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    Información biográfica

  1. Alargaba la mano y te tocaba
  2. Almuñecar
  3. Arrebátame, amor, águila esquiva
  4. Atardeció sin ti
  5. Aún eres mío, porque no te tuve
  6. Bagdag
  7. Bahía
  8. Bajo qué ramas, di, bajo qué ramas
  9. Bajo los fuegos de fugaces colores
  10. ¿Cómo comer sin ti?
  11. Cómo retumba amor, cómo resuena
  12. Condena
  13. El arma que te di pronto la usaste
  14. Ella
  15. Enemigo íntimo
  16. Era invierno; llegaste y fue verano
  17. Es hora ya de levantar el vuelo
  18. Hoy encuentro, temblando ya y vacía
  19. La luna nos buscó desde la almena
  20. Maitines
  21. Mediterráneo
  22. Me sorprendió el verano traicionero
  23. Mi cinturón aprieta tu cintura
  24. Mientras yo te besaba
  25. Nadie mojaba el aire
  26. No por amor, no por tristeza
  27. Por saber tuyo el vaso en que bebías
  28. Por mi cuello tu mes de abril resbala
  29. Quién pudiera morderte lentamente
  30. Quizá el amor es simplemente esto
  31. Si todo acabó ya
  32. Si ya no vienes, ¿para qué te aguardo?
  33. Soneto verde
  34. Tengo la boca amarga y no he mordido
  35. Tu amor, ayer tan firme, es tan ajeno
  36. Tú me abandonarás en primavera
  37. Viene y se va, caliente de oleaje
  38. Voy a hacerte feliz. Sufrirás tanto
  39. Y la luna eras tú
  40. Ya nunca más diré: "Todo termina"




    Información biográfica

      Nombre: Antonio Gala Velasco
      Lugar y fecha nacimiento: Brazatortas, Ciudad Real (España), 2 de octubre de 1930

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      Alargaba la mano y te tocaba

        Alargaba la mano y te tocaba.
        Te tocaba: rozaba tu frontera,
        El suave sitio donde tú terminas,
        Sólo míos el aire y mi ternura.
        Tú moras en lugares indecibles,
        Indescifrable mar, lejana luz
        Que no puede apresarse.
        Te me escapabas, de cristal y aroma,
        Por el aire, que entraba y que salía,
        Dueño de ti por dentro. Y yo quedaba fuera,
        En el dintel de siempre, prisionero
        De la celda exterior.

        La libertad
        Hubiera sido herir tu pensamiento,
        Trasponer el umbral de tu mirada,
        Ser tú, ser tú de otra manera. Abrirte,
        Como una flor, la infancia , y aspirar
        Su esencia y devorarla. Hacer
        Comunes humo y piedra. Revocar
        El mandato de ser. Entrar. Entrarnos
        Uno en el otro. Trasponer los últimos
        Límites. Reunirnos...

        Alargaba la mano y te tocaba.
        Tú mirabas la luz y la gavilla.
        Eras luz y gavilla, plenitud
        En ti misma, rotunda como el mundo.
        Caricias no valían, ni cuchillos,
        Ni cálidas mareas. Tú, allí, a solas,
        Sonriente, apartada, eterna tú.
        Y yo, eterno, apartado, sonriente,
        Remitiéndote pactos inservibles,
        Alianzas de cera.

        Todo estuvo de nuestra parte, pero
        Cuál era nuestra parte, el punto
        De coincidencia, el tacto
        Que pudo ser llamado sólo nuestro.

        Una voz, en la calle, llama y otra
        Le responde. Dos manos se entrelazan.
        Uno en otro, los labios se acomodan;
        Los cuerpos se acomodan. Abril, clásico,
        Se abate, emperador de los encuentros.
        ¿Esto era amor? La soledad no sabe
        Qué responder: persiste, tiembla, anhela
        Destruirse. Impaciente
        Se derrama en las manos ofrecidas.
        Una voz en la calle... Cuánto olor,
        Cuánto escenario para nada. Miro
        Tus ojos. Yo miro los ojos tuyos;
        Tú, los míos: ¿esto se llama amor?

