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    Información biográfica

  1. A la inmensa minoría
  2. Aire libre
  3. Anchas sílabas
  4. Basta
  5. Canción cinco
  6. Ciegamente
  7. Crecida
  8. Cuerpo de mujer
  9. Cuerpo tuyo
  10. Desamor
  11. Digo vivir
  12. En castellano
  13. En el principio
  14. En nombre de muchos
  15. En un charco
  16. Entonces y además
  17. Es inútil
  18. Españahogándose
  19. Hija de Yago
  20. Hombre
  21. Ímpetu
  22. Juicio final
  23. La tierra
  24. Lo fatal
  25. Luego
  26. Mademoiselle Isabel, rubia y francesa
  27. Música tuya
  28. Pido la paz y la palabra
  29. Por caridad
  30. Relato
  31. Serenidad
  32. Tú, que hieres
  33. Tu vientre y otros resabios
  34. Un relámpago apenas
  35. Vi que estabas



    Información biográfica

      Nombre: Blas de Otero Muñoz
      Lugar y fecha nacimiento: Bilbao, Vizcaya (España), 15 de marzo de 1916
      Lugar y fecha defunción: Majadahonda, Madrid (España), 19 de junio de 1979 (63 años)

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      A la inmensa minoría

        Aquí tenéis, en canto y alma, al hombre
        Aquel que amó, vivió, murió por dentro
        Y un buen día bajó a la calle: entonces
        Comprendió: y rompió todos su versos.

        Así es, así fue. Salió una noche
        Echando espuma por los ojos, ebrio
        De amor, huyendo sin saber adónde:
        A donde el aire no apestase a muerto.

        Tiendas de paz, brizados pabellones,
        Eran sus brazos, como llama al viento;
        Olas de sangre contra el pecho, enormes
        Olas de odio, ved, por todo el cuerpo.

        ¡Aquí! ¡Llegad! ¡Ay! Ángeles atroces
        En vuelo horizontal cruzan el cielo;
        Horribles peces de metal recorren
        Las espaldas del mar, de puerto a puerto.

        Yo doy todos mis versos por un hombre
        En paz. Aquí tenéis, en carne y hueso,
        Mi última voluntad. Bilbao, a once
        De abril, cincuenta y uno.

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      Aire libre

        Si algo me gusta, es vivir.
        Ver mi cuerpo en la calle,
        Hablar contigo como un camarada,
        Mirar escaparates
        Y, sobre todo, sonreír de lejos
        A los árboles...

        También me gustan los camiones grises
        Y muchísimo más los elefantes.
        Besar tus pechos,
        Echarme en tu regazo y despeinarte,
        Tragar agua de mar como cerveza
        Amarga, espumeante.

        Todo lo que sea salir
        De casa, estornudar de tarde en tarde,
        Escupir contra el cielo de los tundras
        Y las medallas de los similares,
        Salir
        De esta espaciosa y triste cárcel,
        Aligerar los ríos y los soles,
        Salir, salir al aire libre, al aire.

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      Anchas sílabas

        Que mi pie te despierte, sombra a sombra
        He bajado hasta el fondo de la patria.
        Hoja a hoja, hasta dar con la raíz
        Amarga de mi patria.

        Que mi fe te levante, sima a sima
        He salido a la luz de la esperanza.
        Hombro a hombro, hasta ver un pueblo en pie
        De paz, izando un alba.

        Que mi voz brille libre, letra a letra
        Restregué contra el aire las palabras.
        Ah, las palabras. Alguien heló
        Los labios -bajo el sol- de España.

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      Basta

        Imaginé mi horror por un momento
        Que Dios, el solo vivo, no existiera,
        O que, existiendo, sólo consistiera
        En tierra, en agua, en fuego, en sombra, en viento.

        Y que la muerte, oh estremecimiento,
        Fuese el hueco sin luz de una escalera,
        Un colosal vacío que se hundiera
        En un silencio desolado, liento.

        Entonces ¿para qué vivir, oh hijos
        De madre, a qué vidrieras, crucifijos
        Y todo lo demás? Basta la muerte.

        Basta. Termina, oh Dios, de maltratarnos.
        O si no, déjanos precipitarnos
        Sobre Ti —ronco río que revierte.

