.
.
    Información biográfica

  1. A Erígone
  2. Así fue
  3. Dones
  4. En el cielo
  5. Hechicera
  6. La agonía blanca
  7. La confidencia
  8. Lubrica nox
  9. Madrigal efusivo
  10. Metamorfosis
  11. Nuestras vidas son los ríos
  12. Perlas
  13. Redención




    Información biográfica

      Nombre: Luis Gonzaga Urbina
      Lugar y fecha nacimiento: México D.F. (México), 8 de febrero de 1864
      Lugar y fecha defunción: Madrid (España), 18 de noviembre de 1934 (70 años)

    Arriba

      A Erígone

        Deja que llegue a ti, deja que ahonde
        Como el minero en busca del tesoro,
        Que en tu alma negra la virtud se esconde
        Como en el seno de la tierra el oro.

        ¡Alma sombría, ayer inmaculada!
        Tu caída me asombra y me entristece.
        ¿Qué culpa ha de tener la nieve hollada
        Si el paso del viajero la ennegrece?

        No mereces castigo ni reproche;
        Entre los vicios tu virtud descuella;
        Que en el pliegue más negro de la noche
        Brilla más para la lejana estrella.

        La mano aleve que al rosal arranca
        Su flor más bella, y luego la deshoja;
        La que manchó tu vestidura blanca,
        La que en los brazos del placer te arroja;

        La que apagó en tu frente de azucena
        La llama del pudor y la alegría,
        Y ornó tu sien, marchita por la pena,
        Con las deshechas flores de la orgía,

        Es la que al verte desvalida y sola,
        Te empuja hacia el abismo, sin aliento;
        La que tu amor y tu pureza inmola
        Por el amargo pan del sufrimiento.

        Me admiran tus heroicos sacrificios;
        Me admira que no temas, que no dudes,
        Y que en la árida roca de los vicios
        Puedan colgar su nido las virtudes.

        Por eso llego a ti, ¿no lo imaginas?
        A ver surgir, cual gratas ilusiones,
        Luz entre sombras, flores entre ruinas,
        ¡Amor entre los muertos corazones!

        Vengo a cubrirte de brillantes galas,
        A ser tu protección y tu consuelo,
        Y a desatar tus poderosas alas
        ¡Para que puedas ascender al cielo!

      Arriba

      Así fue

        Lo sentí; no fue una
        Separación, sino un desgarramiento;
        Quedó atónita el alma, y sin ninguna
        Luz, se durmió en la sombra el pensamiento.

        Así fue; como un gran golpe de viento
        En la serenidad del aire. Ufano,
        En la noche tremenda,
        Llevaba yo en la mano
        Una antorcha con que alumbraba la senda,
        Y que de pronto se apagó: la oscura
        Acechanza del mal y el destino
        Extinguió así la llama y mi locura.

        Vi un árbol a la orilla del camino,
        Y me senté a llorar mi desventura.
        Así fue, caminante
        Que me contemplas con mirada absorta
        Y curioso semblante.

        Yo estoy cansado, sigue tú adelante;
        Mi pena es muy vulgar y no te importa.
        Amé, sufrí, gocé, sentí el divino
        Soplo de la ilusión y la locura;
        Tuve la antorcha, la apagó el destino,
        Y me senté a llorar mi desventura
        A la sombra de un árbol del camino.

      Arriba

      Dones

        Mi padre fue muy bueno: me donó su alegría
        Ingenua; su ironía
        Amable: su risueño y apacible candor.
        ¡Gran ofrenda la suya! Pero tú, madre mía,
        Tú me hiciste el regalo de tu suave dolor.

        Tú pusiste en mi alma la enfermiza ternura,
        El anhelo nervioso e incansable de amar;
        Las recónditas ansias de creer; la dulzura
        De sentir la belleza de la vida, y soñar.

        Del ósculo fecundo que se dieron dos seres
        -El gozoso y el triste- en una hora de amor,
        Nació mi alma inarmónica; pero tú, madre, eres
        Quien me ha dado el secreto de la paz interior.

        A merced de los vientos, como una barca rota
        Va, doliente, el espíritu; desesperado no.
        La placidez alegre poco a poco se agota;
        Mas sobre la sonrisa que me dio el padre, brota
        De mis ojos la lágrima que la madre me dio.

      Arriba

      En el cielo

        El cielo y yo quedamos frente a frente.
        Y era como un tropel de informes canes
        Persiguiendo una fuga de titanes
        Las nubes milagrosas del Poniente.

