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    Información biográfica

  1. Aunque hundamos a puños la tristeza
  2. Balada de los fríos
  3. Campanas
  4. Canción satisfactoria
  5. Como una barca se me fue el deseo
  6. Credo
  7. Cuando estemos de nuevo con nosotros
  8. Desde la sombra
  9. Desvestido
  10. El parto
  11. Esta canción amarga
  12. Esta vida en silencio
  13. Este es mi amor
  14. Este sitio de angustia
  15. Eternidad
  16. He querido marcharme
  17. Hijos
  18. Hombre
  19. Hoy mi vida no tiene peso alguno
  20. Invocación al fusil
  21. Lechos de purificación
  22. Nocturno sin patria
  23. No persigo tu beso
  24. Oración
  25. Parto
  26. Pequeño elogio de tu olor
  27. Poema
  28. Prevalecer
  29. Profundidad
  30. Qué duro estar prensado sin remedio
  31. Recuéstate en mi brazo
  32. Resurrección
  33. Salmo de las maderas
  34. Salmo desolado
  35. Silencios
  36. Sombras
  37. Te tendiste de nuevo
  38. Tendidos bajo el sueño
  39. Tengo triste la boca
  40. Tierra fresca y mojada
  41. Yo no sabría decirte
  42. Yo quiero estar desnudo


    Información biográfica

      Nombre: Jorge Delio Bravo
      Nombre de pluma: Jorge Debravo
      Lugar y fecha nacimiento: Guayabo de Turrialba, Cartago (Costa Rica), 31 de enero de 1938
      Lugar y fecha defunción: San José (Costa Rica), 4 de agosto de 1967 (29 años)

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      Aunque hundamos a puños la tristeza

        Aunque hundamos a puños la tristeza
        Y cerremos con besos cada herida
        El amor nos rebosa en la cabeza
        Como un agua fatal, enardecida.

        Escondidos detrás de las persianas,
        Ocultos tras las cárceles del pecho,
        El amor nos golpea las ventanas
        Lo mismo que si estamos en el lecho.

        El amor no termina ni en la nada.
        Nos lo entrega el descanso, nos lo entrega
        El trabajo y lo que anda y lo que rueda.

        Y aunque se nutre de mujer amada,
        Con mujer o sin ella el amor llega,
        Y si la mujer pasa, el amor queda.

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      Balada de los fríos

        Hay fríos tan terribles que son casi bestiales,
        Fríos que nos carcomen como inmensas polillas,
        Fríos que nos persiguen dormidos y despiertos
        Y nos ponen un negro temblor en las rodillas.
        Hay fríos tan espesos como carnes humanas,
        Fríos que pueden ser partidos con navaja,
        Fríos que despedazan vidrios en las ventanas.
        Por esos fríos, de noche, el corazón se raja.
        Fríos aún más anchos y viscosos
        Que los fríos de los hielos y los muertos;
        Fríos que nos persiguen como lobos furiosos,
        Fríos que nos maltratan dormidos y despiertos;
        Fríos que vienen siempre que estamos silenciosos
        Imaginando a Dios con los brazos abiertos.

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      Campanas

        La ciudad nos envuelve largamente,
        Como una noche dolorosa.
        A nuestro lado ruedan los camiones
        Como brujas agónicas.
        Una campana se queja a lo lejos desesperadamente.
        Algún campanero irascible le estará golpeando el corazón.
        Caminemos.
        Olvídate del mundo.
        Piensa solamente en lo que llevas piel adentro
        Y sabrás qué dulce y qué sabroso es, de pronto, vivir.

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      Canción satisfactoria

        Qué bien tu amor aquí para que ladre
        Y asuste a los leones de la muerte,
        Qué bien tu amor velando como un padre
        Este miedo que tengo de perderte.

        Qué bien tu amor manando a mediodía
        Una savia fresquísima y amada,
        Qué bien despedazando la agonía
        Y poniendo esperanzas en la almohada.

