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    Información biográfica

  1. A esa hora en la que todas las cosas reposan
  2. Al oír de cerca tu voz
  3. Asómate a la ventana
  4. Bonete reluciente y estandartes
  5. Cuando la tímida estrella avanza por los cielos
  6. De amatista el crepúsculo se torna
  7. Dile adiós, adiós, adiós
  8. Ecce puer
  9. En el cerrado bosque de pinos
  10. Gas de un mechero
  11. Mi amor se viste ligero
  12. Mi paloma, mi hermosa
  13. Por la tierra y por el aire las cuerdas
  14. Por mí mismo, a mí mismo me bautizo
  15. ¿Qué consejo la Luna encapuchada...?
  16. Qué contento me sentiría en ese pecho
  17. ¿Quién va entre la espesura del bosque?
  18. Recuerdo de quienes a la medianoche se hablan ante el espejo
  19. Sal, mi alma, de los helados sueños
  20. Solo
  21. Vientos de mayo, que bailan en el mar



    Información biográfica

      Nombre: James Augustine Aloysius Joyce
      Lugar y fecha nacimiento: Dublín (Irlanda), 2 de febrero de 1882
      Lugar y fecha defunción: Zurich (Suiza), 13 de enero de 1941 (58 años)

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      A esa hora en la que todas las cosas reposan

        Tú, solitario admirador de los cielos,
        ¿Alcanzas a escuchar los vientos nocturnos y los suspiros
        De las liras complaciendo el Amor que reabra
        Las pálidas puertas de la aurora?

        Cuando todas las cosas reposan, ¿acaso sólo tú
        Despiertas para oír el sonido de las dulces liras
        Que anteceden el Amor y tocan para él en su camino
        Y el viento nocturno responde en antífona
        Hasta el fin de la noche?

        Toquen, liras invisibles, a nombre del Amor,
        Cuyo camino hacia la gloria brillando está
        A esa hora en que las tenues luces van y vienen,
        Suave y dulce música en el firmamento
        Así como aquí abajo en la tierra.

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      Al oír de cerca tu voz

        Al oír de cerca tu voz
        Produje en él dolor,
        Al tener de nuevo tu mano
        Dentro de la mía.

        No hay frase ni señal
        Que lo puedan disuadir
        Para mí es hoy un extraño
        El que mi amigo fuera.

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      Asómate a la ventana

        Asómate a la ventana,
        Cabellos de oro
        Te escuché cantar
        Una alegre tonada.

        Mi libro estaba cerrado;
        Ya no leía más,
        Veía tan solo bailar el fuego
        Sobre el piso.

        He abandonado mi libro
        He abandonado mi habitación
        Pues te he escuchado cantar

        En la oscuridad
        Cantar y cantar
        Una alegre tonada,
        Asómate a la ventana,
        Tú, cabello de oro.

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      Bonete reluciente y estandartes

        Bonete reluciente y estandartes
        Canta por el campo:
        Vengan, vengan
        Todos aquellos que aman,
        Dejen los sueños a los soñadores
        Que no buscan seguirnos,
        Cantos y risas
        Ya no los conmueven.


        Con cintas al aire
        Él canta con más brío;
        En torno a su hombro
        Huestes de abejas zumban
        Y el tiempo de soñar
        Ha terminado:
        De amante a amante,
        Cariño, me acerco a ti.

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      Cuando la tímida estrella avanza por los cielos

        Cuando la tímida estrella avanza por los cielos
        Recatada y desconsolada toda,
        Escucha en la somnolienta tarde
        A aquel que canta a tu puerta.
        Su cantar es más suave que el rocío
        Y él ha llegado a visitarte.

        Ah deja tus ensoñaciones

        Cuando él llegue al anochecer,
        No te preguntes: ¿quién podrá ser este cantor
        Cuya canción mueve mi corazón?
        Reconoce por esto, el son del amante,
        Que soy yo quien te visita.

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      De amatista el crepúsculo se torna

        De amatista el crepúsculo se torna
        Azul y luego azul más profundo,
        Una lámpara ilumina de verde pálido
        Los árboles de la calle.

        En el viejo piano suena una tonada
        Suave y sedante y alegre;
        Ella se concentra en las teclas amarillentas
        Inclinando la cabeza.

