sonido de aquella risa
          Y busca los brazos que al alba la aferraban.

          -¡Ya no está!
          -Se ha marchado a los lúgubres confines del averno
          Y le han tapado con lozas el día de su entierro.

          Lava la ira su otrora sonrisa de dama.
          Las horas como lanzas hieren su tolerancia,
          ¡Mordiendo bajo sus uñas!
          Lamiéndole las entrañas.

          Consuela su madre al salado ángel de lágrimas.
          -¡Shhh! ¡Calma!
          -Borra aquello de impartir a Dios condena.
          -Busca destellos que hagan pretérito tu deambular incierto.
          -Como cada mañana, ¡mírate a la cara!
          Ha pasado la hora de las revanchas...

          -¿Que la parca lo ha cubierto todo de mortajas?
          -¿Que como conjuro ha caído sobre ti la desgracia?
          -¡Niña!, ¡ve!, ¡lava tus lágrimas!
          -Ponte rímel y un poco de esa loción barata,
          Que en pocos días habrás olvidado al que amabas.

          Amanece de embrujos la salitre esquirla que lleva clavada.
          La niña no suelta la mano a su desgracia.
          Es que lo amaba
          ¡Lo amaba!

          La mañana espía tras las lomas.
          La niña no amanece de gemidos, ya ni estorba.
          - ¡La niña está en su cama!, sola,
          Como blanca inmaculada sal piadosa,
          Sobre un naufragio rojo cual si fuesen rosas.

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        Primavera del jamás

          Como en un ciclo de percepción perpetua
          Para la temporaria conciencia de los sentidos,
          La primavera daba inicio en los pálidos tallos adormecidos.
          Todo adquiría su renovado encanto
          Aunque lloviera, aunque hiciera frío.

          El último domingo de septiembre de ese año del jamás
          Se abandonaba en sí mismo para siempre
          No sin dejar sus señas sobre la tierra hecha barro
          O sobre lo majestuoso de aquellos prados reverdecidos.

          Mirando a través de un cristal que separaba el adentro del temporal,
          Dijiste en un suspiro:
          -¡La alameda desafía al viento!
          Está llenando de rumores esta tarde de aire
          Enrarecido...

          -¿Rumores? -susurré-
          Y mirando tu ternura imprudente, agregué:

          -Si las sensaciones que gobiernan el todo
          Arrancaran de mí la dolorosa quietud
          Que provoca la inmovilización de mis sentidos
          E hiciera que mi pena se desgrane a gajos
          Como pétalos del árbol del olvido,
          Y pudiera yo verte y adorarte y extrañarte
          Como antes de este jamás
          Definitivo,
          Me confundiría entre los álamos del parque
          Y escribiría letra para que ellos a ti te cantasen.

          Nada importó demasiado en esa tarde y jamás importará ya.
          Ni lo majestuoso de la naturaleza,
          Que es ama y es señora de los destinos,
          Aún con toda su sapiencia y poder esparcido
          Ni tú, que eras capaz de poner brillo,
          Aunque lloviera o hiciera frío,
          Fueron suficientes para quitar el gris
          De mi corazón endurecido.

          Cada primavera, como en esta, recuerdo a aquella,
          La de los álamos y sus rumores que no fueron cantos;
          Y un cristal, que además de separar el adentro del temporal,
          Esparcía gotas de salado sabor a olvido.

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        Quizás siempre, jamás nunca

          Una vez dijiste siempre
          Y fue tu siempre un nunca
          De esos,
          Tus nunca de siempre.

          Cuando creí que siempre,
          Me así de un jamás.

          Tus nunca
          Modelaron mis jamases
          En quizás.
          Quizás sea para siempre,
          Quizás nunca un jamás.

          Pero
          Jamás nunca volvió
          A ser un siempre
          Y siempre quedé
          A la espera de un
          Nunca jamás.

          Ahora,
          Que tus siempres
          Se llenaron de quizás,
          Será para siempre
          Nunca jamás.

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        Reencuentro

          ¿Quién no tiene en esta vida un alma pivotante?