        Qué bien que esté allá lejos, madurando
        Como un durazno blando de ternura,
        Qué bien cuando está cerca, despuntando

        Como un trozo de Dios, de la amargura.
        Qué bien en la mañana, despertando
        Como un resucitado de ternura.

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      Como una barca se me fue el deseo

        Como una barca se me fue el deseo.
        Como una absurda barca
        Llena de besos y de piel madura.

        Extravié la manera de abrazarte
        En no sé que lejanas, olvidadas comarcas.
        Estoy perdido en medio de tu carne.

        En el fondo de tus ojos me despierto
        Solo como una estatua.
        Tu amor me sabe a exilio.

        Como exiliado llego hasta tu almohada.
        Como a un extranjero tú me aguardas.

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      Credo

        No acostumbro a decir amo, te amo,
        Sino cuando el amor me inunda todo
        Desde los ojos hasta los zapatos.
        Mi cuerpo es una sola verdad y cada músculo
        Resume una experiencia de entusiasmo.

        Una vez dije: ¡sufro! Y era que el sufrimiento
        Agitaba a mi lado sus cascos de caballo.

        Y siempre digo: espero. Porque a mí me podrían
        Arrancar el recuerdo como un brazo,
        Pero no la esperanza que es de hueso
        Y cuando me la arranquen dejaré de ser esto
        Que te estrecha las manos.

        Creo en todos los frutos que tienen jugo dulce,
        Y creo que no hay frutos que tengan jugo amargo.
        No es culpa de los frutos si tenemos
        El paladar angosto y limitado.

        Creo en el corazón del hombre, creo
        Que es de pura caricia a pesar de las manos
        Que a veces asesinan, sin saberlo,
        Y manejan fusiles sanguinarios.

        Creo en la libertad a pesar de los cepos,
        A pesar de los campos alambrados.

        Creo en la paz, amada, a pesar de las bombas
        Y a pesar de los cascos.

        Creo que los países serán un solo sitio
        De amor para los hombres a pesar de los pactos,
        A pesar de los límites, los cónsules,
        A pesar de los libres que se dan por esclavos.

        Y creo en el amor, en este amor de acero
        Que va fortaleciendo las piernas y los brazos,
        Que trabaja en secreto,
        A escondidas del odio y del escarnio,
        Que debajo del traje se hace músculo,
        Órgano, experiencia, nervio, ganglio,
        A pesar del rencor que nos inunda
        El corazón de funerales pájaros.

        Yo creo en el amor más que en mis ojos
        Y más que en el poder y el entusiasmo.

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      Cuando estemos de nuevo con nosotros

        Cuando estemos de nuevo con nosotros
        Contándonos los gestos,
        Cuando estemos hablando de las gentes
        A quienes más queremos,
        Quédate, por favor, mirando el surco
        Que dejan tus dos ojos en mis huesos.

        Y dame lo que puedas de tu alma,
        Lo que no necesites de tu afecto,
        Lo que logres sacar sin sacrificio
        De tu casa de sueños.

        Yo tomaré, de fiesta, lo que quieras,
        Aunque sea el milagrillo más pequeño.
        No es que yo sea mendigo,
        Es que cualquier amor es amor bueno.

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      Desde la sombra

        Grande es la sombra.
        Yo la siento enredada en las manos
        Como una miel espesa.
        Bajo la sombra no sabemos
        Si el camino se marcha o si regresa.

        ¡Ah, qué suaves son tus labios!
        El beso que acabamos de atrapar es tierno y majestuoso
        Como un gran árbol con un follaje nuevo.

        No me digas nada:
        Yo te contaré que hay besos puros y torpes.
        Algunos tan ligeros que casi no son besos.
        Otros tan violentos
        Que los labios se abren y florecen en sangre.

        A veces me siento triste
        Porque las piedras no tienen labios, ni besos, ni palabras.