        Tímidos pensamientos, ojos desmesurados y manos
        Que recorren a su gusto el teclado…
        El crepúsculo se torna oscuramente azul
        Con brillos de amatista.

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      Dile adiós, adiós, adiós

        Dile adiós, adiós, adiós,
        Dile adiós a tus días de niña,
        La felicidad del Amor ha llegado a cortejarte
        Y a cortejar tus gestos infantiles;
        La parte que te ha hecho tan bella,
        La diadema de tus rubios cabellos.

        Cuando haya escuchado mencionar su nombre
        A las trompetas de los querubienes,
        Empieza lentamente a descubrirle
        Tu seno infantil
        Y lentamente a despojarte de la diadema
        Que es el signo de la doncellez.

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      Ecce puer

        Del oscuro pasado
        Un niño ha nacido.
        De alegría y pesar
        Mi corazón está partido.
        Quieta en su cuna
        Reposa la vida.
        ¡Que amor y merced
        Abran sus ojos!
        Nueva vida es exhalada
        Sobre un espejo;
        El mundo que no era,
        Aparece.
        Un niño está dormido:
        Un anciano se ha ido.
        ¡Oh, padre olvidado,
        Perdona a tu hijo!

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      En el cerrado bosque de pinos

        En el cerrado bosque de pinos
        Quisiera yacer contigo,
        En la sombra fresca
        Del mediodía.

        ¡Cuán hermoso yacer ahí,
        Hermoso el besar,
        Donde la floresta de pinos
        Se colma de paseos!

        Tu beso descendería
        Más dulce
        Entre el suave rumor
        De tus cabellos.

        Oh, hacia el bosque de pinos
        Al mediodía
        Vámomos hoy,
        Dulce amor.

