.
.
    Información biográfica

  1. A la del amor más triste
  2. Agua escondida
  3. Amor es
  4. Balada del amor tardío
  5. Canción del amor olvidado
  6. Canto a la mujer estéril
  7. Cárcel de aire
  8. Conjuro
  9. Creación
  10. Criatura de isla
  11. Deseo
  12. Desprendimiento
  13. Divagación
  14. El amor indeciso
  15. El cántaro azul
  16. El juego de la muerte
  17. El miedo
  18. El niño quiere jugar
  19. El tiempo
  20. En mi verso soy libre
  21. Espejismo
  22. Está bien lo que está
  23. Eternidad
  24. Hueles a rosa
  25. La duda
  26. La marcha
  27. La mujer de humo
  28. Poema XVII
  29. Poema XXIX
  30. Poema XXVII
  31. Poema XXXVII
  32. Poema LVII
  33. Poema LVIII
  34. Poema LXI
  35. Poema CI
  36. Poema sin nombre
  37. Precio
  38. Selva
  39. Si dices una palabra más
  40. Si fuera nada más
  41. Si me quieres, quiéreme entera
  42. Siempre, amor
  43. Soneto
  44. Yo te fui desnudando




    Información biográfica

      Nombre: Dulce María Loynaz
      Lugar y fecha nacimiento: La Habana (Cuba), 10 de diciembre de 1902
      Lugar y fecha defunción: La Habana (Cuba), 27 de abril de 1997 (94 años)

    Arriba

      A la del amor más triste

        Tú, que amas un amor fantasma
        Y que das un nombre a la niebla,
        A la ceniza de los sueños...

        Tú, que te doblas sobre ti
        Misma como el sauce se dobla
        Sobre su sombra reflejada
        En el agua... Tú, que te cierras
        Los brazos vacíos sobre el
        Pecho y murmuras la palabra
        Que no oye nadie, ven y enséñame
        A horadar el silencio,
        A encender, a quemar la soledad...

      Arriba

      Agua escondida

        Tú eres el agua oscura
        Que mana por dentro de la roca.
        Tú eres el agua oscura y entrañable
        Que va corriendo bajo la tierra,
        Ignorada del sol,
        De la sed de los que rastrean la tierra,
        De los que ruedan por la tierra.
        Tú eres agua virgen sin destino y sin nombre
        Geográfico; tú eres la frescura intocada,
        El trémulo secreto de frescura, el júbilo secreto
        De esta frescura mía que tú eres, de esta agua
        Honda que tú has sido siempre,
        Sin alcanzar a ser más nada que eso;
        Agua negra, sin nombre...
        ¡Y apretada, apretada contra mí!

      Arriba

      Amor es

          Amar la gracia delicada
          Del cisne azul y de la rosa rosa;
          Amar la luz del alba
          Y la de las estrellas que se abren
          Y la de las sonrisas que se alargan...
          Amar la plenitud del árbol,
          Amar la música del agua
          Y la dulzura de la fruta
          Y la dulzura de las almas dulces...
          Amar lo amable, no es amor.

          Amor es ponerse de almohada
          Para el cansancio de cada día;
          Es ponerse de sol vivo
          En el ansia de la semilla ciega
          Que perdió el rumbo de la luz,
          Aprisionada por su tierra,
          Vencida por su misma tierra.

          Amor es desenredar marañas
          De caminos en la tiniebla:
          ¡Amor es ser camino y ser escala!
          Amor es este amar lo que nos duele,
          Lo que nos sangra bien adentro...

          Es entrarse en la entraña de la noche
          Y adivinarle la estrella en germen...
          ¡La esperanza de la estrella!

          Amor es amar desde la raíz negra.
          Amor es perdonar;
          Y lo que es más que perdonar,
          Es comprender.
          Amor es apretarse a la cruz,
          Y clavarse a la cruz,
          Y morir y resucitar...

          ¡Amor es resucitar!

        Arriba

        Balada del amor tardío

          Amor que llegas tarde,
          Tráeme al menos la paz:
          Amor de atardecer, ¿por qué extraviado
          Camino llegas a mi soledad?

          Amor que me has buscado sin buscarte,
          No sé qué vale más:
          La palabra que vas a decirme
          O la que yo no digo ya.

          Amor... ¿No sientes frío? Soy la luna:
          Tengo la muerte blanca y la verdad
          Lejana... -No me des tus rosas frescas;
          Soy grave para rosas. Dame el mar.

          Amor que llegas tarde, no me viste
          Ayer cuando cantaba en el trigal...
          Amor de mi silencio y mi cansancio,
          Hoy no me hagas llorar.

        Arriba

        Canción del amor olvidado

          Para el amor más olvidado
          Cantaré esta canción:

          No para el que humedece los ojos todavía...
          Ni para el que hace ya
          Sonreír con un poco de emoción...

          Canto para el amor sin llanto
          Y sin risa;
          El que no tiene una rosa seca
          Ni unas cartas atadas con una cinta.

          Sería algún amor de niño acaso...

          Una plaza gris... Una nube... No sé.

          Para el amor más olvidado cantaré.

          Cantaré una canción
          Sin llamar, sin llorar, sin saber...
          El nombre que no se recuerda
          Pudo tener dulzura.