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      Canción cinco

        Por los puentes de Zamora,
        Sola y lenta, iba mi alma.

        No por el puente de hierro,
        El de piedra es el que amaba.

        A ratos miraba al cielo,
        A ratos miraba al agua.

        Por los puentes de Zamora,
        Sola y lenta, iba mi alma.

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      Ciegamente

        Porque quiero tu cuerpo ciegamente.
        Porque deseo tu belleza plena.
        Porque busco ese horror, esa cadena
        Mortal, que arrastra inconsolablemente.

        Inconsolablemente. diente a diente,
        Vos bebiendo tu amor, tu noche llena.
        Diente a diente, Señor, y vena a vena
        Vas sorbiendo mi muerte. Lentamente.

        Porque quiero tu cuerpo y lo persigo
        A través de la sangre y de la nada.
        Porque busco tu noche toda entera.

        Porque quiero morir, morir contigo
        Esta horrible tristeza enamorada
        Que abrazarás, oh, Dios, cuando yo muera.

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      Crecida

        Con la sangre hasta la cintura, algunas veces
        Con la sangre hasta el borde de la boca,
        Voy
        Avanzando
        Lentamente, con la sangre hasta el borde de los labios
        Algunas veces,
        Voy
        Avanzando sobre este viejo suelo, sobre
        La tierra hundida en sangre,
        Voy
        Avanzando lentamente, hundiendo los brazos
        En sangre,
        Algunas
        Veces tragando sangre,
        Voy sobre Europa
        Como en la proa de un barco desmantelado
        Que hace sangre,
        Voy
        Mirando, algunas veces,
        Al cielo
        Bajo,
        Que refleja
        La luz de la sangre roja derramada,
        Avanzo
        Muy
        Penosamente, hundidos los brazos en espesa
        Sangre,
        Es
        Como una esperma roja represada,
        Mis pies
        Pisan sangre de hombres vivos
        Muertos,
        Cortados de repente, heridos súbitos,
        Niños
        Con el pequeño corazón volcado, voy
        Sumido en sangre
        Salida,
        Algunas veces
        Sube hasta los ojos y no me deja ver,
        No
        Veo más que sangre,
        Siempre
        Sangre,
        Sobre Europa no hay más que
        Sangre.

        Traigo una rosa en sangre entre las manos
        Ensangrentadas. Porque es que no hay más
        Que sangre,

        Y una horrorosa sed
        Dando gritos en medio de la sangre.

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      Cuerpo de mujer

        Tántalo en fugitiva fuente de oro.
        Quevedo

        Cuerpo de la mujer, río de oro
        Donde, hundidos los brazos, recibimos
        Un relámpago azul, unos racimos
        De luz rasgada en un frondor de oro.

        Cuerpo de la mujer o mar de oro
        Donde, amando las manos, no sabemos,
        Si los senos son olas, si son remos
        Los brazos, si son alas solas de oro...

        Cuerpo de la mujer, fuente de llanto
        Donde, después de tanta luz, de tanto
        Tacto sutil, de Tántalo es la pena.

        Suena la soledad de Dios. Sentimos
        La soledad de dos. Y una cadena
        Que no suena, ancla en Dios almas y limos.

      Arriba

      Cuerpo tuyo

        Esa tierra con luz es cielo mío.
        Alba de Dios, estremecidamente
        Subirá por mi sangre. Y un relente
        De llama, me dará tu escalofrío.

        Puente de dos columnas, y yo río.
        Tú, río derrumbado, y yo su puente
        Abrazando, cercando su corriente
        De luz, de amor, de sangre en desvarío.

        Ahora, brisa en la brisa. Seda suave.
        Ahora, puerta plegada, frágil llave.
        Muro de luz. Leve, sellado, ileso.

        Luego, fronda de Dios y sima mía.
        Ahora. Luego. Por tanto. Sí, por eso
        Deseada y sin sombra todavía.

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      Desamor

        Cuando tu cuerpo es nieve
        Perdida en un olvido deshelado,
        Y el aire no se atreve
        A moverse por miedo a lo olvidado;
        Y el mar, cuando se mueve
        E inventa otra postura,
        Es sólo por sentirse de este lado
        Más ágil de recuerdos y amargura.

