.
.
    Información biográfica

  1. Algo de música
  2. Código del obseso
  3. Dado lo extremo de la situación
  4. Del sentido
  5. Desocupado lector
  6. El fornicio
  7. La piedra
  8. La sutura
  9. La turbina
  10. Las hermosas
  11. Mariposas para Juan Rulfo
  12. Miedo al arcángel
  13. Mnemosyné
  14. Oscuridad hermosa
  15. Pareja acostada en esa cama china largamente remota
  16. ¿Qué se ama cuando se ama?
  17. Vibraciones acerca de las cuales las estrellas no dan para más




    Información biográfica

      Nombre: Gonzalo Rojas Pizarro
      Lugar y fecha nacimiento: Lebu (Chile), 20 de diciembre de 1917
      Lugar y fecha defunción: Santiago (Chile), 25 de abril de 2011 (93 años)

    Arriba

      Algo de música

        Del cuerpo; se ha dicho que el cuerpo
        De tanto arder va haciéndose traslúcido
        En su barniz, y eso de las células
        Cerebrales es más bien farsa
        De acuerdo con el éter del tres mil,
        Puede
        ¿Por qué no? De poder puede
        Siempre que no sobre la madre
        En esto de la preñez y todo se convierta en botella,
        En copa o en botella es lo mismo, y la resurrección
        Sea un vidrio distinto, de nueve meses venenosos.

        Con otro cielo, claro está, y otra distribución
        De lo umbilical donde la fiesta sea de uranio
        Con arcángeles de uranio y rosas de uranio,
        Una fiesta larga con además desnudas bellísimas
        De uranio, a la velocidad
        De la mortandad del uranio.

        Y algo de música, siempre algo de música,
        ¿Por qué no? Con trompetas.

      Arriba

      Código del obseso

        I

        Busco un pelo; entre lo innumerable de este
        Mundo busco un pelo
        Disperso en la quebrazón, longuilíneo
        De doncellez correspondiente a grande figura
        De muchacha grande, pies
        Castísimos con uñas pintadas
        Por el rey, airosos los muslos
        De la esbeltez dual, en ascenso
        Más bien secreto, de pubis
        A axila, a cabellera
        Torrencial tras lo animal del número
        Ronco de ser, busco un pelo.

        II

        Espléndido de mujer
        Espléndida, clásica,
        Músico
        De tacto preferiblemente intrépido
        De Boticelli, áureo
        Y corrupto de exactitud, castaño
        De fulgor, finísimo, de alto a
        Bajo busco un pelo.

        III

        Unigénito, seco de aroma,
        Entre el aire y el descaro
        Del aire, ni rey
        A remolque de esta invención,
        Ni tamaña concubina venusina,
        Flaco y cínico:
        -Galaxias no me quiten el Sol. Pajar del cielo:
        Lo que busco es un pelo.

      Arriba

      Dado lo extremo de la situación

        Dado lo extremo de la situación aquí lo único
        Muerto es el muerto, su piel
        De escarabajo desocupado, sus tercas
        Rodillas que hicieron el movimiento, sus
        Olfatos perlúcidos, sus
        Tactos que tocaron mujer, la oreja
        Que anduvo inútilmente en su oreja
        Detrás de su oreja.

        No la oyó
        Y quién va a saber, por enmohecido
        No la oyó, pensó
        Pero no la oyó, tuvo un sueño
        Con mucha música en sus arterias, durmió así
        Noventa, vio grandes
        A los abedules, salió volando
        Como vino el infuso por encima
        De la ventolera de las copas
        Altas.

        Ardió
        Hermosura y exceso.

      Arriba

      Del sentido

        Muslo lo que toco, muslo
        Y pétalo de mujer el día, muslo
        Lo blanco de lo traslúcido, U
        Y más U, y más y más U, lo último
        Debajo de lo último, labio
        El muslo en su latido
        Nupcial, y ojo,
        El muslo de verlo todo, y Hado,
        Sobre todo Hado de nacer, piedra
        De no morir, muslo:
        Leopardo tembloroso.