          Canción sin nombres
          Quiero cantarte
          Mientras la noche dura.

          Cantar para el amor que ya no evocan
          Las flores con su olor
          Ni algún vals familiar...
          Para el que no se esconde entre cada crepúsculo,
          Ni atisba ni persigue ni vuelve nunca más.

          Para el amor más olvidado
          -El más dulce-,
          El que no estoy segura de haber amado.

        Arriba

        Canto a la mujer estéril

          Madre imposible: pozo cegado, ánfora rota,
          Catedral sumergida...

          Agua arriba de ti... Y sal. Y la remota
          Luz del sol que no llega a alcanzarte. La vida
          De tu pecho no pasa; en ti choca y rebota
          La vida y se va luego desviada, perdida,
          Hacia un lado -hacia un lado-
          ¿Hacia dónde?

          Como la noche, pasas por la tierra
          Sin dejar rastros
          De tu sombra; y al grito ensangrentado
          De la vida, tu vida no responde,
          Sorda con la divina sordera de los astros.

          Contra el instinto terco que se aferra
          A tu flanco,
          Tu sentido exquisito de la muerte;
          Contra el instinto ciego, mudo, manco,
          Que busca brazos, ojos, dientes...
          Tu sentido más fuerte
          Que todo instinto, tu sentido de la muerte.

          Tú contra lo que quiere vivir, contra la ardiente
          Nebulosa de almas, contra la
          Obscura, miserable ansia de forma,
          De cuerpo vivo, sufridor... de normas
          Que obedecer o que violar.

          ¡Contra toda la vida, tú sola!
          ¡Tú: la que estás
          Como un muro delante de la ola!

          Madre prohibida, madre de una ausencia
          Sin nombre y ya sin término -esencia
          De madre-. En tu
          Tibio vientre se esconde la muerte, la inmanente
          Muerte que acecha y ronda
          Al amor inconsciente.

          ¡Y cómo pierde su
          Filo, cómo se vuelve lisa
          Y cálida y redonda
          La muerte en la tiniebla de tu vientre!

          ¡Cómo trasciende a muerte honda
          El agua de tus ojos, cómo riza
          El soplo de la muerte tu sonrisa
          A flor de labio y se lleva de entre
          Los dientes entreabiertos!

          ¡Tu sonrisa es un vuelo de ceniza!
          -De ceniza del miércoles que recuerda el mañana.
          O de ceniza leve y franciscana-.

          La flecha que se tira en el desierto,
          La flecha sin combate, sin blanco y sin destino,
          No hiende el aire como tú lo hiendes,
          Mujer ingrávida, alargada... Su
          Aire azul no es tan fino
          Como tu aire. ¡Y tú
          Andas por un camino
          Sin trazar en el aire! ¡Y tú te enciendes
          Como flecha que pasa al sol y que
          No deja huellas ! ¡Y no hay mano
          De vivo que la agarre, ni ojo humano
          Que la siga, ni pecho que se le
          Abra! ¡Tú eres la flecha
          Sola en el aire! Tienes un camino
          Que tiembla y que se mueve por delante
          De ti y por el que tú irás derecha.

          Nada vendrá de ti. Ni nada vino
          De la montaña, y la montaña es bella.
          Tú no serás camino de un instante
          Para que venga más tristeza al mundo;
          Tú no pondrás tu mano sobre un mundo
          Que no amas. Tú dejarás
          Que el fango siga fango y que la estrella
          Siga estrella.

          Y reinarás
          En tu reino. Y serás
          La unidad
          Perfecta que no necesita
          Reproducirse, como no
          Se reproduce el cielo,
          Ni el viento,
          Ni el mar...

          A veces una sombra, un sueño agita
          La ternura que se quedó
          Estancada -sin cauce-, en el subsuelo
          De tu alma. ¡El revuelto sedimento
          De esta ternura sorda que te pasa
          Entonces en una oleada
          De sangre por el rostro y vuelve luego
          A remontar el no
          De tu sangre hasta la raíz del río!

          ¡Y es un polvo de soles cernido por la masa
          De nervios y de sangre! ¡Una alborada
          Íntima y fugitiva! ¡Un fuego
          De adentro que ilumina y sella
          Tu carne inaccesible! Madre que no podrías
          Aún serlo de una rosa,
          Hilo que rompería
          El peso de una estrella...

          Mas, ¿no eres tú misma la estrella que repliega
          Sus puntas y la rosa
          Que no va mas allá de su perfume?

          Estrella que en la estrella se consume,
          Flor que en la flor se queda.

          Madre de un sueño que no llega
          Nunca a tus brazos. Frágil madre de seda,
          De aire y de luz.

          ¡Se te quema el amor y no calienta
          Tus frías manos! ¡Se te quema lenta,
          Lentamente la vida y no ardes tú!
          ¡Caminas y a ninguna parte vas,
          Caminas y clavada estás
          A la cruz
          De ti misma,
          Mujer fina y doliente,
          Mujer de ojos sesgados donde huye
          De ti hacia ti lo eterno eternamente!

