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    Información biográfica

  1. A la espera de la oscuridad
  2. Amantes
  3. Anillos de ceniza
  4. Salvación
  5. Árbol de Diana
  6. Caminos del espejo
  7. Cantora nocturna
  8. Caroline de Gundorode
  9. Cenizas
  10. Cold in hand blues
  11. Continuidad
  12. Cuarto solo
  13. El sol, el poema
  14. Exilio
  15. Formas
  16. Fragmentos para dominar el silencio
  17. Fronteras inútiles
  18. Hija del viento
  19. Invocaciones
  20. La carencia
  21. La celeste silenciosa
  22. La enamorada
  23. La jaula
  24. La luz caída de la noche
  25. La última inocencia
  26. La única herida
  27. L'obscurité des eaux
  28. Los trabajos y las noches
  29. Madrugada
  30. Mendiga voz
  31. Naufragio inconcluso
  32. Niña en el jardín
  33. Peregrinaje
  34. Poema III
  35. Poema XXXV
  36. Origen
  37. Reconocimiento
  38. Salvación
  39. Signos
  40. Solamente
  41. Sueño
  42. Te hablo
  43. Tiempo



    Información biográfica

      Nombre: Alejandra Pizarnik y Bromiker
      Lugar y fecha nacimiento: Buenos Aires (Argentina), 29 de abril de 1936
      Lugar y fecha defunción: Buenos Aires (Argentina), 25 de septiembre de 1972 (36 años)

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      A la espera de la oscuridad

        Ese instante que no se olvida
        Tan vacío devuelto por las sombras
        Tan vacío rechazado por los relojes
        Ese pobre instante adoptado por mi ternura
        Desnudo desnudo de sangre de alas
        Sin ojos para recordar angustias de antaño
        Sin labios para recoger el zumo de las violencias
        Perdidas en el canto de los helados campanarios.

        Ampáralo niña ciega de alma
        Ponle tus cabellos escarchados por el fuego
        Abrázalo pequeña estatua de terror.
        Señálale el mundo convulsionado a tus pies
        A tus pies donde mueren las golondrinas
        Tiritantes de pavor frente al futuro
        Dile que los suspiros del mar
        Humedecen las únicas palabras
        Por las que vale vivir.

        Pero ese instante sudoroso de nada
        Acurrucado en la cueva del destino
        Sin manos para decir nunca
        Sin manos para regalar mariposas
        A los niños muertos.

      Arriba

      Amantes

        Una flor
        No lejos de la noche
        Mi cuerpo mudo
        Se abre
        A la delicada urgencia del rocío.

      Arriba

      Anillos de ceniza

        A Cristina Campo.

        Son mis voces cantando
        Para que no canten ellos,
        Los amordazados grismente en el alba,
        Los vestidos de pájaro desolado en la lluvia.

        Hay, en la espera,
        Un rumor a lila rompiéndose.
        Y hay, cuando viene el día,
        Una partición de sol en pequeños soles negros.
        Y cuando es de noche, siempre,
        Una tribu de palabras mutiladas
        Busca asilo en mi garganta
        Para que no canten ellos,
        Los funestos, los dueños del silencio.

      Arriba

      Árbol de Diana

        1

        He dado el salto de mí al alba.
        He dejado mi cuerpo junto a la luz
        Y he cantado la tristeza de lo que nace.

        2

        Estas son las versiones que nos propone:
        Un agujero, una pared que tiembla...

        3

        Sólo la sed
        El silencio
        Ningún encuentro
        Cuídate de mí, amor mío
        Cuídate de la silenciosa en el desierto
        De la viajera con el vaso vacío
        Y de la sombra de su sombra.

        4

        Ahora bien:
        Quién dejará de hundir su mano en busca
        Del tributo para la pequeña olvidada. El frío
        Pagará. Pagará el viento. La lluvia pagará.
        Pagará el trueno.

        5

        Por un minuto de vida breve
        Única de ojos abiertos
        Por un minuto de ver
        En el cerebro flores pequeñas
        Danzando como palabras en la boca de un mudo.