        Cuando es ya nieve pura,
        Y tu alma señal de haber llorado,
        Y entre cartas y besos
        Amarillos suspiras porque, al verlas,
        No te serán ya ésos
        Más que -pendientes de los ojos- perlas;
        Y las rosas ilesos,
        Y los blancos sin roce,
        Entre cintas desnudas, enterradas,
        Reavivan el goce
        Triste de ver ya frías, desamadas,
        Las prendas y el amor que aún las conoce.

        Entonces a mí puedes
        Venir, llegar, oh, pluma que deriva
        Por los aires más solos:
        Yo tenderé y tiraré hacia arriba,
        Altos sueños, mis redes,
        Para que eterna, si antes fugitiva,
        Entre mis alas, no en mis brazos, quedes.

      Arriba

      Digo vivir

        Porque vivir se ha puesto al rojo vivo.
        (Siempre la sangre, oh Dios, fue colorada.)
        Digo vivir, vivir como si nada
        Hubiese de quedar de lo que escribo.

        Porque escribir es viento fugitivo,
        Y publicar, columna arrinconada.
        Digo vivir, vivir a pulso, airada-
        Mente morir, citar desde el estribo.

        Vuelvo a la vida con mi muerte al hombro,
        Abominando cuanto he escrito: escombro
        Del hombre aquel que fui cuando callaba.

        Ahora vuelvo a mi ser, torno a mi obra
        Más inmortal: aquella fiesta brava
        Del vivir y el morir. Lo demás sobra.

      Arriba

      En el principio

        Si he perdido la vida, el tiempo, todo
        Lo que tiré, como un anillo, al agua,
        Si he perdido la voz en la maleza,
        Me queda la palabra.

        Si he sufrido la sed, el hambre, todo
        Lo que era mío y resultó ser nada,
        Si he segado las sombras en silencio,
        Me queda la palabra.

        Si abrí los labios para ver el rostro
        Puro y terrible de mi patria,
        Si abrí los labios hasta desgarrármelos,
        Me queda la palabra.

      Arriba

      En nombre de muchos

        Para el hombre hambreante y sepultado
        En sed —salobre son de sombra fría—,
        En nombre de la fe que he conquistado:
        Alegría.

        Para el mundo inundado
        De sangre, engangrenado a sangre fría,
        En nombre de la paz que he voceado:
        Alegría.

        Para ti, patria, árbol arrastrado
        Sobre los ríos, ardua España mía,
        En nombre de la luz que ha alboreado:
        Alegría.

      Arriba

      En castellano

        Aquí tenéis mi voz
        Alzada contra el cielo de los dioses absurdos,
        Mi voz apedreando las puertas de la muerte
        Con cantos que son duras verdades como puños.

        Él ha muerto hace tiempo, antes de ayer. Ya hiede.
        Aquí tenéis mi voz zarpando hacia el futuro.
        Adelantando el paso a través de las ruinas,
        Hermosa como un viaje alrededor del mundo.

        Mucho he sufrido: en este tiempo, todos
        Hemos sufrido mucho.
        Yo levanto una copa de alegría en las manos,
        En pie contra el crepúsculo.

        Borradlo. Labraremos la paz, la paz, la paz,
        A fuerza de caricias, a puñetazos puros.
        Aquí os dejo mi voz escrita en castellano.
        España, no te olvides que hemos sufrido juntos.

      Arriba

      En el principio

        Si he perdido la vida, el tiempo, todo
        Lo que tiré, como un anillo, al agua,
        Si he perdido la voz en la maleza,
        Me queda la palabra.

        Si he sufrido la sed, el hambre, todo
        Lo que era mío y resultó ser nada,
        Si he segado las sombras en silencio,
        Me queda la palabra.

        Si abrí los labios para ver el rostro
        Puro y terrible de mi patria,
        Si abrí los labios hasta desgarrármelos,
        Me queda la palabra.

      Arriba

      En un charco

        No vengas ahora. (No vengas ahora,
        Aunque es de noche.)
        Huye.
        Hay días malos, días que crecen
        En un charco de lágrimas.

        Escóndete en tu cuarto y cierra la puerta y haz un nudo
        En la llave,
        Y mírate desnuda en el espejo, como
        En un charco de lágrimas.

        Me acuerdo que una vez me mordiste los ojos.
        Se te llenó la boca de pus y hiel; pisabas
        En un charco de lágrimas.