          Madre de nadie. ¿Qué invertido prisma
          Te proyecta hacia dentro? ¿Qué río no negro fluye
          Y afluye dentro de tu ser? ¿Qué luna
          Te desencaja de tu mar y vuelve
          En tu mar a hundirte? Empieza y se resuelve
          En ti la espiral trágica de tu sueño. Ninguna
          Cosa pudo salir
          De ti: ni el bien, ni el mal, ni el amor, ni
          La palabra
          De amor, ni la amargura
          Derramada en ti siglo tras siglo. ¡La amargura
          Que te llenó hasta arriba sin volcarse,
          Que lo que en ti cayó, cayó en un pozo!

          No hay hacha que te abra
          Sol en la selva obscura...
          Ni espejo que te copie sin quebrarse
          -Y tú dentro del vidrio-, agua en reposo
          Donde al mirarte te verías muerta.

          Agua en reposo tú eres: agua yerta
          De estanque, gelatina sensible, talco herido
          De luz fugaz
          Donde duerme un paisaje vago y desconocido:
          El paisaje que no hay que despertar.

          ¡Púdrale Dios la lengua al que la mueva
          Contra ti; clave tieso a una pared
          El brazo que se atreva
          A señalarte; la mano obscura de cueva
          Que eche una gota más de vinagre en tu sed!
          Los que quieren que sirvas para lo
          Que sirven las demás mujeres,
          No saben que tú eres
          Eva.

          ¡Eva sin maldición,
          Eva blanca y dormida
          En un jardín de flores, en un bosque de olor!
          ¡No saben que tú guardas la llave de una vida!
          ¡No saben que tú eres la madre estremecida
          De un hijo que te llama desde el sol!

        Arriba

        Cárcel de aire

          Red tejida con hilos invisibles,
          Cárcel de aire en que me muevo apenas,
          Trampa de luz que no parece trampa
          Y en la que el pie se me quedó -entre cuerdas
          De luz también-, bien enlazado.

          Cárcel sin carcelero y sin cadenas
          Donde como mi pan y bebo mi agua
          Día por día. ¡Mientras allá fuera
          Se me abren en flor, trémulos, míos
          Aún, todos los caminos de la tierra!

        Arriba

        Conjuro

          Cuando revuelvo el brazo
          No estrecho, rompo el lazo.

          Ya sólo un camino breve
          Busco: el que de ti me lleve.

          ¡Con qué agua te apagaré!
          ¡Con qué llama te quemaré!

          Para cortar tu nudo, ¿qué espada?
          Para talarte, ¿qué hacha afilada?

          Un muro busco, un muro de granito
          Donde se estrelle el mar de tu infinito.

          Racimo de octubre, dame un no bebido
          Vino que me haga olvidar su olvido.

          ¡Oh lámpara, apágate si has de alumbrarlo!
          ¡Rómpete, oh labio, en tierra antes que llamarlo!

          He llegado hasta donde nadie pudo llegar.
          Si aún vuelvo la cabeza, ¡Dios me vuelva de sal!

        Arriba

        Creación

          Y primero era el agua:
          Un agua ronca,
          Sin respirar de peces, sin orillas
          Que la apretaran.
          Era el agua primero,
          Sobre un mundo naciendo de la mano de Dios.
          Era el agua.
          Todavía
          La tierra no asomaba entre las olas,
          Todavía la tierra
          Sólo era un fango blando y tembloroso...
          No había flor de lunas ni racimos
          De islas... En el vientre
          Del agua joven se gestaban continentes...
          ¡Amanecer del mundo, despertar
          Del mundo!
          ¡Qué apagar de fuegos últimos!
          ¡Qué mar en llamas bajo el cielo negro!
          Era primero el agua.

        Arriba

        Criatura de isla

          Rodeada de mar por todas partes,
          Soy isla asida al tallo de los vientos
          Nadie escucha mi voz, si rezo o grito:
          Puedo volar o hundirme. Puedo, a veces,
          Morder mi cola en signo de infinito.
          Soy tierra desgajándome. Hay momentos
          En que él me ciega y me acobarda,
          En que el agua es la muerte donde floto.
          Pero abierta a mareas y a ciclones,
          Hinco en el mar raíz roto.
          Crezco del mar y muero de él. Me alzo
          ¡Para volverme en nudos desatados!
          ¡Me come un mar batido por las alas
          De arcángeles sin cielo, naufragados!

        Arriba

        Deseo

          Que la vida no vaya más allá de tus brazos.
          Que yo pueda caber con mi verso en tus brazos,
          Que tus brazos me ciñan entera y temblorosa
          Sin que afuera se queden ni mi sol ni mi sombra.
          Que me sean tus brazos horizonte y camino,
          Camino breve, y único horizonte de carne;
          Que la vida no vaya más allá. ¡Que la muerte
          Se parezca a esta muerte caliente de tus brazos!

        Arriba

        Desprendimiento

          Dulzura de sentirse cada vez más lejano.
          Más lejano y más vago. Sin saber si es porque
          Las cosas se van yendo o es uno el que se va.
          Dulzura del olvido como un rocío leve
          Cayendo en la tiniebla. Dulzura de sentirse
          Limpio de toda cosa. Dulzura de elevarse
          Y ser como la estrella inaccesible y alta,
          Alumbrando en silencio.

          ¡En silencio, Dios mío!