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      Gas de un mechero

        Damas y caballeros, estáis aquí reunidos
        Para oír por qué cielo y tierra se conmovieron
        Por culpa de las siniestras, negras artes
        De un escritor irlandés en el extranjero.
        Hace diez años que su libro me envió.
        Más o menos lo leí unas cien veces,
        De delante hacia atrás, de abajo a arriba,
        A través de los dos extremos del telescopio.
        Completo lo imprimí, hasta la mismísima última palabra.
        Pero gracias a la merced del Señor,
        Las tinieblas de mi mente se rasgaron,
        Y vi el intento repugnante del autor.
        Pues un deber tengo hacia Irlanda:
        Su honor con mi mano guardo.
        Esta hermosa tierra que siempre envió
        Sus escritores y artistas el destierro,
        Y con espíritu típico de chanza irlandesa
        A sus adalides traicionó uno a uno.
        Fue el seco, mojado humor de Irlanda
        El que cal viva arrojó a los ojos de Parnell;
        Son los cerebros irlandeses quienes de su destino
        Salvan el resquebrajedo barco del Obispo de Roma,
        Porque todo el mundo sabe que el Papa no puede
        Eructar sin el consentimiento de Billy Walsh.
        Oh Irlanda, primera y sola querencia mía,
        Donde Cristo y César mano y guante son.
        Oh hermosa tierra donde el trébol crece.
        (Permitidme, señoras, que me suene).
        No me importa un bledo deciros, para que me censuréis,
        Que publiqué los poemas de Mountainy Mutton,
        Y una comedia que escribió (seguro estoy
        De que la leísteis) donde se habla de "bastardo",
        "Fornicador" y "ramera", y otra obra
        Sobre La Palabra y el Santo Pablo y de algunas
        Piernas femeninas que no puedo recordar,
        Todo ello escrito por Moore, caballero genuino,
        Que vive del diez por ciento de su heredad
        He impreso libros místicos por docenas:
        El libro de recetas de Coussins, aunque
        (Y os ruego que me perdonéis) sobre el verso diré
        Que envidia daría a vuestros traseros el no haberlos
        Escrito: El folklore del Norte y del Sur
        Por Gregory, La de la Boca Dorada publiqué:
        Tristes, tontos, solemnes poetas imprimí:
        Patrick, cómo-se-llama-Colm: al ilustre
        John Milicent Synge, quien el espíritu eleva
        Sobre angélica ala con la muda del trotamundos,
        Quien como hato la robó de la bolsa de viaje
        De un director de Maunsel. Pero la cruz
        Y raya trazo sobre ese condenado sujeto
        Que por aquí anduvo, vestido de amarillo austriaco,
        Declamando italiano que O'Leary Curtis
        Y John Wyse Power pagaban por horas,
        Quien escribió sobre Dublín, sucia, amada, de tal
        Forma que ningún impresor, por muy africano,
        De tan negro que sea, podría tolerarlo.
        ¡Mierda y cebollas! ¿Pensasteis que imprimiría
        El nombre del monumento a Wellington,
        El de Sydney Parade, y el del tranvía de Sandymount,
        El de la pastelería de Downes, el del jamón
        De William? ¡Maldito sea si así lo hago! iQue al fuego
        Me condene! ¡Hablar sobre los Irish Names of Places!.
        Me maravilla pensar, y sobre mi alma lo juro
        El que el autor olvidara mencionar el Curly's Hole.
        No, señoras, mi imprenta no tomará parte
        En un libelo tan basto sobre la Madrastra Erin.
        Piedad tengo del pobre, por ello tomé
        A un escocés pelirrojo para que vigile mi libro.
        iEscocia, pobre hermana! Su destino es derrumbarse;
        Más Estuardos que vender ya no encuentra
        Delicada es mi conciencia como seda china:
        Mi corazón tan suave como el requesón.
        Colm puede deciros que hice una rebaja
        De cien libras sobre el presupuesto
        Que le di para imprimir su Irish Review.
        Amo a mi pais, ¡por los arenques que lo amo!
        Quisiera que ver pudierais las lágrimas
        Que sollozo al pensar en el barco, en el tren
        De los emigrantes. Por tal causa para todo el mundo
        Publico esta guía de ferrocarriles tan ilegible.
        A la puertas de mi imprenta la pobre,
        Digna prostituta, juega cada noche a la lucha libre
        Con su británico artillero de calzones ajustados, y el extranjero
        El don de la locuacidad aprende
        De la borracha, desaliñada, ramera Dublín.
        ¿Quién fue el que dijo, «No resistid al mal»?.
        Ese libro quemaré, aunque el diablo me lleve.
        Cantaré un salmo mientras veo cómo se incendia,
        Y las cenizas guardaré en un ánfora.
        Penitencia haré con vientos y gemidos,
        De hinojos, sobre mis canillas. La próxima
        Cuaresma me desnudaré las penitentes
        Nalgas al aire, y gimoteando, junto a la imprenta
        Confesaré mi espantoso pecado.
        Mi capataz irlandés, de Bannockburn,
        Hundirá la mano derecha en la urna,
        Y firmará con pulgar reverente una equis,
        Memento homo sobre mi culo.

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      Mi amor se viste ligero

        Mi amor se viste ligero
        Entre los manzanos,
        Donde lo que más desea el viento amable
        Es estar acompañado.

        Ahí, donde el viento amable se detiene a cortejar
        A las hojas jóvenes en su camino,
        Mi amor avanza despacio, siguiendo
        Su sombra entre la hierba;

        Y donde el cielo es como una pálida copa azul
        Sobre la sonriente tierra.
        Mi amor avanza ligero, recogiéndose
        La falda con mano delicada.

      Arriba

      Mi paloma, mi hermosa

        Mi paloma, mi hermosa.
        ¡Ven, ven!
        Yace de noche el rocío
        Sobre mis ojos y labios.

        Tejen los perfumados vientos
        Una música de suspiros:
        ¡Ven, ven,
        Mi paloma, mi hermosa!

        Te aguardo junto al cedro,
        Mi hermana, mi amor,
        Pecho blanco de paloma,
        El mío será tu lecho.

        Yace el pálido rocío
        Como un velo sobre mí.
        Mi linda, mi linda paloma,
        ¡Ven, ven!

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      Por la tierra y por el aire las cuerdas

        Por la tierra y por el aire las cuerdas
        Endulzan la música;
        Cuerdas que bogan por el río
        Al encuentro de los sauces.

        Por todo el río se oye música
        Porque por ahí vaga el Amor,
        Cual pálidas flores sobre su manto
        Y hojas oscuras en el cabello

        Todos tocan en sordina,
        La cabeza inclinada hacia la música,
        Los dedos recorriendo
        Su instrumento.