        ¿Cómo sientes mis manos?
        Las has estrechado con las tuyas
        Y las has acercado a tus pechos.
        Desnudos y tibios
        Los he sentido aletear como pájaros vivos
        Debajo de mis manos.

        Para tenerte siempre
        Cortaré todas las flores de corola grande
        Y te haré con ellas un lecho.
        Quemaré todos mis recuerdos, cuando llegue la noche,
        Para que no te molesten las espinas.
        Cuando te duermas -desnuda entre las flores-
        Soñarás que te besa castamente un ángel o un dios.

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      Desvestido

        La noche, deseosa, apenumbrada,
        Te quitó sin pensar las zapatillas.
        Y -por sentirse blanca y alumbrada-
        Desnudó blancamente tus rodillas.

        Luego -por diversión, sin decir nada-
        La noche se llevó tu blusa larga
        Y te arrancó la falda ensimismada
        Como una cosa tímida y amarga.

        Después te colocaste travesura:
        Desnudaste tus pechos por ternura
        Y -hablando de un amor vago, inconexo-

        Porque sí y porque no, a medio reproche,
        Desnudaste también, entre la noche
        La noche pequeñita de tu sexo.

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      El parto

        Mujer, toda mi sangre está presente
        Contigo en esa lucha que sostienes.
        Contigo está mi amor incandescente
        Y en tu llanto y tu duelo me contienes.

        Nunca en la vida estuve tan de prisa
        Tan lleno de relámpagos y ruegos,
        Como ahora que ha muerto tu sonrisa
        Y están con tu dolor todos los fuegos.

        Nunca estuvo mi amor tan a tu lado,
        Nunca como esta noche de tortura
        Cuando sufre mi amor crucificado
        En el mismo tablón de tu amargura.

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      Esta canción amarga

        Sufro tanto que a veces ni siquiera
        Sé si sufro por mí o por el obrero.
        El sufrimiento nace, simplemente.
        Es como un árbol ciego.

        No lo busco, lo llamo ni lo aguardo.
        Nace cuando lo quiere.
        Es como un chorro de alcohol, como una
        Almohada de alfileres.

        Es amargo y sangriento a medianoche
        Y a veces -sin permiso- en las aceras.
        Me anuda la camisa hasta asfixiarme.
        Me riega ácidos malos en las venas.

        Sin embargo, hermanos, cuando falta
        Es como si mi carne estuviera vacía.
        Como si no corriera el jugo de mi sangre.
        Como si a chorros, roja, se me huyera la vida.

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      Esta vida en silencio

        Esta vida en silencio
        En la sombra desnuda.
        Cayendo, meditando,
        De machacada y ebria se hace pura.

        Flotas tú restregada
        En el tronco y el nervio.
        Blancos se abren tu voz,
        El viento, el alma,
        Porque esta vida es un milagro abierto.

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      Este es mi amor

        Este es mi amor, hermanos, este esfuerzo
        Denso, maduro, alto,
        Estos dedos agónicos y este
        Manojo de entusiasmo.

        Yo no os amo dormidos:
        Yo os amo combatiendo y trabajando,
        Haciendo hachas deicidas,
        Libertando.

        Amo lo que de dioses se os revela
        Ante el miedo y el látigo,
        Lo que suda, viviente y guerrillero,
        En el fondo del hueso americano,
        Lo que es amor no siendo más que carne,
        Lo que es lucha no siendo más que paso,
        Lo que es fuego no siendo más que grito,
        Lo que es hombre no siendo más que árbol.

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      Este sitio de angustia

        Uno quisiera siempre tener su mano amiga,
        Su buen pan compañero, su dulce café, su
        Amigo inseparable para cada momento.
        Quisiera no encontrar un solo fruto amargo,
        Una casa sangrando, un niño abandonado,
        Un anciano caído debajo del fracaso.

