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    Información biográfica

  1. Ayer estuve observando
  2. Bajo mis manos crece
  3. Cuando tengas ganas de morirte
  4. En la sombra estaban sus ojos
  5. Espero curarme de ti
  6. He aquí que tú estás sola y yo estoy solo
  7. La luna
  8. Lento, amargo animal
  9. Lloverás en el tiempo de lluvia
  10. Los amorosos
  11. Me doy cuenta de que me faltas
  12. Me dueles
  13. Morir es retirarse, hacerse a un lado
  14. No es nada de tu cuerpo
  15. No es que muera de amor, muero de ti
  16. No hay más, sólo mujer
  17. Padre mío
  18. Trato de escribir en la oscuridad tu nombre
  19. Tu cuerpo
  20. Yo no lo sé de cierto





  21. Información biográfica

      Nombre: Jaime Sabines Gutiérrez
      Lugar y fecha nacimiento: Tuxtla Gutiérrez, Chiapas (México), 25 de marzo de 1926
      Lugar y fecha defunción: México D.F. (México), 19 de marzo de 1999 (72 años)

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      Ayer estuve observando

        Ayer estuve observando a los animales
        Y me puse a pensar en ti.
        Las hembras son más tersas,
        Más suaves y más dañinas.
        Antes de entregarse maltratan al macho,
        O huyen, se defienden.

        ¿Por qué? Te he visto a ti también,
        Como las palomas, enardeciéndote
        Cuando yo estoy tranquilo.
        ¿Es que tu sangre y la mía se encienden
        A diferentes horas?

        Ahora que estás dormida debías responderme.
        Tu respiración es tranquila y tienes
        El rostro desatado y los labios abiertos.
        Podrías decirlo todo sin aflicción, sin risas.

        ¿Es que somos distintos? ¿No te hicieron, pues,
        De mi costado? ¿No me dueles?

        Cuando estoy en ti, cuando me hago pequeño
        Y me abrazas y me envuelves y te cierras
        Como la flor con el insecto,
        Sé algo, sabemos algo.
        La hembra es siempre más grande, de algún modo.

        Nosotros nos salvamos de la muerte.
        ¿Por qué? Todas las noches nos salvamos.
        Quedamos juntos, en nuestros brazos,
        Y yo empiezo a crecer como el día.

        Algo he de andar buscando en ti,
        Algo mío que tú eres y que no has de darme nunca.

        ¿Por qué nos separaron? Me haces falta para andar,
        Para ver, como un tercer ojo,
        Como otro pie que sólo yo sé que tuve.

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      Bajo mis manos crece

        Bajo mis manos crece, dulce, todas las noches.
        Tu vientre manso, suave, infinito.
        Bajo mis manos que pasan y repasan midiéndolo, besándolo;
        Bajo mis ojos que lo quedan viendo toda la noche.

        Me doy cuenta de que tus pechos crecen también,
        Llenos de ti, redondos y cayendo.
        Tú tienes algo. Ríes, miras distinto, lejos.

        Mi hijo te está haciendo más dulce, te hace frágil.
        Suenas como la pata de la paloma al quebrarse.

        Guardadora, te amparo contra todos los fantasmas;
        Te abrazo para que madures en paz.

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      Cuando tengas ganas de morirte

        Cuando tengas ganas de morirte
        Esconde la cabeza bajo la almohada
        Y cuenta cuatro mil borregos.
        Quédate dos días sin comer
        Y veras qué hermosa es la vida:
        Carne, frijoles, pan.
        Quédate sin mujer: verás.
        Cuando tengas ganas de morirte
        No alborotes tanto: muérete
        Y ya.

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      En la sombra estaban sus ojos

        En la sombra estaban sus ojos
        Y sus ojos estaban vacíos
        Y asustados y dulces y buenos
        Y fríos.

        Allí estaban sus ojos y estaban
        En su rostro callado y sencillo
        Y su rostro tenía sus ojos
        Tranquilos.

        No miraban, miraban, qué solos
        Y qué tiernos de espanto, qué míos,
        Me dejaban su boca en los labios
        Y lloraban un aire perdido
        Y sin llanto y abiertos y ausentes
        Y distantes, distantes y heridos
        En la sombra en que estaban, estaban
        Callados, vacíos.

        Y una niña en sus ojos sin nadie
        Se asomaba sin nada a los míos
        Y callaba y miraba y callaba
        Y sus ojos abiertos y limpios,
        Piedra de agua, me estaban mirando
        Más allá de mis ojos sin niños
        Y qué solos estaban, qué tristes,
        Qué limpios.