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      Por mí mismo, a mí mismo me bautizo

        Por mí mismo, a mí mismo me bautizo
        Con el nombre de Catarsis-Purgativo.
        Yo, quien desgreñado abandoné camino
        Por defender la gramática de los poetas,
        Llevando a tabernas y burdeles
        La mente del ingenioso Aristóteles.
        Aquí mi intérprete debe estar
        Por si acaso los bardos lo intentan
        Y se equivoca, por lo que, ahora
        De mis labios reciben ciencia peripatética.
        Para entrar en el cielo, viajar al infierno,
        Ser piadoso o terrible, uno, positivamente,
        Necesita el alivio de las indulgencias
        Plenarias. Porque cada auténtico místico
        De nacimiento es un Dante, sin prejuicio,
        Quien, a salvo en el rincón de la chimenea,
        Por poderes se arriesga a extremos de
        Heterodoxia, como quien halla una alegría
        En la mesa, alabando las estrecheces.
        Si uno rige su vida por el sentido común,
        ¿Cómo puede dejar de ser profundo?
        Pero no debéis considerarme como a uno
        De aquella compañía de mojiganagas.
        Con aquel, quien se apresura a calmar
        Las frivolidades de sus damas veleidosas,
        Mientras ellas le consuelan cuando él
        Hace pucheras con orlas celtas bordadas en oro,
        O aquel que sorbe todo el día
        Imprudencias mezclan su comedia,
        O quien cuya conducta parece tener
        Preferencia por un hombre de "tono",
        O el que hace de remiendo harapiento
        Para los millonarios de Hazelhatch,
        Más llorando después de la santa cuaresma,
        Confiesa todo su infiel pasado,
        O quien tiene voluble sombrero,
        No para la malta, ni para el crucifijo,
        Sino para mostrar a todos cuán pobremente
        Vestida va su alta cortesía castellana,
        O quien a su dueño ama con delirio,
        O quien con temor bebe su vaso de cerveza,
        O aquel que una vez, cuando estuvo cómodamente
        Acostado, vio a Jesucristo sin cabeza,
        Y con esfuerzo intento salvar para nosotros
        Las obras de Esquilo, perdidas hace tiempo.
        Más todos estos hombres de quien hablo
        Me hacen ser la cloaca de su pandilla.
        Mientras ellos sueñan sus soñados sueños,
        Yo les saco las corrientes apestosas,
        Porque si estas cosas hago por ellos
        Fue porque mi diadema perdí,
        Esas cosas por las que severamente la Abuela
        Iglesia me dejo plantado.
        Así les alivio los tímidos anos, y mi oficio
        Hago de Catarsis. Mi escarlata blancos
        Como la lana los deja. A través de mí
        Evacúan la panza llena. Para hermanar
        Máscaras, a una y a todas, como vicario
        General actúo, y para cada doncella,
        Nerviosa y tímida, similar servicio realizo.
        Que sin sorpresa reconozco la belleza
        Sombreada de sus ojos, el "no osad"
        De la dulce virginidad contestando
        A mi corrupto "quisiera". Nunca ella
        Parece que piensa en ello, cuando en público
        Nos vemos, mas por la noche, cuando
        Encerrada en el lecho, descansa y siente
        La mano entre los muslos,
        Mi pequeño amor, de luz vestido, reconoce la suave
        Llama que s el deseo. Pero las patrias de Mammón
        Bajo la prohibición tiene las costumbres
        De Leviatán, y ese alto espíritu batalla
        Siempre con los innumerables secuaces
        De Mammón. Que nunca puedan ellos verse libres
        De este tributo de desprecio. Así vuelvo
        La vista, distante da las vacilaciones
        De ese heterogéneo séquito, esas almas
        Que odian la fortaleza que la mía tiene,
        Acerada en la escuela del viejo Aquino.
        Donde ellos se agacharon, se arrastraron y oraron
        Yo permanezco, destinado por mí mismo,
        Sin miedo, sin hermanarme, sin amigos y solo,
        Indiferente como espina de arenque, firme
        Como cordillera de montañas, donde
        Mis astas centellean al aire. Dejad
        Que sigan como hasta ahora, necesarios
        Son para mantener el equilibrio. Aunque
        Se esfuercen hasta la tumba mi espíritu
        Nunca será de ellos. Ni mi alma con las suyas
        Una será de ellos. Ni mi alma con las suyas
        Una sea hasta que el Mahamanvantara
        Se cumpla: que aunque a puntapiés de su puerta
        Me echen, mi alma les despreciará para siempre jamás.

