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    Información biográfica

  1. Abandonados
  2. Ahora vamos envueltos en consignas hermosas
  3. Ahuyentemos el tiempo, amor
  4. Amo a los hombres y les canto
  5. Amor de frutas
  6. Amor en dos tiempos
  7. Áspera textura del viento
  8. Castillos de arena
  9. Claro que no somos una pompa fúnebre
  10. Como gata boca arriba
  11. Cómo pesa el amor
  12. Como tinaja
  13. Conjuros de la memoria
  14. De la mujer al hombre
  15. Definición
  16. Desafío a la vejez
  17. En la doliente soledad del domingo
  18. Eros es el agua
  19. Es larga la tarde
  20. Esta nostalgia
  21. Estoy viva como fruta madura
  22. Eva advierte sobre las manzanas
  23. Huelga
  24. Luciérnagas
  25. Mayo
  26. Mi amor es así
  27. Nos casaremos en invierno
  28. Partirás otra vez
  29. Peceras de amor...
  30. Pequeñas lecciones de erotismo
  31. Permanencia
  32. Permanencia de los jardines
  33. Profundo amor
  34. ¿Qué sos, Nicaragua?
  35. Quebrá la luna
  36. Quiero
  37. Recorriéndote
  38. Reglas de juego para los hombres que quieran amar a mujeres
  39. Se van tus manos sobre mi mirada
  40. Sencillos deseos
  41. Signos
  42. Sin título
  43. Te busco
  44. Te duermes
  45. Te escribo, Sergio
  46. Te veo como un temblor
  47. Textura de sueño
  48. Todo sea por el amor
  49. Uno no escoge
  50. Y
  51. Y Dios me hizo mujer



      Información biográfica

        Nombre: Gioconda Belli
        Lugar y fecha nacimiento: Managua (Nicaragua), 9 de diciembre de 1948

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        Abandonados

          Tocamos la noche con las manos
          Escurriéndonos la oscuridad entre los dedos,
          Sobándola como la piel de una oveja negra.

          Nos hemos abandonado al desamor,
          Al desgano de vivir colectando horas en el vacío,
          En los días que se dejan pasar y se vuelven a repetir,
          Intrascendentes,
          Sin huellas, ni sol, ni explosiones radiantes de claridad.

          Nos hemos abandonado dolorosamente a la soledad,
          Sintiendo la necesidad del amor por debajo de las uñas,
          El hueco de un sacabocados en el pecho,
          El recuerdo y el ruido como dentro de un caracol
          Que ha vivido ya demasiado en una pecera de ciudad
          Y apenas si lleva el eco del mar en su laberinto de concha.

          ¿Cómo volver a recapturar el tiempo?

          ¿Interponerle el cuerpo fuerte del deseo y la angustia,
          Hacerlo retroceder acobardado
          Por nuestra inquebrantable decisión?

          Pero... quién sabe si podremos recapturar el momento
          Que perdimos.

          Nadie puede predecir el pasado
          Cuando ya quizás no somos los mismos,
          Cuando ya quizás hemos olvidado
          El nombre de la calle
          Donde
          Alguna vez
          Pudimos
          Encontrarnos.

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        Ahora vamos envueltos en consignas hermosas

          Las mañanas cambiaron su signo conocido.
          Ahora el agua, su tibieza, su magia soñolienta
          Es diferente.
          Ahora oigo desde que mi piel conoce que es de día,
          Cantos de tiempos clandestinos
          Sonando audaces, altos desde la mesa de noche
          Y me levanto y salgo y veo compas atareados
          Lustrando sus botas o alistándose para el día
          Bajo el sol.
          Ya no hay oscuridad, ni barricadas,
          Ni abuso del espejo retrovisor
          Para ver si me siguen.
          Ahora mi aire de siempre es más mi aire
          Y este olor a tierra mojada y los lagos allá
          Y las montañas
          Pareciera que han vuelto a posarse en su lugar,
          A enraizarse, a sembrarse de nuevo.
          Ya no huele a quemado,
          Y no es la muerte una conocida presencia
          Esperando a la vuelta de cualquier esquina.
          He recuperado mis flores amarillas
          Y estos malinches de mayo son mas rojos
          Y se desparraman de gozo
          Reventados contra el rojinegro de las banderas.
          Ahora vamos envueltos en consignas hermosas,
          Desafiando pobrezas,
          Esgrimiendo voluntades contra malos augurios
          Y esta sonrisa cubre el horizonte,
          Se grita en valles y lagunas,
          Lava lágrimas y se protege con nuevos fusiles.
          Ya se unió la historia al paso triunfal de los guerreros
          Y yo invento palabras con que cantar,
          Nuevas formas de amar,
          Vuelvo a ser,
          Soy otra vez,
          Por fin otra vez,
          Soy.

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        Ahuyentemos el tiempo, amor

          Ahuyentemos el tiempo, amor,
          Que ya no exista;
          Esos minutos largos que desfilan pesados
          Cuando no estás conmigo
          Y estás en todas partes
          Sin estar pero estando.
          Me dolés en el cuerpo,
          Me acariciás el pelo
          Y no estás
          Y estás cerca,
          Te siento levantarte
          Desde el aire llenarme
          Pero estoy sola, amor,
          Y este estarte viendo
          Sin que estés,
          Me hace sentirme a veces
          Como una leona herida,
          Me retuerzo
          Doy vueltas
          Te busco
          Y no estás
          Y estás
          Allí
          Tan cerca.

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        Amo a los hombres y les canto

          Amo a los hombres
          Y les canto.

          Amo a los jóvenes
          Desafiantes jinetes del aire,
          Pobladores de pasillos en las Universidades,
          Rebeldes, inconformes, planeadores de mundos diferentes.
          Amo a los obreros,
          Esos sudorosos gigantes morenos
          Que salen de madrugada a construir ciudades.
          Amo a los carpinteros
          Que reconocen a la madera como a su mujer
          Y saben hacerla a su modo.
          Amo a los campesinos
          Que no tienen más tractor que su brazo
          Que rompen el vientre de la tierra y la poseen.
          Amo, compasiva y tristemente, a los complicados
          Hombres de negocios
          Que han convertido su hombría en una sanguinaria
          Máquina de sumar
          Y han dejado los pensamientos más profundos, los
          Sentimientos más nobles
          Por cálculos y métodos de explotación.

          Amo a los poetas -bellos ángeles lanzallamas-
          Que inventan nuevos mundos desde la palabra
          Y que dan a la risa y al vino su justa y proverbial importancia.
          Que conocen la trascendencia de una conversación
          Tranquila bajo los árboles,
          A esos poetas vitales que sufren las lágrimas y van
          Y dejan todo y mueren
          Para que nazcan hombres con la frente alta.
          Amo a los pintores -hombres colores-
          Que guardan su hermosura para nuestros ojos
          Y a los que pintan el horror y el hambre
          Para que no se nos olvide.
          Amo a los solitarios pensadores
          Los que existen más allá del amor y de la comprensión sencilla
          Los que se hunden en titánicas averiguaciones
          Y se atormentan día y noche ante lo absurdo de las respuestas.

          A todos amo con un amor de mujer, de madre, de hermana,
          Con un amor que es más grande que yo toda,
          Que me supera y me envuelve como un océano
          Donde todo el misterio se resuelve en espuma...