        Despréciame. Imagíname convertido en una ruta gris,
        Sucia, babeante, con las tripas esparcidas
        En un charco de lágrimas.

      Arriba

      Entonces y además

        Cuando el llanto, partido en dos mitades,
        Cuelga, sombríamente, de las manos,
        Y el viento, vengador, viene y va, estira
        El corazón, ensancha el desamparo.

        Cuando el llanto, tendido como un llanto
        Silencioso, se arrastra por las calles
        Solitarias, se enreda entre los pies,
        Y luego suavemente se deshace.

        Cuando morir es ir donde no hay nadie,
        Nadie, nadie; caer, no llegar nunca,
        Nunca, nunca; morirse y no poder
        Hablar, gritar, hacer la gran pregunta.

        Cuando besar una mujer desnuda
        Sabe a ceniza, a bajamar, a broza,
        Y el abrazo final es esa franja
        Sucia que deja, en bajamar, la ola.

        Entonces, y también cuando se toca
        Las dos manos el vacío, el hueco,
        Y no hay donde apoyarse, no hay columnas
        Que no sean de sombra y de silencio.

        Entonces, y además cuando da miedo
        Ser hombre, y estar solo es estar solo,
        Nada más que estar solo, sorprenderse
        De ser hombre, ajenarse: ahogarse sólo.

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      Es inútil

        Con hambre quedará si en esto queda...
        Juan Boscán

        Cada beso que doy, como un zarpazo
        En el vacío, es carne olfateada
        De Dios, hambre de dios, sed abrasada
        En la trenzada hoguera de un abrazo.

        Me pego a ti, me tiendo en tu regazo
        Como un náufrago atroz que gime y nada,
        Trago trozos de mar y agua rosada:
        Senos las olas son, suave el bandazo.

        Se te quiebran los ojos y la vida.
        Lloras sangre de Dios por una herida
        Que hace nacer, para el amor, la muerte.

        ¡Y es inútil pensar que nos unimos!
        ¡Es locura creer que pueda verte,
        Oh dios, abriendo, entre la sombra, limos!

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      Españahogándose

        Cuando pienso
        En el mar es decir
        La vida que uno ha envuelto desenvuelto
        Como
        Olas
        Sonoras
        Y sucedió que abril abrió sus árboles
        Y yo callejeaba iba venía
        Bajo la torre de san Miguel
        O más lejos
        Bajaba
        Las descarnadas calles de Toledo
        Pero es el mar
        Quien me lleva y des lleva en sus manos
        El mar desmemoriado
        Donde estoy son las márgenes
        Del Esla los esbeltos álamos
        Amarillos que menea el aire
        No sé oigo las olas
        De Orio Guetaria
        Elanchove las anchas
        Olas rabiosas
        Es decir la vida que uno hace
        Y deshace
        Cielos
        Hundidos días como diamante
        Una
        Guitarra en el Perchel de noche
        La playa rayada de fusiles
        Frente a Torrijos y sus compañeros.

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      Hija de Yago

        Aquí, proa de Europa preñadamente en punta;
        Aquí, talón sangrante del bárbaro Occidente;
        Áspid en piedra viva, que el mar dispersa y junta;
        Pánica Iberia, silo del sol, haza crujiente.

        Tremor de muerte, eterno tremor escarnecido,
        Ávidamente orzaba la proa hacia otra vida,
        En tanto que el talón, en tierra entrometido,
        Pisaba, horrible, el rostro de América adormida.

        ¡Santiago y cierra España! Derrostran con las uñas
        Y con los dientes rezan a un Dios de infierno en ristre,
        Encielan a sus muertos, entierran las pezuñas
        En la más ardua historia que la Historia registre.

        Alángeles y arcángeles se juntan contra el hombre.
        Y el hambre hace su presa, los túmulos su agosto.
        Tres años y cien caños de sangre Abel, sin nombre...
        (Insoportablemente terrible es su arregosto.)

        Madre y maestra mía, triste, espaciosa España,
        He aquí a tu hijo. Úngenos, madre. Haz
        Habitable tu ámbito. Respirable tu extraña
        Paz. Para el hombre, Paz. Para el aire, madre, paz.

