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    Información biográfica

  1. Abandono
  2. Amor oscuro
  3. Amor, sólo te muestras
  4. Beso
  5. Cerrando los ojos
  6. Como un ala negra
  7. Contigo
  8. Desnudo
  9. El alma es igual que el aire
  10. El ciego amor no sabe de distancias
  11. Era mi dolor tan alto
  12. Estoy perdido
  13. Fin de un amor
  14. Fuga
  15. Hoy puedo estar contigo
  16. La niebla si es cercana
  17. La nube
  18. La voz cruel
  19. Las caricias
  20. Las sendas que me obligo a recorrer por ti
  21. Maldad
  22. Miradas
  23. Mis prisiones
  24. Noche a las once
  25. Para alcanzar la luz
  26. Playa. Las islas invitadas
  27. Por dentro
  28. Recuerdo de un olvido
  29. Retrato
  30. Romance
  31. Separación
  32. Soledad sin olvido
  33. Solo sé que estoy en mí
  34. Tanto mundo que he visto
  35. Te quiero
  36. Transparencias
  37. Trino
  38. Tu soledad te defiende
  39. Tus palabras
  40. Tuvo mi amor la forma de tu vida
  41. Vete
  42. Viaje
  43. Yo y la luz



      Información biográfica

        Nombre: Manuel Altolaguirre Bolín
        Lugar y fecha nacimiento: Málaga (España), 29 de junio de 1905
        Lugar y fecha defunción: Burgos (España), 26 de julio de 1959 (54 años)

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        Abandono

          ¡Qué dulce dolor de ancla
          En el corazón sentías!
          Tu corazón reteniendo,
          Duro coral, mi partida.

          Ahogada en amor, tu amor
          Como un mar me sostenía.
          Altos vientos me empujaron
          Solitario a la deriva.

          Si mi nave se fue lejos
          Más profunda quedó hundida
          Tu dura rama de sangre,
          Rota el ancla de mi vida.

          Solo, entre las grises nubes
          Que mis sienes acarician,
          Sin ti voy por entre nieblas
          Recordando tu agonía.

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        Amor oscuro

          Si para ti fui sombra
          Cuando cubrí tu cuerpo,
          Si cuando te besaba
          Mis ojos eran ciegos,
          Sigamos siendo noche,
          Como la noche inmensos,
          Con nuestro amor oscuro,
          Sin límites, eterno...
          Porque a la luz del día
          Nuestro amor es pequeño.

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        Amor, sólo te muestras

          Amor, sólo te muestras
          Por lo que de mí arrancas,
          Aire invisible eres
          Que despojas mi alma
          Manchando el limpio cielo
          Con suspiros y lágrimas.
          Al pasar me has dejado
          Erizado de ramas,
          Defendido del frío
          Por espinas que arañan,
          Cerradas mis raíces
          El paso de las aguas,
          Ciega y sin hojas la desnuda frente
          Que atesoró verdores y esperanzas.

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        Beso

          Cuando me asomé a tus labios
          Un rojo túnel de sangre,
          Oscuro y triste, se hundía
          Hasta el final de tu alma.

          Cuando penetró mi beso,
          Su calor y su luz daban
          Temblores y sobresaltos
          A tu carne sorprendida.

          Desde entonces los caminos
          Que conducen a tu alma
          No quieres que estén desiertos.

          ¡Cuántas flechas, peces, pájaros,
          Cuántas caricias y besos!

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        Cerrando los ojos

          Huyo del mal que me enoja
          Buscando el bien que me falta.
          Más que las penas que tengo,
          Me duelen las esperanzas.

          Tempestades de deseos
          Contra los muros del alba
          Rompen sus olas. Me ciegan
          Los tumultos que levantan.

          Nido en el mar. Cuna a flote.
          La flor que lucha en el agua
          Me sostiene mar adentro
          Y mar afuera me lanza.

          Cierro los ojos y miro
          El tiempo interior que canta.