          Sin dudarlo se arrojó a la placidez de mi abrazo.
          Hacía tanto que la calidez no penetraba en mis huesos,
          Que este renovado encuentro me rejuveneció años.
          Su rostro alboreaba pliegues
          Que algún día acentuarían sus rasgos...
          Pero sus ojos, los ojos de la ausencia,
          Seguían formulando las interrogaciones
          Que penetran la corteza del ser.

          En un insignificante silencio del habla,
          De fijas miradas...
          Todo lo que debíamos saber.

          Un enjambre de imágenes sobrevolaron sobre mí.
          Desde los días de la inconsciencia,
          Y de aquellas irracionales razones
          De que nos queríamos convencer,
          Hasta esa mutación soberana del instinto
          En deseos incontenibles de pertenecer...
          Códigos de común genética que decíamos tener.

          Misterios de esta efímera vida
          O memorias de las almas como reminiscencias de otras vidas.

          Como fuere,
          Emborrachados de sabiduría de la existencia bebida,
          Enlazamos de común destino las sensaciones sublimes del ser
          Sin asfixiarnos en los soberanos egoísmos que tiene el poseer.

          Y aunque lejos los cuerpos y distraídas las mentes,
          Siempre añoramos ese aljibe en donde nuestros labios
          Buscamos de tanto en tanto humedecer.

          Siempre...
          Siempre las mismas contenidas ansias
          Calmando las agitadas tempestades del alma
          Y hasta que nos volvamos a ver...

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        Sensaciones del sentimiento

          A veces quedas lejana...
          Inconsistencias de mi alma,
          Tú no has hecho nada,
          Es mi amor el que avanza.

          Otras veces,
          También estás lejana...
          No estoy mirando tu alma.

          De cuando en cuando
          Te pulverizas frente a mí
          Y estás muy cercana...
          Es cuando logro aspirarte
          Como al perfume de las plantas.

          Por la mañana
          Me encanta verte ataviada en sábanas
          Más que cercana, fusionada
          Y me abrazas.

          Y por las tardes,
          Cuando te abstraes
          Y te quedas sin palabras,
          No estás lejana...
          Yo converso con tus silencios
          Que sí me hablan...

          De tanto en tanto
          Eres fuerza de alborada,
          Y sin irte muy lejos
          O ponerte cercana,
          Me sorprendes con palabras
          Que no esperaba.

          Sensaciones del sentimiento:
          O mi amor avanza
          O me pierdo en la noche de mi alma
          Teniéndote pegada
          O te fusionas al ser que es porque lo amas
          O con alas a los ángeles robadas
          Te elevas al cielo
          Para ser luz pálida.

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        Septiembre, azahares y planetas

          Te empuño como a un ramo de fresas
          Y te dispones libre a acompañarme
          Cómplice el sol entre las estrellas,
          Se exhuma para iluminarte.

          Y te ríes en catarsis,
          Y mientes indiferencia
          Al mirarme.

          Sabes
          Que tu suspiro amante,
          Más liviano que el aire,
          Tiene poder para elevarme.

          De mi mano vas
          Tras el aroma de los azahares
          Que coronan a las novias en septiembre;
          Lo sé, te he espiado espiándoles.

          Y reverbera tu risa
          En la cálida tarde de arrozales,
          Y mientes indiferencia
          Al tocarme.

          Es que sabes:
          Tu carne,
          Insustancial caricia de planeta,
          Me hace vulnerable.

          Baila conmigo
          Bajo la llovizna de arrozales.
          Ríe.
          Que reverbere tu risa
          Entre los azahares que te coronan.
          Ve el sol exhumado y centelleante.

          Como a un ramo de fresas
          Conjunción de planetas.

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        Ser mujer

          Suéltate a volar
          No preguntes quién sostiene los pliegues de tu alma,
          Es de tu pecho el viento cálido que te levanta.

          Calidez de tus adentros de mujer
          Que se sofocan por el roce suave de una piel.
          Gozo supremo el fluir con la libertad plena de ser.
          Cerca, bien cerca de quien sostiene
          En el aire tu esencia de mujer.

          Suelta la dicha que tu pecho inflama, mujer
          Y veloz derrama pasiones incontroladas
          De besos y manos en ese a quien amas.