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      Hombre

        Luchando, cuerpo a cuerpo, con la muerte,
        Al borde del abismo, estoy clamando
        A Dios. Y su silencio, retumbando,
        Ahoga mi voz en el vacío inerte.

        Oh Dios. Si he de morir, quiero tenerte
        Despierto. Y, noche a noche, no sé cuándo
        Oirás mi voz. Oh Dios. Estoy hablando
        Solo. Arañando sombras para verte.

        Alzo la mano, y tú me la cercenas.
        Abro los ojos: me los sajas vivos.
        Sed tengo, y sal se vuelven tus arenas.

        Esto es ser hombre: horror a manos llenas.
        Ser —y no ser— eternos, fugitivos.
        ¡Ángel con grandes alas de cadenas!

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      Ímpetu

        Mas no todo ha de ser ruina y vacío.
        No todo desescombro ni deshielo.
        Encima de este hombro llevo el cielo,
        Y encima de este otro, un ancho río

        De entusiasmo. Y, en medio, el cuerpo mío,
        Árbol de luz gritando desde el suelo.
        Y, entre raíz mortal, fronda de anhelo,
        Mi corazón en pie, rayo sombrío.

        Sólo el ansia me vence. Pero avanzo
        Sin dudar, sobre abismos infinitos,
        Con la mano tendida: si no alcanzo

        Con la mano, ¡ya alcanzaré con gritos!
        Y sigo, siempre, en pie, y así, me lanzo
        Al mar, desde una fronda de apetitos.

      Arriba

      Juicio final

        Yo, pecador, artista del pecado,
        Comido por el ansia hasta los tuétanos,
        Yo, tropel de esperanza y de fracasos,
        Estatua del dolor, firma del viento.

        Yo, pecador, en fin, desesperado
        De sombras y de sueños: me confieso
        Que soy un hombre en situación de hablaros
        De la vida. Pequé. No me arrepiento.

        Nací para narrar con estos labios
        Que barrerá la muerte un día de éstos,
        Espléndidas caídas en picado
        Del bello avión aquel de carne y hueso.

        Alas arriba disparó los brazos,
        Alardeando de tan alto invento;
        Plumas de níquel. Escribid despacio.
        Helas aquí, hincadas en el suelo.

        Este es mi sitio. Mi terreno. Campo
        De aterrizaje de mis ansias. Cielo
        Al revés. Es mi sitio y no lo cambio
        Por ninguno. Caí. No me arrepiento.

        Ímpetus nuevos nacerán, más altos.
        Llegaré por mis pies -¿para qué os quiero?-
        A la patria del hombre: al cielo raso
        De sombras ésas y de sueños ésos.

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      La tierra

        De tierra y mar, de fuego y sombra pura,
        Esta rosa redonda, reclinada
        En el espacio, rosa volteada
        Por las manos de Dios, ¡cómo procura

        Sostenemos en pie y en hermosura
        De cielo abierto, oh inmortalizada
        Luz de la muerte hiriendo nuestra nada!
        La Tierra: girasol; poma madura.

        Pero viene un mal viento, un golpe frío
        De las manos de Dios, y nos derriba.
        Y el hombre, que era un árbol, ya es un río.

        Un río echado, sin rumor, vacío,
        Mientras la tierra sigue a la deriva,
        ¡Oh Capitán, oh Capitán, Dios mío!

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      Lo fatal

        Entre enfermedades y catástrofes
        Entre torres turbias y sangre entre los labios
        Así te veo así te encuentro
        Mi pequeña paloma desguarnecida
        Entre embarcaciones con los párpados entornados
        Entre nieve y relámpago
        Con tus brazos de muñeca y tus muslos de maleza
        Entre diputaciones y farmacias
        Irradiando besos de la frente
        Con tu pequeña voz envuelta en un pañuelo
        Con tu vientre de hostia transparente
        Entre esquinas y anuncios depresivos
        Entre obispos
        Con tus rodillas de amapola pálida
        Así te encuentro y te reconozco
        Entre todas las catástrofes y escuelas
        Asiéndome el borde del alma con tus dedos de humo
        Acompañando mis desastres incorruptibles
        Paloma desguarnecida
        Juventud cabalgando entre las ramas
        Entre embarcaciones y muelles desolados
        Última juventud del mundo
        Telegrama planchado por la aurora
        Por los siglos de los siglos
        Así te veo así te encuentro
        Y pierdo cada noche caída entre alambradas
        Irradiando aviones en el radar de tu corazón
        Campana azul del cielo
        Desolación del atardecer
        Así cedes el paso a las muchedumbres
        Única como una estrella entre cristales
        Entre enfermedades y catástrofes
        Así te encuentro en mitad de la muerte
        Vestida de violeta y pájaro entrevisto
        Con tu distraído pie
        Descendiendo las gradas de mis versos.