        6

        Ella se desnuda en el paraíso
        De su memoria
        Ella desconoce el feroz destino
        De sus visiones
        Ella tiene miedo de no saber nombrar
        Lo que no existe.

        7

        Salta con la camisa en llamas
        De estrella a estrella,
        De sombra en sombra.
        Muere de muerte lejana
        La que ama al viento.

        8

        Memoria iluminada, galería donde vaga
        La sombra de lo que espero. No es verdad
        Que vendrá. No es verdad que no vendrá.

        9. A Aurora y Julio Cortázar.

        Estos huesos brillando en la noche,
        Estas palabras como piedras preciosas
        En la garganta viva de un pájaro petrificado,
        Este verde muy amado,
        Este lila caliente,
        Este corazón sólo misterioso.

        10

        Un viento débil
        Lleno de rostros doblados
        Que recorto en forma de objetos que amar.

        11

        Ahora
        En esta hora inocente
        Yo y la que fui nos sentamos
        En el umbral de mi mirada.

        12

        No más las dulces metamorfosis de una niña de seda
        Sonámbula ahora en la cornisa de niebla
        Su despertar de mano respirando
        De flor que se abre al viento.

        13

        Explicar con palabras de este mundo
        Que partió de mí un barco llevándome.

        14

        El poema que no digo,
        El que no merezco.
        Miedo de ser dos
        Camino del espejo:
        Alguien en mí dormido
        Me come y me bebe.

        15

        Extraño desacostumbrarme
        De la hora en que nací.
        Extraño no ejercer más
        Oficio de recién llegada.

        16

        Has construido tu casa
        Has emplumado tus pájaros
        Has golpeado al viento
        Con tus propios huesos
        Has terminado sola
        Lo que nadie comenzó.

        17

        Días en que una palabra lejana se apodera de mí. Voy por esos días
        Sonámbula y transparente. La hermosa autómata se canta, se encanta,
        Se cuenta casos y cosas: nido de hilos rígidos donde me danzo y me
        Lloro en mis numerosos funerales. (Ella es su espejo incendiado, su
        Espera en hogueras frías, su elemento místico, su fornicación de nom-
        Bres creciendo solos en la noche pálida).

        20. A Laure Bataillon

        Dice que no sabe del miedo, de la muerte, del amor
        Dice que tiene miedo de la muerte, del amor
        Dice que el amor es muerte, es miedo
        Dice que la muerte es miedo, es amor
        Dice que no sabe.

        21

        He nacido tanto
        Y doblemente sufrido
        En la memoria de aquí y de allá.

        22

        En la noche
        Un espejo para la pequeña muerta
        Un espejo de cenizas.

        23

        Una mirada desde la alcantarilla
        Puede ser una visión del mundo
        La rebelión consiste en mirar una rosa
        Hasta pulverizarse los ojos.

        32

        Zona de plagas donde la dormida come lentamente
        Su corazón de medianoche.

        33

        Alguna vez
        Alguna vez tal vez
        Me iré sin quedarme
        Me iré como quien se va.

        34

        La pequeña viajera
        Moría explicando su muerte
        Sabios animales nostálgicos
        Visitaban su cuerpo caliente.

        35. A Ester Singer

        Vida, mi vida, déjate caer, déjate doler, mi vida, déjate enlazar de fue-
        Go, de silencio ingenuo, de piedras verdes en la casa de la noche,
        Déjate caer y doler, mi vida.

        37

        Más allá de cualquier zona prohibida
        Hay un espejo para nuestra triste transparencia.

        38

        Este canto arrepentido, vigía detrás de mis poemas
        Este canto me desmiente, me amordaza.

      Arriba

      Caminos del espejo

        I

        Y sobre todo mirar con inocencia. Como si no pasara nada, lo cual es cierto.

        II

        Pero a ti quiero mirarte hasta que tu rostro se aleje de mi miedo como un pájaro del borde filoso de la noche.