          Amo a las mujeres desde su piel que es la mía.
          A la que se rebela y forcejea con la pluma y la voz desenvainadas,
          A la que se levanta de noche a ver a su hijo que llora,
          A la que llora por un niño que se ha dormido para siempre,
          A la que lucha enardecida en las montañas,
          A la que trabaja -mal pagada- en la ciudad,
          A la que gorda y contenta canta cuando echa tortillas
          En la pancita caliente del comal,
          A la que camina con el peso de un ser en su vientre
          Enorme y fecundo.
          A todas las amo y me felicito por ser de su especie.
          Me felicito por estar con hombres y mujeres
          Aquí bajo este cielo, sobre esta tierra tropical y fértil,
          Ondulante y cubierta de hierba.
          Me felicito por ser y por haber nacido,
          Por mis pulmones que me llevan y me traen el aire,
          Porque cuando respiro siento que el mundo todo entra en mí
          Y sale con algo mío,
          Por estos poemas que escribo y lanzo al viento
          Para alegría de los pájaros,
          Por todo lo que soy y rompe el aire a mi paso,
          Por las flores que se mecen en los caminos
          Y los pensamientos que, desenfrenados, alborotan en las cabezas,
          Por los llantos y las rebeliones.
          Me felicito porque soy parte de una nueva época
          Porque he comprendido la importancia que tiene mi existencia,
          La importancia que tiene tu existencia, la de todos,
          La vitalidad de mi mano unida a otras manos,
          De mi canto unido a otros cantos.
          Porque he comprendido mi misión de ser creador,
          De alfarera de mi tiempo que es el tiempo nuestro,
          Quiero irme a la calle y a los campos,
          A las mansiones y a las chozas
          A sacudir a los tibios y haraganes,
          A los que reniegan de la vida y de los malos negocios,
          A los que dejan de ver el sol para cuadrar balances,
          A los incrédulos, a los desamparados, a los que han
          Perdido la esperanza,
          A los que ríen y cantan y hablan con optimismo;
          Quiero traerlos a todos hacia la madrugada,
          Traerlos a ver la vida que pasa
          Con una hermosura dolorosa y desafiante,
          La vida que nos espera detrás de cada atardecer
          -Último testimonio de un día que se va para siempre,
          Que sale del tiempo y que nunca volverá a repetirse-.
          Quiero atraer a todos hacia el abrazo de una alegría que comienza,
          De un Universo que espera que rompamos sus puertas
          Con la energía de nuestra marcha incontenible.
          Quiero llevaros a recorrer los caminos
          Por donde avanza -inexorable- la Historia.
          Porque los amo quiero llevarlos de frente a la nueva mañana,
          Mañana lavada de pesar que habremos construido todos.

          Vámonos y que nadie se quede a la zaga,
          Que nadie perezoso, amedrentado, tibio, habite la faz de la tierra
          Para que este amor tenga la fuerza de los terremotos,
          De los maremotos,
          De los ciclones, de los huracanes
          Y todo lo que nos aprisione vuele convertido en desecho
          Mientras hombres y mujeres nuevos
          Van naciendo erguidos
          Luminosos
          Como volcanes...

          ¡Vámonos,
          Vámonos,
          Vámonos!

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        Amor de frutas

          Déjame que esparza
          Manzanas en tu sexo
          Néctares de mango
          Carne de fresas;

          Tu cuerpo son todas las frutas.

          Te abrazo y corren las mandarinas;
          Te beso y todas las uvas sueltan
          El vino oculto de su corazón
          Sobre mi boca.
          Mi lengua siente en tus brazos
          El zumo dulce de las naranjas
          Y en tus piernas el promegranate
          Esconde sus semillas incitantes.

          Déjame que coseche los frutos de agua
          Que sudan en tus poros:

          Mi hombre de limones y duraznos,
          Dame a beber fuentes de melocotones y bananos
          Racimos de cerezas.

          Tu cuerpo es el paraíso perdido
          Del que nunca jamás ningún Dios
          Podrá expulsarme.

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        Amor en dos tiempos

          I

          Mi pedazo de dulce de alfajor de almendra
          Mi pájaro carpintero serpiente emplumada
          Colibrí picoteando mi flor bebiendo mi miel
          Sorbiendo mi azúcar tocándome la tierra
          El anturio la cueva la mansión de los atardeceres
          El trueno de los mares barco de vela
          Legión de pájaros gaviota rasante níspero dulce
          Palmera naciéndome playas en las piernas
          Alto cocotero tembloroso obelisco de mi perdición
          Tótem de mis tabúes laurel sauce llorón
          Espuma contra mi piel lluvia manantial
          Cascada en mi cauce celo de mis andares
          Luz de tus ojos brisa sobre mis pechos
          Venado juguetón de mi selva de madreselva y musgo
          Centinela de mi risa guardián de los latidos
          Castañuela cencerro gozo de mi cielo rosado
          De carne de mujer mi hombre vos único talismán
          Embrujo de mis pétalos desérticos vení otra vez
          Lléname, pégame contra tu puerto de olas roncas
          Lléname de tu blanca ternura, silénciame los gritos
          Déjame desparramada mujer.

          II

          Campanas sonidos ulular de sirenas
          Suelto las riendas galopo carcajadas
          Pongo fuera de juego las murallas
          Los diques caen hechos pedazos salto verde
          La esperanza el cielo azul sonoros horizontes
          Que abren vientos para dejarme pasar:
          "Abran paso a la mujer que no temió las mareas del amor
          Ni los huracanes del desprecio".

          Venció el vino añejo el tinto el blanco
          Salieron brotaron las uvas con su piel suave
          Redondez de tus dedos llovés sobre mí
          Lavás tristeza reconstruís faros bibliotecas
          De viejos libros con hermosas imágenes
          Me devolvés el gato risón Alicia el conejo
          El sombrero loco los enanos de Blancanieves
          El lodo entre los dedos el hálito de infancia
          Estás en la centella en la ventana desde donde
          Nace el árbol trompo tacitas te quiero te toco
          Te descubro caballo gato luciérnaga pipilacha
          Hombre desnudo diáfano tambor trompeta
          Hago música
          Bailo taconeo me desnudo te envuelvo
          Me envuelves
          Besos besos besos besos besos besos besos besos
          Silencio sueño.

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        Áspera textura del viento

          Nacida de la selva me tomaste
          Arisca yegua para estribos y albardas.

          Durante muchas noches
          Nada se oyó
          Sino el chasquido del látigo
          El rumor del forcejeo
          Las maldiciones
          Y el roce de los cuerpos
          Midiéndose la fuerza en el espacio.

          Cabalgamos por días sin parar
          Desbocados corceles del amor
          Dando y quitando,
          Riendo y llorando
          -El tiempo de la doma
          El celo de los tigres-

          No pudimos con la áspera textura de los vientos.
          Nos rendimos ante el cansancio
          A pocos metros de la pradera
          Donde hubiéramos realizado
          Todos nuestros encendidos sueños.

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        Castillos de arena

          ¿Por qué no me dijiste que estabas construyendo
          Ese castillo de arena?

          Hubiera sido tan hermoso
          Poder entrar por su pequeña puerta,
          Recorrer sus salados corredores,
          Esperarte en los cuadros de conchas,
          Hablándote desde el balcón
          Con la boca llena de espuma blanca y transparente
          Como mis palabras,
          Esas palabras livianas que te digo,
          Que no tienen más que el peso
          Del aire entre mis dientes.

          Es tan hermoso contemplar el mar.

          Hubiera sido tan hermoso el mar
          Desde nuestro castillo de arena,
          Relamiendo el tiempo
          Con la ternura
          Honda y profunda del agua,
          Divagando sobre las historias que nos contaban
          Cuando, niños, éramos un solo poro
          Abierto a la naturaleza.

          Ahora el agua se ha llevado tu castillo de arena
          En la marea alta.

          Se ha llevado las torres,
          Los fosos,
          La puertecita por donde hubiéramos pasado
          En la marea baja,
          Cuando la realidad está lejos
          Y hay castillos de arena
          Sobre la playa.

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        Claro que no somos una pompa fúnebre

          Claro que no somos una pompa fúnebre,
          A pesar de todas las lágrimas tragadas
          Estamos con la alegría de construir lo nuevo
          Y gozamos del día, de la noche
          Y hasta del cansancio
          Y recogemos risa en el viento alto.

          Usamos el derecho a la alegría,
          A encontrar el amor
          En la tierra lejana
          Y sentirnos dichosos
          Por haber hallado compañero
          Y compartir el pan, el dolor y la cama.

          Aunque nacimos para ser felices
          Nos vemos rodeado de tristeza y vainas,
          De muertes y escondites forzados.

          Huyendo como prófugos
          Vemos como nos nacen arrugas en la frente
          Y nos volvemos serios,
          Pero siempre por siempre
          Nos persigue la risa
          Amarrada también a los talones
          Y sabemos tirarnos una buena carcajada
          Y ser felices en la noche más honda y más cerrada

          Porque estamos construidos de una gran esperanza,
          De un gran optimismo que nos lleva alcanzados
          Y andamos la victoria colgándonos del cuello,
          Sonando su cencerro cada vez más sonoro
          Y sabemos que nada puede pasar que nos detenga
          Porque somos semillas
          Y habitación de una sonrisa íntima
          Que explotará
          Ya pronto
          En las caras
          De todos.