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      Luego

        Cuando te vi, oh cuerpo en flor desnudo.
        Creí ya verle a Dios en carne viva.
        No sé qué luz, de dentro, de quién, iba
        Naciendo, iba envolviendo tu desnudo

        Amoroso, oh aire, oh mar desnudo.
        Una brisa vibrante, fugitiva,
        Ibas fluyendo, un agua compasiva,
        Tierna, tomada entre un frondor desnudo.

        Te veía, sentía y te bebía,
        Solo, sediento, con palpar de ciego,
        Hambriento, sí, ¿de quién?, de Dios sería.

        Hambre mortal de Dios, hambriento hasta
        La saciedad, bebiendo sed, y, luego,
        Sintiendo, ¡por qué, oh Dios!, que eso no basta.

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      Mademoiselle Isabel, rubia y francesa

        Mademoiselle Isabel, rubia y francesa,
        Con un mirlo debajo de la piel,
        No sé si aquél o ésta, oh mademoiselle
        Isabel, canta en él o si él en esa.

        Princesa de mi infancia; tú, princesa
        Promesa, con dos senos de clavel;
        yo, le livre, le crayon, le... le... oh Isabel,
        Isabel... tu jardín tiembla en la mesa.

        De noche, te alisabas los cabellos,
        Yo me dormía, meditando en ellos
        Y en tu cuerpo de rosa: mariposa

        Rosa y blanca, velada con un velo.
        Volada para siempre de mi rosa
        -Mademoiselle Isabel- y de mi cielo.

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      Música tuya

        ¿Es verdad que te gusta verte hundida
        En el mar de la música; dejarte
        Llevar por esas alas; abismarte
        En esa luz tan honda y escondida?

        Si es así, no ames más; dame tu vida,
        Que ella es la esencia y el clamor del arte;
        Herida estás de Dios de parte a parte,
        Y yo quiero escuchar sólo esa herida.

        Mares, alas, intensas luces libres,
        Sonarán en mi alma cuando vibres,
        Ciega de amor, tañida entre mis brazos.

        Y yo sabré la música ardorosa
        De unas alas de Dios, de una luz rosa,
        De un mar total con olas como abrazos.

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      Pido la paz y la palabra

        Escribo
        En defensa del reino
        Del hombre y su justicia. Pido
        La paz
        Y la palabra. He dicho
        "Silencio",
        "sombra",
        "vacío"
        Etcétera.
        Digo
        "Del hombre y su justicia",
        "Océano pacífico",
        Lo que me dejan.
        Pido
        La paz y la palabra.

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      Por caridad

        Laura,
        Paloma amedrentada,
        Hija del campo, qué existencia ésta,
        Dices, con el hijo a cuestas
        Desde tus veinte años,
        Tres años en la Maternidad
        Fregando los suelos,
        Por caridad
        (Por caridad, te dejan fregar el suelo),
        Ahora en la calle
        Y entre mis brazos,
        Laura,
        Te amo directamente,
        No
        Por caridad,
        Estás cansada
        De todo,
        De sufrir frío,
        De tu pequeño acordeón
        Entre las piernas,
        Del desamor,
        Pero no olvides
        (Nunca),
        Yo te amo directamente,
        Y no
        Por caridad.