        III

        Como una niña de tiza rosada en un muro muy viejo súbitamente borrada por la lluvia.

        IV

        Como cuando se abre una flor y revela el corazón que no tiene.

        V

        Todos los gestos de mi cuerpo y de mi voz para hacer de mí la ofrenda, el ramo que abandona el viento en el umbral.

        VI

        Cubre la memoria de tu cara con la máscara de la que serás y asusta a la niña que fuiste.

        VII

        La noche de los dos se dispersó con la niebla. Es la estación de los alimentos fríos.

        VIII

        Y la sed, mi memoria es de la sed, yo abajo, en el fondo, en el pozo, yo bebía, recuerdo.

        IX

        Caer como un animal herido en el lugar que iba a ser de revelaciones.

        X

        Como quien no quiere la cosa. Ninguna cosa. Boca cosida. Párpados cosidos. Me olvidé. Adentro el viento. Todo cerrado y el viento adentro.

        XI

        Al negro sol del silencio las palabras se doraban.

        XII

        Pero el silencio es cierto. Por eso escribo. Estoy sola y escribo. No, no estoy sola. Hay alguien aquí que tiembla.

        XIII

        Aún si digo sol y luna y estrella me refiero a cosas que me suceden. ¿Y qué deseaba yo?
        Deseaba un silencio perfecto.
        Por eso hablo.

        XIV

        La noche tiene la forma de un grito de lobo.

        XV

        Delicia de perderse en la imagen presentida. Yo me levanté de mi cadáver, yo fui en busca de quien soy. Peregrina de mí, he ido hacia la que duerme en un país al viento.

        XVI

        Mi caída sin fin a mi caída sin fin en donde nadie me aguardó pues al mirar quién me aguardaba no vi otra cosa que a mí misma.

        XVII

        Algo caía en el silencio. Mi última palabra fue yo pero me refería al alba luminosa.

        XVIII

        Flores amarillas constelan un círculo de tierra azul. El agua tiembla llena de viento.

        XIX

        Deslumbramiento del día, pájaros amarillos en la mañana. Una mano desata tinieblas, una mano arrastra la cabellera de una ahogada que no cesa de pasar por el espejo. Volver a la memoria del cuerpo, he de volver a mis huesos en duelo, he de comprender lo que dice mi voz.

      Arriba

      Cantora nocturna

        Joe, macht die Musik von damals nacht.

        La que murió de su vestido azul está cantando.
        Canta imbuida de muerte al sol de su ebriedad.

        Adentro de su canción hay un vestido azul, hay
        Un caballo blanco, hay un corazón verde tatuado
        Con los ecos de los latidos de su corazón
        Muerto.

        Expuesta a todas las perdiciones, ella
        Canta junto a una niña extraviada que es ella:
        Su amuleto de la buena suerte. Y a pesar de la
        Niebla verde en los labios y del frío gris en los
        Ojos, su voz corroe la distancia que se abre entre
        La sed y la mano que busca el vaso.

        Ella canta.

      Arriba

      Caroline de Gundorode

        En nastalgique je vagabandais
        Par l'infini.
        C. de G. A Enrique Molina

        La mano de la enamorada del viento
        Acaricia la cara del ausente.
        La alucinada con su "maleta de piel de pájaro"
        Huye de sí misma con un cuchillo en la memoria.
        La que fue devorada por el espejo
        Entra en un cofre de cenizas
        Y apacigua a las bestias del olvido.

      Arriba

      Cenizas

        La noche se astilló de estrellas
        Mirándome alucinada
        El aire arroja odio
        Embellecido su rostro
        Con música.

        Pronto nos iremos.

        Arcano sueño
        Antepasado de mi sonrisa
        El mundo está demacrado
        Y hay candado pero no llaves
        Y hay pavor pero no lágrimas.

        ¿Qué haré conmigo?

        Porque a Ti te debo lo que soy
        Pero no tengo mañana
        Porque a Ti te...
        La noche sufre.