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        Como gata boca arriba

          Te quiero como gata boca arriba,
          Panza arriba te quiero,
          Maullando a través de tu mirada,
          De este amor-jaula
          Violento,
          Lleno de zarpazos
          Como una noche de luna
          Y dos gatos enamorados
          Discutiendo su amor en los tejados,
          Amándose a gritos y llantos,
          A maldiciones, lágrimas y sonrisas
          (De esas que hacen temblar el cuerpo de alegría).

          Te quiero como gata panza arriba
          Y me defiendo de huir,
          De dejar esta pelea
          De callejones y noches sin hablarnos,
          Este amor que me marea,
          Que me llena de polen,
          De fertilidad
          Y me anda en el día por la espalda
          Haciéndome cosquillas.

          No me voy, no quiero irme, dejarte,
          Te busco agazapada
          Ronroneando,
          Te busco saliendo detrás del sofá,
          Brincando sobre tu cama,
          Pasándote la cola por los ojos,
          Te busco desperezándome en la alfombra,
          Poniéndome los anteojos para leer
          Libros de educación del hogar
          Y no andar chiflada y saber manejar la casa,
          Poner la comida,
          Asear los cuartos,
          Amarte sin polvo y sin desorden,
          Amarte organizadamente,
          Poniéndole orden a este alboroto
          De revolución y trabajo y amor
          A tiempo y destiempo,
          De noche, de madrugada,
          En el baño,
          Riéndonos como gatos mansos,
          Lamiéndonos la cara como gatos viejos y cansados
          A los pies del sofá, de leer el periódico.

          Te quiero como gata agradecida,
          Gorda de estar mimada,
          Te quiero como gata flaca
          Perseguida y llorona,
          Te quiero como gata, mi amor,
          Como gata, Gioconda,
          Como mujer,
          Te quiero.

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        Cómo pesa el amor

          Noche cerrada
          Ciega en el tiempo
          Verde como luna
          Apenas clara entre las luciérnagas.

          Sigo la huella de mis pasos,
          El doloroso retorno a la sonrisa,
          Me invento en la cumbre adivinada
          Entre árboles retorcidos.

          Sé que algún día
          Se alzarán de nuevo
          Las yemas recién nacidas
          De mi rojo corazón,
          Entonces, quizás,
          Oirás mi voz enceguecedora
          Como el canto de las sirenas;
          Te darás cuenta
          De la soledad;
          Juntarás mi arcilla,
          El lodo que te ofrecí,
          Entonces tal vez sabrás
          Cómo pesa el amor
          Endurecido.

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        Como tinaja

          En los días buenos,
          De lluvia,
          Los días en que nos quisimos
          Totalmente,
          En que nos fuimos abriendo
          El uno al otro
          Como cuevas secretas;
          En esos días, amor
          En mi cuerpo como tinaja
          Recogió toda el agua tierna
          Que derramaste sobre mí
          Y ahora
          En estos días secos
          En que tu ausencia duele
          Y agrieta la piel,
          Y el agua sale de mis ojos
          Llena de tu recuerdo
          A refrescar la aridez de mi cuerpo
          Tan vacío y tan lleno de vos.

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        Conjuros de la memoria

          No sé si un sol desmedido y burlón
          Me atravesará de punta a punta
          Cuando salten de mi pecho todos los gritos guardados
          Cuando se rompan las oscuridades
          De mi perfecta catedral secreta
          Con el sostenido sonido del órgano medieval
          Ululando su voz de parto,
          Su alarido de queja y de tristeza.

          Estoy como nací-desnuda-
          Mojada de lágrimas con el pelo chorreándome nostalgia
          Y un cansancio vetusto acomodado en mis huesos
          Y mientras me dejo ir en el humo,
          Viene su mano y me sostiene
          Y me levanta y me hace tronar de júbilo,
          Me zarandea las ganas de vivir,
          Me dice verde con ojos de monte
          Azul con el pelo espumoso de mar
          Estrella con las uñas brillantes
          Viento y sopla mi angustia y la desperdiga
          Y me hace nadar en el aire, retozar en los arroyos,
          Romper los relojes del tiempo,
          Borrar la huella de mis pequeños pecados
          Vueltos trascendentes por los oscuros designios
          De su otro yo iracundo hermano de este duende iluminado
          Que me persigue en el sueño
          En el que corro huyendo, siguiéndole yo a mi vez
          Juego de gato y ratón hasta que viene la lluvia
          Y la risa y volvemos a ser amantes helechos hojas atrapadas
          En las correntadas de mayo y todo vuelve a empezar
          Cuando cruzamos lavados y nuevos
          El umbral del paraíso.

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        De la mujer al hombre

          Dios te hizo hombre para mí.
          Te admiro desde lo más profundo
          De mi subconsciente
          Con una admiración extraña y desbordada
          Que tiene un dobladillo de ternura.
          Tus problemas, tus cosas
          Me intrigan, me interesan
          Y te observo
          Mientras discurres y discutes
          Hablando del mundo
          Y dándole una nueva geografía de palabras
          Mi mente esta covada para recibirte,
          Para pensar tus ideas
          Y darte a pensar las mías;
          Te siento, mi compañero, hermoso
          Juntos somos completos
          Y nos miramos con orgullo
          Conociendo nuestras diferencias
          Sabiéndonos mujer y hombre
          Y apreciando la disimilitud
          De nuestros cuerpos.

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        Definición

          Podríamos tener una discusión sobre el amor.
          Yo te diría que amo la curiosa manera
          En que tu cuerpo y mi cuerpo se conocen,
          Exploradores que renuevan
          El más antiguo acto del conocimiento.

          Diría que amo tu piel y que mi piel te ama,
          Que amo la escondida torre
          Que de repente se alza desafiante
          Y tiembla dentro de mí
          Buscando la mujer que anida
          En lo más profundo de mi interior de hembra.

          Diría también que amo tus ojos
          Que son limpios y que también me penetran
          Con vaho de ternura o de preguntas.

          Diría que amo tu voz
          Sobre todo cuando decís poemas,
          Pero también cuando sonás serio,
          Tan preocupado por entender
          Este mundo tan ancho y tan ajeno.

          Diría que amo encontrarte
          Y sentir dentro de mí
          Una mariposa presa
          Aleteándome en el estómago
          Y muchas ganas de reírme
          De la pura alegría de que existía y estás,
          De saber que te gustan las nubes
          Y el aire frío de los bosques de Matagalpa.
          Podríamos discutir si es serio
          Esto que te digo.
          Si es una quemadura leve, de segundo,
          Tercer o primer grado.
          Si hay o no que ponerle nombre a las cosas.
          Yo sólo una simple frase afirmo
          Te amo

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        Desafío a la vejez

          Cuando yo llegue a vieja
          -Si es que llego-
          Y me mire al espejo
          Y me cuente las arrugas
          Como una delicada orografía
          De distendida piel.
          Cuando pueda contar las marcas
          Que han dejado las lágrimas
          Y las preocupaciones,
          Y ya mi cuerpo responda despacio
          A mis deseos,
          Cuando vea mi vida envuelta
          En venas azules,
          En profundas ojeras,
          Y suelte blanca mi cabellera
          Para dormirme temprano
          -Como corresponde-
          Cuando vengan mis nietos
          A sentarse sobre mis rodillas
          Enmohecidas por el paso de muchos inviernos,
          Sé que todavía mi corazón
          Estará -rebelde- tictaqueando
          Y las dudas y los anchos horizontes
          También saludarán
          Mis mañanas.

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        En la doliente soledad del domingo

          Aquí estoy,
          Desnuda,
          Sobre las sábanas solitarias
          De esta cama donde te deseo.

          Veo mi cuerpo,
          Liso y rosado en el espejo,
          Mi cuerpo
          Que fue ávido territorio de tus besos,
          Este cuerpo lleno de recuerdos
          De tu desbordada pasión
          Sobre el que peleaste sudorosas batallas
          En largas noches de quejidos y risas
          Y ruidos de mis cuevas interiores.

          Veo mis pechos
          Que acomodabas sonriendo
          En la palma de tu mano,
          Que apretabas como pájaros pequeños
          En tus jaulas de cinco barrotes,
          Mientras una flor se me encendía
          Y paraba su dura corola
          Contra tu carne dulce.