        Pero a veces los días se ponen grises,
        Nos miran con miradas enemigas,
        Y se ríen de nosotros,
        Se burlan de nosotros,
        Nos enseñan cadáveres de jornaleros tristes,
        De muchachas vencidas, de niños sin tinero.
        Se mira uno las uñas, como haciéndose viejo,
        Encoge las rodillas para no perecer,
        Y nada, nada bueno agita las campanas,
        Nada bueno florece en los hombros del mundo.

        Entonces es que uno llama al apio y le dice,
        Llama al rábano amargo y le dice también
        Que esta corteza de hombre debe ser un castigo,
        Un paisaje maldito donde el hombre no quiere,
        No soporta vivir porque le sorben sangre,
        Porque le chupan sangre hasta dejarlo ciego.

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      Eternidad

        Antepasado mío, hoy te he visto
        Gozoso, reencarnado en mis dos hijos.

        La tarde olía a madurez y a mango.

        Por las mejillas de mis niños
        -Dulce y amadamente- resbalabas.

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      He querido marcharme

        He querido marcharme. Lo confieso.
        Dejar esta tristeza sin quejidos
        Y buscar un dolor sin retroceso
        Que me peine el cabello con gemidos.

        He querido arrancarme este gran peso
        De tener los dos brazos encogidos
        Y no saber si voy o si regreso,
        Porque tengo los ojos entumidos.

        Sin embargo, lo digo, me da miedo.
        Hay llantos que me apuntan con el dedo
        Desde todos los sitios de tristeza.

        Por eso aquí me tienes, recostado,
        Con el dolor pequeño y arrugado
        Mordiéndole la punta a la pereza.

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      Hijos

        Por la hija que ríe estoy doliente,
        Por el hijo que llora estoy en pena,
        Porque los dos me han puesto la colmena
        Del alma toda abierta y toda ardiente.

        Porque los dos han hecho que ese diente
        Con que la vida muerde y envenena,
        Me clave más veneno entre la vena
        Y me vuelva el espanto incandescente.

        Porque los dos son chorros de esperanza.
        Porque los dos me pedirán mañana
        Un mendrugo de paz que no se alcanza.
        Porque tendré que darles la campana
        De la muerte, del odio y la venganza.
        Y nutrirles la voz con sangre humana.

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      Hombre

        Soy hombre, he nacido,
        Tengo piel y esperanza.
        Yo exijo, por lo tanto,
        Que me dejen usarlas.
        No soy Dios: soy un hombre
        (Como decir un alga).
        Pero exijo calor en mis raíces,
        Almuerzo en mis entrañas.
        No pido eternidades
        Llenas de estrellas blancas.

        Pido ternura, cena,
        Silencio, pan y casa.
        Soy hombre, es decir,
        Animal con palabras.
        Y exijo, por lo tanto,
        Que me dejen usarlas.

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      Hoy mi vida no tiene peso alguno

        Hoy mi vida no tiene peso alguno:
        Es un viento, menos que un viento,
        Menos que una raya de luz.

        Ahora ninguno puede serme oneroso.
        No hay terrenos resquemores debajo de mi alma.

        Mi sangre es una roja armonía viva.
        Estoy en armonía con la brasa y la calma,
        Con la voz amorosa y la voz vengativa.

        Parece que mis manos no existieran,
        Parece que mi cuerpo nadara en un agua inocente.

        Como un viento desnudo de mi corazón se mece
        Y hace sonar campanadas dulcemente.

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      Invocación al fusil

        Con toda la esperanza yo te amo,
        Con todo mi entusiasmo te maldigo,
        Con todo el peso de mi amor te odio,
        Con toda mi ternura te abomino.
        Me confortas lo mismo que un abrazo,
        Me dueles y me sangras como un tiro,
        Amigo destructor como la muerte,
        Desgarrador, amado, aborrecido,
        Carne de piedra, corazón de tigre,
        Alma de pus, osario apocalíptico,
        Agua de amor, aborto del demonio,
        Hijo de Dios, repartidor de trigo,
        Verdugo de la paz, creador de paz,
        Esperanza del justo y del mendigo,
        Hijo de la traición, perro de presa,
        Padre de libertad, hermano mío.