          Suelta mujer y sal ataviada de sábanas blancas,
          Tus adentros imploran la libertad de ser,
          De ser mujer
          Y esta noche
          Esta noche dura hasta el amanecer.

          En celestiales vuelos,
          De noche, de tarde o de mañana,
          -No tiene importancia-
          Sostén en tu palma el latido de la vida
          Junto a quien entregas la dicha de elevarte mansa.
          Siente que tus venas se inflaman
          Se inflaman de la vida que fluye en ti como savia
          Y se multiplica en orgasmos incontrolados
          Como premio a ti,
          Mujer
          Y a ese otro que también te ama.

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        Si alguna vez

          Si alguna vez alguien llegara a la puerta de tu vida
          Y en sus ojos vieras o en sus actos sintieras
          Que puedes confiar en él,
          Aún luego del temor a lo desconocido,
          O aún después del tedio de conocerlo,
          Déjalo entrar.

          Si alguna vez alguien conocido se parara frente a las puertas de tu corazón
          Y al mirar sus ojos vieras
          Un brillo que nunca antes habías visto,
          Tan luego de la impresión de conocerlo
          O el tedio de haberlo conocido,
          Déjalo entrar.

          Si alguna vez has pensado que el amor no pudiera sorprenderte ya
          Y aún luego de haberte sorprendido,
          De ese amor hubieres salido vencido,
          Permítete amar,
          El amor no está vencido
          Y querrá sorprenderte igual.

          Si alguna vez imaginaste tu soledad viendo allí tu destino,
          Mientras te esfuerces en seguir imaginándola,
          Ese al fin será.

          Si alguna vez has rehusado enamorarte para no herirte ya nunca más,
          Con cada amor que dejas pasar,
          Una herida profunda y perpetua a tu alma harás.
          La duda, la duda y el resentimiento te invadirá.

          Si alguna vez el amor te inmovilizó
          Y finalmente te dejaste estar,
          Busca en el bolsillo del saco de tu alma la llave de tu libertad
          Y entrégate vital al amor que todo lo puede y todo lo da.

          Si alguna vez el fantasma de la decepción hiciera nido en tu mente,
          Múdate al corazón,
          Allí está la felicidad.

          Si alguna vez pensaras que cerrando los ojos dejará de existir el mar,
          Piensa
          Al abrirlos, todo estará igual.
          Mantén tus ojos abiertos y pon la esperanza en tus labios,
          Una sonrisa en tu cara habrá
          Y si entregas tu corazón y el amor en ti se vuelve a instalar,
          Cuando al fin estés con él,
          Donde había un mar un cause de camelias habrá.

          Si alguna vez has pensado que puedes resignar el placer de lo sentido y de lo vivido,
          Y el recuerdo y el olvido,
          Y una estrella del cielo o un cisne en un lago escondido
          La poesía del viento y las lágrimas y la risa y tu dolor en el pecho
          Y hasta tu estómago retorcido,
          Y la voz de él diciéndote y sus manos acariciándote,
          Y la alegría de su risa,
          Y los colores que a través de sus ojos se dejan ver.

          Y unas gotas de lluvia en tu cara y la mano de él que seca tus lágrimas,
          Y un abrazo desde el alma y su presencia que sin decir nada te acompaña
          Y su respiración en tu pecho y el sabor de unos labios
          Y la belleza de morir enredados
          Si alguna vez has pensado que todo esto lo tienes vedado,
          Piensa en ti.

          No busques la perfección en lo imperfecto,
          Ni el olvido en lo perpetuo...
          Busca el amor y deja que sea.

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        Si amar es

          Si amar es un latido inconsciente en ese lugar
          Entre las costillas y la espalda
          Que se agudiza aún más por la distancia.

          Si amar es esta necesidad inmaculada
          De gozar por un instante la paz de tu mirada.

          Si amar es dártelo todo
          Y que me parezca nada.

          Si amar es perderme en la jungla bajo tu vientre
          Sintiendo que beso tu alma.

          Si amar es darte espacio para que recuperes el aire
          Y esperar en calma tu regreso a casa.

          Si amar es libertad
          Fortalecida en confianza.