          Veo mis piernas,
          Largas y lentas conocedoras de tus caricias,
          Que giraban rápidas y nerviosas sobre sus goznes
          Para abrirte el sendero de la perdición
          Hacia mi mismo centro
          Y la suave vegetación del monte
          Donde urdiste sordos combates
          Coronados de gozo,
          Anunciados por descargas de fusilerías
          Y truenos primitivos.

          Me veo y no me estoy viendo,
          Es un espejo de vos el que se extiende doliente
          Sobre esta soledad de domingo,
          Un espejo rosado,
          Un molde hueco buscando su otro hemisferio.

          Llueve copiosamente
          Sobre mi cara
          Y sólo pienso en tu lejano amor
          Mientras cobijo
          Con todas mis fuerzas,
          La esperanza.

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        Eros es el agua

          Entre tus piernas
          El mar me muestra extraños arrecifes
          Rocas erguidas corales altaneros
          Contra mi gruta de caracolas concha nácar
          Tu molusco de sal persigue la corriente
          El agua corta me inventa aletas
          Mar de la noche con lunas sumergidas
          Tu oleaje brusco de pulpo enardecido
          Acelera mis branquias los latidos de esponja
          Los caballos minúsculos flotando entre gemidos
          Enredados en largos pistilos de medusa.
          Amor entre delfines
          Dando saltos te lanzas sobre mi flanco leve
          Te recibo sin ruido te miro entre burbujas
          Tu risa cerco con mi boca espuma
          Ligereza del agua oxigeno de tu vegetación de clorofila
          La corona de luna abre espacio al océano
          De océano los ojos plateados
          Fluye larga mirada final
          Y nos alzamos desde el cuerpo acuático
          Somos carne otra vez
          Una mujer y un hombre
          Entre las rocas.

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        Es larga la tarde

          Es larga la tarde
          Como el camino curvo hasta tu casa
          Por donde regreso arrastrando los pies
          Hasta mi cama sola
          A dormir con tu olor engarzado en mi piel,
          A dormir con tu sombra.

          Es larga la tarde
          Y el amor redondo como el gatillo de una pistola
          Me rodea de frente, de lado, de perfil.
          El sueño pesa sobre mis hombros
          Y me acerca de nuevo a vos,
          Al huequito de tu brazo,
          A tu respiración,
          A una continuación infinita de la batalla
          De sábanas y almohadas que empezamos
          Y que pone risa
          Y energía
          A nuestro cansancio.

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        Esta nostalgia

          Este sueño que vivo,
          Esta nostalgia con nombre y apellido,
          Este huracán encerrado tambaleando mis huesos,
          Lamentando su paso por mi sangre...
          No puedo abandonar el tiempo y sus rincones,
          El valle de mis días
          Está lleno de sombras innombrables,
          Voy a la soledad como alma en pena,
          Desacatada de todas las razones,
          Heroína de batallas perdidas,
          De cántaros sin agua.
          Me hundo en el cuerpo,
          Me desangro en las venas,
          Me bato contra el viento,
          Contra la piel que untada está a la mía.
          Qué haré con mi castillo de fantasmas,
          Las estrellas fugaces que me cercan
          Mientras el sol deslumbra
          Y no puedo mirar más que su disco
          -Redondo y amarillo-
          La estela de su oro lamiéndome las manos,
          Surcándome las noches,
          Desviviéndome,
          Haciéndome desastres...
          Me entregaré a los huracanes
          Para pasar de lejos por esa luz ardiendo.
          Estoy muriéndome de frío.

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        Estoy viva como fruta madura

          Estoy viva
          Como fruta madura
          Dueña ya de inviernos y veranos,
          Abuela de los pájaros,
          Tejedora del viento navegante.

          No se ha educado aún mi corazón
          Y, niña, tiemblo en los atardeceres,
          Me deslumbran el verde, las marimbas
          Y el ruido de la lluvia
          Hermanándose con mi húmedo vientre,
          Cuando todo es más suave y luminoso.

          Crezco y no aprendo a crecer,
          No me desilusiono,
          Ni me vuelvo mujer envuelta en velos,
          Descreída de todo, lamentando su suerte.
          No. Con cada día, se me nacen los ojos del asombro,
          De la tierra parida,
          El canto de los pueblos,
          Los brazos del obrero construyendo,
          La mujer vendedora con su ramo de hijos,
          Los chavalos alegres marchando hacia el colegio.

          Si.
          Es verdad que a ratos estoy triste
          Y salgo a los caminos,
          Suelta como mi pelo,
          Y lloro por las cosas más dulces y más tiernas
          Y atesoro recuerdos
          Brotando entre mis huesos
          Y soy una infinita espiral que se retuerce
          Entre lunas y soles,
          Avanzando en los días,
          Desenrollando el tiempo
          Con miedo o desparpajo,
          Desenvainando estrellas
          Para subir más alto, más arriba,
          Dándole caza al aire,
          Gozándome en el ser que me sustenta,
          En la eterna marea de flujos y reflujos
          Que mueve el universo
          Y que impulsa los giros redondos de la tierra.

          Soy la mujer que piensa.
          Algún día
          Mis ojos
          Encenderán luciérnagas.

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        Eva advierte sobre las manzanas

          Allí te quedo en el pecho,
          por muchos años me goces.
          C.M.R.

          Con poderes de Dios
          -Centauro omnipotente-
          Me sacaste de la costilla curva de mi mundo
          Lanzándome a buscar tu prometida tierra,
          La primera estación del paraíso.

          Todo dejé atrás.
          No oí lamentos, ni recomendaciones
          Porque en todo el Universo de mi ceguera
          Sólo vos brillabas
          Recortado sol en la oscuridad.

          Y así,
          Eva de nuevo,
          Comí la manzana;
          Quise construir casa y que la habitáramos,
          Tener hijos para multiplicar nuestro estrenado territorio.
          Pero, después,
          Sólo estuvieron en vos
          Las cacerías, los leones,
          El elogio a la soledad
          Y el hosco despertar.

          Para mí solamente los regresos de prisa,
          Tu goce de mi cuerpo,
          El descargue repentino de ternura
          Y luego,
          Una y otra vez, la huida
          Tijereteando mi sueño,
          Llenando de lágrimas la copa de miel
          Tenazmente ofrecida.

          Me desgasté como piedra de río.
          Tantas veces pasaste por encima de mis murmullos,
          De mis gritos,
          Abandonándome en la selva de tus confusiones
          Sin lámpara, ni piedras para hacer fuego y calentarme,
          O adivinar el rumbo de tu sombra.

          Por eso un día,
          Vi por última vez
          Tu figura recostada en el rojo fondo de la habitación
          Donde conocí más furia que ternura
          Y te dije adiós
          Desde el caliente fondo de mis entrañas,
          Desde el río de lava de mi corazón.

          No me llevé nada
          Porque nada de lo tuyo me pertenecía
          -Nunca me hiciste dueña de tus cosas-
          Y saliste de mí
          Como salen -de pronto-
          Desparramados, tristes,
          Los árboles convertidos en trozas,
          Muertos ya,
          Pulpa para el recuerdo,
          Material para entretejer versos.

          Fuiste mi Dios
          Y como Adán, también
          Me preñaste de frutas y malinches,
          De poemas y cogollos,
          Racimos de inexplicables desconciertos.

          Para nunca jamás
          Esta Eva verá espejismos de paraíso
          O morderá manzanas dulces y peligrosas,
          Orgullosas,
          Soberbias,
          Inadecuadas
          Para el amor.

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        Huelga

          Quiero una huelga donde vayamos todos.
          Una huelga de brazos, piernas, de cabellos,
          Una huelga naciendo en cada cuerpo.

          Quiero una huelga
          De obreros de palomas
          De chóferes de flores
          De técnicos de niños
          De médicos de mujeres.

          Quiero una huelga grande,
          Que hasta el amor alcance.
          Una huelga donde todo se detenga,
          El reloj las fábricas
          El plantel los colegios
          El bus los hospitales
          La carretera los puertos.

          Una huelga de ojos, de manos y de besos.
          Una huelga donde respirar no sea permitido,
          Una huelga donde nazca el silencio
          Para oír los pasos del tirano que se marcha.

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        Luciérnagas

          A las cinco de la tarde
          Cuando el resplandor se queda sin brillo
          Y el jardín se sumerge en el último hervor dorado del día
          Oigo el grupo bullicioso de niños
          Que salen a cazar luciérnagas.