        Permanecemos. Sí, permanecemos
        No indiferentes, pero diferentes. Somos
        Tú y yo: los dos, desde la orilla
        De la corriente, solos, desvalidos,
        La piel alzada como un muro, solos
        Tú y yo, sin fuerza ya, sin esperanza.
        Idénticos en todo,
        Sólo en amor distintos.
        La tristeza, sedosa, nos envuelve
        Como una niebla: ése es el lazo único;
        Esa la patria en que nos encontramos.
        Por fin te identifico con mis huesos
        En el candor de la desesperanza.
        Aquí estamos nosotros: desvaídos
        Los dos, borrados, más difíciles,
        A punto de no ser... ¿Amor es esto?
        ¿Acaso amor es esta no existencia
        De tanto ser? ¿Es este desvivirse
        Por vivir? Ya desangrado
        De mí, ya inmóvil en ti, ya
        Alterado, el recuerdo se reanuda.
        Se reanuda la inútil existencia...
        Y alargaba la mano y te tocaba.

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      Almuñécar

        Durante un anochecer en esta playa te amé tanto
        Que una respiración
        Para los dos bastaba.
        Suspendieron el mar, para mirarnos,
        Su armonioso escalofrío,
        Y su unánime vuelo de gaviotas.
        Se divertía el agua, sonrosada,
        Como si fuera a amanecer,
        Y se posó el silencio sobre el aire
        Lo mismo que un jilguero en una rama.
        No existía para el amor
        Futuro ni pretérito:
        Todo era eterno instante...
        Y de repente, sobre tus hombros
        Observé, mientras te besaba,
        Que nos veían ojos codiciosos.
        No supe si eran de los viejos fenicios
        O quizá de la noche...
        No tardó en quedar claro
        Dónde va el ruiseñor cuando mayo termina.
        La muerte que los devoró a ellos,
        Sigilosa nos acechaba.
        Nuestro amor, como el de ellos, fue vencido.
        Pero yo te amo todavía.

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      Arrebátame, amor, águila esquiva

        Arrebátame, amor, águila esquiva,
        Mátame a desgarrón y a dentellada,
        Que tengo ya la queja amordazada
        Y entre tus garras la intención cautiva.

        No finjas más, no ocultes la excesiva
        Hambre de mí que te arde en la mirada.
        No gires más la faz desmemoriada
        Y muerde de una vez la carne viva.

        Batir tu vuelo siento impenetrable,
        En retirada siempre y al acecho.
        Tu sed eterna y ágil desafío.

        Pues que eres al olvido invulnerable,
        Vulnérame ya, amor, deshazme el pecho
        Y anida en él, demonio y ángel mío.

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      Atardeció sin ti

        Atardeció sin ti. De los cipreses...
        A las torres, sin ti me estremecía.
        Qué desgana esperar un nuevo día
        Sin que me abraces y sin que me beses.

        A fuerza de tropiezos y reveses
        La piel de la esperanza se me enfría.
        Qué agonía ocultarte mi agonía,
        Y qué resurrección si me entendieses.

        Atardeció sin ti. Seguro y lento,
        El sol se derrumbó, limón maduro,
        Y a solas recibí su último aliento.

        Quién me viera caer, lento y seguro,
        Sin más calor ni más resurgimiento,
        Gris el alma y frustrada entre lo oscuro.

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      Aún eres mío, porque no te tuve

        Aún eres mío, porque no te tuve.
        Cuánto tardan, sin ti,
        Las olas en pasar...

        Cuando el amor comienza, hay un momento
        En que Dios se sorprende
        De haber urdido algo tan hermoso.
        Entonces, se inaugura
        -Entre el fulgor y el júbilo-
        El mundo nuevamente,
        Y pedir lo imposible
        No es pedir demasiado.

        Fue a la vera del mar, a medianoche.
        Supe que estaba Dios,
        Y que la arena y tú
        Y el mar y yo y la luna
        Éramos Dios. Y lo adoré.

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      Bagdag

        Tenía tanta necesidad de que me amaras,
        Que nada más llegar te declaré mi amor.
        Te quité luces, puentes y autopistas,
        Ropas artificiales.
        Y te dejé desnuda, inexistente casi,
        Bajo la luna y mía.
        A las princesas sumerias,
        Cuando fueron quemadas con joyas rutilantes,
        Les brillaban aún sus dientes jóvenes;
        Se quebraron sus cráneos antes que sus collares;
        Se fundieron sus ojos antes que sus preseas...
        Bajo la luna aún brillaban sus dientes,
        Mientras te poseí desnuda y mía.