      Arriba

      Cold in hand blues

        Y qué es lo que vas a decir
        Voy a decir solamente algo
        Y qué es lo que vas a hacer
        Voy a ocultarme en el lenguaje
        Y por qué
        Tengo miedo.

      Arriba

      Continuidad

        No nombrar las cosas por sus nombres.
        Las cosas tienen bordes dentados, vegetación lujuriosa.
        Pero quién habla en la habitación llena de ojos.
        Quién dentellea con una boca de papel.
        Nombres que vienen, sombras con máscaras.
        Cúrame del vacío -dije.

        (La luz se amaba en mi oscuridad.
        Supe que ya no había cuando me encontré
        Diciendo: soy yo.) Cúrame -dije.

      Arriba

      Cuarto solo

        Si te atreves a sorprender
        La verdad de esta vieja pared;
        Y sus fisuras, desgarraduras,
        Formando rostros, esfinges,
        Manos, clepsidras,
        Seguramente vendrá
        Una presencia para tu sed,
        Probablemente partirá
        Esta ausencia que te bebe.

      Arriba

      El despertar

        A León Ostrov.

        Señor
        La jaula se ha vuelto pájaro
        Y se ha volado
        Y mi corazón está loco
        Porque aúlla a la muerte
        Y sonríe detrás del viento
        A mis delirios.

        Qué haré con el miedo
        Qué haré con el miedo.

        Ya no baila la luz en mi sonrisa
        Ni las estaciones queman palomas en mis ideas
        Mis manos se han desnudado
        Y se han ido donde la muerte
        Enseña a vivir a los muertos.

        Señor
        El aire me castiga el ser
        Detrás del aire hay monstruos
        Que beben de mi sangre.

        Es el desastre
        Es la hora del vacío no vacío
        Es el instante de poner cerrojo a los labios
        Oír a los condenados gritar
        Contemplar a cada uno de mis nombres
        Ahorcados en la nada.

        Señor
        Tengo veinte años
        También mis ojos tienen veinte años
        Y sin embargo no dicen nada.

        Señor
        He consumado mi vida en un instante
        La última inocencia estalló
        Ahora es nunca o jamás
        O simplemente fue.

        ¿Cómo no me suicido frente a un espejo
        Y desaparezco para reaparecer en el mar
        Donde un gran barco me esperaría
        Con las luces encendidas?

        ¿Cómo no me extraigo las venas
        Y hago con ellas una escala
        Para huir al otro lado de la noche?

        El principio ha dado a luz el final
        Todo continuará igual
        Las sonrisas gastadas
        El interés interesado
        Las preguntas de piedra en piedra
        Las gesticulaciones que remedan amor
        Todo continuará igual.

        Pero mis brazos insisten en abrazar al mundo
        Porque aún no les enseñaron
        Que ya es demasiado tarde.

        Señor
        Arroja los féretros de mi sangre.

        Recuerdo mi niñez
        Cuando yo era una anciana
        Las flores morían en mis manos
        Porque la danza salvaje de la alegría
        Les destruía el corazón.

        Recuerdo las negras mañanas de sol
        Cuando era niña
        Es decir ayer
        Es decir hace siglos.

        Señor
        La jaula se ha vuelto pájaro
        Y ha devorado mis esperanzas.

        Señor
        La jaula se ha vuelto pájaro
        Qué haré con el miedo.

      Arriba

      El sol, el poema

        Barcos sobre el agua natal.
        Agua negra, animal de olvido. Agua lila, única vigilia.
        El misterio soleado de las voces en el parque. Oh, tan antiguo.

      Arriba

      Exilio

        A Raúl Gustavo Aguirre.

        Esta manía de saberme ángel,
        Sin edad,
        Sin muerte en qué vivirme,
        Sin piedad por mi nombre
        Ni por mis huesos que lloran vagando.

        ¿Y quién no tiene un amor?
        ¿Y quién no goza entre amapolas?
        ¿Y quién no posee un fuego, una muerte,
        Un miedo, algo horrible,
        Aunque fuere con plumas,
        Aunque fuere con sonrisas?