          Corriendo sobre el pasto
          Se dispersan entre los arbustos,
          Gritan su excitación, palpan su deslumbre
          Se arma un círculo alrededor de la pequeña
          Que muestra la encendida cuenca de sus manos
          Titilando.

          Antiguo oficio humano
          Este de querer apagar la luz.

          ¿Te acordás de la última vez que creímos poder iluminar
          La noche?

          El tiempo nos ha vaciado de fulgor.
          Pero la oscuridad
          Sigue poblada de luciérnagas.

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        Mayo

          No se marchitan los besos
          Como los malinches,
          Ni me crecen vainas en los brazos;
          Siempre florezco
          Con esta lluvia interna,
          Como los patios verdes de mayo
          Y río porque amo el viento y las nubes
          Y el paso del los pájaros cantores,
          Aunque ande enredada en recuerdos,
          Cubierta de hiedra como las viejas paredes,
          Sigo creyendo en los susurros guardados,
          La fuerza de los caballos salvajes,
          El alado mensaje de las gaviotas.
          Creo en las raíces innumerables de mi canto.

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        Mi amor es así

          Mi amor es así,
          Como este aguacero,
          Rebotando contra el pavimento,
          Pintando de verde el campo,
          Tapa-cielos,
          Tenaz,
          Mójalo todo,
          Se me riega por dentro
          Y lo siento latir en la yema de los dedos
          Cuando quiero tocarte
          Y no te tengo cerca.
          Como este aguacero, amor,
          Me vuelvo un montón de agua entre tus brazos
          Ando desbocada por tu cauce
          Me hago arroyuelo en el pelo de tu pecho.
          Así como esta lluvia,
          Me desbordo en palabras
          Para contarte todos mis quehaceres,
          Para meterte en todos los rincones de mi día,
          En todos los aleros de mis horas.
          Salto desde tus brazos,
          Como la lluvia que se derrama de los techos
          Y me duele la carne de querer prolongarte
          De querer florecer la semilla en mi vientre
          Y darte un hijo hermoso y vital
          Como este invierno.

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        Nos casaremos en invierno

          Nos casaremos ahora que llueve a carcajadas.
          Vos y yo y la tierra celebraremos juntos
          El verdor de los cuerpos,
          El sexo de las flores,
          El polen de la risa
          Y todas las estrellas
          Que vienen confundidas
          En la gota de lluvia.
          Pondremos inviernos en el amor
          Para verlo crecer
          Al ritmo de las plantas.
          Uniremos las nubes
          Para formar el trueno,
          Uniremos la tierra con el agua.
          Nos casaremos con el cielo cerrado,
          Cuando suenen los techos
          Como ametralladoras
          Y el canto de las ranas
          Suba desde el jardín
          Junto con un cortejo de hormigas voladoras.
          Nos casaremos sin sombrillas, amor,
          Con la cabeza descubierta,
          En un patio mojado,
          Oloroso de tierra,
          Sin otra sed más que la del uno por el otro,
          Con la ropa empapada,
          Juntando nuestros quehaceres
          Para que se venga el temporal
          Que lo va a lavar todo,
          Como la lluvia, amor, de cuando nos casemos.

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        Partirás otra vez

          Partirás otra vez
          Porque la tierra llama
          Con la fuerza de una mujer desamparada.
          Partirás otra vez, mi amor,
          Porque es allá
          Donde la vida de tantos se resuelve.
          Allá te espera la esperanza,
          La lucha sin cuartel.
          Allá son los desvelos
          Y el reto de un tiempo sin medida
          Tratando de saltar al paso de la historia.
          Anda, mi amor,
          Anda con esos brazos que me abrazan,
          Con esa boca que me besa,
          A chorrear fuego, amor,
          A llevar esa fuerza
          A la tierra desde donde salimos
          A la tierra que amamos.
          Anda, mi amor,
          Yo voy también aunque me quede lejos
          Y estaré allí con vos
          En el viento y la lluvia,
          En el calor del medio día,
          En las tapitas de dulce,
          En las chicharras y en los grillos,
          En el peligro,
          Allí por donde andes,
          Andaré yo,
          Entre la tierra y tu sombra
          Habrá una mujer
          Acariciándote.

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        Peceras de amor

          Nuestros cuerpos de peces
          Se deslizan uno al lado del otro.
          Tu piel acuática nada en el sueño
          Junto a la mía
          Y brillan tus escamas en la luz lunar
          Filtrándose por las rendijas.
          Seres traslúcidos flotamos
          Confinados al agua de nuestros alientos confundidos.
          Aletas de piernas y brazos se rozan en la madrugada
          En el oxígeno y el calor
          Que sube de las blancas algas
          Con que nos protegemos del frío.
          En algún momento de la corriente
          Nos encontramos
          Lúcidos peces se acercan a los ojos abiertos
          Peces sinuosos reconociéndose las branquias agitadas.
          Muerdo el anzuelo de tu boca
          Y poco después despierto
          Pierdo la aleta dorsal
          Las extremidades de sirena.

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        Pequeñas lecciones de erotismo

          I

          Recorrer un cuerpo en su extensión de vela
          Es dar la vuelta al mundo
          Atravesar sin brújula la rosa de los vientos
          Islas golfos penínsulas diques de aguas embravecidas
          No es tarea fácil -si placentera-
          No creas hacerlo en un día o noche
          De sábanas explayadas.
          Hay secretos en los poros para llenar muchas lunas.

          II

          El cuerpo es carta astral en lenguaje cifrado.
          Encuentras un astro y quizá deberás empezar
          A corregir el rumbo cuando nube huracán
          O aullido profundo
          Te pongan estremecimientos.
          Cuenco de la mano que no sospechaste.

          III

          Repasa muchas veces una extensión
          Encuentra el lago de los nenúfares
          Acaricia con tu ancla el centro del lirio
          Sumérgete ahógate distiéndete
          No te niegues el olor la sal el azúcar
          Los vientos profundos
          Cúmulos nimbus de los pulmones
          Niebla en el cerebro
          Temblor de las piernas
          Maremoto adormecido de los besos.

          IV

          Instálate en el humus sin miedo
          Al desgaste sin prisa
          No quieras alcanzar la cima
          Retrasa la puerta del paraíso
          Acuna tu ángel caído
          Revuélvele la espesa cabellera
          Con la espada de fuego usurpada
          Muerde la manzana.

          V

          Huele
          Duele
          Intercambia miradas saliva impregnante
          Da vueltas imprime sollozos piel que se escurre
          Pie hallazgo al final de la pierna
          Persíguelo busca secreto del paso forma del talón
          Arco del andar bahías formando arqueado caminar
          Gústalos.

          VI

          Escucha caracola del oído
          Como gime la humedad
          Lóbulo que se acerca al labio sonido de la respiración
          Poros que se alzan formando diminutas montañas
          Sensación estremecida de piel insurrecta al tacto
          Suave puente nuca desciende al mar pecho
          Marea del corazón susúrrale
          Encuentra la gruta del agua.

          VII

          Traspasa la tierra del fuego la buena esperanza
          Navega loco en la juntura de los océanos
          Cruza las algas ármate de corales ulula gime
          Emerge con la rama de olivo
          Llora socavando ternuras ocultas
          Desnuda miradas de asombro
          Despeña el sextante desde lo alto de la pestaña
          Arquea las cejas abre ventanas de la nariz.

          VIII

          Aspira suspira
          Muérete un poco
          Dulce lentamente muérete
          Agoniza contra la pupila extiende el goce
          Dobla el mástil hincha las velas
          Navega dobla hacia Venus
          Estrella de la mañana
          -El mar como un vasto cristal azogado-
          Duérmete náufrago.

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        Permanencia

          Duro decir:
          Te amo,
          Mira cuánto tiempo, distancia y pretensión
          He puesto ante el horror de esa palabra,
          Esa palabra como serpiente
          Que viene sin hacer ruido, ronda
          Y se niega una, dos, tres, cuatro, muchas veces,
          Ahuyentándola como un mal pensamiento,
          Una debilidad,
          Un desliz,
          Algo que no podemos permitirnos

          -Ese temblor primario
          Que nos acerca al principio del mundo,
          Al lenguaje elemental del roce o el contacto,
          La oscuridad de la caverna,
          El hombre y la mujer
          Lamiéndose el espanto del estruendo-

          Reconocer
          Ante el espejo,
          La huella
          La ausencia de cuerpos entrelazados hablándose.