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      Bahía

        ¿Cómo comer sin ti, sin la piadosa
        Costumbre de tus alas
        Que refrescan el aire y renuevan la luz?
        Sin ti, ni el pan ni el vino,
        Ni la vida, ni el hambre, ni el jugoso
        Color de la mañana
        Tienen ningún sentido ni para nada sirven.
        Allá fuera está el mar,
        Allá fuera, en el mundo, estás tú.
        Comiendo tú sin mí:
        Tu hambre, tu pan, tu vino y tu mañana.
        Yo aquí, ante los manteles opacos
        Y la bebida amarga,
        Ante platos sin sabor ni colores.
        Lo intento, sí, lo intento, pero cómo
        Comer sin ti, ni para qué...
        Tú te has llevado tu olor a bosque
        Y el gusto de la vida.
        Fuera están mar y aire.
        Dentro, yo solo frente a la mesa puesta
        Que ha perdido su voz y su alegría.

      Arriba

      Bajo qué ramas, di, bajo qué ramas

        Bajo qué ramas, di, bajo qué ramas
        De verde olvido y corazón morado
        La roja danza muerde tus talones
        Y te estrechan amantes amarillos.

        Desde qué repentina lontananza
        Giras, me nombras, saltas entre el aire,
        Mientras yo permanezco absorto en sueños
        Aún dormida creyéndote en mi alcoba.

        Qué plateada tristeza te reviste,
        Si alegre hasta tu alegre voz acudo,
        Los pies descalzos, para entrelazarme
        Sal paso de tu danza apresurada.

        Dónde te vas cuando te vas y lloran
        Las colinas, a solas con tu nombre
        Para siempre, hasta oír al lado mío
        Tu voz que me pregunta a quién aguardo.

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      Bajo los fuegos de fugaces colores

        Bajo los fuegos de fugaces colores
        Que iluminan el aire de la noche,
        Dame tu mano.
        Mira abrirse las palmeras doradas, rojas, verdes;
        Caen los frutos azules de la altura;
        Rasgan el negro terciopelo
        Las estelas de plata...
        En tus ojos yo veo el frío ardor,
        Artificial y efímero
        De los castillos que veloces surgen
        Y veloces se extinguen.
        Dame tu mano: es todo cuanto tengo
        En medio de esta falsa
        Riqueza, de esta dádiva
        Que fugazmente se otorga y se consume.
        Así es todo: organizado y yerto
        Brota el amor, crece, se desparrama, se hunde,
        Vuelve la oscuridad
        En la que, previsto y bien envuelto, yacía.
        Nada, nada...
        Dame tu mano. Entre los irisados estampidos
        Alegres sólo para los alegres,
        Se esfuma el corazón, igual que una girándula
        Demasiado mojada para arder o dar luz.
        En este tornasolado e intrincado bosque
        Dame tu mano para que no me pierda.

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      ¿Cómo comer sin ti?

        ¿Cómo comer sin ti, sin la piadosa
        Costumbre de tus alas
        Que refrescan el aire y renuevan la luz?
        Sin ti, ni el pan ni el vino,
        Ni la vida, ni el hambre, ni el jugoso
        Color de la mañana
        Tienen ningún sentido ni para nada sirven.
        Allá fuera está el mar.
        Allá fuera, en el mundo, estás tú.
        Comiendo tú sin mí:
        Tu hambre, tu pan, tu vino y tu mañana.
        Yo aquí, ante los manteles opacos
        Y la bebida amarga,
        Ante platos sin sabor ni colores.
        Lo intento, sí, lo intento, pero cómo
        Comer sin ti, ni para qué...
        Tú te has llevado tu olor a bosque
        Y el gusto de la vida.
        Fuera están mar y aire.
        Dentro, yo solo frente a la mesa puesta
        Que ha perdido su voz y su alegría.

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      Cómo retumba amor, cómo resuena

        Cómo retumba amor, cómo resuena
        Tu nombre, suelto en flor, por los collados:
        Su aletear de palomos azorados
        Ni el orden de la noche lo serena.

        Cuánta luna y qué olor de luna llena
        Empapan con su lino los sembrados.
        Brilla tu nombre en los desiertos prados,
        Y en el tobillo siento su cadena.

        Vendrá la luz, regresará la hora
        En que, abierta, la luz despavorida
        Vierta sonora sangre de granada.

        Vendrá otra vez la sangre más sonora
        Golpeando en las llagas de la vida,
        Pero estará la vida ejecutada.

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      Condena

        A trabajos forzados me condena
        Mi corazón, del que te di la llave.
        No quiero yo tormento que se acabe,
        Y de acero reclamo mi cadena.

        Ni concibe mi mente mayor pena
        Que libertad sin beso que la trabe,
        Ni castigo concibe menos grave
        Que una celda de amor contigo llena.