        Y en la sombra en que estaban sus ojos
        Y en el aire sin nadie, afligido,
        Allí estaban sus ojos y estaban
        Vacíos.

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      Espero curarme de ti

        Espero curarme de ti en unos días.
        Debo dejar de fumarte, de beberte, de pensarte. Es posible.
        Siguiendo las prescripciones de la moral en turno.
        Me receto tiempo, abstinencia, soledad.

        ¿Te parece bien que te quiera nada más una semana?
        No es mucho, ni es poco, es bastante.
        En una semana se puede reunir todas las palabras de amor
        Que se han pronunciado sobre la tierra y
        Se les puede prender fuego.
        Te voy a calentar con esa hoguera del amor quemado.
        Y también el silencio. Porque las mejores palabras de amor
        Están entre dos gentes que no se dicen nada.

        Hay que quemar también ese otro lenguaje lateral
        Y subversivo del que ama. (Tú sabes cómo te digo que te quiero
        Cuando digo: "qué calor hace", "dame agua",
        "¿Sabes manejar?", "se hizo de noche"
        Entre las gentes, a un lado de tus gentes y las mías,
        Te he dicho "ya es tarde", y tú sabías que decía "te quiero").

        Una semana más para reunir todo el amor del tiempo.
        Para dártelo. Para que hagas con él lo que quieras:
        Guardarlo, acariciarlo, tirarlo a la basura.
        No sirve, es cierto. Sólo quiero una semana
        Para entender las cosas. Porque esto es muy parecido
        A estar saliendo de un manicomio para entrar a un panteón.

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      He aquí que tú estás sola y que yo estoy solo

        He aquí que tú estás sola y que yo estoy solo.
        Haces cosas diariamente y piensas
        Y yo pienso y recuerdo y estoy solo.
        A la misma hora nos recordamos algo
        Y nos sufrimos. Como una droga mía y tuya
        Somos, y una locura celular nos recorre
        Y una sangre rebelde y sin cansancio.
        Se me va a hacer llagas este cuerpo solo,
        Se me caerá la carne trozo a trozo.
        Esto es lejía y muerte.
        El corrosivo estar, el malestar
        Muriendo es nuestra muerte.

        Yo no sé dónde estás. Yo ya he olvidado
        Quién eres, dónde estás, cómo te llamas.
        Yo soy sólo una parte, sólo un brazo,
        Una mitad apenas, sólo un brazo.
        Te recuerdo en mi boca y en mis manos.
        Con mi lengua y mis ojos y mis manos
        Te sé, sabes a amor, a dulce amor, a carne,
        A siembra, a flor, hueles a amor, y a mí.
        En mis labios te sé, te reconozco,
        Y giras y eres y miras incansable
        Y toda tú me suenas
        Dentro del corazón como mi sangre.
        Te digo que estoy solo y que me faltas.
        Nos faltamos, amor, y nos morimos
        Y nada haremos ya sino morirnos.
        Esto lo sé, amor, esto sabemos.
        Hoy y mañana, así, y cuando estemos
        En estos brazos simples y cansados,
        Me faltarás, amor, nos faltaremos.

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      La luna

        La luna se puede tomar a cucharadas
        O como una cápsula cada dos horas.
        Es buena como hipnótico y sedante
        Y también alivia
        A los que se han intoxicado de filosofía.
        Un pedazo de luna en el bolsillo
        Es mejor amuleto que la pata de conejo:
        Sirve para encontrar a quien se ama,
        Para ser rico sin que lo sepa nadie
        Y para alejar a los médicos y las clínicas.
        Se puede dar de postre a los niños
        Cuando no se han dormido,
        Y unas gotas de luna en los ojos de los ancianos
        Ayudan a bien morir.

        Pon una hoja tierna de la luna
        Debajo de tu almohada
        Y mirarás lo que quieras ver.
        Lleva siempre un frasquito del aire de la luna
        Para cuando te ahogues,
        Y dale la llave de la luna
        A los presos y a los desencantados.
        Para los condenados a muerte
        Y para los condenados a vida
        No hay mejor estimulante que la luna
        En dosis precisas y controladas.

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      Lento, amargo animal

        Lento, amargo animal
        Que soy, que he sido,
        Amargo desde el nudo de polvo y agua y viento
        Que en la primera generación del hombre pedía a Dios.