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      Lechos de purificación

        Los lechos son países deliciosos
        Donde sólo los seres elegidos
        Se pueden madurar. Desconocidos
        Se levantan de ellos los esposos

        Que los dioses protegen: silenciosos,
        Como después de ser purificados
        Con un agua divina; deslumbrados
        Como dulces terneros saludosos.

        ¡Ah, qué miedo me dan los que se alojan
        En los lechos de amor y se remojan
        En aguas de ternura hasta los huesos!

        Qué miedo cuando surgen dulces, hondos,
        Transparentes y frescos hasta el fondo,
        Lavados con el agua de los besos.

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      Nocturno sin patria

        Yo no quiero un cuchillo en manos de la patria.
        Ni un cuchillo ni un rifle para nadie:
        La tierra es para todos,
        Como el aire.

        Me gustaría tener manos enormes,
        Violentas y salvajes,
        Para arrancar fronteras una a una
        Y dejar de frontera sólo el aire.

        Que nadie tenga tierra
        Como tiene traje:
        Que todos tengan tierra
        Como tienen el aire.

        Cogería las guerras de la punta
        Y no dejaría una en el paisaje
        Y abriría la tierra para todos
        Como si fuera el aire.

        Que el aire no es de nadie, nadie, nadie,
        Y todos tienen su parcela de aire.

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      No persigo tu beso

        No persigo tu beso
        Aunque tu beso sea
        Como una
        Fiesta.

        Ando en busca de un sitio
        Para hablar de la tierra,
        De lo atado y lo libre,
        Del sueldo y de la mesa,
        De Dios
        Y la protesta.

        Ando tras una alianza
        Fraternal, pura, tierna,
        Que tú, amadamente,
        Representas.

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      Oración

        Para este amor que entre ella y yo creamos,
        Y entre los dos cuidamos y crecimos,
        Y entre los dos también alimentamos,
        Un poquito de sangre te pedimos.

        Corre dulce y alegre por la acera
        Y tiene el ojo lleno de entereza,
        Pero puede caer un día cualquiera
        Y quedar salpicado de tristeza.

        Y se puede mojar en agua mala
        Y se puede enfermar de pulmonía
        Y se puede quedar en media sala
        Con la muerte clavada en la alegría.

        Nosotros no podríamos ser felices
        Sin este amor de carne transparente:
        Nos matarían las grandes cicatrices
        Que nos puso el dolor sobre la frente.

        Guárdanos este amor de ese siniestro
        Mal de muerte que ronda almacigales
        Para toda la vida. Padre nuestro
        Y Padre de los buenos animales.

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      Parto

        Mujer, toda mi sangre está presente
        Contigo en esa lucha que sostienes.
        Contigo está mi amor incandescente
        Y en tu llanto y en tu duelo me contienes.
        Nunca en la vida estuve tan deprisa,
        Tan lleno de relámpagos y ruegos,
        Como ahora que ha muerto tu sonrisa
        Y están con tu dolor todos tus llantos y fuegos.
        Nunca estuvo mi amor tan a tu lado,
        Nunca como esta noche de tortura,
        Cuando sufre mi amor crucificado
        En el mismo tablón de tu amargura.

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      Pequeño elogio de tu olor

        De tierra fresca eres: en la noche
        Me hueles a terreno trabajado.
        Tu olor de tierra en celo se me acerca
        Y me navega el cuerpo como un barco.
        Olor a entraña viva, a tierra joven
        Cruzada de raíces como brazos.