        No creo en más infierno que tu ausencia.
        Paraíso sin ti, yo lo rechazo.
        Que ningún juez declare mi inocencia,

        Porque, en este proceso a largo plazo
        Buscaré solamente la sentencia
        A cadena perpetua de tu abrazo.

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      El arma que te di pronto la usaste

        El arma que te di pronto la usaste
        Para herirme a traición y sangre fría.
        Hoy te reclamo el arma, otra vez mía,
        Y el corazón en el que la clavaste.

        Si en tu poder y fuerza confiaste,
        De ahora en adelante desconfía:
        Era mi amor el que te permitía
        Triunfar en la batalla en que triunfaste.

        Aunque aún mane la sangre del costado
        Donde melló su filo tu imprudencia,
        Ya el tiempo terminó de tu reinado.

        Hecho a los gestos de la violencia,
        Con tu mala costumbre ten cuidado;
        Tú solo no te hieras en mi ausencia.

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      Ella

        Bebió en tu boca el tiempo enamorado
        Y la cuajó con besos de paloma.
        Casto tu cuello, sobre el oro asoma
        Tan sólo por el oro acariciado.

        Lunado el pelo, el corazón lunado,
        Rubor apenas por el aire aroma.
        Amapola ritual tu torso toma
        Y te aparta del mar verde azulado.

        Tu mirada de miel, marisma ardiente,
        La luz antigua con las luces nuevas
        -Recién despierta y ya cansada- alía.

        Te duele la victoria, y dócilmente
        A cuestas tu destino de amor llevas,
        Delicada y sangrienta vida mía.

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      Enemigo íntimo

        Hay tardes en que todo
        Huele a enebro quemado
        Y a tierra prometida.
        Tardes en que está cerca el mar y se oye
        La voz que dice: "Ven".
        Pero algo nos retiene todavía
        Junto a los otros: el amor, el verbo
        Transitivo, con su pequeña garra
        De lobezno o su esperanza apenas.
        No ha llegado el momento. La partida
        No puede improvisarse, porque sólo
        Al final de una savia prolongada,
        De una pausada sangre,
        Brota la espiga desde
        La simiente enterrada.

        En esas largas
        Tardes en que se toca casi el mar
        Y su música, un poco
        Más y nos bastaría
        Cerrar los ojos para morir. Viene
        De abajo la llamada, del lugar
        Donde se desmorona la apariencia
        Del fruto y sólo queda su dulzor.
        Pero hemos de aguardar
        Un tiempo aún: más labios, más caricias,
        El amor otra vez, la misma, porque
        La vida y el amor transcurren juntos
        O son quizá una sola
        Enfermedad mortal.

        Hay tardes de domingo en que se sabe
        Que algo está consumándose entre el cálido
        Alborozo del mundo,
        Y en las que recostar sobre la hierba
        La cabeza no es más que un tibio ensayo
        De la muerte. Y está
        Bien todo entonces, y se ordena todo,
        Y una firme alegría nos inunda
        De abril seguro. Vuelven
        Las estrellas el rostro hacia nosotros
        Para la despedida.
        Dispone un hueco exacto
        La tierra. Se percibe
        El pulso azul del mar. "Esto era aquello".
        Con esmero el olvido ha principiado
        Su menuda tarea...

        Y de repente
        Busca una boca nuestra boca, y unas
        Manos oprimen nuestras manos y hay
        Una amorosa voz
        Que nos dice: "Despierta.
        Estoy yo aquí. Levántate". Y vivimos.

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      Era invierno; llegaste y fue verano

        Era invierno; llegaste y fue verano.
        Cuando llegue el verano verdadero,
        ¿Qué será de nosotros?
        ¿Quién calentará el aire
        Más que agosto y que julio?
        Tengo miedo
        De este error de los meses que has traído.
        ¿Quién es nuestro aliado: tú o yo?
        Cuando llegue el verano
        Quizá el aire esté frío...
        Era invierno y llegaste.

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      Es hora ya de levantar el vuelo

        Es hora ya de levantar el vuelo,
        Corazón, dócil ave migratoria.
        Se ha terminado tu presente historia,
        Y otra escribe sus trazos por el cielo.

        No hay tiempo de sentir el desconsuelo;
        Sigue la vida, urgente y transitoria.
        Muda la meta de tu trayectoria,
        Y rasga del mañana el hondo velo.

        Si el sentimiento, más desobediente,
        Se niega al natural imperativo,
        Álzate tú, versátil y valiente.