          Sentir que hay
          Un amor feliz
          Enjaulado a punta de razones,
          Condenado a morir de inanición,
          Sin darse a nadie más
          Obseso de un rostro inevitable.

          Pasar por días
          De levantar la mano,
          Formar el gesto del reencuentro y arrepentirse.
          No poder con el miedo,
          La cobardía,
          El temor al sonido de la voz.
          Huir como ciervo asustado del propio corazón,
          Vociferando un nombre en el silencio
          Y hacer ruido,
          Llenarse de otras voces,
          Sólo para seguirnos desgarrando
          Y aumentar el espanto
          De haber perdido el cielo para siempre.

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        Permanencia de los jardines

          A Carlos.

          En el enrevesado espeso matorral de mis floraciones
          Has laborado embriagado de almizcles.
          No hay almácigo desperdiciado en este amor
          Donde a diario te desafío
          A que encuentres el brote más reciente.
          Nunca dije que sería un jardín de senderos bien delineados.
          Me constituí como un jardín tropical y húmedo
          Con especies imposibles de clasificar
          Pues siempre quise poner a prueba tus intenciones de
          Jardinero
          Domador de plantas y exterminador de plagas.
          Te he asaltado por los cuatro costados con enredaderas
          Tumultuosas
          Y hueledenoches de belleza mortífera
          Y he abierto hojas como alas de sueños selváticos en los
          Árboles plácidos
          Que sembraste alrededor de la casa.
          En tu alcoba de macho cabrío introduje violetas africanas
          Y rodeé de jazmines indios los bordes de tus infranqueables
          Ventanas
          -Esas que ahora el perfume traspasa con ruido de vidrios
          Rotos-
          ¡Qué bien has soportado, mi amante, amadísimo, cuánta
          Prueba te puse!
          Dócil jamás, crezco ahora sin embargo sobre el techo de la casa
          Y abrazo esta dulce, fogosa extensión que habitamos
          La defiendo con cercos de espinas
          Instalo surtidores
          Para que no la marchite
          Ni la más cruel de las estaciones.

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        Profundo amor

          Profundo amor
          Nacido a ras del arco
          Arco tendido contra lo imposible
          Tu voz de cueva se extendió en mi cuenco
          Cabalgaste flechas hasta el mismo centro

          El tiempo nos lanzó de lado a lado
          Trazos redondos surcando paralelos espacios
          Coincidimos desafiando las leyes deletreadas
          Infringiendo barreras quebrantadas al tacto

          Tiempos feroces no nos devoraron
          Jugando a niños llegamos a la cópula
          Llegamos al principio de los vientos
          Al íntimo recodo del común aposento

          Profundo amor compañero de llamas
          Compañero del agua de ternuras sin nombre
          Jinete de mis sueños
          De mis piernas al alba.

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        ¿Qué sos, Nicaragua?

          ¿Qué sos
          Sino un triangulito de tierra
          Perdido en la mitad del mundo?

          ¿Qué sos
          Sino un vuelo de pájaros
          Guardabarrancos
          Cenzontles
          Colibríes?

          ¿Qué sos
          Sino un ruido de ríos
          Llevándose las piedras pulidas y brillantes
          Dejando pisadas de agua por los montes?

          ¿Qué sos
          Sino pechos de mujer hechos de tierra,
          Lisos, puntudos y amenazantes?

          ¿Qué sos
          Sino cantar de hojas en árboles gigantes
          Verdes, enmarañados y llenos de palomas?

          ¿Qué sos
          Sino dolor y polvo y gritos en la tarde,
          -Gritos de mujeres, como de parto-?

          ¿Qué sos
          Sino puño crispado y bala en boca?

          ¿Qué sos, Nicaragua
          Para dolerme tanto?

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        Quebrá la luna

          Quebrá la luna entre tus manos,
          Hacéla pedazos
          Y úntate de su polvo fino y negro.

          Protejámonos de los símbolos
          Y de los sueños,
          Cubrámonos de las frustraciones
          Con una costra dura de realidad.

          Aceptemos el día como día
          Y la noche como noche,
          Pasando por el tiempo
          Con la espalda recta y los ojos secos;
          Porque la mente no es dueña de la vida
          Y los deseos no son las leyes:
          Hay que acatar la moral y el orden,
          Revestirnos de una sonrisa de bolsillo,
          Apretarnos el corazón en un puño
          Y aceptar el sacrificio.

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        Quiero

          Quiero tener ese hijo tuyo, amor.
          Dárteme desde dentro de mi vientre
          En una nueva prolongación de tu inmortalidad.
          Mostrarte hasta dónde puede crecer mi vida,
          Como un árbol,
          Si tú la riegas;
          Hasta dónde puedo llegar a dárteme
          En todas las formas,
          En todos los momentos conscientes e inconscientes,
          Llegar a ser tu río, tu sombra,
          La almohada suave donde apoyar tu cabeza,
          El viento, el mar,
          La risa, la mañana,
          Tu cama, tu suelo,
          Tu mujer.

        Arriba

        Recorriéndote

          Quiero morder tu carne,
          Salada y fuerte,
          Empezar por tus brazos hermosos
          Como ramas de ceibo,
          Seguir por ese pecho con el que sueñan mis sueños
          Ese pecho-cueva donde se esconde mi cabeza
          Hurgando la ternura,
          Ese pecho que suena a tambores y vida continuada.
          Quedarme allí un rato largo
          Enredando mis manos
          En ese bosquecito de arbustos que te crece
          Suave y negro bajo mi piel desnuda
          Seguir después hacia tu ombligo
          Hacia ese centro donde te empieza el cosquilleo,
          Irte besando, mordiendo,
          Hasta llegar allí
          A ese lugarcito
          -Apretado y secreto-
          Que se alegra ante mi presencia
          Que se adelanta a recibirme
          Y viene a mí
          En toda su dureza de macho enardecido.
          Bajar luego a tus piernas
          Firmes como tus convicciones guerrilleras,
          Esas piernas donde tu estatura se asienta
          Con las que vienes a mí
          Con las que me sostienes,
          Las que enredas en la noche entre las mías
          Blandas y femeninas.
          Besar tus pies, amor,
          Que tanto tienen aun que recorrer sin mí
          Y volver a escalarte
          Hasta apretar tu boca con la mía,
          Hasta llenarme toda de tu saliva y tu aliento
          Hasta que entres en mí
          Con la fuerza de la marea
          Y me invadas con tu ir y venir
          De mar furioso
          Y quedemos los dos tendidos y sudados
          En la arena de las sábanas.

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        Reglas de juego para los hombres que quieran amar a mujeres

          I

          El hombre que me ame
          Deberá saber descorrer las cortinas de la piel,
          Encontrar la profundidad de mis ojos
          Y conocer lo que anida en mí,
          La golondrina transparente de la ternura.

          II

          El hombre que me ame
          No querrá poseerme como una mercancía,
          Ni exhibirme como un trofeo de caza,
          Sabrá estar a mi lado
          Con el mismo amor
          Conque yo estaré al lado suyo.

          III

          El amor del hombre que me ame
          Será fuerte como los árboles de ceibo,
          Protector y seguro como ellos,
          Limpio como una mañana de diciembre.

          IV

          El hombre que me ame
          No dudará de mi sonrisa
          Ni temerá la abundancia de mi pelo,
          Respetará la tristeza, el silencio
          Y con caricias tocará mi vientre como guitarra
          Para que brote música y alegría
          Desde el fondo de mi cuerpo.

          V

          El hombre que me ame
          Podrá encontrar en mí
          La hamaca donde descansar
          El pesado fardo de sus preocupaciones,
          La amiga con quien compartir sus íntimos secretos,
          El lago donde flotar
          Sin miedo de que el ancla del compromiso
          Le impida volar cuando se le ocurra ser pájaro.

          VI

          El hombre que me ame
          Hará poesía con su vida,
          Construyendo cada día
          Con la mirada puesta en el futuro.

          VII

          Por sobre todas las cosas,
          El hombre que me ame
          Deberá amar al pueblo
          No como una abstracta palabra
          Sacada de la manga,
          Sino como algo real, concreto,
          Ante quien rendir homenaje con acciones
          Y dar la vida si es necesario.