          Si amar es verte a lo lejos, distraída en nada.
          Y admirarte como cuando estás concentrada.

          Si amar es esta sensación
          De volver a creer en mi ángel de la guarda.

          Si amar es fusionarme a vos
          Con sólo aspirar tu perfume sobre la almohada.

          Si amar es extrañarte tanto
          Hasta que se me caigan las lágrimas.

          Si amar es aún desearte en el infinito momento
          En que estás a mi abrazada.

          Si amar es todo esto y todo lo demás
          Que mi inspiración no desgrana,

          Gracias
          Por ser mi amada.

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        Sino lunar

          Dibuja la luna su cara
          En la superficie del agua,
          O deambula solitaria.
          Por valles
          O nevadas montañas.

          Su sino la persigue:
          Ser única
          En las noches estrelladas
          Y etérea
          Al despuntar
          La madrugada.

          Luna sonámbula,
          Tenue luz del alba,
          Por unos días
          Descansa
          Te veré nueva
          Como espectro del alma.

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        Soberbia estupidez

          En la búsqueda incesante de amaneceres palpitantes,
          Evité que seres importantes llegaran hasta mí para quedarse.
          Días vertiginosos y carentes de verdaderos amigos.
          Intrascendentes días de amores fáciles para mis olvidos.

          Hoy amanecí regresado a un pasado fugazmente vivido,
          Pasiones encontradas de un tiempo de aires enrarecidos,
          Atestado de siluetas con deseos incontenidos.

          Como un oasis en esos días desérticos y enajenados de sentidos,
          Es el recuerdo de tu tierno amor lo que hoy me ha enternecido.
          Contrastes de lo fugaz con lo importante...
          Que llenan cada espacio de ti en este instante.

          Buscando en extraviados arcones
          Mi fotogénico pasado ensoberbecido,
          Desde tus ojos me dices cuanto me habías querido
          Y en mi ojos
          Veo la estupidez que había en mí
          Para que al fin te hayas ido.

          ¿Qué circunstancias te condenaron
          Al arcón de los sueños sin olvido?
          Tu imagen separada de mis miserias mundanas,
          Llena mi pecho de vigorosos latidos
          Al recordar cuando estabas conmigo.
          ¿Fue la impune solvencia de saberme tan querido
          La que puso en mis ojos la soberbia
          De no haberte correspondido?

          Sin dudar... me lo tengo merecido.

          Hoy, otros cauces son de tu río
          Y a otro corazón le prodigas la bendición
          De tu amor cristalino.
          Alguien sin la soberbia que había en mí
          Al quererte tanto y jamás decirlo.

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        Soledades

          La brisa trae pasajeros de otros lugares,
          Recuerdos que ya no son míos.
          Ni de más nadie.
          La soledad me apelmaza con la tarde.
          Es lontananza la que sopla el aire
          Como queriendo despertarme.

          La que me habitó con la fuerza incontenida de los mares
          Se marchó hacia otros lares
          Donde lontananza arremolina soledades.

          Evaporé de pasiones el fulgor de amarle
          Desgarré de olvidos y vanidades,
          Desvencijé de ausencia la entereza,
          Y esta pena que me aqueja
          Se perpetúa.

          Lontananza me abraza
          Con calidez de horizontes probables,
          Aún vibro, siento
          Pero anochece y es irremediable
          Pestañearé lento para pintar en lienzo
          Subjetividades.

          Ya no compondrá de presencias la tarde,
          La que se marchó lo ha hecho para olvidarme
          Si tan solo lontananza me abraza,
          Dejaré que también seduzca mis soledades.

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        Su cabello como alas

          Un aire de golpeteo lento
          Transformó su cabello en alas
          Y antes de que se evaporara,
          Junto con la brisa llevándose mi alma
          Petrifiqué esa imagen para no olvidarla.

          ¿Qué razón importó más
          Que el amor que nos profesáramos?
          ¿Acaso no era amor lo que de nosotros esperaban?
          ¿Quién determina qué pasará mañana
          De manera tan arbitraria de regalar dicha
          Para después quitarla?

          Si comprendiera el plan
          Que sobre nosotros se traza
          O alguien me dijera:
          Espera, volverás a besarla
          Sabría que al pasarme la vida
          Volvería a encontrarla.