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      ¿Qué consejo la Luna encapuchada...?

        ¿Qué consejo la Luna encapuchada te ha
        Sembrado en el corazón, mi tímida hermosura,
        De Amor en antiguo plenilunio,
        De gloria y estrellas a sus pies,
        Que no es sino pariente y amiga
        Del fraile capuchino?

        Créeme pues mi sapiencia
        Es desconfianza a lo divino,
        La gloria brilla en aquellos ojos
        Y tiembla a la luz de las estrellas. ¡Mía, solo Mía!
        Que no haya más lágrimas ni en la luna o la neblina
        Para ti mi bien sentimental.

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      Qué contento me sentiría en ese pecho

        Qué contento me sentiría en ese pecho
        (Qué dulce y qué bello es!)
        Donde ningún ventarrón pudiera tocarme.
        Por motivos de triste austeridad
        Cómo me gustaría estar en ese pecho.

        Me quedaría por siempre en ese corazón
        (¡Toco suavemente y suavemente le suplico!),
        Donde sólo la paz me corresponde.
        La austeridad sería más dulce
        Si por siempre estuviera en su corazón.

      Arriba

      ¿Quién va entre la espesura del bosque?

        ¿Quién va entre la espesura del bosque
        Con la primavera adornándola toda?
        ¿Quién va entre el alegre bosque verde
        Para hacerlo aún más alegre?

        ¿Quién pasa a la luz del sol
        Por senderos que reconocen la sutil huella?
        ¿Quién pasa por la dulce luz del sol
        Con aire virginal?

        Todos los caminos del bosque
        Brillan con un fuego dorado y suave:
        ¿Por quién porta el soleado bosque
        Tan bello atuendo?

        Ah, es por mi bella amada
        Que los bosques lucen sus mejores galas;
        Ah, es a nombre de mi amada,
        Que luce tan joven y tan bella.

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      Recuerdo de quienes a la medianoche se hablan ante el espejo

        Mascullando el lenguaje del amor.
        Rechinando los trece dientes de tus magras
        Mandíbulas con una mueca. Tu inquietud
        Y tu miedo azotando. En ti el aliento
        Del amor se ha hecho viejo, fue dicho
        Y cantado, tan agrio como aliento de gato,
        Áspera lengua.

        Este gris que te clava los ojos
        No miente, escueta piel y hueso.
        Su beso grasientos deja los labios.
        Ninguno escogerá a la que tú ves
        Para mascullarla. Hambre terrible
        Sostiene su hora. Ánimo y adelante,
        Corazón tuyo, sangre salobre, fruto
        De lágrimas. Ánimo y a devorar.

      Arriba

      Sal, mi alma, de los helados sueños

        Sal, mi alma, de los helados sueños,
        Del profundo sueño del amor y de la muerte,
        Pues ¡mira! de suspiros se llenan los árboles
        Cuyas hojas reprende la mañana.

        Domina al este la gradual aurora
        Donde brotan suaves fuegos,
        Agitando aquellos velos
        De gris telaraña de oro.

        Mientras dulce, gentil, secretamente,
        Repican las campanas de flores matinales
        Y el sabio coro de hadas
        Empieza (¡innúmero!) a escucharse.

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      Solo

        Grises, doradas redecillas
        De la luna hacen de toda la noche
        Un velo; los faroles del lago
        Dormido arrastran zarcillos de laburnio.

        Los astutos juncos susurran
        Un nombre a la noche, el nombre de ella,
        Y toda mi alma es una delicia,
        Vergüenza que se desmaya.

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      Vientos de mayo, que bailan en el mar

        Vientos de mayo, que bailan en el mar
        En jubiloso círculo
        De ola en ola, mientras que en la cresta
        La espuma asciende para ser coronada
        En arcos plateados que cruzan el aires,
        ¿Han visto a mi amada por ahí?
        ¡Ay de mí, ay de mí
        Con estos vientos de mayo!
        El Amor es infeliz cuando el amor está ausente.

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