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        Como un ala negra

          Como un ala negra de aire
          Desprendida de hombro alto,
          Cuerpo de un muerto reflejo
          En duras tierras ahogado,
          La sombra quieta, tendida,
          Flota sobre el liso campo.

          La nube, sombra en el viento
          De la sombra, flor sin tallo,
          De la amplia campana azul
          Adormecido badajo,
          Techo azul y suelo verde
          Tiene en la tarde de mayo.

          Como una rama de almendro
          El horizonte nublado.

          La sombra quieta, tendida,
          Flota sobre el liso campo,
          Cuerpo de un muerto reflejo
          En duras tierras ahogado.

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        Contigo

          No estás tan sola sin mí.
          Mi soledad te acompaña.
          Yo desterrado, tú ausente.
          ¿Quién de los dos tiene patria?

          Nos une el cielo y el mar.
          El pensamiento y las lágrimas.
          Islas y nubes de olvido
          A ti y a mí nos separan.

          ¿Mi luz aleja tu noche?
          ¿Tu noche apaga mis ansias?
          ¿Tu voz penetra en mi muerte?
          ¿Mi muerte se fue y te alcanza?

          En mis labios los recuerdos.
          En tus ojos la esperanza.
          No estoy tan solo sin ti.
          Tu soledad me acompaña.

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        Desnudo

          El cielo de tu tacto
          Amarillo cubría
          El oculto jardín
          De pasión y de música.
          Altas yedras de sangre
          Abrazaban tus huesos.
          La caricia del alma
          -Brisa en temblor- movía
          Todo lo que tú eras.
          ¡Qué crepúsculo bello
          De rubor y cansancio
          Era tu piel! Estabas
          Como un astro sin brillo,
          Recibiendo del sol
          La luz de tu contorno.
          Sólo bajo tus pies era de noche.
          Eres cárcel de música
          De la música presa,
          Que intentaba escapar
          En cada gesto tuyo,
          Pero que no podía salir
          Y se asomaba como un niño
          A los cristales de tus ojos claros.

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        El alma es igual que el aire

          El alma es igual que el aire.
          Con la luz se hace invisible,
          Perdiendo su honda negrura.

          Sólo en las profundas noches
          Son visibles alma y aire.
          Sólo en las noches profundas.

          Que se ennegrezca tu alma
          Pues quieren verla mis ojos.
          Oscurece tu alma pura.

          Déjame que sea tu noche,
          Que enturbie tu transparencia.
          ¡Déjame ver tu hermosura!

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        El ciego amor no sabe de distancias

          El ciego amor no sabe de distancias
          Y, sin embargo, el corazón desierto
          Todo su espacio para mucho olvido
          Le da lugar para perderse a solas
          Entre cielos abismos y horizontes.
          Cuando me quieres, al mirarme adentro,
          Mientras la sangre nuestra se confunde,
          Una redonda lejanía profunda
          Hace posible nuevas ilusiones.
          Ser tuyo es renacerme porque logras
          Borrar, hundir, que se retiren todos
          Los espejos, los muros de mi alma.
          Blancura del amor. Con cuánto fuego
          Se anunció tu presencia. Tengo ahora
          La luz de aquel incendio y un vacío
          Donde esperar, donde temer tu vida.

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        Era mi dolor tan alto

          Era mi dolor tan alto,
          Que la puerta de la casa
          De donde salí llorando
          Me llegaba a la cintura.

          ¡Qué pequeños resultaban
          Los hombres que iban conmigo!
          Crecí como una alta llama
          De tela blanca y cabellos.

          Si derribaran mi frente
          Los toros bravos saldrían,
          Luto en desorden, dementes,
          Contra los cuerpos humanos.

          Era mi dolor tan alto,
          Que miraba al otro mundo
          Por encima del ocaso.

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        Estoy perdido

          Profeta de mis fines no dudaba
          Del mundo que pintó mi fantasía
          En los grandes desiertos invisibles.