        Arriba

        Divagación

          Si yo no hubiera sido, ¿qué sería
          En mi lugar? ¿Más lirios o más rosas?
          O chorros de agua o gris de serranía
          O pedazos de niebla o mudas rocas.
          De alguna de esas cosas -la más fría-
          Me viene el corazón que las añora.
          Si yo no hubiera sido, el alma mía
          Repartida pondría en cada cosa
          Una chispa de amor.

          Nubes habría
          -Las que por mí estuvieran-, más que otras
          Nubes, lentas. (¡La nube que podría
          Haber sido!)

          ¿En el sitio, en la hora
          De qué árbol estoy, de qué armonía
          Más asequible y útil? Esta sombra
          Tan lejana parece que no es mía.
          Me siento extraña en mi ropaje; y rota
          En las aguas, en la monotonía
          Del viento sobre el mar, en la paz honda
          Del campo, en el sopor del mediodía.

          ¡Quién me volviera a la raíz remota
          Sin luz, sin fin, sin término y sin vía!

        Arriba

        El amor indeciso

          Un amor indeciso se ha acercado a mi puerta
          Y no pasa; y se queda frente a la puerta abierta.

          Yo le digo al amor: -¿Qué te trae a mi casa?
          Y el amor no responde, no saluda, no pasa.

          Es un amor pequeño que perdió su camino:
          Venía ya la noche. Y con la noche vino.

          ¡Qué amor tan pequeñito para andar con la sombra!
          ¿Qué palabra no dice, qué nombre no me nombra?

          ¿Qué deja ir o espera? ¿Qué paisaje apretado
          Se le quedó en el fondo de los ojos cerrado?

          Este amor nada dice. Este amor nada sabe:
          Es del color del viento, de la huella que un ave

          Deja en el viento. -Amor semi-despierto, tienes
          Los ojos neblinosos aun de Lázaro. Vienes

          De una sombra a otra sombra con los pasos trocados
          De los ebrios, los locos. ¡Y los resucitados!

          Extraño amor sin rumbo que me gana y me pierde,
          Que huele las naranjas y que las rosas muerde.

          Que todo lo confunde, lo deja, ¡y no lo deja!
          Que esconde estrellas nuevas en la ceniza vieja.

          Y no sabe morir ni vivir: y no sabe
          Que el mañana es tan solo el hoy muerto. El cadáver

          Futuro de este hoy claro, de esta hora cierta.
          Un amor indeciso se ha dormido a mi puerta.

        Arriba

        El cántaro azul

          Al atardecer iré
          Con mi cántaro azul al río,
          Para recoger la última
          Sombra del paisaje mío.

          Al atardecer el agua
          Lo reflejará muy vago;
          Con claridades de cielo
          Y claridades de lago.

          Por última vez el agua
          Reflejará mi paisaje.
          La cogeré suavemente
          Como quien coge un encaje.

          Serán al atardecer
          Más lejanas estas cosas...
          Más lejanas y más dulces,
          Más dulces y más borrosas.

          Después, ¡que venga la noche!
          Que ya lo tenue del sueño
          -De sueño olvidado-
          Lo delicado, gris, sedeño
          De tela antigua... y lo fino,
          Lo transparente de tul,
          ¡Serán un solo temblor
          Dentro del cántaro azul!

        Arriba

        El juego de la muerte

          Tu mano dura, rígida, apretando.
          Apretando, apretando hasta exprimir
          La sangre gota a gota.
          Tu mano, garra helada, garfio lento
          Que se hunde... Tu mano.
          ¿Ya?

          La sangre...
          No he gritado. No lloré apenas.
          Acabemos pronto ahora: ¿ves?,
          Estoy quieta y cansada.
          De una vez acabemos este juego
          Horrible de tu mano deslizándose
          -¡Todavía!-, suave y fría por mi espalda.

        Arriba

        El miedo

          No fue nunca.

          Lo pensaste quizás
          Porque la luna roja bañó el cielo de sangre
          O por la mariposa
          Clavada en el muestrario de cristal.
          Pero no fue: los astros se engañaron
          Y se engañó el oído
          Pegado noche y día al muro del silencio,
          Y el ojo que horadaba la distancia.
          ¡El miedo se engañó! Fue el miedo. El miedo
          Y la vigilia del amor sin lámpara.
          No sucedió jamás:
          Jamás. Lo pareció por lo sesgado,
          Por lo fino y lo húmedo y lo obscuro.
          Lo pareció tal vez de tal manera
          Que un instante la boca se nos llenó de tierra
          Como a los muertos.
          ¡Pero no fue! ¡Ese día no existió
          En ningún almanaque del mundo!

          De veras, no existió... la vida es buena.

        Arriba

        El niño quiere jugar

          Para que el niño de los ojos mansos juegue
          Arranqué del jardín mis rosas blancas.
          Y mis rosas rojas.

          Para que juegue con sus hojas
          El niño de los ojos mansos
          -Obscuros remansos
          Donde el alma sueña
          Que se ve otra vez
          Diáfana y risueña-.

          Para que juegue el niño
          De cuello de encaje, de capa de armiño...
          Como todos los niños
          Que se ven en los cuadros:
          ¡Inocente y cruel como todos los niños!