        Conozco bien tu olor. Lo reconozco
        Como casa que yo siempre habitara.
        Palpo tu olor lo mismo que una fruta
        Y sé de que regiones se te escapa.
        Huelen a tierra húmeda tus ojos.
        Huelen a tierra fresca tus espaldas.
        Huelen a tierra negra tus cabellos.
        A tierra sembradía huele tu alma.
        A tierra fertilísima tu vientre.
        Tu boca a tierra de caverna cálida.
        A tierra florecida tus dos pechos.
        Huele tu pubis como tierra arada.

        Por tu olor voy a ti y eres entonces
        Mi tierra más cercana y más querida.
        Te siembro la semilla de mi beso,
        La semilla infantil de mi alegría
        Y juntos somos una yunta alegre:
        La tierra fresca tú. La tierra viva;
        Yo el sembrador que siembra entusiasmado
        Y acaba él mismo haciéndose semilla.

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      Poema

        Desde que el primer hijo -en noche de tortura-
        Se desprendió de ti como un brazo viviente,
        La carne se te ha hecho una fruta madura
        Y el amor como un pan se te ve y se te siente.

        Tus mejillas se han vuelto suaves como pañales,
        La voz se te ha llenado de ternuras y almohadas,
        Palpitan en tus ojos dos tiernos animales
        Y son como dos sombras tus manos sosegadas.

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      Prevalecer

        Cuando el cielo os absorba las entrañas
        Y quiera avergonzaros comparándose
        Con el cielo animal de la mirada,
        Volved los ojos hacia la infinitud
        Que lleváis escondida debajo de los párpados.
        Volved los ojos hacia los ojos mismos.
        Con eso basta.

        Y cuando el viento os quiera avergonzar
        Comparando sus manos infinitas
        Con vuestras dos sencillas, tiernas manos,
        Hundid las manos en el amor, echadlas
        A madurar en pura sangre humana.
        Echad las manos entre las manos mismas.
        Con eso basta.

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      Profundidad

        He aprendido a mirar de una manera más viva:
        Como si mis abuelos por mi sangre miraran;
        Como si los futuros habitantes
        Alzaran mis pestañas.

        Yo no miro la piel sino lo que en la piel
        Es fuego y esperanza.
        Lo que aún en los muertos
        Sigue nutriendo razas.
        Lo que es vida y es sangre
        Tras la inmovilidad de las estatuas.

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      Qué duro estar prensado sin remedio

        Qué duro estar prensado sin remedio
        Entre los muebles tristes de la pena,
        Sacar de todas partes tedio y tedio
        Como un innumerable mar de arena.

        Qué duro ir por la vida haciendo sueños
        Y encontrárselos todos en el suelo,
        Andrajosos, sin alma, pedigüeños,
        Como un largo telón de desconsuelo.

        Y qué duro caer sobre una cama
        Donde nadie nos mira ni nos ama,
        Donde sólo la sábana se mueve.

        Y qué duro pensar que no hay remedio,
        Que aquí y allá no brota siempre el tedio
        Como una nube gris que llueve y llueve.

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      Recuéstate en mi brazo

        Recuéstate a mi brazo.
        La sangre que por mis venas se desliza
        Posee, algunas veces, deliciosos secretos.
        Afuera son las cinco de la tarde,
        Pero en mi alma se han quedado inmóviles las horas.

        Y no olvides
        Que he recogido todo el fuego de la tierra
        Para entibiar las casas que tú habites
        Y calentarte el alma en las noches de lluvia.

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      Resurrección

        Esta noche sedienta yo me he preguntado
        Quién eres y quién eres.
        Por qué es triste tu carne como un leño apagado
        Y por qué tienes llena la boca de alfileres.

        Y despacio, esta noche yo te he separado
        Como un árbol de amor, de las demás mujeres,
        Y haciendo de mi sangre un agua he bautizado
        Con ella tus angustias y placeres.