          Reconcentrado y penetrante, solo,
          Mudo, predestinado, esclarecido,
          Mi aislamiento profundo, mi hondo centro,
          Mi sueño errante y soledad hundida,
          Se dilataban por lo inexistente,
          Hasta que vacilé cuando la duda
          Oscureció por dentro mi ceguera.

          Un tacto oscuro entre mi ser y el mundo,
          Entre las dos tinieblas definía
          Una ignorada juventud ardiente.
          Encuéntrame en la noche. Estoy perdido.

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        Fin de un amor

          No sé si es que cumplió ya su destino,
          Si alcanzó perfección o si acabado
          Este amor a su límite ha llegado
          Sin dar un paso más en su camino.

          Aún le miro subir, de donde vino,
          A la alta cumbre donde ha terminado
          Su penosa ascensión. Tal ha quedado,
          Estático, un amor tan peregrino.

          No me resigno a dar la despedida
          A tan altivo y firme sentimiento
          Que tanto impulso y luz diera a mi vida.

          No es culminación lo que lamento.
          Su culminar no causa la partida,
          La causará, tal vez, su acabamiento.

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        Fuga

          Al ver por dónde huyes
          Dichoso cambiaría
          Las sendas interiores de tu alma
          Por las de alegres campos.

          Que si tu fuga fuera
          Sobre verdes caminos
          Y sobre las espumas,
          Y te vieran mis ojos,
          Seguirte yo sabría.

          No hacia dentro de ti,
          Donde te internas,
          Que al querer perseguirte
          Me doy contra los muros de tu cuerpo.

          No hacia dentro de ti,
          Porque no estemos:
          Tú, pálida, escondida,
          Yo como ante una puerta,
          Ante tu pecho frío.

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        Hoy puedo estar contigo

          Hoy puedo estar contigo. He deseado
          Para ti todo el bien y me acompaña
          La bondad del amor. A ti te debo
          Gozar en soledad la compañía
          Más difícil del hombre, la que tiene
          Consigo mismo. No me causa miedo
          Reconocerme, ni busco a nadie, no.
          Le has dado a mi semblante sin saberlo
          Una luz interior que me hace fuerte,
          Para vencer mayores soledades.

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        La niebla si es cercana

          La niebla si es cercana me parece
          Que oculta algún dolor, velo que niega
          A unos ojos la luz, a los que ciega
          Con un blancor de llanto que estremece;
          Pero si no es cercana, si se mece
          Altísima en el cielo, si navega
          Por los espacios desde donde riega
          Con lluvia y no con llanto, me parece
          Como el origen gris de toda cosa.

          Es turbia la creación, y considera
          Que en el principio fue la nebulosa,
          Sin que mirada alguna se escondiera
          Tras esa bruma blanda y misteriosa,
          De la vida tal vez causa primera.

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        La nube

          Oh libertad errante, soñadora,
          Desnuda de verdor, libre de venas,
          Arboleda del mar, errante nube;
          Si en lluvia el desengaño te convierte,
          La forma de mi copa podrá darte
          Una pequeña sensación de cielo.

          Vuelve a la tierra, oh mar, vuelve a la vida,
          A las cadenas de los largos ríos,
          A las prisiones de los hondos lagos;
          Vuelve afiliada a penetrar mil veces
          Angostos laberintos vegetales.

          ¡Oh libertad, tus puertas son heridas!
          No las quieras abrir, sigue encerrada
          En la sedienta piel o te sostenga
          El inclinado cauce del torrente.

          Todo sueño que es nube se deshace.
          Vuelva a brillar el sol, pues la blancura
          De esa ilusión de libertad celeste
          Es tan sólo una sombra hecha jirones.

          No sueñe más el agua, y tenga vida
          En la savia o la sangre, tenga sólo
          En mí su libertad, libre en mis lágrimas.

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        La voz cruel

          A Octavio Paz.

          Alzan la voz cruel
          Quienes no vieron el paisaje,
          Los que empujaron por el declive pedregoso
          La carne ajena,
          Quienes debieron ser almas de todos
          Y se arrancaban de ellos mismos
          Cuerpos parásitos
          Para despeñarlos.