          En esta mañana de luz y fragancia
          Corté para el juego del niño que amo
          Las más frescas rosas, las rosas de Francia.
          Para que el niño juegue, las rosas más blancas.
          -¡Última blancura!-
          La rosa más pura.

          Para que juegue el niño
          En esta brillante mañana olorosa,
          La rosa más roja.

          ¡Aún tengo sangre para teñir una rosa!

        Arriba

        El tiempo

          I

          El beso que no te di
          Se me ha vuelto estrella dentro.
          ¡Quién lo pudiera tornar
          -Y en tu boca-, otra vez beso!

          II

          Quién pudiera como el río
          Ser fugitivo y eterno:
          Partir, llegar, pasar siempre
          Y ser siempre el río fresco.

          III

          Es tarde para la rosa.
          Es pronto para el invierno.
          Mi hora no está en el reloj.
          ¡Me quedé fuera del tiempo!

          IV

          Tarde, pronto, ayer perdido...
          Mañana inlogrado, incierto
          Hoy. ¡Medidas que no pueden
          Fijar, sujetar un beso!

          V

          Un kilómetro de luz,
          Un gramo de pensamiento.
          (De noche el reloj que late
          Es el corazón del tiempo...)

          VI

          Voy a medirme el amor
          Con una cinta de acero:
          Una punta en la montaña.
          La otra, ¡clávala en el viento!

        Arriba

        En mi verso soy libre

          En mi verso soy libre: él es mi mar.
          Mi mar ancho y desnudo de horizontes.

          En mis versos yo ando sobre el mar,
          Camino sobre olas desdobladas
          De otras olas y de otras olas... Ando
          En mi verso; respiro, vivo, crezco
          En mi verso, y en él tienen mis pies
          Camino y mi camino rumbo y mis
          Manos qué sujetar y mi esperanza
          Qué esperar y mi vida su sentido.

          Yo soy libre en mi verso y él es libre
          Como yo. Nos amamos. Nos tenemos.

          Fuera de él soy pequeña y me arrodillo
          Ante la obra de mis manos, la
          Tierna arcilla amasada entre mis dedos.
          Dentro de él, me levanto y soy yo misma.

        Arriba

        Espejismo

          Tú eres un espejismo en mi vía.
          Tú eres una mentira de agua
          Y sombra en el desierto. Te miran
          Mis ojos y no creen en ti.
          No estás en mi horizonte, no brillas
          Aunque brilles con una luz de agua.
          ¡No amarras aunque amarres la vida!
          No llegas aunque llegues, no besas
          Aunque beses. Reflejo, mentira
          De agua tus ojos. Ciudad
          De plata que me miente el prisma,
          Tus ojos... el verde que no existe,
          La frescura de ninguna brisa,
          La palabra de fuego que nadie
          Escribió sobre el muro... ¡Yo misma
          Proyectada en la noche por mi
          Ensueño, eso tú eres! No brillas
          Aunque brilles. No besa tu beso.
          ¡Quien te amó sólo amaba cenizas!

        Arriba

        Está bien lo que está

          Está bien lo que está:
          Sé que todo está bien.
          Sé el nexo.
          Y la razón.
          Y hasta el designio.
          Yo lo sé todo,
          Lo aprendí en un libro sin páginas,
          Sin letras y sin nombre.
          Y no soy como el loco
          Que se quema los dedos trémulos
          Por separar la llama rosa de la mecha negra.
          Pasó volando y me rozó la frente.
          Era buena la vida:
          Había rosas.
          Unos minutos antes me había sonreído un niño.
          Pasó volando y me rozó la frente.
          No sé por dónde vino
          Ni por dónde se perdió luego pálida y ligera.
          No recuerdo la fecha.
          No sabría decir de qué color era ni de qué forma;
          No sabría, de veras, decir nada.
          Pasó volando -había muchas rosas-
          Y era buena la vida todavía.

        Arriba

        Eternidad

          En mi jardín hay rosas
          Yo no te quiero dar
          Las rosas que mañana,
          Mañana no tendrás.

          En mi jardín hay pájaros
          Con cantos de cristal:
          No te los doy, que tienen
          Alas para volar.

          En mi jardín abejas
          Labran fino panal
          ¡Dulzura de un minuto
          No te la quiero dar!

          Para ti lo infinito
          O nada; lo inmortal
          O esta muda tristeza
          Que no comprenderás.

          La tristeza sin nombre
          De no tener qué dar
          O quien lleva en la frente
          Algo de eternidad.

          Deja, deja el jardín
          No toques el rosal:
          Las cosas que se mueren
          No se deben tocar.

        Arriba

        Hueles a rosa

          Hueles a rosa y se te abre en rosa
          Toda el alma rosada:
          ¿De qué rosal celeste desprendida
          Viniste a rozar, rosa, mi alma?
          Rosa, lento rosario de perfumes.
          Rosa tú eres. Y una rosa larga
          Que durará mañana y después de
          Mañana.

        Arriba

        La marcha

          Camino hacia la sombra.
          Voy hacia la ceniza mojada -fango de
          La muerte-, hacia la tierra.
          Voy caminando y dejo atrás el cielo,
          La luz, el amor. Todo lo que nunca fue mío.