          VIII

          El hombre que me ame
          Reconocerá mi rostro en la trinchera
          Rodilla en tierra me amará
          Mientras los dos disparamos juntos
          Contra el enemigo.

          IX

          El amor de mi hombre
          No conocerá el miedo a la entrega,
          Ni temerá descubrirse ante la magia del enamoramiento
          En una plaza llena de multitudes.
          Podrá gritar -te quiero-
          O hacer rótulos en lo alto de los edificios
          Proclamando su derecho a sentir
          El más hermoso y humano de los sentimientos.

          X

          El amor de mi hombre
          No le huirá a las cocinas,
          Ni a los pañales del hijo,
          Será como un viento fresco
          Llevándose entre nubes de sueño y de pasado,
          Las debilidades que, por siglos, nos mantuvieron separados
          Como seres de distinta estatura.

          XI

          El amor de mi hombre
          No querrá rotularme y etiquetarme,
          Me dará aire, espacio,
          Alimento para crecer y ser mejor,
          Como una Revolución
          Que hace de cada día
          El comienzo de una nueva victoria.

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        Se van tus manos sobre mi mirada

          Se van tus manos sobre mi mirada
          La sostienes, la sueltas.
          Embistes mi hombro izquierdo,
          Lo sitias desde el cuello,
          Lo asaltas con las flechas de tu boca.
          Embistes mi hombro izquierdo
          Feroz y dulcemente a dentelladas.
          Con su modo redondo
          De hacer pasar el tiempo entre los besos
          Y somos dos volutas de humo
          Flotando en el espacio
          Llenándolo con chasquidos y murmullos
          O suavemente quedándonos callados
          Para explorar el secreto profundo de los poros
          Para penetrarlos en un afán de invasión
          De descorrer la piel
          Y encontrar nuestros ojos
          Mirándonos desde la interioridad de la sangre.
          Hablamos un lenguaje de jeroglíficos
          Y me vas descifrando sin más instrumentos
          Que la ternura lenta de tus manos,
          Desenredándome sin esfuerzo,
          Alisándome como una sábana recién planchada,
          Mientras yo te voy dando mi universo;
          Todos los meteoritos y las lunas
          Que han venido gravitando en la órbita de mis sueños,
          Mis dedos llenos del deseo de tocar las estrellas
          Los soles que habitan en mi cuerpo.
          Una mansa sonrisa empieza a subirme por los tobillos,
          Se va riendo en mis rodillas
          Sube recorriendo mi corteza de árbol
          Llenándome de capullos reventados de gozo transparente.
          El aire que sale de mis pulmones va risueño
          A vivir en el viento de la noche
          Mientras de nuevo embistes mi hombro izquierdo,
          Feroz
          Y dulcemente
          A dentelladas.

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        Sencillos deseos

          Hoy quisiera tus dedos escribiéndome historias en el pelo
          Y quisiera besos en la espalda
          Acurrucos
          Que me dijeras las más grandes verdades
          O las más grandes mentiras
          Que me dijeras por ejemplo
          Que soy la mujer más linda del mundo
          Que me querés mucho
          Cosas así
          Tan sencillas
          Tan repetidas,
          Que me delinearas el rostro
          Y me quedaras viendo a los ojos
          Como si tu vida entera dependiera de que los míos sonrieran
          Alborotando todas las gaviotas en la espuma.
          Cosas quiero como que andes mi cuerpo
          Camino arbolado y oloroso,
          Que seas la primera lluvia del invierno
          Dejándote caer despacio
          Y luego en aguacero.
          Cosas quiero como una gran ola de ternura
          Deshaciéndome
          Un ruido de caracol
          Un cardumen de peces en la boca
          Algo de eso
          Frágil y desnudo
          Como una flor a punto de entregarse a la primera luz de la mañana
          O simplemente una semilla, un árbol
          Un poco de hierba
          Una caricia que me haga olvidar
          El paso del tiempo
          La guerra
          Los peligros de la muerte.

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        Signos

          Es el amor; tendré que ocultarme o huir.
          Jorge Luis Borges

          Lento,
          Violento,
          Rumoroso
          Temblor
          De hojas
          En la intrincada selva de mis espinas.
          Invasión de ternura en los huesos.
          Ola dulce de agua
          Reventándome en el fondo del pecho,
          Encrespándose
          Y volviendo a extenderse
          Espuma
          Sobre mi corazón.

          Es el amor con su viento cálido,
          Lamiendo insistente la playa sola de mi noche.
          Es el amor con su largo ropaje de algas,
          Enredándome el nombre, el juicio, los imposibles.
          Es el amor salitre, húmedo,
          Descargándose contra la roca de mi ayer impávida dureza.
          Es la marea subiendo lentamente
          Las esquinas de piedra de mis manos.
          Es el espacio con su frío
          Y el vientre de mi madre palpitando su vida en el silencio.
          Es el grupo de árboles en el atardecer,
          El ocaso rojo de azul,
          La luna colgada como fruta en el cielo.
          Es el miedo terrible,
          El pavor de abrir la puerta
          Y unirse a la caravana
          De estrellas persiguiendo la luz
          Como nocturnas, erráticas mariposas.
          Es la tiniebla absoluta
          O la más terrible y blanca nova del Universo.
          Es tu voz como soplo
          O el ruido de días ignorando los rumbos de tu existencia.
          Es esa palabra conjuro de todas las magias,
          Látigo sobre mi espalda tendida al filo del sol,
          Desencajando el tiempo con sus letras recónditas,
          Desprendida del azar y de la lógica,
          Loca palabra, espada,
          Torbellino revolviéndome tibias memorias
          Apaciblemente guardadas en el desván de los sueños,
          Estatuas que de pronto se levantan y hablan,
          Duendes morados saliendo de todas las flores,
          Silbando música de tambor de guerra,
          Terribles con sus largos zapatos puntudos,
          Burlándose de mí
          Que, inútilmente,
          Cavo tenaz, enfurecida, incapaz,
          Llorando en mi espanto,
          Esta última trinchera.

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        Sin título

          La mañana se despierta
          Húmeda y vegetal
          Todavía sin poder sacudirse la lluvia nocturna
          Que sigue lamiendo sus bordes.
          Me levanto aturdida
          Sintiendo aún el calor reciente de tu cuerpo
          Y el abrazo que cercó mi sueño.
          Estoy impregnada de tu respiración
          Del conocimiento epidérmico y espeso del amor.
          Mi piel está grabada con tus señales
          Y no hay viento ni agua que pueda lavarlas
          Sin dejar mi nombre borroso, desteñido y sin sonrisa.
          Te has plantado como roca en mi playa de estrellas de mar y caracolas,
          Dándole un nuevo sonido a las olas
          Que revientan contentas su canción salada
          En el ámbito de mi cuerpo.

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        Te busco

          Sola yo, amor,
          Y vos quién sabe dónde;
          Tu recuerdo me mece como al maíz el viento
          Y te traigo en el tiempo,
          Recorro los caminos,
          Me río a carcajadas
          Y somos los dos juntos
          Otra vez,
          Junto al agua.
          Y somos los dos juntos
          Otra vez,
          Bajo el cielo estrellado
          En el monte,
          De noche.
          Yo, amor, he aprendido a coser con tu nombre,
          Voy juntando mis días, mis minutos, mis horas
          Con tu hilo de letras.
          Me he vuelto alfarera
          Y he creado vasijas para guardar momentos.
          Me he soltado en tormenta
          Y trueno y lloro de rabia por no tenerte cerca,
          En viento me he cambiado,
          En brisa, en agua fresca
          Y azoto, mojo, salto
          Buscándote en el tiempo
          De un futuro que tiene
          La fuerza de tu fuerza.

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        Te duermes

          Te duermes a mi lado.
          Caes silenciosamente en ese mundo
          Donde yo puedo ser alguna remota conocida,
          Una compañera de banca de parque o la amante
          Que acabas de dejar para evadirte a esa región donde, mutuamente,
          Nos privamos de la palabra.

          Me conmueve verte dormido, hundido en las sábanas
          Con el abandono del sueño, enigmáticamente
          Encerrado en tu cuerpo.

          También yo me dormiré y entonces quizás te despiertes
          Y pienses esto que yo estoy pensando, tal vez
          Me imaginarás enredada en algún árbol enmarañado
          De los que sabes que me encantan y me quieras alcanzar tocándome,
          Sacándome del mutismo de estación
          De radio apagada, volviéndome a traer hacia tu lado,
          Hacia el amor que nos dio el sueño.