          Quizá ella me aguarda
          O me mira desde el cielo
          Sin poder decir nada
          Ojalá supiera que soy esperanza.
          Este plan, que es amor a ultranza,
          Debe concebir que de nuevo me encontrará.

          Aquí, en un limbo de ausencia,
          Donde hurguetean brisas furtivas que evaporan vida,
          Merodea un esqueleto deshabitado de alma...
          Tiene la secreta esperanza, que sus cabellos como alas
          Vuelvan a la vida de su imagen petrificada.

        Arriba

        Te esperaba

          Ayer turbabas espectral
          Los pliegues de mis sábanas,
          Dormitabas bajo mis sienes plateadas
          O sigilosa morabas los rincones de la casa.

          Ayer te buscaba
          En las sordas muecas de quienes me hablaban
          O eras mirada furtiva de todos los ojos
          Que en los míos reposaban.
          Ayer, espectral y sigilosa...
          Inmaterializada
          Aún sin un rostro,
          Acompañabas mis horas aciagas.

          Hoy
          Subido a la cumbre de mi alma,
          Como un cóndor beso al lucero del alba,
          Y abrazo aquellas añoranzas
          Acariciándote con suavidad la cara.

        Arriba

        Te extraño

          Tu hueco vacío de almohada
          Me apena.
          Murmuran noctámbulas las madreselvas
          Tu ausencia.
          Las noches han perdido
          Su aroma a estrellas.
          Deambula mi alma
          Por donde quedó tu tibieza.

          Me duermo.

          Sueño desde que sueño
          Mis sueños de soñarte bella.
          Siento que te siento
          En mis sueños
          Al sentirte buena.

          En noches gélidas como esas,
          Imploro al supremo
          Para que vuelvas.

        Arriba

        Tu mocedad

          Levanté la falda a tu mocedad
          Y te dejaste mansa en mi quedar.
          Soles ruborearon tus contornos,
          Tiernos requiebres de jamás nadie
          Que con amor verde me quisiste dar.

          Y mis manos temblaron frente a tu santidad
          Y fui suspiro dulce, apasionado y lento
          Mientras mi cuerpo escribía en tu cuerpo
          El epitafio a tu mocedad.

          Dulce corazón que me entregas
          En roja seda como sello de virginidad,
          Jamás mis manos han de acariciar tanta pureza
          Y jamás, jamás
          Te he de olvidar.

        Arriba

        Tu vesania

          -La verdad me busca.
          Y dócil y mansa... me dejo.
          -La verdad como sueños viejos
          Opaca el resplandor de tus adentros
          Y sos otra.
          Y no te entiendo
          -Díjeme en silencio-.

          -Merodéame la muerte,
          Se autoseduce agonizando con el día.
          ¡Fíjate!, se mezclan la parca y la empatía.
          -Y yo, que no entendiendo, entiendo-.

          -Extraviada de mi evades las horas.
          Y las mías transcurren a solas
          Percibiendo que murmuras
          Enredadas prosas malhumoradas de tiempo.

          -O soy tu realidad
          O un personaje sin alma ni cuerpo...
          ¿Cómo decirte que te quiero
          Si no te entiendo?

          -Vuélveme tus ojos
          A unir nuestras almas
          Que sin decir nada
          Musitaban palabras.

          Y ahí quedo despierto
          Escuchando tus prosaicos rezos
          Hasta extraviarme en sueños.

          Qué omisión no ver tanta vesania.
          Qué imprudencia tan mía
          El soltar ese reto inconsciente
          De enfrentar valentía con muerte.

          Resignado a que por tus medios
          Retornes a mi encuentro,
          Solté el lazo que me envolvía a tu cuerpo
          Y esperé
          En desidia
          Lejos.

          Si repitieras hoy todo aquello
          Y entendiera que eras tú
          Pero en el limbo de tus sueños
          Hubiera sido yo
          El que marchara a tu encuentro.

          La muerte enlutó la tarde.
          Dijéronme que te fuiste
          Que saciada de recuerdos huiste
          Sin la razón en el cuerpo,
          Con el alma repleta de fantasías
          Con tus sueños.