          Mil muertos de sus vidas brotaban,
          Mil muertos solitarios
          Que miraban desde el suelo,
          Durante el último viaje,
          La colosal estatua a la injusticia.

          No eran muertos,
          Eran oprimidos,
          Seres aplastados,
          Ramas cortadas de un amante o de un padre,
          Seres conducidos por un deseo imposible,
          Topos de vicio
          Que no hallarán la luz
          Por sus turbias y blandas galerías.

          Alzan la voz cruel
          Quienes no vieron el paisaje,
          Los que triunfaron
          Por la paz interior de sus mentiras.

          ¡Oh mundo desigual!
          Mis ojos lloren
          El dolor, la maldad:
          La verdad humana.

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        Las caricias

          ¡Qué música del tacto
          Las caricias contigo!
          ¡Qué acordes tan profundos!
          ¡Qué escalas de ternuras,
          De durezas, de goces!
          Nuestro amor silencioso
          Y oscuro nos eleva
          A las eternas noches
          Que separan altísimas
          Los astros más distantes.
          ¡Qué música del tacto
          Las caricias contigo!

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        Las sendas que me obligo a recorrer por ti

          Las sendas que me obligo
          A recorrer por ti,
          No las borra la vida,
          Y en vez de flores, una venda,
          Dura como una máscara,
          Va dividiendo el campo.
          Quisiera haber nacido junto a ti,
          Vivir de rama en rama, sin caminos,
          Pero veo la distancia, el no alcanzarte
          Y peregrina el corazón pisando rosas
          Y llega al tuyo cuando sueña
          Dentro de una ciudad donde aplastado
          Quedó el verdor, la risa, las colmenas.
          En ellas se enredaron los caminos
          Y la tierra ofendida quedamente
          Lanza leves suspiros, sus jardines;
          Sus torres que desprecios a la brisa
          Hacen inmóviles
          Voces de bronce dan
          Para anunciar las nuevas tumbas.
          Yo sé por qué la tierra enfurecida
          A veces tiembla y rompe las ciudades:
          Alguien responde al llanto de las yerbas
          Que no pueden nacer bajo las losas.
          Las pisadas del hombre van dejando
          Su estéril huella, firme que divide
          Con una seca herida el prado verde
          Y más endurecido y seco implora
          Sostén a sus pisadas, que se calle
          El color, que no pronuncie
          En tallos de alegría
          Su gesto el campo;
          Mas impasible quiere su dominio,
          Con mármol sueña lapidar llanuras.
          No así mi amor, tu mundo, otro planeta,
          La flor intacta con ocultos ríos:
          Por sus venas iré sin ser notado,
          Soy de tu corazón dócil corriente.

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        Maldad

          El silencio eres tú.
          Pleno como lo oscuro,
          Incalculable
          Como una gran llanura
          Desierta, desolada,
          Sin palmeras de música,
          Sin flores, sin palabras.

          Para mi oído atento
          Eres noche profunda
          Sin auroras posibles.
          No oiré la luz del día,
          Porque tu orgullo terco,
          Rubio y alto, lo impide.
          El silencio eres tú:
          Cuerpo de piedra.

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        Miradas

          Ojos de puente los míos
          Por donde pasan las aguas
          Que van a dar al olvido.
          Sobre mi frente de acero
          Mirando por las barandas
          Caminan mis pensamientos.

          Mi nuca negra es el mar,
          Donde se pierden los ríos,
          Y mis sueños son las nubes
          Por y para las que vivo.

          Ojos de puente los míos
          Por donde pasan las aguas
          Que van a dar al olvido.

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        Mis prisiones

          Sentirse solo en medio de la vida
          Casi es reinar, pero sentirse solo
          En medio del olvido, en el oscuro
          Campo de un corazón, es estar preso,
          Sin que siquiera una avecilla trine
          Para darme noticias de la aurora.