          Voy caminando en línea recta; llevo
          Las manos vacías, los labios sellados.
          Y no es tarde, ni es pronto,
          Ni hay hora para mí.

          El mundo me fue ancho o me fue estrecho.
          La palabra no se me oyó o no la dije.
          Ahora voy caminando hacia el polvo,
          Hacia el fin, por una recta
          Que es ciertamente la distancia
          Más corta entre dos puntos negros.

          No he cogido una flor, no he tocado una piedra.
          Y ahora me parece que lo pierdo
          Todo, como si todo fuera mío.

          ¡Y más que el sol que arde el día entero
          Sobre ella, la flor sentirá el frío
          De no tener mi corazón que apenas tuvo!

          El mundo me fue estrecho o me fue ancho.
          De un punto negro a otro
          -Negro también-, voy caminando.

        Arriba

        La mujer de humo

          Hombre que me besas,
          Hay humo en tus labios.
          Hombre que me ciñes,
          Viento hay en tus brazos.

          Cerraste el camino,
          Yo seguí de largo;
          Alzaste una torre,
          Yo seguí cantando.

          Cavaste la tierra,
          Yo pasé despacio.
          Levantaste un muro
          ¡Yo me fui volando!

          Tú tienes la flecha:
          Yo tengo el espacio;
          Tu mano es de acero
          Y mi pie es de raso.

          Mano que sujeta,
          Pie que escapa blando.
          ¡Flecha que se tira!
          El espacio es ancho.

          Soy lo que no queda
          Ni vuelve. Soy algo
          Que disuelto en todo
          No está en ningún lado.

          Me pierdo en lo oscuro,
          Me pierdo en lo claro,
          En cada minuto
          Que pasa... en tus manos.

          Humo que se crece,
          Humo fino y largo,
          Crecido y ya roto
          Sobre un cielo pálido.

          Hombre que me besas,
          Tu beso es en vano.
          Hombre que me ciñes:
          ¡Nada hay en tus brazos!

        Arriba

        Poema XVII

          Hay algo muy sutil y muy hondo
          En volverse a mirar el camino andado.
          El camino en donde, sin dejar huella,
          Se dejó la vida entera.

        Arriba

        Poema XXIX

          En cada grano de arena hay un derrumbamiento de montaña.

        Arriba

        Poema XXVII

          Miro siempre al sol que se va
          Porque no sé qué algo mío se lleva.

        Arriba

        Poema XXXVII

          Ayer me bañé en el río.
          El agua estaba fría y me llenaba el pelo
          De hilachas de limo y hojas secas.
          El agua estaba fría; chocaba contra mi cuerpo
          Y se rompía en dos corrientes trémulas y oscuras.
          Y mientras todo el río iba pasando,
          Yo pensaba qué agua podría lavarme
          En la carne y en el alma
          La quemadura de un beso que no me toca,
          De esta sed tuya que no me alcanza.
          Si dices una palabra más, me moriré de tu voz,
          Que ya me está hincando el pecho,
          Que puede traspasarme el pecho
          Como una aguda, larga y exquisita espada.

        Arriba

        Poema LVII

          No te nombro; pero estás en mí como la música en la garganta del ruiseñor
          Aunque no esté cantando.

        Arriba

        Poema LVIII

          Estoy doblada sobre tu recuerdo como la mujer que vi
          Esta tarde lavando en el río.
          Horas y horas de rodillas, doblada por la cintura sobre
          Este río negro de tu ausencia.

        Arriba

        Poema LXI

          En el valle profundo de mis tristezas, tú te alzas
          Inconmovible y silencioso como una columna de oro.
          Eres de la raza del sol: moreno, ardiente y oloroso
          A resinas silvestres.
          Eres de la raza del sol, y a sol me huele tu carne quemada,
          Tu cabello tibio, tu boca oscura y caliente aún
          Como brasa recién apagada por el viento.
          Hombre del sol, sujétame con tus brazos fuertes,
          Muérdeme con tus dientes de fiera joven,
          Arranca mis tristezas y mis orgullos,
          Arrástralos entre el polvo de tus pies despóticos.
          ¡Y enséñame de una vez -ya que no lo sé todavía-
          A vivir o a morir entre tus garras!

        Arriba

        Poema CI

          La criatura de isla paréceme, no sé por qué, una
          Criatura distinta. Más leve, más sutil,
          Más sensitiva.
          Si es flor, no la sujeta la raíz; si es pájaro, su cuerpo
          Deja un hueco en el viento; si es niño, juega
          A veces con un petrel, con una nube.
          La criatura de isla trasciende siempre al mar que la
          Rodea y al que no la rodea.
          Va al mar, viene del mar y mares pequeñitos se
          Amansan en su pecho, duermen a su calor
          Como palomas.
          Los ríos de la isla son más ligeros que los otros ríos.
          Las piedras de la isla parece que van a salir
          Volando.
          Ella es toda de aire y de agua fina. Un recuerdo de sal,
          De horizontes perdidos, la traspasa en cada ola, y
          Una espuma de barco naufragado le ciñe la cintura,
          Le estremece la yema de las alas.
          Tierra firme llamaban los antiguos a todo lo que no
          Fuera isla. La isla es, pues, lo menos firme,
          Lo menos tierra de la tierra.