      Arriba

      Desocupado lector

        Cumplo con informar a usted que últimamente todo es herida:
        La muchacha
        Es herida, el olor
        A su hermosura es herida, las grandes aves negras, la inmediatez
        De lo real y lo irreal tramados en el fulgor de un mismo espejo
        Gemidor es herida, el siete, el tres, todo, cualquiera de estos números de la danza es
        Herida, la barca
        Del encantamiento con Maimónides al timón es herida, aquel diciembre 20 que me cortaron de mi
        Madre es herida, el Sol
        Es herida, Nuestro Señor
        Sentado ahí entre los mendigos con esa túnica irreconocible por el cauterio del psicoanálisis es
        Herida, el Quijote
        A secas es herida, el ventarrón
        Abierto del Golfo contra la roca alta es
        Herida, serpiente
        Horadante del Principio, mar y más mar
        De un lado a otro, Kierkegaard y
        Más Kierkegaard, taladro
        Y por añadidura herida; la
        Preñez en cuanto preñez en la preciosidad de su copa es
        Herida, el ocio
        Del viejo río intacto donde duermen inmóviles los mismos peces
        Velocísimos es
        Herida, la poesía
        Grabada a fuego en los microsurcos de mi cerebro de niño es herida, el hueco
        De 1.67 justo en metros de rey es herida, el éxtasis
        De estar aquí hablando solo en lo bellísimo de este pensamiento de nieve
        Es herida, la evaporación
        De la fecha de mármol con el padre adentro
        Bajo los claveles es
        Herida, el carrusel
        Pintarrajeado que fluye y fluye como otro río de polvo y otras
        Máscaras
        Que vi en Pekín colgando en la vieja calle de Cha Ta-Iá
        Cuya identidad comercial de 2.500 años de droga y ataúdes rientes
        No se discute, es
        Herida; la cama en fin
        Que allí compre, con dos espejos para navegar, es herida,
        La perversión
        De la palabra nadie que sopla desde las galaxias es herida,
        El mundo
        Antes y después de los Urales es
        Herida, la hilera
        De líneas sin ocurrencia de esta visión
        Sin resurrección es herida. Cumplo
        Entonces con informar a usted que últimamente todo es herida.

      Arriba

      El fornicio

        Te besaré en la punta de las pestañas y en los pezones,
        Te turbulentamente besaré, mi vergonzosa,
        En esos muslos de individua blanca,
        Tocara esos pies para otro vuelo más aire
        Que ese aire felino de tu fragancia,
        Te dijera española mía, francesa mía,
        Inglesa, ragazza, nórdica boreal,
        Espuma de la diáspora del Génesis
        ¿Qué más te dijera por dentro?
        ¿Griega, mi egipcia, romana por el mármol?
        ¿Fenicia, cartaginesa, o loca,
        Locamente andaluza en el arco de morir
        Con todos los pétalos abiertos,
        Tensa la cítara de Dios, en la danza del fornicio?
        Te oyera aullar, te fuera mordiendo
        Hasta las últimas amapolas, mi posesa,
        Te todavía enloqueciera allí, en el frescor ciego,
        Te nadara en la inmensidad insaciable de la lascivia,
        Riera frenético el frenesí con tus dientes,
        Me arrebatara el opio de tu piel hasta lo ebúrneo de otra pureza,
        Oyera cantar las esferas estallantes como Pitágoras,
        Te lamiera, te olfateara como el león a su leona,
        Para el sol, ¡fálicamente mía te amara!

      Arriba

      La piedra

        Por culpa de nadie habrá llorado esta piedra.

        Habrá dormido en lo aciago
        De su madre esta piedra
        Precipicia por
        Unimiento cerebral
        Al ritmo
        De donde vino llameada
        Y apagada, habrá visto
        Lo no visto con
        Los otros ojos de la música, y
        Así, con mansedumbre, acostándose
        En la fragilidad de lo informe, seca
        La opaca, habráse anoche sin
        Ruido de albatros contra la cerrazón
        Ido.

        Vacilando no habrá por esta decisión
        De la imperfección de su figura que por oscura no vio nunca nadie
        Porque nadie las ve nunca a esas piedras que son de nadie
        En la excrecencia de una opacidad
        Que más bien las enfría ahí al tacto como nubes
        Neutras, amorfas, sin lo airoso
        Del mármol ni lo lujoso
        De la turquesa, ¡tan ambiguas
        Si se quiere, pero por eso mismo tan próximas!

        No, vacilado no; habrá salido
        Por demás intacta con su traza ferruginosa
        Y celestial, le habrá a lo sumo dicho al árbol: -Adiós
        Árbol que me diste sombra; al río: -Adiós
        Río que hablaste por mí; lluvia: -Adiós,
        Que me mojaste. -Adiós,
        Mariposa blanca.