        Y le he dicho a la muerte que no puede matarme
        Y le he dicho a la vida que no puede vencerme
        Y le he dicho a la tierra que si logra enterrarme,
        A donde ella me entierre tú irás a recogerme
        Y le he dicho a la nada que si logra apagarme,
        Tú, con tus grandes besos, volverás a encenderme.

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      Salmo de las maderas

        Hay maderas oscuras y profundas
        Como tus ojos y tus cabellos.
        Porque tus ojos y tus cabellos son
        Como maderas profundas y charoladas.

        Hay maderas suaves y livianas
        Como tu piel y tu alegría.
        Porque tu piel y tu alegría son
        Como maderas suaves y livianas.

        Hay maderas recias y macizas
        Como tus piernas y tus espaldas.
        Porque tus piernas y tus espaldas son
        Como maderas recias y macizas.

        Hay maderas húmedas y rojas
        Como la piel de tus labios y de tu lengua.
        Porque la piel de tus labios y de tu lengua es
        Como una madera roja y empapada de savia.

        Hay maderas olorosas y vivas
        Como el olor de tu cuerpo.
        Porque el olor de tu cuerpo es
        Como el olor de las maderas
        Cortadas en los tiempos de lluvias.

        Hay maderas que al ser trabajadas
        Dan notas musicales y perfectas.
        Tu amor es una nota musical y perfecta
        Como el sonido que dan ciertas maderas
        Cuando son trabajadas.

        Hay maderas que se quejan en las noches de lluvia
        Y en las tardes de tormenta.
        Porque eres triste, y esto te embellece y purifica,
        Te pareces a esas maderas que se quejan
        En las noches de lluvia y en las tardes de tormenta.

        Hay maderas que tienen un sabor y perfume
        Tan propios que, cuando se las huele o se las besa,
        Ya no son olvidadas nunca más en la vida.
        Porque eres fatalmente inolvidable,
        Te pareces a esas maderas que se recuerdan
        Hasta la muerte cuando se las huele o se las besa.

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      Salmo desolado

        ¡Qué ganas de llorar sobre la cama!
        ¡Qué ganas de gritar sobre la almohada!
        ¡Qué ganas de sentir que tú me llamas
        Como llama una niña abandonada!

        ¡Qué ganas de decirte en el oído
        Que mi amor es un poco de agua hirviendo
        Que hierve más y más hasta el gemido,
        Que hierve hasta quedarse maldiciendo!

        ¡Qué ganas de decirte que te quiero
        Con ojos de rencor o lagrimeados...
        Qué ganas de tener un cancionero
        Para cantarte todos los pecados!

        ¡Y qué ganas de ser viento errabundo
        Para llegarte al cuerpo enamorado
        Y meter las dos manos en el mundo
        Hasta tocarte el borde del costado!

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      Silencios

        Muere un amor en mitad de la esperanza
        Y un silencio sepulta su cadáver de pájaro.

        Sangra una niña herida sobre un lecho lúbrico
        Y un silencio se esconde entre los trapos.

        Degüellan un muchacho en una patria
        Y un silencio se oculta en sus zapatos.

        Cogen la libertad, la escupen, la desangran,
        Y un silencio terrible cierra los campanarios.

        Alguien pone candados en los libros
        Y un silencio se aprieta en los armarios.

        Fusilan un patriota en un rincón oscuro
        Y un silencio se fuga sobre los techos blancos.

        Un millón de niñitos se nos muere de hambre
        Y un silencio se duerme contemplándolos.

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      Sombras

        Sombras, éramos sombras.
        Sombras dulces en la sombra.
        Sombras blandiendo su angustia
        Y su pesantez de roca.

        Sombras vivas aguzando
        Al desnudar su congoja.
        Sombras deshechas a vientos;
        De fuego en la sangre, sombras.

        Sombras suaves en tu dedo;
        Sombra hacia mi nervio, roja;
        Sombras de sombras uniéndonos;
        Sombras de sombra en la sombra.