        En el fondo de púrpura candente,
        Los forzados y altivos ademanes
        Erguíase en coléricos afanes
        Y vaguedad de sueño... De repente
        Se iluminó de sol el friso oscuro,
        Y el oro interno, sideral y puro,
        Rompió en deslumbramientos de escarlata,
        Resplandeció con palidez la luna,
        Y lentamente se deshizo en una
        Apacible visión de ópalo y plata.

      Arriba

      Hechicera

        No sentí cuando entraste; estaba oscuro,
        En la penumbra de un ocaso lento,
        El parque antiguo de mi pensamiento
        Que ciñe la tristeza, cual un muro.

        Te vi llegar a mí como un conjuro,
        Como el prodigio de un encantamiento,
        Como la dulce aparición de un cuento:
        Blanca de nieve y blonda de oro puro.

        Un hálito de abril sopló en mi otoño;
        En cada fronda reventó un retoño;
        En cada viejo nido hubo canciones;

        Y, entre las sombras de jardín -errantes
        Luciérnagas-, brillaron, como antes
        De mi postrer dolor, las ilusiones.

      Arriba

      La agonía blanca

        Blanca como esta noche no he visto cosa alguna:
        Ni el mármol, ni la nieve, ni el armiño. Semeja
        El cielo, un gran abismo de plata, que refleja
        Su luz, en otro abismo de cristal: la laguna.

        Sólo de tarde en tarde pasa, pequeña y bruna,
        La góndola, que efímero surco ondulante deja;
        Y cuando hacia las brumas rutilantes se aleja,
        Todo es latir de astros; todo fulgor de luna.

        ¿Donde están los colores? En uno se han fundido.
        El negro huyó a esconderse. El azul se ha dormido.
        El blanco, puro y virgen, sus imperios rescata.

        Y en silencio vasto, sideral y profundo,
        Parece que esta noche se va a morir el mundo
        Con una inmensa muerte de cristal y de plata.

      Arriba

      La confidencia

        ¡Pobre galleguito, rubio y candoroso,
        Que a América vino sin ir a la escuela!
        Tiene torpes andares de oso
        Y apacible mirar de gacela.

        Su ademán es brusco pero, ¡qué sincero!
        Su palabra es ruda pero, ¡qué leal!
        Tiene el galleguito corpachón de acero
        Y alma de cristal.

        ¡Madera de santo, carne de héroe... pero
        Será "bodeguero",
        Ganará dinero,
        Y hará capital.

        Una vez nos vimos, y simpatizamos:
        Y en el "bar" humilde, muertos de calor,
        Charlamos, charlamos,
        Con los codos puestos sobre el mostrador.

        Y pasan los días, y siempre le digo,
        Después de probar
        Mi vaso de "Láger":
        -Si usted viera, amigo,
        Qué linda mi tierra, qué bueno mi hogar.

        Y él me dice: -Señor, qué delicia
        Es sentarse a cuidar el rebaño
        A la sombra de un viejo castaño
        O a la vera de un río, en Galicia.

        Y así vamos, el hombre y el niño,
        Viendo, viendo... él, la sierra; yo, el valle;
        Su aldea, él; yo, mi calle;
        Yo, mi lago; él, su Miño.

        Y así enmudecemos, casi aletargados,
        Atisbando el recuerdo que vuela
        Por frente a mis ojos, negros y cansados,
        Por frente a sus grises ojos de gacela.

        Lo que yo te digo, lo que tú me dices,
        De mi hermosa tierra, de tu ancha campiña,
        Abre y emponzoña nuestras cicatrices...
        ¡Pobre galleguito, somos infelices!
        ¡Yo tengo nostalgia; tú tienes morriña!".

      Arriba

      Lubrica nox

        Miré, airado, tus ojos, cual mira agua un sediento
        Mordí tus labios como muerde un reptil la flor;
        Posé mi boca inquieta, como un pájaro hambriento,
        En tus desnudas fromas ya trémulas de amor.

        Cruel fue mi caricia como un remordimiento;
        Y un placer amargo, con mezcla de dolor,
        Se deshacía en ansias de muerte y de tormento,
        En frenesí morboso de angustias y de furor.

        Faunesa, tus espasmos fueron una agonía.
        ¡Qué hermosa estabas ebria de deseo, y que mía
        Fue tu carne de mármol luminoso y sensual!

        Después, sobre mi pecho, tranquila te dormiste
        Como una dulce niña, graciosamente triste,
        Que sueña ¡sobre el tibio regazo maternal!

      Arriba

      Madrigal efusivo

        Déjame amar tus claros ojos. Tienen
        Lejanías sin fin, de mar y cielo,
        Y sus fulgores apacibles vienen
        Hasta mi corazón como un consuelo.