        Arriba

        Poema sin nombre

          He de amoldarme a ti como el río a su cauce,
          Como el mar a su playa, como la espada a su vaina.
          He de correr en ti,
          He de cantar en ti,
          He de guardarme en ti ya para siempre.
          Fuera de ti ha de sobrarme el mundo
          Como le sobra al río el aire, al mar la tierra,
          A la espada la mesa del convite.
          Dentro de ti no ha de faltarme
          Blandura de limo para mi corriente,
          Perfil de viento para mis olas,
          Ceñidura y reposo para mi acero.
          Dentro de ti está todo; fuera de ti no hay nada.
          Todo lo que eres tú está en su puesto;
          Todo lo que no seas tú me ha de ser vano.
          En ti quepo, estoy hecha a tu medida;
          Pero si fuera en mí donde algo falta, me crezco.
          Si fuera en mí donde algo sobra, lo corto.

        Arriba

        Precio

          Toda la vida estaba
          En tus pálidos labios.
          Toda la noche estaba
          En mi trémulo vaso.

          Y yo cerca de ti,
          Con el vino en la mano,
          Ni bebí ni bese.

          Eso pude: eso valgo.

        Arriba

        Selva

          Selva de mi silencio,
          Apretada de olor, fría de menta.

          Selva de mi silencio, en ti se mellan
          Todas las hachas; se despuntan
          Todas las flechas;
          Se quiebran
          Todos los vientos.

          Selva de mi silencio, ceniza de la voz
          Sin boca, ya sin eco; crispadura de yemas
          Que acechan el sol,
          Tras la espera
          Maraña verde, ¿qué nieblas
          Se te revuelven en un remolino?
          ¿Qué ala pasa cerca
          Que no se vea
          Succionada en el negro remolino?

          (La selva se cierra
          Sobre el ala que pasa y que rueda).

          Selva de mi silencio,
          Verde sin primavera,
          Tú tienes la tristeza
          Vegetal y el instinto vertical
          Del árbol. En ti empiezan
          Todas las noches de la tierra;
          En ti concluyen todos los caminos.

          Selva apretada de olor, fría de menta.

          Selva con tu casita de azúcar
          Y su lobo vestido de abuela;
          Trenzadura de hoja y de piedra,
          Masa hinchada, sembrada, crecida toda
          Para aplastar aquella,
          Tan pequeña,
          Palabra de amor.

        Arriba

        Si dices una palabra más

          Si dices una palabra más,
          Me moriré de tu voz,
          Que ya me está hincando el pecho,
          Que puede traspasarme el pecho
          Como una aguda, larga, exquisita espada.

          Si dices una palabra más
          Con esa voz tuya, de acero, de filo y de muerte;
          Con esa voz que es como una cosa tangible
          Que yo podría acariciar, estrujar, morder;
          Si dices una palabra más
          Con esa voz que me pones de punta en el pecho,
          Yo caería atravesada, muerta
          Por una espada invisible,
          Dueña del camino más recto a mi corazón.

        Arriba

        Si fuera nada más

          Si fuera nada más que una
          Sombra sin sombras; que una íntima
          Tiniebla de dentro para fuera.

          Si fuera-nada más-, la misma
          Tiniebla de hoy, o la de ayer,
          O la de todos los días.

          Y ninguna cosa más honda
          Ni más ardiente ni más fría.

          Si fuera como el retorno de un viaje
          Cansado, un encontrar la antigua
          Casa, la olvidada almohada
          Que más blanda parecería.

          Si ni siquiera fuera almohada
          Ni casa ni sombra ni vía
          De retorno o de fuga, ni
          Miel que recoger, ni acíbar.

          Si sólo fuera -al fin-, un breve
          Reintegrarse a la nada tibia.

        Arriba

        Si me quieres, quiéreme entera

          Si me quieres, quiéreme entera,
          No por zonas de luz o sombra.
          Si me quieres, quiéreme negra
          Y blanca. Y gris, y verde, y rubia,
          Y morena.
          Quiéreme día,
          Quiéreme noche.
          ¡Y madrugada en la ventana abierta!

          Si me quieres, no me recortes:
          ¡Quiéreme toda... o no me quieras!

        Arriba

        Siempre, amor

          Siempre, amor:
          Por arriba del beso
          Que fue comida de gusanos
          Y de la rosa que se pudre,
          Cada mañana azul, en la caja del muerto.
          Por arriba mil lunas de este hilo
          De baba que en el suelo
          Dejó el molusco pálido;
          Por arriba del pan mezclado con ceniza,
          De la mano crispada junto al hierro.
          Siempre, amor... más allá de toda fuga,
          De toda hiel, de todo pensamiento;
          Más allá de los hombres
          Y de la distancia y del tiempo.
          Siempre, amor:
          En la hora en que el cuerpo
          Se libra de su sombra... y en la hora
          En que la sombra va chupando el cuerpo.
          Siempre, amor. ¡Y estas dos palabras náufragas,
          Entre alma y piel clavadas contra el viento!

        Arriba

        Soneto

          Quiere el amor feliz -el que se posa
          Poco-, arrancar un verso al alma oscura:
          ¿Cuándo la miel necesitó dulzura?
          ¿Quién esencia de pomo echa en la rosa?