        Tu oficio es cotidiano y decisivo:
        Mientras alumbre el sol, serás ardiente;
        Mientras dure la vida, estarás vivo.

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      Hoy encuentro, temblando ya y vacía

        Hoy encuentro, temblando ya y vacía,
        La casa que los dos desperdiciamos
        Y el vago sueño del que despertamos
        Sin habernos dormido todavía.

        Acordarse del agua en la sequía
        No hace brotar ni florecer los ramos.
        ¿Dónde estás, dónde estoy, y dónde estamos?
        ¿Qué fue del mundo cuando amanecía?

        Hoy me pasa el amor de parte a parte.
        Temo encontrarte y no reconocerte.
        Temo extender la mano y no tocarte.

        Temo girar los ojos y no verte.
        Temo gritar tu nombre y no nombrarte...
        Temo estar caminando por la muerte.

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      La luna nos buscó desde la almena

        La luna nos buscó desde la almena,
        Cantó la acequia, palpitó el olvido.
        Mi corazón, intrépido y cautivo,
        Tendió las manos, fiel a tu cadena.

        Qué sábanas de yerba y luna llena
        Envolvieron el acto decisivo.
        Qué mediodía sudoroso y vivo
        Enjalbegó la noche de azucena.

        Por las esquinas verdes del encuentro
        Las caricias, ansiosas, se perdían
        Como en una espesura, cuerpo adentro.

        Dios y sus cosas nos reconocían.
        De nuevo giró el mundo, y en su centro
        Dos bocas, una a una, se bebían.

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      Maitines

        Callad, amantes, y ocupad el labio
        Con el beso. No pronunciéis palabras vanas
        Mientras se busca vuestro corazón
        En otro pecho, jadeante y pobre
        Como el vuestro,
        Ya al filo de la aurora.

        Cuando te poseí por vez primera
        Tocaban a maitines
        En el Convento de las Mercedarias.
        La tiniebla del aire estremecieron
        Repentinos palomos alterados.
        Titubeante el alma sonreía,
        Sin comprender por qué, en torno a tu cintura.
        Y luego, hasta la alcoba recién inaugurada,
        Fueron entrando laúdes y alabanzas
        Que mi alma repetía con orgullo
        Suavemente en tu oído.

        Callad amantes y ocupad
        El labio con el beso.

      Arriba

      Mediterráneo

        Mi cinturón aprieta tu cintura,
        Y tu sonrisa, mi corazón.
        Sobrevolamos las islas indecibles
        Y a nuestro paso las nubes se disipan.
        ¿Cómo regresar al beso la armonía
        Sin que la respiración se entrecorte?
        ¿Cómo planear la noche compartida
        Después de tanta ausencia?
        Sólo el aire es aliado nuestro
        Porque nuestro deseo es de aire puro.
        Cuando descendamos a la tierra
        Las alas deberán seguir batiendo:
        El aire de las alas
        Es nuestro sostén único
        Y las alas del aire nuestro lecho.
        Desembocan los ríos en los mares azules
        Como en tu pecho desemboca el mar.
        Abrázame en tus alas
        Para que otro aire no me roce
        Sino tu aliento, del que vivo y muero.
        Bajo el cielo impalpable
        Hecho de luz y espera,
        Abrázame, amor mío, con tus alas.
        Abrázame sobre la corrompida
        Ciudad sagrada de los hombres.

      Arriba

      Me sorprendió el verano traicionero

        Me sorprendió el verano traicionero
        Lejos de ti, lejos de mí muriendo.
        Junio, julio y agosto, no os entiendo.
        No sé por qué reís mientras me muero.

        Vengan nieve y granizo, venga enero,
        Vengan escarchas ya, vayan viniendo.
        Troncos que fueron nidos ahora enciendo
        Y no consigo la calor que quiero.

        Suelta la vida al viento falsos lazos:
        No hay flor, ni luz, ni sed, ni amor, ni río.
        Sólo hay un corazón hecho pedazos.

        Agosto miente, amor, y siento frío.
        Sin la tibia bufanda de tus brazos
        Aterido sucumbe el cuello mío.