        Deja que con tus ojos se iluminen
        Mis viejas sombras y se vuelvan flores;
        Deja que con tus ojos se fascinen,
        Como aves de leyenda, mis dolores.

        Que vea en ellos astros errabundos,
        Que en ellos sueñe inexplorados mundos
        Que en ellos bañe mi melancolía...
        Son tristes, luminosos y profundos,
        Como puestas de sol, amada mía.

      Arriba

      Metamorfosis

        Era un cautivo beso enamorado
        De una mano de nieve que tenía
        La apariencia de un lirio desmayado
        Y el palpitar de un ave en agonía.
        Y sucedió que un día,
        Aquella mano suave
        De palidez de cirio,
        De languidez de lirio,
        De palpitar de ave,
        Se acercó tanto a la prisión del beso,
        Que ya no pudo más el pobre preso
        Y se escapó; mas, con voluble giro,
        Huyó la mano hasta el confín lejano,
        Y el beso, que volaba tras la mano,
        Rompiendo el aire, se volvió suspiro.

      Arriba

      Nuestras vidas son los ríos

        Yo tenía una sola ilusión: era un manso
        Pensamiento: el río que ve próximo el mar
        Y quisiera un instante convertirse en remanso
        Y dormir a la sombra de algún viejo palmar.

        Y decía mi alma: turbia voy y me canso
        De correr las llanuras y los diques saltar;
        Ya pasó la tormenta; necesito descanso,
        Ser azul como antes y, en voz baja cantar.

        Y tenía una sola ilusión, tan serena
        Que curaba mis males y alegraba mi pena
        Con el claro reflejo de una lumbre de hogar.

        Y la vida me dijo: ¡Alma ve turbia y sola,
        Sin un lirio en la margen ni una estrella en la ola,
        A correr las llanuras y perderte en el mar!

      Arriba

      Perlas

        Como al fondo del mar baja
        El buzo en busca de perlas,
        La inspiración baja a veces
        Al fondo de mis tristezas
        Para recoger estrofas
        Empapadas con mis penas.

        Y en cada uno de mis versos
        Viven, con vida siniestra,
        Mis deseos, mis temores,
        Mis dudas y mis creencias
        ¡Que mucho que yo los ame!
        ¡Que mucho que yo los lea,
        Si son hojas arrancadas
        Al libro de mi existencia!
        Cuando en mi obscura memoria
        La frase brillando queda,
        Como en un jirón de nube
        El reflejo de una estrella,
        Es porque bajó tan hondo
        La inspiración a cogerla,
        Que en esa frase palpita
        El corazón del poeta.

        Siempre que a soñar me pongo
        Encantadoras quimeras,
        Imposibles ideales,
        Seres de extraña belleza
        Que habitan en luminosas
        Arquitecturas aéreas;
        Formas que flotan aisladas
        Y diáfanas, y serenas,
        Como los ángeles blancos
        De la Divina Comedia,
        La realidad de la vida,
        Inflexible, me despierta,
        Y quedo confuso y triste
        Sintiendo angustias supremas,
        Como esas aves que huyen
        En busca de primavera
        Y en alta mar las sorprende
        El furor de la tormenta.

        Entonces escribo, escribo
        Con una ternura inmensa,
        Que sólo cuando hago versos
        El alma llora y se queja,
        Y la inspiración se hunde
        En el mar de las tristezas
        Para recoger estrofas
        Empapadas en mis penas.

        Y sin embargo, en el fondo,
        Cuántos dolores se quedan
        Sin expresión, tan intensos
        Que no caben en la idea,
        Porque son, deseos vagos,
        Aspiraciones inmensas,
        Alas que exploran espacios,
        Sueños de cosas eternas,
        Nostalgias de extraños mundos,
        Citas de lo que no llega...
        La inspiración es un buzo
        Que no ha pescado esas perlas.

      Arriba

      Redención

        Te quiero porque en tu alma vive el germen
        De ternura infinita,
        Como diáfana gota de rocío
        Sobre una flor marchita;

        Te quiero porque he visto doblegarse
        Tu espléndida cabeza;
        Porque sé bien que en medio de la orgía
        Te invade la tristeza;

        Porque has pasado por la senda estrecha
        En los grandes zarzales de la vida,
        Sin desgarrar tus blancas vestiduras,
        Sin hacerte una herida;

        Porque has ido pidiendo por el mundo,
        Con el candor de un niño,
        A cada corazón que has tocado,
        Un poco de cariño;

        Porque indica profundo sufrimiento
        Tu pálida mejilla;
        Porque en tus ojos que placer irradian
        También el llanto brilla.