        Por culpa de nadie habrá llorado esta piedra.

      Arriba

      La sutura

        Piedad entonces por la sutura de su vientre:
        A usted la conocí bíblicamente
        Allá por marzo del 98 en la ventolera
        De algún film de antes, ciego y torrencial
        A lo Joan Crawford,
        Las cejas en arco,
        Cierta versión eléctrica de los ojos,
        El camouflage del no sé,
        El hechizo esquivo,
        El sollozo de una mujer llamada usted
        Que aún, pasados los meses,
        Se parece a usted en cuanto a aullido secreto
        Que pide hombre
        Conforme a las dos figuraciones
        Que es y será siempre usted,
        Mi hembra hembra,
        Mi Agua Grande
        A la que los clínicos libertinos
        Llaman con liviandad Melancolía,
        Como si el tajo de alto abajo no fuera
        Lo más sagrado de ese láser incurable
        Que es el amor con aroma de laúd,
        Y no le importe que las rosas
        Bajo el estrago del verano
        Que le anden diciendo por ahí fea
        O arruga,
        Ríase, huélalas desde su altivez,
        Métase con descaro en lo más adúltero
        De mis sábanas como está escrito
        Y conste que fue usted la que saltó por asalto
        El volcán, y no lo niegue,
        Ándele airosa entonces pero sin llorar,
        Equa mía,
        La poesía no le sirve, Lebu mata,
        Mi posesa flaca de anca,
        Mi esdrújula bellísima de 50 kilos,
        Vuélele, no se me emperre en ese inglés metalúrgico
        De corral,
        Todo entre nosotros no pasó de mísera ráfaga telefónica
        Que alguna vez llamamos eternidad:
        Usted misma fue esa ráfaga.
        Lacán el rey se lo diría igual: ándele,
        Vuélele paloma casi en mexicano,
        No le transe a la depre,
        Báñese en alquimia espontánea,
        Tire la fármaca a la basura,
        Eso engorda,
        Déjese de drogas,
        De analistas, de concupiscencia nicotínica,
        Y si está loca vuélvase más loca,
        Baile en pelotas como la muerte,
        Apréndale a la Tierra que baila así,
        ¡Y eso que el Sol exige la traslación!
        Bueno y, para cerrar, si su juego es irse
        Váyase a otro seso menos diabólico,
        Elija: culebra, por ejemplo,
        ¿No le da para culebra?
        Eva comió culebra como usted dos veces:
        Ahí ve cómo va la especie desde entonces,
        Cómo se arrastra pendenciera
        Pidiéndole perdón a las estrellas
        Por haber parido peste,
        ¡Puro border-line y miedo,
        Y rosas, dos rosas venenosas!,
        ¿No cree usted?
        ¿Quién tiene la culpa si nunca hubo culpa?
        Preferiblemente cuélguese alámbrica
        A todo lo larga y lo preciosa de vértebras
        Que es usted y,
        Baile ahí pendular en el vacío
        Unos diez minutos,
        A ver qué pasa con el estirón,
        Para crecimiento y escarmiento.

      Arriba

      La turbina

        Unicuique suum tribuere, al pez
        Su pavor, a este aciago
        Domingo de aluminio en llamas el estruendo
        De su pernicie, a
        Estos trescientos o más
        Musulmanes por el aire aéreo de Esmirna su
        Cimitarra alta, su
        Alah sin nariz,
        ¿Quién
        De estos quiénes, cuál
        De estos cuáles habrá cantado entre las nubes?

      Arriba

      Las hermosas

        Eléctricas, desnudas en el mármol que pasa
        De la piel a los vestidos, turgentes, desafiantes, rápida la marea,
        Pisan el mundo, pisan la estrella de la suerte
        Con sus finos tacones y germinan,
        Germinan como plantas silvestres en la calle,
        Y echan su aroma duro verdemente.
        Cálidas impalpables de verano que zumba carnicero.
        Ni rosas ni arcángeles: muchachas del país,
        Adivinas del hombre, y algo más que el calor centelleante,
        Algo más, algo más que estas ramas flexibles
        Que saben lo que saben como sabe la tierra.