        Amargo como esos minerales amargos
        Que en las noches de exacta soledad
        -Maldita y arruinada soledad
        Sin uno mismo-
        Trepan a la garganta
        Y, costras de silencio,
        Asfixian, matan, resucitan.

        Amargo como esa voz amarga
        Prenatal, presubstancial, que dijo
        Nuestra palabra, que anduvo nuestro camino,
        Que murió nuestra muerte,
        Y que en todo momento descubrimos.

        Amargo desde dentro,
        Desde lo que no soy,
        -Mi piel como mi lengua-
        Desde el primer viviente,
        Anuncio y profecía.

        Lento desde hace siglos,
        Remoto -nada hay detrás-,
        Lejano, lejos, desconocido.

        Lento, amargo animal
        Que soy, que he sido.

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      Lloverás en el tiempo de lluvia

        Lloverás en el tiempo de lluvia,
        Harás calor en el verano,
        Harás frío en el atardecer.
        Volverás a morir otras mil veces.

        Florecerás cuando todo florezca.
        No eres nada, nadie, madre.

        De nosotros quedará la misma huella,
        La semilla del viento en el agua,
        El esqueleto de las hojas en la tierra.
        Sobre las rocas, el tatuaje de las sombras,
        En el corazón de los árboles la palabra amor.

        No somos nada, nadie, madre.
        Es inútil vivir
        Pero es más inútil morir.

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      Los amorosos

        Los amorosos callan.
        El amor es el silencio más fino,
        El más tembloroso, el más insoportable.
        Los amorosos buscan,
        Los amorosos son los que abandonan,
        Son los que cambian, los que olvidan.
        Su corazón les dice que nunca han de encontrar,
        No encuentran, buscan.
        Los amorosos andan como locos
        Porque están solos, solos, solos,
        Entregándose, dándose a cada rato,
        Llorando porque no salvan al amor.
        Les preocupa el amor. Los amorosos
        Viven al día, no pueden hacer más, no saben.
        Siempre se están yendo,
        Siempre, hacia alguna parte.
        Esperan,
        No esperan nada, pero esperan.
        Saben que nunca han de encontrar.
        El amor es la prórroga perpetua,
        Siempre el paso siguiente, el otro, el otro.
        Los amorosos son los insaciables,
        Los que siempre "¡qué bueno!", han de estar solos.

        Los amorosos son la hidra del cuento.
        Tienen serpientes en lugar de brazos.
        Las venas del cuello se les hinchan
        También como serpientes para asfixiarlos.
        Los amorosos no pueden dormir
        Porque si se duermen se los comen los gusanos.

        En la obscuridad abren los ojos
        Y les cae en ellos el espanto.

        Encuentran alacranes bajo la sábana
        Y su cama flota como sobre un lago.

        Los amorosos son locos, sólo locos,
        Sin Dios y sin diablo.

        Los amorosos salen de sus cuevas
        Temblorosos, hambrientos,
        A cazar fantasmas.
        Se ríen de las gentes que lo saben todo,
        De las que aman a perpetuidad, verídicamente,
        De las que creen en el amor como en una lámpara
        De inagotable aceite.

        Los amorosos juegan a coger el agua,
        A tatuar el humo, a no irse.
        Juegan el largo, el triste juego del amor.
        Nadie ha de resignarse.
        Dicen que nadie ha de resignarse.
        Los amorosos se avergüenzan de toda conformación.

        Vacíos, pero vacíos de una a otra costilla,
        La muerte les fermenta detrás de los ojos,
        Y ellos caminan, lloran hasta la madrugada
        En que trenes y gallos se despiden dolorosamente.

        Les llega a veces un olor a tierra recién nacida,
        A mujeres que duermen con la mano en el sexo, complacidas,
        A arroyos de agua tierna y a cocinas.
        Los amorosos se ponen a cantar entre labios
        Una canción no aprendida
        Y se van llorando, llorando
        La hermosa vida.

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      Me doy cuenta de que me faltas

        Me doy cuenta de que me faltas
        Y de que te busco entre las gentes, en el ruido,
        Pero todo es inútil.
        Cuando me quedo solo
        Me quedo más solo
        Solo por todas partes y por ti y por mí.
        No hago sino esperar.
        Esperar todo el día hasta que no llegas.
        Hasta que me duermo
        Y no estás y no has llegado
        Y me quedo dormido
        Y terriblemente cansado
        Preguntando.
        Amor, todos los días.
        Aquí a mi lado, junto a mí, haces falta.
        Puedes empezar a leer esto
        Y cuando llegues aquí empezar de nuevo.
        Cierra estas palabras como un círculo,
        Como un aro, échalo a rodar, enciéndelo.
        Estas cosas giran en torno a mí igual que moscas,
        En mi garganta como moscas en un frasco.
        Yo estoy arruinado.
        Estoy arruinado de mis huesos,
        Todo es pesadumbre.