        Te quiero; nada importa que cansado
        Tu espíritu se aduerma;
        Yo lo habré de animar, yo daré aliento
        A tu esperanza enferma.

        ¡Mariposa que fuiste entre las flores
        Dejando tus bellezas y tus galas,
        Yo volveré a poner el polvo de oro
        Sobre tus leves alas!

      Arriba


    Autores desconocidos


    Seguidores


    Indice autores conocidos

       Acuña, Manuel
       Alberti, Rafael
       Aldington, Richard
       Almagro, Ramón de
       Altolaguirre, Manuel
       Arteche, Miguel
       Baudelaire, Charles
       Beckett, Samuel
       Bécquer, Gustavo Adolfo
       Belli, Gioconda
       Benedetti, Mario - Parte I
       Benedetti, Mario - Parte II
       Bernárdez, Francisco Luis
       Blake, William
       Blanco, Andrés Eloy
       Bonnet, Piedad
       Borges, Jorge Luis
       Bosquet, Alain
       Bridges, Robert
       Browning, Robert
       Buesa, José Ángel
       Bukowski, Charles
       Camín, Alfonso
       Campoamor, Ramón de
       Castellanos, Rosario
       Celaya, Gabriel
       Cernuda, Luis
       Cortázar, Julio
       Cuesta, Jorge
       Darío, Rubén
       De Burgos, Julia
       De la Cruz, Sor Juana Inés
       Debravo, Jorge
       Delmar, Meira
       Díaz Mirón, Salvador
       Dickinson, Emily
       Donne, John
       Douglas, Keith
       Eguren, José María
       Espronceda, José de
       Ferrer, Marcelo D.
       Flores, Manuel
       Flórez, Julio
       Frost, Robert
       Gala, Antonio
       García Lorca, Federico
       Gelman, Juan
       Girondo, Oliverio
       Gómez Jattin, Raúl
       Gómez de Avellaneda, Gertrudis
       González, Ángel
       González Martínez, Enrique
       Guillén, Nicolás
       Gutiérrez Nájera, Manuel
       Hernández, Miguel
       Hesse, Hermann
       Hierro, José
       Hugo, Víctor
       Huidobro, Vicente
       Ibarbourou, Juana de
       Isaacs, Jorge
       Jiménez, Juan Ramón
       Joyce, James
       Keats, John
       Larkin, Philip
       Leopardi, Giacomo
       Lloréns Torres, Luis
       Lord Byron, George Gordon
       Lowell, Amy
       Loynaz, Dulce María
       Machado, Antonio
       Marchena, Julián
       Martí, José
       Milton, John
       Mistral, Gabriela
       Mitre, Eduardo
       Neruda, Pablo - Parte I
       Neruda, Pablo - Parte II
       Neruda, Pablo - Parte III
       Nervo, Amado - Parte I
       Nervo, Amado - Parte II
       Novo, Salvador
       Obligado, Pedro Miguel
       Otero, Blas de
       Owen, Gilberto
       Pacheco, José Emilio
       Palés Matos, Luis
       Parra, Nicanor
       Paz, Octavio - Parte I
       Paz, Octavio - Parte II
       Pedroni, José
       Pellicer, Carlos
       Pessoa, Fernando
       Pizarnik, Alejandra
       Plá, Josefina
       Poe, Edgar Allan
       Pombo, Rafael
       Raine, Kathleen
       Rébora, Marilina
       Reyes Ochoa, Alfonso
       Rimbaud, Arthur
       Rojas, Gonzalo
       Rojas, Jorge
       Romero, Elvio
       Ruy Sánchez, Alberto
       Sabines, Jaime
       Salinas, Pedro
       Santos Chocano, José
       Shakespeare, William
       Shelley, Percy Bysshe
       Silva, José Asunción
       Storni, Alfonsina
       Swann, Matilde Alba
       Symons, Julian
       Teillier, Jorge
       Tennyson, Alfred
       Thomas, Dylan
       Torres Bodet, Jaime
       Unamuno, Miguel de
       Urbina, Luis G.
       Vallejo, César
       Verlaine, Paul
       Villaurrutia, Xavier
       Whitman, Walt
       Wilde, Óscar
       Wordsworth, William
       Yeats, William Butler
       Zaid, Gabriel
       Zorrilla, José
       Zorrilla de San Martín, Juan


    Otros enlaces

       Webs amigas

    Visitas recibidas

    .
    Grandes poetas famosos | Great famous poets | Contacto: Monika Lekanda