        Tan livianas, tan hondas, tan certeras las suaves.
        Cacería de ojos azules y otras llamaradas urgentes
        En el baile de las calles veloces.
        Hembras, hembras en el oleaje ronco
        Donde echamos las redes de los cinco sentidos
        Para sacar apenas el beso de la espuma.

      Arriba

      Mariposas para Juan Rulfo

        Cómo fornicarán felices las mariposas
        En el césped oliendo
        De aquí para allá
        A Dios sin que vaca alguna
        Muja encima de su transparencia,
        Jugando a jugar un juego vertiginoso
        A unos pasos blancos
        Del cementerio
        Con el mar del verano zumbando
        Allá abajo ocio y maravilla.

        Rulfo habrá soplado en ellas
        Tanta locura, Juan Rulfo
        Cuyo Logos fue el del Principio;
        Les habrá dicho:
        -Ahora, hijas, nos vamos de una vez del páramo.
        ¿Y ellas? Ahora,
        ¿Qué harán ellas sin Juan, que cortó
        Tan lejos más allá de Comala en caballo único
        Tan invisible?;
        ¿Bailarán, seguirán bailando
        Para él por si vuelve,
        Por si no ha pasado nada
        Y de repente estamos todos otra vez?
        Por mi parte nadie va a llorar,
        Ni mi cabeza que vuela ni la otra que no duerme nunca.
        Se ha ido y se acabó,
        Nadie corre peligro así acostado
        Oyendo los murmullos aleteantes.
        -Con tal de que no sea una nueva noche.

      Arriba

      Miedo al arcángel

        Miedo al arcángel, le tuve miedo al arcángel
        De no verte, a estos años
        Que hemos volado contra la tormenta, tú
        En tu nogala, yo
        Mío en mi nogal, ni apestados
        Por la costumbre de la sombra, ni
        Despavoridos por el error
        Hermoso de la intemperie, como tanteando
        El aire a esta altura,
        Soma,
        Serna,
        Pérdida en la pérdida.

      Arriba

      Mnemosyné

        Tres meses entré en la mujer aérea, en un servicio
        Gozoso, carta a carta, tres
        La olfateé desnuda en cada pétalo contra
        Los motores, me envicié
        De aceite, compuse palomas
        Palpitantes en loor
        De un ritmo blanco encima
        De los diez mil hasta la asfixia -crucero y
        Dos pezones, ya se sabe: gran rapto
        Por Júpiter, de un Heathcliff
        Ya viejo, de una Catherine
        A media lozanía,
        De qué,
        De quién, de cuál hermosura,
        Tres
        Que no sé meses de qué la bese, la entré
        Tartamudeante, la anduve, me hice tobillo
        De sus tobillos, todo Buenos Aires.

      Arriba

      Oscuridad hermosa

        Anoche te he tocado y te he sentido
        Sin que mi mano huyera más allá de mi mano,
        Sin que mi cuerpo huyera, ni mi oído:
        De un modo casi humano te he sentido.

        Palpitante,
        No sé si como sangre o como nube errante,
        Por mi casa, en puntillas, oscuridad que sube,
        Oscuridad que baja, corriste centelleante.

        Corriste por mi casa de madera
        Sus ventanas abriste
        Y te sentí latir la noche entera,
        Hija de los abismos, silenciosa,
        Guerrera, tan terrible, tan hermosa
        Que todo cuanto existe,
        Para mí, sin tu llama, no existiera.

      Arriba

      Pareja acostada en esa cama china largamente remota

        I

        Hablando de dioptrías, Mafalda era la ciega
        Y yo el ciego, compartíamos
        La misma música arterial,
        Y cerebral, llorábamos de risa
        Ante el espectáculo de los dos espejos, el dolor
        Nos hace cínicos, este mundo
        -Decíamos-, no es yámbico sino oceánico, por comparar
        Farsa y frenesí: gozosa entonces mi desnuda me
        Empujaba riente como jugando al límite
        Del barranco casi fuera de la cama
        Alta de Pekín, como apostando
        A la peripecia de perder de
        Dinastía en dinastía, cada vez
        Más y más al borde del camastro
        De palo milenario y por lo visto nupcial, cada vez
        Más lejos del paraíso de su costado
        De hembra larga de tobillo a pelo entre exceso
        Y exceso de hermosura y todo ¡claro!, por amor
        Y más amor, tigresa ella
        En su fijeza de mirarme lúcida, fulgor
        Contra fulgor, y yo
        Dragón hasta la violación imantante, ¡diez
        Minutos sin parar, espiándonos,
        Líquidamente fijos, viéndonos por dentro
        Como ven los ciegos, de veras, es decir
        Nariz contra nariz, soplo contra soplo,
        Para inventarnos otro Uno centelleante
        Desde el mísero uno de individuo a individua, a tientas,
        Costillas abajo! -El que más
        Aguanta es el que sabe menos, pudiera acaso
        Decir el Tao.