      Arriba

      Mi cinturón aprieta tu cintura

        Mi cinturón aprieta tu cintura,
        Y tu sonrisa, mi corazón.
        Sobrevolamos las islas indecibles
        Ya nuestro paso las nubes se disipan.
        ¿Cómo regresar al beso y la armonía
        Sin que la respiración se entrecorte?
        ¿Cómo planear la noche compartida
        Después de tanta ausencia?
        Sólo el aire es aliado nuestro
        Porque nuestro deseo es de aire puro.
        Cuando descendamos a la tierra
        Las alas deberán seguir batiendo:
        El aire de las alas
        Es nuestro sostén único
        Y las alas del aire nuestro lecho.
        Desembocan los ríos en los mares azules
        Como en tu pecho desemboca el mar.
        Abrázame en tus alas
        Para que otro aire no me roce
        Sino tu aliento, del que vivo y muero.
        Bajo el cielo impalpable
        Hecho de luz y espera,
        Abrázame, amor mío, con tus alas.
        Abrázame sobre la corrompida
        Ciudad sagrada de los hombres.

      Arriba

      Mientras yo te besaba

        Mientras yo te besaba
        Te dormiste en mis brazos.
        No lo olvidaré nunca.
        Asomaban tus dientes
        Entre los labios:
        Fríos, distantes, otros.
        Ya te habías ido.
        Debajo de mi cuerpo seguía el tuyo,
        Y tu boca debajo de mi boca.
        Pero tu navegabas
        Por mares silenciosos en los que yo no estaba.
        Inmóvil y en silencio
        Nadabas alejándote
        Acaso para siempre...
        Te abandoné en la orilla de tu sueños.
        Con mi carne aún caliente
        Volví a mi sitio:
        También yo mío ya, distante, otro.
        Recuperé el disfraz sobre la arena.
        "Adiós", te dije,
        Y entré en mi propio sueño,
        Mi propio sueño,
        En el que tú no habitas.

      Arriba

      Nadie mojaba el aire

        Nadie mojaba el aire
        Tanto como mis ojos.
        Me decías: "¿Trabajas?"
        Me decías: "¿Ya es la hora del té?"
        Y yo no te decía: "Te amo";
        No te decía:
        "Eres todo lo que tengo";
        No te decía:
        "Eres la única rosa en la que caben
        Todas las primaveras".
        Me decías:
        "Adiós, hasta mañana".
        O me decías:
        "¿Necesitas algo?".
        Y yo no te decía:
        "Me estoy muriendo
        De amor... me estoy muriendo".
        Nadie mojaba el aire
        Como yo.

      Arriba

      No por amor, no por tristeza

        No por amor, no por tristeza,
        No por la nueva soledad:
        Porque he olvidado ya tus ojos
        Hoy tengo ganas de llorar.
        Se va la vida deshaciendo
        Y renaciendo sin cesar:
        La ola del mar que nos salpica
        No sabemos si viene o va.
        La mañana teje su manto
        Que la noche destejerá.
        Al corazón nunca le importa
        Quién se fue sino quién vendrá.
        Tú eres mi vida y yo sabía
        Que eras mi vida de verdad,
        Pero te fuiste y estoy vivo
        Y todo empieza una vez más.
        Cuando llegaste estaba escrito
        Entre tus ojos el final.
        Hoy he olvidado ya tus ojos
        Y tengo ganas de llorar.

      Arriba

      Por saber tuyo el vaso en que bebías

        Por saber tuyo el vaso en que bebías,
        Una tarde de junio lo rompiste.
        Bebió la tierra el agua, limpia y triste,
        Y ahora tienes la sed que no tenías.

        Quizá otra vez vendrán tus buenos días
        Y bebas sin mirar, como bebiste.
        O quizá el vaso en el que te ofreciste
        Otras manos lo quiebren, no las mías.

        Igual que el que de noche se despierta
        Y busca cerca el agua preparada,
        Te buscó a ti mi voz y no escuchaste.

        Pon a tu corazón desde hoy alerta:
        No nieguen a tu sed enamorada
        El mismo sorbo aquel que derramaste.

      Arriba

      Por mi cuello tu mes de abril resbala

        Por mi cuello tu mes de abril resbala
        Y su música templa mi recelo.
        De tu mano pasea amigo el cielo
        Y en mis hombros sus cármenes instala.

        Tu alegría desata tu rehala
        De palomas y arcángeles en celo,
        Y ante la nueva aurora me desvelo,
        Entre un batir ardiente, de ala en ala.

        Plata y verde le impones tu divisa,
        Al tiempo hostil, a la extenuada espera,
        Al mundo recobrado ya con prisa.

        La portentosa gracia quién tuviera,
        De perpetuar el don de tu sonrisa,
        Que me convierte octubre en primavera.