          Y el estar preso en varios corazones,
          Sin alcanzar conciencia de cuál sea
          La verdadera cárcel de mi alma,
          Ser el centro de opuestas voluntades,
          Si no es morir, es envidiar la muerte.

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        Noche a las once

          Éstas son las rodillas de la noche.
          Aún no sabemos de sus ojos.
          La frente, el alba, el pelo rubio,
          Vendrán más tarde.
          Su cuerpo recorrido lentamente
          Por las vidas sin sueño
          En las naranjas de la tarde,
          Hunde los vagos pies,
          Mientras las manos
          Amanecen tempranas en el aire.
          En el pecho la luna.
          Con el sol en la mente.
          Altiva. Negra. Sola.
          Mujer o noche. Alta.

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        Para alcanzar la luz

          Dicen que soy un ángel
          Y, peldaño a peldaño,
          Para alcanzar la luz
          Tengo que usar las piernas.

          Cansado de subir, a veces ruedo
          Tal vez serán los pliegues de mi túnica,
          Pero un ángel rodando no es un ángel
          Si no tiene el honor de llegar al abismo.

          Y lo que yo encontré en mi mayor caída
          Era blando, brillante;
          Recuerdo su perfume,
          Su malsano deleite.

          Desperté y ahora quiero
          Encontrar la escalera,
          Para subir sin alas
          Poco a poco a mi muerte.

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        Playa. Las islas invitadas

          Las barcas de dos en dos,
          Como sandalias del viento
          Puestas a secar al sol.
          Yo y mi sombra, ángulo recto.
          Yo y mi sombra, libro abierto.

          Sobre la arena tendido
          Como despojo de mar
          Se encuentra un niño dormido.

          Yo y mi sombra, ángulo recto.
          Yo y mi sombra, libro abierto.

          Y más allá, pescadores
          Tirando de las maromas
          Amarillas y salobres.

          Yo y mi sombra, ángulo recto.
          Yo y mi sombra, libro abierto.

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        Por dentro

          Mis ojos grandes, pegados
          Al aire, son los del cielo.
          Miran profundos, me miran,
          Me están mirando por dentro.

          Yo pensativo, sin ojos,
          Con los párpados abiertos,
          Tanto dolor disimulo
          Como desgracias enseño.

          El aire me está mirando
          Y llora en mi oscuro cuerpo;
          Su llanto se entierra en carne,
          Va por mi sangre y mis huesos,
          Se hace barro y raíces busca
          Con las que brotar del suelo.

          Mis ojos grandes, pegados
          Al aire, son los del cielo.
          En la memoria del aire
          Estarán mis sufrimientos.

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        Recuerdo de un olvido

          Se agrandaban las puertas. Yo gigante,
          Con el recuerdo de mi olvido dentro,
          Atravesaba las estancias,
          Golpeando las paredes sordas.

          ¡Qué collar interior en mi garganta
          De palabras en germen, de lamentos
          Que no podían salir, que se estorbaban
          En su gran muchedumbre!

          ¡Cuánto tiempo de olvido incomprensible!
          Siempre ella en su ventana.
          Su ventana entre dos nubes
          -Una y ella- siempre.

          Y yo distante, agigantado, loco,
          Con el recuerdo de mi olvido dentro,
          Pesándome en el alma su naufragio,
          Agarrándose, hundiéndome,
          En un espeso mar de cielos grises.

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        Retrato

          Estabas sola y alta.
          Yo miraba cómo todos los pájaros
          Debajo de tu frente se escondían.
          ¡Qué ir y venir y qué volver!
          Cómo todas las cosas
          Quedándose se iban
          A entrarse por tus ojos.
          Cómo yo mismo no sabía
          Si estaba junto al árbol
          Bajo aquel cielo tan azul,
          O si los verdes límites del parque
          Estaban encerrados en tu frente.
          Si de tanto entrar ya
          Dentro de ti las cosas,
          Eras el mundo donde estábamos.
          Si para que brillaran las estrellas
          Bastaba que cerrases tus dos ojos.
          Estabas sola y alta,
          Pero también dentro de ti.