        Siniestro delirio amar a una sombra.
        La sombra no muere.
        Y mi amor
        Sólo abraza a lo que fluye
        Como lava del infierno:
        Una logia callada,
        Fantasmas en dulce erección,
        Sacerdotes de espuma,
        Y sobre todo ángeles,
        Ángeles bellos como cuchillos
        Que se elevan en la noche
        Y devastan la esperanza.

      Arriba

      Formas

        No sé si pájaro o jaula
        Mano asesina
        O joven muerta entre cirios
        O amazona jadeando en la gran garganta oscura
        O silenciosa
        Pero tal vez oral como una fuente
        Tal vez juglar
        O princesa en la torre más alta.

      Arriba

      Fragmentos para dominar el silencio

        I

        Las fuerzas del lenguaje son
        Las damas solitarias, desoladas,
        Que cantan a través de mi voz
        Que escucho a lo lejos.

        Y lejos, en la negra arena,
        Yace una niña densa de música ancestral.
        ¿Dónde la verdadera muerte?
        He querido iluminarme a la luz de mi falta de luz.
        Los ramos se mueren en la memoria.
        La yacente anida en mí con su máscara de loba.
        La que no pudo más e imploró llamas y ardimos.

        II

        Cuando a la casa del lenguaje
        Se le vuela el tejado y las palabras
        No guarecen, yo hablo.
        Las damas de rojo se extraviaron
        Dentro de sus máscaras aunque regresarán
        Para sollozar entre flores.

        No es muda la muerte. Escucho
        El canto de los enlutados sellar
        Las hendiduras del silencio.
        Escucho tu dulcísimo llanto
        Florecer mi silencio gris.

        III

        La muerte ha restituido al silencio
        Su prestigio hechizante.
        Y yo no diré mi poema y yo he de decirlo.
        Aún si el poema (aquí, ahora)
        No tiene sentido, no tiene destino.

      Arriba

      Fronteras inútiles

        Un lugar
        No digo un espacio
        Hablo de
        Qué

        Hablo de lo que no es
        Hablo de lo que conozco

        No el tiempo
        Sólo todos los instantes
        No el amor
        No

        No

        Un lugar de ausencia
        Un hilo de miserable unión.

      Arriba

      Hija del viento

        Han venido.
        Invaden la sangre.
        Huelen a plumas,
        A carencias,
        A llanto.
        Pero tú alimentas al miedo
        Y a la soledad
        Como a dos animales pequeños
        Perdidos en el desierto.

        Han venido
        A incendiar la edad del sueño.
        Un adiós es tu vida.
        Pero tú te abrazas
        Como la serpiente loca de movimiento
        Que sólo se halla a sí misma
        Porque no hay nadie.

        Tú lloras debajo del llanto,
        Tú abres el cofre de tus deseos
        Y eres más rica que la noche.

        Pero hace tanta soledad
        Que las palabras se suicidan.

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      Invocaciones

        Insiste en tu abrazo,
        Redobla tu furia,
        Crea un espacio de injurias
        Entre yo y el espejo,
        Crea un canto de leprosa
        Entre yo y la que me creo.

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      La carencia

        Yo no sé de pájaros,
        No conozco la historia del fuego.
        Pero creo que mi soledad debería tener alas.

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      La celeste silenciosa

        Cerraron el rostro que fue idéntico
        Al más alto sueño de la augusta infancia
        Y pájaros temerosos en repliegue rapidísimo
        De plumas negras hicieron el paisaje perfecto del terror.

        Soy tu silencio, tu tragedia, tu veladora.
        Puesto que sólo soy noche,
        Puesto que toda noche de mi vida es tuya.

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      La enamorada

        Esta lúgubre manía de vivir
        Esta recóndita humorada de vivir
        Te arrastra, Alejandra, no lo niegues.

        Hoy te miraste en el espejo
        Y te fue triste, estabas sola
        La luz rugía, el aire cantaba
        Pero tu amado no volvió.