      Arriba

      Quién pudiera morderte lentamente

        Quién pudiera morderte lentamente
        Como a una fruta amarga en la corteza.
        Quién pudiera dormir en tu aspereza
        Como el día en la sierra del poniente.

        Quién pudiera rendir la hastiada frente
        Contra el duro confín de tu belleza,
        Y arrostrar sonriendo la tristeza,
        Rota la paz y el paso indiferente.

        Quién pudiera, mi amor, la alborotada
        Resistencia del alma distraída
        Conducir a tu parva apaciguada.

        Quién pudiera ostentar, como una brida,
        El arco iris sin par de tu mirada
        Desde tu luz a mi negror caída.

      Arriba

      Quizá el amor es simplemente esto

        Quizá el amor es simplemente esto:
        Entregar una mano a otras dos manos,
        Olfatear una dorada nuca
        Y sentir que otro cuerpo nos responde en silencio.

        El grito y el dolor se pierden, dejan
        Sólo las huellas de sus negros rebaños,
        Y nada más nos queda este presente eterno
        De renovarse entre unos brazos.

        Maquina la frente tortuosos caminos
        Y el corazón con frecuencia se confunde,
        Mientras las manos, en su sencillo oficio,
        Torpes y humildes siempre aciertan.

        En medio de la noche alza su queja
        El desamado, y a las estrellas mezcla
        En su triste destino.
        Cuando exhausto baja los ojos, ve otros ojos
        Que infantiles se miran en los suyos.

        Quizá el amor sea simplemente eso:
        El gesto de acercarse y olvidarse.
        Cada uno permanece siendo él mismo,
        Pero hay dos cuerpos que se funden.

        Qué locura querer forzar un pecho
        O una boca sellada.
        Cerca del ofuscado, su caricia otro pecho exige,
        Otros labios, su beso,
        Su natural deleite otra criatura.

        De madrugada, junto al frío,
        El insomne contempla sus inusadas manos:
        Piensa orgulloso que todo allí termina;
        Por sus sienes las lágrimas resbalan...
        Y sin embargo, el amor quizá sea sólo esto:
        Olvidarse del llanto, dar de beber con gozo
        A la boca que nos da, gozosa, su agua;
        Resignarse a la paz inocente del tigre;
        Dormirse junto a un cuerpo que se duerme.

      Arriba

      Si todo acabó ya

        Si todo acabó ya, si había sonado
        La queda y su reposo indiferente,
        ¿Qué hogueras se conjuran de repente
        Para encenderme el pozo del pasado?

        ¿Qué es esta joven sed? ¿Qué extraviado
        Furor de savia crece en la simiente?
        Si enmudecí definitivamente,
        ¿Para quién canta un nido en mi costado?

        ¿Por qué cruzas, abril, mis arenales
        Talándome el recuerdo y su enramada,
        Aromando rosales sin renuevo?

        ¿Qué esperanza me colina los panales?
        ¿Qué me das a beber de madrugada,
        Destructor de promesas, amor nuevo?

      Arriba

      Si ya no vienes, ¿para qué te aguardo?

        Si ya no vienes, ¿para qué te aguardo?
        Y si te aguardo, di por qué no vienes,
        Verde y lozana zarza que mantienes
        Sin consumirte el fuego donde ardo.

        Cuánto tardas, amor, y cuánto tardo
        En rescindir los extinguidos bienes.
        Ya quién me salve no lo sé, ni quienes
        Clavan el alma dardo sobre dardo.

        A la mañana, que se vuelve oscura,
        Sigue la noche, que se vuelve clara
        A solas con tu sed, que hiere y cura.

        No quisiera pensar si no pensara
        Que, privado que fui de tu hermosura,
        Me olvidara de mí si te olvidara.

      Arriba

      Soneto verde

        Cuando en octubre amor por la semilla
        Conspira con abril de la mirada
        Me subyugó una rosa equivocada:
        Si verde corazón, tez amarilla.

        De una la noche en otra maravilla
        -Cera ya agraz, ya pluma alabeada-
        Regresó el alba, limpia y afilada,
        Rasgándome de pura la mejilla.

        Verde presidio y hondo, verde prado,
        Que a la esperanza indócil alimentas
        Con grama en flor, sonrisa de mi dueño:

        Suba la muerte y máteme a tu lado,
        Que esmeraldas, cantáridas y mentas
        Me han dispuesto un profundo y verde sueño.