          Te fuiste,
          El adiós fue hace tiempo,
          Antes de que mutaras realidades con cuentos
          Desatinados en palabras y gestos.

        Arriba

        Un no, no sentido

          Pétalos de rocío llueve la noche;
          Reverberancia de un oscuro reproche.
          Salobre desgajado desmoche
          En supina pasaré la noche.

          Azul sombrío.
          Dijo: ¡no!
          Cuando un siempre florido
          Fluía como arrollador río.
          Solapada estampa;
          Qué dañino es un no no sentido.

          La duda como la distancia:
          Inmensa en su arrogancia.
          Y ella, malva,
          Prístina a la retaguardia.
          Siempre gana la angustia
          Cuando anida en el alma.

          ¡Sólo una mirada basta!
          Pero lejos los ojos,
          Se agudiza la garra
          Para hacer jirones la esperanza;
          Para endurecer los labios,
          Y ensombrecer el habla.

          Esta noche el amor se desgaja.
          En pétalos de rocío, como la noche, cuaja.
          Una estrella
          Se apaga
          A la distancia.

        Arriba

        Ve

          Estrellas, noches
          Sorna, risa, despecho
          Agoniza poesía
          En labios ufanos.

          Poesía que se calla
          Poesía silencio
          Poesía al viento
          Que pudre el pecho.

          ¡Ay poesía del sufrimiento
          Que muere y resucita
          Condena y santifica
          Amorra o grita!

          Ve la roída
          Lechosa ira
          Candil vaporoso
          Oscura vida.

          Ve oquedad
          Vidriosa escara
          Poesía macabra
          Amor ajado.

          Ve.

        Arriba

        Volver

          Es tan placentero volver
          Que siempre me estoy yendo.
          No intentes comprenderme,
          Ni yo mismo me entiendo.

          Es que cuando las almas aprenden
          El idioma de los sentimientos
          Y sin decirse nada pueden entender
          Lo que se está diciendo,
          Cualquier espacio es apto para un encuentro.

          La levedad,
          Sin embargo,
          Siempre reclama.
          Es por eso que estoy volviendo
          Vuelvo para verte,
          Para reconstruirte nuevamente en mí
          Después de tanto tiempo.

          Nunca te olvidé, es cierto
          Conmigo siempre estuviste
          Por cada camino que recorrí
          En busca de quién sabe qué,
          Que no encuentro
          Estuviste sosteniendo mi rumbo, ese
          Que hoy me devuelve a tu puerto.

          ¿Si de nuevo me iré?
          Dalo por seguro
          Como que siempre vuelvo.

        Arriba

        Volver a tus ojos

          Humedezco de labios el adiós
          Y zarpo desde el puerto de tus ojos,
          Navegaré la inmensidad de tus sollozos.

          Por la dársena que esfumé
          Retornaré desde el horizonte de tus pómulos
          Navegando una lágrima
          Que me devuelva hasta tus ojos.

          Mientras dure mi travesía,
          Mudaré de regresos la melancolía,
          Dibujando de horizontes tus contornos,
          Para que tengan vida mis sueños de retorno.

          Y si la pena de no verte
          Inundara mi barco con gotas de sollozos,
          Buscaré donde puse tus caricias
          Y cada beso de tus labios rojos
          Para vaciar mi barco poquito a poco.

        Arriba

        Ya no regreso

          Y ya no eran tus labios y ya no eran tus manos.
          Impiadosa boca que a mi beso dijo no.
          Tortura sorda que en mi pecho nació.

          Sin querer hacerlo solté mi dolor
          Sepulcral hermetismo fue tu expresión.
          Me acurruqué suplicante a la espera de encontrarte,
          Ya te habías ido aunque podía tocarte.

          No hay palabras que causen más desolación
          Que aquellas que no pronuncia el corazón.

          Entonces borré la imagen
          De la vez que eras tú cuando me besaste
          Para abolir la pena de cuando me rechazaste.

          Ya no regreso en busca de tu amor.
          Sabrás algún día
          Que cuanto te daba desde mi corazón
          Eran pedazos de mi alma
          Empapados de pasión.

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