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        Romance

          Se levantó sin despertarme.
          Andaba lenta, aplastándose tanto
          Hasta pasar bajo imposibles
          Sitios huecos,
          O estirándose fina como un ala
          Atravesando puertas entreabiertas.
          No tenía vista,
          Pero salvaba los obstáculos
          Con previsora maestría.
          Ni tacto,
          Pero evitaba las esquinas
          Sin recibir un golpe.
          Ni oído,
          Pero cuando el portazo aquél,
          Sobresaltada,
          Corriendo vino a mí,
          En mí escondiéndose
          Y despertando en mí,
          Su cuerpo.

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        Separación

          Mi soledad llevo dentro,
          Torre de ciegas ventanas.

          Cuando mis brazos extiendo
          Abro sus puertas de entrada
          Y doy camino alfombrado
          Al que quiera visitarla.
          Pintó el recuerdo los cuadros
          Que decoran sus estancias.
          Allí mis pasadas dichas
          Con mi pena de hoy contrastan.

          ¡Qué juntos los dos estábamos!
          ¿Quién el cuerpo? ¿Quién el alma?
          Nuestra separación última,
          ¡Qué muerte fue tan amarga!

          Ahora dentro de mí llevo
          Mi alta soledad delgada.

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        Soledad sin olvido

          ¡Qué pena esta de hoy!
          Haberlo dicho todo,
          Volcando por completo
          Lo que pesaba tanto,
          Y ver luego que todo
          Se queda siempre dentro,
          Que las palabras fueron
          Espejos engañosos,
          Cristales habitados
          Por fantasmas sin vida;
          Que todo queda dentro
          Con sus negras presencias,
          Insistentes, doliendo.

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        Sólo sé que estoy en mí

          Sólo sé que estoy en mí
          Y nunca sabré quién soy,
          Tampoco sé a dónde voy
          Ni hasta cuándo estaré aquí.

          Vestido con vida o muerte
          O desnudo sin morir,
          En los muros de este fuerte
          Castillo de mi vivir,

          O libre por los confines
          Sepulcrales de los cielos,
          Desgarrando grises velos,
          Ignorante de mis fines,

          No sé qué cárcel espera
          Ni la libertad que ansío,
          Ni a qué sueño dará el río
          De mi vida cuando muera.

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        Tanto mundo que he visto

          Tanto mundo que he visto, todo el cielo,
          Ahora cuando estoy solo no me basta
          Para mi vida ni para mi sueño.
          Y sin embargo, cuando estoy contigo,
          A flor de esa imprecisa superficie
          Que es el tiempo pasado sin gozarte,
          Un anhelo cortándome las alas
          Reduce los lejanos horizontes
          A un pequeño cristal pronto a perderse
          Como la sal en el profundo olvido.
          Junto a ti, frente al mar, nada recuerdo
          Y dan la luz y el aire molde cóncavo
          A mi presente, a la inmutable y firme
          Roca de amor. Que nadie nunca diga:
          "Ayer la vi" o "la veré mañana".

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        Te quiero

          Un lago en una isla
          Eso es tu amor por mí,
          Y mi amor te rodea
          Como un inmenso mar
          De silencios azules;
          Pero tienen también
          Tus grandezas ocultas.
          Soy un niño de sal
          Sobre tu falda;
          Me sostienen tus prados
          Submarinos,
          Eres frondosa cumbre,
          Eminencia visible
          De tu tierra profunda.
          Me enriquecen los ríos,
          Y tu amor, ese lago
          Corazón de la isla,
          Es la fuente de todas
          Las líquidas comarcas.
          Te haces querer. Te quiero.
          Mira mis blancas olas.

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        Transparencias

          Hice bien en herirte,
          Mujer desconocida.
          Al abrazarte luego
          De distinta manera,
          ¡Qué verdadero amor,
          El único, sentimos!