      Arriba

      Tengo la boca amarga y no he mordido

        Tengo la boca amarga y no he mordido;
        El alma, atroz, y la canción, tronchada.
        No sé qué fuerza traigo en la mirada,
        Ni qué traigo en mi cuello, de vencido.

        No sé ni cómo ni por qué he venido.
        Esto es todo: llegué; no sé más nada.
        No me importa el quehacer ni la jornada,
        Y me da igual herir que ser herido.

        La sangre, a punto, se impacienta y arde
        Por inundar la alcoba a la que vine,
        Donde fui tan feliz que fui cobarde.

        Sólo pido al amor que no se obstine.
        Me sentiré a su orilla cualquier tarde
        Para que alguien, de paso, me termine.

      Arriba

      Tu amor, ayer tan firme, es tan ajeno

        Tu amor, ayer tan firme, es tan ajeno,
        Tan ajenas tu boca y tu cintura,
        Que me parece poca la amargura
        De que hoy mi alrededor contemplo lleno.

        El mal que hiciste lo tomé por bueno;
        Por agasajo tu desgarradura:
        Ni yo abro el pecho a herida que no dura
        Ni con vinos de olvido me sereno.

        Mi corazón te tiene tan presente
        Que a veces, porque vive, desconfío
        Que sienta el desamor como lo siente.

        Yo he ganado en el lance del desvío:
        De nuestra triste historia únicamente
        El arma es tuya; todo el dolor, mío.

      Arriba

      Tú me abandonarás en primavera

        Tú me abandonarás en primavera,
        Cuando sangre la dicha en los granados
        Y el secadero, de ojos asombrados,
        Presienta la cosecha venidera.

        Creerá el olivo de la carretera
        Ya en su rama los frutos verdeados.
        Verterá por maizales y sembrados
        El milagro su alegre revolera.

        Tú me abandonarás. Y tan labriega
        Clareará la tarde en el ejido,
        Que pensaré: Es el día lo que llega.

        Tú me abandonarás sin hacer ruido,
        Mientras mi corazón salpica y juega
        Sin darse cuenta de que ya te has ido.

      Arriba

      Viene y se va, caliente de oleaje

        Viene y se va, caliente de oleaje,
        Arrastrando su gracia por mi arena.
        Viene y se va, dejándome la pena
        Que, por no venir solo, aquí me traje.

        Viene y se va. Para tan breve viaje
        Talé el jazmín, segué la yerbabuena.
        Ya no sé si me salva o me condena:
        Sé que se va y se lleva mi paisaje.

        Sé que se va y me quedo frente al muro
        De la lamentación y del olvido,
        Oscuro el sol y el corazón oscuro.

        Viene y se va. Yo nunca lo despido.
        Al oído del alma le murmuro:
        -"Gracias, bien mío, por haber venido".

      Arriba

      Voy a hacerte feliz. Sufrirás tanto

        Voy a hacerte feliz. Sufrirás tanto
        Que le pondrás mi nombre a la tristeza.
        Mal contrastada, en tu balanza empieza
        La caricia a valer menos que el llanto.

        Cuánto me vas a enriquecer y cuánto
        Te vas a avergonzar de tu pobreza,
        Cuando aprendas -a solas- qué belleza
        Tiene la cara amarga del encanto.

        Para ser tan feliz como yo he sido,
        Besa la espina, tiembla ante la rosa,
        Bendice con el labio malherido,

        Juégate entero contra cualquier cosa.
        Yo entero me jugué. Ya me he perdido.
        Mira si mi venganza es generosa.

      Arriba

      Y la luna eras tú

        Y la luna eras tú.
        Una luna creciente, blanca, fría.
        Mirabas hacia el mar y hacia las cosas
        Que no eran yo.
        Y con cuánto silencio te gritaba
        -Creciente, blanco, frío yo también-:
        "Mírame, mírame,
        Ay, mírame mirarte..."

      Arriba

      Ya nunca más diré: "Todo termina"

        Ya nunca más diré: "Todo termina",
        Sino: "Sonríe, alma, y comencemos."
        En nuevas manos pongo nuevos remos
        Y nuevas torres se alzan de la ruina.

        Otra alegre mañana determina
        El corazón del mundo y sus extremos.
        Juntos, alma, tú y yo inauguraremos
        Este otro amor y su preciosa espina.

        Para mirar mi muerte atrás miraba
        Y encontré renaciente la llanura
        Y sellada la boca de mi herida.

        Ni el nombre sé yo ya de quien amaba,
        Desmemoriado y terco en la aventura
        De que quien me mató me dé la vida.

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