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        Te escribo, Sergio

          Te escribo, Sergio
          Desde la soledad
          Del mediodía asoleado y desnudo
          Mientras azota el viento
          Y estoy, gatunamente,
          Enrollada en la cama
          Donde anoche te quise y me quisiste
          Entre tiempos, sonrisas y misterios.

          Va quedando lejano
          El mundo que existía antes de conocerte
          Y va naciendo un nido de palabras y besos,
          Un nido tembloroso de miedo y esperanza
          Donde a veces me siento retozando entre trinos,
          Y otras veces me asusto,
          Abro los ojos y me quedo quieta,
          Pensando en este panal de miel
          Que estamos explorando,
          Como un hermoso, hipnotizante laberinto,
          Donde no hay piedritas blancas,
          Ni mágicos hilos
          Que nos enseñen el camino de regreso.

        Arriba

        Te veo como un temblor

          Te veo como un temblor
          En el agua.
          Te vas,
          Te venís,
          Y dejás anillos en mi imaginación.

          Cuando estoy con vos
          Quisiera tener varios yo,
          Invadir el aire que respiras,
          Transformarme en un amor caliente
          Para que me sudés
          Y poder entrar y salir de vos.

          Acariciarte cerebralmente
          O meterme en tu corazón y explotar
          Con cada uno de tus latidos.

          Sembrarte como un gran árbol en mi cuerpo
          Y cuidar de tus hojas y tu tronco,
          Darte mi sangre de savia
          Y convertirme en tierra para vos.

          Siento un aliento cosquilloso
          Cuando estamos juntos,
          Quisiera convertirme en risa,
          Llena de gozo,
          Retozar en playas de ternuras
          Recién descubiertas,
          Pero que siempre presentí,
          Amarte, amarte
          Hasta que todo se nos olvide
          Y no sepamos quién es quién.

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        Textura de sueño

          No he visto el día
          Más que a través de tu ausencia
          De tu ausencia redonda que envuelve mi paso agitado,
          Mi respiración de mujer sola.

          Hay que están hechos para morirse o para llorar,
          Días poblados de fantasmas y ecos
          En los que ando sobresaltada,
          Pareciéndome que el pasado va a abrir la puerta
          Y que hoy será ayer,
          Tus manos, tus ojos, tu estar conmigo,
          Lo que hace tan poco era tan real
          Y ahora tiene la misma
          Textura del sueño.

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        Todo sea por el amor

          Tantas cosas he hecho por vos
          Que tengo que cuidar
          Que su recuento no te suene a reclamo;
          Porque todo ha sido hecho en virtud del amor
          Y los relámpagos y ciclones que solté
          De la caja de Pandora
          Que un día me pusiste en las manos
          Sí es verdad que han dolido,
          Que muchas veces me han arrancado piel de la raíz
          Y me han hecho buscarme el corazón
          Con miedo a no encontrar su pasito de soldado
          Han sido mi propia, soberana decisión,
          Mi perdición, mi gozo,
          Por los que me he conocido más mujer
          Capaz de escaladas, acrobacias,
          Tenacidad de burra rentada,
          Por los que he recorrido sendas ignotas,
          Mareada por el olor tan cercano de la felicidad
          Y te he buscado detrás de gestos y puertas
          Y hasta de la manera de abandonar tu ropa
          Y cuando te he encontrado
          Me he abierto de par en par
          Como jaula repleta de ruiseñores
          Y he sabido también cómo se siente
          Tener un astro deslumbrante en las entrañas.
          No quiero, pues, equivocarme con reclamos;
          Me hago responsable del sol y de la sombra,
          Pero, ay amor, cómo me duele
          Que estando yo en tu espacio
          Como estrella errabunda
          Fieramente colgada por vos en tu Universo,
          No me hayás descubierto el resplandor;
          No me hayás habitado,
          Tomado posesión de mi luz
          Y sólo te hayás atrevido
          A palparme
          -Como un ciego-
          En la oscuridad.

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        Uno no escoge

          Uno no escoge el país donde nace;
          Pero ama el país donde ha nacido.

          Uno no escoge el tiempo para venir al mundo;
          Pero debe dejar huella de su tiempo.

          Nadie puede evadir su responsabilidad.

          Nadie puede taparse los ojos, los oídos,
          Enmudecer y cortarse las manos.

          Todos tenemos un deber de amor que cumplir,
          Una historia que nacer
          Una meta que alcanzar.

          No escogimos el momento para venir al mundo:
          Ahora podemos hacer el mundo
          En que nacerá y crecerá
          La semilla que trajimos con nosotros.

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        Y

          Y va naciendo
          El pretexto para decir tu nombre
          En la noche remojada,
          Tierna y húmeda
          Como la flor de grandes ojos abiertos
          Y pétalos palpitantes
          En la que me envolví
          En lo más profundo del sueño,
          Para dibujar tu nombre
          En todos los rincones
          Donde he vivido y viviré
          Hasta que me lleve el viento,
          Como semilla,
          A dar flor a tierras desconocidas
          Y me encarne quizás en la niña
          Que oirá historias
          En las tardes iguales de Nicaragua
          Con el olor a tierra naciendo,
          Urdiendo en sus entrañas
          La vida verde del trópico lujurioso
          Como yo, como vos,
          Como las hojas en que nos envolvimos
          Cuando nos arrojaron del paraíso.

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        Y Dios me hizo mujer

          Y Dios me hizo mujer,
          De pelo largo,
          Ojos, nariz y boca de mujer.
          Con curvas
          Y pliegues
          Y suaves hondonadas
          Y me cavó por dentro,
          Me hizo un taller de seres humanos.
          Tejió delicadamente mis nervios
          Y balanceó con cuidado
          El número de mis hormonas.
          Compuso mi sangre
          Y me inyectó con ella
          Para que irrigara
          Todo mi cuerpo;
          Nacieron así las ideas,
          Los sueños,
          El instinto.
          Todo lo creó suavemente
          A martillazos de soplidos
          Y taladrazos de amor,
          Las mil y una cosas que me hacen mujer todos los días
          Por las que me levanto orgullosa
          Todas las mañanas
          Y bendigo mi sexo.

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        Yo soy tu indómita gacela

          Yo soy tu indómita gacela,
          El trueno que rompe la luz sobre tu pecho
          Yo soy el viento desatado en la montaña
          Y el fulgor concentrado del fuego del ocote.
          Yo caliento tus noches,
          Encendiendo volcanes en mis manos,
          Mojándote los ojos con el humo de mis cráteres.
          Yo he llegado hasta vos vestida de lluvia y de recuerdo,
          Riendo la risa inmutable de los años.
          Yo soy el inexplorado camino,
          La claridad que rompe la tiniebla.
          Yo pongo estrellas entre tu piel y la mía
          Y te recorro entero,
          Sendero tras sendero,
          Descalzando mi amor,
          Desnudando mi miedo.
          Yo soy un nombre que canta y te enamora
          Desde el otro lado de la luna,
          Soy la prolongación de tu sonrisa y tu cuerpo.
          Yo soy algo que crece,
          Algo que ríe y llora.
          Yo,
          La que te quiere.

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       Díaz Mirón, Salvador
       Dickinson, Emily
       Donne, John
       Douglas, Keith
       Eguren, José María
       Espronceda, José de
       Ferrer, Marcelo D.
       Flores, Manuel
       Flórez, Julio
       Frost, Robert
       Gala, Antonio
       García Lorca, Federico
       Gelman, Juan
       Girondo, Oliverio
       Gómez Jattin, Raúl
       Gómez de Avellaneda, Gertrudis
       González, Ángel
       González Martínez, Enrique
       Guillén, Nicolás
       Gutiérrez Nájera, Manuel
       Hernández, Miguel
       Hesse, Hermann
       Hierro, José
       Hugo, Víctor
       Huidobro, Vicente
       Ibarbourou, Juana de
       Isaacs, Jorge
       Jiménez, Juan Ramón
       Joyce, James
       Keats, John
       Larkin, Philip
       Leopardi, Giacomo
       Lloréns Torres, Luis
       Lord Byron, George Gordon
       Lowell, Amy
       Loynaz, Dulce María
       Machado, Antonio
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