        Enviarás mensajes, sonreirás
        Tremolarás tus manos, así volverá
        Tu amado tan amado.

        Oyes la demente sirena que lo robó
        El barco con barbas de espuma
        Donde murieron las risas
        Recuerdas el último abrazo
        Oh nada de angustias
        Ríe en el pañuelo, llora a carcajadas
        Pero cierra las puertas de tu rostro
        Para que no digan luego
        Que aquella mujer enamorada fuiste tú.

        Te remuerden los días,
        Te culpan las noches,
        Te duele la vida tanto tanto,
        Desesperada, ¿a dónde vas?
        Desesperada, ¡nada más!

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      La jaula

        Afuera hay sol.
        No es más que un sol
        Pero los hombres lo miran
        Y después cantan.

        Yo no sé del sol.
        Yo sé la melodía del ángel
        Y el sermón caliente
        Del último viento.
        Sé gritar hasta el alba
        Cuando la muerte se posa desnuda
        En mi sombra.

        Yo lloro debajo de mi nombre.
        Yo agito pañuelos en la noche y barcos
        Sedientos de realidad
        Bailan conmigo.
        Yo oculto clavos
        Para escarnecer a mis sueños enfermos.

        Afuera hay sol.
        Yo me visto de cenizas.

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      La luz caída de la noche

        Vierte esfinge
        Tu llanto en mi delirio
        Crece con flores en mi espera
        Porque la salvación celebra
        El manar de la nada
        Vierte esfinge
        La paz de tus cabellos de piedra
        En mi sangre rabiosa
        Yo no entiendo la música
        Del último abismo
        Yo no sé del sermón
        Del brazo de hiedra
        Pero quiero ser el pájaro enamorado
        Que arrastra a las muchachas
        Ebrias de misterio
        Quiero al pájaro sabio en amor.
        El único libre.

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      La última inocencia

        Partir
        En cuerpo y alma
        Partir.

        Partir
        Deshacerse de las miradas
        Piedras opresoras
        Que duermen en la garganta.

        He de partir
        No más inercia bajo el sol
        No más sangre anonadada
        No más fila para morir.

        He de partir

        Pero arremete, ¡viajera!

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      La única herida

        ¿Qué bestia caída de pasmo
        Se arrastra por mi sangre
        Y quiere salvarse?

        He aquí lo difícil:
        Caminar por las calles
        Y señalar el cielo o la tierra.

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      L'obscurité des eaux

        Escucho resonar el agua que cae en mi sueño.
        Las palabras caen como el agua, yo caigo. Dibujo
        En mis ojos la forma de mis ojos, nado en mis
        Aguas, me digo mis silencios. Toda la noche
        Espero que mi lenguaje logre configurarme. Y
        Pienso en el viento que viene a mí, permanece
        En mí. Toda la noche he caminado bajo la lluvia
        Desconocida. A mí me han dado un silencio
        Pleno de formas y visiones (dices). Y corres desolada
        Como el único pájaro en el viento.

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      Los trabajos y las noches

        Para reconocer en la sed mi emblema
        Para significar el único sueño
        Para no sustentarme nunca de nuevo en el amor
        He sido toda ofrenda
        Un puro errar
        De loba en el bosque
        En la noche de los cuerpos
        Para decir la palabra inocente.

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      Madrugada

        Desnudo soñando una noche solar.
        He yacido días animales.
        El viento y la lluvia me borraron
        Como a un fuego, como a un poema
        Escrito en un muro.

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      Mendiga voz

        Y aún me atrevo a amar
        El sonido de la luz en una hora muerta,
        El color del tiempo en un muro abandonado.

        En mi mirada lo he perdido todo.
        Es tan lejos pedir. Tan cerca saber que no hay.

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      Naufragio inconcluso

        Este temporal a destiempo, estas rejas en las niñas
        De mis ojos, esta pequeña historia de amor que
        Se cierra como un abanico que abierto mostraba a la
        Bella alucinada: la más desnuda del bosque en el
        Silencio musical de los abrazos.