        Este Mundo
        -Repetíamos y acabamos sin más-,
        No es yámbico sino oceánico. Otras veces
        Llovía duro, lo que más llovía
        Eran lágrimas.

        Ma-fal-da, digo ahora entrecortado,
        Y esto va en serio,
        ¿Qué habrá sido de Mafalda?

        II

        Pues de cuantas amé, amé a Mafalda,
        ¡Y que me despedacen las estrellas!, la amé
        Volandera en la lluvia de la Diagonal, bufanda al viento,
        De una concepción que yo no más me sé, la esperé
        Ahí anclado y desollado hasta que volviera la Revelación
        Cuya encarnación
        Se da una sola vez, bajé al Infierno
        De la costumbre, a
        Mis años de galeote en USA; bajé entre doctos
        Y mercaderes, no hubo para mí en el plazo
        Más que mi Beatrice Villa sin arcancielo, cumbre
        Y cumbre hasta la asfixia,
        Ni tersura paridora al itálico modo,
        Ni otra ni otra, ni esbeltez comparable,
        Ni olorosa a la velocidad de ser,
        Ni pensamiento de diamante,
        Ni exacta de exactitud de mujer, ¡Frida acaso
        Que fue Diego hasta el fin!

        III

        Otros la amaron pero
        Yo la vi,
        Otros la amarán sin alcanzar nunca a verla,
        Otros y otros dirán que la durmieron
        Entre las sábanas del placer, nadadora y libertina
        En el oleaje de las tormentas,
        Madona de las siete Lunas dirán por despecho,
        Cambiantes cada 28
        8 de sus días terrestres,
        Tornadiza y veloz, déjenla intacta como es,
        Que escriba su bitácora de vuelo interminable para mí,
        Que arda y arda en
        Mi corazón, que dance su danza de danzar,
        Libérrima!

        IV

        Y en cuanto a mí,
        ¿Cómo lo diría Matta?, consíguete una
        Vida de 80 años porque la vida empieza a los 70,
        Así al morir ya se sabe
        Je m´en fous, Roberto: palabras perdedoras,
        Puras palabras, vejeces de palabras malheridas.
        No hubo tiempo entre nosotros,
        Nunca hay tiempo ni distancia, todo es posible entre dos locos
        Que se ven a cada instante.
        Relámpago es lo que hubo esa vez de Concepción de Chile
        Y nada más que relámpago,
        Figura de lo instantáneo hubo de lo que pende
        El mundo, y eso está escrito.
        La amo, ¿y qué?
        Soy el ciego que ama a su ciega.

      Arriba

      ¿Qué se ama cuando se ama?

        ¿Qué se ama cuando se ama, mi Dios:
        La luz terrible de la vida o la luz de la muerte?
        ¿Qué se busca, qué se halla, qué es eso?
        ¿Amor? ¿Quién es? ¿La mujer con su hondura, sus rosas, sus volcanes,
        O este sol colorado que es mi sangre furiosa
        Cuando entro en ella hasta las últimas raíces?

        ¿O todo es un gran juego, Dios mío, y no hay mujer
        Ni hay hombre sino un solo cuerpo: el tuyo,
        Repartido en estrellas de hermosura, en partículas fugaces
        De eternidad visible?

        Me muero en esto, oh Dios, en esta guerra
        De ir y venir entre ellas por las calles, de no poder amar
        Trescientas a la vez, porque estoy condenado siempre a una,
        A esa una, a esa única que me diste en el viejo paraíso.

      Arriba

      Vibraciones acerca de las cuales las estrellas no dan para más

        Escrito en Hesíodo: -No hay
        Música ni submúsica bajo el firmamento, lo que hay
        Es lambada
        Desde el Génesis, limpias las estrellas
        En el ámbito de lo abierto, un mortal
        Y una mortal bellísimos
        Bailando.