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      Te tendiste de nuevo

        Te tendiste de nuevo
        En estas largas soledades mías
        Para sufrir por siempre
        Mi tristeza.

        Ya no puedes fugarte
        De estos muros,
        Aunque te duelan todas mis caricias,
        Y te hiera la piel
        Un fuego muerto.

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      Tendidos bajo el sueño

        Era grande la noche. Estábamos en ella
        Con todos los impulsos dispuestos para el beso.
        Se quemó el filamento de la única estrella
        Y un cosquilleo eléctrico nos palpitó en los huesos.

        La luna se estiraba como una gata en celo.
        La tierra tomó un hondo tibior de carne abierta.
        Docenas de emociones cayeron en tu pelo.
        Nos hallamos, de pronto, con la alegría despierta.

        Dios se encogió de un golpe y se escondió en tu traje.
        El pájaro del miedo se nos fue del paisaje.
        Olvidamos el alma y el pecado.
        Todo nos dejó solos: la Luna y el vestido.
        La noche era profunda como un lecho mullido.

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      Tengo triste la boca

        Tengo triste la boca. El cuerpo. Todo.
        Nada cambia en la tierra sin embargo.
        El lodo amarillento siempre es lodo
        Y el camino más largo es el más largo.

        Duele mucho encontrarse uno tan triste
        Y que nada comparta la tristeza.
        Parece que la voz no nos existe
        Para escupir todo esto que nos pesa.

        Uno mira la tierra y le parece
        Que se ha vuelto estropajo de agonía.
        Que todo, hasta la vida, palidece.

        Sin embargo uno sabe que no existe
        Sino lo que ha existido día con día.
        Y entonces es más triste el estar triste.

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      Tierra fresca y mojada

        Tierra fresca y mojada,
        Tierra seca y ardiendo,
        Te he de llevar amada,
        Te he de llevar sufriendo.

        Te he de llevar prendida
        Con mecates y abrazos
        Como un saco de vida
        Apretado en los brazos.

        Y nunca he de dejarte
        Porque lloras o sudas,
        Porque sabes negarte
        O porque te desnudas.

        Iremos paso a paso,
        Te llevaré conmigo
        Colgada de mi brazo
        Como un dulce castigo.

        Y aunque dudes o creas,
        Aunque sangres o rías,
        Irás entre poleas

        Junto a mis alegrías,
        Soñando que chispeas,
        Soñando que te enfrías.

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      Yo no sabría decirte

        Yo no sabría decirte por qué amo
        A todos los niños muertos,
        A todos los ancianos
        Y a todos los enfermos.
        Puede ser que mi alma sea tan blanda
        Que me la curve el viento.
        Puede ser que yo escuche
        La soledad de los que están muriendo.

        Yo amo simplemente, hermana mía,
        Como si amar fuera mi oficio eterno.
        En este mismo instante yo te amo.
        Amo tu voz, tu amor, tu pelo,
        Y sin embargo no sabría decirte
        Por qué llevo tu rostro
        Calado entre mis huesos.

        Yo amo simplemente, hermana mía,
        Como si amar fuera mi oficio eterno.

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      Yo quiero estar desnudo

        Yo quiero estar desnudo, Dios, mi boca
        Se quiere desnudar como una loca,
        Quitarse la palabra que le has dado.
        Mi corazón, mi vida, mi costado
        Se quieren desnudar también de todo.

        Se quieren arrancar el viejo modo
        De caminar por esta tierra triste;
        Ser como una mujer que se desviste
        A pesar del calor, del miedo y todo.

        Me quiero desnudar, Señor, del miedo
        De no saber por qué me duele el dedo
        Cuando pienso en la muerte sin motivo.
        Yo quiero estar desnudo más que vivo,

        Desnudo de rencor, de piel, de frente,
        Tener un corazón desnudo y rudo.
        Cuando la muerte venga de repente
        Hallarme más desnudo que el desnudo.

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