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      Relato

        Recuerdo. No recuerdo. El viento. El mar.
        Un hombre al borde del cantil. El viento.
        El mar desamarrando olas horribles.
        Un hombre al borde de un cantil. Recuerdo.
        No recuerdo. Los brazos
        Alzados hacia un cielo ceniciento.
        El viento. El golpe de las olas
        Contra las rocas.
        Un hombre al borde
        De la muerte.
        El mar.
        El cielo, mudo. Ceniciento. El cielo.
        Recuerdo. Oigo las olas.
        El viento. Entre las sienes. No recuerdo.
        Un hombre
        Al borde de un cantil, gritando. Abriendo
        Y cerrando los brazos.
        Un hombre ciego.
        Recuerdo. Alzó la frente. Un viento frío
        Le azotó el alma. No recuerdo. Veo
        El mar.
        Nado por dentro.
        Avanzo
        Hacia una luz, hacia una luz. No veo.
        Escucho
        Un silencio de yelo.
        Y braceo, braceo hacia la luz,
        Y tropiezo,
        Y braceo, y emerjo bajo el sol
        ¡Oh júbilo!, y avanzo... y no recuerdo
        Más. Esto es todo cuanto sé. Sabedlo.

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      Serenidad

        Serenidad, seamos siempre buenos
        Amigos. Caminemos reposada-
        Mente. La frente siempre sosegada
        Y siempre sosegada el alma. Menos

        Mal que bebí de tus venenos,
        Inquietud, y no me supiste a nada.
        El aire se serena, remansada
        Música suena de acordes serenos.

        No moverán la hoja sostenida
        Con mis dedos, a contra firmamento
        En medio del camino de mi vida.

        Vísteme de hermosura el pensamiento,
        Serenidad, perennemente unida
        Al árbol de mi vida a contra viento.

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      Tú, que hieres

        Serenidad, seamos siempre buenos
        Amigos. Caminemos reposada-
        Mente. La frente siempre sosegada
        Y siempre sosegada el alma. Menos

        Mal que bebí de tus venenos,
        Inquietud, y no me supiste a nada.
        El aire se serena, remansada
        Música suena de acordes serenos.

        No moverán la hoja sostenida
        Con mis dedos, a contra firmamento
        En medio del camino de mi vida.

        Vísteme de hermosura el pensamiento,
        Serenidad, perennemente unida
        Al árbol de mi vida a contra viento.

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      Tu vientre y otros resabios

        La juventud
        Su paso acelerado ojos de acero manos más de dos
        Alegría
        Escuchar un disco cuadrado hacer el amor con la mujer
        Del prójimo (¿no somos todos prójimos?)
        El aturdimiento del atardecer
        El microcosmos de la física moderna
        -Después de muerto me basta ser electrón-
        Mi juventud tirada por la ventana
        Tu piel papel de seda
        Tus senos uno al sol el otro en la sombra
        Mi deambular por los barrios galdosianos
        El electroshock de súbito
        Alegría
        Dios es bueno en tanto la mujer responda
        Quédate esta noche a desayunar
        Me permito exclamar oh tu entrepierna en voz baja
        Quiero vivir en América
        Qué coño en América del Sur,
        He visto demasiadas tierras
        Todas caben en tu axila
        Salgamos de la habitación por la puerta de urgencia
        Compremos un buen periódico clara utopía
        Y saludemos a la juventud desde los cincuenta y siete años
        Como diecisiete como veintiuno como tu vientre de malvavisco.

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      Un relámpago apenas

        Besas como si fueses a comerme.
        Besas besos de mar, a dentelladas.
        Las manos en mis sienes y abismadas
        Nuestras miradas. Yo, sin lucha, inerme,

        Me declaro vencido, si vencerme
        Es ver en ti mis manos maniatadas.
        Besas besos de Dios. A bocanadas
        Bebes mi vida. Sorbes. Sin dolerme,

        Tiras de mi raíz, subes mi muerte
        A flor de labio. Y luego, mimadora,
        La brisas y la rozas con tu beso.

        Oh Dios, oh Dios, oh Dios, si para verte
        Bastara un beso, un beso que se llora
        Después, porque, ¡oh, por qué!, no basta eso.

      Arriba

      Vi que estabas

        Volví la frente: Estabas. Estuviste
        Esperándome siempre.
        Detrás de una palabra
        Maravillosa, siempre.

        Abres y cierras, suave, el cielo.
        Como esperándote, amanece.
        Cedes la luz, mueves la brisa
        De los atardeceres.

        Volví a la vida; vi que estabas
        Tejiendo, destejiendo siempre.
        Silenciosa, tejiendo
        (Tarde es, amor, ya tarde y peligroso.)
        Y destejiendo nieve...

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