        Y en Guimaraes Rosa: -Un carpo único de baile
        Altas las palmeiras más bien
        Con olor
        A paraíso en la ciencia de la concupiscencia,
        Un beso, un casto
        Beso en la nuca, que se baila.

        Alabemos entonces a la lambada, pienso yo,
        Por sagrada.

      Arriba


    Autores desconocidos


    Seguidores


    Indice autores conocidos

       Acuña, Manuel
       Alberti, Rafael
       Aldington, Richard
       Almagro, Ramón de
       Altolaguirre, Manuel
       Arteche, Miguel
       Baudelaire, Charles
       Beckett, Samuel
       Bécquer, Gustavo Adolfo
       Belli, Gioconda
       Benedetti, Mario - Parte I
       Benedetti, Mario - Parte II
       Bernárdez, Francisco Luis
       Blake, William
       Blanco, Andrés Eloy
       Bonnet, Piedad
       Borges, Jorge Luis
       Bosquet, Alain
       Bridges, Robert
       Browning, Robert
       Buesa, José Ángel
       Bukowski, Charles
       Camín, Alfonso
       Campoamor, Ramón de
       Castellanos, Rosario
       Celaya, Gabriel
       Cernuda, Luis
       Cortázar, Julio
       Cuesta, Jorge
       Darío, Rubén
       De Burgos, Julia
       De la Cruz, Sor Juana Inés
       Debravo, Jorge
       Delmar, Meira
       Díaz Mirón, Salvador
       Dickinson, Emily
       Donne, John
       Douglas, Keith
       Eguren, José María
       Espronceda, José de
       Ferrer, Marcelo D.
       Flores, Manuel
       Flórez, Julio
       Frost, Robert
       Gala, Antonio
       García Lorca, Federico
       Gelman, Juan
       Girondo, Oliverio
       Gómez Jattin, Raúl
       Gómez de Avellaneda, Gertrudis
       González, Ángel
       González Martínez, Enrique
       Guillén, Nicolás
       Gutiérrez Nájera, Manuel
       Hernández, Miguel
       Hesse, Hermann
       Hierro, José
       Hugo, Víctor
       Huidobro, Vicente
       Ibarbourou, Juana de
       Isaacs, Jorge
       Jiménez, Juan Ramón
       Joyce, James
       Keats, John
       Larkin, Philip
       Leopardi, Giacomo
       Lloréns Torres, Luis
       Lord Byron, George Gordon
       Lowell, Amy
       Loynaz, Dulce María
       Machado, Antonio
       Marchena, Julián
       Martí, José
       Milton, John
       Mistral, Gabriela
       Mitre, Eduardo
       Neruda, Pablo - Parte I
       Neruda, Pablo - Parte II
       Neruda, Pablo - Parte III
       Nervo, Amado - Parte I
       Nervo, Amado - Parte II
       Novo, Salvador
       Obligado, Pedro Miguel
       Otero, Blas de
       Owen, Gilberto
       Pacheco, José Emilio
       Palés Matos, Luis
       Parra, Nicanor
       Paz, Octavio - Parte I
       Paz, Octavio - Parte II
       Pedroni, José
       Pellicer, Carlos
       Pessoa, Fernando
       Pizarnik, Alejandra
       Plá, Josefina
       Poe, Edgar Allan
       Pombo, Rafael
       Raine, Kathleen
       Rébora, Marilina
       Reyes Ochoa, Alfonso
       Rimbaud, Arthur
       Rojas, Gonzalo
       Rojas, Jorge
       Romero, Elvio
       Ruy Sánchez, Alberto
       Sabines, Jaime
       Salinas, Pedro
       Santos Chocano, José
       Shakespeare, William
       Shelley, Percy Bysshe
       Silva, José Asunción
       Storni, Alfonsina
       Swann, Matilde Alba
       Symons, Julian
       Teillier, Jorge
       Tennyson, Alfred
       Thomas, Dylan
       Torres Bodet, Jaime
       Unamuno, Miguel de
       Urbina, Luis G.
       Vallejo, César
       Verlaine, Paul
       Villaurrutia, Xavier
       Whitman, Walt
       Wilde, Óscar
       Wordsworth, William
       Yeats, William Butler
       Zaid, Gabriel
       Zorrilla, José
       Zorrilla de San Martín, Juan


    Otros enlaces

       Webs amigas

    Visitas recibidas

    .
    Grandes poetas famosos | Great famous poets | Contacto: Monika Lekanda