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      Me dueles

        Me dueles.
        Mansamente, insoportablemente, me dueles.
        Toma mi cabeza, córtame el cuello.
        Nada queda de mí después de este amor.

        Entre los escombros de mi alma búscame,
        Escúchame.
        En algún sitio mi voz, sobreviviente, llama,
        Pide tu asombro,
        Tu iluminado silencio.

        Atravesando muros, atmósferas, edades,
        Tu rostro (tu rostro que parece que fuera cierto)
        Viene desde la muerte, desde antes
        Del primer día que despertara al mundo.

        ¡Qué claridad tu rostro, qué ternura
        De luz ensimismada,
        Qué dibujo de miel sobre hojas de agua!

        Amo tus ojos, amo, amo tus ojos.
        Soy como el hijo de tus ojos,
        Como una gota de tus ojos soy.
        Levántame. De entre tus pies levántame, recógeme,
        Del suelo, de la sombra que pisas,
        Del rincón de tu cuarto que nunca ves en sueños.
        Levántame. Porque he caído de tus manos
        Y quiero vivir, vivir, vivir.

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      Morir es retirarse, hacerse a un lado

        Morir es retirarse, hacerse a un lado,
        Ocultarse un momento, estarse quieto,
        Pasar el aire de una orilla a nado
        Y estar en todas partes en secreto.

        Morir es olvidar, ser olvidado,
        Refugiarse desnudo en el discreto
        Calor de Dios, y en su cerrado
        Puño, crecer igual que un feto.

        Morir es encenderse bocabajo
        Hacia el humo y el hueso y la caliza
        Y hacerse tierra y tierra con trabajo.

        Apagarse es morir, lento y aprisa
        Tomar la eternidad como a destajo
        Y repartir el alma en la ceniza.

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      No es nada de tu cuerpo

        No es nada de tu cuerpo,
        Ni tu piel, ni tus ojos, ni tu vientre,
        Ni ese lugar secreto que los dos conocemos,
        Fosa de nuestra muerte, final de nuestro entierro.
        No es tu boca -tu boca
        Que es igual que tu sexo-,
        Ni la reunión exacta de tus pechos,
        Ni tu espalda dulcísima y suave,
        Ni tu ombligo, en que bebo.
        Ni son tus muslos duros como el día,
        Ni tus rodillas de marfil al fuego,
        Ni tus pies diminutos y sangrantes,
        Ni tu olor, ni tu pelo.
        No es tu mirada -¿qué es una mirada?-
        Triste luz descarriada, paz sin dueño,
        Ni el álbum de tu oído, ni tus voces,
        Ni las ojeras que te deja el sueño.
        Ni es tu lengua de víbora tampoco,
        Flecha de avispas en el aire ciego,
        Ni la humedad caliente de tu asfixia
        Que sostiene tu beso.
        No es nada de tu cuerpo,
        Ni una brizna, ni un pétalo,
        Ni una gota, ni un gramo, ni un momento:

        Es sólo este lugar donde estuviste,
        Estos mis brazos tercos.

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      No es que muera de amor, muero de ti

        Muero de ti, amor, de amor de ti,
        De urgencia mía de mi piel de ti,
        De mi alma de ti y de mi boca
        Y del insoportable que yo soy sin ti.
        Muero de ti y de mí, muero de ambos,
        De nosotros, de ese,
        Desgarrado, partido,
        Me muero, te muero, lo morimos.

        Morimos en mi cuarto en que estoy solo,
        En mi cama en que faltas,
        En la calle donde mi brazo va vacío,
        En el cine y los parques, los tranvías,
        Los lugares donde mi hombro acostumbra tu cabeza
        Y mi mano tu mano
        Y todo yo te sé como yo mismo.

        Morimos en el sitio que le he prestado al aire
        Para que estés fuera de mí,
        Y en el lugar en que el aire se acaba
        Cuando te echo mi piel encima
        Y nos conocemos en nosotros, separados del mundo,
        Dichosa, penetrada, y cierto, interminable.