          Quédese en hojarasca temblorosa
          Lo que no pudo ser fruta madura:
          No se rima la dicha; se asegura
          Desnuda de palabras, se reposa.

          Si el verso es sombra, ¿qué hace con el mío
          La luz? Si es luz... la luz, ¿por qué lo extraña?
          ¡Quién besar puede, bese, y deje el frío
          Símbolo, el beso escrito! ¡En la maraña
          Del mapa no está el agua azul del río,
          Ni se apoya en su nombre la montaña!

        Arriba

        Yo te fui desnudando

          Yo te fui desnudando de ti mismo,
          De los "tús" superpuestos que la vida
          Te había ceñido.

          Te arranqué la corteza -entera y dura-
          Que se creía fruta, que tenía
          La forma de la fruta.

          Y ante el asombro vago de tus ojos
          Surgiste con tus ojos aún velados
          De tinieblas y asombros.

          Surgiste de ti mismo; de tu misma
          Sombra fecunda -intacto y desgarrado
          En alma viva-.

        Arriba


    Autores desconocidos


    Seguidores


    Indice autores conocidos

       Acuña, Manuel
       Alberti, Rafael
       Aldington, Richard
       Almagro, Ramón de
       Altolaguirre, Manuel
       Arteche, Miguel
       Baudelaire, Charles
       Beckett, Samuel
       Bécquer, Gustavo Adolfo
       Belli, Gioconda
       Benedetti, Mario - Parte I
       Benedetti, Mario - Parte II
       Bernárdez, Francisco Luis
       Blake, William
       Blanco, Andrés Eloy
       Bonnet, Piedad
       Borges, Jorge Luis
       Bosquet, Alain
       Bridges, Robert
       Browning, Robert
       Buesa, José Ángel
       Bukowski, Charles
       Camín, Alfonso
       Campoamor, Ramón de
       Castellanos, Rosario
       Celaya, Gabriel
       Cernuda, Luis
       Cortázar, Julio
       Cuesta, Jorge
       Darío, Rubén
       De Burgos, Julia
       De la Cruz, Sor Juana Inés
       Debravo, Jorge
       Delmar, Meira
       Díaz Mirón, Salvador
       Dickinson, Emily
       Donne, John
       Douglas, Keith
       Eguren, José María
       Espronceda, José de
       Ferrer, Marcelo D.
       Flores, Manuel
       Flórez, Julio
       Frost, Robert
       Gala, Antonio
       García Lorca, Federico
       Gelman, Juan
       Girondo, Oliverio
       Gómez Jattin, Raúl
       Gómez de Avellaneda, Gertrudis
       González, Ángel
       González Martínez, Enrique
       Guillén, Nicolás
       Gutiérrez Nájera, Manuel
       Hernández, Miguel
       Hesse, Hermann
       Hierro, José
       Hugo, Víctor
       Huidobro, Vicente
       Ibarbourou, Juana de
       Isaacs, Jorge
       Jiménez, Juan Ramón
       Joyce, James
       Keats, John
       Larkin, Philip
       Leopardi, Giacomo
       Lloréns Torres, Luis
       Lord Byron, George Gordon
       Lowell, Amy
       Loynaz, Dulce María
       Machado, Antonio
       Marchena, Julián
       Martí, José
       Milton, John
       Mistral, Gabriela
       Mitre, Eduardo
       Neruda, Pablo - Parte I
       Neruda, Pablo - Parte II
       Neruda, Pablo - Parte III
       Nervo, Amado - Parte I
       Nervo, Amado - Parte II
       Novo, Salvador
       Obligado, Pedro Miguel
       Otero, Blas de
       Owen, Gilberto
       Pacheco, José Emilio
       Palés Matos, Luis
       Parra, Nicanor
       Paz, Octavio - Parte I
       Paz, Octavio - Parte II
       Pedroni, José
       Pellicer, Carlos
       Pessoa, Fernando
       Pizarnik, Alejandra
       Plá, Josefina
       Poe, Edgar Allan
       Pombo, Rafael
       Raine, Kathleen
       Rébora, Marilina
       Reyes Ochoa, Alfonso
       Rimbaud, Arthur
       Rojas, Gonzalo
       Rojas, Jorge
       Romero, Elvio
       Ruy Sánchez, Alberto
       Sabines, Jaime
       Salinas, Pedro
       Santos Chocano, José
       Shakespeare, William
       Shelley, Percy Bysshe
       Silva, José Asunción
       Storni, Alfonsina
       Swann, Matilde Alba
       Symons, Julian
       Teillier, Jorge
       Tennyson, Alfred
       Thomas, Dylan
       Torres Bodet, Jaime
       Unamuno, Miguel de
       Urbina, Luis G.
       Vallejo, César
       Verlaine, Paul
       Villaurrutia, Xavier
       Whitman, Walt
       Wilde, Óscar
       Wordsworth, William
       Yeats, William Butler
       Zaid, Gabriel
       Zorrilla, José
       Zorrilla de San Martín, Juan


    Otros enlaces

       Webs amigas

    Visitas recibidas

    .
    Grandes poetas famosos | Great famous poets | Contacto: Monika Lekanda