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      Niña en el jardín

        Un claro en el jardín oscuro o un pequeño
        Espacio de luz entre hojas negras.
        Allí estoy yo, dueña de mis cuatro años,
        Señora de los pájaros celestes
        Y de los pájaros rojos.

        Al más hermoso le digo:
        -Te voy a regalar a no sé quién.
        -¿Cómo sabes que le gustaré? -dice.
        -Voy a regalarte -digo.
        -Nunca tendrás a quién regalar un pájaro -dice el pájaro.

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      Peregrinaje

        A Elizabeth Azcona Cranwell.

        Llamé, llamé como la náufraga dichosa
        A las olas verdugas
        Que conocen el verdadero nombre
        De la muerte.

        He llamado al viento,
        Le confié mi deseo de ser.

        Pero un pájaro muerto
        Vuela hacia la desesperanza
        En medio de la música
        Cuando brujas y flores
        Cortan la mano de la bruma.
        Un pájaro muerto llamado azul.

        No es la soledad con alas,
        Es el silencio de la prisionera,
        Es la mudez de pájaros y viento,
        Es el mundo enojado con mi risa
        O los guardianes del infierno
        Rompiendo mis cartas.

        He llamado, he llamado.
        He llamado hacia nunca.

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      Poema III

        Sólo la sed
        El silencio
        Ningún encuentro.

        Cuídate de mí, amor mío
        Cuídate de la silenciosa en el desierto
        De la viajera con el vaso vacío
        Y de la sombra de su sombra.

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      Poema XXXV

        Vida, mi vida, déjate caer, déjate doler, mi vida,
        Déjate enlazar de fuego, de silencio ingenuo, de
        Piedras verdes en la casa de la noche, déjate
        Caer y doler, mi vida.

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      Origen

        Hay que salvar al viento
        Los pájaros queman al viento
        En los cabellos de la mujer solitaria
        Que regresa de la naturaleza
        Y teje tormentos
        Hay que salvar al viento.

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      Reconocimiento

          Tú haces el silencio de las lilas que aletean
          En mi tragedia del viento en el corazón.
          Tú hiciste de mi vida un cuento para niños
          En donde naufragios y muertes
          Son pretextos de ceremonias adorables.

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        Salvación

          Se fuga la isla
          Y la muchacha vuelve a escalar el viento
          Y a descubrir la muerte del pájaro profeta
          Ahora
          Es el fuego sometido
          Ahora
          Es la carne
          La hoja
          La piedra
          Perdidos en la fuente del tormento
          Como el navegante en el horror de la civilización
          Que purifica la caída de la noche
          Ahora
          La muchacha halla la máscara del infinito
          Y rompe el muro de la poesía.

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        Signos

          Todo hace el amor con el silencio.
          Me habían prometido un silencio como un fuego, una casa de silencio.
          De pronto el templo es un circo y la luz un tambor.

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        Solamente

          Ya comprendo la verdad.

          Estalla en mis deseos

          Y mis desdichas
          En mis desencuentros
          En mis desequilibrios
          En mis delirios

          Ya comprendo la verdad

          Ahora
          A buscar la vida.

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        Sueño

          Estallará la isla del recuerdo.
          La vida será sólo un acto de candor.
          Prisión
          Para los días sin retorno.
          Mañana
          Los monstruos del buque destruirán la playa
          Sobre el viento del misterio.
          Mañana
          La carta desconocida encontrará las manos del alma.

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        Te hablo

          Estoy con pavura.
          Hame sobrevenido lo que más temía.
          No estoy en dificultad:
          Estoy en no poder más.

          No abandoné el vacío y el desierto.
          Vivo en peligro.

          Tu canto no me ayuda.
          Cada vez más tenazas,
          Más miedos,
          Más sombras negras.

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        Tiempo

          A Olga Orozco.

          Yo no sé de la infancia
          Más que un miedo luminoso
          Y una mano que me arrastra
          A mi otra orilla.

          Mi infancia y su perfume
          A pájaro acariciado.

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