        Morimos, lo sabemos, lo ignoran, nos morimos
        Entre los dos, ahora, separados,
        Del uno al otro, diariamente,
        Cayéndonos en múltiples estatuas,
        En gestos que no vemos,
        En nuestras manos que nos necesitan.

        Nos morimos, amor, muero en tu vientre
        Que no muerdo ni beso,
        En tus muslos dulcísimos y vivos,
        En tu carne sin fin, muero de máscaras,
        De triángulos obscuros e incesantes.
        Muero de mi cuerpo y de tu cuerpo,
        De nuestra muerte, amor, muero, morimos.

        En el pozo de amor a todas horas,
        Inconsolable, a gritos,
        Dentro de mí, quiero decir, te llamo,
        Te llaman los que nacen, los que vienen
        De atrás, de ti, los que a ti llegan.
        Nos morimos, amor, y nada hacemos
        Sino morirnos más, hora tras hora,
        Y escribirnos y hablarnos y morirnos.

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      No hay más, sólo mujer

        No hay más. Sólo mujer para alegrarnos,
        Sólo ojos de mujer para reconfortarnos,
        Sólo cuerpos desnudos,
        Territorios en que no se cansa el hombre.
        Si no es posible dedicarse a Dios
        En la época de crecimiento,
        ¿Qué darle al corazón afligido
        Sino el círculo de muerte necesaria
        Que es la mujer?
        Estamos en el sexo, belleza pura,
        Corazón solo y limpio.

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      Padre mío

        Padre mío, señor mío, hermano mío,
        Amigo de mi alma, tierno y fuerte,
        Saca tu cuerpo viejo, viejo mío,
        Saca tu cuerpo de la muerte.

        Saca tu corazón igual que un río,
        Tu frente limpia en que aprendí a quererte,
        Tu brazo como un árbol en el frío,
        Saca todo tu cuerpo de la muerte.

        Amo tus canas, tu mentón austero,
        Tu boca firme, tu mirada abierta,
        Tu pecho vasto y sólido y certero.

        Estoy llamando, tirándote la puerta.
        Parece que yo soy el que me muero:
        ¡Padre mío, despierta!

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      Trato de escribir en la oscuridad tu nombre

        Trato de escribir en la oscuridad tu nombre,
        De escribir que te amo.
        Trato de decir a oscuras todo esto.
        No quiero que nadie se entere,
        Que nadie me mire a las tres
        De la mañana paseando de un lado
        A otro de la estancia,
        Loco, lleno de ti, enamorado.
        Iluminado, ciego,
        Lleno de ti, derramándote.

        Digo tu nombre con todo el silencio de la noche,
        Lo grita mi corazón amordazado.
        Repito tu nombre, vuelvo a decirlo,
        Lo digo incansablemente, y estoy seguro
        Que habrá de amanecer.

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      Tu cuerpo está a mi lado

        Tu cuerpo está a mi lado
        Fácil, dulce, callado.
        Tu cabeza en mi pecho se arrepiente
        Con los ojos cerrados
        Y yo te miro y fumo
        Y acaricio tu pelo, enamorado.
        Esta mortal ternura con que callo
        Te está abrazando a ti mientras yo tengo
        Inmóviles mis brazos.
        Miro mi cuerpo, el muslo
        En que descansa tu cansancio,
        Tu blando seno oculto y apretado
        Y el bajo y suave respirar de tu vientre
        Sin mis labios.
        Te digo a media voz
        Cosas que invento a cada rato
        Y me pongo de veras triste y solo
        Y te beso como si fueras tu retrato.
        Tú, sin hablar, me miras
        Y te aprietas a mí y haces tu llanto
        Sin lágrimas, sin ojos, sin espanto.
        Y yo vuelvo a fumar, mientras las cosas
        Se ponen a escuchar lo que no hablamos.

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      Yo no lo sé de cierto

        Yo no lo sé de cierto, pero supongo
        Que una mujer y un hombre
        Algún día se quieren,
        Se van quedando solos poco a poco,
        Algo en su corazón les dice que están solos,
        Solos sobre la tierra se penetran,
        Se van matando el uno al otro.
        Todo se hace en silencio. Como
        Se hace la luz dentro del ojo.
        El amor une cuerpos.
        En silencio se van llenando el uno al otro.

        Cualquier día despiertan, sobre brazos;
        Piensan entonces que lo saben todo.
        Se ven desnudos y lo saben todo.

        Yo no lo sé de cierto. Lo supongo.

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