          Como el mueble y la tela, tu desnudo
          Ya no tenía importancia bajo el aire,
          Bajo el alma, bajo nuestras almas.
          Nosotros ya no entendíamos de aquello.

          Era el suelo de un ámbito
          Celeste, imponderable.
          Éramos transparencias
          Altísimas, calientes.

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        Trino

          Quiero vivir para siempre
          En torre de tres ventanas,
          Donde tres luces distintas
          Den una luz a mi alma.

          Tres personas y una luz
          En esa torre tan alta.

          Aquí abajo, entre los hombres,
          Donde el bien y el mal batallan,
          El dos significa pleito,
          El dos indica amenaza.

          Quiero vivir para siempre
          En torre de tres ventanas.

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        Tu soledad te defiende

          Tu soledad te defiende,
          Te limitan tus miradas,
          Que yo sé que tu alma llega
          Adonde tu vista alcanza,
          Adonde llegan tus sueños,
          Adonde tu amor acaba.
          Este viento no es el viento,
          Es tu soledad alterada,
          Es tu aire que revuela,
          Es que alborota tu gracia.
          Son tus ojos que acarician
          Transparencias y esperanzas,
          Agua de lagos y ríos,
          verdores de esbeltas ramas.
          Es tu soledad valiente,
          Defensora de tu alma.

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        Tus palabras

          Apoyada en mi hombro
          Eres mi ala derecha.
          Como si desplegaras
          Tus suaves plumas negras,
          Tus palabras a un cielo
          Blanquísimo me elevan.

          Exaltación. Silencio.
          Sentado estoy a mi mesa,
          Sangrándome la espalda,
          Doliéndome tu ausencia.

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        Tuvo mi amor la forma de tu vida

          Tuvo mi amor la forma de tu vida.
          Nunca el olvido le cerró los labios
          A la estela ni al cauce, ni a la gruta
          Que atravesabas tú; límite era
          Que se quedaba estático afirmando
          Contra el tiempo engañoso una perenne
          Honda oquedad tan fiel a tu persona
          Que más que ausencia un alma parecía.
          Ven a buscarme. Tengo yo la entrada
          De tus recuerdos, quietos, encerrados
          En mis caricias: forma de tu vida.

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        Vete

          Mi sueño no tiene sitio
          Para que vivas. No hay sitio.
          Todo es sueño. Te hundirías.
          Vete a vivir a otra parte,
          Tú, que estás viva. Si fueran
          Como hierro o como piedra
          Mis pensamientos, te quedarías.

          Pero son fuego y son nubes,
          Lo que era el mundo al principio
          Cuando nadie en él vivía.
          No puedes vivir. No hay sitio.
          Mis sueños te quemarían.

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        Viaje

          ¡Qué golpe aquel de aldaba
          Sobre el ébano frío de la noche!
          Se desclavaron las estrellas frágiles.

          Todos los prisioneros percibimos
          El descoserse de la cerradura.
          ¿Por quién? ¿Adónde?

          El sol su página plisada
          Entró por la rendija oblicuamente,
          Iluminando el polvo.

          Descorrió su cortina el elegido,
          Y penetró en los ámbitos sonoros
          Del Triángulo y la espuma.

          Nos dejó la burbuja de su ausencia
          Y la conversación de sus elogios.

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        Yo y la luz

          Yo y la luz te inventamos,
          Ciudad que ahora en un alba
          De fantasía y de sol
          Naces al mundo;
          Ciudad aún imprecisa,
          Con sangre, luz y ensueño
          En tus blancas fachadas.
          No sé qué madrugada
          Sobre los edificios voy dejando,
          Ni qué sol mañanero
          Ilumina la vega, el mar, las calles,
          Interiores en mí.
          Hemos cambiado
          Mundo y yo nuestras luces.

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          Autores desconocidos


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             Alberti, Rafael
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             Altolaguirre, Manuel
             Arteche, Miguel
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             Beckett, Samuel
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             Belli, Gioconda
             Benedetti, Mario - Parte I
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             Bukowski, Charles
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